Precampaña

20 Feb

Visto y no visto, Pedro Sánchez abrió la ventana para que le viésemos el colchón nuevo y la manita de pintura que se había dado en la Moncloa y le pasó lo que a Brian en la peli de los Monty Python. Sin pijama, ni golpistas sediciosos, ni nacionalistas repantigados de chuletón, ni pseudoterroristas, ni amigos de baja por paternidad a los que agarrarse, se encontró desolado frente a sus barones, sin presupuestos siquiera que argüir como hojita de parra, ni libro creativo al que pasarle un programa de control antiplagio, ni nada de nada con lo que taparse las vergüenzas ante tal inmensa multitud silenciosa que se dibujaba en el horizonte y que lo observaba perpleja, muy sorprendida, sobre todo, de encontrarse con una legislatura tan, tan, tan chiquitita.

Así que, por desistimiento, estamos otra vez en precampaña electoral, que es lo mismo que estar en plena campaña pero fuera de plazo por delante. Se avecinan generales, municipales, europeas y las únicas que hemos solventado ya, apenas hace dos meses y medio, aún con la desgana que plasmaron sus bajos índices de participación, comienza a hacer aguas. Lo dejamos en aguas menores pues, si bien es cierto que Abascal, la cara visible de VOX, ya ha amenazado con que su formación no aprobará los presupuestos que prepara el equipo de gobierno de Juan Manuel Moreno para Andalucía, no debe interpretarse como un hecho alarmante, pues verter amenazas es inherente a la esencia de una formación de ultraderecha como esta que nos ha salido en la chepa, procedente de la víscera más oscura del PP, que centra su discurso en propagar un miedo insuperable en la sociedad, necesario para que cale la idea de que una formación fuerte, disciplinada, orgullosa de sí misma, que no se deje amilanar ante nada ni nadie, es la única capacitada para enfrentarse a los graves peligros que nos acechan. Podrían haber amenazado con romper el pacto por las normativas que defienden la igualdad de género, o por las que dignifican al ser humano provenga de donde provenga, pero esta vez toca ponerle el acento del terror a las leyes de memoria histórica, la de los huesos de los abuelos tóxicos, que tienen que derogarse, según acuerdo de legislatura o ruido de buenas personas, según qué santo patriótico lo interprete. Más agua turbia que la que pueda derramar nunca este mal socio de gobierno minoritario, expulsó ayer el CIS, abriendo las compuertas de los datos científicos que sostienen que si hubiesen votado los que no acudieron a las urnas el 2 de diciembre, el PSOE seguiría eternizándose en San Telmo. Una información oportuna o tramposa, según se mire, sin que una cosa excluya, por supuesto, a la otra.

Mientras esto ocurre en Andalucía, el Parlamento Europeo publicó anteayer un sondeo que augura la victoria holgada del PSOE en las elecciones que directamente le conciernen, sin que Casado pueda criticar, en esta ocasión, la imaginativa creatividad del chef Tezanos en la cocina. Está el líder de la oposición callado y tranquilo, puede que por primera vez desde que dejara de soliviantarse por culpa de su máster especial del universo, cuando aún era un político moderado de centro. Bueno, de centro derecha, como dios manda. O de derechas, en vías de centrarse. Vale, de Aznar, y lo dejamos ahí.

Para las generales, Ciudadanos ya ha tomado partido. Mejor dicho, ha eliminado partido. Pero si las amenazas de VOX no deben alarmarnos por formar parte de su sinrazón de ser, tampoco que Ciudadanos anuncie que no pactará con alguien, debería. A la secuencia histórica –tan, tan, tan chiquitita- me remito. De hecho, el partido de Rivera ya ha empezado su precampaña sin candidato a la alcaldía en Málaga rompiendo su acuerdo con el PP (en realidad, decir PP refiriéndonos a Francisco de la Torre, es mucho decir). Lo ha roto porque Pomares, Porras y Cardador -miembros del enredado equipo íntimo del alcalde- han sido citados como investigados por el titular del juzgado de Instrucción número 8 de Málaga. En definitiva, todos están, estamos en precampaña. Todos, menos De la Torre, que está entretenido tirándose piedras sobre su propio tejado en la aldea de Astérix. Dicen, los que lo conocen en la intimidad que, mientras le da patadas a una lata, se le escucha susurrando reflexivamente “investigación, informal, imputación, formal, no es lo mismo, que es igual”, con música de Perales.

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