Las pepitas de las sandía

6 Sep

LAS PEPITAS DE LA SANDÍA

En una comida familiar del actual verano, a unos metros de la pedregosa playa de Castell, mi cuñado José Manuel, educador de profesión y de espíritu, plantea una cuestión de hondo calado pedagógico a través de una pequeña anécdota familiar. Pone en entredicho la práctica de la abuela que le quita las pepitas de la sandía a los nietos para que la coman con más facilidad y agrado.

Se trata de un minúsculo detalle, pero está cargado de significado. Es casi un símbolo. La actitud puede repetirse de forma casi constante en la vida cotidiana de la familia.

– De esa manera, argumenta mi cuñado, los niños acaban por no saber que la sandía tiene pepitas y que es necesario quitarlas, de una forma u otra, para poder comérsela. De esa forma aprenden que no tienen que esforzarse para comer el postre porque alguien que les quiere se lo hace todo fácil.

Nadie duda de la buena voluntad de la abuela y de su capacidad de sacrificio y de altruismo. De su amor a los nietos, en definitiva. Lo que se pone en cuestión es la conveniencia de ese modo de proceder para el desarrollo infantil. Mi cuñado dice que es necesario aprender que la vida tiene dificultades y que se debe hacer frente con entereza a esas dificultades. Pero eso solo se consigue afrontándolas, superándolas con esfuerzo. Las pequeñas y las grandes.

Se trata de un minúsculo detalle, pero está cargado de significado. Es casi un símbolo. La actitud puede repetirse de forma casi constante en la vida cotidiana de la familia. Atar los cordones de los zapatos, recoger la ropa, colocar las cosas, poner la mesa, fregar los platos, peinarse, mover las sillas, levantarse a por un vaso de agua… ¿Quién lo hace? ¿Quién lo hace para quién? ¿Quién lo hace en lugar de quién?

Hacer las cosas por los niños puede ser un signo de amor, pero puede convertirse en una invitación a la comodidad, a la blandenguería, a la falta de esfuerzo y sacrificio. Hacer las cosas por ellos, en lugar de ellos, para que no se molesten por nada es tenderles una trampa sibilina. Porque la vida no es fácil.

No soy partidario del sufrimiento estéril. Estoy contra el sadismo en la educación. Pero creo que es necesario educar en el esfuerzo. Como en todas las cosas de la educación es cuestión de tacto. No estoy de acuerdo en que la escuela tenga que ser difícil porque la vida es difícil, pero sostengo que nada valioso se alcanza sin esfuerzo.

Cuando veo a los acróbatas, a los magos, a los futbolistas, a los profesionales de cualquier oficio realizando con aparente facilidad actividades complejas, siempre pienso en todas las horas de esfuerzo que hay detrás.

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”, decía Gahandi. Mucho antes, nuestro Francisco Quevedo había sentenciado: “El que quiera en esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos en su vida”.

Los niños y las niñas tienen que saber que las sandías tienen pepitas, que los peces tienen raspas, que las rosas tienen espinas, que los caminos tienen cuestas, que las casas tienen goteras, que los coches tienen averías… Esa es la vida. Hay que saberlo y hay que saber afrontarlo.

Tenemos que revisar nuestros patrones de comportamiento. Hacer las cosas fáciles puede resultar contraproducente. Porque cuando se evita todo tipo de esfuerzo, el niño puede esperar (y desear) que todas las sandías vengan sin pepitas o que, si las tiene, alguien se las tendrá que quitar por él. Incluso sentirá en el derecho de exigir que así sea.

Quiero decir con estas líneas que es necesario educar en el esfuerzo. Un esfuerzo que tiene sentido y finalidad, que no es un esfuerzo gratuito y masoquista. Se llega a las metas después de caminar con esfuerzo, de superar dificultades, de perseverar en el intento.

Veo hoy en los jóvenes poca resistencia a la frustración, poca capacidad de sacrificio. No se soporta con elegancia el fracaso. No se practica el esfuerzo. No se afronta con entereza el dolor, la enfermedad, el trabajo.

– Se quiere conseguir lo que se pretende sin esfuerzo alguno. Fácilmente. Cómodamente.
– Se pretende llegar a la meta sin la espera necesaria. Rápidamente. Ahora. Ya.
– Se exige él éxito que no se ha conquistado con tiempo, esfuerzo y sacrificio. Egoístamente.

Para madurar, para crecer psicológicamente hay que esforzarse. El niño quiere comerse la tarta y no acepta que haya desparecido. El adolescente quiere que le pangan en una bandeja la tarta. El adulto sabe que para que haya una tarta en la bandeja tiene que trabajar, que no se la van a traer las hadas o los dioses como un regalo. Y sabe que, si se la come, ya no habrá tarta en la bandeja.

No sé dónde leí esta lapidaria sentencia del presidente norteamericano Franklin S. Roosvelt: “Suda y te salvarás”. No durmiendo la siesta, no tumbado en un sofá, no abanicándote plácidamente, no sesteando… Sudando, esforzándose. Y, lo importante de esta idea, no es solo conocerla sino practicarla. Querámoslo o no, la vida es difícil. Dárselo a los niños todo hecho, hacérselo todo fácil, no es la mejor forma de prepararse para tener éxito en la vida.

Los niños tiene que aprender que el dinero no cae del cielo, que cuesta conseguir lo que se pretende, que hay que esforzarse para alcanzar los objetivos, que hay que estudiar con intensidad y perseverancia para poder aprobar. Tienen que saber que no hay martillos que golpeen solos. En el libro de Eduardo Criado “Cien impulsos positivos” se cuenta esta historia que he elegido en honor a mi cuñado José Manuel, infatigable coleccionista de martillos, ya que él me sugirió esta reflexión sobre las pepitas de la sandía.

Hace años pasó por un viejo poblado un ropavejero vendiendo objetos curiosos. Entre otras cosas ofreció a un aprendiz de carpintero un “martillo maravilloso”.

– Si este martillo trabaja solo como usted dice, ¿por qué no me hace una demostración?

El muchacho dudaba. El precio era alto. Todos los ahorros de su vida.

– Bien, muchacho. Veo que no te decides., llevo el martillo a otro pueblo. Tú seguirás condenado a trabajar duro.

El aprendiz se decidió y le entregó el dinero.

– Recuerda que debes mirarlo fijamente durante una hora sin pensar en la palabra “martillo”. Si así lo haces, él obedecerá tus órdenes y empezará a trabajar haciendo todo el esfuerzo que tú tienes que hacer ahora.

Cuando el ropavejero se marchó intentó hacerlo funcionar pero no lo consiguió. Al principio creyó que se trataba de una falta de concentración: ¡no podía dejar de pensar en la palabra “martillo”! Pero después fue su propio amo, el carpintero, quien le hizo ver la verdad, diciéndole:

– El martillo maravilloso pertenece a aquella clase de ideas del tipo “me merezco todo a cambio de nada”. Todo lo que realmente merece la pena tenemos que conseguirlo con nuestro esfuerzo.

Hay quien se dedica a vender martillos maravillosos. Y hay quien se cree que existen. Lo cierto es que no los hay. Y tampoco puede otra persona golpear por nosotros. Hay que enseñarlo y hay que aprenderlo. Si no lo hacemos los padres y educadores, es probable que lo enseñe la vida de forma traumática.

21 thoughts on “Las pepitas de las sandía

  1. Importante tema Miguel Ángel,

    Desde hace años vengo notando esta crisis de esfuerzo en nuestros hijos y jovenes que han sido victimas de las buenas intenciones de padres y abuelos, que con la mejor intención les ponemos fáciles las cosas alejando a estos chicos del tener que esforzarse, en introduciendo en ellos poco a poco la cultura del “todo debe ser fácil de lograr y con poco esfuerzo” y así es como a consecuencia de ello vemos viendo como se pierde entre otras cosas el interés de aprender un oficio en pos de un trabajo de escritorio que nos proporcione un buen ingreso sin mucho esfuerzo.

    Seguir quitando las pepitas a la sandía, me encantó la metafora, seguirá haciendo crecer esta crisis, así que si que si deseamos el cambio, si queremos que el día de mañana nuestros jovenes sean independientes y autosuficientes, enseñemosles a quitar esas pepitas, enseñemosles que cuantas más grandes sean las piedras que encuentren en su camino y más se esfuercen en quitarlas más grandes serán los castillos que construyan y recordarles que aunque no siempre será fácil sin duda merecerá la pena.

    Felicidades por el artículo !

    César Gómez

  2. Referido al ámbito educativo comento esta frase de Miguel Ángel “Estoy contra el sadismo en la educación. Pero creo que es necesario educar en el esfuerzo. Como en todas las cosas de la educación es cuestión de tacto”.

    El “tacto” en educación es sinónimo de equilibrio, mesura, sensatez, moderación,templanza, astucia, diplomacia, habilidad, sutileza,… Eso no se aprende en la carrera de magisterio ni el master de preparación para la docencia de la ESO, se tiene o no se tiene. Yo diría que es algo que se lleva en los genes.

    Con ello quiero destacar dos aspectos: uno lo dificil que es ser docente, dos, que no todos valemos para desempeñar esta función.

    Por otra parte ese “tacto” en cuestión de administrar los esfuerzos no es el mismo para cada alumno. Por ejemplo, una hora de estudio para un niño puede ser muy provechoso y aprenderse un tema, y para otro, sin embargo, no le saca rendimiento. Se supone que ambos realizan el mismo esfuerzo (medido en una unidad de tiempo), pero el resultado final es distinto. ¿Cómo medir esos esfuerzos que no son observables por el docente? Una vez más… con tacto, astucia, habilidad, sutileza,… La atención a la diversidad supone también una tarea docente harto complicada.

    Una vez más, destacando la importancia de la búsqueda de un excelente y adecuado mecanismo selección del profesorado. Revisese planes de estudio universitarios, master, practicum, oposiciones,…

    Dejo a otros colegas que comenten y desentrañen otros aspectos contemplados en este magnifico artículo (como siempre).

    Ojalá y tenga mucho tacto este curso, lo voy a necesitar…

  3. Querido Maestro!
    Tiene mucha razón en su comentario, cuando habla de las dificultades de la vida y del esfuerzo que supone salir a flote.Es una verdad como un templo, que las madres caemos en la equivocación de querer mejorar la vida de nuestros hijos y que no pasen por los momentos duros que hemos vivido y por ello los educamos en la blandinguería y en la facilidad de las cosas.Me culpo de ese error cometido.
    Pero es tan dura la vida,me ha tratado con tanta amargura que nadie que sea el amor de mis entrañas quisiera que pasara por ello.
    Dicen que el éxito en la vida no se mide por lo que has logrado sino por las dificultades y obstáculos que has superado. Si es así yo soy una persona exitosa;sigo ganando carreras de fondo cada día.
    Permítame decirle que gracias a sus comentarios logro coger fuerzas para ganar las más difíciles batallas.A veces no sabe una persona cuanta fortaleza tiene hasta que no resuelve infinidad de dificultades,lo que sí hay que buscar siempre la ayuda de otros que le muestren el camino para resolverlos.
    Gracias por ofrecerme unas ideas positivas en mi vida.
    Sin más me despido con un cordial saludo.

  4. Buenos días,

    Completamente de acuerdo con el contenido del artículo.

    Mi dificultad está en conjugarlo/compararlo/aplicarlo a la vez que lo dicho -al menos en la mitad- de aquéllos artículos de “violencia sutil contra la infancia”. No entiendo cómo pueden salir ambos contenidos de la misma mano.

    Saludos.

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  6. Querido Miguel Angel,

    De acuerdo con su reflexión de esta semana, me gustaría trasladar el tema también al otro vértice del ciclo vital, a la vejez.

    Llevo viviendo algo mas de un año en un pequeño pueblo cerca de Londres. Hace unos 5 meses que me recomendaron unos amigos ir a la casa de Bill para aprender inglés a través de las encantadoras y divertidas clases que esta persona de 78 años me ofrecía por un precio no muy alto.

    Mi sorpresa se produjo al llegar el primer día y encontrarme con él. Es una persona con un grave problema de espalda, que le hace permanecer en una postura encorvada, y este a su vez le afecta a su pierna derecha, lo que le hace tener que desplazarse con una leve cojera. Recuerdo que era un apuro constante verle como subía las escalreas, cómo se manejaba en la cocina para preparar el desayuno para ambos o cómo se sentaba y levantaba del sillón desde donse suele enseñarme. No paraba de preguntarle: “Can I help you?”, ante su siempre respuesta sonriente: “Si vuelves a repetir esa pregunta te subiré el precio de la clase”.
    Tras los primeros tres días le dije que lo sentía mucho pero que me daba mucho apuro verlo todos los días así y que me gustaría ayudarle, no podía seguir observando cada mañana como llevaba la bandeja con dos tés hirviendo, unas galletas y unos sobres de azúcar y sacarina de la cocina al salón (por donde tienes que bajar unos 5 escalones) mientras que yo lo seguía sin transportar nada en mis manos. Su respuesta fué contundente: “te dije que si me lo volvías a decir te subiría el precio y así va a ser, esta clase me vas a pagar una libra más de que lo sueles hacer. No te voy a dejar que me conviertas en un viejo vago postrado en un sillón. ¿Que sería de mí si todas las actividades diarias que debería de hacer fueran hechas por otra persona? ¿Crees que eso me ayudaría a algo? Quizás empleo más tiempo que tú o que una persona sin este tipo de problemas en hacer las actividades diarias, pero emplear un poco más de tiempo me hace mantenerme, incluso mejorar”. Una buena lección que hizo impactar en mi cerebro fuertemente. Le dije que yo solía ayudar a mis abuelos cuando iba a visitarlos, que no podía dejar ver como cocinaban o limpiaban, que hacían sentirme inseguro. Pero me explicó, desde su experiencia, que el efecto es totalmente contraproducente. “El día que sienta que no puedo hacer algo, entonces y solo entonces, pediré ayuda. Que no ande tan rápido y habilmente como tú no quiere decir que no pueda hacerlo, yo lo hago a mi manera y así puedo sobrevivir”. Con su siempre sarcástica manera de expresarse terminó: “tengo muchísimo dinero, hasta para comprar el Buckingham Palace, y sin embargo, prefiero vivir en esta casa con tantos escalones que tiene, esto me hace fortalecer los músculos de las piernas todos los días y así no permitir que mi problema empeore rápidamente. Por lo tanto, no dejaré que “no me ayudes” mi querido alumno”.

    Sabia anécdota de una persona que no se deja llevar por la corriente, que tiene muy claro el efecto que provocaría la “no ayuda” de alguien en su vida. Estoy seguro que muy bien sabe él lo cómodo qu estaría si alguien hiciera por él la mayoría de las actividades que se llevan a cabo en el día a día, pero su cerebro aún no es tan anciano como para caer en esa tentación, porque sabe que los efectos serían totalmente contraproducentes para su vida.

    Lo mismo ocurre en los niños/as. Si los jóvenes y adultos hacemos por ellos la mayoría de las cosas que deberían de hacer ellos, les estamos “no ayudando” en su aprendizaje y crecimiento. El esfuerzo debe de ser constante en su vida, deben de aprender como son y se hacen las cosas que giran a su alrededor. Ellos tienen la habilidad para hacerlo, solo estamos ahí para guiarles y enseñarles, y no para hacerselo todo mas fácil y simple.

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  9. Estimado Raúl Berral!
    Me dirijo a ti sin tener el placer de conocerte para darte las gracias por el pedazo comentario que has hecho y la ayuda que aportas con el a esta que escribe.Es una historia la que cuentas de lo más conmovedora y tierna que nos hace subir la autoestima a personas que tienen obstáculos que superar,incapacidades que asumir y enfermedades que llevar.
    Me has ayudado a comprender que también despacio se llega a las metas y que la vida esta para cumplir objetivos aunque sean mínimos.
    Hay muchas formas de ser discapacitado,la más peligrosa la de no tener corazón.
    Ha sido un placer leerte y encontrarte.
    Saludos cordiales.

  10. Estimado Raúl Barral:
    Muchas gracias por este comentario tan certero e inteligente.
    El ejemplo que tú cuentas es magnífico.
    La persona de la que hablas es extraordinaria. Sensata, humilde e inteligente.
    Creo que has aplicado el principio que defiendo en el artículo a otra etapa de la vida. Y lo has hecho con mucha claridad y mucha inteligencia.
    Saludos y gracias.
    MAS

  11. Querido amigo y maestro:

    Estoy completamente de acuerdo contigo en la necesidad de educar la capacidad de esfuerzo, porque, efectivamente, la vida no es fácil. Lo cual no significa que en los momentos más difíciles no deje de ser fundamental acompañar a los alumnos/as -y también a los adultos-.

    Ánimo a ti y a tu familia en este día cargado de significado.

    Un gran abrazo.

    Feliz inicio de clases a todos/as.

  12. Querido Juan Manuel:
    Me ha dejado impresionado tu capacidad de cercanía. ¿Cómo puedes recordar esta fecha teniendo tantas relaciones, amistades y familiares?
    Muchas gracias, de verdad. Estoy en casa de mi hermana compartiendo los recuerdos y el dolor de aquella pérdida que no es fácil superar.
    Creo que es muy necesaria una didáctica de la muerte. Preparamos pra la vida y para el trabajo, pero nada se hace para preparar la propia muerte y para vivir la muerte de los seres queridos.
    Un gran abrazo, querido amigo.
    Miguel A. Santos

  13. Interesanste reflexión para padres y educadores de hoy. Frecuentemente hacemos las cosas por los hijos y los alumnos. Y pensamos por ellos. Es un camino equivocado.

  14. En ocasiones para compensar lo que no hacemos querremos hacer cosas que pueden hacer ellos solos.
    Le oi en una ocasión a MASG decir que los hijos y los alumnos nos dicEn lo siguiente:
    – Ayúdame a hacerlo solo.
    Creo que es cierto,

  15. He leído que Quintiliano se sorprende de que no ve en la misma línea los textos contra la violencia infantil y este. Texto. Si relee con atención el I vera que ni e casi lo mismo cuando llama ala atención sobre la protección infantil…

  16. Es muy bonita la anécdota de las pepitas de la sandía.
    Y muy aleccionadora.
    Vale tanto para la familia como para la escuela.
    No es verdad que la LOGSE acabara con el esfuerzo. Todo lo contrario. La LOGSE propuso que se tuvieran en cuenta las actitudes, entre ellas el esfuerzo.
    Es necesarios para la vida saber sacrificarse.

  17. Querida Loly:
    Veo que eres una luchadora, una persona que cada día hace frente con valor y amor a las dificultades.
    Dices que has tenido una vida dura, sin embargo esa dureza no te ha amargado sino que te ha dado una enorme fortaleza para ayudar a los demás y para superarte a ti misma.
    Enhorabuena y gracias por tu ejemplo.
    MAS

  18. Loly:
    Yo también quiero felicitarte por tu comentario y por todo lo que se deja traslucir de lo que eres tu y de lo que ha sido tu vida,
    Sigue luchando y ayudando a los demás.
    Besos.

  19. Querido Maestro! En agradecimiento quiero escribirte este poema que escribí el 13 de agosto aniversario de la muerte de mi madre.

    “Busca querida amiga, en este anochecer roto de celo compartido,cuando la ingravidez asoma en este oscuro relato, de sueños rotos y mirar distraído, cuando la nostalgia borre todo atisbo de esperanzas y la soledad aparece en la ventana del olvido.
    Quiero dedicarte estas palabras con el sentir inmenso de unos sueños no cumplidos, y la mirada puesta en el despertar
    del mañana, casi incierto, largo y tendido, porque quizás no llegué a tiempo de decirte lo eternamente agradecida ”

    Sin más me despido con un cordial saludo.

  20. Querida Loly:
    Gracias por compartir con los lectores y lectoras de este blog algo tan íntimo como los sentimientos que te embargaron a la muerte de tu madre.
    La muerte es algo excesivo. Dice Sant Just que a la muerte, como al sol, no se les puede mirar de frente.
    La muerte de la madre deja un hueco que nada ni nadie puede llenar.
    Hay que seguir caminando, pero ahora sin ese apoyo y esa compañía tan poderosos.
    Un beso y mucho ánimo.
    Ah, y mis felicitación por el día del maestro que ayer celebrasteis en Argentina.

  21. Estimada Loly,

    Cuanto me alegro que la historia que he compartido te haya ayudado a subir la autoestima.

    Espero seguir leyendote.

    Un abrazo muy fuerte.

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