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Presiones a la prensa

13 Mar

El título enuncia una redundancia que va más allá de factores físicos. La prensa presionó y la prensa se presiona a sí misma en pos del bien común. La Asociación de la Prensa de Madrid denunció que varios profesionales de la comunicación se sentían acosados por Podemos. Un efecto de té con magadalena de Proust que me llevó a recordar las ocasiones en que he recibido llamadas en los muchos años en que llevo enfocando en público la actualidad desde el sillón de mi cuarto. Hablar por palabras contadas, si me permiten el remedo de aquel verso alejandrino. Quien trabaja en los medios de comunicación tiene, sin quererlo incluso, unos ciertos dejes de estríper. Los sabios mudos nunca se equivocan escribió el gran columnista Álvaro García. Quien tiene boca se equivoca, dice mi inmensa madre, y quien habla en público enseña sus defectos. El foco descubre que no mueve bien las caderas, los postizos o que ese gracioso lunar no es sino un artificio que cansa. Esos billetes que enganchan al biquini en mitad de la borrachera, se transforman en reproches e insultos cuando la bailarina mira hacia otro lado o desprecia el dinero del baboso que exhibe sus triunfos. Larra dixit. Como en todo oficio, unos se lo montan mejor y otros peor. Autobuses nocturnos donde ni suben ya los borrachos de última hora, parten a la vez que limusinas con champaña de la mejor cosecha. Sin embargo, la lupa y la exhibición a todos iguala, grandes o pequeños llegados a la mano del lector interesado son iguales. Cuando la firma que enjuicia lo que pasa en la calle es de difusión amplia, no faltará quien diga que escribió tal comentario por vendido; si el medio es de difusión reducida, pretende notoriedad. Ya digo, la presión que hizo nacer la prensa silabea una redundancia. Quien dispone de un espacio como este que ahora relleno es un ciudadano privilegiado y, al igual que la caballería romántica, tiene la obligación de defender a quienes considere sus señores, esto es, sus lectores, volubles como el deseo frente al espectáculo. Yo, en realidad, no quiero gustarle sino a mis jefes.

De regreso a la magdalena en té empapada, una buena parte de la clase política presiona y mucho; los que más, esos carguillos de medio-pelo que se postulan para mayores dignidades en el reino. Uno informa, no sé, de un gasto que se puede considerar suntuario, o de la infrautilización de recursos en tal sede, y ya tiene al prebostecillo o prebostecilla llamando con su mejor talante para dejar en el aire dos avisos. Uno, que vigila más que lee; dos que la lagartija puede ser dragón en un futuro y recordará quiénes fueron afectos a su causa. Uno opina que esa gestión no es brillante o que durante ese periodo se podrían haber realizado tales actividades mejor y ya tiene al politicastro, o politicastra, buscando allegados para conseguir el número personal del teléfono de quien tal descrédito se ha atrevido a teclear. Las informaciones falsas se pueden rebatir en otro medio, en el mismo, o ante el juzgado si atentaran contra la honorabilidad, presumiéndole honor incluso a nuestra clase política. Las opiniones son matizables con un simple artículo de réplica. Cuando las y los aludidos no recorren ninguna de ambas sendas, algo huele podrido al sur de Dinamarca. Nuestra clase política adora la barra de estriptís y los focos pero abomina la crítica. Se rompen la camisa cuando hablan de libertad de expresión y del derecho a disentir, pero desenfundaría el revólver cuando escucha su nombre en la plaza pública. La actual crisis, más allá de la económica, ha convertido a los medios en general en estructuras débiles. Las promesas a los trabajadores sobre la pertenencia o el destierro de futuros gabinetes de prensa institucionales o privados, el cierre de medios a causa del escueto consumo de información pagada, la excesiva, incluso total, dependencia de las subvenciones, imprimen las cartas de una baraja que despliega malos augurios para nuestra sociedad. Exceso de presión. La prensa puede presionar menos cada día por estar presionada.

4 thoughts on “Presiones a la prensa

  1. ¿Quién no recuerda el cuento del padre y el hijo que iban a pie tras el burro descargado y tras oír los comentarios de quienes se cruzaban con ellos optaron por que el padre, como más cansado, fuese montado en el asno y el hijo a pie? Intentar contentar a todos lo único que consigue es crearse enemigos en todas las parcelas, ya sean políticas, religiosas o mediopensionistas; las presiones seguirán existiendo y lo que no es de recibo es que quienes son los que más presionan, sobre todo a “cierta prensa”, se rasguen las vestiduras cuando no sólo hay comentarios en su contra,. sino cuando no tienen base para acusar.

  2. Hola, acaba de enterarse de su blog a través de Google, y encontró que es muy informativo. Voy a estar pendiente de Bruselas. Apreciaré si continúas esto en el futuro. Mucha gente se beneficiará de su escritura.

  3. El artículo que has compartido aquí es muy impresionante. Realmente me gusta y aprecio su trabajo. He leído profundamente su artículo, los puntos que ha mencionado en este artículo son útiles.

  4. Gracias por otra publicación fantástica. ¿Dónde más podría alguien conseguir ese tipo de información de una manera tan perfecta de escribir? Tengo un discurso la semana que viene, y estaba buscando más información.

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