Machismo lingüístico

12 Dic
La palabra puede ser una forma de agresión tan brutal como los golpes.

La palabra puede ser una forma de agresión tan brutal como los golpes.

Frecuentemente nos golpean noticias de maltrato contra las mujeres. Cuando llega este momento, nos aflige el dolor y nos invade la rabia. Pero pronto volvemos a la tranquilidad, hasta que un nuevo golpe nos despierta de la indiferencia y el olvido.

– Qué horrible, otra mujer asesinada por su pareja, decimos.

Pero, ¿qué hacemos más allá de lamentarnos? Porque, entre todos y entre todas tenemos que detener ese brazo que golpea y golpea sin piedad. Y, ¿cómo podremos hacerlo? Pues muy sencillo y muy difícil a la vez: acabando con la terrible lacra del machismo. Lacra que no desaparece por decreto ley, aunque las leyes sean necesarias. “La sociedad no cambia por decreto”, reza el título de un libro de Michel Crozier. En efecto, ¿puede cambiar una ley las concepciones y las actitudes de las personas?

Hay que combatir todas las formas en las que se manifiesta el sexismo, porque de él nace la violencia, la discriminación y el horror de los asesinatos. Por eso me entristecen (esa es la palabra exacta) esos artículos machistas que critican con buena carga de sorna, el uso no sexista del lenguaje, Ya sé que al decir “hombres” incluimos a hombres y a mujeres. Ya sé que al decir niños podemos referirnos genéricamente a niños y niñas. Pero no me dejará de reconocer el lector (o lectora) que en ambos casos silenciamos a las mujeres y a las niñas. Es indiscutible que, a través del lenguaje, se hacen invisibles. Por eso hay que referirse explícitamente a ellas. No me hacen gracias sus bromas, señor Pedro Jota (¿o será Pedro Joto para seguir sus derroteros de mordacidad?). No me gusta su estilo insensible a estas cuestiones, señor Pérez Reverte. Y no creo que se hagan más contundentes sus opiniones por utilizar unos términos gruesos y unas descalificaciones hirientes. No me hace ninguna gracia que usted califique el lenguaje no sexista como “una soplapollez”. No me gusta, señor Jiménez Losantos ese desprecio que usted muestra al Ministerio de Igualdad, a la Ministra y a las causas que plantea desde una cartera imprescindible. Me molestan sus palabras despectivas, señor Juan Manuel de Prada, por ejemplo cuando dice que “se necesitan vocablos nuevos para designar a esas mujeres que sólo alcanzarán la felicidad satisfecha de los lacayos cuando sienten que les crece una miembra virila entre las piernas” (ABC, 3/2/2007). (más…)

Ninguna herida es un destino

10 Oct
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El ser humano está preparado para superar hasta lo más terrible.

Algunos piensan que están condenados a ser desgraciados de por vida cuando les ha ocurrido una desgracia (maltrato, violación, oprobio) en la infancia o en la juventud.

No hace falta ser muy sagaces para comprobar que hay muchos niños en el mundo (y muchas niñas, sobre todo muchas niñas) que tienen una infancia atroz. Víctimas de la guerra, víctimas de los malos tratos, víctimas de vejaciones, víctimas de abandono, víctimas del desamor… Unos de manera visiblemente aterradora. Otros de manera camuflada, pero no menos cruel. ¿Tienen ya destruida su vida? ¿Están marcados para siempre? No. Hay que poner cerco al fatalismo, al determinismo, a las creencias que forjan destinos inapelables.
Boris Cyrulnik subtitula su obra “Los patitos feos” con una frase que resume su tesis básica: “La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida”. La resiliencia, es “una propiedad que define la resistencia de un material a los choques”. El autor utiliza el concepto como sinónimo de “resistencia al sufrimiento”. Señala tanto la capacidad de resistir las magulladuras de la herida psicológica como el impulso de reparación psíquica que nace de esa resistencia. (más…)