Juan Antonio Roca vuelve

8 Sep

marbella2Los coletazos de la Malaya marbellí se contemplan dilatados en el tiempo, incluso sus raíces ya las comprobamos largas en el espacio. Un universo de pillaje, surtido de podredumbres y de casi todas las miserias humanas. El ayuntamiento de Marbella ha despedido por absentismo laboral a uno de sus trabajadores más señalados sin duda, Juan Antonio Roca, pero él, igual que esos hijos que parasitan la casa paterna hasta que hereden, no se quiere ir y ha recurrido esa orden de liquidación de sus condiciones laborales. Ha solicitado una indemnización a las arcas del que él sabe depauperado consistorio marbellí. Las partes acudirán a un acto de arbitraje en un intento de que se pueda alcanzar un acuerdo, proceso que conocen bien tantos y tantos trabajadores honrados despedidos por puro arbitrio empresarial. Después llegará el previsible juicio, con posibilidades de que sea fallado a su favor según algunos abogados laboralistas. Es cierto que la cosa económica está mala cuando un rico delincuente llora por un dinero con el que no paga ni un triste tigre disecado para su trigal; quizás se haya enamorado de Marbella y quiera retornar a sus calles para seguir trabajando por sus gentes; al fin y al cabo, a esta ciudad le debe todo, nuca mejor dicho, y si ahora gana la indemnización que solicita, aún le deberá más.
Juan Antonio Roca es un punky del sistema administrativo. Lo conoce muy bien y desde sus entresijos; lo manipula y pervierte con sus mismos procedimientos y lenguaje. Usa la melodía y la distorsiona del mismo modo que si compusiera canciones para unos Sex Pistols forenses. Roca imparte con cada uno de sus pasos lecciones inestimables sobre los recovecos y túneles de la maquinaria administrativa y por ellos circuló e intenta seguir paseando de nuevo. Quizás para despedirlo de forma efectiva, quizás, ojo, sólo haya que investigar mediante qué método fue nombrado asesor urbanístico. Autonomías, ayuntamientos y diputaciones han diseñado puertas falsas de entrada a bastantes cargos, mediante amasijos legislativos, más o menos correctos en las formas, pero no en el fondo, que evitan oposiciones públicas y transparentes. Así facilitan la admisión al nutritivo abrevadero del funcionariado a una pléyade de militantes del partido y otros favores de guardar como los días santos. Y aquí está Roca. Un cargo alto del ayuntamiento de Marbella, un funambulista sobre los artículos y disposiciones que encuentra siempre la cuerda tendida por la propia Administración y sus procesos tortuosos. Un doctor de verdad que maneja el derecho como el derecho fue concebido y en él habita y asienta su fortuna. Vuelve Juan Antonio Roca, un niño obediente que hizo lo que nuestros padres siempre dijeron, buscarse una paguita segura que luego vienen los malos tiempos y que uno tenga algo a que agarrarse.

Navajas y Faralaes

22 Ago

navajas1Comienza la semana y Málaga mostrará otro año más que bajo este cielo una gran multitud con ganas de divertirse no se comporta como una horda destructiva. Ejemplos concretos existirán de actitudes incívicas, pecadillos veniales casi siempre, pero la inmensa mayoría de los muchos ciudadanos que acudan al Centro o al Real ejercerán un uso intachable de su alegría y euforia. Las noticias que anuncian mayor control policial de los objetos peligrosos ya deberían de haber desaparecido, lo mismo que la mayor permisividad legal hacia las armas llamadas “blancas”, que enarboladas también tiñen de luto. Después de décadas con animado festejo por las calles, Málaga aún halla entre sus esquinas a esos grupos de descerebrados que llegan a nuestra pacífica exhibición de ciudadanía para sembrar el pánico y la muerte si pueden. Alguien que se acicale frente al espejo y como último adorno de su vestimenta esconda la navaja entre las ropas, no aparece por la fiesta con espíritu jocoso, ansía con antelación el altercado y su comportamiento provocará que el filo brille entre la música cuando el mínimo roce. Con intenciones homicidas se dirige hacia un espacio donde nadie, excepto individuos de esta calaña, pretende la agresión, ni se escolta con otros instrumentos que el abanico y la cámara de fotos saturada por risas y faralaes.
Además del daño que inflijan a sus víctimas, este tipo de criminales distorsionan la imagen internacional de Málaga con esta necesidad de registros sistemáticos; menoscaban, así, el sustento de muchos trabajadores que dependen del viajero como negocio. Al turismo una sonrisa y ningún problema. Hemos soportado gentes que paseaban entre nosotros con cuchillos, con facas de regusto autóctono e, incluso, con hachas o espadas orientales como si en un teatro de imaginería bélica se sumieran. Por el mismo motivo que, mediante orden judicial, se promueve el alejamiento entre agresor y agredido, habría que aplicar esta medida a los portadores de armas en zonas de concentraciones públicas; su ánimo maléfico queda bien demostrado. Que no vuelvan a pisar nuestros lugares de diversión. Hay que erradicar de una vez a estos sujetos cavernarios en los encuentros colectivos. Esos juguetes de verbena lúgubre deben salir muy caros a quien delinquiere de forma tan injustificable e incomprensible. Cualquiera tiene que quedar tranquilo porque sepa que sus familiares o amigos eligieron la feria de Málaga como escenario para su expansión. Un solo cadáver debido a estas conductas tan lejos de la inteligencia humana, tan ajenas a la amabilidad de los malagueños, genera titulares que con apuros se olvidan. Los distintos cuerpos policiales realizarán una labor eficaz; una legislación acorde con los graves hechos que persiguen complementaría su tarea. Unos pocos, una pésima estampa.

José Antonio Griñán y Málaga

10 Ago

grinan1Tras sus primeros cien días de gobierno, la amplia entrevista ayer publicada en La Opinión que José Ramón Mendaza realizó a José Antonio Griñán, dibujó las líneas generales de su política autonómica, a la vez que el perfil personal del presidente andaluz. A pesar del conocimiento que en sus respuestas reveló sobre el tejido industrial y económico malagueño, a pesar de que no le sean extraños los entresijos de su partido en Málaga, ciertos elementos de su discurso revelan algunas distancias, al menos con buena parte de la población malagueña y no me refiero necesariamente a los votantes del Partido Popular. No dudo de que la Junta debe velar por los intereses de toda Andalucía y eso significa una distribución de los recursos para que ninguna zona se halle por debajo del umbral de bienestar de otras que se suponen insertas en el mismo círculo administrativo; tampoco dudo de que la intención de la Junta sea erigir en Málaga cimientos que consoliden un futuro próspero para nuestra provincia. Sin embargo, este lector aún echa en falta en las declaraciones del presidente una mayor voluntad para oír a la ciudadanía en aspectos que sí afectan de modo grave a su calidad de vida, como por ejemplo, la salud. Las respuestas que José Antonio Griñán esboza sobre el proyecto macrohospitalario para Málaga apenas salmodian las líneas generales que la Junta escribe como desideratum para la sanidad pública andaluza.
Investigación, prevención sanitaria y Andalucía sostenible enuncian sintagmas que quedan bien como lemas, pero el presidente no puede demandar una colaboración dócil y cautiva de las administraciones para un proyecto de esa envergadura, por él calificado con toda razón como emblemático, sin que hayan sido alcanzados unos consensos ciudadano e institucional. Un reciente informe del OMAU advertía que la edificación de un centro con esas dimensiones podía generar más inconvenientes que ventajas. Ese estudio puede ser calificado como parcial porque el organismo que lo elaboró está vinculado al Ayuntamiento de Málaga. De todos modos, muchos malagueños, entre los que figuro, no comprenden ni los beneficios para la ciudadanía cuando una enorme población tenga que encaminarse hacia muchas consultas concentradas en un mismo espacio, ni ese vínculo que se establece necesario en la proximidad física entre investigación y comodidad para el paciente; según este proyecto se revelan antagónicas, si la persona que va al hospital y sus familiares tienen que soportar todos los fastidios que las distancias y las masificaciones conllevan. La desconfianza brota, y más cuando los pequeños servicios que el ciudadano padece de modo continuo se encuentran saturados y con un funcionamiento defectuoso. Aún faltan ciertas dosis de pedagogía y de explicaciones de la Junta hacia los malagueños.

Dos días, dos concejales

4 Ago

marbellaDos días, dos concejales perdidos entre los ediles socialistas de Marbella, representa una triste marca. El ejemplo que Liria Menor ha dado a toda la clase política con la entrega de su acta al grupo por el que la consiguió, junto con su dimisión por razones de coherencia ideológica, escribe una página de dignidad y lega al futuro un paradigma que cualquier representante del pueblo debe seguir. Un cargo electo se convierte en peregrino hacia el poder a bordo de una papeleta que el votante introduce en la urna guiado por unas siglas. Tampoco se atisban señales de incongruencia en los pasos de Juan Luis Mena; no transmite su acta pero, como don Francisco Umbral en aquel programa, se queda para que se hable de lo suyo, la segregación de San Pedro de Alcántara. La inclusión de independientes en las embarcaciones conlleva esos peligros; la travesía se hace larga y el viento en contra invita al desalojo de la nave. En este caso de Marbella y San Pedro, permítanme el chiste de que no acontecerá la sorpresa de una reconversión ideológica a lo San Pablo, con luz, caída del caballo y regalo del voto a un nuevo alcalde mediante comanditas contra natura. Lo preocupante de este terremoto marbellí es que se produzca en la oposición socialista que aumenta dos líneas las notas de un currículum tortuoso desde las últimas elecciones, algo nefasto para una población tan castigada por aquellas políticas de podredumbres y corruptelas que aún pagan vecinos y foráneos, lastre en las alas para el despegue de esa ciudad tan encantadora y con tantas posibilidades de bienestar y progreso armónico.
Ángeles Muñoz ha demostrado hasta estos días que ejerce como alcaldesa de modo ecuánime; aceptó la responsabilidad de un municipio en unas condiciones muy complejas para que cualquier regidora actuara y lo está haciendo muy bien, pero una oposición organizada enfrente indicaría, además, una regeneración política completa en aquel vecindario. El partido socialista presentó a Paulino Plata como salvador; no elegido, devolvió a Marbella el desprecio sin gestos que le habían hecho en Sevilla cuando lo echaron de aquellos sillones. La llegada de José Bernal a la dirección de ese partido político tutelado, junto con una proyección provincial, aunque discreta, que se le daba a Susana Radío revelaron que la agrupación socialista marbellí recuperaba un orden y capacidad de trabajo valiosos para el bien común. No parece que los asuntos internos se estén llevando con la debida dosis del arte político definido como la gestión de los imposibles y la unidad de voluntades contrapuestas. Una oposición destructiva como la que se exhibe en Marbella conduce a la pérdida de los vecinos más tolerantes y sensatos. El grupo socialista de Marbella necesita construir su ciudad al margen de consignas dictadas desde Málaga o Sevilla. En Marbella sobran cargas, faltan hombros.

Suspenso en urbanismo

28 Jul

images1Una lucha incomprensible para el ciudadano se ha abierto entre el equipo de gobierno del Consistorio malagueño y la Junta de Andalucía, cuyos órganos de vigilancia legal consideran inadecuados tantos capítulos del plan de ordenación urbana propuesto para Málaga, que prefieren su hundimiento en el mar de las suspensiones absolutas, antes que los retoques. Don Francisco está convencido de que aún queda septiembre, ahí sacará buena nota. La Consejería, inflexible aunque condescendiente, ha indicado que en la próxima convocatoria el plan pasará de curso y, además, desmiente que la tenga tomada con el Alcalde, lo castiga por su bien y por el de todos los vecinos. El paseante contempla tantas barbaridades autorizadas a lo largo de la Nacional 340 que sufre una profunda desorientación. Por un lado Málaga se encuentra constreñida en su crecimiento y por otro su crecimiento deglute el entorno, al que ya no queda un metro virgen, si no acudimos a un concepto tan en extremo laxo de lo virginal que provocaría chistes. Una residencia de ricos banqueros, pongamos Zurich, se agazapa tras las cómodas murallas del lujo y la exclusividad. Málaga, mal que le pese, ahora necesita expandirse; su desarrollo exige la repoblación del Centro urbano, a la vez que el diseño de nuevas avenidas, la conquista de terrenos hasta hace poco industriales y, desde luego, un avance más allá de las rondas como sucedió a Madrid cuando traspasó la M-30, o a Barcelona o Valencia cuando corrieron más allá de sus anillos, o como en los casos paradójicos de Rincón de la Victoria, Benalmádena, o Marbella, terrenos sobre los que la Junta sí tiene competencias y sobre los que el pagano (por cuestiones de pagos) no comprende por qué no se actuó con iguales criterios a los que se aplica con Málaga para que no se produzca esa pretendida inseguridad jurídica con que, según parece, nos íbamos a despertar cada mañana los vecinos si el plan hubiese sido aprobado.
Una gran descoordinación se atisba entre varias actuaciones administrativas, perjuicio para los contribuyentes de una localidad que vive en un grado excesivo de la construcción, sí, pero para la que no se anuncia otro horizonte. Si la expropiación de Arraijanal por parte del Ministerio correspondiente ya se hubiera llevado a cabo, si las circunvalaciones se trazaran con previsión de amplio futuro, o si los trenes anduviesen entre nosotros bajo tierra como en cualquier núcleo civilizado desde hace décadas, no se habría producido ese ofensivo tirón de orejas a la Alcaldía de Málaga que, desde la óptica de las declaraciones de la Junta, semeja un ayuntamiento de especuladores facinerosos, como aquel que la misma Junta tuvo en la Costa a pocos kilómetros de aquí y contra el que no fue capaz de actuar, hasta que no cayó casi por el propio peso de su cadáver. El exceso de rigor también provoca injusticias, o revanchas, según se mire.