Lecciones del coronavirus

14 Mar

 

Eduardo Galeano escribió hace algunos años un interesante libro, como todos los suyos, que se  titula “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”. Viene a decir que el mundo es una escuela en la que se desarrolla un curriculum de lecciones muy diversas. Muchas de ellas conducen a terribles aprendizajes del mal. Otras, por el contrario, son hermosas lecciones que pretenden hacernos mejores.

El coronavirus imparte hoy lecciones gratuitas para todo aquel que quiera aprender. Voy a referirme a cinco, entre muchas otras posibles, que nos brinda a todos y a todas en la enciclopedia de la vida.

La primera lección la ha extraído el director de cine David Trueba y tiene que ver con la actitud que está manteniendo Europa sobre la llegada de inmigrantes africanos.

Dice Trueba: “Imaginen que el contagio del coronavirus se extiende por Europa de manera incontrolada mientras que en el continente africano, por las condiciones climáticas, no tiene incidencia. Aterradas, las familias europeas escaparían de la enfermedad de manera histérica, camino de la frontera africana. Tratarían de cruzar el mar por el estrecho, se lanzarían en embarcaciones precarias desde las islas griegas y la costa turca. Perseguidos por la negra sombra de una nueva peste mortal tratarían de ponerse a salvo, urgidos por la necesidad. Pero al llegar a la costa africana, las mismas vallas que ellos levantaron, los mismos controles violentos y las fronteras más inexpugnables invertirían el poder de freno. Las fuerzas del orden norteafricanas dispararían contra los occidentales sin piedad y les gritarían: vete a tu casa, déjanos en paz, no queremos tu enfermedad, tu  miseria, tu necesidad. Si los guionistas quisieran extremar la crueldad, permitirían que algunos europeos, guiados por las mafias extorsionadoras, alcanzaran destinos africanos, y allí los encerrarían en cuarentenas inhóspitas, donde serían despojados de sus pertenencias, de sus afectos, de su dignidad”.

A esto se le llama, dice Trueba, “la tragedia revertida”. Consiste, sencillamente, en tratar de meterse en la piel del otro, del que sufre, del que huye, del que no tiene nada.

La segunda lección tiene que ver con la privatización de la sanidad. He oído (o leído quizás) que hacerse las pruebas de coronavirus en Estados Unidos cuesta una fortuna. Unos tres mil euros, creo. Si tenemos en cuenta que su costo real es de 12 a 14 euros nos daremos cuenta del negocio que supone la sanidad privada.

La privatización de bienes y servicios que promueve la sociedad neoliberal favorece a quienes tienen mayor poder adquisitivo. Si usted tiene dinero, tendrá salud; si no lo tiene, enfermará, no se curará o se morirá. Como pasa en todos los órdenes de la vida con la privatización. Si tienes dinero, tendrás educación, seguridad, información o vivienda… Si no lo tienes, estarás perdido.

Pondré un ejemplo. Si privatizamos un medio de transporte desde Málaga a Santander, la primera parada del recorrido que desparecerá será aquella en la se suben cuatro desgraciados, precisamente la de aquellos que no tienen medios para tener un coche propio  o pagarse un taxi. El dueño del negocio lo justificará diciendo que no es rentable porque lo que le importa es la ganancia y ni un bledo aquellos que se quedan en tierra sin soluciones. “No es mi problema”, dirá. Por eso me importa tanto que tengamos un sistema de salud pública que atienda las necesidades de los más pobres, de los más necesitados.

La tercera lección me lleva a pensar en el miedo. Alguna de estas ideas me las brinda mi querida amiga Cristina Gutiérrez Lestón, educadora emocional, escritora y directora de La Granja de Palautordera en el Montseny catalán. Dice Cristina que la invasión del Covid-19 no viene sola, la acompaña otra invasión, la del miedo. Como muestra esa imagen de los supermercados donde se aprecia que cuanto más lleno está el carro, más miedo hay en él.  El miedo es una emoción natural y primaria, es decir, la sentimos todos los humanos. Su función es la de alejarnos del peligro (real o imaginario) motivo por el cual es muy potente, es decir nos domina fácilmente y toma muchas decisiones por nosotros anulando incluso la razón.

Él se encarga de que hagamos la peor interpretación posible. Además nos paraliza. Es invasivo (se hace cada vez más grande dentro de nosotros) y es contagioso, lo traspasamos a los hijos o a las personas que nos rodean.

Solo hay una manera de superar un miedo, y es afrontándolo con la valentía que todos los humanos también tenemos (a veces escondida, pero está en nuestro interior si la buscamos). El miedo es consecuencia de la falta de información, así que es natural sentir miedo ante este virus, nos falta la información sobre su naturaleza y sobre la posibilidad de que nos afecte a nosotros y en qué medida.  Pero es precisamente en estos momentos de temor o incluso de pánico colectivo, cuando podemos dar un importante ejemplo a nuestros hijos e hijas; afrontar el miedo con serenidad para dejar espacio a la razón, y cambiar el yo-yo-yo por un “nosotros”, un nosotros como sociedad, como comunidad o como tribu, porque, juntos, los seres humanos podemos con todo.  Dicen que es en los peores momentos cuando se demuestra quiénes somos en realidad.

Los innumerables e ingeniosos mensajes que cruzan las  redes suscitan una inteligente sonrisa que puede contribuir a aliviar esa atenazadora sensación de miedo.

La cuarta lección se refiere a la responsabilidad y solidaridad con la que tenemos que afrontar esta crisis. No se trata de responder al lema de sálvese el que pueda sino de `pensar en cómo podemos salvarnos todos y todas. No es cuestión solo de cómo me puedo librar yo del problema sino de qué puedo hacer yo para que todos nos salvemos. Es la hora de la solidaridad, de la responsabilidad, de la búsqueda del bien común.

Este es un momento que puede medir el grado de desarrollo moral de la sociedad. El grado de nuestra responsabilidad en la solución de un problema que nos amenaza y nos afecta a todos.

El pico de contagiados, si es muy grande, satura los Hospitales y centros de salud, dificulta o impide la atención sanitaria no solo a los afectados por este virus sino a los que llegan a urgencias por un accidente, un infarto o un ictus.

Hay cinco medidas que se nos aconsejan, entre otras,  y que debemos cumplir a rajatabla, en bien de todos y, en especial, de los grupos más vulnerables.  A saber:

– Quedarse en casa. Es preciso evitar reuniones. No se cierran las escuelas y las universidades para reunirse después en un parque o en un bar. No se cierra un estadio de fútbol para aglomerarse luego en las puerta durante el partido.

– Lavarse las manos con frecuencia y no llevar la mano a la cara si no están limpias.

– Cuando se estornuda, no hacerlo en la mano sino en el codo, de modo que se libre a la mano de recibir la saliva.

– Mantenerse a un metro de distancia, no saludarse dándose la mano o con besos en la mejilla porque el contacto puede encerrar riesgos.

– Informarse bien y no dejarse llevar por falsas noticias o por bulos.

Es una responsabilidad ciudadana conocer y seguir las indicaciones sanitarias para que toda la sociedad pueda superar esta grave crisis.

La quinta y última lección que nos da el coronavirus tiene que ver con la valoración de las rutinas cotidianas que tantas veces provocan hastío. ¡Cómo valoramos ahora la normalidad de lo cotidiano! Poder viajar sin miedo, acudir a un concierto,  contemplar un partido de futbol en el estadio, acudir a un centro de ocio, impartir y recibir clases, asistir a jornadas, bailar en una discoteca… serían ahora actividades que nos gustaría realizar con total libertad. Dichosa normalidad. Dichosa rutina.

La crisis relativiza muchos otros problemas que, ahora, nos parecen nimios. Y la crisis puede también unirnos en una causa común que a todos y a todas nos interpela.

Una vez más, nos damos cuenta de lo que es la felicidad por el ruido que hace cuando se va de nuestro lado.

 

 

 

39 Replies to “Lecciones del coronavirus

  1. QUERIDO AMIGO Y MAESTRO MIGUEL-ÁNGEL:
    Buenos días.
    Como siempre, un saludo entrañable para Carla y Lourdes, para ti y para tus lectores y lectoras.
    El artículo que nos regalas hoy no puede ser más oportuno y pertinente por el tema que aborda y, especialmente, por la exposición reflexiva de las consecuencias y actitudes individuales y sociales o colectivas que se derivan del coronavirus. No cabe duda de que esta pandemia nos ofrece lecciones por la vía negativa (como digo a mis alumnos), o sea, aprendizajes que se forjan a partir de experiencias desalentadoras (baste recordar la resiliencia) y lecciones por la vía positiva, las habituales, las que se imparten en clase con normalidad siguiendo el sacrosanctum currículo en el día a día…
    Comparto tus reflexiones magistralmente expuestas acerca del coronavirus, pero, quizá, de todas ellas, me ha llamado la atención la tercera: el miedo. Un miedo, pánico, pavor que puede ser individual o colectivo (histeria colectiva, alarmismo social…). El miedo , por naturaleza, es irracional, nos bloquea, nace de una distorsionada información, de su carencia o de una alterada percepción que el individuo tiene de la realidad (coronavirus). Me viene a la mente el famoso libro “El miedo es el mensaje” de Enrique Gil Calvo (en el título juega y se hace eco del famoso principio de Mc Luhan: “El medio es el mensaje”). Gil Calvo sostiene en su libro (2003) que estamos asistiendo a un sensible incremento de la alarma social, que parece superar en Occidente los niveles hasta ahora habituales. A la inseguridad económica, terrorista…se añaden la alimentaria, ambiental o sanitaria, que cada vez genera más alarma social. En la misma línea, el Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman, en consonancia con su modelo de “sociedad líquida” habla de “miedo líquido” como aquel que caracteriza a la sociedad posmoderna, sin embargo, sostiene que saber que este mundo en el que vivimos es temible no significa que vivamos atemorizados: disponemos de suficientes recursos o estratagemas astutas para hacer frente a esas alertas.
    Para terminar: resulta de vital importancia cómo gestionamos esta crisis ante nosotros mismos y ante nuestros niños y niñas…Estamos inmersos en un cataclismo de la sociedad neoliberal, ya caduca.
    ¡Feliz fin de semana a todos y a todas!

    • Querido Carlos:
      Qué interesante comenrario. Qué certero. Y qué madrugador.
      No conocía el libro de Gil Calvo. Me gusta el título y, en general, lo que escribe este veterano sociólogo.
      Me preocupa mucho otra reacción ante el coronavirus: por estúpida, inconsciente e insolidaria.
      Acabo de leer que anoche cerraron una discoteca en Sevilla porque había superado más del 200% el aforo. ¿Qué jóvenes son esos? ¿Qué familias tienen? ¿Qué dueños de negocio son esos?…
      Lourdes y Carla agradecen los saludos.
      Un abrazo para vosotros dos.
      Feliz encierro.
      Y gracias por tu inestimable colaboración
      MÁS

      • Muchísimas gracias por tus sentidas palabras, Miguel-Ángel. Gracias, ¡cómo no!, a Carla y a Lourdes por transmitirnos a mí y a los míos sus recuerdos entrañables.
        Os deseo un feliz fin de semana de encierro proactivo. Nosotros leeremos y reeleremos libros muy queridos, con fuerte carga simbólica: entre ellos, algún libro tuyo. Pasearemos por el campo saboreando la paz de los grandes silencios (Simancas o Tordesillas). Organizaremos agendas, tareas de casa…
        No hay excusa para la inactividad.
        Un abrazo entrañable, amigo graliarense.

        • Queridos amigos Carlos y Eli:
          Ya veo que sois personas con creatividad y dinamismo.
          La lectura es un quehacer maravilloso. Más sugerencias para la alimentarlo.
          Acaba de aparecer un libro mío titulado ¿PARA QUÉ SERVIMOS LOS PEDAGOGOS? EL VALOR DE LA EDUCACIÓN Editorial La Catarata). En mayo publicaré en Homo Sapiens (Rosario) un nuevo libro que se titulará: EDUCAR EL CORAZÓN. LOS SENTIMIENTOS EN LA ESCUELA.
          Nunca pregunto por la valoración de mis libros. Lo digo porque, de esa mera, nadie tiene que comprometerse a leerlos
          Buen encierro.
          Un gran abrazo.
          MÁS

          • Gracias por la referencia de tu libro recién salido del horno…Compruebo que se puede comprar online (la sede se encuentra en la c/ Fuencarral de Madrid). El título y el contenido resultan muy sugerentes. El precio, muy asequible.
            Otra lectura placentera para el enclaustra-miento.
            Un abrazo. Que con este nuevo libro coseches todo el éxito que bien mereces.

          • Querido Carlos:
            Se trata de una colección de la Editorial Catarata en la que ya se han publicado los siguientes: Para qué servimos los arquitectos, los jueces, los periodistas, los geólogos, los filósofos…Y están preparando otros, como Para que servimos los fiscales.
            Me llamaron para pedirme el relacionado con los pedagogos y, después de un tiempo y de algunas consultas, decidí dar una respuesta afirmativa.Le pedí a una compañera que me dijese razones para el sí y para el no. La primera para el sí era: a mí me gustaría leer ese libro. Y ya no seguí. Es un libro de divulgación, dirigido al gran público, a estudiantes, a familias…
            Espero que os guste.
            Un gran abrazo.
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  2. Muchas gracias por el tema y su tratamiento. Como se ha dicho siempre que “el orden de los factores no altera al producto”, nos hemos acordado de que “El apoyo mutuo” y la cooperación son factores importanatísimos en el proceso evolutivo. Se trata de un libro escrito por el anarquista ruso Kropotkin durante su exilio en Inglaterra. Sin embargo, hay circunstancias en que factores pequeñitos como pueden ser los microbios nos pueden tumbar, ya que “la confianza traiciona a los valientes”. No podemos olvidar que la prudencia es la inteligencia de los valientes y, por ello, se nos está llamando por todos los medios a la sensatez.
    Hay veces que no está el horno para bollos, como les pasó a unos biolines que me hizo una tía y que al ponerlo junto a los panes de la semana salieron hechos carbón. Por eso se nos aconseja en bien nuestro y de los demás seguir las recomendaciones.
    No se nos quitará nunca de la memoria la personalidad de Simone Weil, que los diecinueve años de edad ingresó, con la calificación más alta, seguida por Simone de Beauvoir en la Escuela Normal Superior de París. Se graduó a los veintidós años y comenzó su carrera docente en diversos liceos. Su arrojo le traicionó y todavía pensamos lo que nos podría haber legado su malograda vida.
    Cuando se trata de aprender, mientras más aprendamos nos puede venir bien y hasta mejor. La vida nos da lecciones, la geografía y la historia siguen siendo maestras de la vida. Los árboles no hacen ruido cuando crecen, pero sí cuando los talan y se vienen abajo.
    Saludos con salud para todos.

    • Estimado josem:
      Acabo de leer tu artículo titulado “La educación articulada”. La anécdota del inspector no tiene precio…
      Gracias por tu estupendo comentario sobre el articulo de hoy. Da gusto leerte.
      Otra lección que yo estoy aprendiendo en propia carne es la dela globalización. Un virus aparecido China hace menos de tres Meneses ha provocado que me suspendan intervenciones en México, Argentina, Portugal, Colombia, Bilbao, Córdoba y Málaga. Esto np era ni imaginable cuando yo era un niño.
      Un abrazo, querido amigo.
      MÁS

  3. Estimado Miguel Ángel, te felicito porque una vez más reflexionas sobre el aprendizaje, sobe la importancia del currículo oculto. El coronavirus, efectivamente es un virus para la reflexión. En una sociedad acelerada, que se caracteriza por no tener tiempo para parar, para pensar…donde aparentemente lo humano está desconectado y sustituido por redes sociales y donde es relativamente fácil combatir con los virus informáticos…surgiendo de forma inmediata antivirus….Nos encontramos con un virus “humano” que nos demuestra que estamos conectados mucho más de lo que pensamos, donde se han evidenciado una solidaridad entre países, entre pueblos, comunidades y por supuesto muchos jóvenes que se ofrecen para ayudar…jóvenes que han tenido una mala prensa durante mucho tiempo …jóvenes que aparentemente parecía que no les importaba nada, carente de valores…pero que están demostrando ser conscientes de los problemas de la sociedad. El miedo en general no ha paralizado, y eso me alivia…por supuesto que tenemos que tener miedo, es una emoción necesaria, de supervivencia y que nos va a permitir tomar precauciones y ser precavidos. No me preocupa tanto tener el coronavirus…lo que de verdad me sobrecoge es poder contagiarlo a personas de riesgo…Y esa preocupación es la que debemos de tener para poder frenar el contagio. Una vez que pueda controlarse el virus…sería preciso dedicar tiempo, tiempo para la reflexión, tiempo para el verdadero aprendizaje, tiempo para vivir y disfrutar de lo vivido.

    • Querida María José:
      Como te decía la semana pasada, me encanta que te conviertas en una asidua en los comentarios. Porque veo que tus comentarios siempre son certeros, sensibles, inteligentes y enriquecedores.
      La situación nos obliga a reflexionar. Y a actuar de una forma u otra. Nos va a permitir saber qué valores tenemos y qué capacidad de análisis. Es cierto lo que dices de una buena parte de la juventud, pero hay otra parte que reacciona de forma irracional e irresponsable. Esta mañana comentábamos en casa el caso de una discoteca de Sevilla que fue cerrada ayer por la noche porque habían permitido entrar a más del 200% del aforo. ¿Cómo es posible?¿Cómo entienden esos jóvenes la recomendación de quedarse en casa? ¿Cómo entiende el dueño el negocio?
      Es muy importante lo que dices: me puedo contagiar y, siendo eso importante, ves más importante que tú puedas contagiar a una persona muy vulnerable que irá a la muerte.
      Estoy también alarmado por la política de Gran Bretaña: que mueran alguno o muchos, pero no se desplome la economía. ¿Qué mundo es este?
      ¡Cuántas lecciones!
      Besos, María José (solo por correo).
      Y gracias.
      MÁS

  4. Estimado Miguel Ángel, te felicito porque una vez más reflexionas sobre el aprendizaje, sobre la importancia del currículo oculto. El coronavirus, efectivamente es un virus para la reflexión. En una sociedad acelerada, que se caracteriza por no tener tiempo para parar, para pensar…donde aparentemente lo humano está desconectado y sustituido por redes sociales y donde es relativamente fácil combatir con los virus informáticos…surgiendo de forma inmediata antivirus….Nos encontramos con un virus “humano” que nos demuestra que estamos conectados mucho más de lo que pensamos, donde se han evidenciado una solidaridad entre países, entre pueblos, comunidades y por supuesto muchos jóvenes que se ofrecen para ayudar…jóvenes que han tenido una mala prensa durante mucho tiempo …jóvenes que aparentemente parecía que no les importaba nada, carente de valores…pero que están demostrando ser conscientes de los problemas de la sociedad. Me enorgullece saber que estamos protegidos por una grandes superhéroes y superheroínas que forman un gran equipo en la Sanidad….me consta que ellos también tienen miedo. El miedo en general no ha paralizado, y eso me alivia…por supuesto que tenemos que tener miedo, es una emoción necesaria, de supervivencia y que nos va a permitir tomar precauciones y ser precavidos. No me preocupa tanto tener el coronavirus…lo que de verdad me sobrecoge es poder contagiarlo a personas de riesgo…Y esa preocupación es la que debemos de tener para poder frenar el contagio. Una vez que pueda controlarse el virus…sería preciso dedicar tiempo, tiempo para la reflexión, tiempo para el verdadero aprendizaje, tiempo para vivir y disfrutar de lo vivido. GRACIAS A TODOS Y TODAS LOS QUE COLABORÁIS PARA FRENAR EL CONTAGIO…PERO ESPECIALMENTE UN FUERTE ABRAZO DE ADMIRACIÓN Y RESPETO PARA LOS PROFESIONALES DE LA SANIDAD.

    • Querida María José:
      Aunque veo que has duplicado el envío, quiero mantenerlos porque me parece muy importante lo que dices de los profesionales de la sanidad. Me sumo a tus palabras y tus sentimientos.
      Besos y gracias.
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  5. Querido Miguel Ángel…. Otra enseñanza reveladora….

    Sin dudas que en estas situaciones de emergencias se ponen de manifiesto lo que piensan las personas y sobre todo los responsables máximos encargados de tomar decisiones en estas crisis, también se ponen en juego los valores que las sostienen y los intereses que defienden….o como bien dices en tu artículo “es en los peores momentos cuando se demuestra quiénes somos”… comparto una noticia publicada en todos los diarios de Argentina: “REVELARON LAS TRES RAZONES POR LAS QUE NO SE SUSPENDEN LAS CLASES”….y el sub título dice:” La decisión fue tomada de forma unánime por el Gobierno, el Consejo Federal de Educación, el Consejo Interuniversitario Nacional y Privadas. Las razones fueron explicadas por los ministros de Salud, Ginés González García, y de Educación, Nicolás Trotta.”

    -La primera es que no hay ningún riesgo específico entre los menores de 18 años dado que esa población infantil, en este tipo de virus, “no es atacada o lo es muy suavemente, y no hay casos con consecuencias graves en todo el mundo”.

    -Segunda razón, los chicos no están en las escuelas podrían estar en lugares más complicados para ellos, por ejemplo los shoppings o la calle, al cuidado de adultos mayores (como abuelos o tíos), quienes sí conforman grupos de riesgo. “Eso implica un riesgo adicional para los adultos mayores”

    -Y la tercera razón es que el alumno es un agente al que hay que guiar para que incurra en las estrategias de prevención como el lavado constante de manos.

    Como verás… la ignorancia del colectivo docente es tan elocuente, como indignante…. ¿y los docentes no cuentan ?…por lo que se ve, tanto para el ministro Trotta, como para el ministro Gonzalez García no constituyen una población en riesgo… en la mirada de estas autoridades la salud de los docentes por lo que se aprecia es algo que no se tiene en cuenta….parecería poco importante…. al menos esto se deduce de las tres razones “fundadas” por las cuales las autoridades máximas de Argentina han decidido continuar con el dictado de clases en medio de una situación de eminente pandémia.

    Otra enseñanza reveladora…. las 3 razones ministeriales denotan una supina desvalorización hacia una población que sí se encuentra en alto grupo de riesgo: “los docentes”

    Saludos desde Argentina con el aprecio de siempre.
    Horacio

    • Querido Horacio:
      Me parece increíble la decisión.
      ¿Cómo explican lo que se está haciendo en todo el mundo?
      ¿Sólo las autoridades argentinas tienen sentido común, lógica y conocimientos sanitarios?
      Pero lo más grave es el desprecio que manifiestan respecto a los docentes.
      ¡Qué terrible!
      Gracias por enviarnos este comentario. Ha sido paramilitares MUY REVELADOR.
      Un gran abrazo.
      MÁS

  6. Interesante reflexión, como siempre, la de Miguel Ángel, pero no menos interesantes los comentarios que he leído hasta el momento. Difícil mejorar lo dicho… Simplemente matizaré algunas cosas que se han comentado:

    – La fragilidad de nuestro sistema de vida ¡cómo una cosa tan pequeña e invisible al ojo humano puede causar una crisis tan profunda como la que estamos padeciendo!

    – La interdependencia de los grupos humanos. De la necesidad que tenemos de protegernos mutuamente para que el virus no se propaque y por ende sigamos disfrutando, los que podemos, de nuestro estado del bienestar. Para romper la cadena de contagio es necesaria otra cadena, la de la solidaridad.

    – De la vulnerabilidad de ese estado del bienestar que se puede venir a abajo radicalemnte si no somos solidarios con los demás. El egoismo es echar gasolina al fuego para apagarlo…Si nuestro estado del bienestar se trasladara a los que no lo tienen posiblemente ese estado de bienestar sería más sólido y duradero…

    – Y una que me parece de especial trascendencia, estamos lamentandonos constantemente de lo que nos falta sin recaer en lo que disponemos. Eso que tú has denominado como “la valoración de las rutinas cotidianas” o lo que es lo mismo, la valoración de nuestro estado de bienestar. Uno no se da cuenta de la importancia de lo qeu tieen hasta que le falta. Por ejemplo, la necesidad del agua corriente hasta que se corta por alguna circunstacia, tampoco del agua caliente cuando deja de funcionar el calentador, de caminar al aire libre cuando tienes que encerrarte en casa, de ir al supermercado y comprar lo que se te antoje sin temor a que se haya terminado, a comer todos los días por humilde que sea la comida, a disfrutar tomando una cerveza con unos amigos en un bar o una comida en un restaurante sin miedo alguno, a saludar con besos o dando la mano sin tener que retirarse un metro y medio,… ¡Cuántas cosas tan “simples” nos dan el bienestar!

    Quizás el disponer de estas cosas no sea algo tan SIMPLE, al contrario, para llegar a ello la sociedad se ha tenido que hacer muy compleja e interdependiente. Creemos que cerrando fronteras nos protegemos… ¡Qué infelices! Escondemos una mano para no darnos un martillazo y ponemos la otra por otro lado para machacárnosla…

    En fin, “a mal tiempo, buena cara”. Ahora que hemos echado el freno de mano a nuestro ritmo de vida tan frenético y el tiempo se va a ir ralentizando, aprovecharé para disfrutar de las rutinas diarias que aún se pueden llevar a cabo. Espero que, por el bien de todos y todas, esto sea transitorio y volvamos a la normalidad lo antes posible. Y cómo no, que todos estos aprendizajes que ahora adquirimos queden latentes en nuestra mente para acometer el futuro de otra forma, a ser posible mejor.

    Feliz encierro a todos y a todas…!!!!!

    • Querido Juan Carlos:
      Gracias por tu aportación de la semana, tan rica como siempre. Me honra tenerte como uno de los comentaristas habituales. Sois vosotros quienes hacéis interesante este espacio.
      Cuántas ideas aportas en tus reflexiones.
      Subrayas la importancia que tiene la solidaridad. Esta crisis se resuelve solo desde la responsabilidad que exige dar prioridad a los demás.
      También me ha parecido interesante la última parte de tu comentario, la que se refiere a la valoración de lo que disfrutamos cada día Hoy tenía que estar yo en Bilbao: cómo no dar importancia a poder viajar tranquilamente, a saludar a las personas con un apretón de manos o un par de besos, a sentarse al lado de alguien en el restaurante, a compartir unas horas de clase… Estoy seguro de que lo valoraremos más cuando volvamos a tenerlo. Ojalá que sea pronto.
      Un gran abrazo.
      Y muchas gracias.
      MÁS

      PD: No sé si viste un comentario en el que te decía que iba a viajar a Jaén. Pero, claro, con esta situación todo está en el aire.

  7. Mensaje de inquietud:
    Estoy sorprendido y preocupado por la ausencia de comentaristas habituales del blog. Me refiero a Loly, Joaquín y José Antonio… Pido que no se entienda este comentario como un modo de presión para que participen con sus comentarios. Siempre insisto en que tiene que haber libertad para escribir y para no hacerlo.
    La preocupación se incrementa por la crisis sanitaria que estamos viviendo.
    Espero que todos estéis bien.
    Un abrazo.
    MÁS

  8. Buen dia. Querido Miguel Anguel! Buen dia a todos! Agradezco la sensibilidad y el respeto que como siempre se reflejan en tus articulos ante un tema tan preocupante.
    Estoy reflexionando sobre la necesidad que tenemos las personas de hacer un cambio ,de pensar mas en el otro, de recuperar los valores, la escuela colabora? Claro que si!!! Pero necesitamos familias comprometidas, gobiernos solidaros que busquen el bien comun…
    Todo lo que nos esta sucediendo debe ayudar para unirnos, ayudarnos crecer en la empatia. Lo haremos? Oh nos quedaremos en casa hasta que pase… Un cariño inmenso para todos y que Dios nos guie.

    • Querida Marisa:
      Gracias por tus palabras.Creo que es una situación de la que podremos aprender muchas cosas. Unas relacionadas con la reflexión y otras con el comportamiento.
      Un asunto que se está pasando por alto es el origen del virus. Hay versiones muy inquietantes. Si fuese el fruto de un plan habría que perseguir y encarcelar a quienes han causado un daño tan grave. En cuanto a los comportamientos creo que es el momento de la solidaridad. Tenemos que pensar que nuestro contagio puede convertirse en un arma que mate a los más vulnerables.
      Me parece importante lo que sucederá después. Es probable que valoremos más los abrazos, los viajes, los encuentros…¡la normalidad!
      Besos y gracias.
      MÁS
      PD: Me ha sorprendido que no se cierren las escuelas. ¿Qué pasa con los docentes?

      • El gobierno dice que esta evaluando que hacer, tratamos de transmitir a los niños normas de higiene , cuidados… Pero estamos muy preocupados por nuestros alumnos y sus familias, por nuestros hijos que tambien van a la escuela… Un cariño tengamos Fe

        • Querida Marisa:
          No sé si has leído el comentario que me envía Horacio Muros (Director de una escuela en San Rafael) sobre las tres razones que utiliza el gobierno para no cerrar las escuelas.
          Me parecemos inquietante que no se preocupen de los docentes. Por otra parte, los alumnos deberán permanecer en sus casas, no en concentraciones de estudio o de ocio.
          Es lo que se está haciendo en todo el mundo.
          Saludos.
          MÁS

          • Vamos a ver cómo evoluciona la crisis. Hemos hablado de posponerla a septiembre si en mayo siguen las restricciones.
            Qué tremendo. El mundo está patas arriba.
            Besos telemáticos.

  9. Apreciado Dr. Santos Guerra, comentaristas, lectoras y lectores, saludos.

    Dr que completa y difícil perspectiva en torno a lecciones para cómo responder al coronavirus. Su artículo lo define muy bien, la actitud, el chequeo privado porque seguramente los laboratorios de diagnóstico literal se inundan y en ello hay que superar el costo, esperar los resultados mientras llegan las noticias, puede representar una tortura y suponen minutos retraso para ser tratado, superar el miedo, responsabilidad y solidaridad. En México, de acuerdo a los informes no hemos llegado a su a su pico máximo, la incidencia nacional es baja, para considerar que estamos en etapa 2 de transmisión, pero creo estamos en el reconocimiento. Sin embargo, aunque se han acordado los criterios en torno a los niveles del problema, creo que aún falta mejorar en función a las respuestas a los mismos, ha sido lento, me da miedo porque podemos darle la espalda a los problemas o fingir que aún no llegan. Pero creo que hay que estar atentos a los aciertos y los retos experimentados en la pandemia en otros países. Y para momentos espinosos siempre hay alguien que nos mantiene fuertes y no nos dejará caer, así como Usted Dr. que con el artículo nos ayuda a entender por lo que se está atravesando con palabras tranquilizadoras para momentos difíciles. Mis mas sinceros deseos de que pronto las noticias sean en torno a que todo esta mejor. Gracias

    • Querida Lourdes:
      Gracias por tus generosas palabras respecto al artículo.
      Ojalá que México responda con más rapidez al problema a La Luz de los que se está haciendo en otro países.
      Hay muchas otras lecciones que se derivan de esta inquietante pandemia.
      – Una se refiere a sus orígenes. ¿Cómo ha surgido? ¿Ha sido algo planificado en busca de intereses económicos?
      – Otra se refiere a la globalización. ¿Cómo explicar si no que en dos meses se haya producido una difusión de esta magnitud y rapidez?
      – También me gustaría pensar en la esperanza, en el optimismo, en la convicción de que todo se va a solucionar.
      Gracias por tu participación en el blog.
      Besos telepáticos.
      MÁS

  10. Querido Miguel Ángel:

    De momento, sin novedad en el frente noroeste de la península.

    Esta semana nos hablas de lecciones gratuitas PARA QUIEN QUIERA APRENDER. (Soy un poco hipocondríaco, por lo cual evito mencionar enfermedades o bichería pequeña). Pero, como siempre suele ocurrir, quienes más lo necesitan no van a aprender nada que se salga de su ideario.

    Dices que dicen que es en los peores momentos cuando se demuestra quiénes somos en realidad. Pues debe ser verdad, todo se hace más evidente (y estoy pensando en las personas con cargos públicos y también, por qué no, en cada uno de nosotros como miembros de una comunidad). Lo bueno y lo malo. Me emocionaron los aplausos dedicados a todas las personas relacionadas con el funcionamiento de nuestro sistema sanitario, a quienes están dando el callo. Yo lo extendería a todas las personas que hacen que todo siga funcionando, todas son imprescindibles e importantes. Los alimentos tienen que seguir llegando a las tiendas y a cada uno de nosotros, por poner un ejemplo.

    Tú te arrancas mostrándonos cinco lecciones, pero ya dices que hay muchas más. Yo esperaba y espero que seamos los que te leemos quienes aportemos la sexta, la séptima, … Creo que en los días venideros esta novedosa situación mundial nos depara grandes enseñanzas, no sé si igual de novedosas o será más de la vieja vida del ser humano a lo largo de la historia. La canción ya nos lo decía, tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. El bicho puede poner en riesgo las tres (íntimamente relacionadas, por lo menos, para los bien nacidos). (¿Quién es el bicho?).

    La SEPTIMA LECCIÓN que nos aporta este absoluto protagonista de la actualidad es que solo él ha conseguido bajarte del avión y encerrarte en casa. Es una gran demostración de poderío por su parte. Aunque en todos los lugares en los que se te espera saben que se trata de una victoria momentánea. De todas formas, no te hagas el chulito y no arriesgues demasiado. Recuerda lo que siempre te comento sobre la edad.

    P.D: Perdona si alguna vez no contesto a alguna pregunta que me haces, o no doy continuidad a alguno de tus comentarios. Quiero que sepas que no es ni por falta de ganas, ni porque me haga el loco, ni menos porque no me dé cuanta del valor de lo que representas en el mundo educativo. Y ahora te dirás, vale, ya sé algo de por qué no, pero me quedo como estaba. Ya. Solo quería mostrarte mis respetos y agradecimiento.

    Un saludo.

    • Querido José Antonio:
      Pues nada, gracias a ti por las nuevas lecciones.
      Es verdad, ni las peticiones de mis mujeres, ni las evidencias de la edad, me han apeado del avión Y ha tenido que venir este minúsculo virus a sacarme la tarjeta roja. Así que aquí me tienes en casa metiéndole mano a un libro que ya vengo arrastrando desde hace años. También en eso va a tener influencia el profesor coronavirus.
      Me parece un sueño lo que está pasando, como estar metido en el guión de una de esas películas de ciencia ficción. Esta es de ciencia acción.
      No tengo que perdonar nada. Cada uno escribe cuando quiere, pero me inquieta pensar en problemas que lo impidan. Es el caso de Loly que es asidua de los sábados por la mañana y lleva dos semanas de aparecer. Y el de Joaquín. Claro que si tienen algún problema de salud tampoco podrá leer lo que les escribo.
      Espero que tú y los tuyos estéis y sigáis bien.
      Acabo de aplaudir con Lourdes y Carla a todo el personas sanitario del país. Efectivamente, habría que ampliar los aplausos a todos los que hacen posible que el país siga funcionando, incluidos los políticos.
      UN gran abrazo.
      MÁS

  11. Querido Miguel.
    Reflexión y aprendizaje.
    Muchas gracias por tus palabras.
    Recordaba momentos de mi vida en los que pensaba que no me acostumbraría a esa nueva situación. El humano está hecho de una pasta que se acostumbra a todo. Momentos de reflexion y aprendizaje.

    Besos para los Carla, Lourdes y Miluka y un abrazo enorme para ti.

    • Querida Montse:
      Sé que has luchado durante mucho tiempo como una verdadera heroina.
      Tu esfuerzo,tu perseverancia y tu optimismo han sido un ejemplo para mí y para todos y todas quienes te conocemos y queremos.
      Ahora tenemos que hacer todos y todas pequeños esfuerzos: quedarnos en casa, lavarnos las manos… por el bien común.
      No podemos fallar si nos miramos en ti.
      Besos y gracias por todo.
      MÁS

  12. Hola Miguel Ángel: ¡Cuánto tiempo sin saludarte! Entro con frecuencia en tu blog con el sigilo de los ladrones: te robo algo y me voy. Debería, al menos de darte las gracias. De desagradecidos y maleducados está el mundo lleno. Yo tal vez sea uno de ellos. Todas mis disculpas. Después de repasar los comentarios y tus respuestas, me he animado a saludarte y, sobre todo, a darte las gracias por ser una obligada y continuada referencia en mis cursos a futuros profesores. Recomiendo la lectura de tus libros y trabajo continuamente con las muchas y certeras reflexiones que has arrojado sobre la educación y sus múltiples caras. Gracias por todo. Decirte esta vez que tomo prestado este artículo para mis alumnos de Valores Éticos, a los que debo mandar una tarea en este tiempo de confinamiento. Espero que sepan leer las lecciones que este momento nos ofrece, especialmente las que hablan de los valores que tenemos la oportunidad de cultivar en el laboratorio de la convivencia de estos intensos días. Gracias por todo y un fuerte abrazo. Ojalá nos viéramos un siglo de estos. Todo mi afecto, Leonardo Alanís Falantes, de Gerena (Sevilla).

    • Querido Leonardo:
      Qué sorpresa y qué alegría verte por aquí.
      No robas nada. TODO LO APRENDEMOS ENTRE TODOS.
      Todo lo contrario, es de agradecer que cuando lo desees pases por el blog. No existe un artículo si no hay unos ojos que quieran leerlo.
      Quien tiene que dar las gracias soy yo a quien tiene la amabilidad y la generosidad de entregarme su tiempo y de difundir mis ideas.
      Me alegra mucho saber que soy útil a cualquier persona, especialmente a alguien a quien tanto aprecio.
      Es estupendo que sigas con tu imprescindible tarea. Sé con qué pasión y con qué rigor te entregas a ella.
      Un gran abrazo de Málaga a Gerena (con esta distancia, no hay problema).
      MÁS

  13. Querido Miguel Ángel:

    Tengo familia en México, Argentina, Brasil e Italia.

    Dices que vivimos en un mundo globalizado y que es la hora de la búsqueda del bien común, de la solidaridad.

    He escuchado el discurso del rey (que bastante tiene con lo suyo). Soy español, me gusta que se hable de España. Pero, escuchándole, tenía la sensación de que solo era España quien tenía un problema, como cuando hay un terremoto, unas inundaciones, incluso cuando teníamos el problema del terrorismo de casa.

    A mi me gustaría que se hablara más a nivel mundial, en la búsqueda de soluciones, en los modos de actuar, en la colaboración. Sé que los científicos así lo hacen mucho más que los políticos. Siempre tengo la sensación de que se quiere sacar tajada de la situación y del problema que sea. Siempre hay una gran parte del sálvese quien pueda. No se mira mucho más lejos de nuestra nariz. El tope es lo nacional, los nuestros.

    Hubo otras crisis. Se prometían grandes cambios. Esta está todavía en sus inicios. Enseña mucho pero creo que no vamos a aprender gran cosa cara a su aplicación, cara a futuros cambios, en la valoración de qué es prioritario y fundamental y quién lo debería gestionar, cuáles son las obligaciones del Estado que nunca debe dejar en manos de intereses privados, qué es lo individual y qué lo colectivo, hasta dónde llega mi libertad viviendo en comunidad.

    Un saludo. (Pues sinceramente, espero que Loly y Joaquín estén bien, por mencionar a dos personas que me choca un poco que no estén por aquí).

    Ah, se me olvidaba. No entiendo qué problema hay en estar cada uno en su casa, con su familia. De la casa no nos han retirado nada. Estamos con la gente que siempre decimos que son lo más para nosotros. Pues menos mal que no estamos en un búnker, con la comida contada, solos o con desconocidos, sin puertas ni ventanas, incomunicados. Tampoco en una cárcel. Es hora de demostrar lo familiares que somos. Aunque también puede que aumenten los divorcios. (El problema económico es otra cosa, pero en este momento no estoy hablando de él. Tiempo habrá para ello).

    • Querido José Antonio:
      Siempre alegra ver aquí a quienes aprecias.
      Joaquín está bien. Solo quienes problemas de conexión en el lugar donde estará unas semanas. Pedro le mandaré al móvil los artículos.
      De quien no eñe nada, absolutamente nada es de Loly. Y me preocupa porque Loly es del sábado por la mañana sin fallar. Y a primera hora. Voy a escribir a su correo. No tengo otro contacto.
      Sabias reflexiones las tuyas:
      – Qué distinto sería estar en un búnker con gente desconocida, sin comida, sin ventilación, sin televisión, sin conexiones…
      – Estoy de acuerdo. Hay que tener una visión más globalizada. En este caso y en todos los demás, parece que los muertos más cercanos son más importantes…
      – Para qué hablar de la monarquía… El discurso aportó poco y hasta en su parafernalia no llegó con fuerza. Y nada dijo, en las vísperas del día del padre, de lo que tenía que haber dicho. Ya sé que ese no era el tema, pero a esa misma hora tenia lugar la cacerolada.
      – Importante también tu reflexión sobre lo público y lo privado… Es un buen momento para reflexionar sobre el asunto.
      Creo que dedicaré el artículo a esta crisis algunos sábados más. Me parece que estoy dentro de una película de ficción.Pero no hay realidad más fuerte que lo que estamos viviendo.
      Un abrazo.
      Y muchas gracias por tu participación.
      MÁS

  14. Querido Miguel.

    Con la alegría de saludarte desde la tierra Tlaquepaquense, en Jalisco, México, comparto contigo esta nueva oportunidad (porque ya las hubo en otras situaciones similares) con el surgimiento y expansión del COVID19 de reandar los caminos de la Pedagogía de la humanización. Retomo lo que nos compartiste en el ITESO en aquella charla posterior a tu conferencia en el Proyecto Recrea, en la enfatizabas con emoción la necesidad de pasar de la Pedagogía Humanista (de la que existe un marco teórico impresionante) a la Pedagogía de la Humanización (que tiene su vivencia en la cotidianidad). Seguramente, has constatado en muchas ocasiones, tal y como lo escribes en este artículo, la volatilidad de la conciencia social, que en mucho se asemeja a lo que subyace en el texto de M. Kundera “La insoportable levedad del ser” o en lo que fue el objeto de descripción de Zigmunt Bauman, la característica “líquida” de nuestra humanidad. Estoy seguro de que hoy, más que nunca, “La escuela salva del diluvio”, que en tus palabras significa convertir a la escuela y a la educación en un hacer colectivo más ecológico con la finalidad de deconstruir y reconstruir a “lo humano” y dejar como historia la “fabricación” de seres humanos. Sé que sobre esto esta lo económico y la levedad social del ser, entre muchos otros aspectos que, una vez trascendida esta situación, volverán por sus fueros, sin embargo, tal y como lo aseveras en tus cinco lecciones gratuitas, ésta, es una oportunidad más para actuar como humanos. A propósito, que me compartes sobre “pertenecer a la vida” como tema de la humanización?
    Con el cariño de siempre, un fuerte abrazo

  15. Querido Miguel:
    No puedo estar más de acuerdo con lo que usted dice y representa. Realmente hemos tenido que vivir esta pandemia para darnos cuenta de que hay que ser solidario, empático y tener respeto hacia los demás. Estas son características que para mi parecer, deberían de ser innatas. Como has comentado en el texto, ¿cómo nos sentiríamos si nos tuviésemos que trasladar a África para protegernos de este dichoso virus y ellos no nos aceptaran? Verdaderamente tenemos que sentir empatía y pensar en el otro para su futuro bienestar.
    En mi opinión, no se debería de privatizar la sanidad porque el que es rico y tiene dinero, no le va a faltar de nada ya que se lo puede costear sin ningún problema. Tendrá a los mejores médicos y enfermeros, pero ¿y las personas de clase media o baja? No podrán optar a todas esas dificultades que para ellos lo son. El mismo país que por un lado quiere privatizar la sanidad y distingue a la sociedad entre ricos y pobres es el mismo que supuestamente difunde un mensaje de igualdad.
    Por otro lado, el miedo es el peor enemigo del hombre y tenemos que luchar contra él con toda normalidad y serenidad posible. El miedo hace que saquemos lo peor de nosotros. La desinformación, los bulos, noticias falsas,… hacen que ese miedo se extienda y agrave el problema. TODOS podemos hacer que esto acabe pronto, pero para ello, se necesita responsabilidad y empatía. En estos momentos estamos viviendo un confinamiento muy duro que nos afecta a todas y cada una de las personas. No podemos pensar sólo en nosotros mismos, también en los demás. Finalmente, para que todo esto acabe debemos de quedarnos en casa y no hacer barbaridades con la finalidad de que este maldito virus desaparezca y podamos estar con las personas que más queremos.
    Saludos.

    • Querida Ana María:
      Muchas gracias por dedicarme unos minutos para leer el artículo y algunos más para enviar este certero comentario.
      Ojalá que la crisis nos haga mejores.
      Besos digitales.
      MÁS

  16. Buenas tardes, me gustaría recalcar que no puedo estar mas de acuerdo con este tema.
    Muchas veces solo miramos hacia nosotros mismos, somos una sociedad individual en vez de una colectiva. Los humanos tenemos la capacidad de aprender, rectificar pero es triste que solo aprendamos con las tragedias.
    El Covid-19 ha sido un suceso devastador para nuestro mundo, pero nos ha dado una gran lección. Hemos aprendido a causa del corona-virus, que solo podemos afrontar esta tragedia mundial si nos unimos y ya no solo si nos unimos las personas de un mismo país, si no que hay que apoyar y salvar al país vecino para que esa ayuda sea recíproca.
    Estamos aprendiendo que rechazar al vecino,por miedo a lo desconocido no es el camino que debemos seguir. Hemos visto que privatizar la salud y comercializar con las vidas de los seres humanos no es una acción ética. Hemos visto que el miedo a lo desconocido y a la desinformación conlleva a realizar acciones fuera de lugar, ademas de darnos cuenta que la solidaridad es el punto principal que debemos aprender para conseguir una sociedad colectiva.
    Por último y lo que más me ha llamado la atención es que ahora valoramos lo que antes era cotidiano, ir a clase, ir a trabajar, poder salir a tomar algo con los colegas, ver a los niños en el parque, juntarte con el vecino para sacar al perro, son momentos que ahora se valoran y se echan de menos cuando antes ni nos dábamos cuenta de la suerte que teníamos.

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