A río revuelto

31 Jul

Yo, malpensado, ya sospechaba que podía haber alguien que se beneficiara con esto de la crisis económica. Sobre todo en los días que me levanto con el pie cambiado y averiguo, cuando intento sacarlos del cajero, que los últimos 20 euros de mi cuenta pasaron a peor vida en mi anterior visita. Estos problemas de memoria me son habituales en los últimos tiempos y a pesar de ello, me siguen aturdiendo. Tanto que, tras el disgusto, suelo recurrir a buscar culpabilidades en las teorías conspirativas de mi alrededor, como por ejemplo, aquellas que señalan un complot secreto de organizaciones poderosas e influyentes que han perpetrado esta crisis para hacer su agosto. Podría ser que estas sociedades secretas la constituyeran los mismos extraterrestres que levantaron las Pirámides o, si no, los mismos catetos que montaron las urbanizaciones a pie de costa. No sé, ahí me pierdo. Lo único que tengo claro es que ya no sé por dónde ajustarme el cinturón ni cómo remendarme mejor los bolsillos.
Pero quien no se consuela es porque no quiere. El Consejero de Turismo, Comercio y Deporte de nuestra querida Junta de Andalucía, Luciano Alonso, aseguró ayer que la crisis y la caída del mercado turístico exterior “influirán positivamente” en el turismo andaluz. ¡Ahí va, la leche! ¡La crisis nos beneficia a nosotros, los más pobres y los más tontos! Resulta que los marcianos o los constructores sin ética no podrán con los andaluces, los más sabios en ocio barato. Y sin tener que planificar, ni innovar, ni promocionar… Nada… Nosotros como los lagartos, a tumbarnos al sol y a esperar que nos llegue el dinerito de los turistas más pobres de España. Supongo que habrá que felicitarse. En este caso turbio de posibles beneficios disfuncionales, incluso más en nuestra provincia con ocho banderas negras por degradación ambiental y dieciséis puntos negros en nuestras costas… Barato, barato…
Yo creo que nuestro consejero ha dado en el clavo: como hay menos dinero que gastar, los pesados que a pesar de pobres sigan queriendo irse de vacaciones, lógicamente, tendrán que decidir marcharse al sitio más barato –¿no el peor?–. El sitio más barato suele ser el que menos diversidad ofrece, el que menos esfuerzo ha puesto en renovarse, el que menos calidad en los servicios demanda, o sencillamente, el que a pesar de haber mejorado en los apartados anteriores, no lo ha promocionado con la pericia necesaria como para que los clientes que exijan ciertas prestaciones –y estén dispuestos a pagarlas– se planteen siquiera una visita a nuestra preciosa tierra de sol y playa. Sí, lo peor es que lleva razón: Andalucía se beneficiará, sin duda, de que hay menos dinero y por eso vendrá más gente. Y por eso, tal vez, el turismo no se resienta tanto de la crisis. Por baratos. Pero, digo yo, que el consejero de Turismo, podía disimular, ¿no? Qué tipo tan honesto. Yo creo que podría señalar a final de curso que las cifras de visitantes no se habían resentido demasiado a pesar de la crisis, achacarlo a la mejora de la calidad en la oferta y quedarse tan a gusto. O es un señor que se viste por los pies o es un poco torpe. Tanto en uno como en otro caso, supongo que será consciente de que si en realidad nos beneficia la crisis, el estado deseable de las cosas, o sea, que la perdamos de vista cuanto antes, nos perjudicará. Y se pondrá manos a la obra para cambiarlo, ¿no? ¿Qué pasará cuando la gente tenga dinero? Ay, dios mío, no quiero ni pensarlo… En fin, viva el pescaíto frito y la ganancia de pescadores.

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