El Delfín sumergido

14 May

Un Delfín político, puede no estar designado, pero sorprender al dar su salto desde las profundidades más ignotas

 

Al final el sustituto del alcalde podría ser un tal Pérez que nadie esperaba. Un Delfín no deseado, un socialista en vez de un popular. La política es rara

Carlos Pérez Ariza

Descartados los sustitutos del alcalde de Málaga, tantas veces ansiados desde la sede del PP, viene a presentarse un inesperado querubín que jamás ha pertenecido a la corte celestial popular. Un socialista, joven, sorpresivo, opositor, un tímido aspirante que las escaleras socialistas han ascendido a alcaldable. Tiene guasa el asunto. Un regidor incombustible, incansable al desaliento, cómodo en la eternidad del cargo. Ninguno de su partido le fue válido, los que intentaron sombrear su imagen, fueron defenestrados. Querido por los malagueños del común, pese a ser un burgués de la aristocracia local. Un demócrata cristiano posmoderno. Hizo del delfinato una quimera inalcanzable. Y por las raras artes de la política, se le planta un sobrevenido, sin comerlo ni beberlo. Un chico de izquierdas, que pregona el cambio. Un biólogo que se proclama socialdemócrata. Un neocom que edita vídeos progresistas. Un joven que no le hace ascos a llevar corbata. Un representante digital, que se vuelve analógico por esas calles de la ciudad. Un habitante del lejano oeste clase media de Málaga. Un Delfín que nadie imaginó.

Según un sondeo temprano, pergeñado por el PSOE de aquí, Dani Pérez podría gobernar con el apoyo de la otra izquierda, sumando sus posibles 10 ediles más seis de aquellos. Sin descartar a los que podría aportar el Cassá de Ciudadanos. El alcalde, Francisco de la Torre Prados, obtendría nueve, que sumados a las otras derecha se quedaría a las puertas con 15 concejales. Claro, ese escenario, aunque posible, es solo eso: Una encuesta prematura, pues aún quedan dos semanas de vertiginosa campaña. Los estrategas de Pérez, no aparcan el leitmotiv de ‘a votar, que viene la derecha’, invocando a la amenaza fantasma de VOX, que comprobó que las RRSS las mueven también sus enemigos. Es una ley electoral española, ‘cuando la izquierda se moviliza bien, la derecha no gobierna’. Y si esos conservadores van cada uno por su cuenta, menos aún.

Todo está abierto y bien abierto. No se puede dejar de contemplar que el actual alcalde, un veterano negociador, que se crece en la adversidad cuando está contra las cuerdas, también puede aliarse y seguir en su despacho de la Casona del Parque, imitando la fórmula gubernamental andaluza actual. Los sondeos electorales, ya se sabe, se aproximan pero son solo eso. Lleva puesto un amplio conocimiento de la ciudad y de los ciudadanos. Málaga está en un momento de cansancio. Es tiempo de la micro política, la de mirar al barrio donde habitan los votos. De que estén limpios, de que haya silencio, de que llegue la cultura amplia. De orden y concierto. De un compromiso real y permanente con los vecinos. La ciudad del presente, aguarda por su futuro.

La gente de la calle está hasta el gorro de la mega obra del Metro, que no acaba nunca, que tiene en jaque a la principal arteria de la ciudad en su mismo centro urbano. Que se ha eternizado en ‘bajo tierra o superficie’, que no llega aún donde debería haber llegado ya. Los barrios padecen de suciedad endémica, con una empresa de limpieza, que no acaba de constituirse como un ente municipal actualizado a los tiempos empresariales. Conserva demasiados vicios dentro de su estructura, a costos inmensos, para sus pobres resultados. La infraestructura sanitaria adolece de nuevos centros hospitalarios –el Este de la ciudad no tiene uno– y de ampliar los Centros de Salud, no se sabe. Ha mantenido pleitos con Bomberos, que incendian su gestión; la Policía Local patrulla a disgusto. No se detiene la invasión territorial de bares y restaurantes sobre el espacio público. El Guadalmedina, un río con un caudal de ideas, sin solución. Ha hecho mucho en veinte años, sin duda, pero el instante actual requiere de un compromiso mayor con esta capital, que no solo del Sol viven los ciudadanos. Ellos tienen el voto y conocen sus necesidades cercanas.

Aquí también se vota por las europeas. Con el patio local tan bullicioso, esa Europa nos queda lejos. Un centro de poder confederado asediado desde el exterior (presión migratoria, la obsesión del coronel Putin, el esquivo Trump); desde su interior, con el temblor telúrico del Brexit, la economía en terapia intensiva; la carga de socios enfermos crónicos y con los dos gigantes, Alemania y Francia en cuentas casi rojas, anegadas por el escaso crecimiento. Sin dejar de mirar la ola de partidos a la extrema derecha, como respuesta a todas esas circunstancias. Los euroescépticos planean acabar con esta UE, desde sus propias instituciones. El voto europeo va a constituir un Parlamento bien diferente al actual. Nuestra versión independentista también se sentará en el hemiciclo europeísta. La UE puede entrar en estado terminal.

De coronarse como primer edil, Dani Pérez sería el primer dirigente estudiantil de la UMA (sus inicios políticos), que dirija a la ciudad. Su compromiso con la universidad pública es directo. La UCAM no encontrará abrigo en esta capital con terrenos regalados, ha declarado. Al final, sería un Delfín de un barrio popular malagueño. Falta mucho. El mayo municipal acaba de empezar.

Batalla municipal

7 May

La Casona, sede del poder municipal malagueño, espera al próximo regidor, que ya no podrá gobernar en solitario

 

Se vota en 8.116 municipios, donde levita la derrota popular, el alzamiento ciudadano, el aliento de VOX y la exaltación socialista. Málaga: una plaza a abatir

Carlos Pérez Ariza

Extrapolar las consecuencias de las elecciones generales a los ayuntamientos, no sólo es arriesgado, sino aventurado. Aun así, el peso de los resultados nacionales en Málaga, hace prever un cambio de escenario, del más radical: fin del mando del PP –tras veinte años con Francisco de la Torre–; a varias opciones de gobiernos en coalición, todos inéditos en esta capital. Los expertos, que a veces fallan, aseguran que en los comicios locales priva el gusto de los electores por el candidato. Si eso se cumple, aquí ganaría el alcalde, que es el más conocido y exhibe su obra de dos décadas malagueñas. Este regidor podría presentarse a título personal e intransferible sin necesidad del PP, lo suyo es el verso libérrimo. No hay aparato que pueda controlarlo. Como gana elección tras elección, ahí sigue. En realidad él solo se basta para nadar y guardar la ropa. Si de la Torre mantiene el bastón municipal será por méritos propios y no por las siglas a las que representa. La marca PP está devaluada por ahora. Invita a esconder sus letras para apoyarse en los nombres de sus candidatos. La adversidad política tiene esos recursos. Esta vez ‘Paco’ no podrá gobernar solo. La derecha distribuye el voto en tres frentes. El nuevo VOX  arañará algún voto al adalid de la derecha malagueña y a los liberales de Cs.

PP contra sus primos de Cs y Vox, que aprovechará el PSOE local como aspirante a ganar ese gobierno municipal esquivo, que se les niega desde hace ya tanto, que ni recuerdan el color del sillón. Cuanto candidato han presentado se ha estrellado contra ese escollo granítico llamado ‘Paco’. No es que lo tengan fácil, pero la ocasión la pintan probable. Tienen un candidato joven, la nueva camada de políticos nativos digitales. Este patea los barrios, pero va encorsetado por su aparato, rígido como coraza infranqueable. Sabe que, de obtener 9/10 concejales, podría gobernar con aliados a su izquierda o con los mismos liberales de Cs, que no harían asco a ocupar sillones de gobierno municipal. Socios mal avenidos del actual alcalde, han transitado por senderos bifurcados en esta legislatura. Gobernar con el PSOE les sería menos abrupto. Pero alcanzar esos diez concejales en Málaga capital, para poder formar gobierno con los otros seis necesarios, no se crea que es un paseo por el parque. El voto es esquivo, caprichoso y duerme en el centro espectral.

Socialistas y liberales, van con viento a favor. Les inflan las velas los buenos resultados del mes pasado. Pero los mosqueteros de la derecha se fagocitan pescando votos en sus propios caladeros. La imagen del candidato se impone, más que nunca, a las marcas respectivas, sobre todo en el caso del PP. Los otros, que navegan con brisa en popa, van confiados. Solo VOX, el púber político, sin aparato, sin candidato conocido fuera del ámbito empresarial privado, lo tiene más que complicado. Ellos afirman que tendrán, al menos dos concejales. La sumatoria (16 ediles, mayoría necesaria) va a ser una operación de alta aritmética.

Por Cs va en cabeza un tal Cassá, ya conocido por el público votante. Bronco, irreverente, irresoluto, con la firme idea personal de ser alcalde de una ciudad que conoce poco. Su partido se ilusiona con subir de tres a cinco o seis concejales. Los otros partidos a la izquierda son una amalgama de amplio pelaje, un grupete a la conquista del cielo malagueño, al que le placería pactar con el candidato socialista si llega a las puertas de la alcaldía. VOX es el menos agraciado, llega con escaso tiempo para implantarse en los anchos barrios de la ciudad, que es donde se ganan o pierden las elecciones locales. Sin olvidar que de los 12 diputados (sin piedad) que tienen sentados en la Junta andaluza, dos son por Málaga. Las municipales son diferentes. Un empate entre los dos bloques es posible, pero improbable, dado el número impar total (31 ediles) que forman el Consistorio malagueño.

Si de la Torre exhibe músculo electoral ante un panorama extenso de partidos concurrentes, no es menos cierto que será, de lograr gobernar, su más complicado mandato. Ha gobernado solo y en mayoría, hasta esta última legislatura municipal, donde se lo ha permitido el apoyo explícito, aunque no siempre total, de Ciudadanos. Ahora, no parece posible que pueda hacerlo en solitario. Su socio natural o más cercano en un cogobierno es Cs, incluso podría tener que aceptar el apoyo de VOX para formar mayoría. El malogrado bipartidismo también se acaba en los pueblos de España. El PSOE local se ha montado en la ola sanchista, que le augura entrar en el despacho de la alcaldía con mando en plaza, tras 25 años ausentes. Aun así, tendría que iniciar un gobierno en coalición. Ya nadie, excepto el PSOE de Pedro Sánchez, podrá gobernar en solitario en su Camelot posmoderno madrileño. El bastón de mandatario municipal va estar sostenido por varias manos. Es sorprendente que en esta ciudad (unos 600.000 vecinos censados) se presenten 15 partidos, incluidos los clásicos. Significa una notable dispersión del voto. Obtendrán representación los que ya están (cinco) y, tal vez, VOX. Mayo: Una Feria municipal para que siga la fiesta electoral.

Sánchez Solo

30 Abr

Pedro Sánchez va a seguir siendo presidente del gobierno. La socialdemocracia española sigue viva en Europa

 

Se inicia la hora de los tiempos, que es arte en política. Es el momento de la reorganización territorial para refundar a España con catalanes y vascos incluidos

Carlos Pérez Ariza

España amaneció socialista de nuevo. Los populares, con una mochila cargada de pasado y el peso muerto de la corrupción, se derrumban. Abandonar el centro, que es donde está el caladero mayor de votos, les ha salido caro. Amenazar a Cataluña con reeditar el 155, también. Los Ciudadanos, encajando el centralismo liberal, crecen sin paliativos. La nueva derecha entonando su VOX por RRSS y mítines abanderados, llegan con menos de los diputados pregonados, pero es su victoria pírrica. De la nada a dos docenas de diputados es un triunfo para esa ‘reconquista’, que el tiempo colocará o no en ese nuevo territorio político. El PSOE de Sánchez, con la ventaja que siempre da ser candidato desde el gobierno, ha recuperado a sus votantes de toda la vida. Demuestra que su partido está más unido que nunca, sin que Andalucía se le haya escapado, sino todo lo contrario. Su campaña de bajo perfil, paso a paso, ha sido la mejor. Pasó, tal como pedía su eslogan.

Los resultados están ahí. Con más votos la derecha que la izquierda, tiene más diputados y senadores el PSOE, que ha ganado en ambas Cámaras. Cosas del sistema electoral español. La abstención no fue significativa. Ahora, los escenarios posibles para gobernar soportan la sombra de las municipales próximas. El mes de mayo puede ser el más largo del año. Lo más urgente va a ser esperar ese nuevo mapa electoral local. Es probable que el socialismo pueda volver a gobernar en muchos de los ayuntamientos donde dejó de hacerlo hace décadas, por ejemplo en Málaga. Este mes, que comienza mañana, se va a diluir entre formar las Mesas del Parlamento y las conversaciones a varias bandas para lograr esa cifra mágica de sumar 176 diputados, que le permita ser presidente del gobierno. Si no lo consigue en primera instancia, tiene la posibilidad de un segundo intento con más sí que no y alguna abstención, lo que falta es puro trámite. Sánchez ya es presidente de nuevo, esta vez con el poderoso aval de las urnas.

España no tiene precedente de gobernar en coalición. Hoy se abre esa puerta. La derecha sumada no tiene poder de vetar la elección parlamentaria de Sánchez. Éste tiene la opción de cogobernar con Podemos y el apoyo de otros partidos. Asociarse a Cs no parece probable, no les conviene a ninguno de los dos. A Rivera, porque le lastraría su ascenso al liderazgo único del centro-derecha. A Sánchez porque va a agotar todas las opciones para gobernar solo. Pactará, pero sin ceder su hegemonía del voto mayoritario. Es cierta la posibilidad, más al gusto del ganador, de gobernar solo. Ya lo ha hecho, tras ganar la moción de censura con menos diputados, ¿por qué no habría de hacerlo ahora? No hay duda, lo repite a cada ocasión, que Iglesias acaricia el título de ministro. El PSOE no está por compartir tanto poder nuevo que acaba de obtener. A Carmen Calvo, le ha faltado tiempo para declarar que su partido intentará gobernar en solitario. Pues ese es el escenario más probable. Aunque al final de la campaña, Sánchez haya dicho que podría incluir a Podemos en su gobierno, lo va a esquivar con toda seguridad.

El descalabro de la derecha popular es histórico. Les costará al menos dos décadas, reconstituirse como opción de gobierno. En el camino tienen a Ciudadanos, que crece y ocupa ese centro, que ellos han descuidado. El PSOE ha transitado once años por el quemante desierto de la oposición. Ahora han vuelto, demostrando que siguen siendo el partido referencia de gobierno, desde los primeros años de la Transición y siguen tan campantes. El momento actual es bien diferente, las necesidades de esta sociedad requiere de soluciones urgentes y creativas. Crear puestos de trabajo desde el sector privado. Prever la tormenta de la economía europea y global. Conseguir la concordia territorial, agotada en estos cuarenta años, con fórmulas de consenso, con el ojo puesto en los resultados de los independentistas en Cataluña. Hace falta mucha valentía, arrojo y brillo. Este instante es el más complicado desde aquellos días de la España que se asomaba a la libertad. Gobernar va a ser tarea más que difícil. El doctor Sánchez va a poner a prueba su lugar en la historia política española. El PSOE es la socialdemocracia europea que resiste a la extinción.

VOX, como ayudante del PSOE ha sido eficaz. Desangró al PP y agitó el miedo a la vuelta al pasado, que los socialistas y podemitas aprovecharon al unísono. Si, tras las municipales, crecen o son ave de reconquista pasajera está por verse. Los que apuntan a elevar su votación es Cs, que aspiran a gobernar ayuntamientos a granel. En Andalucía han aventajado al PP. Tras esta jornada electoral agotadora, viene mayo con las Europeas, CCAA y municipales, dedicaremos esta columna semanal a analizar tales opciones. Mientras eso va sucediendo, el ojo estará puesto en el pugilato de las alianzas, que permitan a Sánchez formar gobierno, esta vez con la ventaja de ambas mayorías en Diputados y Senado, una almohada para soñar.

Constituciones

23 Abr

Fue un marco de libertad para la Europa de la época e inspiró a los nuevos países de la América española. La España electoral de hoy se pregunta si necesita cambiar la Constitución de 1978

 

Hace 207 años de la Constitución de Cádiz, la Pepa. Fueron tiempos convulsos. Los de ahora, tan diferentes, convocan otra crisis constitucional

Carlos Pérez Ariza

El siglo XIX no acabó bien para España. La Pepa, que tuvo una escasa vigencia de dos años, fue derogada por Fernando VII, un Borbón de infausto recuerdo; Deseado y Felón al mismo tiempo. Ocho Constituciones fallidas recorrieron ese siglo de trompicones. La de Cádiz fue guía de liberalismo democrático para Europa, especialmente para la América española, que dejó de serla para abrirse a la independencia de la madre patria. Aquellas Cortes de Cádiz, único territorio libre de la invasión napoleónica, establecieron las reformas políticas, sociales y económicas para fundar un nuevo orden social en España. En eso se parece a la Constitución Española 1978 (CE78), que es la que aún nos rige como Ley Magna. Ambas marcaron el inicio de una nueva era, ambas abrieron horizontes de libertad. Aquella no lo logró. La de ahora está en ello desde hace 40 años. Aquella decía: “La Nación Española es libre e independiente, y no es, ni puede ser patrimonio de ninguna familia, ni persona”. Se ponía fin al Antiguo Régimen. Contenía los principios básicos de un Estado liberal democrático, que para la época fue una guía progresista. Fue norte para el constitucionalismo liberal europeo del siglo XIX. Sin embargo, para España abrió el camino para un período de enfrentamientos, que no cesaron hasta bien entrado el siglo XX. Viene al recuerdo en este momento electoral español, donde corrientes subterráneas miran hacia cambiar la Constitución actual para desenrollar la afrenta separatista catalana y otras que se incuban al socaire independentista.

Una Constitución es la referencia de un Estado de Derecho, por eso Fernando VII no la aceptó, el Estado era él. Esas Cartas Magnas tienen la virtud de centrar las leyes, pero molesta mucho aplicarlas al pie de la letra. Si los epígrafes que indican su texto no se compagina con la realidad, el camino fácil es cambiarla, para que todo aparezca dentro de la mayor y nueva legalidad. Es lo que parece avecinarse, tras las elecciones del próximo domingo, si la coalición de la llamada izquierda progresista se forma con los partidos que propugnan ser independientes en una nación de naciones. Iglesias lo ha dicho: “Estas elecciones son constituyentes”. En esa corriente están los que afirman que el proceso de la Transición española y su Constitución de 1978, están caducados. Explican que hay que darle la vuelta porque los tiempos han cambiado. Aspiran a una Constituyente para pergeñar una nueva Ley Suprema. El Federalismo les agrada más. Una Monarquía Parlamentaria, no tanto. Un Jefe del Estado no electo, les parece cosa de la Edad Media. Tal vez sea que la CE78 no se haya aplicado a plenitud.

La derecha en liza electoral, acepta que habría que adecuar algunos ítems, pero sin entrar a saco en un proceso constituyente. Creen que está en peligro la actual forma de Estado. Una fórmula que, con sus evidentes claros/oscuros, ha servido para que este país levantisco avance en apreciable paz, pese a todos los años de plomo de la ETA. Por esta situación larvada de las CCAA, que no están cómodas en esta fórmula, podría ser una catástrofe mayor cambiar radicalmente el rumbo constitucional hacia una República, que dejaría un mapa de España bien distinto al actual. España no ha tenido buena fortuna en sus etapas republicanas. En estas elecciones se juega mucho más que un nuevo gobierno, tal vez lo que está a las puertas es una forma de secesionismo al gusto de los que proclaman su independencia.

Lo más probable es que los debates, de ayer lunes y de esta noche del martes, no hayan resuelto este dilema. La subasta del voto tiene un objetivo inmediato, cual es hacerse con el sillón del Ejecutivo. Sea cual sea el bloque que pueda formar gobierno el problema principal de España, en esta hora, es por dónde encaminar el proceso catalán y el vasco, que mira hacia el mismo rincón. No es hora apacible para ninguno de los dos bloques contendientes. La responsabilidad es enorme. Por eso el voto del próximo domingo vale más que nunca antes. Votar es compartir ese compromiso. El resultado inclinará la balanza hacia una reforma constitucional; sin duda necesaria para que esta democracia, aún incipiente, avance; o a un proceso de cambio radical, cuyos resultados pueden ser un remedio peor que la enfermedad.

Tenemos el voto, que es la voz que emite el ciudadano. No es un sistema perfecto, ni mucho menos. Aquí hay aún mucha tela que cortar para que el mantel alcance para todos. Los políticos, que son los que tejen, tienen alta carga en esto. Todos ellos. Los votantes lo único que esperan es que no los defrauden una vez más. Esta vez no hay espacio para la indecisión. Conjurar el fantasma de la abstención, que se pregona alta, es más necesario en esta ocasión que nunca antes. Ojalá el espíritu de la Pepa, les sirva, oriente e inspire. Por los momentos, vaya y vote que el domingo 28 es fiesta de guardar para la democracia española.

Santo martes electoral

16 Abr

El milagroso Cautivo, que ayer recorrió las calles de Málaga, puede que sepa cuántos indecisos votarán

 

¿Adónde irán los votos este martes de pasión política? Puede que El Cautivo lo sepa. Muchos españoles aún no se han decidido. La procesión va por dentro

Carlos Pérez Ariza

La sombra de la gran economía, que advierte el FMI, y el cáncer de la corrupción, incrustado en los recovecos de la política, con la ayuda de empresas y comisionistas privados, oscurecen estas elecciones. Dos temas poco o nada recordados en esta campaña. Desde el FMI, casa de malas noticias, pone a la economía española en peligro cercano. Señala insuficiente el ‘ajuste fiscal’ y pone el dedo en el delicado asunto de las pensiones; su incremento, dice, ‘pone en riesgo la viabilidad del sistema público de jubilaciones’. Lo ha dicho su avinagrada directora, Christine Lagarde: “El paro español no bajará del 14% en los próximos dos años. La previsión de crecimiento no es real, empeorará. Trabajadores afectados por los ERE (despidos) ha aumentado un 26% en el último año”. La jefa del Banco Santander, también pide a quien gobierne: ‘responsabilidad y madurez para un pacto por el crecimiento’. España pertenece a las economías altamente endeudadas del mundo (EEUU, Italia, Francia, Reino Unido, Japón). Y aquella regeneración de la democracia, que tanto pide ‘Transparencia Internacional’, no se escucha por los mítines. Con la veda abierta a la caza del voto, se explica poco o nada qué hará con esos asuntos el partido que logre formar gobierno. Temas pringosos de citar. Los candidatos van por la vida, tocando timbales, como flautistas embaucadores seguidos por sus ratones.

Hacer premoniciones es aventurado. Ni el ‘CIS Campeador’, del ahora José Félix Tezanos, es capaz de asegurarlas. Su reciente sondeo da una holgada ventaja al PSOE de Pedro Sánchez, deja en la cuneta al PP y toca a VOX de soslayo. Aunque después declara en la radio que duda de su propia encuesta: El PP puede sacar más votos y VOX también, porque ‘hay mucho voto oculto’, afirma. Parece responder al susto que lleva en el cuerpo el candidato socialista, de que los buenos resultados de su sondeador Tezanos, distraiga a su electorado. Sobre la abstención, verdadero fantasma hamletiano, nadie se pronuncia con tanto terror como Sánchez, que sabe lo que se puede estar tramando en el sur andaluz de sus tormentos, clama porque nadie se quede en su casa el próximo domingo 28. No es casual que haya iniciado su periplo electoral en Sevilla. Casado pide unificar el voto de la derecha, siempre que sea por su PP. Rivera, niega ser bastón de nadie, pero le va ser escurridizo. Iglesias, olfatea ya las moquetas de La Moncloa. Abascal, ensilla su caballo. Con tal panorama, no hay sondeo demoscópico que pueda vaticinar un resultado cierto, Tezanos lo sabe.

Votar desde el extranjero es difícil. Un derecho ciudadano escamoteado por distintas dificultades burocráticas-políticas. Hasta la semana pasada, sólo el 8,4% de los españoles en el exterior habían logrado formalizar su voto (176.500 personas de algo más de 2 millones). Un palo más a la previsible abstención, obligada o no, que puede rondar el fatídico 30% del electorado total. Esto es mala noticia para todos, especialmente para el PSOE sanchista. La derecha va sin Frente Único, la izquierda tampoco presenta un Frente Popular. Ambos se equivocan. Hablan mucho de la Constitución, verdadera prima donna del debate y de la España indivisible, pero el verdadero quid de la cuestión es quién pactará con quién para gobernar en el más delicado momento de España desde la Transición.

La política de bloques, enfrentados a cara de perro, tiene una espada de Damocles. Es un escenario de alianzas postergadas, hasta tanto se sepa el resultado de las municipales, autonómicas y europeas (26/mayo), para que los pactos parlamentarios no condicionen esos resultados. Se esgrime el voto ante dos desafíos: el grosero independentismo y la alarma internacional de un nuevo período de recesión, sin que España haya resuelto totalmente la crisis financiera anterior. Jugarse a la vez la unidad de España y los números adversos de la gran economía es un reto de alta política. Ninguno de los equipos parece preparado para tan alto riesgo. Los expertos de la economía desconfían.

Estas elecciones han destapado el voto disperso, que anda por pueblos despoblados. El voto oculto y el indeciso (42%), que no es nuevo, pero que se agazapa en un porcentaje decisivo en esta ocasión. El fenómeno VOX, que de la nada aparece a caballo con las alforjas repletas de un discurso sencillo, directo y rescata a una derecha, que se creía cosa de austriacos, húngaros, italianos del Fascio, franceses de Vichy, alemanes neonazis trasnochados. Esos catalanes, que odian a España, le han dado aliento. Un líder desgajado del PP los guía, recluta a generales retirados y amenaza con convertirse en un partido bisagra. El bipartidismo resiste, pero ya no es suficiente ganar en votos para poder gobernar. Estas son unas elecciones terminales. La segunda vuelta es de urgente necesidad. Con una Semana Santa electoral de por medio, la motivación para votar va de penitencia.

Y pese a la ‘ineptocracia’ rampante por el mundo, que ha señalado el filósofo francés Jean d’Ormesson, los agujeros negros siguen ahí, tan campantes, en medio de cualquier rincón del Universo; tal como teorizó Albert Einstein. El voto es una brizna, polvo de estrellas enanas, en medio del huracán hispano.