Incombustible

17 Ene

Don Francisco de la Torre ya no se lo piensa. No sé en qué estábamos pensando los demás. Él lo tenía todo clarísimo sobre si presentarse de nuevo a alcalde en 2023, ay, perdón, que todavía estamos pendientes de lo que decida sobre el 2019. En 2023 no se representará. Habrá dejado ya el método Stanislavski. Aunque la seguridad que aparento al decirlo me encoja la boca hasta el ridículo, al tamaño de las florecillas de pitiminí. Beberé con pajita hasta que se me pase el miedo a equivocarme. Depende de cómo se encueste, lo siento, quería decir de como se encuentre. De su estado de ánimo y de su percepción ambiental, porque físcamente continuará estupendo, no me cabe duda. En 2023 seguiremos mayoritariamente peor que él, con peor memoria, todos calvos sin excepción, pero a Don Francisco probablemente siga creciéndole el flequillo, en su cuarta o quinta juventud, como los papas romanos. Don Francisco Sexto (derecha) nadará y saltará en 2023 como hacía en 2015. No sé cómo sería con 16 años pero presumo que el deporte y el cine han debido perderse a un superhéroe que dejaría pequeño hasta al mismísimo Johnny Weissmüller echándole una partidita al triatlón antiguo. Pero no me quejo. Hemos tenido la suerte de disfrutar de nuestro Tarzán particular como alcalde, con su mono de trabajo, durante casi dos décadas, y lo que nos queda sin casi. Nos lo trajo el efecto 2000 en una oleada provocada por un explotío de Doña Celia Villalobos a la altura de los túneles del AVE. Dejando paso. Y menos mal. Mira qué bonita está Málaga y olé.

Ya se sabe lo que ha decidido hacer De la Torre con su candidatura del 19. Aunque estaría mal dicho. Si se postula no será a candidato, será a alcalde directamente. Ya lo sabe él. Ahora que le han pasado las encuestas internas del PP ha encontrado la sartén de mando que le había escondido su concejal Raúl Jiménez, que es un bromista, en el interior de un contenedor de Limasa. Y ya no la suelta. La tiene agarrada por el mango con ganas, frunciendo el ceño como Gollum. Ya no se lo quita ni Juanma Moreno tintándose de rubio, por más que le siga dando la vara mientras, el pesado de Juan Cassá con la cantinela de que no lo apoyará si no disimula que le hace caso.

Don Francisco ya no se lo piensa, no. Sabe lo que quiere hacer. Quiere que quien le negaba, le suplique, sin él comprometerse a nada. Convencedme si podéis, repite órdago. Tiene agarrados los huevos que quiere freirse por delante, antes de decir si la boca es suya. Eso ha decidido viendo quién ganaría del PP en 2019 y quién perdería si él decidiera marcharse sin despedirse. Ha metido la margarita deshojada en un contenedor de Limasa, a ver si Raúl Jiménez la encuentra ahora, y se ha metido en su cocina, con sus estadísticas favorables bajo el brazo. A marear el agua. A silbar con boquita de pitiminí. De vez en cuándo su querida esposa oye el grito de Tarzán en la ducha de menos de quince litros olímpicos que se gasta. A la altura de una babucha dejaría a Weissmüller…

Don Francisco no parece dispuesto a allanarle el paso a su sustituto. Él sabrá sus razones. Yo preferiría la eficacia de Bendodo más pronto que tarde. Pero antes muerto que sencillo: si se presenta y gana, que sea por mayoría absoluta, pues otra parálisis como esta sufrida, cuatro años más, podría hacer estallar esta burbuja turística delatorreriana de humo y cartón piedra que le/nos sustenta. Maldita filoxera, aléjate de nosotros.

Sin mirada cómplice

10 Ene

Aún queda año y medio para las próximas elecciones municipales pero no hay cita en la que se encuentren el alcalde y el presidente de la Diputación Provincial, saludándose de pefil, que no desaprovechen los periodistas locales para preguntarles por sus respectivas carreras y sus planes laborales de futuro.

Que no soltarán prenda hasta el 40 de mayo, cuando fríamente les quede un año de mandato, según las directrices genovesas, debería saberlo ya hasta el más pintado de los plumillas novatos que asista a las ruedas de prensa que, cada vez con mayor asiduidad, ofrecerán D. Francisco y D. Elías como nuevos, viejos o ya retirados candidatos, a medida que se acerque la fecha en disputa pero, mientras tanto, el mismo interrogante, aunque previsiblemente retórico, permanecerá como imprescindible de reiterar, sobre todo cuando comparezcan juntos -o revueltos-, porque aunque estos dos grandes protagonistas de la política malagueña presuman de que no darán titulares sobre este asunto por más que les insistan hasta que lo decida y permita su partido, a nadie se le habrá pasado por alto que tampoco se cohíben a la hora de arrojar(se) sus mejores suplentes al terreno de juego, como puntas de lanza, sin preocuparse demasiado de disimular aprecios ni desprecios en el silencioso turno del otro, ni de contener la omisión sarcástica del desparpajo transpirable cuando no parecen estar de acuerdo con lo que escuchan durante el soliloquio del compañero ajeno. Ahora bien, con elegancia (por ahora), contestando lo que no dicen, diciendo lo que no piensan, pensando lo que no pueden. El alcalde con cierta condescendencia hacia el jovenzuelo, el presidente de la Diputación sin entender bien que, como un abuelo, constantemente le esté dando en público 25 pesetas para que se vaya al cine con los amigos, y aguante estoico, lo soporte mordiéndose la lengua, entre suspiros y arranques de aspavientos reprimidos, por su buena educación.

Por más que le pegunten al alcalde por Bendodo como su sustituto, más veces cambiará de tema o señalará que hay muchas personas capaces y preparadas para continuar con su labor. Y, sinceramente, no pienso que el alcalde y el presidente de la Diputación se lleven mal. Menos aún que se caigan mal. En ningún caso, personalmente. El problema, si lo hubiere, sería el de las sustituciones. Imagínense que saben que deben jubilarse cuando aún no quieren hacerlo. Y que alguien aprieta por detrás. Imagínense ahora que se sienten preparados para asumir mayor responsabilidad en su empresa pero el que ocupa el puesto, a punto de jubilarse, no te permite entrar a formar parte del equipo, ni te incluye en los planes ni proyectos en desarrollo. Imagínense encontrándose con quien te tocará la campana para quedarse con todo. El que te sustituirá. Al que sustituirás. Porque uno sustituirá al otro como alcalde o como delfín defenestrado pero, en cualquier caso, uno sustituirá siempre al otro, irremediablemente, más pronto que tarde.

En este sentido, el que tiene todas las números ganadores ahora mismo es Francisco de la Torre. Porque si lo sustituye Bendodo como aspirante a la alcaldía, se jubilará con todos los honores. Pero si fuera al revés, o sea, si es el alcalde el que sustituye a Bendodo, apartándolo de su rebufo, por cualquier otro candidato de su equipo, como la señora Porras -dios nos libre-, le obligaría a marcharse derrotado al retiro neoyorquino que le cayese, pero con menos sueldo y peor casa que Moragas, eso casi seguro.

Lo que no sabe el alcalde es que Bendodo no es un perdedor. Ni un jovenzuelo cinéfilo. La decisión no dependerá tanto de Francia como de Génova, por más que se empeñe y saldremos de dudas según vislumbre Rodrigo de Triana la cercanía de la tierra electoral en el horizonte. Y aquí todas las papeletas las tiene, las guarda pacientemente, Bendodo.

Archidontánamo

3 Ene

Tenemos un Guantánamo aquí al lado, en Archidona. Esta vez nos ha tocado la china de mirar hacia otro lado desde más cerca de lo que nos gustaría, así que apretamos los dientes para alejarnos cuanto antes y lavarnos las manos ya en casa, a buen recaudo de dudas y barrabasadas.

Nos ha pillado la polémica en el epicentro de la injusticia, pero sacándonos la paja del ojo ajeno de Tabarnia y no hemos querido ni sabido plegarnos por temor al contrapié de negar ahora nuestro nuevo y reluciente patrioterismo democrático recién estrenado. ¡Que no estuvieran! o ¡que no existieran!, nos repetimos secándonos la mugre de la ley que defiende nuestro Estado Social de Derecho, para convencernos de que africanos o pobres son porque quieren, y que nosotros no tenemos culpa ni opciones de cambiarlo, sólo un pequeñito orgullo incipiente nacional brotado por segunda vez en cuarenta años, tras lo de Iniesta de mi vida, por lo que nos merecemos alguna emoción rojigualda excluyente de vez en cuando, sin que nadie nos la moleste. La crisis nos convirtió en obedientes de miedo y nos mostró el camino para rendirnos felices, sin correr riesgos ni hacernos demasiadas preguntas. ¡Jopo!

Con la decisión de Zoido nos ha tocado la china pero junto al primer puñado, nos coló algunos subsaharianos pobres y otros cuantos magrebís sin derecho a soñar ni siquiera con algún artículo garantista de nuestra Constitución que los ayudase a ser considerados como personas libres. En realidad, no son chinos los que nos llueven por colocarnos una venda ante lo que está sucediendo en la pre-cárcel de Archidona, sino pedruscos contra nuestro amor propio y el sentimiento de vergüenza que nos genera el silencio, pues los obviamos como si no fueran con nosotros por la impotencia de imaginarnos de nuevo en peores circunstancias, con primas de riesgo y deudas, sin porvenir para nuestros hijos ni dinero para pagarle sus hipotecas, sin trabajo ni esperanza, sin puigdemones en Bélgica a los que tirarle tartas de merengue…

Los del Guantánamo archidonés son extranjeros por nacimiento, filiación o probreza, pero además son tratados como delinccuentes por motivos ideológicos incomprensibles que aunque la mayoría de españoles no apoyemos, consentimos por ese pánico sobrevenido. Nos tapamos los ojos, la nariz y la boca, y esperamos a que alguien haga algo para mejorar la situación de esos hombres condenados sin juicio a pasar un tiempo indefinido en un infierno a medio construir en un lugar de nuestra provincia, cerca de mi ombligo. Nos limitamos a rezar para que no nos alcancen de lleno en nuestras menguantes libertades mientras silbamos, como cuando cambiábamos de canal con los anuncios del hambre en Sudán, antes de que los odiásemos por ser todos piratas.

Resistiremos las pedradas de la conciencia sin querer ver ni saber nada de suicidios ni ahorcados en Archidona, ni antidisturbios prohibidos, ni imágenes emitidas por televisiones argelinas que puedan incomodarnos… Algo habrán hecho, aunque sea en otra vida, para merecer pena de cárcel sin delinquir, en una prisión que no lo es, sin juicio ni en espera de él. Algo habrán hecho.

Nos pueden abrir una brecha en un derecho humano pero ahí no duele, son como las patadas en las partes bajas del alma, que no sangran, sólo reconcomen. Estamos obligados a disimular nuestra profundísima indignación, a hacer ver que no sabemos nada pues si no, no se comprendería desde fuera que no estuviésemos ya desgañitados, por poner el grito de la decencia en el cielo.

Queridos reyes magos, no os pido que los salvéis, porque no sé de su existencia, ni lo que pasa, ni quiero.

Feliz Impasse

27 Dic

Nos encontramos en un impasse. No es un sitio, sino un momento. Bueno es un momento en el que te haces sitio en un rinconcito entre las cuerdas del espacio-tiempo para no estorbar, esperando a que transcurra un lugar poco definido en la cola del médico o en la de la charcutería de abajo. No preguntes, siempre nos tocará ser los últimos y los más pobres, entre villancicos y reguetones, así que calla y espera tu turno de Año Nuevo, que siempre llega con un pan, como los cotillones de los niños bajo el brazo. En silencio y en el sobaco, el impasse de las noches regulares, deshaciendo medio camino sin andar, siempre se hace más llevadero.

Entre Nochebuena y Nochevieja ni es Navidad ni deja de serlo. Se produce uno de los impasse más pronunciados del año junto a una pandereta que no sabes si usar o prestársela a tu primo que la toca tan bien en las largas salas de espera. Aceptas los amigos de facebook a los que dabas largas. Y es buena idea ocupar una tarde escribiéndole una corrección a la primera carta a los reyes magos, o repasando un relatazo corto de Suskind o Kundera con una aspirina a mano.

Entre Nochebuena y Nochevieja lo que hay son ganas de solidarizarse con las causas nobles y también se incrusta como un jueves, el día de los inocentes. Juntos, dan más juego. Una buena causa la distingue peor un inocente y si eres mala persona o, a ratos, travieso, te puede hacer gracia que la confunda. Malo, cuando el tonto eres tú sin propósito, o somos muchos echando el resto y la piel y, probablemente, nunca sepamos si la causa que apoyamos en su día fue buena, fuimos causa de broma o nos convirtieron, sin conciencia, en unos rebeldes descausados con enormes orejitas de burro o cuernos de reno, según las circunstancias entrañables.

Con el impasse navideño a cuestas, nos ha llegado Tabarnia con un lacito. Es verdad que despistados por los excesos a la mesa, aturdidos por el tráfico de compras y, puede ser que, tras sentirnos más patrioteros que habitualmente por culpa de setenta diputados mal contados, pero, sin duda que Tabarnia ha llegado y nos ha conquistado el corazón al primer pestañeo. ¿Que no saben qué es? ¿Recuerdan la isla a la que nuestros abuelos querían enviar a todos los vagos y maleantes? Pues ahí no. Tabarnia es, justamente, la costa de enfrente. La de la gente normal. La de los demócratas verdaderos. La de las personas dignas de ser condecoradas con entusiasmo por levantarnos la moral y la bandera. Enturronados, hemos descubierto en tierra inhóspita, el Paraíso. Como Aleixandre. De común acuerdo entre las redes sociales y los principales diarios españoles de tirada nacional, nos han desvelado la existencia de Tabarnia, todos a la vez, en el impasse del que les hablo, ¿casualmente?, con mejores mapas y fronteras de la que jamás tuvo San Borondón. Y allí, sabemos, viven los buenos, los ricos, los industriales, los que cuentan y nos importan, los que se salvan de la quema del desprecio mutuo y el boicot. Allí mismo, supongo, también residirán los giblaltareños que acaben en el cielo, los catalanes que sepan votar adecuadamente y los que recen cada noche por la salvación de Venezuela o para que no nos invada ningún sirio con presunción terrorista. Me da a mí que Tabarnia nos habrá llegado desde Rusia, con amor. ¿O no? Que será uno de esos bulos que vuelcan los de Putin en internet y que quieren prohibir desde el gobierno para no desestabilizarnos, ni que nos equivoquemos votando, como ocurrió con el Brexit o con la elección de Trump. Aunque no sé si Trump ya será de los buenos… Tendré que leerlo en algún sitio democrático, a ver. Quizá este ataque haya sido un contraataque, o sea, bueno o fenomenal. De la Carta de Rajoy a los Reyes Magos. Como, tal vez, bonito fue el discurso del rey, pero, ¿quién sabe? Les confieso que miro con recelo hasta al romano del castillo y a las dos lavanderas del belén. Será el impasse.

Joven, carbón y deportista

20 Dic

Hoy me he comprado el gorrito navideño en el todo a cien de abajo y probablemente ya no me lo quite hasta el 26, que es el día más soso de los que se vislumbran a corto plazo para abrazarnos. A partir de entonces comenzaré a concentrarme para entrenar la diversión obligatoria del 31, que ya sería mala uva aburrirme o que me diera sueño, y acabase la noche abrazado a la mantita hipnótica de las series acolchaditas, qué vergüenza y qué ansiedad, sólo de pensarlo. Me siento orgulloso de haberme retocado la rebeldía así con el rimmel del tiempo porque me ha permitido disfrutar de las pequeñas cosas de las grandes masas entrañables, sobre todo en estas fechas, y que durante tantos años me había perdido por servir al mal humor de la indignación y sus irritaciones políticas o económicas. Ahora, obediente y sin úlcera, aunque tan pobre como al nacer, me coso, remendón, como en el villancico, y le doy valor a otros consuelos de tontos, a los cosidos como dios manda, salvo alguna costura, citando a los dobladillos de Rajoy. Dobladillos pero felices, con hijos y tres reyes magos a los que alimentar. ¿Y para qué enderezarnos?, digo yo, si me miro al espejo y con la borla sexy ladeada hacia la derecha me reconozco más joven, guapo y deportista que nunca. Más sumiso y menos responpón, y con más tiempo libre para aprender a comportarme como un buen muchacho y a discernir entre quiénes son los buenos y quiénes los peorísimos, que nos alteran.

Yo supongo que, además de por la fecha, el arbolito y el belén, me siento amoroso porque con mucho esfuerzo y un cincel, los legisladores de los últimos años han conseguido hacer de mí un demócrata perfecto, a su imagen y semejanza. ¡Qué gusto! Esto debe ser el extremo Centro, del que tan bien se hablará en los libros de historia cuando hayamos muerto. A fuerza de recortarnos libertades, nos han convertido en más puros, más buenos, más justos, menos impertinentes y más fáciles de soportar y soportarnos.

El primer pasito, creo, lo constituyó la reforma de la ley de partidos del 2002, que para ilegalizar a los malvados, se incluyeron a los que “apoyaran politicamente la violencia y las actividades de las bandas terroristas”, sí, “justificaran el racismo y la xenofobia”, también, y, “a los que atentaran contra el régimen democrático de libertades”, y ¿estos quiénes serán según quién y cuándo? Algún mindundi que de democracia debía saber muy poco, como el Relator Especial sobre la promoción y la protección de los derechos humanos de las Naciones Unidas, puso esta ley en cuestión en su informe de 16 de diciembre de 2008 por considerar preocupante la limitación que hacía a la libertad de expresión. Pero la norma ahí sigue, vigente y velando por nosotros y nuestros malos pensamientos, como un dómine antiguo. Y se hace camino al andar. Después llegó la ley mordaza, que recortaba la actitud antidemocrática del que quisiera reunirse o manifestarse más de la cuenta o molestando mucho. Seguidamente, contra el mal gusto, incluyendo a los que tirasen pellizcos de monja a través de tuits, canciones o títeres, se contrapuso en 2015 una reforma del Código Penal para ampliarle el delito de odio o enaltecimiento del terrorismo a lo que es hoy, según el juez que la interprete. Y hoy mismo, me he enterado de la proposición no de ley del Grupo Popular en el Congreso contra las noticias falsas, ¿qué va a ser de mí si alguien no me ve tan joven, guapo y deportista como cuento pertinazmente? Como se ha tomado carrerilla en este asunto de mejorarnos socialmente poniéndole límites a la canción protesta, la expresión hiriente o el pensamiento errático, por nuestro bienestar, ya se apunta a la siguiente normativa, que también los Populares presentarán la próxima semana en la Cámara Baja, relativa a impedir el anonimato de los usuarios de las redes sociales. Bien empaquetaditos, con nuestro número en la frente, mejor estaremos y más calladitos, sin causar ningún quebranto al mal uso de las libertades excesivas, para las que no debemos estar preparados. ¿Qué será una mentira y qué noticias, verdaderas? ¿Dejará de existir Papá Noel? Estoy por salir ya del engorro este y quitármelo, por no molestar.