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Enseñar desde el cerebro del que aprende

9 Feb

El foco de la didáctica debe trasladarse del que enseña al que aprende. No tiene mucho sentido decir que enseñamos muy bien si nadie aprende. No es lógico hablar de calidad de la enseñanza cuando no existe un buen aprendizaje. Es como el comerciante que dice: ”Yo vendo, pero no compran”. Si nadie compra no se podrá pensar que tenemos un buen vendedor. O lo que vende no vale para nada, o pone unos precios excesivos, o hay una competencia eficaz, o quien vende tiene un carácter insoportable, o no está en el mercado a las horas en que los clientes compran. No hay calidad de ventas si nadie compra.

José Antonio Fernández Bravo, excelente profesor, magnífica persona y entrañable amigo, publicó en 2017 un opúsculo que lleva por título el que le he pedido prestado para este artículo. Con algunas de las ideas y anécdotas de ese opúsculo (se las he escuchado también en alguna conferencia) está circulando un vídeo por la red en el que, con algunos significativos ejemplos, hace patente su idea matriz: hay que enseñar partiendo de la mente del que aprende.

Me remito a algunos de esos ejemplos y añado otro que me ha llegado de muy lejos.

Un día le pregunta a un niño:

– Si tienes tres caramelos, ¿puedes comerte cinco?
El niño contesta con aplomo:
– No.
– Muy bien. ¿Por qué?, pregunta el profesor.
– Porque vomito, responde el niño.

José Antonio, que goza y nos hace gozar de un agudo sentido del humor, dice: “busqué la foto del niño y, en su expediente, escribí: No razona”. “Días después, añade, la madre del niño me dijo que había comido muchas chucherías y se había puesto malo. Descubrí entonces que el niño estaba aplicando una lógica implacable. No puede comer cinco caramelos porque vomitará”. Una lógica secreta que hay que descubrir. No es que no tenga lógica, es que tiene una lógica subrepticia que hay que conocer para saber cómo funciona su mente.

Cuenta José Antonio que un día preparó la programación del aula tratando de hacerles distinguir el objeto en sí de su representación. Buscó una lámina de un plátano y preparó la sesión. Les diría que se comieran el plátano y ellos responderían que no era posible porque no se podía comer, porque no había un plátano sino un dibujo del mismo.
Llegó la hora de la clase. Les mostró la lámina.
– ¿Qué es eso?, preguntó
– Un plátano, respondieron a coro.
– Ahora vais a comerlo.
Él esperaba que dijeran que no se podía comer, pero todos hicieron el consabido gesto de la mano llevada a la boca mientas decían ñam, ñam, ñam…
– ¿Está rico?
Y ellos dijeron con entusiasmo:
– Síiiii.
– Mi abuelo dice que tengo que comer uno cada día, dice un niño.
– MI abuelo se va a venir a vivir con nosotros, dice otro.
José Antonio concluye que el eje temático, a partir de ese momento, no fue ya el objeto y su representación. El núcleo de trabajo comenzó a ser el abuelo. Los niños le llevaron a otro tema, a su tema de ese momento.

José Antonio habla de lo importante que es escucharles, observar con atención lo que hacen, analizar con rigor lo que dicen. Es muy importante saber quién es el que aprende, cómo piensa, por qué dice lo que dice, por qué hace lo que hace.

“Tus silencios son los que conquistan su voz”, dice José Antonio. Con cuánta razón. Dice que fueron los aprendices quienes le han enseñado a enseñar, quienes se han convertido en sus maestros. Añade que aprendió a imaginar respuestas que jamás se le hubieran ocurrido

Un día les pregunta en la clase:
– Quién me dice el nombre de tres futas.
– Tres melocotones, responde un niño.
– Te pregunto el nombre de tres frutas, precisa el profesor.
– El niño insiste:
– Tres melocotones son tres frutas.
El profesor, con la ayuda de otros compañeros del niño, acaba consiguiendo que diga el nombre de tres frutas: melocotón, pera y plátano.

A los pocos días leen los niños en el libro de texto el siguiente enunciado: En una cesta has tres melocotones y dos peras, ¿cuántas frutas hay?
Un niño contesta:
– Dos.
José Antonio comenta con ironía: Claro, es que tiene razón. O la lié yo antes o la ha liado él ahora. Esto tenemos que aclararlo. Se pregunta: ¿qué me enseñaron los niños? Y se responde: todo. No existe método de enseñanza superior ala capacidad de aprendizaje del ser humano. Cuando el método falla, cuando no produce aprendizaje, hay que cambiar el método.

Hay miles de anécdotas al respecto. Cada docente podría aportarlas a cientos. Aportaré una más Diré dónde la he encontrado. Me regaló mi amigo Perico, Director de la Editorial Homo Sapiens, un CD con historias del humorista argentino Luis Landrisina. Hay varias que, según él mismo dice, le han contado algunos maestros. Voy a hacer referencia a una de ellas porque tiene que ver con ese pensamiento mágico, con esa lógica peculiar de los niños de la que algunas veces he hablado en este mismo espacio.

Un maestro les dice a los niños en el aula que no todas las culebras son peligrosas y dañinas. Al contrario, algunas, además de inofensivas, son beneficiosas para la zona que habitan. Uno de los niños de la clase levanta la mano:

– Maestro, ¿qué significa inofensiva?

El maestro, como tantas veces sucede, echa mano de un símil.

– Mira, le dice, tú has visto que hay petardos que hacen daño y otros que no lo hacen. Los que no son perjudiciales llevan en la cajita este texto: Petardos inofensivos. ¿Lo has entendido?

– Sí, maestro, dice el niño con aplomo.

– ¿Qué significa entonces que una culebra es inofensiva?
– Que no explota.

Su lógica no es la que nosotros esperamos, pero es su lógica. Tenemos que saber cómo se produce ese razonamiento. Es preciso conocer cómo funciona la mente de los niños y de las niñas. Lo he dicho muchas veces: para enseñar latín a John, más importante que conocer latín es conocer a John.

Hay algo más en los textos, en las conferencias y en el breve vídeo de José Antonio. Se nota una gran cercanía emocional a los niños y a las niñas, una gran pasión por la tarea, un profundo amor a la infancia: “Me hice maestro, dice, para actuar con amor sobre el espíritu del aprendizaje”. Ahí está la clave.

22 thoughts on “Enseñar desde el cerebro del que aprende

  1. Querido Maestro!
    Los niños nos enseñan las más bellas historias de aprendizaje.
    Tienen una lógica fuera del espacio y del tiempo; pero dentro del mundo de los afectos.
    El otro día me decía mi nieto que, estaba enfadado. Fue porque yo le vi triste y le pregunté:¿que le pasaba?
    Me dice: «Abuela es porque mi mamá no me ha dado mi maleta»
    Estaba con ello requiriendo la atención de la madre.
    Ahora con el bebé recién nacido, se ve un poco desplazado, aunque se ha tomado bien la nueva incorporación a la família.
    Creo como siempre que el amor mueve montañas y que con los afectos se aprende todas las lecciones.
    Cuantas verdades aprendemos de los niños más de las que enseñamos.
    Amo a mis niños por encima de todas las cosas.
    Aquí estoy, aquí me tiene!
    ¡A veces desaparezco por imprevisiones del destino!
    Cuanto aprendemos de los comentarios que haces y cuantas reflexiones nos hacemos!
    Sin más me despido con un cordial abrazo para todos.

    • Querida Loly:
      Te eché de menos la semana pasada, pero nunca te sientas obligada. Sé que el tiempo es un bien que cada uno administra con sus criterios, siempre respetables.
      Como tienes nietos sabes bien que los peques tiene una lógica peculiar y admirable.
      Cuánto podemos aprender de ellos.
      José Antonio Fernández Bravo, cuando le preguntan qué aprendió de los niños, dice: «los niños me lo enseñaron todo».
      Besos y gracias.
      ¡A disfrutar de los nietos!
      MÁs

  2. Una vez más, me trago con convicción esta píldora pedagógica y me permito extraer otra conclusión más: un profesor, aparte de guía es ejemplo, modelo, más aún, legitimador de actitudes, de comportamientos. Cuando escuchamos, tratamos de comprender al otro, ponernos en su lugar, mostramos respeto y ponemos en valor el ejercicio de ponernos en la perspectiva del otro, y viendo el día a día de esta sociedad¡qué importante haber recibido esas nociones cuando los cerebros están aprendiendo a ver el mundo!
    Como siempre, gracias por tus valiosísimas enseñanzas.

    • Querido Jesús:
      Me ha encantado tu incorporación al blog en los dos comentarios.
      Están llenos de sensibilidad pedagógica.
      La actitud de «ponernos en el lugar del otro, de mostrar respeto, de ponernos en la perspectiva del otro» me parece esencial.
      No es nada fácil pero es absolutamente determinante para la enseñanza y la educación.
      También subrayas la idea del ejemplo, que comparto al cien por cien.
      Un gran abrazo y gracias.
      Ojalá los lectores y lectoras del blog puedan seguir aprendiendo de tus comentarios.
      MÁS

  3. Querido Miguel Ángel:

    Hay algo que considero de gran importancia cuando hablamos acerca de los aprendizajes de los niños: en necesario indicar la edad que tienen, pues no es lo mismo uno de 4 años, que se encuentra en Educación Infantil, que otro de 11 o 12 años que acaba Primaria.

    Creo que en el castellano tenemos un problema, pues llamamos niño o niña a sujetos de aprendizaje que comprenden desde edades muy pequeñas hasta que se acercan a los 13 años, edad sobre la que solemos hablar de pubertad o de inicio en la adolescencia.

    Esto tiene sentido pues, sabemos por las enormes aportaciones de Jean Piaget, que el niño atraviesa diferentes etapas. Y no solo en el campo del pensamiento lingüístico, sino del cognitivo y en el ámbito del pensamiento visual, muy poco estudiado, pero que es necesario comprender, puesto que los ejemplos que has puesto y tomados de José Antonio Fernández Bravo, a nosotros nos hacen aparecer una sonrisa, pero no al autor o a la autora de la respuesta, que puede quedar sorprendido de que no se haya comprendido lo que ha indicado.

    Tomo el ejemplo de los melocotones. No es lo mismo preguntarle al niño “Quién me dice el nombre de tres frutas” que “Quién me dice tres nombres de frutas”.

    Hemos de tener en cuenta que, antes de responder, el niño ha construido una imagen mental de aquello que va a decir. Y esa imagen mental nace de la pregunta formulada, que puede estar realizada acorde con el nivel cognitivo en función de la edad que posee.

    Por ahora no quiero extenderme. Solo indicar que no hace mucho dirigí una tesis sobre “la génesis y el desarrollo del pensamiento visual del niño”. Fue un trabajo excelente en el que se mostraba cómo el pensamiento lingüístico y el pensamiento visual se incardinan y se influyen mutuamente. Por otro lado, hay un magnífico trabajo de Piaget que es “La formación del símbolo en el niño” que merece ser leído, pues nos explica lo apasionante que es conocer cómo se va gestando la mente infantil.

    Bueno, lo dicho, un abrazo y, lógicamente, siempre aparecerá en nuestros rostros una sonrisa cuando escuchemos las respuestas de los más pequeños, pues se guían por una “lógica” que está muy alejada de la nuestra.

    • Querido Aureliano:
      Es verdad. No es igual un niño de 3 años que un niño de 8, de 10 o de 12.
      Lo que pasa es que el principio de enseñar desde la mente del que aprende vale, pienso yo, para todas las edades y etapas.
      Es verdad, las formas de preguntar condicionan la respuesta.
      Y es verdad también que nosotros esperamos las respuestas según nuestra lógica y por esos nos desconciertan las de los niños y las niñas.
      Por eso he creído interesante compartir con los lectores el discurso de José Antonio.
      Un cordial saludo.
      Y, como siempre, gracias.
      MÁS

  4. Querido MÁS.

    Una vez más enfatizas la diferencia entre enseñar y aprender, entre la enseñanza y el aprendizaje. A veces los situamos como términos sinónimos, pero no lo son, aunque estén extrechamente relacionados.

    Como bien indicas, muchos docentes centramos nuestro foco de atención en el proceso de enseñanza, en lo que vamos a enseñar y en cómo lo vamos a realizar. Generalmente se utiliza un mismo metodo, una misma estrategia didáctica, un mismo procedimiento, un mismo recurso,… para todo el alumnado. Pero, sin embargo, posteriormente, a la hora de evaluar, nos centramos en el proceso de enseñanza, en lo que aprende el alumnado. Es entoces cuando determinamos que el alumnado que tiene dificultades ha de recibir una atención especial en función de sus necesidades: refuerzo, adaptaciones curriculares,… Y volvemos acentrar el foco de atención en lo que el alumno debe aprender, no tanto en los elementos ligados al proceso de enseñanza. Se olvidan cambiar métodos, espacios, tiempos,.. y se vuelve a intentar, ahora de una forma más individual, introducir en el alumnado esos contenidos que no había asimilado en el gran grupo. Y los resultados, la mayoría de las veces, siguen siendo los mismos.

    Adaptarse al alumnado y no el alumnado a nuestro método es complicado, a veces porque no disponemos de la información o formación necesaria, otras veces por pereza, ¿quién sabe? Pero si realmente se quieren producir verdaderos cambios hay que penetrar en el cerebro del alumnado y explorar en su pensamiento para poder acomodar o adaptar nuestra enseñanza a su forma de aprender.

    Cuando leemos los disparates que escriben o dicen nuestros alumnos ante determinados aprendizajes es cuando nos damos cuenta de lo que dista el lenguaje que empleamos con el nivel de comprensión oral o escrita del niño y la niña. Quizás sea ese también el problema que el docente habla demasiado y el alumnado debe escuchar mucho, sobrepasando su capacidad de atención. Es posible que el maestro deba disminuir su discurso en favor de la actividad del alumnado, siendo ellos los que vayan construyendo su aprendizaje en base a las orientaciones del maestro o la maestra.

    Como dice Aureliano, no es lo mismo un niño de infantil, que uno de primaria o de secundaria. Pero me inclino a pensar que, aunque el cerebro y sus procesos cognitivos en cada etapa sean diferentes, la necesidad de penetrar y explorar en los procesos cognitivos de cada tipo de alumnado siguen siendo imprescindibles para que haya un aprendizaje adaptado a cada cual.

    Buena semana que se inicia. Saludos.

    • Querido Juan Carlos:
      He contado alguna vez la historia de un pedagogo brasileño que dice haber enseñado a hablar a su perro. Eso le cuenta a su audiencia. Y muestra al perro. Como el perro está callandito, todos miran al conferenciante para pedir explicaciones por el silencio del perro. Y él las da:
      – Bueno, ya se lo he dicho: yo le enseñe, pero es que el perro no aprendió.
      Hay una cuestión que tu apuntas y es el espacio que el profesor deja a sus aulas. Hablé de ello en un artículo. Abrir espacio y cerrar espacio. Una cuestión importante.
      Un abrazo, amigo.
      Y gracias por tu interesante comentario.
      MÁS

  5. Los pequeños son un mundo de sorpresas por su sinceridad y por su peculiar modo de ver y entender el mundo al que se abren. Su fantasía es inagotable y confunden, creo que con frecuencia, la realidad con la fantasía.
    Tengo un nieto de tres años al que le cuento historias en que un niño se encuentra con una dificultad y sus amigos llaman a la Patrulla Canina para que vayan a ayudarlo. Lo vive de tal modo que creo que de verdad ve que la Patrlla Canina funciona de verdad.
    Los cuentos, las historias, la enseñanza tiene que ser siempre adaptada al desarrollo mental del niño, del adolescente, del adulto. En este sentido, como dice el artículo, creo que antes de enseñar, bien estaría tratar de entrar antes en la mente de quien tiene que ser enseñado.
    Enseñar desde el cerebro del que aprende, creo que nos debiera servir para el trato con las personas. Eso nos llevaría al respeto a todas las opiniones sean de carácter político, religioso, social, ya que nuestros cerebros son únicos, personales e intransferibles. Entre adultos a través del diálogo es como se pueden confrontar ideas y llegar a acuerdos. A las mentes no se les impone, se las convence.
    Para mí es un placer y un regalo los artículos de cada semana y los comentarios. Gracias y saludos

    • Querido Joaquín:
      La enseñanza tiene que tener en cuenta al que aprende: qué es lo sabe, qué es lo que puede aprender, que disposición tiene para el aprendizaje…
      El constructivismo dice que para que se produzcan aprendizajes significativos y relevantes tiene que haber coherencia en el contenido que se aprende y tiene que haber coherencia externa de lo que se va a enseñar con lo que el aprendiz ya sabe…
      Los que tenéis nietos sabéis muy bien que la lógica de los niños es muy peculiar. Esperamos que nos digan lo que nosotros queremos que digan. ^Pero ellos tienen su lógica…
      El placer para mí es leerte cada semana
      Un gran abrazo.
      MÁS

  6. Querido Miguel Ángel:

    1.- Una semana más, por aquí ando, por los pasillos de tu casa, por la casa de la educación.
    Hay tantas personas valiosas e interesantes que es imposible conocerlas a todas. En esta ocasión me presentas a un tocayo más, por lo que te doy las gracias pues me gusta mucho.
    Pura sensatez, pura pasión y, a mi entender (por los videos que le he visto y escuchado), mucha profundidad en la sencillez (como dirías tú, se le entiende todo).

    2.- Mientras iba escuchando lo que José Antonio Fernández me contaba, pensé en lo que le comentas a Juan Carlos, en lo de abrir espacio o cerrarlo. También me vinieron a la cabeza los anti. En fin, no quiero enrollarme.

    3.- Por último, escuchando esta conferencia de Jurjo Torres («Educación neoliberal. El discurso de excelencia y las prácticas de des-socialización»), veo que mi profesor y las cosas siguen su curso, que el camino es largo. En el día de la bandera (la nuestra), junto a otras abundantes y diversas problemáticas, me da la sensación de que no atravesamos un buen momento, de que no pinta bien. Pero el camino es largo.

    Aureliano siempre defiende la educación artística, (junto a otro buen montón de temáticas que le preocupan y trabaja). Por eso he pensado en él cuando Jurjo nos habla de “las marías”, de las humanidades (minuto 58). Ahí os lo dejo, pero os advierto que se despide pidiendo perdón por el palizón. (A mí no me lo parece. Me recuerda a un buen montón de conceptos y artículos e ideas que tú, Miguel Ángel, nos vas presentando y aclarando, cuestiones que aquí hemos comentado alguna que otra vez).

    https://t.co/LAqlqzKzDl

    4.- Un fuerte abrazo.

    • Querido José Antonio:
      Voy a seguir tu estructura:
      1. Me gusta que andes por aquí. Y me gustaría que lo hicieras con más frecuencia.
      2. Tu tocayo habla desde la inteligencia y la sensibilidad. Es un maestro de corazón.
      3. Creo que hablas del día de las banderas españolas. Esa concentración me pareció una horrible trampa:
      – La convocan y la usufructúan partidos que dicen que no son ellos los convocantes sino la sociedad civil.
      – Acusan al presidente y al gobierno de felonía y deslealtad, cuando los independentistas entienden que no han hecho ni un gesto y que por ello no van a apoyar los presupuestos
      – Acusan al gobierno de querer seguir gobernando cuando quienes piden elecciones desean también, como es lógico, gobernar.
      – Se hacen fotos con VOX y están en la misma onda que VOX pero luego dicen que no quieren saber nada de VOX.
      – Se acusa al gobierno de dialogar con quienes rompen España cuando dialogan para que no rompan España.
      – Hablan de la bondad de diálogo y, cuando alguien lo practica, le montan una concentración de condena.
      – Llaman «okupa» al presidente de un gobierno que ocupa el puesto de forma democrática.
      4. Conozco muy bien a Jurjo no solo como profesional admirado sino como amigo querido.
      Gracias por ofrecer a los lectores y lectoras la oportunidad de escuchar la conferencia.
      Un gran abrazo.
      MÁS

  7. El artículo plantea, a través de anécdotas muy significativas, una cuestión fundamental: solo hay aprendizaje si se tiene en cuenta quién es, cómo, cómo aprende y cómo razona el alumno.
    Muchas se habla de la calidad de la enseñanza sin tener en cuenta para nada la calidad del aprendizaje.
    ¿Cómo se puede olvidar en la práctica cotidiana algo tan esencial?
    El profesor llega a clase con su lección, la suelta y el que aprenda bien y el que no aprenda peor para él. Esto no puede ser.
    saludos y gracias.

    • Querida Carlota:
      Dices bien. Pero yo no generalizaría esa actuación respecto al profesorado. Hay quien prepara su clase, la imparte y luego examina. Hay también quien provoca el deseo de aprender, quien explora las creencias previas de los alumnos respecto a los contenidos, quien conoce las dificultades que encuentran…
      Me ha parecido afortunada la expresión que utiliza José Antonio Fernández cuando dice que hay que enseñar «desde el cerebro del que aprende».
      Besos y gracias.
      MÁS

  8. Apreciado Dr. Guerra. Saludos cordiales a Usted y a todos. Como siempre maravillosos aporte y análisis. Con respecto a los profesores y los retos por lograr con los aprendizajes de los estudiantes, me parece que hay buena suerte, algunos colegas trabajan en ello y otros tienen la aspiración. Sin embargo, inquieta que si la evaluación se enfoca en la linealidad de medir en exclusiva los avances de contenido curricular como esperado de los estudiantes, dejando fuera otras variables de mayor importancia sin evaluar desequilibren la intervención docente y no cuenta con el respaldo del programa, porque no estaba calculado y a veces, ni los directivos del centro aprueban mucho hacer pausa. Los docentes también están sujeto a consignas del centro. Y regresando a las respuestas a interrogantes, cuando te hacen una pregunta, el razonamiento no solo es tan lineal en torno a los objetos, sino inconscientemente la relación de tí con el objeto, de los demás con el objeto, montas escenarios a veces rápido y a veces no tanto, porque la mente se detiene en un sentimiento estaba guardado en el baúl y por eso vienen las respuestas. Y justo, pasa lo que dice el conferenciante, preparas una y otra vez los escenarios, imaginas las preguntas, incluso supones varias respuestas. Aunque, las preguntas involucran al menos un contexto para situarte, para poder contestar. Es así, que quien contesta puede responder en otro nivel de su pensamiento. Creo que pasa así con su blog. Usted escribe, y los que participamos aportamos, pero distinto y al menos, a mi me gusta mucho leer a todos escriben porque no se me había ocurrido pensarlo así o quizá sí. Pero, de cualquier manera, aunque fuera lo esperado, creo que sería muy aburrido que todos dijésemos lo mismo. Entonces decir que lleguen a lo esperado, es cuestionable. Cuestionar la evaluación en cualquier ámbito, de manera permanente, no se trata que una vez aprobada la mecánica de la evaluación, cerrar el tema y no volver a analizar. Gracias por sus estupendos análisis, Dr.

    • Querida Lourdes:
      Me ha gustado mucho tu comentario.
      Es probable que dedique el próximo artículo a algunas cuestiones que tú planteas. Lo titularé LA LÓGICA DE LOS EVALUADOS. Tienes razón. A veces se contesta desde una perspectiva diferente a la que espera el evaluador.
      Lo dices también de los comentaristas del artículo de cada sábado. Cada perspectiva es distinta.
      Tienes razón: sería muy aburrido que todos dijesen lo mismo.
      Besos y gracias.
      MÁS

  9. El título me parece muy elocuente y resume muy bien la idea matriz.
    Resulta difícil de entender que, siendo tan clara la tesis de este artículo, no se lleve más a la práctica.
    Creo que esa tesis vale para todos los niveles, aunque aquí se centra más en niños pequeños.

    • Querida Marta:
      Esa cuestión que planteas es verdaderamente llamativa. He pensado en ella muchas veces. Se descubren muchas cosas en la investigación y tardan muchísimo en incorporarse a la escuela. No sucede lo mismo en otros ámbitos. Si se descubre, por ejemplo, un producto para que los tomates sean mejores y más grandes, al minuto lo incorporan los agricultores. Si se inventa un mecanismo para el coche que dé más potencia al motor, la industria lo adopta de inmediato. Pero muchos descubrimientos de la ciencia pedagógica no se incorporan nunca o tardan un montón de años.
      Besos y gracias.
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  10. El artículo me ha parecido divertido y, a la vez, ilustrativo. Da gusto ver ideas tan importantes expresadas de forma tan clara y amena.
    Lo más importante es que se aprenda. Efectivamente, es ridículo decir que hay calidad de la enseñanza si no se produce aprendizaje.
    Había visto el vídeo que ha circulado en la red con estas ideas. Y vi también la conferencia completa. Me gustó.
    Un saludo cordial.

    • Estimado Marcos:
      Es importante que quien enseña lo haga de manera eficaz para que se produzca el aprendizaje. Palmer dice que hay profesores más preocupados por demostrar cuánto saben que por que los alumnos aprendan. Por eso la claridad es fundamental. Y también la amenidad.
      No se trata de que el profesor tenga que divertir a los alumnos. Se trata de propiciar un aprendizaje significativo y relevante de una manera, como decía, eficaz.
      Hay que desmontar esa idea de que lo aburrido es profundo.
      Decía un asistente a una conferencia: «Este señor, sí que es un eminencia, no le entendido ni media palabra».
      Un abrazo y gracias.
      MÁS

    • Querida María Teresa:
      Solo dos palabras pero, por cada una de ellas te debo mucha gratitud.
      Más por la segunda, que es un tanto exagerada. Porque todo lo aprendimos entre todos.
      Besos.
      MÁS

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