40 años no son nada

21 Jun

El otro día me acordé de mi padre. Le gustaban los toros. De hecho, yo heredé la capa que le hizo mi abuelo con un palo y una tela vieja para que disfrazase sus ímpetus infantiles. Mi tía contaba que se le pasó la afición por un desencuentro juvenil con una vaquilla en los arrabales de Casablanca. El desgraciado fallecimiento del torero Iván Fandiño me removió las entrañas porque oí en la telesobremesa que había comentarios en las redes sociales de personas que se alegraban públicamente del terrible suceso. Por supuesto, informaron también de que había otros usuarios que expresaban su repulsa e indignación ante esto y que incluso había quien pedía que la justicia actuara para frenar a estos desaprensivos.

El mío, como todos los padres del mundo, era muy buena persona y podría imaginármelo con un ordenador o incluso en twitter, bloqueando a ineptos y a provocadores que no tuviesen ánimo de debatirle las ideas sino de enfurecerle con crueldades, pero no me cabría, ni dibujado, exigiéndole al mundo ese ilícito de buen demócrata bondadoso que se va extendiendo por nuestra sociedad y que exige tipificar a los malvados, callarlos o castigarlos, por despreciables apologetas del mal común, como ocurría en la peor época que padeció mi propio padre en cuanto a la ausencia de libertadas, cuando imperaba la ley franquista de vagos y maleantes.

Él, que se libró de esa ley por suerte, por trabajador y por ser considerado buen cabeza de familia según los cánones de la época, no sé si pasaría hoy el mismo corte de los buenos, por más solidario y cariñoso que fuese. Porque no era mal hablado, ni solía elevar el tono de sus discusiones pero cuando lo hacía, siempre lo pagaban los mismos. En esas especiales ocasiones -recuerdo como si fuese ayer el lamentable incidente entre un armario y su pulgarcito-, maldecía escatológicamente acordándose del infausto dictador omnipresente, y cuando mi madre o mi abuela corrían a suplicarle que bajase la voz porque podían oírle los vecinos, recurría a calmarse la ira con el segundo que encontraba a mano: san pito peto. Franco y la iglesia siempre pagaban.

Hoy día, -¡lo que son las cosas!- dudo sinceramente que pudiera hacerlo sin posibilidad de ser denunciado por difundir el odio ese que nos atenaza el pensamiento hasta deformarnos los chistes de mal gusto en algo peor y obsceno, criminal o maligno. Con el Escorial habríamos topado. Ahí estaría el viejo, ya les digo, apoyando a Dani Mateo y el Gran Wyoming subversivamente, con su portátil y 140 caracteres disponibles. Quieras que no, como hace 50 años, mi madre le seguiría regañando para que escribiese los apoyos ideológicos en letra bajita, con el fin de que no los leyesen los vecinos tuiteros, garantes de los comentarios legítimos que se hacen como dios manda.

¿Cómo se van a poner puertas al campo, papá? ¿Cómo se va a prohibir la maldad de pensamiento o por escrito? ¿Cómo, las ideas equivocadas? ¿Qué sociedad libre puede confundir a titiriteros, cantantes, poetas, cómicos o malvados con terroristas? ¿Los de la transición no podéis levantar la cabeza?

Por culpa de estas cosas sin sentido, el otro día me acordé de mi padre y de su generación. Se cumplían 40 años de no se qué. Y los de Podemos no quisieron desayunar con los medios de comunicación injustos, ni con los que mienten… o sea, los hostiles. Por malos malísimos. Ahora hay malvados en todos lados, por lo que se ve. Afortunadamente papá, por vuestra culpa, la mayoría seguiremos del lado de los que piensan diferente a nosotros anteponiendo su defensa a cualquier ideólogo del bien que los señale, los humille o los castigue. Bendito régimen del 78. Benditas lecciones.

Como la del 87

14 Jun

Ayer fue día de mala suerte para Iglesias y Rajoy por las comparaciones. Odiosas porque ya no somos esos bisoños ciudadanos a los que se les acababa de otorgar la democracia por el empeño de Victoria Prego y el gracejo divino del rey pero, sobre todo, tediosas porque tampoco están ellos a la altura de los políticos de entonces, según consta al menos entre las líneas maestras de nuestra memoria. No sólo los beatificados Suárez y González fueron protagonistas de la moción del 80, allí estaban Guerra, Fraga, Carrillo, Miquel Roca, Rojas Marcos Bruto… Tal vez Hernández Mancha Panamá no hubiese desmerecido tanto en el debate de ayer, integrado en el grupo mixto, explicando su voto entre la representante de Coalición Canaria y el del Foro Asturias, perdiendo otra vez los papeles, pero entre Gutiérrez Mellado y el representante de la Unión del Pueblo Navarro de ayer, no habría color. No habría color sepia en las portadas de los periódicos ni en el pensamiento de la única cadena que había y en la que seguimos el debate con interés, o eso pensamos sin perspectiva histórica.

El interés de ayer fue menor, según la teoría de la valentía en la mili. En eso todos estamos de acuerdo sin que llevar razón importe demasiado. El principal problema de la moción de censura que se inició ayer y que concluirá hoy es que nos han pillado confesados, eso sí. Descreídos. Ya no confiamos en que la capacidad de oratoria de nadie sea capaz de cambiar el voto dubitativo de ninguno. Podemos ahorrarnos las doce horas que darán como resultado el mismo apuntado en los periódicos al inicio. El punto de partida y la meta coinciden en el espacio en un viaje en el tiempo, comparable quizá a la moción del 87, que Alianza Popular presentó contra un gobierno socialista en mayoría absoluta. Aquello fue tan inútil como la presentación en sociedad del único presidente del partido de la derecha española que ha sido elegido en primarias enfrentándose a algún contrincante. Hernández Mancha ganó a Herrrero de Miñón y se envalentonó a su peor gloria, promoviendo una Moción de Censura sin escaño contra González y sus 183 diputados.

Pues la de 1987 se parece mucho a esta que hoy se ha votado en esto mismo, porque si bien Mariano Rajoy no cuenta con mayoría absoluta, Pablo Iglesias sí posee la minoría absoluta. Absolutísima. Podría ser el político peor considerado por sus colegas del Congreso en la historia de la joven democracia española. O eso se le supone. Es el más vilipendiado en la prensa de PISA, seguramente, y de los peores valorados por los ciudadanos en las encuestas del CIS, esto contrastado. ¿A dónde va?, perdón, ¿a dónde iba? Pablo Iglesias perdió credibilidad tras las luchas internas de su partido y protagonismo, tras la victoria de Pedro Sánchez en las recientes primarias del PSOE. ¿Qué le quedaba por ganar con tanto perdido?

Todo.

Para empezar, podría haber derrotado dialécticamente a quien hubiese representado al PP. Haberlo llevado al patatús anafiláctico acuciándole por los casos de corrupción que les/nos atosigan. Una vez noqueado, subido al lomo del diputado de segunda fila, haberse colocado la pana de González como la chaqueta verde de un golfista anudada a la cintura al estilo maleducado de Braveheart, lanzar un discursito fraternal de los de Michael Landon en Autopista hacia el Cielo que provocase a Rajoy y lo obligase a defenderse de una retahíla de propuestas, medidas y promesas ilusionantes, de gobierno o esperanza, hasta dejarlo sin palabras y con una sola pregunta posible que hacer en su turno réplica: ¿y la europea? Perder así no hubiera dado lo mismo. Pero la de ayer fue como la del 87. No está hecha la moción de censura para la boca del mediocre. Y Rajoy replicó tan mal a Irene Montero como a Iglesias. Con suficiencia. Y lo que no iba a servir para nada, para nada servirá salvo para recordar sus titulares en blanco y negro cuando todos seamos calvos (si Pedro Sánchez no lo remedia en su segunda parte).

A Invader le faltó una

7 Jun

Desde la semana pasada venimos sufriendo un nuevo episodio del saco de despropósitos de la pseudocultura cateta en la que vivimos, concebida por nuestros políticos artistas como respuesta a la afrenta sufrida por las injustas valoraciones del jurado que decidía el mambo en 2016. Se van a enterar, se oyó decir a los encargados de la cultureta local, recogiendo bártulos y vídeos promocionales de vuelta a casa, y ¡digo!, si nos hemos enterado.

Algo le susurró Fernando Francés al alcalde sobre los cánones y, desde allí hasta aquí, una noche en blanco continua, con la cultura del mando a distancia por bandera, sin que haga falta que leamos para comprar libros que decoren las repisas de nuestras mejores avenidas, ni creadores que pinten algo en el proyecto de paraíso que se dibuja en las colas para hacerse un selfie con Marina Abramovic. Porque la propuesta de Málaga es la del arte rápido para cruceristas; la cultura de la chancla que produce camareros expertos en la etapa verde de Picasso; es la del sol y el chanquete prohibido en el Pompidou, único museo que en Málaga se llama distinto que en el resto del mundo, del mundo provisional, que tan poco nos atañe, que se mueran los feos.

El arte moderno del alcalde y su experto miembro de la orden del imperio británico de confianza es el que se susurran al ombligo y se esfumará como vino, con un brindis para que resista la fiesta de la espuma sin estallar tres años mejor que dos. El plan de la ciudad es el del Museo de Museos de las Gemas en el Astoria llegando en funicular o en barco desde el Guadalmina con internet y biznaga gratis. Si tiene la ocurrencia el alcalde, en góndola mejor que en metro. Y que salga todo en los periódicos para colapsarnos de millones y millones de expertos en arte que alquilen todos los solares para dormir al fresco y nos restañen las heridas.

Pero como les decía, esta semana nos han deleitado con otro espectáculo bochornoso en el que han intervenido un artista francés de incógnito, un obispado entero, la oposición municipal, el alcalde y el sastre que lo dejó desnudo hace unos años a cambio del CAC. Y por si fueran pocos, se van uniendo las añejas fuerzas vivas que sostienen el guirigay de la cultura rancia ciudadana, o sea, los amantes de los bodegones y las marinas de las exposiciones conjuntas en las que participan familiares o médicos de cabecera, del arte sacro persignante en general, del rejoneo y los que escriben poemas secretos en la intimidad… Pues todos juntos han participado en ¡un ataque de Invader! Me río un momento y sigo, disculpen. Invader vino, midió y venció -o eso creía cuando acabó su tarea- y añadió una muesca más a su palustre. Presume el artista de haber decorado, o criticado, o regalado, o lo que sea que haga, sesenta y tantas ciudades en más de treinta países con su gracia, alicatando el paisaje. ¡Y se le ocurre hacerlo en Málaga! Con los capillitas. Con los que odian a Banderas por ser rico o lo quieren con locura por tener éxito. Y va el tío este, provocando, y nos pone cemento cola en una pared de la Catedral. ¡Ah, no!, que no era en la manquita, sino en la perfecta fachada Bic naranja del edificio del obispado. Y se queja parte del clero. Y el alcalde vuelve a hablar de más y sostiene que la obra de arte puede enriquecer la ciudad porque el artista es famoso. Se lo ha chivado al ombligo Fernando Francés, que vuelve a ponerse rojo de ira señalando que los azulejos que ha puesto Invader pueden ser más valiosos que el edificio entero. Y el PSOE exige que derriben la obra de Invader antes de respirar. Y nos hemos vuelto locos. De tontos a locos por una estupidez que del Supremo parece que irá al Constitucional. Calladitos estamos todos más guapos. ¿Saben que el mercado del Molinillo que se nos cae es Bic? Bic cristal. Y el PSOE no vocifera ni le pide cuentas a la Junta, ni a nadie. Y Don Francisco, ni mira. Qué pena que Invader no lo haya atacado, oye. Qué pena.

Tengo un paralís

31 May

Leyendo los periódicos de la semana pasada, pudiera parecer que Málaga avanza retrocediendo a paso firme, al ritmo que le impone un equipo de gobierno que empieza a reconocerse exhausto, supongo que en su intento de alcanzar a Francisco de la Torre en su huida hacia adelante. ¿Hacia adelante? Creo que ya nadie, ni siquiera en su partido -si no menos-, se atrevería a asegurar hacia dónde se dirige exactamente este hombre-rayo que nos gestiona el interés general como Gollum su tesoro. Ni, lo peor, cómo se le podría sujetar para que se tranquilizase un ratito y nos calmase las prisas a todos.

Desde que entró en esa corriente de resaca que paraliza la ciudad, sus brazadas permanecen constantes, menudo es D. Francisco cuando se empecina en algo, y sigue sin dar muestras de flaqueza, pero cuando se observa que a pesar de semejante esfuerzo no consigue avanzar y que tampoco ha reparado en la señal que le indicaba el callejón sin salida en el que se incrustaría en caso de superar la marea, sólo cabe que nos echemos las manos a la cabeza, maldigamos, o recemos lo que nos quede, para que ni se ahogue, ni nos hunda a su rebufo. En 10.000 años, todos atlantes.

Ahí está lo del Astoria. Para qué insistir en el tema. Sólo son 20 millones tirados y otros 45 que supuestamente iban a invertir empresas privadas en el agujero. Y se lava las manos, como si con él no fuese la cosa, ni por parlanchín. Ahí va, ¡corriendo a otro fuego! Primero lo prende y después lo (a)pagamos. Peor lo tienen los ediles que lo siguen, últimamente aflojándose las corbatas del instinto con el pañuelito de seda en la frente, aliviándose un respiro ante sus malos síntomas cardíacos. Siempre en urgencias. Sin ir más lejos, el otro día, en el Pleno, se perdió una votación porque seis ediles salieron a mirarse su lengua fuera en el pasillo. Cuatro del PP y dos de Ciudadanos. Iban a decidir con 16 votos a favor contra 15, que se daba carpetazo al asunto del Museíto de las Gemas. Sin su voto, en cambio, se llevarán las conclusiones de la comisión de investigación al juzgado. ¿Ven lo que les decía? El Astoria, El Museo de las Gemas, lo mismo siempre. Ahí va, nadando a contracorriente mi alcalde. Este quiere dejar un legado en la historia de la ciudad antes de retirarse. Y a poco que le dejen… Que alguien me persigne.

Pues esta semana además, el día de la marmota nos ha traido los terrenos del parque rascacielado de repsol. En serio, otra vez se han removido solos en su tumba. Que si edificios, que si votamos, que si parque… Nada. Un solar contaminado, como fue y será, mientras este flautista de Hamelin, Forrest Gump de la cultura de franquicias, piense lo que considere mejor para nosotros y se ponga a deshacerlo. ¿Se acuerdan del Polo Digital de los ascensores del PSOE? Dos millones y medio, ¿tirados? Ahora el PSOE pide cuentas. ¿Se acuerdan de la compra de las cámaras de Onda Azul que nunca llegaron? Se solucionó con un cabeza de turco despedido al que el juez ha eximido de todo pecado y ahora tiene que ser readmitido o indemnizado. Nada se arregla, nada se cura, nada funciona.

Esta semana ha tocado también el Metro al Hospital Civil. ¿Cuántas veces nos habremos subido en alguna de sus paradas en falso? Pues ahora, que sí, y De la Torre mirando a Torrijos, con una revolución ciudadana que él mismo se inventó, con la que no sabrá que hacer de aquí a dos carreras y dos concursos de ideas nuevas.

Y lo que más me aterroriza: ahora quiere solucionar el tema de Limasa en un mes. Sin el informe que pidió a su propio edil. Prefiere municipalizarla, contra la opinión del PP malagueño. Él mismo, por su cuenta y riesgo interpreta que no le afectarán las dos disposiciones adicionales que plantea el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para limitar las operaciones de municipalización de servicios públicos. Y el deshará, aquí también, lo que crea conveniente, hasta llegar, otra vez, a ningún sitio.

Miguel Ángel Manuel

24 May

En Málaga tenemos un político que no nos merecemos. Se llama Miguel Ángel Manuel Heredia. Es de la estirpe de políticos esos que gustan tanto en las tertulias del Canal 24 horas, los de la izquierda moderada. Ciertamente no me explico los motivos que pueda haber para que no se prodigue más en los teledebates amables donde cualquier socialista puede abstenerse a pierna suelta sin sentirse incomprendido ni menospreciado. Será que le ocupan más menesteres de los que consigue aplacar apuntando nombres y apellidos de los que asisten a sus actos, persiguiendo el interés general. De hecho, por el acopio de cargos orgánicos que ostenta y el alto rendimiento que revelan las escuchas que se le han practicado, no me atrevería a incluirlo exactamente en la casta de los fontaneros, a la que pertenece con orgullo Susana Díaz, más bien lo incluiría en el cuerpo oficial de limpiadores, por la facilidad que tiene para meterse en todos los fregados del PSOE. Se ha hecho famoso con un pañuelo en la cabeza y una garrafa de lejía en la mano, saludando a cámara, por fin, tras 21 años en el Congreso de los Diputados, superando aquel premio Limón que le otorgó la Asociación de Periodistas Parlamentarios en el 2001 por considerarlo el diputado desconocido del año. Pero ya no. Ese Miguel Ángel Manuel era otro. El nuevo ha saltado a las páginas de actualidad porque le han pillado jurando en polaco en la intimidad.

Los que poco lo quieren, critican al secretario general de los socialistas malagueños por considerarlo un pelotari chaquetero. Fruto de la envidia. Puede ser que haya contribuido a que primero José Antonio Griñán y después Susana Díaz se impusieran en procesos internos, ya fuera en congresos o primarias, y hasta habría que reconocer que su trabajo fue esencial a favor de la candidatura de Pedro Sánchez cuando fue elegido secretario general en julio de 2014, contra Madina. Está bien, también se le vio cogido de la mano de Madina en el derrocamiento del octubre rojo, impar y pasada, a Pedro Sánchez, vale, pero no estoy de acuerdo con los que lo señalan como siniestro personaje urdidor, decisivo en las sombras del partido. ¿Pero no le veis la fregona? Este no urde nada, como mucho, medra, y si ha sido decisivo en algo en su carrera política, claramente, en la derrota del otro día de Susana Díaz. Adiós al Partido Susanista Obrero Español.

También, sus enemigos afirman sin pruebas que Miguel Ángel Manuel Heredia gana congresos pero pierde elecciones. Eso es inquina. Una rotunda falsedad. Desde que fue elegido secretario general de los malagueños en julio de 2008, ha sufrido dos elecciones municipales, en 2011 y 2015; dos autonómicas, en 2012 y 2015; y tres generales, en 2011, 2015 y 2016. Una de siete las ganó. ¿Qué más se puede esperar de él? o, mejor dicho ¿qué más se le puede pedir? ¿No lo ven? ¿No lo siguen? Ha tocado techo y está agarrado a la lámpara, poniéndose a disposición de Pedro Sánchez, para lo que necesite.

Y sí. Yo abogo por Miguel Ángel Manuel. Habría que darle otra oportunidad, Pedro. Cuando se equivocó identificando a Rufián en el coche que no era, sirvió una mala venganza fría, pero soporta bien el ridículo, con entereza, está acostumbrado. Mira para otro lado, como si con él no fuera la cosa. Y tener a un encajador así, es bueno para el partido. Si lo graban inventándose lo de Toxo, llamando cariñosamente hijaputa a la señora Margarita Robles o considerando enemigos a Podemos y adversarios -qué caballero- a los amigos del PP, sostiene que forma parte de su privacidad…

Acepte la predisposición de Miguel Ángel Manuel Heredia, señor Sánchez -oh, qué torpe, ¿por qué le habré añadido continuamente Manuel a su nombre?-, ahora bien, no le pida que gane elecciones, porque para eso, no sirve. Ni que salga del aparato para rodearse de la militancia. Para eso, búsquese a otro. O espere sentado, otros cuantos años, a ver qué más hace falta que destroce para que algún día dimita.