Ser docente (I)

20 Oct

El gran magistrado Pericles, cuya personalidad marcó todo el siglo V antes de Cristo, hasta el punto de conocerse a éste como Siglo de Pericles, entendió de forma cabal la misión del maestro como forjador de la personalidad y la conciencia de los pueblos.

No sé lo que sería del mundo sin esta legión de trabajadores y trabajadoras del saber y de la bondad.

En cierta ocasión, mandó reunir a todos los genios y artistas que habían contribuido a engrandecer Atenas. Fueron llegando los arquitectos, loas ingenieros, los escultores, los guerreros que defendieron la ciudad, los filósofos que propusieron nuevos sentidos a la vida… Estaban todos allí, desde el matemático que descubría en el número el sentido helénico de la exactitud hasta el astrónomo que se asomaba al universo para contemplar la armonía de las estrellas. Pericles cayó en la cuenta de una ausencia notable: faltaban los pedagogos, personas muy modestas que se encargaban de llevar a los niños por el camino del aprendizaje.

– ¿Dónde están los pedagogos Preguntó Pericles. No los veo por ninguna parte. Vayan a buscarlos.

Cuando, por fin, llegaron los pedagogos, habló Pericles:

– Aquí se encontraban los que, con su esfuerzo, embellecen y protegen a la ciudad. Pero faltaban ustedes, que tienen la misión más importante y elevada de todas: la de transformar y embellecer el alma de los atenienses.

El pasado día 5 de octubre se celebró el Día Mundial del Docente. En estos tiempos en que su figura está tan machacada por la política educativa y tan poco valorada por la sociedad, quiero rendir un homenaje sincero y emocionado a quienes con su trabajo humilde y comprometido salvan la vida de las personas y hacen mejor la sociedad. Desde aquí rindo un sentido homenaje a los docentes ya que:

Ser docente es difícil:

Porque, inmerso en la cultura neoliberal donde prevalecen el individualismo, la competitividad, el eficientismo, la privatización, el imperio del mercado y el olvido de los desfavorecidos, el docente se dedica a cultivar la solidaridad, el saber, el respeto, la dignidad y la compasión con los más débiles.
Porque trabaja en contextos adversos proponiendo modelos por la vía de la argumentación que otros combaten con modelos presentados por la vía de la seducción.
Porque desarrolla una tarea de enorme dificultad como es hacer amar el conocimiento en una sociedad obsesionada con el dinero, el poder, el placer y la fama.
Porque la presión social es cada día mayor, esperándose de él y exigiéndole incluso, que responda a todas las necesidades de formación: la paz, el consumo, la imagen, la seguridad vial, la convivencia, el medio ambiente, los valores… Con escasa formación, por menor sueldo y con peores condiciones.
Porque frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está del lado de la verdad, del amor y de la libertad.
Porque su tarea es cada día más difícil ya que los alumnos y alumnas tienen distractores muy potentes en los medios de comunicación, en internet, en la calle, en la discoteca, en las drogas, en el alcohol, en la delincuencia…
Porque a veces tiene que tratar de enseñar a quienes de ninguna manera desean aprender ni dejar, a toda costa, que otros aprendan.
Porque algunas familias entienden que el deber de los docentes es hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben, o no quieren hacer en las casas.
Porque algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías o verdugos de los docentes.

Ser docente es complejo:

Porque su tarea es enormemente paradójica, ya que consiste en ayudar a que otros aprendan por sí mismos a pensar y a convivir. De que sean aprendices crónicos y autónomos. Dice Holderlin que los educadores forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes: retirándose.
Porque en la sociedad de la información, en la que todo el mundo sabe que quien tiene información tiene poder, él y ella se dedican a compartir generosamente el conocimiento que poseen.
Porque para realizar esa compleja y sublime misión, la más delicada que se le ha encomendado al ser humano en la historia, recibe una preparación breve, retórica, y masificada.
Porque trabaja en instituciones cada día más complejas en las que existe disputa ideológica, presión social, regulación asfixiante y espacios incongruentes. “Los profesores son personas encantadoras que trabajan en lugares horribles”, dice Popkewitz.
Porque su excelsa profesión no está suficientemente valorada por los agentes sociales y por la ciudadanía en general. “Aquí el que sabe hace y el que no sabe enseña”, decía Bernard Show.

Escribe Manuel Rivas: “Ser enseñante no solamente requiere una cualificación académica. Un buen profesor o maestro tiene que tener el carisma del Presidente del Gobierno, lo que ciertamente está a su alcance; la autoridad de un conserje, lo que ya resulta más difícil y las habilidades combinadas de un psicólogo, un payaso, un disc jockey, un pinche de cocina, un puericultor, un maestro budista y un comandante de la Kfor. Conozco a una profesora que sólo desarmó a sus alumnos cuando demostró tener unos conocimientos futbolísticos inusuales, lo que le permitió abordar con éxito la evolución de las especies”.
Porque cada curso van sumando un año mientras sus alumnos y alumnas se mantienen en la misma edad que siempre han tenido, debiendo superar desajustes generacionales problemáticos.
Porque cada año, después de aprender a querer a sus alumnos y a ser querido por ellos, debe separarse de todos para empezar de nuevo el proceso de la conquista afectiva de otro grupo diferente.
Porque los conocimientos se multiplican vertiginosamente y él tiene el deber de estar al día o, incluso, en el día de mañana.
Porque, en otros oficios, el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales con los que trabaja, pero en la docencia es el que más y mejor los libera.

No sé lo que sería del mundo sin esta legión de trabajadores y trabajadoras del saber y de la bondad. Para ellos y ellas mi respeto, mi admiración y mi afecto.

Libertad para el zorro y las gallinas

31 Dic

En estas fechas navideñas todo es comercio. En las otras, también. Es impresionante el volumen de transacciones comerciales que se realiza en nuestra sociedad. Estamos inmersos en la cultura del libre mercado. (Lean, por favor “El Mercado”, de Bellamy). Libertad para comprar y vender. Libertad para el zorro y las gallinas. Comprar y vender son las grandes actividades de nuestros días. Da igual vender joyas que judías estofadas. Somos, ante todo y sobre todo, clientes. Tanto vales cuanto compras. El ser humano actual podría ser definido como mercader.

Estamos inmersos en la cultura del libre mercado.

La mayoría de las tarjetas de felicitación navideña que he recibido en estos días proceden de firmas comerciales: Grandes almacenes, concesionarios de automóviles, restaurantes, jugueterías… ¿Quiere usted comprar? ¿Desea usted consumir? La Navidad es la gran fiesta del consumo. Los regalos, los juguetes, los adornos, las comidas… Para hacer operaciones comerciales hace falta tener lo que otros necesitan (o creen necesitar) y habilidad para anunciarse. Por otra parte, capacidad de elegir y dinero para comprar. (más…)

Controles descendentes

31 Jul

El dinero público se ha gastado muchas veces con excesiva alegría

Estoy comprobando que, cada día que pasa, se hacen más estrictos y minuciosos los controles sobre el dinero público. Pero, curiosamente, sólo con carácter descendente. Es decir, que a los ciudadanos de a pie que manejamos cantidades casi ridículas se nos mira con lupa. A mí me parece muy bien que se vigile estrechamente el dinero de todos. Pero claro, uno se pregunta: ¿cómo es posible que esos controles tan finos permitan la evasión de miles de millones?

El dinero público se ha gastado muchas veces con excesiva alegría: comidas, viajes en primera clase, coches oficiales, regalos, fiestas, protocolo… No se pide lo mismo en un restaurante cuando uno paga de su bolsillo que cuando se paga con dinero ajeno. Basta ver el distinto consumo que se produce en un avión cuando invita la compañía o cuando paga el pasajero. Si la azafata sirve un refresco gratuito casi todos los pasajeros tienen sed. Si hay que pagarlo, ya beberemos lo que sea cuando lleguemos a casa. Es así de sencillo.

Dada esta tendencia se hace necesario controlar el gasto del dinero público. Defiendo que así sea. Exijo que así sea. Y esa es una muestra del buen funcionamiento de la democracia. Pero, si se ha de hacer debe hacerse con mayor celo mirando hacia arriba que hacia abajo. Por dos motivos: el primero porque las cantidades suelen ser más elevadas. El segundo por una cuestión de ejemplo.

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Un tsunami de regalos

13 Feb
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¿No estaremos pasándonos un poco con los regalos de los niños?

Han pasado las Navidades dejando un verdadero tsunami de regalos entre los niños y las niñas de nuestro país.
Ya sé qué que la cuestión afecta sólo a una parte de la infancia y que hay otra parte que sólo recibe un aluvión de olvido y de miseria. Para muchos niños y niñas de esta sociedad consumista se está produciendo un fenómeno verdaderamente preocupante. Hay regalos de Papá Noel, de Nochevieja, de Año Nuevo y de Reyes Magos. Y los hay en la casa de papá y mamá (o de papá por una parte y de mamá por otra si la pareja está separada), en casa de los abuelos maternos y paternos (o en las cuatro si están divorciados), en la de los tíos, primos, amigos, conocidos y vecinos…En definitiva, el milagro de la multiplicación de los regalos y de los paquetes. Para que todo esto llegue, el niño o la niña sólo tienen que hacer un pequeño esfuerzo: existir.

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