El siglo de los deberes

20 Jul

El siglo XX fue el siglo de los derechos. En 1948 se proclamaron los Derechos Humanos. El 20 de noviembre de 1959, la ONU proclamó los Derechos de los Niños, que son una extensión y profundización de los primeros. Un gran avance, sin duda, aunque una cosa sea la proclamación y otra, muy distinta, el ejercicio de los mismos. Ahí están la muerte por hambre de millones de niños, el trabajo infantil, los abusos sexuales, la explotación y el maltrato. Queda mucho camino por recorrer.

Me gustaría que el siglo XXI fuera el siglo de los deberes. Porque, correlativos a los derechos, existen los deberes humanos.

La Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos (o DRDH), se realizó en el marco de la UNESCO y con el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, y fue proclamada en 1998 para conmemorar el 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la ciudad de Valencia. Tiene 12 capítulos y 41 artículos. Se pensó que no había forma más eficaz de conseguir el ejercicio de los derechos que poner en práctica los deberes consiguientes. No son muchos quienes conocen esta Declaración, que ha quedado en un segundo plano respecto a las relacionadas con los derechos.

Me gustaría que el siglo XXI fuera el siglo de los deberes. Porque, correlativos a los derechos, existen los deberes humanos. El reconocimiento de los derechos del prójimo exige la puesta en marcha de los deberes que hacen viable el ejercicio de aquellos.

¿De dónde nacen esos derechos? ¿Dónde se encuentra la base que justifique la proclamación? Si dijéramos que nacen de nuestra condición de hijos de Dios, quienes no creen podrían objetar que, según esa tesis, estarían despojados de derechos al no considerarse hijos más que de sus padres. José Antonio Marina explica en su hermoso libro “Ética para náufragos” que los seres humanos convinimos en reconocernos la máximas dignidad por el simple hecho de serlo. Es decir que basta tener la condición de ser humano para ser depositario de la plenitud de derechos.

Ese mismo argumento valdría para justificar la existencia de deberes. Creo que no se ha hecho el mismo hincapié en los deberes que, como seres humanos, tenemos. Conocer, demandar, exigir los derechos es una tarea en la que cada uno y colectivamente debemos empeñarnos. Pero, ¿qué sucede con el cumplimiento de los deberes?

A fuerza de insistir en la importancia de conocer y de exigir los derechos, hemos olvidado su natural correlato.

¿Cuáles son esos deberes? Mencionaré algunos sin la pretensión de clasificarlos y jerarquizarlos.

Respetar la vida, el honor y la propiedad de los demás
Tener solidaridad
No abandonar a los más vulnerables
Cuidar el planeta
Promover el desarme en interés de la paz.
Conseguir una participación significativa en los asuntos públicos.
Respetar y proteger los derechos de las minorías.
espetar y asegurar la ausencia de tortura, de tratos o castigos crueles, inhumanos y degradantes.
Cumplir con las obligaciones ciudadanas
Promover y aplicar el derecho a la educación.
Respetar las ideas ajenas
Erradicar la corrupción y establecer una sociedad ética.
Cuidar el cuerpo y cultivar la mente.
Amar y cuidar a los hijos e hijas (y el deber por parte de los hijos de cuidar y respetar a sus padres).
Proteger a los ancianos y ancianas.
Tratar a todos por igual sin discriminación de sexo, raza, religión, ideología política o edad.
No menospreciar a nadie bajo ninguna circunstancia.
Eliminar los prejuicios.
Fundamentar las relaciones en la bondad y no en la conveniencia.
Ser feliz.

Obsérvese que cumplir los deberes garantiza en buena parte el respeto y el ejercicio de los derechos del otro. Si respeto la vida de los demás, estoy garantizando el derecho a la vida que el otro tiene.

Esta idea que aquí defiendo tiene que ver mucho con la educación. Es necesario hacer llegar a las mentes de nuestros hijos y alumnos que son depositarios de derechos y que tienen que exigir su legítimo ejercicio. Pero hemos de insistir también que tiene deberes.

Se trata de la cara y la cruz de una misma moneda. La participación es un derecho y es un deber, por ejemplo. Como ciudadanos tenemos derecho a participar, peo también el deber de intervenir en el proceso de construcción democrática de la sociedad. “Todo derecho que no lleva consigo un deber, no merece que se luche para defenderlo”, dice M. Ghandi.

Hace unos meses, en el IV Congreso Nacional de Apfrato (Asociación Pedagógica Francesco Tonucci) me pidieron que coordinase una “mesa de expertos”. Los expertos eran catorce niños y niñas. Lo son porque conocen muy bien la escuela, porque son los protagonistas de la misma, porque viven y trabajan muchas horas en ella. Les pregunté cómo querían que fuese su escuela, sus profesores, sus clases, su evaluación, sus relaciones… Tienen derecho a opinar sobre aquello que les concierne, a exigir una escuela que responda a sus intereses y necesidades.

Es admirable ver cómo se expresan: con qué claridad, con qué contundencia, con qué perspicacia. Si tuviéramos una escuela diseñada por niños estoy seguro que sería mejor que la que han diseñado los políticos con sus persistentes leyes.

Me hubiera gustado que esa mesa hubiera tenido una segunda parte en la que les hubiese podido preguntar por sus deberes. Es decir, por lo que ellos deberían hacer por su escuela. Claro, porque parece que solo tienen derechos (y los tienen) pero no se piensa tanto en los deberes. Ellos tienen la obligación de no desperdiciar el dinero que cuesta un puesto escolar, tienen el deber de respetar a sus profesores y a sus compañeros, tienen el deber de cuidar las cosas de la escuela…

En la educación se ha insistido mucho en la exigencia de los derechos, pero no tanto en la obligación del cumplimiento de los deberes. La consabida frase de “yo tengo derecho a…” debe ir necesariamente unida a su correlato: “yo tengo el deber de…”.

Lo mismo que digo de la escuela he de decir de la familia. Los niños y niñas tienen derechos que pueden y deben exigir. Pero también tienen obligaciones que cumplir, como nos recuerda Javier Urra en su libro “El pequeño dictador”, que tiene un subtítulo inquietante: “Cuando los padres son las víctimas”.

Philippe Merieu escribió en 2012 un estupendo libro titulado “Una llamada de atención. Carta a los mayores sobre los niños de hoy”. El último capítulo de ese libro se titula “Por una educación para la responsabilidad”.

Estas son las certeras palabras con las que Merieu cierra el libro: “¿Cómo vamos a lograr que surja el sujeto libre, capaz de comprometerse en un mundo de incertidumbres y ocupar su lugar en él, si frente a él no existimos como un hombre o una mujer firmes? Nuestra determinación educativa se pone a prueba todos los días. En el más mínimo gesto. Cada vez que comprometemos nuestra libertad para crear las condiciones que le permitan al otro comprometer la suya. Cada vez que nos comportamos como sujetos responsables para que el otro también llegue a serlo”.

La calle

22 Jun

Una calle de la ciudad de Purto Lápice (en la provincia de Ciudad Real) tiene este hermoso nombre: Calle de todos los maestros. Yo quisiera que el Ayuntamiento de Málaga, en estos momentos en que los docentes están vapuleados por la sociedad y maltratados por quienes gobiernan la escuela, les brindase este sencillo reconocimiento.

Una calle de la ciudad de Purto Lápice (en la provincia de Ciudad Real) tiene este hermoso nombre: Calle de todos los maestros.

Se le acaba de dedicar una glorieta de la ciudad a Manuel Pellegrini, entrenador del Málaga CF en las tres últimas temporadas. Nadie podrá discutir que ha hecho una excelente labor al frente del equipo. Por primera vez en la historia del club ha conseguido que juegue la Champions, ha realizado en ella un excelente papel, le ha llevado a las puertas de las semifinales y ha hecho vibrar a la afición como nunca se había visto en la ya larga historia del club. El nombre de la ciudad ha sonado en el mundo y, a través de los éxitos deportivos, se ha hecho una buena publicidad de nuestra ciudad.

Pero, claro, no lo ha conseguido él solo. Él ha hecho su parte. Los jugadores han realizado a la perfección la suya. Lo han conseguido también los demás miembros del equipo técnico y los directivos y los empleados y la prensa y, cómo no, la vibrante afición que ha pagado y que ha empujado lo suyo.

Si no estoy mal informado se le han pagado a Pellegrini más de diez millones de euros en estos años. Es decir que ha tenido una recompensa por el trabajo que casi produce sonrojo en un momento de crisis económica tan brutal.

No discuto los méritos del ingeniero y me sumo al aplauso por el trabajo bien hecho. Es unánime el elogio de los jugadores a su capacidad técnica y a su modo de relacionarse con la plantilla. Me gusta también que su modo de comportarse con la prensa, con la afición, con los árbitros y con los rivales haya sido siempre ejemplar. Pellegrini ha cumplido con su deber, sencillamente. Y ha alcanzado un éxito que ha supuesto muchas emociones a la afición. ¿Qué se premia al ponerle su nombre a una glorieta? ¿Se premia el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la seriedad, la honradez o se premia solamente el éxito? Al no tener claro el futuro deportivo del club Pellegrini decidió cambiar de aires y ahora es ya entrenador Del Manchester City, donde percibirá unos emolumentos considerables.

¿Qué mensaje está transmitiendo el Ayuntamiento con esta decisión? Que el fútbol es muy importante y que el éxito es más importante todavía. Que basta un año de éxitos para hacerse acreedor de una gloria perdurable.

Estoy diciendo todo esto porque voy a proponer a través del Consejo Social al que pertenezco que se dedique una calle de Málaga a todos los maestros y maestras. Los que han sido, los que son, los que serán. Las que han sido, las que son, las que serán.

Después de una larga experiencia profesional de treinta o cuarenta años, los maestros y maestras se van a sus casas sin pena ni gloria, sin que se reconozca la importancia de su trabajo y sin tener en el banco una cuenta saneada. Estos profesionales de la enseñaza que, humilde y pacientemente, acuden cada día a las aulas para ayudar a que los niños y las niñas descubran el mundo y sean mejores spersonas, pasan inadvertidos para una sociedad más atenta a otros eventos, más admiradora de otras actividades.

El gran magistrado Pericles, cuya personalidad marcó todo el siglo V antes de Cristo, hasta el punto de conocerse a éste como Siglo de Pericles, entendió de forma cabal la misión del maestro como forjador de la personalidad y la conciencia de los pueblos.

En cierta ocasión, mandó reunir a todos los genios y artistas que habían contribuido a engrandecer Atenas. Fueron llegando los arquitectos, loas ingenieros, los escultores, los guerreros que defendieron la ciudad, los filósofos que propusieron nuevos sentidos a la vida… Estaban todos allí, desde el matemático que descubría en el número el sentido helénico de la exactitud hasta el astrónomo que se asomaba al universo para contemplar la armonía de las estrellas. Pericles cayó en la cuenta de una ausencia notable: faltaban los pedagogos, personas muy modestas que se encargaban de llevar a los niños por el camino del aprendizaje.

– ¿Dónde están los pedagogos?, reguntó Pericles. No los veo por ninguna parte. Vayan a buscarlos.

Cuando, por fin, llegaron los pedagogos, habló Pericles:

– Aquí se encontraban los que, con su esfuerzo, embellecen y protegen a la ciudad. Pero faltaban ustedes, que tienen la misión más importante y elevada de todas: la de transformar y embellecer el alma de los atenienses.

Ha llovido mucho desde entonces, pero parece que no ha trascurrido el tiempo suficiente para que otros gobernantes caigan en la cuenta del valor de la tarea docente.

No debería ser necesartio recordar que ser docente hoy es una tarea importante para las personas y para la sociedad. La hisotria de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catastrofe, dice Herbert Vells. No debería ser necesario decir que la tarea docente es difícil. Porque hay alumnos que no quieren aprender, porque cada alumno es diferente y porque los docentes tienen competidores muy poderosos que ofrecen propuestas seductoras a niños y jóvenes, No debería ser necesario decir que, en la era digital, la enseñanza es compleja porque el conocimiento se fragmenta, se multiplica y llega a los alumnos adulterado por intereses comerciales, políticos y religiosos. No debería ser necesario recordar que la docencia es hoy una tarea paradójica porque los alumnos reciben muchos mensajes que les muestran que más importante que el conocimiento que se adquiere en las escuelas som el dinero, la fama y el poder.

Téngase en cuenta que los docentes de hoy están especialmente presionados por las demandas sociales y por las decisiones del poder que endurecen las condicioneds de trabajo, recortan sus salarios, aumentan sus horas y devalúan su función.

Es probable que si a un niño se le pregunta si quiere ser como Pellegrini o como su maestro diga que quiere dedicarse al fútbol: ganará mucho más, hablarán de él más los medios y, con un poco de suerte, le dedicarán una calle. Si se dedica a la docencia probablemente llegará a la jubilación con estrecheces y no tendrá ningún reconocimiento social. No tengo nada en contra de la decisión del Ayunatamiento de dedicarle una glorieta a Manuel Pellegrini (a mí me gusta el fútbol, no soy de los que consideran que es un entrdtnimiento estúpido), pero tengo muchas más razones para pedir una calle para todos los maestros y maestras de Málaga. Sería un modo barato y simbólico de compensar el maltrato gubernamental y de reconocer la hermosa y decisiva tarea que realizan cada día por un modesto estipendio.

Ya sé que ese gesto no resuelve los problemas. Ya sé que esa decisión no borra los agravios. Pero, al menos, ofrece el consuelo del reconocimiento de una labor imprescindible. Dice Emilio Lledó algo que sucribo plenamente: enseñar no es solo una forma de ganarse la vida; es, sobtre todo, una forma de ganar la vida de los otros.

El sentido del humor

15 Jun

El sentido del humor es necesario para vivir de forma saludable. Pero los tiempos que corremos no invitan a la sonrisa. Andamos entristecidos y malhumorados por la crisis, por la corrupción, por los problemas, por las prisas, por el temor al futuro. Creo que, mientras más grande sea la adversidad, necesitamos más y mejor sentido del humor. ”El animal más sufriente de la tierra se vio obligado a inventar la risa”, dice Nietzsche. Una persona sin sentido del humor es como un auto sin amortiguadores: salta de dolor con cada bache del camino.

El sentido del humor es necesario para vivir de forma saludable.

El sentido del humor es el término medio entre la frivolidad, para la que casi nada tiene sentido, y la seriedad, para la que todo tiene sentido. El frívolo se ríe de todo, es insípido y molesto, y con frecuencia no se preocupa por evitar herir a otros con su humor. El serio cree que nada ni nadie deben ser objetos de burla, nunca tiene algo gracioso que decir y se incomoda si se burlan de él.

Existen, a mi juicio, diversas vertientes del humor. Haré a continuación referencia a cinco. La primera es saber reírse de uno mismo. Incluye verse con buenos ojos. Exige no maltratarse. Le oí decir hace unos días a Javier Iriondo en el IV Congreso Nacional de Apfrato celebrado en Granada, que algunos deberían acudir a la comisaría de policía a denunciarse a sí mismos por maltrato. Se agreden con crueldad. Se castigan. Se exigen más allá de los límites. No se perdonan nunca.

Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado poseído de uno mismo. Aunque no debemos exagerar la importancia del humor: una mala persona puede hacer gala de un humor exquisito, y es posible ser buena gente y carecer por completo de sentido del humor. No obstante, quien tiene humor suele ser más estimable que quien no lo posee.

Nos hemos olvidado de reír. Se diría que no hay motivo alguno para la risa. Reír y hacer reír, dos caras de la misma moneda. Es bueno reírse de uno mismo y reírse con los demás. Tomarse las cosas con filosofía querría decir tomarse las cosas con alegría.

Conocí hace muchos años a un profesor que se tomaba con filosofía las adversidades de la vida. Se llamaba Basilio. Cuando alguien le fallaba, cuando le salía mal un proyecto, cuando le sobrevenía inesperadamente un contratiempo, se decía a sí mismo:

– Chúpate esa, Basilio.

Era una forma de relativizar el problema, de aminorar el impacto del golpe, de desdramatizar las cosas. Era una forma de responder con una sonrisa a una desgracia.

La segunda vertiente del humor es saber aceptar las bromas. Quien no tiene sentido del humor no es capaz de encajarlas con buen ánimo. Ya sé que hay bromas pesadas, pero algunos no admiten ninguna, ni siquiera las que son, a todas luces, simpáticas y cariñosas. Algunos tienen tan poco sentido del humor que ni siquiera las entienden.

Un amigo argentino me ha contado una anécdota que yo no conocía sobre Benito Pérez Galdós. Al parecer le pidieron al famoso escritor de forma imprevista una conferencia para un grupo de religiosas. La fecha que le proponían dejaba poco tiempo para la preparación. Con toda la sorna que cabe en la frase, Galdós contestó:

– No me gusta hablar a tontas y a locas.

Ingenio. Eso es ingenio. La magia de la mente manejando las palabras y las ideas. Pienso que si las monjitas se sintieran agraviadas carecerían de sentido del humor.

El humor es un instrumento apropiado para promover la tolerancia y las relaciones sanas. Es un test de personalidad. Lichtemberg escribió: “Nada determina más el carácter de una persona como la broma que la ofende”.

La tercera vertiente es reírse de la vida, de lo que sucede, incluso de las cosas más graves. Se puede uno reír de la desgracia, de la muerte, de la ruina… La risa puede tener efecto terapéutico. Es lo que llamamos humor negro. Vi una furgoneta en Rosario (Argentina) de una empresa que se dedicaba a hacer derribos. El nombre de la empresa era “Bin Laden Demoliciones”. En un cementerio de Georgia hay una lápida en una tumba con esta inscripción: “Te dije que restaba enfermo”.

Reír es como cambiar los pañales del bebé: no resuelve definitivamente el problema, pero hace las cosas más agradables por un momento, asegura el refranero popular.

El humor permite ver lo que los demás no perciben, ser consciente de la relatividad de todas las cosas y revelar con una lógica sutil lo serio de lo tonto y lo tonto de lo serio. A veces el mejor consejo es el que proviene de un chiste y no de una formulación teórica.

En el estupendo libro “El sentido del humor”, de A. Ziv, leí que unos veteranos de guerra habían acudido al cementerio para honrar a sus compañeros fallecidos. Eran tan viejos que uno le dijo a oro:

– Y a ti, con la edad que tienes, ¿te merece volver a casa?

La cuarta vertiente es reírse con los demás. El humor es una virtud social: podemos estar tristes en soledad, pero para reírnos necesitamos la presencia de otras personas. No sé dónde he leído que el humor es una forma de bondad.

La risa aparece como la distancia más corta entre dos personas. No es un mal comienzo para la amistad ni para el amor. “Me enamoré de él porque me hacía reír”, le oí decir a una amiga. No es tampoco un mal recurso para aceptar, o retrasar, la propia muerte y la de los demás..

El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que, en última instancia, todo es absurdo y que lo mejor es reír, como hizo aquel condenado a muerte que iba hacia la horca un lunes y exclamó: “Mal empiezo la semana!”. El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece.

La quinta vertiente es hacer reír, provocar la risa. No es tarea fácil. Algunos se consideran graciosos y no son más que auténticos pelmas. Creo que los articulistas son demasiado serios. Y los profesores. Y los políticos. No hay humor en la prensa, ni en las aulas, ni en el hemiciclo.

Escribe Comte-Sponville: “Se puede bromear acerca de todo: el fracaso, la muerte, la guerra, el amor, la enfermedad, la tortura. Lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio”.

Me gustan las personas que, a medida que pasan los años, mantienen y aumentan el optimismo, la visión risueña de la vida. Me gustan las personas como el escritor francés Edmond Rostand que, el día de su ochenta aniversario, se miró al espejo y dijo:

– Desde luego, los espejos ya no son lo que eran.

¿Tiene límites el humor? Hay una delgada línea divisoria entre la posibilidad de “reírse de” y la de “reírse con”. Chaplin ponía como condición de posibilidad del humor la necesidad de que el chiste estuviera a favor del débil y no del fuerte.

Las virtudes de reír y hacer reír no siempre van juntas. El Corán dice que quien hace reír al prójimo merece el paraíso, pero nada dice sobre el que saben reír. Conozco gente poco hábil para hacer reír, cuya risa es deliciosamente oportuna y contagiosa. También, a mi juicio, ellos merecen el paraíso.

El saltamontes no oye

29 Mar

Siempre me ha parecido llamativa la facilidad y la arbitrariedad con la que establecemos los nexos causales que nos interesan. Una cosa son los hechos y otra las relaciones que establecemos entre ellos. Planteamos nexos de causalidad de forma constante. “Esto ha sucedido por esto”, decimos sin la menor vacilación. “Esto va a suceder por esto”, anunciamos con sorprendente contundencia. Como si esas conexiones fuesen siempre palmarias e indiscutibles.

Cuando a un saltamontes se le cortan las patas, no oye.

Atribuimos a la intervención divina un hecho que nos ha sucedido sin tener constancia alguna de la conexión causa/efecto.“Dios nos salvó de la muerte”, dicen los supervivientes del accidente aéreo, sin caer en la cuenta de que al decir eso, afirman que condenó a muerte a los que fallecieron. Explicamos que los alumnos han suspendido porque no tienen capacidad o preparación o interés, sin tener en consideración que puede haber muchas otras causas, entre ellas la incompetencia de los docentes o la estupidez del currículo. El partido del gobierno dice que todo el problema económico actual proviene de la herencia que le ha dejado el partido socialista. La causa del paro era para el PP el mal gobierno de Zapatero y el incremento de un millón de parados que se ha producido con el actual gobierno es también para el PP consecuencia de aquella forma de gobernar. En definitiva que utilizamos sin cesar la lógica de autoservicio. Un mecanismo intelectual que le hace hablar a la realidad para que nos de la razón.

La fe es una fuente de causalidades frecuentemente gratuitas. Los creyentes dicen sin ambages que ha sido el Espíritu Santo quien ha inspirado a los cardenales la elección del actual Pontìfice. ¿Cómo se puede demostrar esa causalidad? Dicho sea con todo mi respeto a los creyentes. Las oraciones son estrategias que pretenden establecer la causalidad entre lo bueno que nos pasa y el favor divino. Recuerdo que, en una lejana investigación que hicimos sobre la educación diabetológica, algunos padres/madres atribuían la enfermedad del hijo a un castigo que habían recibido por algo malo que habían hecho en el pasado.

Otra fuente de causalidad arbitraria es la supersptición. Esto me ha pasado porque he visto un gato negro (resulta curioso saber que en Irlanda el gato negro es símbolo de buena suerte). Como es martes, día 13, lo malo que suceda ese día tendrá su origen en la fecha. ¿Qué rigor tienen estas afirmaciones?

Podría seguir poniendo ejemplos de forma ininterrumpida porque la frecuencia con la que manejamos la atribución causal es casi constante. Y, desde luego, poco rigurosa. Esta arbitrariedad responde casi siempre a intereses más o menos camuflados, más o menos legítimos, más o menos confesables. Cuando nos interesa llegar a una conclusión hacemos que los datos hablen a nuestro favor. Los datos, sometidos a tortura, acaban confesando lo que quiere quien los maneja.

Voy a traer a colación una pequeña anécdota que refleja muy bien lo que estoy diciendo. Supongamos que tengo un saltamontes en la palma de la mano izquierda. Y le digo imperativamente mostrándole la palma de la mano derecha:

– ¡Saltamontes, salta!
Y salta.
Cuando le tengo en la palma de la mano derecha le vuelvo a decir mostrándole la otra mano:
– ¡Saltamontes, salta!
Y salta.

Cuando se encuentra en la palma de la mano izquierda le corto todas las patas (es sólo un ejemplo, que nadie se asuste por el imaginario maltrato) le vuelvo a decir:
– ¡Saltamontes, salta!

Y ahora no salta. Entonces saco la conclusión: Cuando a un saltamontes se le cortan las patas, no oye.

Claro que puedo sacar esa conclusión, pero está muy claro también también que es completamente gratuita.

Los procesos de atribución que manejamos en la vida nos llevan muchas veces al autoengaño. Y, lo que es más grave, son utilizados para engañar y agredir al prójimo. Frecuentemente son utilizados en el debate político para atacar al adversario. Te propongo, querido lector o lectora, que analices un discurso político o un mitin y descubras cuántas atribuciones se hacen a la ligera.

Respecto a esta parcela me remito al libro “Aristóteles y un armadillo llegan a la capital”, libro que los autores (Thomas Cathcart y Daniel Klein) subtitulan de esta manera: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. En la primera de las ilustraciones se puede ver a varias personas en la Sede de Campaña electoral. Una de ellas dice a las demás: “Es un buen discurso… sólo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión”.

No me puedo evadir de otro campo en el que las atribuciones se hacen con excesiva frecuencia y ligereza. Me refiero al campo educativo. Un campo en el que, además, no suele suceder que si A entonces B, sino algo mucho más problemático: si A, entonces B, quizás. ¿Cuántas veces hemos oído decir que el bajo nivel de los alumnos y alumnas actuales se debe al influjo nefasto de la LOGSE?Sin duda, muchas, Pero, ¿existen pruebas? Sí, existen, pero de la afirmación contraria.

También en este segundo bloque que he elegido para ejemplificar el problema de los procesos atributivos interesados quiero hacer mención a un libro que desmonta con humor muchos tópicos y muchos estereotipos en los que se atribuyen de forma ligera determinados efectos a determinadas causas. Se trata de “Retrato canalla del malestar docente. Una defensa inteligente y mordaz del actual sistema educativo frente a los tópicos anti-LOGSE”, escrito por Juan José Romera, profesor de Lengua y Literatura en un IES de Málaga. Altamente aconsejable.

Hay un tercer campo en el que las atribuciones son, si cabe, más frecuentes y arbitrarias. Me refiero, como planteaba más arriba, al campo religioso. Cuando los feligreses sacan en procesión al santo patrón para invocar que su intervención traiga la lluvia, ¿se puede establecer el nexo causal entre la lluvia que realmente cae horas después y las oraciones de los fieles? ¿Cómo se puede probar? Cuando el futbolista sale al campo y hace la señal de la cruz pidiendo a Dios que le ayude a realizar un buen partido, ¿se puede establecer un nexo causal entre su gesto suplicante y el hecho de que después marque un gol? Me remito también aquí a un estupendo libro de Luis Rojas Marcos que lleva por título “Superar la adversidad”. En él podemos leer lo que sigue: “Las explicaciones positivas estimulan la confianza en uno mismo. Así, la explicación “Nos salvamos del accidente porque soy un buen conductor y tengo excelentes reflejos” es más reconfortante que “No nos matamos porque Dios no quiso”. Sería un buen ejercicio de racionalidad analizar una homilía y ver cuántas atribuciones se hacen de manera poco fundada.

Hay que ponerse a la tarea de buscar nexos causales arbitrarios en cualquiera de las parcelas de la vida. Eso es la educación: pasar, como decía Paulo Freire, de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. Dejarse engañar es malo. Perro engañarse uno a sí mismo es peor. Seamos rigurosos. En honor a la verdad.

Las lágrimas de la maestra

16 Jun

He recibido desde Uruguay este emocionante relato, enviado por la maestra María de los Huertos Toriani. Es una maestra que trabaja como profesora de primer curso de Primaria en la escuela 120 de Tiempo Completo, situada en el Departamento de Salto. La sencilla historia de Ángel que nos cuenta, me ha hecho pensar en las numerosas, casi infinitas veces, que tienen lugar experiencias como ésta en las aulas de las escuelas del mundo.

Nuestros ojos se llenaron de lágrimas y sin disimularlo comenzamos a aplaudirlo.

Cómo no sentirse apasionado por la profesión de enseñar, de abrir horizontes, de avivar el amor al conocimiento, de proporcionar herramientas para entender el mundo. Cómo no lamentar y condenar el castigo que una política torpe y mezquina está infligiendo a la educación.
Cada día, cada hora, cuando los maestros y maestras trabajan en las aulas, se producen hallazgos deslumbrantes, no solo en lo relativo al conocimiento sino, y sobre todo, con aspectos relacionados con las relaciones y la vivencia de la propia identidad.
La escuela es la gran mezcladora social. En ella conviven diariamente niños y niñas de diferente extracción social, de diferente nivel cultural, procedentes de familias que tienen el horizonte colocado en muy diferentes lugares, unas muy cerquita de la casa y otras a distancias siderales. La escuela hace que el horizonte se alargue, se prolongue, se convierta en un punto de tensión para aquellos cuyas familias solo pueden pensar en la inmediata necesidad de sobrevivir. La escuela fabrica horizontes para los pobres, para los desfavorecidos, para los, en palabras de Paulo Freire, “desheredados de la tierra”.
Respetaré en lo posible sus palabras porque se nota a través de ellas toda la emoción del momento y todo el entusiasmo del aplauso que suscitó la intervención del niño que protagoniza la historia.
Ella tienen como lema de su trabajo un pensamiento esclarecedor: “Si me importa, lo aprendo”. Es la máxima ley de la motivación. La historia dice así.
“Cada Escuela es una ventana al mundo , un pedacito de realidad en donde se entretejen sueños , aprendizajes, proyectos y enseñanzas.
Esta Escuela, mi Escuela, no es muy distinta de otras : la mayoría de niños que asisten provienen de contextos socio-culturales muy desfavorecidos, con padres que abandonan a sus hijos, ausencias afectivas, problemas de salud e higiene y maltrato.
Pero lo que la hace realmente diferente es que los que trabajamos en ella esperamos todos los días que “El Milagro Suceda” o al menos es lo que yo espero.
Lo llamo Milagro porque creo que cuando un niño, pese a las condiciones de vida que tiene que afrontar, puede con su corta edad romper la barrera del dolor que lo afecta, que lo perturba, para concentrase en algo mucho más banal como una clase, entonces puedo afirmar que : “EL MILAGRO SUCEDE”
Esta es una de las tantas historias en la que he tenido el privilegio de ser protagonista al ser Maestra de primer grado de Primaria.
Sucedió una mañana en el rincón de Ciencias Naturales al que llamamos Laboratorio. Estábamos juntos los dos grupos de los primeros años de la escuela y ambas docentes, prontas para comenzar lo que hacíamos una vez a la semana: leer la cartelera de ciencias. En ella colocamos noticias científicas y curiosidades sobre el mundo animal , el planeta tierra y el universo.
Empezamos la lectura leyendo los títulos de cada noticia y pidiendo al grupo la opinión de cuál querían escuchar primero. Una a una todas fueron leídas. Eran unas cuántas, cerca de diez. Al finalizar pedimos que el niño/a que se animara contara con sus palabras la noticia que más le había gustado . Así lo fueron haciendo y casi todos participaron ampliando lo que los compañeros decían.
Quedaba por comentar la última noticia cuyo título era: ¿Es la ORCA realmente una BALLENA ASESINA ? Entonces pregunté:
– A ver ¿quién puede contarnos de qué se trata esta noticia?
Veo solo dos manos levantadas.
– ¿Quién más se anima?
De repente una tercera manita asoma muy tímidamente. Era la mano de ANGEL, un niño al que solo se le escuchaba hablar cuando pedía permiso para ir al baño, con problemas de aprendizaje en todas las áreas y baja o nula estimulación del hogar debido al contexto en el que vive.
De estatura baja para su edad y delgado, se puso de pie y caminó hacia adelante, hacia donde yo estaba. Lo tomé por la cintura como queriéndolo contener y apoyándolo por el gran esfuerzo que suponía lo que estaba haciendo.
Sin dudarlo y expectante por lo que iba a decir le dije:
– Me gustaría escucharte, Ángel. ¿Qué nos vas a contar sobre la ORCA?
Con voz clara y fuerte dijo :
– “La orca es de la familia de los delfines, no es una ballena. Pesa muchas toneladas.Vive en los mares y océanos. Se entiende con otras mediante silbidos. Come peces, pinguinos, otros delfines y pedazos de ballenas. Cazan en grupo y se les llama asesinas pero nunca han atacado al hombre”.
No había nada más para agregar. Lo había dicho todo de forma correctísima.
La emoción que sentimos ambas maestras fue instantánea, nuestros ojos se llenaron de lágrimas y sin disimularlo comenzamos a aplaudirlo. El aplauso fue tan sentido que duró varios segundos en donde reinó el silencio de la palabra, un silencio en el que se respiraba amor, confianza, logros, seguridad, contención y aprendizaje.
Aprendizaje por parte nuestra de que los “milagros suceden” y nos sorprenden con mucha más frecuencia de lo que pensamos “.
Yo creo que el relato no necesita comentario alguno. Muchos maestros y maestras podrían relatar experiencias similares si se atreviesen a contarlas, si se decidiesen a compartirlas.
La profesora inglesa Joan Dean dice que si los profesores y profesoras compartiésemos las cosas maravillosas que nos suceden, tendríamos una fuente inagotable de ideas y de optimismo. Lo que pasa es que algunas veces solo vemos los agujeros en el queso.