Comprad, malditos

16 Jul

La encrucijada Medios/Publicidad está encontrando los nuevos cauces para salvar el negocio

 

La publicidad es el soporte financiero de los Medios. Los creativos siguen siendo los reyes. El consumidor está cercado por los robots que siguen su rastro

Carlos Pérez Ariza

Don Draper, el alter ego de los grandes creativos publicitarios de las décadas doradas de Madison Avenue en New York, se resiste a desaparecer. Fuentes consultadas, que llevan el pulso de la industria de la publicidad, afirman que aunque la creatividad ya dejó atrás sus años de esplendor, sigue siendo su baza más importante a la hora de comunicar un mensaje comercial con un nivel aceptable de recordación. El trabajo del atormentado creativo de MadMen sigue siendo la base de la publicidad que vende. Ahora, las tecnologías están alcanzando el sueño publicitario de encontrar al receptor ideal de cada eslogan. Perder el menor número de mensajes posibles y acertar en la diana del ‘target’ era una tarea que, en el siglo pasado, era campo fértil para incesantes investigaciones aproximativas. Los algoritmos robóticos han resuelto el problema. La nueva batalla está ahora en canalizar las inversiones publicitarias a través de canales alternativos. La publicidad salvará al sector mediático, aunque el crecimiento va lento en España.

El marketing de precisión, la persecución robótica del consumidor, la exploración de mercados especializados, la reinvención del mensaje en RRSS y publicaciones digitales. A eso dedica su tiempo la industria publicitaria mundial. España va con retraso, pero está en ello. El objetivo es recuperar la inversión, que desde 2007 a 2018 ha caído sin parar cada año: de 16.000 millones/€ a 12.000 con un ligero repunte a partir de 2016. A destacar que esa cantidad se reparte en 7.000 para nuevos Medios y 5.000 para los tradicionales. La publicidad va encontrando ese gran nicho en detrimento de la televisión, la radio, los periódicos y revistas en papel.

La tecnología es la base de todo este reordenamiento. Medios de Comunicación y Publicidad se necesitan y dependen uno de otra más que nunca. Prensa, televisión y radio bajan su volumen de anuncios. En Internet crecen. Google y Facebook acaparan el 55% de la inversión en España. Si los soportes donde colocar anuncios han crecido, también los consumidores se han dispersado por los mismos. Tiene un crecido protagonismo los mensajes que se transmiten por las RRSS, con el móvil como el aparato rey. La penetración audiovisual en redes como Instagram es un buen ejemplo.

La publicidad, tan apegada a los neologismos, ha inventado ahora el customer journey, que es la precisión exquisita en conocer el trayecto del consumidor, desde que se le crea la necesidad de adquirir un producto hasta que lo compra. La industria trabaja horas extras sin descanso. La investigación tecnológica para alcanzar a los target, cada vez más segmentados, es la principal tarea de esta maquinaria de vender sin perder mensajes.

Las inmensas posibilidades abiertas por las tecnologías aplicadas a la comunicación están implantando la confluencia entre las bases de datos, la inteligencia artificial y la creatividad características de otros tiempos, donde se sabía menos, pero las reglas eran más claras. En definitiva, el objetivo viene a ser el mismo: La capacidad de influenciar al consumidor a elegir una marca. Las técnicas para alcanzarlo han mejorado en favor de los creadores de ilusiones. El marketing (ahora digitalizado) y la creatividad siguen siendo los puntales de esta industria.

Antes la publicidad creía en la masificación de los anuncios. Repetir el mensaje por la televisión y la radio, con el apoyo del papel, era la forma de suplir el escaso conocimiento de la ubicación del receptor. Eso ha cambiado para siempre. Ahora, la repetición cansina hace huir al consumidor a punta de clic. La publicidad de hoy escapa de ese rechazo. Darles contenidos interesantes, sin distraerles es la clave. Para eso hay que conocer en profundidad al consumidor potencial. Esa información vale dinero. Bloquear los anuncios está de moda. La televisión o la música de pago se basan en esa promesa: Usted paga por un contenido audiovisual sin anuncios molestos. Un consumidor saturado por más de 3.000 anuncios/día, es el reto a vencer. El refugio sigue siendo la creatividad que haga destacar el mensaje, que llame la atención, aunque no lo necesites en ese momento. Tal vez, cree esa necesidad en tu mente para más adelante. En eso la publicidad no ha cambiado.

El negocio publicitario sigue siendo muy grande en el mundo. Tan solo cinco multinacionales se reparten 60.000 millones de euros/año. Generan empleo para casi 400.000 profesionales. Son empresas de comunicación global. En efecto, sus alcances son planetarios y el producto publicitario es el resultado de un entramado de conocimientos afinados por las tecnologías. EEUU, Europa y Japón lideran esa gigantesca industria. Como siempre, los medios de comunicación dependen de sus anuncios para sobrevivir en un mercado altamente competitivo, que la crisis financiera echó al suelo. Desde aquel famoso eslogan de los 50 ‘Permítanos pensar por usted’ de ARS Publicidad/Caracas-Madrid al ‘Sabemos dónde estás’, media la tecnología aplicada por el verdadero Gran Hermano.

Democracia bufa

9 Jul

Esta democracia española, que los partidos se empeñan en desprestigiar, parece una ópera bufa cuyo final puede ser trágico

 

‘Este país no sabe sumar, sí dividir’, lo dijo Iñaki Gabilondo por la Cope hace dos noches. El momento político parece corroborarlo. Democracia adolescente

Carlos Pérez Ariza

El nivel de los políticos profesionales, los electos, no aprobarían la selectividad. Es una generalización, cierto, pero abarca a la mayoría del espectro. Han estudiado poco y han hecho trampas por el camino. Su visión del mundo es corta. Alcanza su vista a los escasos meses de las próximas elecciones. Son electorables adictos. Su universo es el partido. Será porque no conocen otro. Todo dentro, nada fuera. Los independientes, los expertos no tienen vida en su mundo. Mientras acomodan sillones, redecoran despachos y casas del gobierno mayor; desempolvan dosieres ajenos y maquinan venganzas frías, su reloj no marca las horas. Viven en un tiempo atemporal. Le van marcando la ruta a los ciudadanos, esos inocentes que creen que la vida es la verdad que ellos esparcen. Juegan a dos bandas, la pública y la oculta, esa que algunos periodistas vislumbran sin remedio. Sus artes traspasan horizontalmente a todos los estamentos de este país, aún llamado España. Visto así, somos una democracia en funciones, impera una partidocracia bicéfala, a la que le han aparecido discípulos díscolos de parecida calaña. Van en la misma barca con remos encontrados, donde el proceloso mar español se encrespa a babor y estribor. El verbo pactar lo tienen cuesta arriba. Estos son los políticos españoles y algunos más de por ahí fuera.

La democracia parece una falacia. Eso de votar cada cuatro años se ha convertido en un juego de trileros. La democracia es aguantar que haya gente a derecha e izquierda que piense diferente y no se le asesine por ello. De ese extremo sabe mucho España. Aquí se incrimina al opositor mientras se va al fútbol. Se le traza cordones sanitarios, como a los apestados de otras épocas. Aquí se practica el juego cainita de apedrear al semejante. Un deporte nacional de antigua estirpe. El tránsito por la Transición, tras 40 años electorales, no ha sido suficiente para arraigar un talante democrático a fondo. Se tiene la sensación de haber extraviado el camino en ese tiempo. Hay ejemplos a diario, basta leer los titulares y seguir con estupor las declaraciones de altos representantes del Estado y sus alrededores. Aquí se valoriza más la destrucción política del adversario, aun siendo de la misma ribera, que enfrentar juntos los problemas cruciales de la nación. Los pactos en tal sentido son aspiraciones imposibles, que culminan en el territorio de la melancolía o en algo peor.

Aquí, el jefe del Estado parece una estatua solitaria, perdida bajo los olmos de otoño. Le manejan el país un grupo de políticos que han abierto tienda aparte. Guardan las formas del mínimo protocolo al que están obligados, pero más allá de la cena en palacio con besamanos y chaqué, se tiran al monte a sus planes propios. Este país ha estado instalado en el totalitarismo cuatro décadas del siglo pasado. Las heridas infringidas en una nación tardan en cicatrizar, sobre todo si se empeñan en que sigan abiertas. Por eso es de primordial urgencia mirar hacia el horizonte del futuro. Una cosa es que los jóvenes sepan cuánto daño hizo a este país aquella dictadura y otra que el Estado, gobierne quien sea, no se empeñe en garantizarles su porvenir.

Vivimos adosados a una entelequia democrática que se llama Unión Europea. En realidad un entramado burocrático, cercado por sus mismos socios, que trasladan a Bruselas las mismas coles locales. Al menos, han conseguido no matarse entre ellos por primera vez en toda su historia, desde los romanos antiguos a la Alemania Nazi. Son muchos siglos en las trincheras. Sin olvidar a esa Guerra Fría, que dividió el mundo en capitalismo-comunismo, y que la vieja Europa sufrió hasta la caída del muro de Berlín. ‘La memoria del mal’, como la llama Tzvetan Todorov se asentó en este continente; sin olvidarla, ya es hora de superarla. Jürgen Habermas subrayaba que la realidad siempre va por delante y sobrepasa a la idea de una Europa como unidad territorial sólida. Una línea de desarrollo global, nada fácil. No crean que por allí fuera estén boyantes y coronados de laureles.

Hay que pensar en una segunda Ilustración. Los ilustrados pensaban que pertenecer a la raza humana era más importante que ninguna otra cosa. Es la base de la libertad. La tecnología, sin el pensamiento humanista, va a complicar el bienestar de los pueblos, aunque pueda parecer lo contrario, cuando vemos a un niño de diez años manejando su móvil. Desde los aparatos partidistas que gobiernan por turnos, aquí nadie piensa en eso. La reflexión intelectual cansa, porque es el trabajo más duro. Por ahora estamos sumergidos en la sumisión a la partidocracia, una forma posmoderna de vivir en una dictadura blanda, cool, líquida. Este remedo de democracia es el medio para mantenerse en el poder. Basta, por ahora, con cumplir con los preceptos fundamentales de la Constitución Española 78, antes de empezar a modificarla, se avanzaría en servir al ciudadano común y corriente. El problema de primer orden es la casta política, los españoles están cabreados con todos ellos, según el CIS. Resolver eso será el primer paso para enfrentar a todos los demás: Paro, secesionismo, etcétera.

Periodismo verdad

2 Jul

El gran periodismo pasa por una crisis de identidad. Pierde público y necesita remodelarse para recuperarlo

 

El gran debate mundial es sobre las noticias falsas que parecen ciertas. El cúmulo de información que arrastra las RRSS ha puesto en la mira el periodismo profesional

Carlos Pérez Ariza

La credibilidad es el mayor tesoro de un periodista. Mantener ese prestigio ante su audiencia es su compromiso. Los Medios siguen en el asunto de adaptar su modelo de negocio a los nuevos tiempos del vértigo digital. A esta encrucijada mediática se le une el apetito de las grandes empresas tecnológicas por controlar los flujos informativos. Sin dejar de lado, por su inmenso peso, el fenómeno de la desinformación que nutre las RRSS. No todo ese horizonte anuncia tempestad. Las audiencias, más preparadas de lo que pueda parecer, se están alejando del territorio de los fake news y acercándose a los Medios que les ofrecen fiabilidad, y parecen inclinados a pagar. Es el diagnóstico del Digital News Report 2019 del Reuters Institute de la Universidad de Oxford amplio y detallado estudio publicado el pasado mes de junio. La sección España ha sido elaborada por la Facultad de CC de la Comunicación de la Universidad de Navarra. 75 mil encuestas en 38 países (incluida España) dan una radiografía de las inclinaciones de los usuarios de la información digital o tradicional. Lo pueden consultar (España) en https://www.digitalnewsreport.es/

Ante la avalancha de noticias falsas que parecen verdaderas y las reales que pueden estar sesgadas o responder a intereses espurios, los españoles requieren que los Medios ofrezcan mayor seriedad informativa profundizando en los contenidos. Entre los incrédulos de lo que leen o ven en los Medios y lo escépticos, la credibilidad se ha reducido del 51 al 43 por ciento (8 puntos menos en un año). La desconfianza pública se hace mayor en los medios sociales: Google, Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram. Los españoles consultados coinciden en que se les ha puesto difícil saber distinguir lo verdadero de lo falso. Una plaga que enturbia el panorama informativo. Se refugian en aquellos Medios que creen más fiables. Esto tiene un peligro, que obliga al usuario más dedicado a consultar diferentes fuentes, mientras los más escépticos se alejen cada vez más.

La función social de los Medios de Comunicación tiene hoy día una dimensión de responsabilidad mayor que nunca antes. Su deber no ha cambiado, pero necesitan fortalecerlo. No parece que la prensa española en general, con reducciones de plantillas y los medios públicos, todos deficitarios, estén en tal tarea. El estudio, recuerda: Hay que ofrecer información actual al instante. Hay que ayudar a comprender en profundidad las noticias del día. Hay que vigilar, aún más al poder. Hay que reordenar la Agenda informativa, dando preeminencia a los temas más relevantes. Hay que cuidar el tono, a veces muy negativo, del enfoque noticioso.

La información vuela por las RRSS, pero sin calado. Es un océano inmenso de noticias, sin profundidad. Cuando al día siguiente los Medios tradicionales ofrecen esas noticias en sus portadas, ya el lector las conoce, lo que necesita y desea es que le expliquen su significado. Esa es la función social del periodismo profesional y su contribución al avance de la democracia. Profundizar en las noticias cumple con aquella vieja misión del Perro Guardián (Wachtdog) vigilante de los poderosos. Al no ofrecer tal profundización, no es de extrañar que los receptores se alejen de la prensa de referencia.

Los Medios son empresas. Producir noticias cuesta dinero. El dilema en España es si el público pagaría por las ediciones digitales. En principio se resiste a hacerlo. Sólo un 10% de los internautas pagó por la información el año pasado. No se aprecia un incremento sustancial desde 2015. Y esa tendencia se repite no sólo en España, sino en la mayoría de los 38 países analizados. Cosa similar sucede en la compra de los diarios en papel. No existe aquí una cultura de la suscripción, sino la mentalidad de lo gratuito. Eso parece difícil de erradicar. Es uno de los problemas de la prensa actual española, pese a sus  ofertas de pago. El modelo del New York Times, podría ser un ejemplo del crecimiento de las suscripciones y de conjugar sabiamente el papel con lo digital. Sin embargo, esa inclinación a no pagar por la información, tiene su contrapartida si se trata de la televisión de pago o la música: Netflix, Amazon Prime, HBO, Spotify.

Algunos datos relevantes del informe sección España: 1) ‘43% confía en la noticias, el 31% desconfía. España está en la mitad de la tabla mundial (38 países) de credibilidad; por delante Finlandia, Portugal y Dinamarca; por detrás, Hungría, Grecia y Corea’. 2) ‘Sólo una minoría se fía de las noticias que ve o lee en las RRSS, pese a que son consultadas masivamente’. 3) ‘Los españoles están preocupados por la alta difusión de bulos a través de Internet’. 4) ‘El 85% de los españoles afirma haber tomado medidas para protegerse de la desinformación y manipulación de la información’. 5) ‘A pesar de un panorama tan adverso, los principales Medios españoles están aprobados en cuanto a confianza’.

Las tecnologías de la comunicación han llegado para vivir con nosotros. Han plantado una simiente que arraiga en la falsedad como dogma inmediato. Imponen los fake news, algo que puede parecer cierto, pero no haber sucedido y que, por tanto, no puede ser noticia.

Natalidad y Educación

25 Jun

 

La cigüeña ya no pasa con tantos niños como solía por España

 

Sin alumnos no hay paraíso. Se atraviesa la baja natalidad con la realidad de las aulas. Dos parámetros que, aunque lejanos, se cruzarán en el futuro

Carlos Pérez Ariza

Mientras los pactos andan en componendas y España espera, se cierne un cielo encapotado de despoblación persistente. Y la educación superior no acaba de levantar cabeza, según los rankings al uso. Se le puede echar la culpa a la crisis, que cumple diez años y va tan campante. Tener un hijo cuesta dinero. Si se es mileurista, ni hablar de pensar en ser papás. Mantener el sistema público de universidades sin efectuar una profunda reforma desde dentro, también está cuesta arriba. Problema económico y cultural esto de poblar la nación para que estudie. En cuanto a la universidad pública se necesita capitalizar la investigación, al menos para equipararla con la media europea. Desde la Ley Bolonia (espacio único de la Educación superior europea), la carga docente supera la mucha vocación de los profesores, que, a su pesar, han desatendido la investigación. Aunque estamos en 47 millones de habitantes, no se debe tanto a los nacimientos de nativos, sino a las madres extranjeras. De los 369.302 niños nacidos en 2018, algo más de uno (promedio estadístico) de cada cinco son de vientres recién llegados. De esa cifra, 76.184 fueron bebés de madres foráneas. En la otra base de la pirámide, que se ensancha por arriba y se estrecha en su base, fallecieron 426.053 españoles. La desventaja está clara: menos nacimientos que muertes. No es un buen balance.

La tendencia demográfica se observa persistente por cuatro años consecutivos. La inmigración es una clave positiva, siempre que haya trabajo. Entre el costo de las casas, compradas o en alquiler, los salarios de miedo y el decepcionante panorama hacia el futuro, traer un niño a este valle de lágrimas es prohibitivo. Se cruzan pues cuatro variables: el descenso constante de la natalidad, el mercado laboral exiguo, la organización de la inmigración y el futuro de la educación básica, media y superior. España no está para inventos cortoplacistas. Los gobernantes de cualquier nivel tienen un problema grave en sus manos, cuyas consecuencias no explotarán hoy, pero comprometen el desarrollo del país. La tendencia hacia el envejecimiento de la población parece irreversible. Las pensiones por jubilación están en el horizonte. Veamos.

Las estadísticas para la provincia de Málaga son una guía para toda España. Si para antes de la crisis 2006, era ejemplo de alta natalidad, para 2018 se dio la cifra más baja de nacidos en los últimos 20 años, según ratifica el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La comparativa es clara, 13.434 nacimientos (2018), un bajón de 7% en relación a 2017, y un 30% menos que hace diez años. Es evidente que la contracción de la economía tiene algo que ver. Mientras la línea de nacimientos no deja de descender, con un ligero repunte en los años del boom económico, la de fallecimientos mantiene su ritmo ascendente. Málaga ha pasado de ser el baby boom español a un alarmante descenso de los alumbramientos.  El 33% de las madres que han dado a luz en Málaga tenían entre 30/34 años. Crece el segmento de ellas de 40/44 años. Se mantiene en menor grado las menores de 15 años, seguidas de las de 19; y las de más de 45 y algunas incluso de más de 50. Prolongar la edad de la maternidad es otro índice de una sociedad, donde tener hijos se ha venido abajo.

La edad media para pensar en embarazarse se retrasa a los 31 años. Cada vez es más frecuente parejas con un solo hijo o ninguno. El 63% de las mujeres dan a luz con 40 años o más. En la última década los nacimientos han caído en España un 30%, dice el INE. Ante este panorama, hay que recordar que España no tiene una política de Estado sólida que fomente la natalidad. La conciliación de la vida laboral/familiar es frágil, la educación gratuita de 0-3 años no está garantizada aún. Todo incide en la decisión de aplazar o no tener hijos. Este es el síntoma de una sociedad con una enfermedad crónica: El salto a un desarrollo sostenible. Hemos vivido un espejismo de prosperidad, que desapareció en 2008. A diez años, estos datos con más fallecimientos que nacimientos, es el síntoma de una catástrofe social.

Como toda tragedia, la paradoja está presente. La esperanza de vida al nacer alcanza aquí los 83,2 años (80,5 hombres; 85,9 mujeres), pero tal estímulo no alienta a procrear. Este mayor aliciente de vida no favorece los nacimientos. En 2050 habrá seis jubilados por cada 10 trabajadores (ahora 3/10), el sistema de pensiones, tal como publicamos la semana pasada, va a temblar. El Estado, gobierne quien gobierne en ese año, tendrá que pagar 300.000 millones, frente a los 140.000 millones de hoy. La dimensión del descenso de la natalidad no es un tema baladí.

Con pueblos despoblados, jóvenes que no se emancipan, trabajos precarios y eventuales; un mercado comercial, industrial que no es capaz de promover empleo masivo; sin un desarrollo tecnológico puntero; una dependencia excesiva de la industria turística y también de la producción agrícola, agroindustrial, agropecuaria, España tiene que encarar con alta urgencia su modelo de desarrollo, donde poblar esta tierra no sea una decisión inasumible por las parejas jóvenes. Ese es el centro del problema español. Los políticos tienen que cambiar el chip mental de pensar sólo en cómo colocarse para ganar las próximas elecciones.

El jubilado insumiso

18 Jun

Casi 10 millones de jubilados españoles están mosqueados. La Seguridad Social está en quiebra técnica, según afirma el Tribunal de Cuentas.

 

España está ya en casi 10 millones de jubilados. El segundo país del mundo, tras Japón, con la más alta esperanza de vida. La Seguridad Social está quebrada

Carlos Pérez Ariza

Una de los logros del Estado de bienestar, meta de la socialdemocracia europea, es el sistema de jubilación. Acompañado por la sanidad pública y la educación universal y gratuita. Pero hay un detalle nada de eso es gratis. La Educación sale muy barata en comparación al entorno europeo, pero cuesta mucho dinero. Igual sucede con la Sanidad. Las jubilaciones crecen más rápido que la creación de empleo. Ese mismo Estado sostiene todo esto con los impuestos de los trabajadores. A raíz de la crisis de 2008, sostener tales beneficios sociales se ha complicado altamente. No hay dinero para tanto bienestar. Los jubilados alzan la voz, sus pensiones son bajas y, además, le sustraen un 15% de impuesto, como si fuera un sueldo más. Los usuarios de los servicios sanitarios ponen quejas a diario, pese a que el sistema es de alta prestaciones frente a otros países europeos. Las aulas básicas y superiores están rebasadas por la masificación de alumnos y la escasez de recursos, incluidos los profesores. El tema es amplio. Vamos a centrarnos hoy en los jubilados, que se han declarado insumisos.

La hucha de las pensiones está seca, quebrada. El presente de los jubilados es precario e inseguro. Se necesita, al menos dos españoles trabajando para pagar la pensión de un retirado. El paro se despeja con excesiva lentitud (aún en 3 millones). Los salarios son mínimos y abundan los contratos temporales. Aunque las protestas recientes de los mayores han equilibrado algo las pensiones, el ‘palo’ mensual de gravarlas con el IRPF, significa tratar a ese aporte como un salario de empleado, cosa que no son los jubilados. Está claro que eliminar ese impuesto mensual, tendría un alto costo para el sistema tributario, pero parece injusto que los retirados del sistema laboral sigan pagando impuestos como si siguieran trabajando. Una pensión no debe ser tratada como un sueldo laboral. Hay soluciones, pero la situación es grave, veamos.

Las cuentas de la Seguridad Social (SS) están en rojo, lo afirma el Tribunal de Cuentas. La SS ha perdido 100.000 millones de euros desde 2010 a la fecha. Avisa al Poder Legislativo que sin patrimonio, el sistema necesita con urgencia ‘reformas estables’ inmediatamente. Con ese abultado déficit la SS tendría que declarar la quiebra, si fuera una empresa privada. Al ser un sistema público se ampara en la garantía del Estado. Desde 2017 se viene paliando la situación con préstamos adicionales para cubrir las dos pagas extras anuales y evitar gastar el fondo, que está en su mínimo histórico. La factura mensual de las pensiones rozará este año los 10.000 millones, mientras la deuda total de la SS supera los 41 mil millones para 2019. El informe del citado Tribunal explica que las cotizaciones sociales y los aportes del Estado no han cubierto los pagos ordinarios: pensiones y prestaciones contributivas o no. ¿Dónde está el dinero para resolver esta gravísima situación?

La SS tiene un problema estructural, que el Pacto de Toledo no ha resuelto, la primera recomendación de los expertos es que el gobierno aporte financiación mediante ‘transferencias corrientes de la Administración General del Estado’, desechando de inmediato seguir dando nuevos préstamos, un parche que endeuda aún más a la SS, que ya le debe al Estado 27.000 millones. Su capacidad para devolver ese dinero es ninguna. Los partidos miran al cielo –no hay dinero milagroso– dan largas y los pensionistas tiemblan para llegar a fin de mes en un sobresalto crónico.

Es necesario observar que un viejo de hoy no es lo que era antes. Los mayores de 65 años, edad clave promedio para jubilarse, tienen por delante una buena vida útil, que ahora se desprecia. La rigidez de la SS es fija. Si le paga a un jubilado este sólo puede ingresar por trabajos una cantidad anual de unos 9.000/€. En el caso de que lo haga voluntariamente, sin traspasar ese límite de honorarios, so pena de perder la pensión. Hay apaños de cobrar la mitad si se tiene otra entrada superior. Pero el mercado de trabajo en España es reductor. Si usted tiene 50 años y está en el paro, póngase a buscar trabajo, si alguien lo emplea tire un chupinazo, será un milagro. Las grandes empresas privadas jubilan a los 55, para emplear a jóvenes mileuristas. Condenan a personas en edad productiva a un retiro anticipado. Un jubilado en España es tratado con nociones de siglos anteriores. El concepto de Senior, al que se le supone la experiencia profesional es despreciado en un país que se debate por rescatar el pasado mientras mira poco al futuro.

Una solución que ayudaría a la debacle financiera de la SS sería permitir que el jubilado trabaje en su medida y descargar parte de su pensión a la SS. Para esta y otras soluciones similares, que se aplican en países del entorno de la UE, sus señorías del Pacto de Toledo deben terminar de pactar sus curules y ponerse a trabajar. Lo que está en juego es el futuro inmediato del sistema de jubilación. Y que el gobierno con la empresa privada firmen compromisos de crear puestos de trabajo a miles. Sin gente cotizando no habrá paraíso de mayores. No es por dar ideas, pero un partido con 10 millones de jubilados puede ser una opción de gobierno.