El ingenio de la hormiga

30 Dic

cinta_de_mobius_ii.jpg Me preocupa la forma en que muchas personas, especialmente los jóvenes, afrontan las adversidades de la vida. Veo poca resistencia a la frustración, una irritación excesiva cuando la realidad no se acomoda a las expectativas, escasa reacción ante el fracaso… El dolor existe, la contrariedad es inevitable, los problemas son consustanciales al desarrollo humano. Sin dolor no tendríamos conciencia de nosotros mismos. Pero hay muchas formas de afrontar los problemas. Digo que me preocupa especialmente la endeblez de las reacciones ante los contratiempos que tienen algunos jóvenes. Acostumbrados a que les saquen los padres, profesores y adultos las castañas del fuego, cuando tienen que afrontar la adversidad ellos solos se vienen fácilmente abajo.
Es propio del niño comerse la tarta y sorprenderse (e incluso irritarse) de que la tarta haya desaparecido. Es propio del adolescente esperar que le pongan la tarta delante sin hacer esfuerzo alguno para conseguirla. El adulto sabe que tiene que trabajar para tenerla, que hay dificultades para conseguirla y que si se la come, la tarta no aparecerá de nuevo.
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Los alumnos de Wittgenstein

23 Dic

Wittgenstein Me ha impresionado un relato que el premio Nobel de Literatura Paul Auster hace en su libro ‘Brooklin Follies’. Se refiere al filósofo Wittgenstein. Y, más concretamente, a la etapa en que ejerció de maestro en un pequeño pueblo de Austria. Cuenta Auster que en una biografía sobre el filósofo, escrita por Ray Munk, se dice que después de escribir su famoso ‘Tractatus’ cuando era soldado en la primera Guerra Mundial, Wittgenstein consideró que había resuelto todos los problemas de la filosofía y ya no podía ir más lejos en la materia. Se colocó de maestro de escuela en un pueblo perdido de las montañas de Austria, pero resultó que no tenía cualidades para el puesto. Severo, malhumorado, violento incluso, regañaba continuamente a los niños y les pegaba cuando no se sabían la lección. No los cachetes de rigor, sino puñetazos en la cabeza y en la cara, palizas impulsadas por la cólera, que acabaron causando graves traumas a una serie de chicos. Corrió la voz ante aquella indignante conducta y Wittgenstein se vio obligado a renunciar a su puesto.
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¡Adelante, señor presidente!

16 Dic

eta.jpg Pocas cosas le tendremos que agradecer más los españoles y españolas que este denodado empeño suyo en buscar la paz contra viento y marea. El viento del terrorismo y la marea de la oposición. Los terroristas dicen que no da pasos y la oposición le critica que ha hecho concesiones. Y así sucesivamente. Aunque se detenga el proceso, aunque resulte un fracaso, le felicitaré por haberlo intentado. Porque buscar la paz es una obligación moral. Qué decir si el proceso sigue adelante y se logra acabar con esta lacra, con este cáncer de la sociedad que es el terrorismo. Usted está intentando conseguir con las palabras lo que no han conseguido hasta ahora las armas, las detenciones, los juicios y las cárceles. No nos lleva al abismo, como dicen. Estamos metidos en el abismo del terror y usted pretende que salgamos de él.
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Que no, Manolo, que no

9 Dic

Trabajo dif?cilLas cosas han cambiado. Unas para bien, otras para mal. Antes decían los padres a los hijos (y menos a las hijas, porque esa es una parcela en que han cambiado para bien):
-Estudia, hijo, que el día de mañana podrás conseguir rápidamente un trabajo bueno y bien remunerado.
Hoy no es tan cierto. Se puede estudiar y tardar en conseguir un trabajo malo, y mucho más en conseguirlo bueno. Estoy cansado de ver a mis antiguas alumnas en las cajas de los centros comerciales. No es deshonroso, claro está. Pero es incongruente con su formación. ¿Para qué tantos años de estudio?
La historia se repite sin cesar:
– ¿Qué haces aquí?
– Estoy trabajando mientras preparo oposiciones. Me gustaría estar “en lo mío”, pero no encuentro nada.
¿Cuál es la finalidad fundamental de los estudios? ¿Cuál es la finalidad de la formación universitaria?, ¿para qué sirven los títulos académicos? ¿Hay que conseguir buenos profesionales o ciudadanos cultos? ¿Qué le pide la sociedad a la universidad española? ¿Mano de obra cualificada o cabezas bien hechas que sepan pensar?
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Sin la familia, ¡imposible!

2 Dic

Intolerancia
Hace unos años escribió George Snyders un libro cuyo título debería inquietar a padres y madres: “No es fácil amar a los hijos”. Se podría pensar equivocadamente que el amor natural orientará el quehacer educativo de los progenitores. No es así. Se podría suponer que basta con el amor. No es así. El amor paterno y materno está lleno de trampas. Ahí está la sobreprotección, el chantaje afectivo, el complejo de culpa (“le compro todo porque sé que le estoy negando lo esencial”), el deseo de que el hijo sea lo que los padres no pudieron ser, la obsesión porque no les pase a los hijos lo que les pasó a los padres, la indoctrinación, el perfeccionismo, la comparación destructiva, el libertinaje consentido…

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