Investigador y mártir

12 Oct

images1En mi currículum, aunque esto no interese más que a mí y mis padres, figuran un par de años como becario de investigación. Terminé unos estudios universitarios en los que entonces creía, dominé mis nervios juveniles, me encerré literalmente durante los meses de aquel verano en el ochenta y tantos, y escribí a máquina mi tesina de licenciatura con casi quinientas páginas que culminaron los tres años previos de indagaciones sobre el periodismo malagueño en el siglo XIX; sumé de este modo a mi expediente los puntos necesarios para que me concedieran aquella beca. Ignoro si las condiciones han cambiado pero en aquel tiempo ni teníamos seguro médico, ni cotización alguna, nos pagaban cada seis o siete meses y nadie garantizaba que concluido ese período apareciera un puesto de trabajo en ningún sitio, sino que tal vez pudiese conseguir otra beca y así hasta el asilo. El investigador se enclaustra hasta los treinta años, mal pagado y, si vive en Málaga donde la industria no contamina por su ausencia, al final del túnel le espera más oscuridad. Abandoné. Tampoco la humanidad sufrió una gran pérdida con esa rebeldía privada, pero existen investigadores que sí se sumen en estudios determinantes para el bienestar colectivo y no todas las exploraciones surten efectos inmediatos, casi ninguna creo, pero se trata de esfuerzos progresivos: cae una manzana, alguien se pregunta por qué, se sienta a pensar y varias páginas después un tipo pisa la luna y más páginas después, en la estación espacial desarrollan un medicamento que sana una compleja enfermedad del manzano. Esto va así, se necesitan miles de datos sobre múltiples materias para que en un cálculo aflore la partícula divina.
Nunca sabremos en qué microscopio se verá la molécula que evite el envejecimiento, pero sí puedo jurar con la mano sobre la Biblia que no la descubrirá quien no tenga microscopios, ni jóvenes dispuestos a sacrificar los mejores años de la vida para alcanzar un futuro más que mediocre. España solicita mártires no investigadores. En mitad de una crisis causada por la concentración de casi todo el producto nacional en dos sectores, construcción y turismo, algunos de los descerebrados que nos gobiernan reducen las inversiones en investigación. Esta medida no sólo va a crear un inexplicable desempleo de altísima cualificación laboral, sino que nos condena a una dependencia crónica de esos dos pilares que hunden en la miseria a cualquier economía apenas una mala coyuntura aparezca. Un país de naturaleza pobre como Japón se convirtió en gran potencia gracias a su voluntad de modernización y a sus gastos en científicos que en todo país desarrollado son profesionales respetados y con un nivel de vida que promueve hacia los laboratorios a los mejores, a esos que libran a su sociedad de la misma penuria a la que aquí los condenamos.

Religión y escuela

7 Oct

maritresLa enseñanza de la religión católica en la escuela pública traza un problema enquistado y que ningún gobierno del período democrático se ha atrevido a resolver valiente. Como en muchas otras sociedades civilizadas de nuestro entorno, aunque con una historia limpia de nacional-catolicismo, las diversas fes religiosas deberían quedar relegadas a los templos, espacio para el credo impartido por el profesorado religioso del que cada diócesis dispone. Las diferentes confesiones que proliferan por el ya multicultural, multirracial y multiconfesional territorio español también podrían usar las aulas como ámbito para su doctrinario, eso sí, fuera de las apretadísimas horas lectivas del alumnado. La diatriba surge cuando una parte de la lista se encamina hacia su clase de religión y la otra hacia el limbo docente. A unos los orientan hacia el cielo, pero a los otros no los pueden castigar en ete valle de lágrimas por su agnosticismo, ateísmo, indiferencia o confianza en otras deidades o dogmas, a una especie de purgatorio donde se mezclen o historia de las religiones, para la que no figuran especialistas como tales entre los claustros, o actividades al libre albedrío del profesor que arrastre la cruz de esa alternativa a la religión que le brotó en su jornada. Además, surgen importantes divergencias entre la cantidad de alumnado que abraza la enseñanza religiosa durante su periodo escolar, y la que cursa esta opción cuando ingresa en la ESO y Bachillerato. Una crisis de fe parece que doblega a adolescentes y familias una vez que aquel ceremonial de las primeras comuniones con sus fastos, trajecitos de novias y borracheras de padrinos, yace en el olvido de los armarios y álbumes de fotos.
Quizás sea coherente, incluso sano por la supervivencia de las congregaciones, que la enseñanza religiosa ocupe su lugar junto a los altares y velas, y no entre tizas y pupitres. Dios también anda entre los pucheros, pero de los conventos. En mitad de esta refriega argumental, unas víctimas de tropa: el profesorado de religión. Parece que la tortura a la que se ve sometido de forma periódica ha apretado un poco más sus clavijas. Por ejemplo, algunos fueron enviados por la Delegación a los institutos la semana pasada, bien iniciado el curso y por supuesto con los horarios confeccionados; en el paroxismo del disparate, comparten institutos, pongamos uno cerca del Guadalhorce, otro por Capuchinos y otro en un pueblo de la comarca de Antequera (esto no es ficción de articulista) y ahora la organización de Centros con ochenta profesores y casi mil alumnos tiene que ser recompuesta ya que en la nómina de aquel docente no aparece el don de la ubicuidad. El calendario del martirologio debería fijar una celebración para estas y estos profesionales, pero festejada en la parroquia, con su propio programa y sostén económico de los fieles, como por cierto las epístolas divinas mandan.

Absentismo y violencia

25 Ago

pistolaTerminó la fiesta en Málaga capital -que no en la provincia- y el verano psicológico se derrumba como el castillo de arena al vaivén de las calores. Runrunea ya septiembre con su carga de exámenes y proyectos personales para un nuevo curso. Entre el final de las sirenas de tiovivos y otras centrifugadoras para las emociones luminiscentes, dos titulares sobre la adolescencia ayer se deslizaron entre las páginas de La Opinión. Según los informes de la Fiscalía de Menores, en Málaga aumentan los casos de absentismo escolar y de violencia hacia la familia, actitudes ambas que suelen caminar ligadas, aunque como de actos humanos se tratan, el abanico de posibilidades despliega una multitud de varillas.
Caín, recordemos, se portaba como un trabajador ejemplar que finalizó a golpes los celos hacia su hermano. La fiscalía propone que sean multados los padres cuya actitud negligente influya en el comportamiento anómalo del menor. Y aquí hallamos de nuevo un mosaico de actitudes tan variado como progenitores estudiemos. Los niños llegan con un pan bajo el brazo, pero no con un manual de instrucciones. Hermanos excelentes se crían en iguales condiciones que aquellos maltratadores a quienes no importa el sufrimiento materno, paterno o fraternal. Existe quien trae hijos al mundo para que los críen las instituciones del Estado, y quien sacrifica todo por su prole pero los vástagos le salieron torcidos. Los equilibrios son complejos en nuestra sociedad compleja. Hemos disfrutado un desarrollo económico rápido pero desacompasado en excesivos aspectos que afectan a las relaciones familiares y, por tanto, al fracaso escolar que va enraizado con familia y sociedad aunque este círculo muchos no lo vean o no quieran verlo.
La sociedad española tiene que detenerse y reflexionar sobre la familia, escuela y modelo social que pretende. Todos estos aspectos se han convertido en armas arrojadizas por parte de ideólogos y políticos; los debates, por ejemplo, sobre la ley del menor se entablan a golpe de sucesos luctuosos, lo que no contribuye a la serenidad y a la sensatez en los argumentos. Los anuncios de medidas se contemplan como venero de votos. Al margen de otros factores, las relaciones familiares se han complicado por los horarios de trabajo. España es diferente hasta en esto. Los padres salen de casa temprano y regresan tarde como cazadores primitivos; este hecho que exige un pacto entre partidos, gobiernos, patronales y sindicatos no se aborda. Tampoco los horarios de programaciones de televisión, o los calendarios festivos, con ferias que detienen los cursos escolares, o tal vez se celebren demasiado cerca de exámenes, como la de Málaga. Los menores no se crían solos, pero muchos padres sienten la soledad ante actos filiales que los hunden y las multas, en casos necesarias, no los reconducirán.