Mucho fantasma

12 Jul

La globalización no perdona. Ni siquiera a los soportales de sabor medieval de la plaza de España de Llerena (Badajoz), donde se encuentra una hospedería que fue vivienda y taller del propio maestro Zurbarán. De momento en tan histórico entorno te sientes habitante del pasado, conquistador de un lugar al que no han podido trastornar las modas, pero ojeas la carta y ¿qué te encuentras? Ensalada de presa ibérica con mermelada de sandía y de melón ¿Mermelada de sandía y de melón? ¿Qué es esto? ¿Cómo es que la cocina de autor conquista hasta la tierra de los conquistadores? ¿No habrá lugar remoto en este mundo donde no se cuele esta perversión culinaria, que consiste básicamente en ponerle mermelada a cualquier cosa? La respuesta es no, no rotundo. La cocina globalizada con sus mermeladas varias forman parte del turismo globalizado que tiene la virtud de convertir cualquier lugar único en más de lo mismo. No se trata de nada nuevo desde luego, en las “Memorias de Adriano” de Margarita Yourcenar, se quejaba el emperador de Roma de esa moda gastronómica, traída de Asia, por la que se mezclaba lo salado y lo agrio con lo dulce y que debilitaba la energía de los guerreros.

Como me niego a que el noble cerdo ibérico sea profanado por mermelada alguna pido torta del Serena, que a más de 35 grados del mediodía es un gesto heroico propio de Pizarro o Hernán Cortés. Se trata, empero, de una vana insurrección, pues nada podrá detener a las tendencias de homogeneización planetaria.

La globalización se impone frente a la peculiaridad y, aparte de la ubicua cocina mermeladesca, se venden en el mismo pack a los viajeros iguales opciones: apartamentos turísticos con paredes de colores y muebles de Ikea, donde no faltan nunca los retratos de Marilyn Monroe y Audrey Hepburn, bares de smoothies y cereales, camareros vestidos de negro, mercadillos medievales por doquier y lo último de lo último, rutas del horror con fenómenos paranormales.

La pionera en estas lides fue la ciudad de Edimburgo, ciudad de oscuros cielos propensos a las tormentas apocalípticas con muchos rayos, relámpagos y centellas que dan más verismo a las leyendas del abracadabra en torno a los cementerios que conviven con los parques en el propio seno de la ciudad, que guarda además en sus lúgubres subterráneos pasadizos al célebre fantasma The Lone Piper que avisa de su presencia en el Castillo con el musical eco de su gaita y en igual inframundo cobija los tétricos callejones de los confinados apestados, donde la voz de la niña  Annie sigue pidiendo la muñeca que perdió en 1645.

Son creíbles en este marco, criminales espeluznantes como Burke y Hare que mataban para vender los cadáveres a la escuela de anatomía de Edimburgo y caníbales dementes, como el aristócrata James Douglas  que junto a su clan ejecutó y devoró a un millar de personas.

El delito, que siempre va de la mano de la miseria, alcanzó allí  proporciones delirantes. Fueron populares los bodynatcheres, profanadores de tumbas y matrimonios como Jessie King y Thomas Pearson que, por cierta cantidad, acogían en casa bebés de madres solteras -obreras y doncellas- que luego usaban como abono en su jardín y se hizo popular el caso de Deacon Brodie, hombre honesto que trabajaba de día de cerrajero y de noche usaba las llaves de sus clientes para robar sus domicilios y que inspiró a Robert Louis Stevenson para escribir Doctor Jeckyll y Mister Hyde.

Pues bien, con tales materiales es comprensible que Edimburgo se haya hecho experta en rutas del terror- no obstante por algo es la tierra del autor de Sherlock Holmes- y que, decidida a vender este potencial, se haya hecho de oro. Lo que ocurre que, dado el éxito, se ha despertado la codicia en cada destino viajero y por no perder comba, están por sacar hasta por debajo de las piedras crímenes truculentos, almas en pena y fenómenos paranormales para venderlos a tutiplén.

Mucho tiempo ha se apuntó Londres y el resto de Inglaterra, lo que se entiende pues sus truculencias históricas y páginas de sucesos en nada tienen que envidiarle a su prima hermana, y que en las novelas de Agatha Christie tienen ese puntillo amable con la deliciosa anciana Miss Marple que obra sus deducciones detectivescas mientras poda macizos de petunias y begonias o se sirve el té en su coqueto gabinete, acogedor como un cuarto de casita de muñecas de paredes empapeladas con delicados motivos en pastel.

Y de eso se trata aquí, del pastel que en el turismo globalizado hay que repartir y homogeneizar. Igual que los apartamentos turísticos, que el mercadillo medieval, que los camareros de negro y los menús con mucho thai y guarnición de mermelada, cada pack de oferta ha de llevar incluido ruta del terror y esto habrá de ser así tanto en países borrascosos como solares como el nuestro que también ha decidido currarse la paranormalidad. Puestos a vender fantasmas, este país prevé un negocio próspero, pues debe ser, con la excepción de Italia, el lugar donde más abundan.

No era mi intención referirme con esto a la política, pero es que los fantasmas de a pie son anónimos, y con este ejemplo nos entendemos mejor.

Digamos entonces que en política los fantasmas son esos elementos que surgen de repente, hinchan el pecho y aseguran que cambiarán el país como la vuelta de un calcetín y luego se van desinflando como un globo.

Si a día de hoy se repitieran las elecciones el resultado se dirigiría de nuevo al bipartidismo ¿qué pasa con los partidos emergentes?

Se los traga la globalización, no hay otra. Ya le ha pasado a Tsipras; αλίμονο…

Antes que pagar una fortuna por sentir terror turístico, basta con abrir el periódico. En lo que va de año han sido agredidos 28 médicos en la ciudad. Miedo que da.

Jubilar al heredero

5 Jul

Después de 50 años de heredero, parece que Carlos de Gales está suficientemente preparado para ocupar el trono del Reino Unido, la que no parece preparada para dejarlo es su madre, Isabel II de Inglaterra. En el espacio de tiempo que sigue durando su reinado, Juan Carlos I de España se ha jubilado a favor de su sucesor y hasta se ha jubilado un Papa, Benedicto XVI, pero ella no quiere ni oír hablar de tal posibilidad. Antes se jubila el heredero- que, a sus setenta años, está en la edad- que la soberana, quien no se halla sin la corona.

Que las mujeres iban a dominar Inglaterra no se lo podía sospechar el Barbazul, Enrique VIII, que se casó seis veces en busca del varón heredero sin auspiciarse que sería una de sus hijas, Isabel I,  la que lograría acabar hasta con La Armada Invencible.

Las Isabeles han dado mucho juego en los tronos, también en España. La Católica obró la Reconquista y se hizo dueña de las Américas e Isabel II la Borbona revolucionó el país, tanto a su favor como en su contra. Si le fallaron algunas estrategias no fue, desde luego, por falta de carácter.

Pero, a la larga, ha sido el Reino Unido, quien más se ha visto dominado por la voluntad de las mujeres recias, fuertes e incombustibles. Después de Isabel I, tan indómita de no querer casarse por no estar mínimamente sometida, la propia Reina Victoria, que se perpetuó 64 años en el trono, admitió contraer matrimonio con su primo Alberto de Sajonia, porque era muy agraciado físicamente, si bien su personalidad  le resultaba bastante simple– una ventaja, después de todo, para quien desea gobernar- y contemplada dicha perspectiva fue ella misma quien le escribió para proponerle la boda.

Al morir Alberto, que fue un buen asesor, la Reina repitió fórmula, decantándose por la compañía de consejeros que a su capacidad  para adaptarse al segundo plano -una habilidad difícil, después de todo- sumasen belleza y juventud como fue el caso de su guardabosques John Brown y Abdul Karim, el joven sirviente indio que la acompañó hasta el último día de su existencia.

Al fin y al cabo, S.M. Victoria no hacía sino emular el modo de obrar de su predecesora Isabel I en el plano afectivo y ejecutivo con un igual efecto de prosperidad económica y prestigio de primera potencia para su patria, que en el auge de su expansión colonial, asumió el imperio de la India.

A este respecto y por sacarse de una vez la antigua espina que por la derrota de La Armada Invencible tenía España con la pérfida Albión, tramó un plan un grupo de intelectuales españoles con la idea de casar al Maharajá de Karpurthala con la bailarina malagueña Anita Delgado a objeto de que ésta diese al trono un heredero dispuesto a vengar el honor de la patria de su madre y reclamar por la de su padre la independencia de la India.

La cuestión era añadir a esas gracias físicas de las que ya se había prendado el soberano indio una elocuencia lírica propia de Safo, de lo que se ocupó Valle-Inclán, que sustituyó la carta de la muchacha, plagada de simplezas y faltas de ortografía, por un libelo amoroso propio de la pluma del mismísimo Petrarca, por el que Cupido asaeteó la flecha de gracia en el corazón del exótico rey. Hubo boda, por tanto, y hubo heredero, Kumer Ajit Singh, pero éste como su propio padre se puso al servicio del ejército británico, donde obtuvo el grado de teniente coronel.

Mucho tendría que llover para que llegase la independencia a la India y sólo fue cuando un indio (Mahatma Gandhi) comprendió que aquella lucha se ganaría más por las buenas que por las malas.

Isabel II es la encarnación de esa Inglaterra blindada que resiste contra todo y contra todos. También contra el tiempo, si se considera que la duración de su reinado (67 años, 4 meses y 25 días) ha sido aún superior al de su tatarabuela Victoria. Pues la longevidad y la fuerza reside básicamente en la alimentación, habrá que admitir que la cocina británica -la más deplorable del mundo, según mi opinión- tiene propiedades muy benefactoras. Por tanto, habrá que entrenar el paladar para el eneldo, el cordero en salsa de menta, el roast beef  y el sandwich de pepino embadurnado en agria Gloucester, que más que mantienen, eternizan.

Peor, mucho peor les ha ido a aquellos punkis que cardaron su cresta contra la corona británica con su dieta de drogas y alcohol. Los Sex Pistols, compositores del irreverente God save the Queen,  duraron como banda estable sólo tres años y un año después de disolverse  (1979) Sid Vicious murió por una sobredosis de heroína. En tanto los The Clash duraron sólo diez años más y hace ya diecisiete que falleció Joe Strummer  de un infarto a los cincuenta.

En cuanto a sus seguidores ¿qué decir?  Sus crestas caídas por los combates del tiempo han descubierto sus cabezas lirondas, han echado barriga y mientras se hacían abuelos, han visto llegar a la Reina a la edad de 93 años, aún impávida sobre el trono.

Incombustible la monarca ve languidecer a los viejos jóvenes rebeldes como a su heredero, que olvidado de su uniforme de gala, ya apolillado en el fondo del armario, saca sus zapatillas de cuadros escoceses, compañeras inevitables del jubilado.

Sólo puede haber una mujer más resistente que su madre, su propia esposa Camilla Parker Bowles ,que por algo lleva en sus venas la sangre de la Reina Victoria. Al fin y al cabo, todo queda en casa.

El sexo prohibido

17 May

Todas tuvimos algún amigo así en aquellos años de adolescencia y primera juventud. Era, sin duda, el más divertido y, a veces, también el más guapo de la pandilla, si no acaso el más atractivo, que es una cualidad siempre superior a la belleza.

Cuando íbamos a una fiesta, el resto de los chicos se aferraban sombríos a la barra, por miedo al ridículo, y en pose de hombres duros del oeste americano, apuraban cubata tras cubata, los muy cobardes.

Sin embargo, aquel amigo bailaba con nosotras en la pista y solía hacerlo bien, muy bien, incluso cuando sonaban sevillanas. Todas lo adorábamos y no sólo por su capacidad para el baile, sino también porque nos hacía reír como ninguno. Compartía con nosotras el mismo sentido del humor, frívolo e irónico. Era único cuando se ponía gracioso, pues los demás al intentar su misma gracia resultaban sosos o burdos.

Lo adorábamos, claro que sí, era de todos el mejor piropeador; el primero en elogiar con las palabras justas nuestro cambio de peinado o nuestro vestido nuevo, que a veces pasaba desapercibido a los ojos de nuestros novios.

Si se daba el caso, nos podía acompañar incluso a las tiendas de ropa sin aburrirse y nos aconsejaba el corte más favorecedor y los complementos más adecuados. En él hallábamos esa anhelada alma gemela, que incluso se encandilaba con nuestras peripecias sentimentales, mientras los demás hablaban de fútbol.

No era nada difícil que aquel chico encontrase en el grupo su primera novia; la Doris Day idónea para el perfecto Rock Hudson; una muchacha que, en el fondo, sabía que aquello era temporal, pero en tanto le gustaba lucir al impecable caballero de pareja en las verbenas. Otras mucho más ingenuas o mucho más insensatas se enamoraban de él locamente y, con esa locura, intentaban lo imposible: enmendar su naturaleza y guiarlo hacia la heterosexualidad como Antonietta quiso hacerlo con Gabriele en Una giornata particolare:  aquella inolvidable película de Ettore Scola que describe el encuentro de una casada insatisfecha y un homosexual perseguido en un edificio que los demás vecinos han abandonado por acudir al desfile de las fuerzas armadas de Mussolini en homenaje a la visita de Hitler.

El conocimiento de Gabriele, magistralmente interpretado por Marcello Mastroianni, pondrá en duda los inculcados valores fascistas del ama de casa de clase media, que encarna a las mil maravillas Sophia Loren, dada la fascinación que despierta sobre ella el disidente.

Cualquier régimen totalitario de derechas o de izquierdas ha perseguido e incluso encarcelado a los homosexuales. Tal vez bajo la excusa de degradar moral y costumbres y no contribuir al crecimiento de la población, pero lo cierto es que lo que asustaba de su actitud era su aire de independencia y su naturaleza tan proclive a ejercer la libertad por encima de las normas. Nos referimos a esa clase de homosexuales, pues también los había dóciles, soterrados e integrados en las cúpulas de poder y hasta se podría especular bastante sobre la sexualidad del propio Hitler, a juzgar por su rarísima relación con Eva Braun y su deseo expreso de no reproducirse, lo que el Führer  justificaba alegando que no quería engendrar a un hijo, que, inevitablemente, sería inferior a sí mismo. Como megalómano, Hitler temía tanto a la sucesión como los dioses griegos que por impedirla acababan comiéndose a sus hijos. Éste podía ser un motivo ¿pero habría más?

Los años 30 de la Unión Soviética, bajo el mando de Stalin, no fueron menos agresivos con los homosexuales, que tenían dos opciones: tratar de curarse de sus inclinaciones (diagnosticadas oficialmente como enfermedad) o ir a la cárcel, lo que conllevaba las penalizaciones añadidas por parte de otros presos. Contaba el artista Yaroslav Mogutin el brutal asesinato de uno de estos detenidos por parte de diez presidiarios, quienes después de someterlo a múltiples violaciones, saltaron con los pies juntos sobre su cabeza hasta matarlo.

Que un homosexual coincidiese con un revolucionario en una celda era, sin embargo, lo mejor que le podía pasar si recordamos la novela de Manuel Puig, El beso de la mujer araña ,y su puesta en escena por Héctor Barbenco. Al fin y al cabo, la acusación de homosexualidad encubría la más grave de disidencia. Y la disidencia, del color que sea, une y mucho.

Por estos caminos llegamos inevitablemente a otro film emblemático; Fresa y chocolate que, en la Cuba de finales de los 70, gira en torno al encuentro entre un joven comunista y un artista homosexual, vigilado por contrarrevolucionario ,que, pese a las primeras diferencias, confluirá en una estrecha amistad.

Mucho ha llovido después de esta película que tuvo su boom en España hacia 1994 y, sin embargo, parece que en la isla hay un rebrote de despotismo represor, lo que suena muy a añejo. El pasado sábado, la policía cubana interrumpió una marcha por los derechos del colectivo LGBT que de modo pacífico desfilaba por el paseo del Prado de La Habana bajo el lema Cuba diversa y detuvo a tres periodistas independientes.

La causa de la carga policial como apuntamos antes tal vez se deba más a motivos políticos que de género. No obstante, aquella manifestación, como precisó el cantautor Silvio Rodríguez, suscribiendo la denuncia de su colega, Vicente Feliú, estaba organizada por activistas independientes y sin la supervisión del estado.

Se trataba de una iniciativa alternativa al desfile anual de La Conga, que de modo oficial, se celebra año tras año para arrancar las jornadas contra la homofobia y que la directora del Cenesex, Mariela Castro, hija del expresidente y primera secretaria del jefe actual de Gobierno, Raúl Castro , decidió suspender por no considerarla apropiada, dadas las tensiones internacionales y regionales que se estaban experimentando.

Sin ser las explicaciones nada convincentes, concluimos que la represión contra la diferencia, sea del carácter que fuere, es un síntoma de regresión y ha de ser denunciada a diestra y siniestra si pretendemos construir un futuro de ciudadanos libres. No es el momento de rescatar lo peor del pasado bajo ningún concepto.

París, je t´aime

19 Abr

Víctor Hugo escribió su novela Notre Dame de París por amor al arte. Al arte gótico que, como buen romántico, defendía por encarnar la irracionalidad, el misterio y el espíritu nacional.

Creó una trama rocambolesca de amores desgarrados e imposibles en torno a la catedral con tal acierto que logró ponerla nuevamente de moda, cuando el gótico en los edificios parisienes era ya considerado como un estilo vulgar y monstruoso frente a la pujanza del estilo neo grecorromano, racional y diáfano, que poblaba la ciudad de ágoras, templos paganos, columnatas, panteones, arcos triunfales y espaciosas avenidas por donde pudiesen desfilar cortejos victoriosos.

Deteriorada Notre Dame a manos de la Revolución Francesa, que hizo balas del plomo de sus techos y cañones del bronce de sus campanas, además de destruir estatuas de la galería de los reyes y destrozar su aguja del siglo XIII, Víctor Hugo le inventó una leyenda que la llenó de atractivo a los ojos de autóctonos y extranjeros, que, sugestionados por tan magnética ficción, hurgaban en la catedral las huellas de la fatal gitana Esmeralda y su benefactor, el campanero jorobado, Quasimodo.

Aquella novela fue, entre otras cosas, una campaña publicitaria de primer orden que impulsó al gobierno francés a ordenar unas obras de restauración, que contemplaron añadidos tan singulares como sus características gárgolas.

Habría de nuevo atentados o tentativas contra la emblemática catedral parisina, durante los tiempos de la Comuna y la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler decidió que no devolvería la ciudad de sus sueños a los aliados, si no era convertida en un puñado de cenizas.

Sin embargo, desde que Víctor Hugo creó al protector Quasimodo, nadie creyó que las amenazas se pudiesen materializar. Notre Dame debía seguir ahí para ver pasar los siglos y ser el punto de referencia de los viajeros en su periplo por la capital de Francia. Allí debió estar el bohemio escritor Alejandro Sawa, antes de que coronase su frente el beso mentor de Víctor Hugo y dejara de ser escritor para convertirse en mero bulevardier o parisiene, como lo describió Julio Camba.

–¿Qué hace ahora Alejandro Sawa?

–Vive en París- respondían.

Vivir en París, vivir París es, sin duda, un oficio y casi todos lo hemos ejercido aunque sea una sola semana ¿recuerdas?

Entramos en Notre Dame antes de ir a cenar al Barrio Latino y después de visitar la librería Shakespeare and Company. Se celebraba misa y el sacerdote era un bellísimo joven africano, negro como el ébano ¿quién podría pensar que la catedral con sus rituales representaba a una cultura prepotente, occidental y caduca?

Pas du tout. A pesar de algunos, París nunca será eso, como nunca lo fue incluso con Napoleón coronándose a sí mismo en el altar de Notre Dame o con Hitler paseando sus ejércitos por los Campos Elíseos, porque siempre hasta en los momentos más difíciles ha tenido rendijas por las que termina colándose la libertad.

París es la ciudad de los exiliados, de los perseguidos, de los diferentes y los bohemios; el lugar de los que no encuentran su lugar en el mundo, el hogar de los que huyen del hogar, el nido de amor de los amores imposibles. Siempre nos quedará París ¿recuerdas? como Rick e Ilsa en Casablanca, como Verlaine y Rimbaud, como Modigliani y Jeanne Hébuterne.

Estuvimos allí ¿recuerdas? contemplando aquellas pinturas que ya no existen y admirando los techos ahora calcinados. Estuvimos, como tantos, en Notre Dame, sin que a nadie le importase si éramos católicos o de otra fe o ateos, sin que nadie nos pidiese un carné o preguntase nuestro nombre o nos pidiese pagar una entrada para disfrutar de toda aquella belleza.

Como todos, fuimos a cenar al Barrio Latino, bebimos mucho y cenamos poco, disfrutando de esa elegancia que es tener hambre en París. Nunca fuimos tan pobres, pero tampoco tan jóvenes y tan libres ¿recuerdas?

Al día siguiente llovía, como llovía en el corazón de Verlaine cuando llovía en la ciudad, pero igual nos encaminamos a Le Marais para visitar la casa de Víctor Hugo. En la plaza de Vosges encontramos una papelera donde alguien había depositado un grueso volumen; obras de teatro completas de Fernando Arrabal.

Bajo los soportales, en la terraza del Café Hugo pedimos una frasca de vino de la casa y un delicioso foie de oca con higos, a sabiendas de que la cena de aquella noche sería ya sólo el beso del escritor en la frente.

Como románticos empedernidos, bajo el cielo gris, fuimos a casi todos los cementerios a rezar nuestras oraciones paganas por los poetas malditos. Ni a Baudelaire le negó Montparnasse el camposanto.

Pasamos de nuevo por Notre Dame para imaginar el encuentro de Rubén Darío con Verlaine en el Café D´Harcourt del boulevard Saint-Michel, cuando el joven autor de Azul, guiado por Alejandro Sawa, encontró a su ídolo muy cargado de ajenjo y le transmitió elogios en su mal francés, de los que el beodo veterano solo oyó con gran indignación la palabra gloria:

–La gloire, la gloire! Merde, merde encore.

El mal humor de Verlaine, sus arrebatos y sus escándalos eran bien conocidos en la ciudad y, sin embargo, fue elegido Príncipe de los poetas y recibía por ello una pensión del estado. París es diferente, desde luego.

Todos huimos alguna vez a París, nos sentimos libres y rebeldes y nos enamoramos de una u otra manera, porque allí todas las maneras eran posibles ¿recuerdas?

Amamos la torre Eiffel y el Sacre Coeur y también Notre Dame y si fuésemos millonarios daríamos parte de nuestra fortuna por salvar esos lugares en los que vivieron tan bellos recuerdos. Quien puede lo hace y sabe muy bien por qué. París, je t´aime ¿recuerdas?

El enemigo

29 Mar

Si hay personas que presumen de tener amigos, incluso las hay también que se jactan de tener enemigos. Decía Ferrándiz, director de la Escuela de Bellas Artes de Málaga en el siglo XIX, que un hombre de valía había de tener enemigos, pues ellos te dan la medida de lo que vales.

Esta frase del polémico pintor valenciano fue todo un presagio, pues si su valor quedó demostrado, como docente, por dar al arte nombres de prestigio internacional como Simonet y Lombardo, Moreno Carbonero y José Nogales Sevilla, no lo será menos por la cantidad de fervientes enemigos que le fueron surgiendo, cuanto mayores iban siendo sus éxitos. Tantos y tan perseverantes, que, gracias a su persistente labor, consiguieron llevarlo primero a la cárcel y luego a la tumba y, de paso, acabar con el más granado florecimiento que tuvo el arte en Málaga.

Sin duda, la empresa de los enemigos es destructiva e inútil y, en nada, merece ni el esfuerzo ni la jactancia. Ni siquiera la venganza, en el caso de que las circunstancias lo propicien.

Dijo Hamlet, por boca de Shakespeare, que la venganza no sirve para nada y, como verdad shakesperiana, es del todo incuestionable. No obstante, cierto es que el argumento ha dado obras magnas como ésta y estremecedores guiones al cine.

Pensamos, por ejemplo, en “El secreto de sus ojos”, esa trama en la que el viudo, Ricardo Morales, tiene encarcelado en su propia casa al violador y asesino de su esposa para verlo languidecer día a día, o en “La piel que habito”, donde es el padre quien hace lo propio con el violador de su hija, con la estrambótica variante de que, siendo cirujano, lo hace transexual y le da la apariencia de su mujer fallecida. Ciertamente, yo me pregunto qué clase de placer puede haber en estas prácticas  que contemplan la posibilidad de convivir con el máximo responsable de tu dolor,  y soy más partidaria de la máxima, “A enemigo que huye, puente de plata”, o sea, que desaparezca el hostil, aunque sea por propia iniciativa, por ello tampoco entiendo ese dicho “Si no puedes con tu enemigo, únete a él” ¿unirse al enemigo? ¿No es eso demasiado estresante?

No es factible esperar de la compañía de un enemigo, sino puñaladitas traperas y que un día, distraído, te ponga la zancadilla, pierdas el paso y te rompas la crisma; el enemigo es un asunto fastidioso y jodido, que no remite por años que le pasen por encima.

Si hay que tener un enemigo por fuerza, ya que de otro modo nada me apetece, prefiero que sea un enemigo común; así el enemigo se reparte y toco a menos. Un enemigo para mí sola me parece demasiado, de modo que de muchos ni hablar, por más que sean proporcionales al valor personal. Prefiero no valer nada que tener subidos a la chepa a un montón de enemigos, con lo cansinos que son, de uno a uno.

El enemigo común, ése es el concepto; busquémoslo y démosle caña entre todos, como en Fuenteovejuna. Tenemos pistas, pistas universales, pero me dicen que eso es demasiado abstracto, que debo ceñirme, por lo menos, a un ámbito local. Pues bien, ¿quién es nuestro enemigo ahora en el ámbito local? Para algunos, sin duda, el Granada C.F, pues hay que ganarles, sí o sí, el próximo 6 de abril para arrebatarles la segunda plaza. Eso me parece triste, con la de pactos implícitos que se han hecho entre los dos clubes en los últimos años…Pero hay que ganar ¿se puede ganar de una manera amistosa? El fútbol nos pone difícil la cuestión de la amistad, otra cosa era cuando el enemigo común era el Real Madrid o el Barça, pero entre vecinos, ay.

Salgamos de esta zona conflictiva y busquemos un enemigo común menos peliagudo.

La Semana del Mar, que se está celebrando ahora en Málaga, nos lo pone clarito; nuestro enemigo común es la medusa. Desde luego, ¿quién se puede poner a favor de la medusa?

La medusa nos arruina los veranos y les arruina los veranos a los turistas, que nos traen la principal fuente de ingresos a Málaga. Hay que hacer algo contra las medusas y eso es muy complicado, porque las medusas llegan a nuestras costas por el cambio climático. Las aguas de nuestro mar eran frías, pero por culpa de dicho cambio se caldean y ellas vienen a disfrutarlas, pues con ese calorcito se sienten la mar de a gusto. Hay que manifestarse contra el cambio climático para que los grandes mandatarios admitan, al menos, que existe. Ésta sí que es una empresa común, nos unen los intereses por el bienestar y abarca a todo el planeta; vamos.

Nuestro objetivo es, la verdad, a largo plazo, pero si todas nuestras energías en lugar de dividirse se concentran en iniciativas para el bien común, viviremos más, mejor y seremos más felices. La solidaridad, gran palabra, mejor concepto, con ella se puede todo; vamos.

Digo yo que nuestro peor enemigo común es la indolencia, el cruzarse de brazos y dejar siempre los proyectos inacabados. Hay que recuperar la memoria histórica, que se remonta mucho más que a la Guerra Civil. Ésta ha sido la ciudad de las revoluciones; la del general Torrijos, la temible en el año de la Gloriosa, la incombatible en la I República, la que no podía ocupar el General Pavía  ¿van a poder con nosotros las medusas?

He sabido de un remedio muy interesante para acabar con las medusas; comérselas. Dicen que su sabor se parece al de las ostras y los percebes y que en China, Tailandia, Corea y Japón hacen platos exquisitos con este celentéreo, en los que la sirven con wasabi, salsa de ciruelas, mostaza o aceite de sésamo.

Desde estas líneas, propongo a Dani García que confeccione recetas de medusa malagueña. Seguro que se lleva otra estrella Michelín, si es que es posible tener más.

Si no puedes contra tu enemigo, cómetelo, decían o hacían los dioses griegos.

El juicio de Paris

8 Mar

Hablo de tiempos pasados en los que hablaba de tiempos más pasados todavía.

En una diapositiva proyectada en la pared, tres mujeres desnudas eran examinadas con atención por un hombre. Dudo si ahora esa imagen sería interpretada como pornografía, entonces era  sólo una magnífica obra de arte de Rubens; El juicio de Paris.

Mis alumnos de Latín no se escandalizaban por la desnudez de las diosas, si bien les llamaba la atención lo gordas que estaban todas. Había que explicarles que hubo momentos en la historia en que la abundancia de carnes era un atributo estético en la mujer y que, además, ése no era el tema del que nos teníamos que ocupar, pues se trataba de ahondar en la verdadera causa de la Guerra de Troya; un concurso de belleza.

Las tres diosas; Atenea, Hera y Afrodita querían saber cuál de ellas era más bella según el troyano Paris y las tres sobornaron al jurado- como también es habitual en los concursos de belleza-. Hera, esposa del omnipotente Zeus, le ofreció a Paris el don del poder, Atenea la inteligencia y la victoria en las batallas y Afrodita, el amor de la mujer más hermosa de la tierra.

Mientras el príncipe troyano hacía cábalas, sopesando las ofertas, el astuto y burlón Hermes sostenía en sus manos la manzana de la Discordia, que sería arrojada a los pies de la elegida, que, por fin, fue Afrodita y así se ganó para la eternidad el odio de las otras dos diosas despechadas, que, en lo sucesivo, persiguieron al pastor y a su patria troyana hasta lograr dejarla reducida a cenizas.

Si el mito es símbolo de las pasiones humanas como hizo ver Eurípides en sus tragedias, inspirando a Freud a concebir el psicoanálisis, concluiríamos que la rivalidad es un gen que condiciona al género femenino, lo cual nos desarmaría la esperanza de creer en esa solidaridad tan necesaria para que cualquier triunfo sea el colofón de una lucha.

Pero, tal vez, haya que descartar que los mitos sean reflejo imperecedero de lo fatal y que un juicio como el de Paris sea inconcebible en estos días. Si, en el momento presente, se hubiera planteado un certamen semejante, Atenea, Hera y Afrodita lo hubiesen rechazado y, unidas como una piña, afearían al troyano la conducta. Le dirían que ningún hombre tiene la autoridad para decidir sobre la belleza de las mujeres y que evaluarlas como piezas de ganado era insultante y machista y, en comité amigable, cogidas del brazo, después de manifestarse ante Zeus, el prepotente, adúltero y libertino, se habrían ido a tomarse unas copitas de ambrosía. Así se hubiera evitado la guerra de Troya.

Paris, de esa manera, nunca hubiese conocido a Helena ni la hubiera raptado con la consecuente cólera de su esposo Menelao y si, por casualidad, se diese esta circunstancia, la troyana habría pedido el divorcio al atrida, que, encogido de hombros, diría, cést la vie.

Si las mujeres hubiesen sido siempre como las del consejo de Lisístrata, nunca habría habido guerras desde el año 411 a. C, y si hubiesen sido asimismo como las asamblearias o las amazonas de Aristófanes, tendrían no ya la igualdad, sino el poder. El mito, como el feminismo, lo creó un griego, pues, en definitiva, no hay nada que no haya inventado ya un griego hace una pila de siglos ¿pero qué es más representativo del carácter de la mujer;  el juicio de Paris o las comedias de Aristófanes? Quisiera creer que lo segundo.

Cuando avanzan los siglos, muchos siglos, nos encontramos con dramas que nos devuelven a lo de Paris; veamos, por ejemplo, “La casa de Bernarda Alba”.  Aquellas hijas de Bernarda se sacaban los ojos entre sí por Pepe el Romano, el chulito del pueblo, y les fue de pena.

Hoy día no hubiera sido así. Todas las hermanas se hubiesen asomado a la reja y le habrían dicho a Pepe:

-Mira, Pepe, o nos traes ahora mismo otros amigos casaderos, uno por cabeza para cada una, o no te casas con nadie.

Solidaridad, ése es el concepto, y sin esa base, no hay triunfo. Yo no quiero pensar que el feminismo es una secta, donde unas mujeres caben y otras no, sino una simpatía al género completo. Es muy estrecho ese sendero en el que caben tan pocos pies y tan estereotipados principios. Ser mujer no es un sacerdocio en el que haya que cumplir una serie de votos, entre otras cosas, porque no hay mujer, sino mujeres y, más allá de todo, personas.

Hay todavía una espina que tengo clavada en el corazón. Se trata de un mensaje que recibí en mi blog hace unos cuantos años. No era el primero que recibía en términos insultantes. Por desgracia, el anónimo que posibilita internet, da para que muchos arrojen lo más vil de su lado oscuro sin pensar que tarde o temprano cae dolorosamente su máscara. Al cabo de los años, puedes ponerle cara a los anónimos, incluso cara conocida, y eso más que indignar, entristece.

Aquel mensaje me dolió especialmente, porque la anónima se definía como mujer y feminista, y me amenazaba en intimidatorias mayúsculas con manejar sus influencias para echarme del trabajo. El artículo, al que me respondía, lo había escrito yo en defensa de las mujeres, por eso me extrañó aún más y, cuando lo veo impreso, al revisar otros papeles, me siento muy abatida.

Ni un mal día, ni un mal momento, justifica poner en entredicho un movimiento a favor de la mujer, que se ensaña, precisamente, con una de ellas y la hace dudar.

Por fortuna, mi compañero de La Opinión de Málaga, Juan Gaitán, de modo espontáneo, me vino a defender en un artículo titulado “Clasificada S” ¿tendría que haber sido una mujer quien me defendiese? Pues no, hay que aclarar que el machismo y el fascismo abundan en cualquier género, como también la ignorancia.

Yo no voy a luchar contra todo el sexo masculino, pues es del todo absurdo, sino contra el machismo y la intolerancia que se da todavía entre hombres y mujeres. Algunos y algunas.

Distopía positiva

1 Mar

Tenía el móvil descargado desde hace un día, cuando sonó la llamada. De Pitita, como no podía ser menos.

–Pero Pitita, ¿cómo has podido?…

–Ay, chica, he descubierto un método infalible para cargarle la batería a tu móvil a distancia. La tecnología es maravillosa ¿no te parece?

–Bueno…

–Es que te tenía que contar algo super-importante. Imagínate; el otro día estuve de comida en el campo.

–Sí, claro, menuda experiencia.

–Yo no soy nada de campo, tú lo sabes, pero tuve que aceptar por culpa de un chantaje.

–¿Y eso?

–Pues ya ves, Rogelito, el niño de Anodino Borrego, me llamó al amanecer, casi a las ocho de la mañana. Figúrate, que yo sólo llevaba dos horas durmiendo y mi Quique y mi Nachito todavía no habían regresado a casa.

– Perdona, Pitita, pero tenía que comentarte algo muy grave.

–¿Y qué puede ser grave a estas horas? ¿Es que no sabes que estamos de puente? Anda, vete a desayunar y luego te acuestas como un buen chico. Ya me llamas a la tarde, si eso.

–No, esto no puede esperar. Me duele mucho decírtelo, pero tu marido te engaña. Hoy lo he visto en una Poetry Slam con Namya Beaver, y estaban, como te lo diría, a brazo partido.

–¿Y eso es todo? Dime, ¿es menor la chica? ¿Tiene papeles?

–Bueno, se llama Carmen, en realidad, Namya es su nombre artístico. La conozco bien porque es de mi clase.

–Ah, ya sé, es Carmencita Juárez, una niña estupenda, hija de una amiga mía. Todo en orden.

–¿Cómo todo en orden? Tu marido adultera, abusa del poder del patriarcado para serte infiel ¿acaso no eres feminista?

–¿Feminista, yo? ¿Para qué? Mi Quique es un amor y a mí me gusta que se divierta.

–Pero, por favor, Pitita, no me digas eso. Para toda una generación, Quique y tú habéis sido un matrimonio modélico; un referente. Digamos que, como los mismísimos Ana Belén y Víctor Manuel, pero con otro rollo.

–Con otro rollo, seguro, Rogelito, pero, digo yo, ¿qué derecho tenéis las nuevas generaciones a pedir, ejem, a las menos jóvenes comportamientos modélicos?

Si las familias fuesen modélicas no se hubiese rodado nunca El desencanto ni Familia, ni La gran familia española, ni  Retrato de familia, ni Secretos de familia, ni….¿me podrías decir qué sería del cine y de la literatura de ayer y hoy mismo si las familias no tuviesen sus cosillas? Para que una unión se mantenga toda la vida hay que hacer pactos implícitos, negociaciones subterráneas, en fin, ese tipo de acuerdos por los que se ha avenido Cataluña y el resto de España durante tantas décadas.

–¿Pero tú no te has planteado nunca el divorcio, Pitita?

–Para nada. El divorcio es como el Brexit; un asunto que todo lo pone patas arriba y no beneficia a nadie.

–Me sorprendes, Pitita, ¿qué te parece si nos hacemos una comida en el campo?

– ¿En el campo? Ay Dios, Roger, ¿Y me puedes decir qué gano yo con eso?

–Ganar, nada, pero perder sí que puedes. Tengo yo aquí apuntada una lista de personas, a las que le interesaría mucho saber de las correrías de Quique en las Poetry Slam.

–Entiendo, en fin, ¿a qué hora quieres que te recoja? ¿Por qué carné de conducir todavía no puedes tener a tu edad? ¿No?

–No te preocupes, Pitu, yo tengo siempre quien me lleve. Tú apunta la dirección y estate allí sobre las dos.

–Pero si esto está…(Ay, Quique, me debes una…o dos).

Total, chica, que me enfile con mi Cherokee a las alturas de las afueras de Frigiliana, que la carretera se puso a caracolear y hasta dejó de ser carretera para ser carril, qué sustito, madre mía…

Me bajé del coche mareadísima, pero enseguida me alegré de estar allí. El restaurante era una cucada, así diseñado en plan cuevita como la concha de un caracol y, desde la terraza, se veían unas impresionantes vistas panorámicas de las montañas y los valles. Con tanto verde alrededor, casi me creí que era Heidi a punto de abrazar a su abuelo.

Cinco minutos más tarde y cuatro selfies después, vi llegar un BMW del que bajó Roger y, en un visto y no visto, volvió a arrancar para desaparecer.

Dejé que el chico pidiese el menú, pues conocía el lugar y eligió de la carta, solomillo y presa ibérica.

–¿Pero, Rogelito, tú no eres vegano como todos los jóvenes de tu edad?

Entonces se quitó las gafas de sol y me miró muy fijo a los ojos:

–Yo soy distópico ¿acaso no sabes que en España hay más cerdos que humanos? Hay que comérselos a todos. Si no, igual nos quitan el poder, como predijo George Orwell en “Rebelión en la granja”. Los cerdos son demasiado inteligentes y los humanos cada vez menos, porque han delegado su inteligencia a los móviles. Cuanto más inteligente es un móvil, más estúpido hace a quien lo usa.

–Y, según tú, ¿cuál es la solución?

–Enmendar la distopía; crear máquinas tontunas y robot serviles, que no se pasen de listos. Ni los replicantes sabihondos de Blade Runner, ni el desgraciado Frankenstein de Shelley. Hay que trasplantar a los robot los cerebros humanos adecuados, nada de inteligencia artificial.

–¿Y has pensado ya en el modelo adecuado?

–Pues claro, pon atención.

Entonces Roger tomó el móvil e hizo una llamada:

–Papá, ven a recogerme dentro de una hora al mismo restaurante donde me has traído.

–Claro que sí, Rogelito, y te llevo el plumón, que está refrescando- oí decir a Anodino Borrego.

–Tráeme también las pastillitas que tú sabes, que noto que me ha subido la fiebre.

–Mira, Roger, yo creo que mejor me voy ya. Mi Nachito salió de marcha ayer y seguro que también anda en cama pachucho.

–Pero si tiene ya 27 años, seguro que sabe cuidarse solo.

–Igual que tú dentro de diez años, distópico.

Fiestas de invierno

21 Dic

Llega la Navidad. El capitalismo se pone las pilas y se encienden todas esas lucecitas multicolores en nombre de la paz y la solidaridad y demás palabras grandilocuentes, que ya han pasado a ser conceptos vacíos, porque nuestra sociedad, gracias a las manipulaciones subliminales del sistema global, hace tiempo que no es sociedad propiamente, sino un conjunto de individualidades muy mal avenidas, por cierto. Somos, en fin, por ley de ciertas consignas de ese catecismo laico de confitería en tonos pastel, un batiburrillo de egos maltrechos en patética pugna con sus semejantes a cuenta del hueso roído de una triste chuleta.

En el antiguo colega, camarada o compañero -términos todos obsoletos- vemos sólo ya un rival en liza por un puesto de trabajo, no necesariamente digno. Recordemos, ante todo, que trabajo significa un salario con el que mantener -o intentarlo- a toda una familia. Eso que hoy día es un privilegio que toca a una de cada cuatro personas que lo codician y va pareciéndose un poquito a la lotería, el Euromillón o así. Lo que toca en estas circunstancias, las nuestras -recordemos- es odiar pues a dos semejantes, por lo menos, y hacerles bien la pascua en lugar de deseárselas felices con un beso bajo el muérdago.

Si en vez de mirarnos el uno al otro, mirásemos ambos en la misma dirección, descubriríamos al verdadero enemigo común y tal vez juntos lo podríamos combatir. “Es la economía, estúpido”, como dijo aquel y recordemos que, desde tiempos ancestrales, la economía consiste en que la mayoría ahorre para que unos pocos despilfarren, precisamente, los que manejan el tinglado (mira tú por dónde).

Bonito ejemplo de dicha práctica es que ahora el trabajo que corresponde a dos e incluso tres personas sea desempeñado por una sola, que además de cargar con una jornada laboral extenuante, carga con el odio de esas otras personas que se han quedado en el paro “por su culpa” ¿Por qué será que nos seguimos equivocando de culpable aún ahora que la saturación de la novela negra es uno de los muchos opios del pueblo?

“Es la economía, estúpido” ¿acaso no caemos después de tantos siglos a cuestas? Desde aquella pirámide social de la Edad Media de nuestros primeros años escolares, tuvimos que comprender que el pilar de una economía y, en consecuencia, de una sociedad consiste en que muchos vivan mal para que pocos vivan muy bien. Estos muchos sostienen con su precariedad a los gerifaltes y posibilitan, a base del pago de impuestos, la vida muelle de quienes los gobiernan en contra de sus propios intereses.

A cambio, los políticos nos entretienen, de vez en cuando, arrojándonos graciosamente desde su mesa bien provista, una pata de pollo para darle jaleillo a la jauría, que se morderá entre sí para distraerse del hambre, dividida en torno a debates que desgastan la energía y nada solucionan. Pero, en fin, tenemos entrada en la ópera bufa, podemos observar cómo se interpreta ese torpe sainete del Congreso, interpretado por actores mal zurcidos, que se insultan hasta tirarse de los pelos con desprecio absoluto de las reglas clásicas de la oratoria y la retórica y apostar por éste o por aquel como en una pelea de gallos para luego masacrarnos entre nosotros y concluir que el enemigo es el semejante y, en el colmo de la sandez, el inferior, ignorando que no hay peor enemigo que la ignorancia, esa trampa que nos han puesto a huevo. Por culpa de la ignorancia, creemos pensar y opinar cuando sólo repetimos consignas bien publicitadas, que nos despistan de los temas incómodos que tanto nos urge resolver por nuestro bien, o mejor dicho, nuestra salvación.

La economía, ese tipo de economía de la que hablábamos en líneas anteriores, perjudica seriamente a nuestra salud, pues entre los recortes en Sanidad se contempla que las enfermedades son un lujo que no nos podemos permitir la mayoría, a no ser que sean compatibles con el trabajo y parece que ahora todas sean compatibles, hasta un cáncer.

Al calor y la luz del alumbrado de las vísperas nocturnas de Navidad, voy en taxi hacia las urgencias del hospital privado que corresponde a mi obra social con un dolor inequívoco de rotura en mi hombro, que me impide mover el brazo izquierdo y allí, tras serme realizadas las radiografías pertinentes, el médico de guardia concluye en darme la buena noticia de que sólo ha sido una contusión, dicho lo cual, se ausenta de la consulta unos minutos, durante los cuales se persona un enfermero para ponerme el cabestrillo y, por fortuna, echa una ojeada a las radiografías.

-Tiene rotura ¿no se lo han dicho?

Se lo hace observar al médico cuando regresa y éste conviene en que el enfermero tiene razón, pero igual me manda a casa en un taxi. Esto no es nuevo para mí, en el primer día del verano me rompí tres huesos del pie derecho y otro médico de guardia del mismo hospital dictaminó que sólo era un esguince, lo cual desmintieron después dos traumatólogos de otros centros. Inicié entonces sesiones de fisioterapia que no pude concluir al ser reincorporada al trabajo y ahora se explica por eso esta última caída, ya que fue un paso en falso de ese pie debilitado lo que me hizo caer y romperme el hombro.

“Es la economía, estúpido”, ahora lo entendemos. Las hospitalizaciones son caras- incluyen menú diario- las operaciones son caras y es mucho más barato enviar al paciente a su casa y que se cure como pueda hasta que regrese al trabajo lisiado, pero hay que recordar, como nuestros mayores, que lo barato sale caro y el efecto placebo no sirve para los huesos.

La economía es incompatible muchas veces con la solidaridad y la piedad que promueve el espíritu navideño, aunque invite al gasto de la mayoría. Por mi parte, propongo llamar a estas fechas tan poco entrañables “Fiestas de invierno”. Nada más.

Operación “Ballena azul”

9 Nov

Un síntoma de que llegamos a la madurez es, sin duda, que olvidamos por completo que algún día fuimos adolescentes; que tuvimos también aquella edad confusa, caprichosa, en la que nuestro afán era distanciarnos cuanto más, mejor, de los patrones de conducta de nuestros padres. Se trata de una fiebre pasajera, aunque también fatal por imperativos biológicos, que remite en cuanto se apagan las últimas ascuas de la juventud.

Madurar-como dijo Antonio Muñoz Molina con otras palabras en alguna de sus magníficas novelas- es reconocer que, con el paso de los años, nos vamos pareciendo cada vez más a nuestros padres. Su fisonomía se acentúa en nuestras caras y, en un momento dado, caemos en que aquellas manías, que en otro tiempo nos resultaron fastidiosas e incluso ridículas, se apoderan de nuestro carácter; apuntar las obligaciones de cada día en una libreta o llegar al andén del tren con una hora de antelación, por si surgiera algún imprevisto. Queramos o no, nos volvemos prudentes, cuidamos mucho más las opiniones que expresamos en público y empezamos a considerar a las nuevas generaciones con cierta extrañeza, como si se tratasen de una raza aparte. “Estos jóvenes de hoy día”, ¿qué maduro no ha utilizado esta expresión desde el principio de los tiempos? ¿Y qué maduro no fue antes un joven estrafalario, por más que le falle la memoria? digamos que ese pequeño porcentaje de jóvenes prematuramente maduros son, normalmente, los que se desmelenan tardíamente, provocando escándalos en sus consolidadas familias ejemplares, de modo que más vale sufrir la fiebre adolescente, como el sarampión infantil, cuando toca. Una racha de desorden es necesaria para lograr el orden. Y, en esa racha de desorden, todos tuvimos nuestro gurú. Para algunos fue Bob Dylan, para otros los Rolling Stones o John Lennon o  Patxi Andion o David Bowie o George Brassens y Jane Birkin o incluso Alaska o Ramoncín ¿Quién no ha necesitado un referente para ser iconoclasta?

Por referentes, cayeron durante el siglo XX, vidas curtidas en las drogas, pero también mucho antes, sin necesidad de sustancias, me refiero a la novela “Werther” de Goethe, tan exitosa durante el XVIII en Europa, que provocó entre los jóvenes oleadas de suicidios. Suicidarse por amor se puso de moda. Parece extremo, pero no; la adolescencia es la edad de los grandes gestos, de la osadía…

Con un poco de perspectiva histórica, tampoco nos puede sorprender tanto el suicidio del menor de 14 años, acaecido el viernes pasado en Marbella. El muchacho saltó al vacío desde la terraza de un centro comercial, acompañado de otra menor, quien pensaba hacer lo mismo.

Ambos habían publicado sus intenciones en las redes sociales, por lo que un grupo de seguidores fueron a alertar a la policía, que consiguió salvar a la chica, pero llegó tarde para disuadir al adolescente de sus propósitos. Tal vez el suicida sólo quería llamar la atención y contaba con que su final anunciado fuese impedido por el alertado cuerpo policial, pero le pudo la impaciencia. Se ve que ella dudó y, en aquellos momentos de duda, fue posible el socorro. Eso sí, la turbación no le impidió pedir hacerse un selfie para colgarlo en las redes. El afán de fama por encima de todo, pues claro, ¿no andan también en eso los adultos? La fama, en fin, ese mal de siglo que envenena e iguala todas las edades en el infantilismo ¿pero quién ha promocionado esto? Primero los programas de niños prodigio, luego los O.T, los Gran Hermano y la ilusión de tener seguidores en Internet; una ilusión bastante ficticia, bajo la cual sólo hay negocio ¿alguien se ha parado a pensar en la materialidad de los supuestos seguidores? Raza frágil la nuestra y más frágil si tiene catorce años y un móvil en la mano.

Por esas redes se cuela el líder; ese líder que estimula los manipulables cerebros de los adolescentes a vivir experiencias emocionantes y culminar sus incipientes delirios de grandeza.

El líder, en este caso, es un joven ruso de 21 años, llamado Philipp Burdeikin, que ya ha sido detenido por crear el macabro juego “Ballena azul”. El juego proponía superar cincuenta retos, entre los cuales figuraba el visionado de películas de terror, la audición de música siniestra, las autolesiones y, en última instancia, el suicidio. Quien llegase a perpetrar tales desafíos demostraría pertenecer a una raza superior, entrando así en el clan de los selectos; una estrategia disuasoria que nos remite a los fundamentos de la ideología nazi y que funcionó para fanatizar a jóvenes e incluso menos jóvenes. Burdeikin, quien había estudiado psicología en la universidad sabía que aquel plan de seducción podría dar su fruto entre adolescentes, que ya han causado bajas, no sólo en Rusia, sino en otros puntos de Europa y América. Si bien comentan que el instigador contempla a sus propias víctimas con desprecio. Según  ciertas declaraciones, se siente satisfecho de haber depurado de lacras al género humano. Desde su psicopatía narcisista igual cree que bien se puede prescindir de criaturas tan influenciables.

Pero ni siquiera la falta de empatía, demostrada por el criminal, ha impedido que reciba en prisión un gran número de declaraciones amorosas, remitidas por menores. A cierta edad es difícil discernir la diferencia entre fortaleza y crueldad ¿qué podemos hacer?

Ciertamente, como ya dijimos antes, siempre hubo gurús equívocos, libros perversos y películas retorcidas que han servido de acicate para aleccionar y adocenar a los adolescentes en comportamientos nocivos, sin embargo, ahora la presencia de estas amenazas se ha multiplicado, pues el móvil se ha convertido en una extensión del cuerpo humano y de ser servidor ha pasado a ser tirano, también para los adultos. Las compañías telefónicas que lo saben han multiplicado sus exigencias. Si las recargas se demoran ,restringen el uso de internet y eliminan números de teléfono en la certeza de que el usuario obedecerá, pues ya está enganchado, eureka.  Si, en un primer momento, el aparato parecía regalar horas de conexión, ahora  que la conexión es adicción, las escatima, emulando la conducta de los camellos que regalaban la droga hasta hacer de los obsequiados drogodependientes que la terminasen pagando a precio de oro.

En esta coyuntura tenemos la opción de ceder al chantaje o decir basta de una vez. No podemos corregir los trastornos de conducta de los adolescentes si nos hemos contagiado de su propia enfermedad.

El feminismo es cosa de hombres

19 Oct

Asistimos, se dice, a un momento en el que las novelas de orientación femenina ganan terreno a las históricas y las inspiradas en la Guerra Civil. Se constata, si se tiene en cuenta que el premio Planeta ha sido ganado por el escritor Santiago Posteguillo, con la novela “Yo, Julia”, que relata las vicisitudes de una mujer de origen humilde que progresará de modo fulgurante en un mundo de hombres inmersos en la lucha por el poder político y que piensan que el liderazgo sólo les pertenece a ellos. Hasta ahí bien, aunque, según se sigue comentando lo hará usando sabiamente sus armas de mujer (esperemos a leer la novela para opinar sobre este segundo punto, pues la expresión armas de mujer, abarca un amplio espectro y, así de entrada, me resulta algo inquietante).

También la finalista de dicho premio, Ayanta Barilli, lo ha sido con una novela de tintes feministas “Un mar violeta oscuro”; una historia de tres generaciones de mujeres de una misma familia, a las que una figura masculina aboca a la locura y, según el jurado, “demuestra la evolución de la imagen social de la mujer”.

Es notorio que tras las huelgas y pronunciamientos del 8 de marzo de nuestro 2018 aún en curso, se ha reavivado el tema de la mujer, desde el plano reivindicativo, como argumento literario, si bien no es sólo abordado por escritoras, sino también por escritores, por lo que se puede interpretar, en lo mejor, una sensibilización del sexo masculino hacia la discriminación de las féminas o bien, en una lectura sesgada, su propósito de no perderse tampoco este tren, que lleva a destinos tan favorables. El caso es que, cada vez más autores, se apuntan a cincelar tramas con personajes femeninos para denunciar micromachismos, ensalzar feminismos y etc, etc…y, con ellas, se apuntan tantos sin perder compás en esta carrera de fondo.

No es cuestión de citar nombres, vayamos a incitar polémicas innecesarias, pero basta con echarle un vistazo a novelas de última hornada para comprobar la vigencia del fenómeno. Los escritores se han lanzado a cultivar este género exitoso sin perder oportunidad de ocupar un espacio, digamos, golosillo. Dice uno de ellos, “Ahora que el movimiento feminista está encendido, la voz masculina es todavía más importante para que el feminismo no sea unidireccional. No es una buena estrategia dejar la voz sólo a las mujeres, la igualdad es una cuestión de todos”. Pues claro que sí, hay que repartir el pastel, y no consentir que en la lucha por los derechos de las mujeres participen sólo las mujeres. “La voz masculina es todavía más importante ahora”, cómo no. En fin, sólo espero que, a fin de cuentas, nos quede un hueco en el fomento de esta lucha que, por más matices que se objeten, es nuestra. Si el feminismo va a terminar siendo también cosa de hombres, poco o nada nos va a quedar. Imaginemos que una generación de escritores varones se cubran de honores por defender la causa feminista y que las escritoras feministas o sólo femeninas queden en el olvido hasta ser reivindicadas, tras la muerte, dentro de cien años. Lo peor de la historia es que se repite más que pepino en gazpacho.

Ahora mismo se apuesta por visibilizar el papel de las escritoras de la II República. Hay que decir que la cosa llega con cierto retraso ¿pasará igual con las autoras de hoy mismo?

Cuando presenté mi primer libro de relatos, “Sola en el Mundo” en 2012, advertí de que la literatura femenina estaba siendo invadida por los hombres y el asunto ha ido in crescendo.

Por hacer algo diferente, pasé de los relatos con voz femenina a los relatos con voz masculina y escribí “Masculino Singular”. Y he de decir una cosa importante al respecto. Cuando un hombre se traviste con voz de mujer en la narrativa, merece todos los respetos, pero si es al revés, prolifera el rechazo. Por el anuncio de la publicación de este volumen, me llegaron bastantes descalificaciones, de masculinos que ni siquiera lo habían leído ¿A qué temían? me pregunto, ¿por qué, si es tan loable que los hombres se metan en el terreno femenino, no nos podemos meter nosotras en el masculino?

Por fortuna, han sido muchas las mujeres que han disfrutado con este libro y también los hombres que se dignaron a leerlo sin prejuicios. Esos sí que me parecen verdaderos feministas.

Conozco, lamentablemente, casos muy contrarios en gentes de doble moral, que públicamente se declaran feministas, pero apuñalan a la mujer por la espalda a la primera ocasión. De cara a la galería, son paladines que protegen a la fémina si sobre ella hay violencia física, sobre todo. Eso es muy bonito; es como ofrecer su tutela a un animal menor, indefenso, pero otra cosa es mirarla de igual a igual, ahí que no se atreva.

Ay, ay ¿vamos a decir que este país es feminista cuando ningún partido se atreve a nombrar como líder a una mujer? Y si hubo pretendida alguna ¿cuántas fueron las bromas pesadas a costa de su supuesta falta de inteligencia, a su funesta ambición o incluso a su aspecto físico y su modo de vestir?

Hay fachadas (nunca mejor dicho) que ocultan incluso un retroceso en la valoración de las mujeres. Por alguna deficiencia de ese catecismo de igualdad propagado, los jóvenes no perciben que la equidad sea un hecho respetable. En los centros educativos se celebra a bombo y platillo el día contra la Violencia de Género, pero sin tomar medidas se acepta que un menor (un menor puede tener 17 años y estar muy musculado) agreda de palabra y de obra a una profesora. Por lo visto, eso no está etiquetado como violencia de género ¿y qué es entonces? Escritores feministas, aquí tenéis un tema, ¿por qué no tratáis este argumento?

No vais ya a salvar a aquellas que fueron asesinadas irreversiblemente, sobre todo, si de eso hace 30, 40 o 100 años, pero en este asunto queda mucho que hacer. Si sois feministas, atreveos.