Si te fijas bien

20 Mar

Dios es mujer y tiene vagina. Es la Pachamama, la Madre Tierra, en muchas culturas vivas, vale que minoritarias y tal vez en extinción. Dios también fue mujer y tuvo vagina en las primeras representaciones prehistóricas de la divinidad, y su imagen no tenía nada que ver con lo que hoy llamamos diosas. Eran mujeres gordas, porque estar gorda cuando la comida escaseaba era un signo de poder. Para los griegos y romanos había muchos dioses, pero ellos ya tenían un jefe cargado de testosterona, Zeus o Júpiter. Llegó al trono sometiendo y desterrando a su padre. Violó a su madre con engaño y poseyó, por no decir que forzó, a cuantas diosas y humanas quiso. En las imágenes que nos han llegado, lleva el cuerpo parcialmente cubierto con una túnica y blande un rayo a modo de cetro del Olimpo.

No es ningún secreto que la iconografía del Dios Padre del cristianismo, desde el representado en la cúpula de la Capilla Sixtina, hasta el perpetrado en el más kitsh de los catecismos, bebe de las imágenes del Zeus del arte clásico, aunque convenientemente dulcificado, decorosamente cubierto y, solo relativamente, adecuado a los tiempos que van corriendo. En definitiva, sus representaciones son meras simplificaciones creadas para llegar a quienes tienen dificultades para dialogar con lo abstracto.

Precisamente sobre estas representaciones y su diferenciación de la esencia, giraba la obra de teatro que el colectivo cordobés Vértebro llevó el pasado fin de semana al centro cultural municipal madrileño Naves del Matadero, con el título ‘Dios tiene vagina’. En palabras de sus artífices, el montaje propone “una reflexión sobre la idea de que nuestra identidad no es algo inherente y que existe porque sí, sino que se imagina, inventa y representa”. Algo para lo que ellos se valen de la parafernalia de determinadas celebraciones religiosas cercanas a nuestra cultura.

La verdad es que semejante propuesta escénica, en pleno reinado de las superproducciones de comedia musical, resulta un tanto minoritaria, y por eso, imagino, una vez repuestos de la inquietud de ver en la puerta del recinto a un grupo de gente rezando el rosario, pensarían los comediantes que, como en el más logrado ejercicio de teatro participativo, el público estaba haciendo su contribución para completar el espectáculo. Aunque en su caso, los orantes y sus querulantes pretendieran que la obra no se celebrara por “constituir un delito de ofensa a los sentimientos religiosos”.

Pasando por alto el hecho de que no se hayan organizado grupos de personas rezando el rosario al admitir recientemente las autoridades de la Iglesia Católica que han conocido y silenciado durante décadas los abusos sufridos por niños y niñas a manos de sacerdotes, algo mucho más ofensivo contra los sentimientos religiosos, contra los Derechos Universales del Niño y contra el Código Penal; o dejando de lado la evidencia de que la Constitución Española reconoce el derecho fundamental “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”, se antoja raro que una obra de teatro programada en un centro municipal levante tanta polvareda, cuando apenas había llegado a ocupar espacio en las agendas de los periódicos o en las guías del ocio. ¿Pero cómo se enteraron? Me recuerda a aquel que, cuando Canal Plus empezó a programar películas pornográficas, aprovechaba el confinamiento del ascensor para soltarle al vecino de turno lo indignado que estaba contra aquella inmoralidad. “Hombre, lo ponen de madrugada…”, decía el vecino. “Sí, ¡pero imagine que estando desvelado, cambia de canal y se encuentra eso!”. “Ya, pero están codificadas”. “Sí, sí, pero si se fija usted bien, se ve todo”.

Ecotransporte

13 Mar

Hoy me he dado cuenta de lo mayor que soy por culpa de los patinetes. Los patinetes abandonados que no sé si son material robado u objeto de chufla, debido a mi ignorancia. Tienen un pilotito rojo encendido siempre, por el que, probablemente, sepa quien los domina -si es que lo consigue alguien-, que, a menudo, sobre todo de noche, los observo con curiosidad. Con curiosidad defensiva, para ser precisos. Si uno de estos artefactos solitarios, que descansan en equilibrio callejero sin propietario definido ni aparcamiento alguno, echase a volar, por más repentinamente que fuese, ni me sorprendería, lo digo en serio, porque llega un momento de colapso tecnológico interno en el que, abrumado, se te acaba la capacidad de asombro neuronal.

Para mi velocidad habitual de peatón, lo del patinete eléctrico, siendo sinceros, aún me desborda. Probé hace nada -para mis cuentas hace nada-, lo de subirme a una bici modernísima, al menos en ese momento, supongo que ya una reliquia antediluviana, de esas que se alquilan -o alquilaban- a través de un servicio municipal. No voy a recordarles ahora el extraño chanchullo por el que se contrató a la concesionaria como pago a otra deuda por la colocación de publicidad en las marquesinas de las paradas de autobuses, veinte años con De la Torre te acostumbran a estas cosas, sino de mi propia experiencia -muy corta- como ciclista maduro. Pretendí aportar mi granito de arena ecológico, como buen europeo, trasladándome en bici y no en taxi por la ciudad. Y me saqué la tarjeta de la EMT, haciendo cola en la Alameda. Y cargué el saldo pertinente en la misma. Y averigüé enseguida, que no se ha descubierto cosa alguna que nunca se olvide sin practicarla, cuanto más mejor. Ninguna. Si alguien que se cruzara en algún zigzag de mi camino aquella tarde deportiva, temió por su integridad, aprovecho aquí y ahora para pedirle disculpas. No, no había bebido. Ni gota. Ni tenía nada en su contra. Era como un imán, que me llevaba a acercarme más de lo debido a los seres humanos que paseaban y que, afortunadamente, se iban apartando a tiempo del atropello. También me pasaba con las farolas, aunque estas no ayudaban y permanecían quietas. Fue la falta de pericia la que me impelió a aparcar aquel objeto en cuanto pude y no volver a intentar usarlo jamás, hasta hoy.

Pero, a pesar de todo, no puedo negar que los patinetes de ahora, me atraen. Sobre todo cuando nadie me ve mirándolos. Tanto que no digo que me suba a uno alguna noche, no soy tan valiente, pero que lo toque, con cuidado, para ver qué ocurre, podría ser. Para comprobar si pitan, o qué sucede si los coges y los apartas, prudentemente de la acera. ¿Tendrán el freno puesto y haré el ridículo si intento moverlos? ¿Me verá alguien y se reirá de mí si no lo consigo? ¿Será fácil conducir un chisme de estos? Fácil para mí, pregunto. A veces, de vuelta a casa, cuando no me deja paso la pila de patinetes abandonados por calle Ferrándiz, me hago estas u otras preguntas. No contaminan. Un señor en patinete se dibujaba en cualquier ciudad futurista. En cualquier proyecto de bosque urbano del OMAU, que es lo más chic a lo que me puedo referir. Esto sería una maravilla hasta para Julio Verne. Patinetes y eléctricos. Repentinos. Hoy las ciencias adelantan que son una barbaridad. Pero y ahora, ¿por dónde pasan? ¿Quién los lleva? ¿Dónde los deja cuando acaba? Y si alguien se sube sin conocimiento y hace zigzag contra los seres humanos y las farolas, ¿a quién le rezamos? ¿Qué velocidad alcanzarán? Yo no tengo ni idea. Pero el Ayuntamiento, y esto es lo terrible, tampoco.

Maf de todo

6 Mar

El otro día, en el bar de abajo, surgió el tema de la cultura, ese extraño ente viscoso que cada uno entiende a su manera. La feliz discusión empezó sobre lo que cada uno consideraba como una persona culta. Los progres del fular señalaron primero a la gente del campo, claro. Como el acuerdo era unánime y no daba juego, pasamos al siguiente escalafón, devolviendo a Miguel Hernández a su sitio, frente al portal, adorando al niño. Culta era, como segunda ocurrencia, la persona que asumía sus tradiciones y en nuestro caso, apreciaba el habla malagueño, la gastronomía local o incluso el folclore de nuestra tierra y el flamenco. Hasta ahí. Ya hubo enfrentamiento en cuanto a la inclusión en esta categoría por consenso de bar del amor al Málaga Club de Fútbol, al Chiquito, a la Semama Santa o a la Guardia Civil. Ay, los toros, casi llegamos a las manos con los toros. No, reivindicar lo consuetudinario como culto, sin lavarse bien las manos antes, puede convertirse en algo excluyente y antagónico en este debate de excelencia, por basto. Para incluir la tradición en la cultura, ya tienes que venir cultivado de casa y no al revés. Esto nos llevó al tercer estadío aceptado entre los parroquianos de la noche: una persona culta es aquella que se ha formado en buenos colegios. Para ser culto hay que aprender a serlo. Esta acepción se aferra a los codos, al sistema educativo, a la retención de datos y a que puedas ganar una millonada si participas en un concurso televisivo con bote.

Ahora bien, para un tosco como yo, hablar de cultura se circunscribe al gusto por las bellas artes, la literatura, el teatro, el cine, el bel canto o el champagne rosé. A esto me quiero referir cuando aseguro ahora y aquel día de vinos (de la Axarquía), que Málaga no es una ciudad cultural, ni va camino de serlo. Soy malagueño tosco, como la mayoría de malagueños toscos y turistas toscos que nos saludamos por las calles, con amabilidad. No es culto quien va a un museo, sino el que va a un museo para disfrutar con lo que se va a encontrar. O al Cervantes, o al María Cristina. O a Ollerías. O al Albéniz. O a Luces. El que se acerca por curiosidad y valora cada obra como si encajara bien en su salón, es un tipo vulgar que nunca entenderá por qué aquél sí, y su hijo, que hace mejores garabatos, no. Málaga no es una ciudad de la cultura por albergar cuantos más cuadros mejor, lo sería si tuviese cuantos más disfrutones del arte, mejor. Y no es el caso. Ni va camino de serlo. Por la idiosincrasia, el campo, el habla, la gastronomía, el folclore, el fútbol, el Chiquito, la Semama Santa, el sol y el brut nature. Porque el interés por el arte no surge por generación espontánea, ni por empacho, ni por decreto.

Se nota que somos bastos en lo bastos que son nuestros políticos responsables de la cultura. Se les transparenta su ignorancia por su Noche en Blanco tremebunda, la del todo vale (nada) porque todo es gratis. La que intenta superar la cantidad de intervenciones sin reparar en la calidad. Porque no entienden. Porque no encuentran el motivo por el que alguien pagaría tanto por esa birria de Max Ernst que jamás colgarían en su salón. Y nunca lo entenderá. Qué chorrada de vanguardias. Por eso, no exagero –al menos esta vez-, cuando recuerdo la ocasión en la que se incluyó junto a otras actividades culturales sin parangón organizadas por el Ayuntamiento, una demostración del cuerpo de bomberos en el cauce del Guadalmedina. Porque diecisiete cosas que anunciar en un catálogo de diseño les pareció mejor que dieciséis, como siempre.

Y como soy tan tosco, y como somos tan bastos, ya ni me extraña que un buen equipo formado por gente culta, en cualquiera de los sentidos enunciados, consienta en incluir ese catálogo infinito de actividades en la previa del festival de Málaga. Maf por aquí, Maf por allá. Cuanto más, peor. Mañana, de 6 a 8 de la tarde pueden elegir entre asistir a las proyecciones de: Acusados, de Kaplan; el Séptimo Sello, de Bergman; el Gran Hotel, de Wes Anderson; o el documental sobre Antonio Vega. O acudir a alguna de las dos representación teatrales simultáneas, Dictadora, de la Compañía Raquel y Punto o Cásate Conmigo, del Grupo Teatral Ridhom. O a una mesa redonda. O a la presentación de un libro. Cualquier cosa que haga un particular se incluye en el abrazo del Maf y listo. Para toscos tontos, 170 citas mejor que 160.

Grupo De Whatsapp

27 Feb

Se ve que a nuestro alcalde, Francisco de la Torre, no le ha pillado esta nueva cita electoral con los hijos en edad escolar, porque de otra forma se lo hubiera pensado dos veces antes de proponer a la ciudadanía que le envíe por WhatsApp sugerencias para incluir en su programa de gobierno. Todo un acto de fe en la participación ciudadana o, tal vez mejor, en las posibilidades de las redes sociales como instrumentos de la nueva política. Si Donald Trump puede acongojar al mundo vía Twitter, ¿por qué no extremar la práctica democrática usando la aplicación que ha cambiado nuestras vidas?

Los grupos de WhatsApp son muestras fractales de la naturaleza humana. Están los disidentes silenciosos, que por silenciar, silencian hasta las notificaciones y terminan por no sacarles utilidad ninguna porque para cuando vencen la pereza y entran a ver, ya se les han acumulado cientos de mensajes. Están los árbitros naturales, que salen al quite de cualquier rencilla y tratan inútilmente de poner orden en el caos. Están, sobre todo, los desocupados, que reenvían cadenas de mensajes sin cribar que sean verdaderos o falsos, aparte del último meme que lo peta en todos los grupos, y hacen oídos sordos a quienes les piden mesura. Están, por último, los trolls, esos que siempre andan dispuestos a molestarse por todo y molestar por nada, sin piedad, aprovechando el relativo anonimato de la palabra diferida.

Pero no se preocupen, esto de nuestro alcalde va a ser más bien un buzón en diferido. Se recibirán propuestas y, advierte el alcalde, “las analizaremos y si son viables, las incluiré en el programa de gobierno 2019-2023”. Ha debido de costar un tiempo decidirse por la palabra “viable” en el anuncio de la iniciativa. Se podría haber dicho mayoritarias, pero las necesidades mayoritarias más obvias para la atención de un gobierno, como trabajo, vivienda, escuela, movilidad, una ciudad limpia y segura, etc, ya se sobreentienden, y hay otras propuestas o deseos que pueden ser más o menos masivas, pero en las que no terminaremos de ponernos de acuerdo: Feria del centro o Feria del Real, Semana Santa por el recorrido A, B o C, terrazas por doquier o limitación de ruidos…

Luego hay otras propuestas que van por barrios, y esas rara vez serían mayoritarias porque qué le importa a los de El Palo lo que haga falta en la Cruz de Humilladero y viceversa. Incluso dentro de un mismo barrio habrá quien pida una cosa y quien reclame su contraria.

Así que nos quedamos con ‘viable’. Para que nadie pida la luna y en todo caso permitir que se deslice alguna idea brillante cuyo peticionario o peticionaria (disculpen los de VOX el uso del lenguaje no sexista, le he cogido gusto) no reclame derechos de autoría. Viables eran también los instrumentos de participación ciudadana que durante muchos años se promovieron y trataron de desarrollar. Participación que implica al tejido asociativo, siempre dispuesto a aportar ideas, a la sociedad civil en general, a las vecinas y vecinos a título particular. Pero igual que es más fácil mandar un whatsapp para felicitar el cumpleaños que marcar el teléfono, es cierto que crear los órganos correspondientes para reunirse, debatir y tomar decisiones conjuntas, cuesta más trabajo que cubrir cualquier trámite por medio de un WhatsApp. Yo ya me he apuntado el número, 661859256, y estoy haciendo mi lista de peticiones. La primera es que en vez de un aburrido buzón que me agradezca haber participado, creen un grupo masivo donde todos y todas podamos comprobar en vivo y en directo la profundidad real de este tipo de iniciativas.

Precampaña

20 Feb

Visto y no visto, Pedro Sánchez abrió la ventana para que le viésemos el colchón nuevo y la manita de pintura que se había dado en la Moncloa y le pasó lo que a Brian en la peli de los Monty Python. Sin pijama, ni golpistas sediciosos, ni nacionalistas repantigados de chuletón, ni pseudoterroristas, ni amigos de baja por paternidad a los que agarrarse, se encontró desolado frente a sus barones, sin presupuestos siquiera que argüir como hojita de parra, ni libro creativo al que pasarle un programa de control antiplagio, ni nada de nada con lo que taparse las vergüenzas ante tal inmensa multitud silenciosa que se dibujaba en el horizonte y que lo observaba perpleja, muy sorprendida, sobre todo, de encontrarse con una legislatura tan, tan, tan chiquitita.

Así que, por desistimiento, estamos otra vez en precampaña electoral, que es lo mismo que estar en plena campaña pero fuera de plazo por delante. Se avecinan generales, municipales, europeas y las únicas que hemos solventado ya, apenas hace dos meses y medio, aún con la desgana que plasmaron sus bajos índices de participación, comienza a hacer aguas. Lo dejamos en aguas menores pues, si bien es cierto que Abascal, la cara visible de VOX, ya ha amenazado con que su formación no aprobará los presupuestos que prepara el equipo de gobierno de Juan Manuel Moreno para Andalucía, no debe interpretarse como un hecho alarmante, pues verter amenazas es inherente a la esencia de una formación de ultraderecha como esta que nos ha salido en la chepa, procedente de la víscera más oscura del PP, que centra su discurso en propagar un miedo insuperable en la sociedad, necesario para que cale la idea de que una formación fuerte, disciplinada, orgullosa de sí misma, que no se deje amilanar ante nada ni nadie, es la única capacitada para enfrentarse a los graves peligros que nos acechan. Podrían haber amenazado con romper el pacto por las normativas que defienden la igualdad de género, o por las que dignifican al ser humano provenga de donde provenga, pero esta vez toca ponerle el acento del terror a las leyes de memoria histórica, la de los huesos de los abuelos tóxicos, que tienen que derogarse, según acuerdo de legislatura o ruido de buenas personas, según qué santo patriótico lo interprete. Más agua turbia que la que pueda derramar nunca este mal socio de gobierno minoritario, expulsó ayer el CIS, abriendo las compuertas de los datos científicos que sostienen que si hubiesen votado los que no acudieron a las urnas el 2 de diciembre, el PSOE seguiría eternizándose en San Telmo. Una información oportuna o tramposa, según se mire, sin que una cosa excluya, por supuesto, a la otra.

Mientras esto ocurre en Andalucía, el Parlamento Europeo publicó anteayer un sondeo que augura la victoria holgada del PSOE en las elecciones que directamente le conciernen, sin que Casado pueda criticar, en esta ocasión, la imaginativa creatividad del chef Tezanos en la cocina. Está el líder de la oposición callado y tranquilo, puede que por primera vez desde que dejara de soliviantarse por culpa de su máster especial del universo, cuando aún era un político moderado de centro. Bueno, de centro derecha, como dios manda. O de derechas, en vías de centrarse. Vale, de Aznar, y lo dejamos ahí.

Para las generales, Ciudadanos ya ha tomado partido. Mejor dicho, ha eliminado partido. Pero si las amenazas de VOX no deben alarmarnos por formar parte de su sinrazón de ser, tampoco que Ciudadanos anuncie que no pactará con alguien, debería. A la secuencia histórica –tan, tan, tan chiquitita- me remito. De hecho, el partido de Rivera ya ha empezado su precampaña sin candidato a la alcaldía en Málaga rompiendo su acuerdo con el PP (en realidad, decir PP refiriéndonos a Francisco de la Torre, es mucho decir). Lo ha roto porque Pomares, Porras y Cardador -miembros del enredado equipo íntimo del alcalde- han sido citados como investigados por el titular del juzgado de Instrucción número 8 de Málaga. En definitiva, todos están, estamos en precampaña. Todos, menos De la Torre, que está entretenido tirándose piedras sobre su propio tejado en la aldea de Astérix. Dicen, los que lo conocen en la intimidad que, mientras le da patadas a una lata, se le escucha susurrando reflexivamente “investigación, informal, imputación, formal, no es lo mismo, que es igual”, con música de Perales.