Huelga

29 Sep

Hoy es el día de la Huelga general. Se supone que protestamos contra la reforma laboral del gobierno, que pretende salir de la crisis a costa de los que más la estamos sufriendo, los trabajadores. Está claro que se nos considera la parte más débil del sistema capitalista y, por tanto, no debe de extrañar a nadie que los primeros recortes se dirijan hacia nosotros. Ante esta tesitura sólo nos cabe quejarnos y la única manera legal y democrática de hacerlo es esta. Ya hemos comprobado lo que ocurre cuando los mercados financieros no funcionan debidamente. Debe de ser por ello que a los gobiernos les da miedo enfadarlos. Todo lo que se habló de la reforma y de la nueva seguridad jurídica cuando los organismos internacionales y financieros se reunieron para intentar contrarrestar su poderío, ya fuera a través del G20 o del sillón que Francia le prestó a quien por aquel entonces iba a arreglar el mundo, Zapatero, quedó en nada. El mercado hacía aguas por los desmanes del mercado pero la solución propuesta sólo ha pasado, aún sin éxito, por intentar restablecer a los culpables de la crisis a su privilegiada situación anterior. La fórmula es perdonar sus excesos especulativos y proporcionarles las condiciones idóneas para que vuelvan a erigirse en el gigante con pies de barro que haga girar el entramado macroeconómico. Y vuelta a empezar. Hacia la próxima bonanza y hasta la siguiente crisis. Su mensaje ha sido claro, si nos va mal, os irá peor, y tan mal ha ido la cosa que, donde deberíamos encontrar al aliado, o sea, en los gobernantes en los que hemos depositado nuestra confianza, hayamos desamparo. Se nos exige que nos apretemos aún más el cinturón para que los verdaderos causantes de la crisis salgan adelante y se apiaden de nosotros. Porque han demostrado su fuerza y los trabajadores no.

Pues no somos tan débiles, lo que pasa es que no lo sabemos. Los entes financieros no son nada sin los trabajadores. Papel mojado: humo, bonos y acciones. No tendrán nada que vender si no les manufacturamos. Esa es la realidad. Y la de hoy, una oportunidad de demostrárselo fehacientemente. Si el país se para, saltarán las alarmas. Si grave es que no funcionen los mercados de la especulación, imagínense la gravedad del cese de actividad por parte de los trabajadores. Hay que dar un golpe en la mesa y recordar a nuestros representantes que hay un límite para todo. Que recortar los derechos siempre a los mismos es inadmisible. Y, sobre todo, que no deben de confundir la buena voluntad del trabajador con su debilidad. Ahí estaremos cuando se nos pida un esfuerzo pero ahí estaremos también cuando se nos impongan medidas injustas. Y esta reforma laboral lo es. Se trata de abaratar el despido. Se trata de perder derechos laborales. No se aporta nada nuevo a la formación, la innovación o la productividad. Se pierde una oportunidad de modernizar el mercado laboral y se acoge la idea de abaratar costes a través del sueldo del trabajador. Si un empresario gana más, invertirá más y para que eso ocurra, el gobierno no ha decidido formar al trabajador para que aumente su productividad, sino que ha decidido que produzca lo mismo y cobre menos.

Una huelga general es, a diferencia del resto, una protesta contra el gobierno aunque en sus balances, cuentas y beneficios a quien perjudica económicamente es a la patronal. Lo que se pretende es una rectificación en la política de quien nos gobierna.

Ojalá sea un éxito. Ojalá se produzca esa reparación. Ojalá no paguemos siempre los mismos.

Una respuesta a «Huelga»

  1. Estimado Blogero:

    Toda movilización civil, a mi juicio, merece una consideración positiva. Es un modo de involucrarnos en el funcionamiento de la democracia, que cada día más muta en despotismo ilustrado o en oligarquía de ineptos camuflada.

    Pero permíteme que discrepe de una huelga convocada por quién no sólo ha apoyado muchas de las medidas que nos están (seguimos hacia abajo) llevando a un progresivo empobrecimiento, sino que las han apoyado e incentivado. Citabas una de ellas, como es la sinrazón de subsanar, con dinero a fondo perdido, sin exigir su devolución y con total opacidad, los desmanes de la banca. Añadiría a eso, el latrocinío diario por parte de los políticos centrales, autonómicos, de diputaciones, de ayuntamientos, de fundaciones, de mancomunidades, de asosciaciones, que hacen que sólo exista crédito financiero para ellos.

    La destrucción de la base de nuestro sistema económico, las pYMES, generadoras en su tiempo del 80% de la riqueza y el empleo de nuestro país, es fundamentalmente, debido a la citada falta de crédito, a la no adopción de medidas NACIONALES (el G-20 no o los entes supranacionales no pueden adoptarlas) como:

    – Obligar a todas las entidades que han recibido ayudas a facilitar los créditos a las pymes, especialmente el descuento de efectos, con sanciones para aquellas entidades que no lo hagan.
    – Otorgar un crédito (no regalarlo, ni condonarlo) a las pymes sobre el IVA, permitiendo así un financiación fácil, y si coste de implementación, que además permitiría que las ayudas estuvieran localizadas y controladas.
    – Lo anterior evitaria la generación de mercado B, que es lo que se esta haciendo para sobrevivir.
    – Que las deudas de los entes municipales fueran sufragadas, y no impagadas como ocurre con el 90% de las mismas.

    Con esas medidas, o la solitud de las mismas, de modo continuado, y no un día, estos sindicatos que hasta junio de 2010 no han puesto tacha al GObierno, podrían haber ayudado, con una actitud activa, reivindicativa, y retratando al gobierno, pero de poco sirve esta huelga, anunciada 3 meses antes.

    No, creo que una huelga que va a afectar principalmente a las grandes empresas, que repito no son las que generan el trabajo, sólo en un pequeño porcentaje, sirva de nada. Las prouestas de la ley en materia de empleo son algo futil, dado que la práctica y la ausencia de empleo, el bloqueo de los tribunales como ya ocmentaba, han llevado a que de facto ya se produzcan esas situaciones, y eso se lleva haciendo desde principios de 2009 ¿donde estaban UGT y CCOO entonces?

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