Las bisagras del sistema

19 Nov

bisagra.jpg Estamos en pleno fragor del debate sobre la LOE. Más que de un debate se trata de una gresca. Un debate es otra cosa. En un debate hay argumentos, no puñetazos. Hay rigor, no defensa a ultranza de intereses. Los eslóganes se lanzan como piedras contra el adversario político. Por ejemplo: “El fracaso se debe a la LOGSE” (como si antes no lo hubiera), “la LOGSE aniquiló la cultura del esfuerzo” (a pesar de que comenzó a evaluar las actitudes, entre ellas el esfuerzo), “la conflictividad se ha adueñado de las aulas a causa de la LOGSE” (como si en otros países no hubiese aumentado también sin tener la LOGSE, “la comprensividad ha llevado al fracaso” (como si no hubiera países que la tienen con éxito)… No se argumenta, se descalifica. No se analiza, se acuñan eslóganes. En cuatro o cinco cuestiones se simplifica la filosofía, la estrategia y el contenido de una ley: religión, reválida, itinerarios, promoción y esfuerzo. Más nos valdría plantear serenamente cuáles son las causas reales del fracaso y cuáles los medios para alcanzar la deseada calidad, sin olvidar que no hay calidad sin equidad.
Una de las causas del fracaso, por ejemplo, es el mal funcionamiento de las bisagras del sistema educativo. Llamo bisagras a los pasos de un nivel a otro, de un curso a otro, de una asignatura a otra dentro del sistema educativo. Hay múltiples bisagras. Unas enlazan verticalmente distintas etapas (Infantil con Primaria, Primaria con Secundaria…) y otras lo hacen en horizontal (Literatura con Matemáticas, clases con recreos…). El problema es que muchas de ellas no funcionan, chirrían al abrirse o cerrarse y, en definitiva, hacen daño a quienes tienen que realizar el paso por ellas. El problema de las bisagras es que no son de nadie. Ni quienes están en la parte primera la consideran propia ni tampoco quienes están en la posterior. Como no son de nadie, están abandonadas.
La coordinación es indispensable para alcanzar los objetivos propuestos. Nadie es buen profesional aisladamente, sin tener en cuenta a los otros. Un cirujano puede saber mucho, puede hacer excelentemente su tarea, pero la operación saldrá mal si no se coordina con el anestesista y con la enfermera o el enfermero. Incluso con el personal de limpieza.
¿Quién coordina el paso entre las etapas? Si en la anterior les han dicho que iban bien (ahí están las calificaciones para demostrarlo), ¿por qué ahora van mal? Si les dijeron que estaban preparados, ¿por qué ahora ya no lo están? Las víctimas ya se sabe quiénes son. Lo mismo sucede cuando, en un centro, un alumno pasa de primer curso a segundo de una misma disciplina. Un padre o una madre de un alumno que sacaba sobresalientes en el curso primero acude sorprendido a visitar al profesor de segundo, donde ahora colecciona suspensos:
– ¿Cómo se explica que el año pasado fuera tan bien y ahora tenga un suspenso tras otro?
– Pues mire, yo no quiero hablar mal de mis compañeros, pero así me han llegado del curso anterior. Le puedo mostrar las pruebas que hice el primer día de clase.
Hay paradojas tan sangrantes como la de tener suspensa la asignatura de primero y aprobada la de segundo de una misma disciplina. En el mismo colegio, en el mismo instituto, en la misma facultad.
¿Cuánto tiempo tardaría una fábrica de coches en solucionar el problema de que el departamento que fabrica el chasis del coche está dejando un hueco para las puertas más grande que el de las puertas que fabrica otro departamento? La respuesta es clara: ni un segundo. Pero, ¿cuánto tarda en coordinar un centro escolar lo que se hace en dos niveles consecutivos, en dos asignaturas seguidas? La respuesta es clara también: hasta la jubilación de ambos profesionales. Las instituciones escolares son organizaciones ‘loosely coupled’ (débilmente articuladas).
Hay bisagras mal engrasadas no por parte de los profesionales sino del sistema. Hay saltos de un nivel en el que el alumno tiene un solo docente a otro en el que entran diez en el aula. No es fácil para el alumno adaptarse a una situación nueva tan diferente. Otras bisagras unen etapas con una filosofía, un trato y unas estructuras muy diferentes. En horizontal existen bisagras entre profesores que imparten docencia en el mismo curso. Algunas veces no funcionan. El profesor de literatura dice que es muy importante la ortografía pero otro profesor dice que eso son bagatelas. El profesor de educación física dice que lo importante es cultivar el cuerpo y que no queda mucho tiempo para leer si se quiere ser un buen deportista.
¿Qué decir de las bisagras respecto al proyecto educativo de una escuela? Un proyecto coeducativo encuentra a profesionales que se burlan o desprecian el feminismo. Un proyecto contra el alcoholismo topa con algunos docentes aficionados a la bebida. No hay alumno que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. No es que todas las etapas del sistema tengan que pensarse de forma propedéutica, porque la enseñanza obligatoria tiene que tener un fin en sí misma. En ese caso la bisagra es la que une el sistema educativo con la sociedad y con la vida. ¿Cómo prepara para la vida, para la sociedad, para el trabajo el sistema educativo? Esa es la gran bisagra.
Entiéndaseme bien. No estoy haciendo una crítica a los docentes sino llamando la atención sobre una necesidad difícil de atender. Porque la coordinación no sólo requiere actitudes de cooperación sino que exige unas estructuras flexibles y unas condiciones generosas de tiempo. Para que las bisagras funcionen hay que fortalecer el diálogo entre las partes, hay que racionalizar los objetivos, hay que analizar los fallos, hay que superar los prejuicios, hay que hacer experiencias innovadoras, hay que hablar con los protagonistas que son quienes dan los pasos. Encogerse de hombros ante las víctimas que caen en los pasos de nivel es practicar la irresponsabilidad más descarada. Porque la culpa nunca es de las víctimas.
Existe una bisagra a veces chirriante que es la que une la familia con la escuela. ¿Cómo tener éxito en la educación cuando la familia desprecia a la escuela? Reconocer la dignidad de los profesores, apoyar su difícil tarea, echar una mano en lo que se pueda, darles medios para que realicen bien su trabajo, exigirles el cumplimiento de sus deberes, son quehaceres ciudadanos con la educación. No me gustan las descalificaciones generales. Son injustas a fuer de imprecisas. Me parece terrible la respuesta de una madre a la sugerencia entusiasta de su hija:
– Mamá, tengo una maestra que es muy inteligente.
– Mira, hija, no será tan inteligente si es maestra
No me extrañaría que alguna madre de este tipo estuviera en la manifestación del pasado sábado portando una bandera de España (¿es de los manifestantes España?) gritando con odio contra la política educativa del Gobierno.

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