Halloween

30 Oct

He leído que a la Iglesia española no le gusta la fiesta de Halloween. O por lo menos al obispo de Sigüenza-Guadalajara. Y me he puesto muy contento de –por fin- compartir el gusto en algo con la institución más bendita que conozco. A uno, que la fe le dio calabazas en cuanto dejó de creer en los Reyes Magos, que sean precisamente calabazas las que le devuelvan al buen camino del buen cristiano, sinceramente, le llena de buenos propósitos y mejores expectativas. Poquito a poco, quizá retome el camino y me convierta en virtuoso, si no de la fe o de la caridad, por lo menos de la esperanza.

Tampoco me gusta el carnaval, yo creía que por soso, pero ahora pienso que pueda ser que mis estudios de adolescencia en un colegio religioso me hayan servido para algo. No bailo, no entiendo los chistes ni sé contarlos, me aburro en Nochevieja y me dan miedo las hogueras en San Juan, yo pensaba que por raro, pero ahora me veo iluminado por el buen gusto cristiano que me separa del afecto a esos festejos tan paganos. Es más, algunos no es que no me gusten, sino que me molestan. Las dos celebraciones más paganas que conozco, la feria y la semana santa malagueña, las considero insoportables. En cuanto a mis efusividades festivas, debo de ser el prototipo de fiel que busca el obispo Don José Sánchez.

En cuanto a Halloween, la primera vez que oí mencionarlo,  creí que me hablaban del enano saltarín de un cuento. Después de dos o tres pelis, me enteré de lo que sé ahora sobre la fiesta, o sea, nada. Porque Halloween en Málaga es todavía muy joven. Por eso será que todas las tiendas modernas se disfrazan. Yo creo que los comerciantes aún no se han dado cuenta de que no les supone ningún ingreso extra y por eso debe de ser que siguen adornando sus escaparates de una forma especial. En realidad, esa noche esperpéntica sólo sirve para que los bares nocturnos hagan fiesta con telarañas y los camareros se maquillen de fantasma. Creo que ya está. Nadie se regala nada, nadie se felicita, simplemente es una conmemoración anglosajona que aquí no entendemos pero, será la globalización, nos motiva para llenarlo todo con calabazas de  plástico. Un verdadero timo.

Pero el obispo de Sigüenza-Guadalajara no lo ve como una moda absurda. Este señor ha alertado del riesgo de que hábitos paganos como la fiesta de Halloween prevalezcan hasta hacer desaparecer costumbres cristianas tan “arraigadas y beneficiosas” como son la devoción a los santos y el recuerdo a los difuntos. Dice que Halloween “no es una fiesta inocente”, porque “tiene un trasfondo de ocultismo y de anticristianismo”.

Yo lo que no entiendo es que a la iglesia le preocupe el trasfondo de una celebración cuyas consecuencias puedan ser que unos niños se disfracen de bruja o de vampiro y pidan caramelos. ¿Dónde pierde este cuento chino americano su inocencia? ¿Qué ocultismo y anticristianismo puede haber en algún trasfondo de una fiesta tan superficial?

Supongo que lo que la Iglesia –o uno de sus obispos- pretende conseguir con tales afirmaciones es darnos más miedo con Halloween del que cualquier Halloween podría producirnos por más que se esforzara. Será su manera de apuntarse a la fiesta. Pero relacionar esta celebración intrascendente con la mengua de la devoción a sus santos o el recuerdo de nuestros difuntos, más que un timo, como Halloween, me parece un truco irreverente.

El nuevo cine Albéniz

21 Oct

Dicen que van a arreglar el Cine Albéniz. Se rompió allá por mayo del 2008, cuando se lo expropió el Ayuntamiento a sus antiguos propietarios. Yo sé muy poco de expropiaciones pero suenan dolorosas. Que te hagan eso queda feo a oídos mundanos. Yo conocí a un señor que lloró cuando le expropiaron sus tierras de caña de azúcar para agrandar el Aeropuerto. Para que pudiésemos ir a New York, decía. Pues ya no podemos, creo, qué le vamos a hacer, si esos americanos son poco viajeros y no entienden de nuestra oferta cultural ni de nuestros precios. Tampoco intuyo que el buen señor eche en falta ahora recoger su cosecha. Pero se quedó sin la casa en la que había nacido. Aquella vez, sentí mucha pena por la nostalgia de aquel hombre. Era nostalgia en presente, muy rara. Él estaba triste por lo triste que iba a estar cuando recordara su cocina. Con mi pena por él, estábamos tristes tres veces, como en un trabalenguas que me niego a reproducir por pereza. Ahora bien, nunca dudé de que aquella expropiación no fuera de sentido común y que por más emotividad que quisiésemos ponerle, el resultado de aquello sería beneficioso para todos. Tendríamos un mejor aeropuerto.

Pero no es el caso del Cine Albéniz. Allí, supongo, que no nació nadie. Lo sabremos si algún listo se decide a remover sus cimientos y se encuentra con algún romano al estilo de Pompeya bajo la excavadora. Y, por otra parte, yo, que a veces soy muy torpe, tampoco logro encontrarle el beneficio social que pueda tener expropiar un cine para poner otro cine. No sé a quién o qué favorece. A mí, no. Quizá sea un favor del Ayuntamiento al antiguo propietario para sacarlo de la ruina. Del Teatro Romano.

No sé cuánto habrá pagado el Ayuntamiento ni qué valor pueda tener un edificio de esas características, pero si tanto uno como otro se han beneficiado de esta expropiación, me parece mal. Muy mal. Mi ética cristiana nada practicada me dice que la única transacción que no me indignaría en este cambio de titularidad tan extraño, sería aquella en la que se hubiese adquirido el edificio a un precio justo. Pero es que, ya digo que soy muy torpe, no logro entender de ninguna de las maneras que si este fuera el caso, se haya expropiado en lugar de comprado.

Ahora, ya digo, se anuncia que se van a iniciar obras de remodelación en enero para que esté listo para el próximo Festival de Cine, a finales de marzo. Y me parece a mí, que es muy poquito tiempo. Llevará un año cerrado –viva la burocracia municipal y sus altos cargos- y se arreglará en dos meses, al menos en su primera fase. Con algún gerente por instalarse cobrando al año lo que todos los trabajadores del cine juntos durante los últimos diez años, muy probablemente.

Y me pregunto, ¿para qué? Si de verdad van a seguir con la línea de películas en versión original, como venían haciendo los antiguos propietarios, si se va a compatibilizar el cine comercial con el cine de autor, como hasta que fueron expropiados, ¿para qué quiere el cine nuestro Consistorio? ¿Serán de izquierdas? ¿Querrán ir municipalizando la propiedad privada? 

Si sólo es para modernizarlo, nos habría salido más barato pagarle el equipamiento nuevo a los antiguos propietarios que expropiarlo y, conociendo a Don Francisco, muchísimo más barato si lo gestionaran ellos en lugar de otro alto cargo municipal de muchísimo aprecio y confianza.

A ver.

La Invisible

15 Oct

En el 11 de la calle Nosquera se ha producido un hecho insólito para el devenir de nuestra ciudad. Esto es, que se hayan juntado más de tres malagueños con pretensiones de ofrecer alternativas culturales al margen de las instituciones y no se hayan aburrido o arruinado en el intento.

He de reconocer la poca fe que mis prejuicios burgueses le pusieron al asunto cuando me enteré de que el edificio había sido ocupado, presuntamente por unos chalados, peludos, anti sistema, ecologistas y vegetarianos sin dos dedos de frente. Acogerse al derecho natural para cometer un acto ilícito, como es la ocupación, dejó de ser una premisa permisible en mi conciencia acomodada desde hace más años de los que quisiera, aquel día en que quité el póster del Che Guevara de mi cuarto.

Y el tiempo ha ido pasando y me quitó la razón, agradablemente. Uno se siente más joven cuando fracasan sus postulados más conservadores y el único hecho irrebatible sobre la casa invisible a día de hoy, es que, al menos en su aspecto cultural y de ocio, ha funcionado muy bien.

No creo que este éxito invisible pueda verse con buenos ojos en las administraciones. En ninguna. Que unos jovenzuelos sin sueldo sean capaces de alentar el sustrato cultural de una ciudad que parecía dormida, sin subvenciones, deja en mal lugar a los altos cargos de la gestión cultural malagueña que solo entienden la cultura a base de talonario.

Yo voy poco a la Invisible porque me he acostumbrado a la función por canapé. Asisto a saraos, exposiciones y demás presentaciones de la cultura institucional según imagine el catering, descartando las que no creo que ofrezcan copa. Me llegan invitaciones por correo muy bien diseñadas en las que el alcalde o el presidente de la diputación me invitan muy gentilmente a acudir a esas ceremonias caras que tanto más me agradan cuanto más se parezcan a una boda. Pero ahora pienso, que sólo con el dinero de la cartulina bien diseñada de uno de esos actos, en la invisible le pagan el viaje a Luis García Montero, por ejemplo.

Si bien voy poco a la casa de calle Nosquera, no es menos cierto que sí la uso. Cuando necesito un plató para un rodaje de interiores, voy allí a rodar. Sin papeleos, sin permisos por escrito, sin burocracia. Te abren la puerta con una sonrisa y te intentan –y consiguen- agradar. Lógico, claro. No tienen la titularidad del edificio, pensarán muchos. Sin embargo, ese mismo acto, tan sencillo, demuestra también que lo que se mueve en aquel lugar, nada tiene que ver con un colectivo encerrado en sí mismo. Lo mejor de la Casa Invisible es que tiene las puertas realmente abiertas a cualquier propuesta ciudadana.  

Ahora, se debate con el desalojo. Absurdo. No puede haber nadie tan torpe, ni en el Ayuntamiento de Málaga. Lo que está claro es que la situación ilegal no puede persistir, pero las partes están condenadas a entenderse. Con el supuesto apoyo de la Junta y la Diputación, que algún día ha de concretarse con alguna firma, digo yo, sólo quedará que el Ayuntamiento llegue a un acuerdo satisfactorio que permita que las actividades culturales continúen realizándose como hasta ahora. Lo que se tarde, dependerá del jugo que los partidos quieran sacarle de cara a las municipales.

A vueltas con la memoria

14 Oct

En estos días en que la excavación de la fosa donde yacen los restos del poeta Federico García Lorca da tanto alimento a informativos y titulares de prensa, me alivia pensar que al frente de las negociaciones haya una persona con capacidad para escuchar, como parece serlo la consejera de Justicia, Begoña Álvarez Civantos, porque los procesos de recuperación de la memoria histórica a menudo se asemejan a la tarea de desenmarañar alambradas de espinas: las heridas son inevitables.

En el caso de la exhumación de Lorca hay posturas encontradas, y yo, que soy poco dado a ver en blanco y negro, diría que todos tienen algo de razón y, en todo caso, que la exposición de los motivos de cada cual llevaría más tiempo y tendría más matices que el ‘minuto y resultado’ que impone la vertiginosa realidad mediática. Pero al final lo que queda es que el hispanista Ian Gibson, que ha dedicado buena parte de su vida a investigar la figura de Lorca, ha amenazado con devolver la Medalla de Andalucía si los restos no se recuperan, y que la familia amenaza con no facilitar la identificación cediendo el ADN que comparte con el poeta si no se le garantiza que después los huesos se van a devolver a los Barrancos de Víznar, junto con los de casi 2.700 granadinos más que perdieron la vida en esos parajes.

Hace unos días escuché en la radio a uno de esos opinadores profesionales que abanderan la progresía proclamar, con la vehemencia que caracteriza a los tertulianos de éxito, que Lorca es patrimonio universal, y que la familia no tiene ningún derecho a privarnos a todos de comprobar, científicamente y de una vez por todas, cómo acabó sus días. Es cierto que todavía quedan maledicentes; personas a las que la simple mención de las palabras memoria histórica les provoca sarpullidos, pero sus opiniones a mí no me merecen ningún crédito. A estas alturas podemos no saber con certeza las coordenadas de la ubicación de los huesos de Lorca, pero que fue asesinado por sus ideas en la Guerra Civil parece un hecho más que contrastado.

Lo que no comparto es la afirmación de que Lorca sea patrimonio universal. Su obra literaria lo es. El destino de sus huesos,  según la Ley, es en cambio patrimonio de su familia, tanto si nos gusta como si no.

La familia dice que en la fosa donde se cree que está enterrado Lorca hay como mínimo tres personas más, de las cuales sólo una va a ser exhumada por expreso deseo de sus parientes. De los otros dos cadáveres, hay uno que no tiene quien lo reclame y otro cuya familia comparte el parecer de los Lorca. El destino de quienes no sean reclamados por nadie es ir a parar a otra fosa común, en este caso en el cementerio municipal de Alfacar, o permanecer bajo tierra a la espera de que alguien los busque. La familia Lorca plantea que el paraje donde se va a excavar sea clasificado como cementerio y lugar de memoria. La propuesta tiene sus trabas legales y encontrará opositores, pero a mí me gusta. Podríamos honrar los restos de Lorca en cualquier otro lugar, pero permaneciendo donde está, las generaciones futuras no llegarán a olvidar que el poeta, como cientos de miles de españoles, muchos de los cuales siguen enterrados en cunetas y barrancos, fue víctima del odio de una Guerra Civil que no queremos que se repita. Cobra sentido la frase que reza en la lápida de piedra que señala el lugar de su sepultura: Lorca somos todos.

Sueldos

30 Sep

Qué suerte tienen los que deciden congelarse el sueldo. Eso de ponerse uno mismo la paga, o parecido, me ocurrió a mí una vez cuando estudiaba bachillerato. Fui rico un trimestre cuando la más progre de mis profesoras, de literatura, nos pidió que nos evaluásemos honestamente y nos pusiésemos nosotros mismos la nota. Yo, que era humilde, pecado de juventud, me conformé con un notable, que por cierto, no volví a sacar en mi vida. Pero fui sincero, creí que me lo merecía, supongo que por existir. Lo mismo le ocurrió al resto de la clase, hasta el punto de que no hubo ni un solo suspenso.

Puestos a comparar, ahora que Arenas aprieta y que el presidente de la Diputación ha anunciado que rebajará su paga para el próximo ejercicio, me veo a mí mismo pidiéndole a la señorita Victoria que me rebaje la nota del 8 al 6, para ser tan solidario y humilde como ellos. Lo que pasa es que me planteo la posibilidad, ahora que salen a la luz pública sus emolumentos, que tal vez, como nos pasó a nosotros, la valoración que cada cuál haga de sí mismo, pueda llegar a ser un poquito alta. No sé, yo que soy pobre, no entiendo mucho de esas cosas de los ricos y tal vez no debiera de entrometerme, pero a mí, sin quererlo, me parece que estos hombres públicos que se dejan la piel por nosotros, aún con las rebajas, seguirán ganando mucho dinero.

Realmente, no entiendo las pretensiones de un gobernante que anuncia que se va a bajar el sueldo. Será que nos informa de que va a apretarse el cinturón por sus ciudadanos, digo yo. Pero, ¿qué ciudadano puede imaginarse que alguien pueda pasar fatiga a fin de mes con un sueldo así, que multiplica por cinco la media de los ciudadanos que le pagan? ¿Qué imagen de austeridad puede ofrecer un señor que se baja el sueldo de 7.500 € mensuales a 6.750?

Me parece honesto que en época de crisis, quien cobra del dinero público y tenga la potestad de bajarse el sueldo lo haga, pero me resulta incomprensible que lo anuncie. La opinión pública no se quedará con el acto de bien de quién decide salir a cenar menos veces con la familia, sino con lo que gana ese buen hombre que no le arregla el bache de su calle.

Yo no sé quién puede aconsejar a nuestros políticos que hagan ciertas cosas. Por ejemplo, el señor presidente de la Diputación, va  a reducir motu proprio su sueldo hasta igualar al del funcionario mejor retribuido de la institución (el secretario general), más un euro. Este acto ético y plausible, ¿no se enturbia por ese euro? Dicen que es un acto simbólico. ¿Pero no hay nadie que le diga que ese acto simbólico le perjudica más que le beneficia? ¿Qué sería mejor de cara a la opinión pública, que cobrase lo mismo que ese funcionario a pesar de tener muchas más responsabilidades que éste, o que cobre casi lo mismo, ¡pero casi!, porque al ser Presidente tiene que cobrar -¡un euro!- más? De Perogrullo.

Y Luego, el otro. El que no cede. Nuestro alcalde que no cree que pueda haber alguien que sea bueno y no cobre una millonada. El presidente del gobierno, los ministros, los secretarios de Estado, el presidente del Consejo General del Poder Judicial, el del Tribunal Supremo, el presidente del Tribunal de Cuentas, el del Consejo Económico y Social… Todos esos altos cargos del Estado, los mejor pagados, cobran menos que lo que los malagueños pagamos al menos a dos de los que necesita nuestro rector para dormir tranquilo y hacer de nuestra ciudad, tan querida, la que es.

En fin, voy a pedirle a mi jefe que me suba el sueldo un euro, a ver…