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La sonrisa del tiempo

27 Jul

 

El ocio placentero y feliz es la sonrisa del tiempo. Del tiempo que dedicamos a pensar, a leer, a escribir, a viajar y a disfrutar sin presión alguna. Muchas veces llenamos las horas de forma frenética y obsesiva en busca de beneficios económicos, de poder político o de fama social.  El tiempo muestra entonces su cara hosca y brutal.

Estoy persuadido de que muchas personas han visto destruidas o empobrecidas sus vidas  por no tener un trabajo o por haberlo tenido en condiciones inaceptables de explotación, discriminación y  sometimiento. Pero estoy más convencido de que el ocio mal vivido ha destrozado la vida de muchas más personas. Las ha llevado en volandas a la delincuencia, a la droga, al alcohol o al aburrimiento.

Sin embargo, para preparar a las  personas para el trabajo se emplean muchos años y muchísimo dinero, existe un Ministerio de Educación, un complejo sistema educativo, miles de profesores y profesoras, un curriculum que debe ser recorrido íntegramente y un sistema de evaluación exigente.  Para  prepararse a vivir el ocio adecuadamente no existe absolutamente nada. Nada de nada. Por eso resulta fácil que muchos jóvenes sean engullidos por los males que lleva aparejados su mal uso.

Ni los poderes públicos, ni las escuelas, ni las familias tienen clara conciencia de esta necesidad y entienden que cada uno encontrará la solución a los problemas que se le presenten. Como si, por ciencia infusa, se generaran concepciones positivas sobre el uso del tiempo libre, sobre las actitudes adecuadas hacia el mismo y como si, por arte de magia, aparecieran los medios necesarios para ocupar el tiempo de  forma  inteligente.

Cada vez hay más tiempo libre. Los fines de semana son muchas veces medias semanas, los puentes son cada vez más largos, las vacaciones son cada vez más exigentes,  los medios de comunicación rompen las dinámicas relacionales y los viajes nos permiten saltar las fronteras sin la menor dificultad.

Potencialmente, ese tiempo  puede ser llenado de forma enriquecedora o de forma destructiva. Pensar, descansar, leer, viajar, jugar, sentir la música, pintar, dialogar, emocionarse son verbos enriquecedores. Cuando nosotros no sabemos o no queremos hacerlo el comercio hace su negocio. La oferta que nos presenta puede ser más o menos rica, más o menos atractiva. Pero siempre es cara. Porque el fin del negocio es la ganancia. Me conmovió el deseo de aquel niño cuando le preguntaron cómo quería que fuese su ciudad:

– Quiero jugar gratis.

Es decir, que algo que los niños y las niñas necesitan como el aire que respiran, como es el juego, cuesta dinero en una sociedad mercantil como la nuestra que transforma automáticamente la necesidad en negocio. Y, claro, cuando algo cuesta, unos lo pueden pagar y otros no. Los niños pobres tienen que ver cómo otros niños disfrutan y se divierten mientras ellos se abstienen.

Es necesario que exista una oferta pública atractiva para que los niños y los jóvenes llenen de actividades interesantes el tiempo de que disponen. Y sería estupendo que ellos participasen en el diseño y el desarrollo de todas esas iniciativas. Si no las consideran suyas, es probable que las rechacen.

En la ciudad de Rosario he visto experiencias extraordinarias emprendidas por la Municipalidad. Muchas dirigidas a niños y jóvenes. Otras dirigidas  la familia. Son experiencias nacidas de la inquietud, de la responsabilidad social y de la creatividad de quien tiene el deber de gestionar los bienes públicos. Es preciso combinar la iniciativa pública con las demandas de los ciudadanos.

Hay que poner las instituciones al servicio de las necesidades de las personas. ¿Qué sentido tiene que estén cerrados los recintos escolares los fines de semana y las vacaciones mientras los niños y los jóvenes vagan por las calles sin saber qué hacer o buscando lugares donde encontrarse?

Crear aficiones e intereses que llenen el ocio de manera sana y divertida es una necesidad de la formación de niños y jóvenes en la escuela. Porque la escuela tiene que preparar para la vida, no solo para el trabajo. Una de las formas más eficaces para conseguirlo es practicar esas actividades.

Cuando fui Director del Colegio La Vega de Madrid, además del curriculum oficial se desarrollaba un curriculum que no denominábamos complementario sino paralelo. Tenía la finalidad educativa de despertar y cultivar aficiones: Creamos una oferta de más  de cincuenta actividades de naturaleza diversa: literarias (teatro leído, periódico mural, revista escolar, concursos literarios), musicales (coro, piano, guitarra, flauta…), juegos de mesa (ajedrez, damas, dominó…), deportivas (baloncesto, balonmano, voleibol, fútbol,  judo…),  artísticas (pintura, baile, diseño, teatro…), manuales (corcho, palillos, macramé, cabuyería, bricolage…), de imagen (ver cine, hacer cine, fotografía, comic…), lúdicas (fiestas, concursos, festivales, acampadas…). Con una oferta tan amplia era difícil que algún alumno (o alumna) no encontrase algo de su interés. Conozco exalumnos de aquel colegio que, después de vivir aquella experiencia se han convertido en apasionados practicantes de alguna de aquellas actividades…

La familia  es también, al respecto,  un entorno educativo eficaz. No solo por las actividades que se organizan de forma regular sino porque los padres pueden proponer, en época de curso y de vacaciones, experiencias  de gran valor y de gran interés. Y, también, que los niños vean a sus padres aficionados a ellas. El hijo de un amigo que es muy aficionado a la ornitología se está apasionando por todo lo relacionado  con las aves. Por contagio. Bandura lo llamaba aprendizaje vicario.

La vida  laboral hace que muchos adultos se conviertan en adictos al trabajo. No son capaces de cortar las exigencias de la empresa. No hay fines de semana ni tiempo familiar que se salve de la invasión de las ocupaciones del empleo. Todos conocemos personas de este tipo. Unas veces por demanda abusiva de los jefes y otras por deformación personal del trabajador. Hay quien no es capaz de poner una frontera entre el trabajo y el ocio. Sobre todo ahora que existe la posibilidad de hacer muchas cosas en la casa a través de internet.  No saben decir basta. O decir no. O ya está bien. O se acabó. Ni desocupan la mente de los problemas y de las demandas del trabajo. Ante la presión desaparece la vida familiar, el descanso y el disfrute compartido  del tiempo libre.

He visto un libro que ya tengo en la lista de  mis primeras compras. Se titula “El arte y la ciencia de no hacer nada”, de Andrew J. Smart. No lo he leído todavía pero intuyo, por el título y por el autor, de qué puede tratar. No es, desde luego, lo que habitualmente aprendemos y nos enseñan en esta sociedad frenética, orientada a la ganancia, a la competitividad y a la obtención de resultados pragmáticos. Todo lo que no sea rentable, carece de interés. Todo lo que no produzca beneficios no merece la pena. Todo lo que no sea práctico ha de ser despreciado.

¿Qué entendemos por perder el tiempo? El tiempo se pierde cuando la forma de llenarlo nos aleja de la felicidad. No se pierde el tiempo cuando se dejan de hacer cosas que generan dinero. ¿Cuándo hablamos de matar el tiempo? Cuando lo desaprovechamos para la acción rentable.  Creo que es cuando lo utilizamos de la mejor manera posible.

Siempre que pienso en estas cuestiones me acuerdo de aquellas personas que no pueden dejar de trabajar  casi frenéticamente para poder sobrevivir.  Me parece un escarnio decirles que existe el arte y la ciencia de no hacer nada.  Un sarcasmo plantearles la idea de que es conveniente desconectar del trabajo.  Y una broma pesada hablarles del dolce far niente. En todas las cuestiones de la vida, hay grupos a los que no se les puede  comprender sin compasión y respeto. Sin indignación y rabia.

20 thoughts on “La sonrisa del tiempo

  1. Hola Miguel Ángel.

    Hoy no te escribo desde la sombrilla, hay poniente, y se vuela… En la costa granadina el poniente es fresco, viento procedente del mar, al contrario de la de Málaga que llega del interior y se convierte en seco y cálido… Lo llamáis terral…

    En algunos párrafos de tu entrada me veo reflejado: “La vida laboral hace que muchos adultos se conviertan en adictos al trabajo. No son capaces de cortar… No hay fines de semana ni tiempo familiar que se salve de la invasión de las ocupaciones del empleo. Todos conocemos personas de este tipo…” Así soy yo durante el curso escolar… Estoy metido en múltiples proyectos…

    Por ello, durante los dos meses de verano sí que sé cortar, necesito cortar… Realizo actividades que no suelo hacer a lo largo del año. Camino diariamente, juego al tenis, nado, estoy con mi familia, tomo el sol, alterno con amigos,… Y aunque me cuesta desconectar, afortunadamente dispongo de tanto tiempo de ocio que termino olvidándome de la rutina laboral. En este tiempo estival ocupo mi tiempo con tantas cosas que no me da tiempo a aburrirme. Le doy al cuerpo una actividad a la que afortunadamente no está acostumbrada. Activar el cuerpo favorece la eliminación de tensiones emocionales. A final de agosto, suelo decir que estoy deseando volver al trabajo para descansar…

    En el verano intento “liberar ram”, “eliminar archivos basura”, “liberar espacio en mi disco duro”,… sólo así mi cerebro estará listo para afrontar con renovadas energías el nuevo curso…

    Viendo tu ritmo de vida, me imagino que tú también vas a tope, a pesar de estar jubiloso… ¿Y tú, sabes desconectar?

    Un abrazo airoso… Recuerdo al resto de comentaristas habituales…

    P.D. El otro día estuve en la Cala del Moral. Me acordé de ti… No sé si el lunes volveré a ir.

  2. A mi parecer, magníficas reflexiones.
    Llenar el tiempo, dejar pasar el tiempo, perder el tiempo, dilapidar el tiempo, no saber qué hacer con el tiempo. Son frases que oímos constantemente. El concepto de tiempo va unido inexorablemente a nuestra temporalidad, en definitiva, a nuestra desaparición, a la muerte inevitable.
    Nacemos sin nada y morimos sin nada y, en el intermedio, nos afanamos en llenarnos de cosas que tenemos que dejar.
    Bueno, después de este sermón, lo que quiero decir es que debemos relativizar todo y vivir con sosiego, cosa difícil para los que la vida les está ofreciendo su cara más amarga, sea en salud o en privaciones de todo tipo.
    Yo estoy jubilado y me siento feliz porque la vida me ha dado, de todo, lo suficiente.
    El exceso de deseos no nos hace felices, el no tenerlos, tampoco. La felicidad que todos buscamos, es algo muy íntimo y personal. Es importante no equivocarnos en su búsqueda.
    No es buen camino el buscar lo imposible o lo que brilla a los ojos sociales.
    El descanso vacacional es buen momento para la reflexión, no tanto para perjeñar nuevas conquistas profesionales.
    Qué difícil es dar consejos a los que tienen mil razones para aborrecer todo, hasta la vida. Ante estos, simplemente, no sé qué decir.
    Mi deseo para todos es un verano feliz con calor o sin él.

    • Querido amigo:
      Tengo una curiosa sensación al escibirte desde el aeropuerto de Malé (Islas Maldivas).
      Los dos últimos artículos los he escrito en el corazón de viajes largos y complejos.
      He escrito sobr estos temas porqu estamos en plenas vacaciones estivales y porque me gusta reflexionar y haerme pregunas sobre lo que estoy viviendo.
      Pienso también en todos aquellos que no pueden viajar por carecer de recursos, de conocimiento, de curiosidad o de salud.
      Me contaron que vivía en la ciudad de Iguazú una mujer de más de ochenta años que no conocía las cataratas que tenía al lado de su casa. Millones de personas del mundo entero recorrían kilómetros y kilómetros para contemplar ese inagualable fenómeno de la naturaleza y ella no habia tenido la curisodad necesaria para moverse unos metros. Ya sé que se trata de un caso excepcional, pero refleja una actitud ante la vida.
      Me preocupa de este asunto la dimensión educativa. Es décir, cómo se educa para el ocio.
      Sé que tú sabes llenarlo de la mejor manera, con espíritu deportivo, en familia y con buen talante.
      Un gran abrazo.
      Pronto saldremos hacia Doha y desde allí volaremos hasta Málaga.
      A primeros de agosto viajaré a Mendoza para impartir dos conferencias.
      Gracias por tus siempre interesantes reflexiones, que nacen del pensamiento y de la experiencia.
      MÁS

  3. Querido Juan Carlos:
    Te imaginaba bajo la sombrilla. Pero ya sé lo que pasa con el viento…
    Yo desconecto con dificultad. Eso es lo que mw dicen en casa.
    Claro que no es igual la descinexión cuando trabajas en la construcción que cuando trabajas con libros…
    Estoy en las islas Maldivas. Un paraiso. Parece que estás solo.
    Lastima que no podamos vernos.
    Un abrazo.

  4. Querido Maestro!
    No hay nadie que sepa aprovechar su tiempo como usted lo hace!
    Viajes, conferencias, reflexiones, libros…
    Usted sí que sabe disfrutar del ocio porque convierte los quehaceres los viajes en auténtico enriquecimiento personal en aventuras que generan vida.
    Puedo decir sin equivocarme que vive como quiere y es feliz con ello.
    Es de mente privilegiadas aprovechar tanto el tiempo de vida.
    Otros no tenemos esas capacidades y optamos por imaginar grandes viajes,especiales acontecimientos que de alguna manera nos alegren la existencia.
    La falta de interés y de ganas y los problemas de salud nos hunden en la miseria.
    Yo me lleno con cosas sencillas y disfruto de pensar que algún día el tiempo me compensará otorgándole mis pequeños deseos.
    ¡Amo la vida, las relaciones humanas, los bellos momentos, los grandes viajeros que me contagian su manera de ver el mundo y que consiguen llenar mi alma de sueños!
    ¡El tiempo a veces da paz y otras inquietud!
    Procure disfrutar de sus maravillosas aventuras que todos nos encantaría hacer pero que no tenemos posibilidad.
    Gracias por entretenernos este verano con sus comentarios.
    Sin más me despido con un cariñoso saludo para todos.

    • Querida Loly:
      Muchas gracias por tu fidelidad en la lectura y por tu participación en los comentarios.
      Da gusto escribir para lectoras como tú, que siempre leen con comprensión (de los dos tipos: intelectual y afectiva) y que siempre aportan desde la sinceridad y el respeto.
      Cada uno puede ser feliz a su manera.
      Unos con viajes largos, otros con viajes cortos y otros sin viajes.
      Lo importante es esa actitud positiva hacia lka vida que tú tienes.
      Besos desde Doha.
      MÁS

  5. Querido Miguel Ángel:

    La frase que has destacado de tu articulo “La sonrisa del tiempo” referida a un niño que respondía que “quería una ciudad gratis” me remite al último que he publicado en la revista Azagala. Se titula “Adiós al paraíso” y hace referencia al desastre realizado por un alcalde desquiciado con el mítico paseo de Las Laderas de Alburquerque, al que acudíamos “niños sin dinero en los bolsillos” a jugar con los amigos.

    Aunque solo sea para ver el magnífico cuadro “El látigo” de Winslow Homer, pintor estadounidense, merece la pena entrar en el enlace que adjunto.

    A más de uno (o de una) le recordarán los tiempos felices de la infancia en la que sin haber entrado el voraz consumismo se jugaba de manera despreocupada, puesto que por entonces vivíamos en un eterno presente.

    http://www.revistaazagala.org/index.php/2019/07/25/adios-al-paraiso/?fbclid=IwAR34IC5qjZTFot_Qx_wzuA9uUpi_O-wHdfnlJTwTFHb9RFStfITEZXW7smg

    Un abrazo y feliz regreso.

    • Querido Aureliano:
      Ya estamos, felizmente, en casa después de un hermoso viaje a Vietnam, combinado con una breve estancia en las islas Maldivas.
      Todavía estamos aturdidos por los largos viajes e inundados de imágenes y recuerdos.
      – Lo primero que me ha llamado la atención de tu artículo es encontrarme de bruces con el nombre y apellido de mi padre: Esteban Santos. Qué casualidad.
      – El cuadro “El látigo” no puede ser más hermoso.
      – Tienes toda la razón del mundo en lo que cuentas sobre el paseo. Los intereses económicos se anteponen a cualquier otro interés.
      Un gran abrazo, querido amigo.
      Y muchas gracias por compartir esa experiencia.
      MÁS

  6. Buenos días a todo el mundo.

    No es fácil escribir sobre el tiempo. Efectivamente, todo es muy relativo, Sr. Guerra. Sr. Joaquín Álvarez, jeje, se ha comido Ud. casi todo el recorrido del tema, más claro en pocas palabras, imposible.

    Es tema recurrente de la literatura, el tiempo, nuestro tiempo, el paso del tiempo. Proust, En busca del tiempo perdido; Thomas Man, La Montaña Mágica, etc.

    El tiempo, nuestro tiempo, hace años que llevo una agenda, anoto de lo más inverosímil en ella, algo parecido a los diarios de las novelas rosa. Todo empezó cuando me di cuenta de lo rápido que pasa mi tiempo; tenía que hacer algo para ser consciente de lo rápido que pasa, o al menos, en su velocidad, saborearlo más. Lo primero que anoto cada día son los años, meses y días que llevo vividos. Anoto lo que que supone especial trascendencia ocurrido a mi alrededor ese día. Mis enfados, mis alegrías, mis tratos más o menos cercanos con mis semejantes. Las injusticias e inequidades que observo a pie de calle. El perro demasiado flaco por maltrato de su dueño. La altura de la luna y posición a la amanecida, a veces esto se me pasa. A veces hago un viaje imaginario en el tiempo, a veces de pocos años, otras casi centenario, imagino a mis familiares, incluso a los no nacidos, no ceso de hacer anotaciones. De estos viajes en el tiempo me vienen mis recuerdos de Monte Arruit -mejor no hablar hoy más de ello, he de cuidar mi reputación-. Cuando no anoto algo de un día, me da la sensación de que lo he vivido poco. A veces para medir mi tiempo pongo el cronómetro e intento estar cinco minutos sin pensar en nada, a fuerza de hacerlo, creo, se puede llegar a medir el larguísimo tiempo que pueden ser cinco minutos. A veces, a la amanecida y para que no me tengan por enajenado me protejo por la escasa oscuridad, ando en cuclillas por entre mis limoneros, para observar el mundo a cincuenta centímetros del suelo, es otro mundo, lo puedo asegurar. A veces, en los días de mucha luz, llevo un cuentahilos/lupa en el bolsillo, para ver el mundo que se desenvuelve a escasos metros de mi y que de corriente no suelo ver. Todos estos pequeños detalles me hacen autodidacta de la organización de mi propio tiempo, del pasado, presente y futuro.

    Imagino que cada cual tendrá su método. Todos válidos. Mesura. Autodidactica aplicada.

    Que tengan un buen día.

    • Estimado Don Quintiliano:
      Tengo un libro que leí hace tiempo y que ahora no me entretengo en buscar cuyo título dice algo así: ¿Por qué el tiempo pasa tan lentamente cuando nos hacemos mayores? Si mal no recuerdo ronda las 500 páginas. Haré referencia a una explicación curiosa que comenta el autor. Si pones el reloj de arena a funcionar mucho tiempo, los granitos se hacen más chiquitos y pasan más de prisa.
      Me ha gustado la idea del diario. No sé si alguna vez me oíste (o leíste) decir que estoy escribiendo a mi hija un diario desde el día que nació. Hoy he comenzado el tomo VIII. Se titula Déjame que te cuente. El paso del tiempo se hace presente en cada página.
      Alguna vez, en los campamentos que he dirigido, les pedía a los chicos los relojes. Les pedía que se alejasen hasta aislarse completamente. Tocaba el silbato y comenzada a transcurrir un tiempo que ellos tenían que vivir hasta que volviese a sonar. Qué impresionantes reflexiones.
      En la Universidad de Madrid un alumno me pidió que estuviésemos todos en silencio durante diez minutos. Después analizamos lo sucedido.
      He hecho muchas experiencias sobre el tiempo. En una de ellas, los alumnos hacían tareas diferentes durante un tiempo que ellos no sabían que era el mismo.La vivencia del tiempo subjetivo, de la que hablaba Bergson, da lugar a valoraciones muy diferentes del tiempo. No se derrite la misma velocidad un azucarillo para el sediento que para el saciado.
      El tiempo de ocio suele pasar más velozmente que el tiempo de las obligaciones.
      Gracias por la aportación.
      UN cordial saludo.
      Imagino que serán días de riego intenso. Las plantas te llamarán a gritos.
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  7. He visto muchos desastres nacidos de la mala vivencia del ocio. No se aprende por ciencia infusa. Yo creo que hay que ejercitarse en llenar el tiempo libre de forma saludable.
    Dejamos que el negocio gobierne los tiempos de ocio de los jóvenes. No son ellos quienes tienen la iniciativa. De esa manera lo que impera en la organización del ocio no son los valores sino el dinero.
    Hay que devolver la iniciativa a la juventud. O, mejor, tienen que conquistarla ellos.

    • Querida Marta:
      Tienes razón.
      Como todo puede convertirse en negocio, el ocio también.
      Hay quien se hace rico vendiendo droga.
      O montando discotecas.
      O vendiendo alcohol.
      También hay quien organiza viajes y actividades a cambio de dinero.
      Ese hace que solo tengan ocio aceptable socialmente quien tienen dinero.
      Pero así disminuye la iniciativa, desaparecen las actividades sanas y se potencia el individualismo.
      Este es un terreno en el que todos tenemos que pensar y hacer cosas.
      Nos jugamos mucho.
      Gracias y besos.
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  8. Saludos a todos y saludos apreciado Dr Guerra
    Maravillosos análisis que a mi juicio comparte en el artículo “la sonrisa del tiempo”, Dr. Guerra ¿Por qué debemos pensar en el ocio?
    Incluso la foto que comparte al inicio que muestra una chica sentada dando la espalda, frente a ella una mitad muestra un ambiente gris, nebuloso, que parece dar ansiedad y en tanto la otra mitad, muestra un ocaso soleado, relajado. Y así justo, creo que se asemeja con la realidad ante la gran diferencia entregar o presentar algo por exigencia de un jefe o como bien dice del mismo empleado pensando en los efectos futuros poco gratos y entonces por necesidad o por obligación nos involucramos en tantas actividades que tienen un propósito, pero nos siempre el llevarlas a cabo nos hacen felices o hace sentido. Y para aliviar el cansancio y contravenir la rutina del trabajo, que mejor que el ocio. Porque también es cierto que en los momentos de ocio es probable generar sensaciones de satisfacción, de realización, de reconocimiento, de autonomía, de libertad, de creatividad y con oportunidades para fortalecer el trabajo que se desarrolla. Y justo el ocio tiene una vinculación con la práctica docente porque el profesional de la educación comparte con los estudiantes, conocimientos, recursos y estrategias que se adquirieron en sus tiempos libres. Gracias Dr.

    • Querida Lourdes:
      Hermoso comentario.
      A mí siempre me interesa la relación de los temas con la educación.
      Y tú has hecho unas observaciones muy pertinentes al respecto.
      Yo también creo que la educación no debe darle la espalda al ocio. No tiene el cometido exclusivo de preparar para el trabajo sino de preparar para la vida. Y la vida no es solo trabajo.
      Diogo en el artículo que una mala vivencia del ocio ha desurdo la vida de muchas personas.
      Y es cierto.
      La escuela, la sociedad y la familia tienen que hacerse muchas preguntas al respecto.
      Besos y gracias.
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  9. Querido Miguel otra gran reflexión y debo decir que acertada desde mi punto de vista.
    Es una pena pensar en toda esa gente que NO puede, NO quiere o NO sabe desconectar de su trabajo.
    Me dijo un profesor de mi colegio que está ya jubilado: Nacho un consejo te doy ahora que entras nuevo al cole, cuando salgas a las 14:00 el viernes suelta el ordenador y la maleta y no la toques hasta el lunes a las 9:00.
    ¡Que gran consejo!, que importante es desconectar y dedicarle tiempo a otras cosas en la vida, incluso a no hacer NADA, DESCANSAR.
    Un abrazo Miguel, espero que tengas un buen vuelo y una gran ponencia en Chile.
    Nacho y Patri

    • Queridos Nacho y Patri:
      No sabéis cuánto me alegra teneros como lectores y como comentaristas del blog.
      Sé que tenéis un criterio sabio y un gran corazón. Por eso pienso que será enriquecedor veros por aquí.
      Con la experiencia que acabamos de compartir hacéis más valiosas las palabras que habéis escrito en el comentario.
      Es importante saber trabajar. No lo es menos saber descansar.
      Un gran abrazo, casi desde las escaleras del avión que me llevarán a Mendoza.
      Hablaré de dos temas en el XV Congreso Nacional de Educación:

      – La evaluación como aprendizaje
      y
      – Docentes pra el siglo XXI
      El lunes ya estaré de vuelta.
      Gracias por vuestra participación.
      MÁS

  10. Me sorprende la escasa preocupación por estas cuestiones. Solamente sale el problema a luz cunado ocurre una desgracia en una discoteca o cuando aparece una noticia escandalosa sobre muertes por sobredosis o por comas etílicos…
    Pero, ¿qué se hace pra enseñar y aprender a vivir un ocio saludable?
    Claro que los adultos no damos muchos y buenos ejemplos.
    Presionados por el trabajo no sabemos desconectar.
    Y nadie da lo que no tiene.

    • Querida María:
      Los focos están puestos en otra parte, a saber: preparar bien para tener un buen puesto de trabajo, para poder ganar un buen dinero y poder disfrutar de la vida. El problema es que la última parte no se plantea de una forma adecuada.
      He contado alguna vez la historia del pastor que cuida su rebaño. Alguien le invita a multiplicar el nùmero de oveja, a montar una gran fábrica de quesos, a tener más ovejas, a agrandar la fábrica… Y cuándo pregunta para qué y le dice que para poder vivir tranquilo, dice que eso es lo que está haciendo ahora.
      Una buena lección.
      Besos y gracias.
      MÁS

  11. Como lo que importa es el negocio, hace falta preparar para el trabajo.
    y, COMO LO QUE IMNPORTA ES EL NEGOCIO, LO QUE IMPORTA ES QUE ALGUNOS LO HAGAN CON EL OCIO DE NIÑOS Y JÓVENES.
    Lo demás importa poco.

    • Querida Sandra:
      Todos tenemos tarea en esta cuestión:
      – La tiene la familia que solo se preocupa cuando llega el hijo (o hija) a la adolescencia.
      – La escuela que no puede mirar hacia otra parte.
      – La sociedad que tiene que ser sensible y eficaz.
      – Lo políticos que tienen que tomar medidas eductivas.
      – Los medios de comunicación que tienen que evitar ofrecer tanta basura.
      – Los propios responsables que son los hiños y los jóvenes que tienen que evitar caer en trampas, tienen que tener creatividad y vivir un ocio saludable.
      Besos y gracias por la lectura y el comentario.
      MÁS

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