Niños inmolados

29 Ene
Los padres de Diego

Hace una semana leímos la carta de despedida de un niño de once años que se había suicidado por sufrir acoso en su centro escolar. Lo peor que puedo decir al respecto es que el suceso no me sorprendió. Entiendo aunque no comprendo por qué un niño de tan corta edad puede buscar la muerte, cuando no encuentra otra salida. Sobre todo, porque puedo visualizar en mis recuerdos situaciones tan paralelas como la siguiente.

Una profesora se dispone a entrar en el aula, donde va a impartir clases, y se encuentra a varios alumnos enzarzados en una pelea violenta.

Hay otros profesores que en ese momento pasan por allí, pero hacen como si no viesen nada. Luego se entenderá por qué.

Un chico, bastante desarrollado para su edad, alto y corpulento, que parece llevar la voz cantante en lo que después dirán que es sólo un juego, ha sacudido un fuerte manotazo a otro, menudo y bajito. Las desproporciones físicas, a esta edad, son comunes y establecen roles de poder. El manotazo del chico corpulento ha sido tan virulento sobre la cara de su compañero que le ha roto las gafas y ha empezado a sangrar de un ojo.

La profesora se acerca al niño herido con gran alarma y éste casi le ruega que no se asuste, pues los ojos le sangran con frecuencia, debido a una conjuntivitis crónica.

Suena el timbre y la profesora se queda a solas con el chico agresor. Los demás acuden al aula que les corresponde.

Como hoy había excursión y han acudido pocos alumnos a clase, la profesora tiene a su cargo casi únicamente a este chico y otros pocos más, que han desaparecido como por arte de magia. Se dispone la profesora a redactarle un parte disciplinario al alumno que intenta impedirlo con gritos amenazadores, imponiendo en la proximidad su envergadura física como arma intimidatoria contra la mujer:

-A mí no me pones un parte por la cara- grita imperativo.

Tal es el volumen en su chorro violento de voz, que haciendo eco en toda la planta, alerta a otra profesora que viene en socorro de la primera:

-¿Qué está pasando aquí?

La primera profesora le explica a la segunda lo que ha sucedido y se resuelve que el asunto sea remitido al despacho de dirección, donde van todos.

La versión de la profesora es que este chico ha golpeado a otro, pero se piden las versiones de los demás testigos para contrastar ¿por qué la profesora no tiene presunción de veracidad? ¿Qué interés iba a tener ella en acusar falsamente a un alumno?

Acuden los niños que vieron la escena, menos uno que se niega a abandonar el aula; el menos cobarde entre los cobardes:

-Yo no voy a bajar para mentir- comenta.

El chico agresor toma la iniciativa del interrogatorio y con el pecho erguido y un tono prepotente y admonitorio se aproxima a cada uno de sus compañeros por turnos:

-¿Yo le he pegado a X?

Todos dicen que no sin demasiada convicción.

Luego, irguiendo aún más el pecho, se acerca intimidatorio al niño agredido.

-¿Te he pegado yo a ti?

-No, estábamos jugando- dice el niño acobardado, mientras se seca el ojo con un kleenex.

Es un chico prudente. Sabe que si acusa a su compañero, le puede llegar lo peor a la salida del centro.

Después de tal interrogatorio, se empieza a poner en duda la agresión. Tal vez el manotazo fue casual. Tal vez la profesora no vio lo que vio. Ante tanta presión, incluso la profesora empieza a dudar, aunque el manotazo no le pareció una visión precisamente.

El chico bravucón sigue gritando para nada apocado por la presencia de la directiva y exige que el parte disciplinario se le ponga a la profesora y la expulsen, de inmediato, del instituto. Sus gritos crecen cada vez más en volumen y prepotencia sin que la comisión de convivencia, que asiste a la escena con interés analítico y casi científico, lo interrumpa.

Luego se llega a un veredicto. La agresión no se ha producido, pero el alumno ha faltado al respeto a la profesora y se le expulsará del centro por tres días.

Cuando la familia del chico pregunte cuál es la causa de su expulsión, relacionará la causa con la profesora; un asunto que puede volverse contra ella. Así la próxima vez que vea un acto de violencia, aprenderá a mirar para otro lado como dicen que hacen todos los profesores. O no.

Algunos toman estos golpes como algo suyo y seguirán corriendo ese riesgo excesivo.

Cuando no queda constancia de la violencia, impera la ley de la selva y los niños más débiles la asumen en silencio hasta que no soporten más las palizas y quieran incluso morir. Como ese niño de once años.

Como siempre, se culpará a toda la sociedad de lo ocurrido, pero ya dijo Concepción Arenal que cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.

Este y otros casos se podían haber evitado, sencillamente, tomando unas medidas que no se toman. Los menores tienen derechos, pero ninguno más que otros. Consentir la desigualdad es favorecer el abuso y la tragedia.

7 respuestas a «Niños inmolados»

  1. Y las agresiones eran
    solo una parte del todo
    una mujer lo confiesa
    irreverente ante el lodo
    y nos habla del acoso
    y de intenciones aviesas
    y tocamientos lascivos
    y que eran varios niños
    y un profesor como mínimo
    y….

    Tan ocupados estamos
    en las tragedias lejanas
    que no vemos a dos pasos
    las nuestras ¡tan cotidianas!
    o no las queremos ver
    por no mirar bajo el agua
    que cobija el iceberg
    y su grandeza abisal…
    ¿quién se va a entretener?
    entonemos “De profundis”

    Y ya está.

  2. Estas cosas que ocurren, ¿qué son? Los niños no se han vuelto locos, ni los que somos sus predecesores acopiamos tratados de cordura escritos a nuestro nombre. No, por supuesto que no. Lo que cuenta en el artículo no tiene una respuesta rápida ni sencilla. Es más, cualquier intento de explicar su sustrato, tiene en el yerro altas inversiones. Ni psicólogos ni pedagogos ni sociólogos deben confiar a su ciencia la verdad que dilucide. Esto es tan complejo, que ni siquiera puede encontrar en la multidisciplina la respuesta. La intuición, que no tiene títulos que la amparen, ni ciencia que la empuje, me dice que lo que ocurre es lo que se arrastra desde la Creación, el solemne dedo que señalando a Adán puso, en unidad de acto, la cuota inmutable de tragedia. Es decir, que somos los mismos de siempre. Los niños aprenden del contexto adulto, las acciones que acomenten tienen nuestra horma. La mimesis. La solución pasa por una doble actuación. Una, dotar de autoridad al docente, sin que sea el campo en el que conflagren contendientes diversos bajo el eufemismo de agentes implicados en el proceso educativo. Permitir que actúe bajo su ciencia ética, sin demonizarlo. Y por otro lado, hacer metacognición, qué nos pasa, en qué punto del desorden cósmico estamos, por qué nos ocurre lo mismo que a las generaciones anteriores. Los niños de hoy son peores a los de antes, qué expresión más absurda y fantasmal. Sin embargo, hoy el dolor y la saña se hacen más permanentes gracias a las nuevas tecnologías. El pobre chico que ha dejado una carta tremenda, en mi opinión con un nivel expresivo y conceptual elevados, seguro que tuvo su persecución en las nuevas redes, ya sea móvil, ordenador, o lo que fuera. Daba más bienestar el ábaco que la calculadora científica. Tristes docencias, si no es amor la ciencia, parafraseando al poeta de Orihuela. Las TIC serán buenas para el mercado, el futuro tecnológico y lo que quieran, pero suprimir las lenguas clásicas es un error por muchos motivos, pero diré uno: con las redes sociales se puede conocer a mucha gente; con el latín y el griego te conoces a ti mismo. Ciertas disciplinas educativas están en el ser del individuo, en lo que somos, y eso redundará en una mejor convivencia más que intercambiando archivos o completando perfiles. Las humanidades son una cataplasma contra la violencia, no tengo dudas. Mientras tanto, que no se olvide que el hombre puede ser malo por naturaleza (Hobbes), y por ello acréditese al docente y que forme una piña todo el mundo docente contra cualesquiera agresores. Estas cartas póstumas han de servir para que todos trabajen en impedir su repetición. El docente tiene el deber de impedir el sufrimiento del alumno.
    Que la muerte no te pare,
    Que la vida no cercene,
    Que los dioses no te olviden,
    Que los años no te quejen.
    En pie siempre, vertebrado,
    Incólume y verdadero.
    Que no te arredren los tiempos
    Que avanzan contra el maestro.

    saludos victorianos

  3. Que el suicidio de este pobre niño sirva para cambiar la realidad de la educación española…
    Yo no veo que el gobierno esté cambiando nada…
    Todo sigue igual o peor…
    Se esconde la verdad…
    Y a los que intentan denunciarla los castigan…
    Estamos viviendo tiempos de mentiras e hipocresía…
    Y no nos damos cuenta que los niños y los adolescentes son el futuro de España (del mundo)…
    Y los maestros y profesores tienen que estar en lo más alto de la pirámide social…
    Todos pueden opinar (como tú o como yo…)
    Pero, ¿quién está dentro de las aulas haciendo un sacrificio por que esos niños y adolescentes adquieran educación, formación y comportamiento social?
    A no equivocarse…
    Si el director de una empresa hace mal su trabajo…
    ¿Tienen que pagar los empleados sus errores?…
    Piensen un poco…
    Y replexionen…

    Y como cristiano tendría que escribir que ese pobre niño descanse en paz…, pero algo me dice que si no hay justicia ese pobre niño no va a descansar en paz…

  4. Queridos comentaristas, ¿qué os puedo decir sino que estoy completamente de acuerdo con vosotros?
    No nos los ponen nada fácil y, sin embargo, vuestras palabras demuestran que siguen habiendo mentes muy lúcidas en este país. Ahora la cuestión es que la concentración de estas mentes lúcidas arrojen luz para que podamos salir de este túnel. Adelante, confío en vosotros!!!

  5. Se va dejando rodar la bola alegremente hasta que llega un momento en que se para, pues ya no queda nadie junto a ella para ayudarla a seguir dando vueltas. Se ha vuelto tan enorme y pesada…A cada legislatura que pasa le resulta cada vez más difícil moverse y, sobre todo, encontrar a alguien, solidario y capaz, que empuje cuesta arriba, aunque todo sea por el/su pueblo…
    Un excesivo e irresponsable endeudamiento público siempre se tomó a chufla, “esto va rodando de uno a otro…el que venga después que tire p’alante, que yo ya…” Tú ya habrás cumplido, dilo, hombre. Y van unos cuantos decenios en el mismo plan. Pero esto también lo perciben nuestros adolescentes, sea a través de lo que ven y escuchan a diario en los medios, sea en el ámbito familiar, en el instituto…un pò da per tutto, suficiente para darse cuenta y obrar en consecuencia.
    Desdramatizando un poco la cosa – pero que continúa – llega la OMS y propone clasificar todas las películas, con escenas donde se fume, como cintas para adultos, basándose en que casi la mitad de los adolescentes empezaron a fumar incitados por lo que vieron en la pantalla…Y digo yo, ¿eso sería parte de la solución o vuelve la burra al trigo?

    Mal sabe la palabra prohibir si antes no se ha educado en libertad hasta saber discernir. A much@s siempre nos quedarán los bajos fondos de París o Casablanca, vistas desde la adolescencia. Ell@s las verán con ese placer morboso de que se reviste lo prohibido…
    Saludos

  6. Los turiferarios del número llevan tiempo invocándolo. Lo dijo Jordi Pujol, cuando la emigración arreciaba a finales de los cincuenta, temiendo la debacle de (“su raza”) Cataluña en un futuro no muy lejano. Se proclama alto, en todas las instancias europeas, el futuro incierto del continente, de sus tribus milenarias…En España lo mismo pero, como siempre, marcando la diferencia. Cuando ya no quede nadie que proteste ante las injusticias y cualquier clase de violencia, dentro o fuera de las aulas, sea vista con indiferencia o no queriéndola ver por miedo, la fuerza del número habrá ganado la partida….
    No deja de ser curioso retomar el guarismo como ejemplo, a más de cuarenta años vista, cuando un italiano, perteneciente al sindicato suizo FOBB, clamaba en una reunión, donde se debatía la reducción de la jornada laboral: “…noi non siamo più persone. Siamo numeri!”

    Por exceso o por defecto.

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