Miel y almendras

6 Ago
Miel y almendras
Miel y almendras

Y Maha llegó a la novela. Todo un descubrimiento. Maha Akhtar periodista y escritora con un currículum amplio e interesante, quizá encasillada en Málaga por ser la nieta de nuestra maharaní de Kapurtala, Anita Delgado, demuestra con su propia biografía cómo la fuerza que irradian las mujeres es determinante para modificar la historia de lo individual a lo general. Como en su primera novela.

Cuatro protagonistas, cuatro mujeres, diferentes clases sociales y una amistad que se va trenzado de forma suave pero consistente son el esqueleto del libro. De fondo, cual escenario en blanco y negro, Beirut, quien se convierte en un personaje más y de quién apreciaremos cómo puede llegar a cambiar de color, desde los tonos terroríficos de una guerra continuada a los campos y el vergel que describe una de sus protagonistas.

Todas ellas coinciden en un punto de sus vidas en un lugar físico, además de la ciudad: un salón de belleza. Salón que se convierte en confesionario de sus cuitas, tumba de sus secretos, belleza interna en forma de amistad que traspasa fronteras, culturas, clases sociales y religiones. Ahí es nada, y todo esto en un país que tenemos etiquetado como musulmán, cuando la realidad es que está dividido entre cristianos (ahora los menos), judíos y musulmanes, diferentes facciones religiosas y sobre todo un lugar mucho más europeizado de lo que nos imaginamos con 21 universidades.

No crean que el libro es un drama. No imaginen tampoco que el libro es como han escrito en otros medios una mezcla de “Mujeres desesperadas” y “Sexo en Nueva York”. Yo no lo definiría así. Lo dejaría en una novela con un trasfondo político más importante de lo que parece, donde la realidad de aquél mundo no tan lejano a los países mediterráneos se refleja en historias cotidianas. Me dejó muy impresionada la fuerza interna de unas mujeres que desde diferentes ámbitos luchan no sólo contra su destino, un destino en algunos casos nada amable y sí muy cruel, con la dureza que sólo da una guerra, sino que además lo superan, mejoran y cosechan frutos. Las mujeres, como siempre, en todos los lugares, y en todos los países.

El postre típico, de miel y almendras, da nombre a la novela, aunque ni todas las almendras son dulces, ni la miel puede suavizar algunos sabores, pero sí, pueden envolver amablemente algunos escenarios dramáticos y hechos históricos. Como en este caso.

Destacaría la forma en que se presentan las protagonistas: una ligera complicación hasta que te familiarizas con los nombres de cada una de ellas, sabiamente divididos en capítulos para formarte la imagen de cada personaje antes del trenzado y núcleo de la novela. La sociedad de fondo, las imágenes descritas de los campos de refugiados, los grandes problemas ocultos en una guerra, Amnistía Internacional, el matrimonio como liberación de la mujer, las tradiciones y la hipocresía que las envuelven, la diplomacia y los países que pretenden pillar tajada de los problemas de otros, la revolución de los Cedros….como verán, no es una novela cualquiera, es para deleitarse y aprender que los personajes reales también existen en las novelas.

Perfil:

Si tuviera que definir, pobre de mí, a esta escritora, tras haberla conocido diría tan sólo: tiene imán. No pude dejar de mirarle a los ojos en el tiempo que duró nuestra charla. Nos reunimos con motivo de la firma de su nuevo libro Miel y almendras en la librería Luces y enseguida reconocí la vitalidad que esconde su pluma, porque toda ella derrocha ilusión.

Maha me contó que las libanesas son mujeres libres, que no sufren las mismas restricciones y que combinan muy bien las tradiciones con la modernidad, eso sí, las propias tradiciones son las que hacen sentir a la mujer de Beirut, libanesa, y que son “un referente para el resto de mujeres árabes”. O “mujeres modernas que miran hacia Occidente”. Quizá porque la cultura libanesa es parecida a mediterránea y por tanto las inquietudes y problemas de aquellas mujeres de Oriente Próximo son reconocibles en nuestra sociedad.

Me confiesa que le gusta escribir sobre lo que conoce, y que después de haber sido fiel y leal a sus memorias por sus antecedentes familiares, (es nieta de Anita Delgado), ha dejado volar la imaginación entre estos personajes del mundo femenino, donde se siente tan a gusto, y donde se ha sentido tan libre “como cuando bailaba flamenco con Manuela Carrasco”.

Se dejó llevar por la aventura de sus personajes y no sabría escoger ni la parte que más le gustó escribir del libro, ni al personaje con el que más se siente identificada. Reconoce que la forma de contarlo viene heredado de su tía, libanesa también, que de pequeña le narraba todas las noches una historia al irse a dormir. Y que lloró muchísimo al terminar la novela, aunque tiene muy claro que “nunca le gustaron las segundas partes”.

Pero alguien como Maha con tanto entusiasmo no se queda anclada en lo que ha hecho sin tener la mente puesta en lo que vendrá, y ya piensa e imagina con volver a coger la pluma y escribir otra vez, sobre mujeres, pero esta vez en Nueva York, donde reside y donde se desenvuelve tan bien.

Para Beirut sólo tiene palabras amables, dice que su fascinación se encuentra “en la dualidad de ser muy bonita pero a la vez muy trágica”. Que el verdadero misterio de aquella tierra y lo que la hace tan sublime es “la convivencia de culturas”…sólo una vez en toda la conversación Maha no supo rotundamente qué contestarme, y fue cuando le pregunté por el futuro de aquella zona y si las hijas de las mujeres actuales conocerán otro Beirut… mientras llega ese cambio, en una zona tan conflictiva, siempre habrá mujeres con la fuerza de los personajes de Miel y almendras que luchen por un nuevo futuro para sus hijas.

Descárgate el suplemento libros del 4 de agosto de 2012

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *