Si la envidia fuera tiña

5 Nov

Me pide Horacio Muros,  Director de una escuela argentina, magnífico profesional y excelente amigo, que escriba algo sobre la envidia en las organizaciones escolares. Cuando un amigo te pide algo, lo tiene concedido antes de terminar la petición. Los amigos son como la sangre, que acuden a la herida sin necesidad de llamarla. En el correo que me escribe deja constancia de las desastrosas consecuencias que tiene la envidia para quien la vive en sus carnes y para quienes son objetivo y causa de esa pasión envenenada. Dice mi amigo: “Estoy convencido de que si se eliminara de las instituciones esta toxina se recrearía el clima institucional y se viviría siempre en primavera… Caín mato a Abel por envidia….y muchas veces en las instituciones hay víctimas a las que los envidiosos verdugos quieren matar…”.

Ojalá caigamos todos y todas en la cuenta de aquel sabio pensamiento de Séneca: “Nunca será feliz aquel al que atormenta la felicidad del otro”.

Eliminar la envidia supondría erradicar del corazón del envidioso el veneno que le atormenta y de la vida de los envidiados las críticas dañinas y las asechanzas perniciosas que se urden en la sombra y que acaban con la paz de la institución. Por otra parte, los testigos de tanta maldad y de tanta desventura dejarían de contemplar ejemplos nocivos de convivencia e invitaciones a convertirse en verdugos. Eliminar la envidia, estoy de acuerdo con mi amigo, mejoraría el clima institucional.

La envidia es la imagen especular invertida de la misericordia. Si la envidia es la tristeza por el bien ajeno, la misericordia es la tristeza por el mal ajeno. El envidioso sufre con la alegría de los demás. No soporta su éxito. Le tortura su felicidad. El envidioso vive atormentado por el bien del prójimo. Se hace mucho daño a sí mismo y piensa que, si destruye al otro, acabará su mal.

Carlos Castilla del Pino, en su introducción al volumen monográfico sobre la envidia (La envidia. Alianza Editorial), dice que  esta es una pasión sobredeterminada. Una pasión que puede ser analizada desde múltiples perspectivas: la del envidioso, la del objeto que se envidia, la de la función psicológica y social de la envidia, la del costo de la envidia en  la economía mental del sujeto que la vive y del que la padece…

El órgano de la envidia son los ojos. Porque el envidioso no mira de frente, mira de reojo. Envidia procede del latín invideo, que significa mirar con recelo. A diferencia de la mirada de la interacción humana normal que es frontal (video).

Cuando un profesor tiene éxito con sus alumnos y alumnas, cuando le quieren y lo expresan, cuando  lo elogian y lo aplauden, cuando los padres y  las madres dicen de él maravillas, cuando le premian por una innovación creativa, cuando el director o el inspector destacan su trabajo, el envidioso sufre y explica sus éxitos de forma tergiversada, despectiva y cruel. Trata de desprestigiarlo ante quien está dispuesto a oírlo.

El envidioso procura hacer odioso ante terceros al envidiado. Le calumnia, le denigra, trata de desprestigiarlo y de destruirlo. Le atribuye intenciones torcidas y explica sus éxitos por motivos espurios. He hablado de los cuchillos que maneja el envidioso para herir y, si puede,  matar al envidiado. He descrito 25 cuchillos diferentes. Los he visto todos entrando y saliendo de la carne del envidiado.

Tiene problemas afectivos

No tiene hijos, por eso dedica tanto tiempo a los alumnos

Se está separando, no quiere ir a casa

Es muy raro, fíjate las cosas que hace gratuitamente

Está tarado, su proceder no es normal

Es un joven iluso, cree que va a cambiar el mundo

Es un veterano tan tonto como cuando era joven

Es un adulador de su jefes

El éxito le viene de la suerte o del engaño

Lo que propone ya lo intentamos hace un año y no valió para nada

Quiere que le hagan un monumento,

Quiere hacer méritos

Pretende que le pongan su nombre a una calle

Quiere que le  den la tiza de oro

Quiere heredar la escuela

Con tal de sobresalir es capaz de trabajar más

Es de Podemos, o del PP, O DEL PSOE  (o de cualquier grupo que tenga en el contexto una connotación negativa)

Es un meapilas

Ella cree que es feminista, lo que pasa es que tiene mal carácter

Si no fuera tan guapa no tendría tanto éxito

Quiere sobresalir para que le den un cargo

Se cree mejor que los demás

Se muere por los aplausos

Todo en él (en ella) es fachada

El objetivo de la envida no es el bien que posee el envidiado sino el sujeto que los posee. Por eso es a él a quien quiere aniquilar con comentarios mordaces o con acciones destructivas. Si destruye a quien envidia, termina la causa que le  hace sufrir.

Los envidiosos y envidiosas son muy desgraciados porque no solo viven sus propios males sino que ven como desgracias suyas los éxitos del prójimo. ¿No tienen bastante con su propio caudal de desgracia? Parece que no. Tienen en su actitud un componente masoquista, que les lleva a sufrir y otro sádico que les lleva a buscar el daño ajeno. Un tormento que no cesa.

El envidioso odia al envidiado por no poder ser como él pero también se odia a sí mismo por ser como es. Y, desde luego, jamás reconocerá que es envidioso. Para Spinoza la envidia está teñida de odio porque la sola presencia o incluso el recuerdo del envidiado trae a la memoria del  envidioso cuánto le falta.

Quevedo recuerda que “la envidia está flaca porque muerde y no come”. Las imágenes de la envidia se centran en la corrosión: la envida  roe al otro y corroe al envidioso Y también en la consumición: le reconcome la envidia, se consume en la envidia, se muere de envidia, le come la envida. Su color representativo es el amarillo: “El envidioso ve con una mirada obscena y oblicua, siente y se resiente, su mente está teñida no con el rojo de la ira, ni el verde de los celos, sino con el amarillo de los venenos: la envidia es amarilla”, dice  Jorge Vigil Rubio en su libro “Diccionario razonado de vicios, pecados y enfermedades morales”.

En la dialéctica de la envidia hay una base de admiración. En el fondo, el envidioso admira al envidiado como Caín admiraba a Abel porque los frutos que cosechaba subían al cielo y los suyos no.

Quién no recuerda aquel viejo refrán de la lengua castellana: Si la envida fuera tiña, cuántos tiñosos habría. Hace referencia explícita por una parte a la extensa presencia de esta pasión (cuántos tiñosos habría) y por otra, implícita, a su carácter contagioso, ya que la tiña es una enfermedad de fácil propagación. Los hongos dermatofitos se contagian con rapidez y facilidad por el contacto directo con la piel enferma o a través de mascotas.

Todo se intensifica o se envenena más cuando el envidioso o el envidiado es el líder e la institución. Se complica porque si el líder es envidioso genera un clima tóxico  de persecución  y descalificación de los envidiados desde el poder y si es el envidiado se produce una estrategia de acoso y derribo.

Ojalá caigamos todos y todas en la cuenta de aquel sabio pensamiento de Séneca: “Nunca será feliz aquel al que atormenta la felicidad del otro”. Que hermoso sería vivir como propios los éxitos de los colegas y celebrar su logro en la comunidad de pensamientos, intereses y emociones que es una escuela. Porque todos tenemos derecho a la felicidad. No solo el derecho: el derecho y la obligación.

54 thoughts on “Si la envidia fuera tiña

  1. Para pensar.
    Por dos motivos. Uno porque a todos nos interpela la calidad de nuestra relacione interpersonales y, como consecuencia, la salud emocional y la felicidad. Otro porque, como educadores, tenemos la obligación de dar ejemplo.
    Bienvenido si nos ayudar a mejorar.
    Buen fin de semana.

  2. Con lo bonito que es la envidia sana, el estímulo que supone encontrarte un compañero/a que hace cosas diferentes, que está dispuesto a enseñarte todo lo que a él le funciona en sus clases,aprender juntos, probar cosas juntos, fracasar juntos, hasta eso, es una potente fuente de aprendizaje. Esa es la envidia, que debemos promocionar en el ámbito docente, crear sinergias entre todos los compañeros, fomentar la cooperación, en definitiva, aprender todos de todos, porque todo el mundo, siempre tiene algo que aportar. Rodearse de personas proactivas, y reducir las reactivas.
    Un saludo profesor.

  3. Querido Esteban:
    Pue sí, esa es la tragedia. Que lo que podría ser maravilloso se convierte por la envidia en un tormento.
    Lo primero que tenemos que hacer es ser consientes de esos procesos piscosociológicos.
    Lo segundo es analizar dónde están sus raíces.
    Y om tercero poner los medios para eliminarlos o superarlos.
    Mientras cerremos los ojos a esas realidades es imposible afrontarlas.
    De esta manera, en lugar de tener una comunidad que disfruta y aprende, nos encontramos con una guerra, más o menos sutil, más o menos explícita que los destruye todo.
    Saludos y gracias por leer y participar.
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  4. La envidia es destructiva, la admiración a los triunfadores es trampolín que nos ayuda a avanzar. Sí, Caín es un gran ejemplo bíblico de envidia y de premonición: ya empieza con los primeros pobladores y esa semilla sigue arraigada en la especie humana.
    Si el Caín bíblico es el primer envidioso, el Jesús,bíblico, también fue colgado de la cruz por la envidia insoportable que le tenían los lidere se religiosos de su tiempo.
    Un aristócrata y militar francés del s. XvII, François De La Rochefoucould decía: ” A menudo se hace ostentación de las pasiones, aunque sean las más abominables; pero la envidia es una pasión cobarde y vergonzosa, que nadie se atreve nunca a admitir.”
    La envidia es corrosiva para el que la ejerce y para el que la padece.
    Ya un filósofo griego, estoico y esclavo de Roma, Epicteto, decía: “La envidia es el adversario de los afortunados.”
    Ante el éxito ajeno hay dos tipos, uno el envidioso y otro, el admirador. Decir que lo bueno es lo segundo es una obviedad, pero la naturaleza humana es como es, ya desde Caín. De nosotros depende el matar al Caín o el alimentarlo.
    Como siempre, Miguel Ángel, gracias por el alimento semanal que nos brindas. Saludos.

    • Querido Joaquín:
      Atinada observación la que haces enfrentando la envidia y la admiración. La primera es destructiva para el envidioso y el envidiado, la segunda permite aprender al admirador y alienta al admirado a seguir avanzando.
      Gracias, amigo.
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  5. Cuando se viven experiencias envidiosas en las organizaciones escolares que además se cronifican, lamentablemente las consecuencias son devastadoras para la convivencia en el centro debido al gran poder destructivo que poseen. Sus rescoldos después de años, son difíciles de apagar.

    Me gustaría sumar que como ejemplos que enseñan más que las palabras, nuestros actos docentes en las organizaciones escolares y también los de los familiares en casa, tienen su reflejo en las actuaciones envidiosas del alumnado, traducido en maltrato a veces sutil, otras no tanto, del compañero/a envidiado/a bien sea por su brillo personal, por sus éxitos, por sus reconocimientos por parte del profesorado, etc. Hacer daño a aquel en quien veo lo que quisiera para mi, reproduciendo las mismas estrategias de acoso y derribo aprendidas de los adultos.

    Un abrazo.
    MJA

    • Querida MJA:
      Qué sorpresa.
      Haces hincapié en un aspecto relevante de la cuestión que aborda el artículo, que es la cronificación.
      Cuando la envia se hace crónica y se instala en las organizaciones, lo destruye todo., Se hace una rutina que envenena el clima y destruye las relaciones.
      Y otra idea que comparto: los alumnos y alumnas aprenden de lo que somos más que de lo que les decimos.
      Gracias por participar.
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  6. Pues sí. Qué triste para el envidiado y el envidioso. Pero siempre peor para el envidioso.
    Yo creo que no hay envidia sana porque, por definición, es dañina.
    Disfrutar con lo éxitos de los colegas y sentirse estimulado por ellos no es envidia sana, es empatía y estímulo positivo.
    El bien del prójimo tiene que hacernos disfrutar, no sufrir.
    Saludos a todos los lectores y lectoras del blog.
    Buen sábado.

  7. Buenas tardes a todos y a todas.

    Por fin, una vez cumplido con las obligaciones llega el tiempo de las devociones.

    Una vez que leo las opiniones de Miguel Ángel sobre el tema semanal que trata, antes de contaminarme con las lecturas que encuentre sobre el tema, entre las que se encuentran las opiniones que por aquí van dejando quienes lo desean, voy cavilando y viendo qué es lo que pienso y sobre qué puntos me va llevando mi pensamiento. (Me encanta contaminarme y al final de la semana o más allá de esta, comprobar cómo me ha cambiado el reflexionar sobre el tema que toque).

    Esta semana, la envidia, gran pecado.

    En él estaba, y veo, por las opiniones de los compañeros y compañeras que me anteceden, que tocamos muchos conceptos comunes.

    Envidia sana, admiración, odio, destructiva, corrosiva, cobarde y vergonzosa.

    Hablamos mucho de envidia sana, como si con sana quitásemos la podredumbre de la envidia. Pero yo estoy con Rafaela, la envidia es dañina, es lo que Miguel Ángel dice en todo el texto.

    Yo, con Joaquín, usaría admiración, deseos de emular a quien admiramos, de quien nos alegramos que le vaya bien, que le pase todo lo bueno que le pasa.

    Ángela y Esteban usan ejemplo y juntos. Y esas son dos palabras que me valen para dar cuerpo a las ideas que venía pensando. Frente a la competitividad en la que nos movemos, en la que hacen estructuralmente que nos movamos (y que genera envidias), está la cooperación, el trabajar juntos y por causas u objetivos comunes, siendo cada uno de nosotros ejemplo para los demás.

    Para mí, la competitividad es la raíz de la envidia, del odio, del enfrentamiento destructivo.

    Conceptos que manejo en la reflexión. ¿? (Me están la reclamando las obligaciones de nuevo). (En mejor momento sigo. Hay semana.)

    Un beso para todas y todos. Un abrazo Miguel Ángel.

  8. Amigo Miguel Ángel:

    Me parece muy oportuno el tema que tratas en esta semana: la envidia. Lo cierto que es un fenómeno universal que no se circunscribe solo al ámbito educativo, sino que como pasión parece una especie de plaga invisible se cuela por distintos rincones del ser humano.

    También, en mi caso, acudí a la sabiduría de Carlos Castilla del Pino para conocer este sentimiento negativo, que quizás sea el peor de todos, pues el envidioso bien se cuida de ser reconocido como tal. Nadie se entiende a sí mismo como envidioso. Es más, se pueden aceptar otras pasiones; pero la envidia es algo que, en el fondo, nos repugna a todos por la capacidad destructiva que puede conllevar.

    A partir del estudio de las obras de este eminente psiquiatra llegué a entender la diferencia entre envidia y celos. Y viene bien, porque pones un ejemplo de la mitología judeocristiana -la relación de Caín con su hermano Abel- sobre la que conviene detenerse un poco para entender qué tipo pasión anidaba en el primero de los personajes: si la envidia o los celos.

    En el relato bíblico se dice que Caín, primogénito de Adán y Eva, era agricultor, mientras que Abel, el segundo de los hijos, era pastor. Se nos cuenta que ambos presentaron a Dios sus ofrendas, pero que Dios prefirió la de Abel. Fue la razón por la que Caín en un arrebato de celos matara a su hermano. ¿Hubiera matado Caín a su hermano si su ofrenda también hubiera sido bien recibida por la deidad?

    Y es que, en los celos, a diferencia de la envidia, tal como nos la explica Castilla del Pino, aparecen tres personajes en el ámbito de los adultos: el celoso, la persona objeto de los celos y el rival. Es, pues, una relación psicológica es de tipo triangular: la del celoso con la persona amada y el rival; la del rival con el objeto de los celos y con el celoso; y la persona motivo de los celos con el celoso y el rival. Como vemos, una relación más compleja que la pasión establecida entre dos, como es la de la propia envidia, aunque más difícil de ocultar que esta última.

    Por otro lado, he de reconocer que en ocasiones se utiliza la palabra ‘celos’ como sinónimo de ‘envidia’ o viceversa, aunque lo cierto es que existen diferencias entre estos dos sentimientos. Así, por ejemplo, es posible escuchar: “Este niño tiene celos de su hermano”, frase que puede estar bien expresada si se refiere a que existe un tercer personaje, el padre o la madre, que supuestamente presta más atención al segundo que al primero (algo parecido el relato bíblico).

    Sin embargo, solo sería correcto decir “este niño tiene envidia de su hermano”, cuando es una relación directa entre ambos, en el sentido de que uno pueda tener unas cualidades que provoquen en el otro la comparación con consecuencias de generar sentimientos negativos de inferioridad.

    Puesto que sobre este tema que has planteado entraré de nuevo en el debate, prefiero pararme aquí para no extenderme demasiado, dado que continuaré con la envidia en el ámbito docente.

    Antes de despedirme, quisiera indicar que a lo largo de mi vida he conocido a algunas personas que carecían de esa pasión negativa que es la envidia; y, sin embargo, sí tenían eso que popularmente se conoce (y que nos lo recuerda Esteban de las Heras) como “envidia sana”, que es la forma coloquial de llamar al sentimiento de la “admiración”.

    Ha salido, pues, otro sentimiento, la admiración, que, teniendo el mismo origen o raíz emocional que la envidia (comparación con otro sujeto), se mueve en sentido opuesto.

    Prometo, pues, continuar.

    ¡Ah! Se me olvidaba… sí he conocido a un compañero que se reconocía como personaje envidioso, y, sin embargo, era una buena persona.

  9. Lo reconozco. Soy un envidioso. Envidio a las personas que poseen capacidades que yo no dispongo. Envidio a personas como Miguel Ángel que semanalmente son capaces de reflexionar y argumentar sobre cualquier tema de forma magistral.
    Esa envidia no sé si será sana o enfermiza, pero si que es respetuosa. Solo cabe respeto de las personas que se aprende. Gracias envidiado….

    • Querido Juan Carlos:
      Algún comentarista ha dicho ya que la “envidia sana” debería llevar otro nombre. Tú no quieres el mal de los que dices “envidiar”. No creo que haya “venenos sanos”. Hay otras cosas: hay antídotos, hay placebos…
      El deseo de tener lo que otro tiene no es envidia.La envidia conlleva un sentimiento de tristeza por el bien ajeno y, además, el deseo de destrucción del envidiado. Creo que no hay envidia respetuosa; es come decir nieve frita.
      Tú eres una persona magnifica, no un envidioso.
      Con un abrazo y mi gratitud.
      MAS

  10. Buenas noches!! hermoso articulo tan real e inentendible, para mi una persona está enferma si no se alegra con el progreso de un semejante. Me pregunto cada dia en mi trabajo que valores transmiten a los alumnos personas que tienen el corazon teñido por la envidia, se pasan la vida analizando la vida de los demás y dejando a un lado a ese niño que espera un abrazo, una palabra o muchas veces el cariño que solo en la escuela y con su maestra encuentra. Podrá erradicarse este mal que destruye ? un cariño Maestro.

    • Querida Marisa:
      Podrá desterrarse si mejoramos la selección y la formación del profesorado y si atendemos convenientemente el desarrollo profesional. Porque en nuestro campo de trabajo es doblemente necesario el hecho de que desaparezca la envidia. Por un lado, como en todas las organizaciones, para mejorar la convivencia y la salud emocional. Y, por otro, para ofrecer ejemplo de vida y de comunicación a lo alumnos y a alas alumnas. Porque educamos como somos.
      Besos y gracias por leer y por participar.
      MAS

  11. La envidia siempre es mala De lo que habla Juan Carlos es admiración. No es envidia. Porque quien envidia desea la destrucción del envidiado.
    Saludos.

  12. Tal como prometí, Miguel Ángel, aquí estoy de nuevo.

    Por lo que veo, el tema está interesando mucho, ya que, junto a las intervenciones, se hacen reflexiones de gran interés.

    Antes continuar, quisiera apuntar que mi interés por el estudio de las emociones y los sentimientos nace de la época en la que fui coordinador del Colectivo de Educación y Paz de la Universidad de Córdoba, ampliándose con la temática de la tesis doctoral y el estudio de la familia a través de los dibujos de los escolares.

    Antes de entrar en reflexiones personales, quisiera realizar un comentario a una frase de José Antonio Romero (que no deja nunca de interrogarse) y que dice: “Para mí, la competitividad es la raíz de la envidia, del odio, del enfrentamiento destructivo”.

    Siento desalentarte, José Antonio, dado que la multiplicidad de sentimientos, tanto positivos como negativos, que conviven en el ser humano nacen con él mismo. Sucede que unos son más fuertes que otros en cada persona, al tiempo que es posible reducirlos en un proceso formativo y de autorreflexión. Así, por ejemplo, nadie puede decir que nunca ha sentido ‘odio’, pues este sentimiento convive con cada uno de nosotros con mayor o menor intensidad. Hay gente que es verdaderamente solidaria, por lo que este sentimiento o emoción es reducido; mientras que, en otros casos, el odio es tan agudo que lo transforman en ideología: racismo o xenofobia.

    Cierto que la competitividad que la sociedad impone (lo veo en estos tiempos en la propia Universidad española) potencia el sentimiento de envidia; pero no lo crea…

    Bueno, pensaba hablar de experiencias personales, pero, mira por dónde, he entrado en el escrito de alguien que es un mar de interrogantes (también de respuestas).

    Y ahora, puesto que tras un día torrencial ha amanecido con un sol espléndido en Córdoba, voy a parar para dar una larga caminata y disfrutar de la mañana.

    Continuaré; pero si consideras, Miguel Ángel, que me estoy sobrepasando puedes tocar el timbre de alarma (o la tarjeta roja, como se hace en el fútbol) y dejo a los demás hablar… ya que, si no se me frena, terminaré hablando de las diferencias entre sentimientos y emociones, cuando de lo que ahora toca es hablar de la envidia en los docentes (que abunda mucho).

    • Estimado Aureliano:
      No, por Dios. No solo no te digo que te retraigas sino que sigas presente y que amplios todo lo que puedas tu participación. Siempre has aportaciones relevantes sobre los temas que se proponen. Siempre ayudan a pensar.
      Un gran abrazo y buen paseo.
      En Málaga también tenemos un precioso día otoñal, pero estoy al lado de Carla viendo cómo prepara sus exámenes. Ella siempre me dice: “Papá, yo sola”. Y yo trabajo a su lado en la preparación de un curso de doctorado que tengo la próxima semana en Sevilla.
      Saludos cordiales.
      MAS

  13. La ilustración me parece estupenda, ingeniosa, simpática y significativa. Al que quedó tercero le gustaría que el primero fuera décimo. Y lo consigue añadiendo un cero a la unidad.
    Revela la mala idea, la envidia, el fastidio por haber quedado detrás. Es una forma de quitarle brillo y de querer quedar delante. Pero es una forma perversa y a la vez inútil. Los méritos del primero están ahí. Y su puesto de preeminencia está ahí.
    Saludos de buen fin de semana

  14. En la larga caminata matinal, me cruzo con Bobby, un muchacho nigeriano que se coloca habitualmente en uno de los semáforos para ofrecer pañuelos de papel y ambientadores. Ya nos conocemos desde hace tiempo. Puesto que se ha cambiado al lugar de Isaac, compatriota suyo que vive con él en el mismo piso, me informa que su amigo se desplaza los domingos a Sevilla para verse con parte de su familia.

    Bobby tiene problemas en la espalda, pero no puede operarse, pues carece de dinero para ello, además, le han informado que, tras la operación, correría el riesgo de poder quedarse paralítico. Resuelve sus fuertes molestias tomando las pastillas que le han medicado en la Seguridad Social y que le alivian durante un rato, al tiempo que se sienta en una pequeña silla cuando el semáforo se abre para los conductores.

    “Bobby, ¿viniste ayer, teniendo en cuenta que llovió mucho y sin parar a lo largo del día?”, le pregunto, sabiendo que puede responderme bien, dado que ya tiene un español bastante aceptable. “Sí, sí, claro. Tengo que venir al trabajo. Llovía mucho y por eso me he resfriado”.

    Sabe que es muy difícil para él y sus compañeros de Nigeria encontrar en nuestro país un pequeño trabajo. No obstante, con toda la dignidad, llama ‘su trabajo’ a venir cada día al lado del semáforo, independientemente del tiempo que haga, pues es su medio de subsistencia.

    Después de un rato charlando, y antes de despedirme comprándole un ambientador, le indico que ya han cambiado de ministro del Interior, el mismo que había aprobado la colocación de las concertinas, esas cuchillas que desgarran a los jóvenes subsaharianos que como él que buscan salir de la extrema pobreza de sus países. Me sonríe queriéndome decir que esas cuchillas no impedirán que haya otros muchos que intenten seguir sus pasos.

    Regreso a casa. Al mediodía, le indico a Flora, mi mujer, que salgamos a comer fuera; que no nos encerremos en la cocina y tengamos un tiempo de descanso.

    Nos vamos a un restaurante japonés cercano que lo lleva una pareja amiga que, paradójicamente, son de origen chino.

    Con Flora suelo comentar los temas que aparecen en El Adarve.

    “Como antes te dije, en el último artículo del blog de Miguel Ángel se aborda el tema de la envidia en el ámbito educativo… Una de las puntualizaciones que hice fue una pequeña referencia acerca de la diferencia entre la envidia y los celos, ya que estos sentimientos suelen confundirse…”, le indico mientras esperamos que nos sirvan.

    Charlamos largo rato sobre esta cuestión. Compartimos la necesidad de que el profesorado, en los distintos niveles, tuviera una buena formación dentro del mundo de los sentimientos y las emociones, pues ayudaría a saber afrontar los muchos problemas que suelen aparecer en las aulas y fuera de ellas.

    En un momento de la charla le indico: “¿Te acuerdas del trabajo de fin de grado sobre el estudio de los celos de los escolares a través del dibujo que defendió Sandra en julio, y que la nuestra compañera A. B., que presidía el tribunal, lo menospreció indicando que lo más adecuado era que dedicara el tiempo al estudio de las ‘emociones positivas’ en los niños?”.

    Asintió. Lamentamos la falta de formación que tiene una parte del profesorado en este campo, al tiempo que estuvimos de acuerdo que no solo se educa con mensajes bienintencionados, sino que no puede olvidarse todo el complejo mundo de sentimientos que anidan en los seres humanos.

    Flora, por su parte, pasó a apuntarme un hecho que desconocía: “Hace un tiempo, una profesora de Alejandro me informó que en su clase de Secundaría había un chico muy guapo y muy inteligente y que suscitaba la envidia de algunos de sus compañeros… Un grupo de esos compañeros no dejaban de acosarlo continuamente, por lo que, desesperado, un día decidió quitarse la vida.”.

    Después de un rato largo hablando de estas cuestiones, la charla caminó hacia otros derroteros…

    • Estimado Aureliano:
      Por un momento me he visto sentado con Flora y contigo en l mesa del restaurante japonés. COMPARTIR ideas y sentimientos. Qué importante.
      Dos cuestiones que quiero subrayar de tu interesante y personalísimo comentario:
      1. Importancia de la formación de los profesores en cuestiones relacionadas con l teoría y la práctica de la esfera emocional. Todavía queda mucho camino por recorrer en este sentido.
      2. Presencia de la envidia como desencadenante de algunos procesos (no digo de todos) de acoso escolar. A quien sobresale, a quien destaca, quienes le envidian, le quieren destruir.
      Es domingo por la noche. También en Málaga se nos fue un día de paseo y a paseo.
      Un abrazo para los dos. Y mil gracias por las aportaciones.
      MAS

  15. Tremendas reflexiones sobre una de las lacras de las organizaciones escolares.
    No es fácil erradicar esta lacra de las instituciones porque depende de la vivencia psicológica de cada uno.
    De todos modos, un clima sano deja menos cabida a este tipo de reacciones contra las personas que son objeto de envidia.
    Como nadie admite su pasión envidiosa es difícil desmontarla en el corazón de cada persona.
    Buen< semana, ya a las puertas del inees.

  16. El refrán viene a decir que son muchos los envidiosos o envidiosas. Lo que sí puedo afirmar es que uno solo es capaz de envenenar una comunidad educativa.
    Por eso hay que ser muy vigilantes. Si el envidioso no contase con confidentes y secuaces, sería más fácil controlar sus mala influencia. Si cuando el envidioso trata de despellejar al envidiado no contase con nadie que le escuche y dé pábulo, sería más fácil erradicar las malas consecuencias sociales de este vicio.
    Claro que no se evitaría así el malestar y el dolor del envidioso, pero eso es solo algo que él se busca. También se le podría ayudar abriéndole los ojos de su mal.
    Saludos y buena semana de elecciones americanas.

  17. Hace bastantes años, decidí realizar los cursos de doctorado en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, centro en el que llevé a cabo los estudios que me dieron acceso al título de arquitecto. Por entonces, yo ya residía en Córdoba e impartía docencia en la antigua Escuela de Magisterio (hoy Facultad de Ciencias de la Educación).

    Al poco tiempo de iniciarlos, me hice la siguiente pregunta: ¿Qué sentido tiene que realice una tesis doctoral sobre Arquitectura cuando ya he dado el salto al campo educativo formando a futuros docentes? La duda la solventé pronto, por lo que decidí hacer la tesis doctoral en el ámbito de la Pedagogía.

    Decidí, pues, como bien sabes Miguel Ángel, matricularme en tu Facultad en Málaga. Recuerdo que, cuando fui para allá, Miguel López Melero, en aquel momento director del programa de doctorado, me preguntó: “¿A qué viene un arquitecto a esta Facultad para realizar los cursos de doctorado en Pedagogía?”. El resto de la historia, en gran medida, la conoces.

    Pues bien, ha llovido mucho tiempo desde entonces; no obstante, he dado un salto de décadas atrás para comentar algo que tiene relación con la cuestión que estamos abordando.

    Recuerdo que, en uno de los debates que solías plantear, salió un tema (ahora no sé bien de qué trataba exactamente) en el que apunté que, tras trabajar como arquitecto y comprobar que era posible formar equipos bastante cohesionados en esta profesión, sin embargo, me había sorprendido el enorme individualismo que existía en el trabajo del enseñante cuando salté a este campo. No terminaba de entenderlo, no veía razones suficientes para que se produjera esa desunión. Quizás yo tuviera muy idealizada esta profesión y consideraba que quien accedía a ella era con una verdadera vocación (ya sé que esta palabra que a ti no te gusta; y, sin embargo, yo que soy laico siempre la he utilizado).

    Por entonces, yo no relacionaba de manera específica este comportamiento tan habitual entre los enseñantes con el tema de la envidia. Hoy tengo claro que esta pasión negativa, lamentablemente, está muy presente entre nosotros.

    Ahora, demos un gran salto temporal y situémonos en nuestros días.

    El mes pasado recibo en el despacho a un amigo que trabaja en el campo de las artes plásticas, al tiempo que, junto a su hermano menor, también se dedica a la labor docente.

    En un momento dado, Rafa, que es el hermano menor de este amigo, me explica que tiene intención de cambiar de Córdoba a Sevilla dado que se encuentra bastante “quemado” después de ejercer funciones docentes y directivas en su centro de estudios superiores.
    “En el fondo de esta decisión subyace el que hay gente que no llega a donde debería llegar”, me dice. Inmediatamente le respondo: “Rafa, tomo nota de esa expresión de que ‘hay gente que no llega a donde debería llegar’, pues me parece que explica de modo muy sencillo el factor de la envidia como elemento perturbador de las buenas relaciones que deberían darse entre compañeros”.

    Al rato me vino a la mente el libro de José Manuel Esteve, ese gran pedagogo que fue profesor en tu Facultad, y que tiene el título de “El malestar docente”. Allí se explica con datos palpables que los buenos docentes se ven obstaculizados en la labor precisamente por aquellos compañeros y compañeras que no desean ir más allá de las exigencias mínimas en su labor. Es decir, ‘algunos no llegan a donde deberían llegar’: a ser buenos profesionales, apasionados por la enseñanza, formándose de modo constante, inquietos por tener una buena formación cultural, etc., etc.

    Ya voy cerrando, aunque queda por debatir la relación que existe entre la envidia y la admiración. También quisiera comentar el fenómeno de la envidia y cómo se desarrolla a través de las redes sociales y los “whatapps” dentro del mundo digital en el que nos movemos.

    Posdata: Espero no ser muy pesado, aunque creo que profundizar en las emociones y sentimientos me parece crucial para esta profesión.

    • Estimado Aureliano:
      Está bien que nos metamos en estos berenjenales. Recuerdo que, cuando escribí “Arqueología de los sentimientos en la escuela” leí muchos libros y me acerqué a muchos artículos. Uno de ellos fue el libro de José Antonio Marina titulado “El laberinto sentimental” y otro “Diccionario de los sentimientos” que escribió este mismo autor al limón con Marisa López Pernas. Recuerdo algo que se decía en este último: el envidioso trata de hacer odioso al envidiado a los ojos de terceros. Esto es lo que envenena las relaciones de la comunidad.
      Vives considera la envida como hija de la soberbia y madre del odio.
      También recuerdo que en ese capítulo se hablaba de la congratulación que es la alegría por el bien ajeno merecido.
      Bueno, este asunto es inabarcable.
      Un gran abrazo.
      MAS

  18. “¿A qué viene un arquitecto a esta Facultad para realizar los cursos de doctorado en Pedagogía?”

    Yo no la conozco, Aureliano.

  19. José Antonio: No entiendo bien la pregunta.

    Me temo que quieras que me remita a mis años de adolescente cuando por el verano atendía a mis amigos de Alburquerque a sus dificultades con los problemas de matemáticas que no entendían de sus maestros y que les castigaban como premio a sus “cortas mentes”, como solían decirles.

    Pero, como comprenderás, más de uno puede pensar si al Adarve, en esta ocasión, no lo he tomado por un confesionario en el que voy desgranando mis neuras.

    En fin, no te preocupes, que en este tema de la envidia me voy a esmerar y, quizás, Miguel Ángel me ponga buena nota.

    Un abrazo.

  20. Miguel Ángel, el 5/7/2014.

    “Pienso en la dificultad que existe en el reconocimiento de los méritos de los compañeros de trabajo. Por celos, por mezquindad, por torpeza, por despiste, por una ridícula competitividad. Es probable que un pequeño defecto de quien es tenido por una eminencia fuera de ese microcosmos, difumine el resplandor de los méritos. Es probable que alguna rencilla personal de al traste con todos los indiscutibles logros del colega.”

    “Hace unos días le dije al profesor Pérez Gómez, uno de mis colegas de Departamento, que el libro que había escrito y publicado recientemente (“Educarse en la era digital, editorial Morata) era lo mejor que se había escrito sobre educación en los últimos treinta años. Lo vuelvo a decir ahora, haciendo público el elogio que entones formulé en privado. Sé que él lo valoró especialmente, así me lo dijo, por venir de alguien tan cercano.”

    ¿Envidia, quizás, hacia los más cercanos?

    Comentario de Joaquín el Agosto 23, 2010 a las 6:01 pm

    “Un cuentito complementario: Dos personas enemistadas y envidiosas (como podrían ser los profesores de su historia) encuentran una lámpara maravillosa. El genio le dice a uno de ellos:” pide un deseo y se te concederá, pero a tu compañero le daré el doble”. Tras un rato pensando contesta “sácame un ojo”. Este nivel de envidia automutilante sólo lo he visto en la universidad…”

    cuanto más poder, cuanto más arriba, ¿puede la envidia ser más envidia, quizás menos celos?

    No es por meter cizaña. No es por mezclar machismo y envidia. ¿Habrá algún estudio que analice si hay más envidia entre mujeres o entre hombres? ¿O entre hombres hacia las mujeres en el mismo cargo o nivel? ¿Verán herida su masculinidad?

    • Estimado José Antonio:
      Creo que la envida se manifiesta especialmente respecto a personas cercanas, a personas conocidas, a compañeros y compañeras.Tiene su lógica porque no es posible tener envidia hacia quien no conoces y difícil hacia quien no te importa.
      Hay un sentimiento que está también en las raíces de la envidia que es la rivalidad entre colegas. Una rivalidad no siempre manifiesta, frecuentemente subrepticia y casi siempre negada. El éxito del rival provocaría envidia en quien no lo alcanza en el mismo grado o con la misma facilidad.
      No sé si hay más envidia entre hombres o entre mujeres o de mujeres respecto a hombres y de hombres respecto a mujeres. No creo, por otra parte, que esto se pueda reconocer fácilmente ya que las personas no suelen decir la verdad y no se reconocen casi nunca como envidiosos o envidiosas.
      Un gran abrazo.
      MAS

  21. “Pensamos con palabras y categorías gramaticales, e imaginamos la realidad a través de la representación cognitiva que hacemos de ella mediante el lenguaje.” (Olga Castro).

    Permitidme que, por un momento, me vaya de la envidia al “caballo salvaje” que es nuestra lengua para dominarla medianamente, y conseguir decir lo que queremos contar.

    Leo lo que escribí en mi última intervención de la semana pasada, y a mí, quizás sea solo a mí, me viene a la cabeza un sentido que yo no tenía en mi pensamiento. Se debe a la proximidad de Miguel Ángel y las palabras que lo siguen, a pesar del punto y el paréntesis.

    “(Dejo para otra mejor ocasión, la finura de pelo de gato que mayoritariamente solemos tener todas y todos, seamos del gremio que seamos, ante la crítica hacia dicho gremio. Todo “dios” parece sentirse aludido y en la necesidad de defenderse. “SIN CRÍTICA NO HAY MEJORA. Y me refiero a la crítica en el sentido que la entiende Miguel Ángel). (A mi tribunal no le gustó nada. Mi lobo bueno es tonto).”

    Crítica como la entiende Miguel Ángel. Crítica argumentada, sensata.

    A mi tribunal no le gustó nada, no me refiero a Miguel Ángel (cosa que no sé, como no sé nada del resto, es andar a ciegas, no hay interacción de ningún tipo, no es el objetivo), me refiero a mi “crítica”. Mi lobo bueno es tonto, soy yo. “Los dos lobos” (22/3/2014, de Miguel Ángel.

    Lo voy a contar, para que se me entienda, espero que no lo lea demasiada gente.

    Cuando estuve en mi última guerra me encontré muy a gusto. Nervioso, pero a gusto. Las situaciones eran totalmente anormales. Las normas son las normas. Con lo de a gusto, me refería a cuando escribí, en cuanto a la temática, no a las condiciones físicas.

    Nos tocó el salón de actos del instituto. Filas de sillas-mesa más pequeñas que un folio. Dos horas y media. Evidentemente, todos igual de mal. Pensé que no era el mejor de los lugares y condicione para escribir sin que tu cuerpo, en su idioma, te reclame que te acomodes, y llama tu atención, y protesta.

    Una de las maestras del tribunal, observaría los movimientos de protesta de mi cuerpo, y sin yo decir ni mu, me cambió a una silla individual que eran de un tamaño un poco mayor, pero nada que ver con silla y mesa, aunque fuese bien pequeña.

    Llegado el día de la lectura (¡qué cansino! No me cuadraba leer – decir algo que estaba escrito para ser leído, no dicho. No podía expresar los signos que se utilizan para escribir, para organizar las ideas, los guiones. El desdoblamiento del genero), no puedes ver el rostro de quien te escucha. Tenía la sensación de hablarle a un muro. De decirme a mí mismo mis ideas. Y yo ya me tengo aburrido.

    Llegado el cambio de sobre, el cambio de tema, llega la cuestión que quería contar. No me preguntéis por qué lo hice, no lo sé. Con lo que sé sobre estas cuestiones, es un error que no entiendo. No sé si por intentar hacer cualquier tipo de comentario para descargar tensión, si para humanizar la comunicación, si porque me sale la parte crítica o contestataria que siempre está, y sale cuando no es conveniente para nadie, y menos para mí en ese momento.

    El hecho es que, como un comentario en voz bajita y de dos frases, mientras habría el segundo sobre, largo que el examen era demasiado extenso como para poder profundizar en las respuestas y que el lugar no era muy adecuado por lo que expliqué anteriormente. 20 segundos. No me acuerdo de lo que me contestaron. Alguna explicación de dos palabras me darían, o diría la presidenta. He ahí mi tontería. Yo sé que el examen no sería de su autoría, pero de la organización de los lugares ya no estoy tan seguro. ¿Y a quién le gustan las críticas?

    En fin. Me acompañará siempre este lobezno bobalicón. Eso sí es ser ingenuo y falto de educación.

    La historia no es ningún esque al resultado final. Salvo cosas de este estilo, no he aprendido prácticamente nada. Ante cualquier prueba, siempre tienes unas referencias para saber si lo haces bien, medio bien o mal. Aquí sales con una nota de cuatro decimales, y por no tener, no tienes ni las cifras de la “intención de voto”.

    Aureliano. Una vez dijiste que la evaluación de una de tus alumnas había sido totalmente ideológica. Entiendo lo que querías decir. Pero me preguntaba si hay alguna evaluación que no lo sea. Imaginémonos un paradigma de educación evaluado por el de enfrente. La opinión ya sabemos cuál va a ser. Mi paradigma vosotros ya lo conocéis. El que yo no conozco es el de quien decide si valgo o no valgo. En educación hay de todo.

    • Querido José Antonio:
      Tu descripción de las pruebas de oposiciones es para pensar. El espacio, el tiempo, el contenido, el poder… Ya dije que dirigí una tesis sobre el acceso a la profesión docente en Infinaltil y Primaria (el doctor se llama Marcos Antonio Ruiz Valle). No recogió ni UNA opinión favorable… Y mi pregunta es: ¿por qué siguen manteniendo tal como están diseñadas? ¿Por qué mantenerlas así si son irracionales e injustas?
      Un abrazo.
      MAS

  22. ¡Qué tema! Mi frase preferida: Quevedo recuerda que “la envidia está flaca porque muerde y no come”; lo difícil para él que no siente envidia es reconocerla, suponés mil cosas hasta que alguien te dice: “te tiene envidia”; y desde lo práctico: ¿cómo se puede perder tiempo deseando lo del otro?, son tremendas energías que se gastan en el disparate de: ¿desear lo del otro?, ¿para qué lo quiero, si es precisamente de otro? ¡Cuánta energía se lleva la verde! Tanto más útil sería “dedicarse a”, que “querer lo de”, pero bueno; así son las cosas.
    Señalar que los docentes podemos hacer y mucho, y un hacer con niños dispara resultados a futuro. Con los nenes, la lectura de los porqués suele ser más nítida, y uno puede orientarlos a lograr lo que desea por él mismo, porque puede y aunque no pueda justo eso, de seguro podrá otra cosa, y compartirla, y si logra sentir que ese disfrute que brinda el hacer entre todos, en la importancia de cada uno… listo. Es simple: todos queremos sentirnos queridos, necesitados, valorados.

    MAS, recuerdo cuando contabas lo de la carpintería y el martillo… qué impresionante es una profesión como la del maestro.

    Copio de mi ensayo… lo que he aprendido después de años.

    A algunas personas ser “ellas mismas” es el peor castigo que podés desearles.
    ——————————————————————————————————————-Tiempo de venganza
    Suena a culebrón, ¿verdad? Pero no se aflijan, no voy a convertirme en una Corina Tellada ni siquiera en las ciento quince— ¡con esta inflación! ¿50? ¡Vamos!— pornos para mamis Asombradas de Grey.
    Me explico: Fulanita es una verdadera hijaep.; vive jodiendo7/molestando a otros, es resentida y envidiosa, y jamás va a ser feliz o poder cambiar porque no puede verse -la culpa es siempre de otros-. Aunque vos resultes uno de los que ella vive “haciendo la vida imposible”, imaginate despertar y ser Fulanita… ¿terrible, verdad? Entonces, ¿qué peor castigo podés desearle a Fulanita que ser “Fulanita”?

    No perdás tiempo en venganzas ni en rencores. Deseale ser ella, o ser él –porque es muy válido también para los Fulanitos-.

    • Querida Rita:
      Tu abres un tema que yo no he tocado en el artículo (sí en otros sitios como en el libro Arqueología de los sentimientos) y que considero sustancial: ¿qué hacer sobre la educación sentimental? ¿Cómo trabajar con los niños y las niñas la esfera de los sentimientos? Y no me refiero a la conceptualización sino a la vivencia. ¿Que hacer ante la envidia, ante los celos, ante el duelo, ante la tristeza…?
      Creo que no podemos mirar para otra parte. Tú dices “que los docentes podemos hacer y mucho, y un hacer con niños dispara resultados a futuro”. Aquí está una de las claves. Hay que ayudarles a reconocer sus sentimientos, a explotarlos, a expresarlos o encauzarlos… Hay que ayudarles a reconocer los sentimientos de los otros y de las otras…
      Aunque también debemos trabajar con nuestro mundo emocional porque enseñamos como somos.
      Besos.
      MAS

  23. ¿Trump?

    No sé si será envidia, celos o ansias de ganar en todo a España y al resto del mundo.

    ¡Qué falta de Educación!

    Ahora que los analistas de campañas y de publicidad analicen.

    El mundo está peor de lo que pensaba.

    • Ya tenía preparado el artículo para el sábado. Se titulará EL PROBLEMA NO ES DONALD TRUMP. Plantearé la siguiente idea: ¿para qué les ha servido la escuela a los millones de personas que votan a un candidato racista, xenófobo, zafio, agresivo, machista, agresivo, nacionalista, populista, antisistema, antidemócrata…?
      Vaya sorpresa.
      Y vaya éxito de los sondeos demoscópicos: el brexit no iba a ganar, no iba a ganar el no al plebiscito por e sí en Colombia, no iba a ganar Donald Trump…
      A pensar. A pensar. A pensar.
      MAS

  24. “I Hate the Capitalist System” era la emocionante canción que le escuché a la gran cantante folk estadounidense Barbara Dane, allá por los inicios de los años 70 en el salón de actos de la Escuela de Arquitectura de Sevilla en la que lo realizaba los estudios.

    Años de revueltas contra un franquismo agonizante; el mismo que cerró las universidades del país, dado que se extendían las protestas como un reguero de pólvora por todos las facultades y escuelas técnicas.

    Tiempo en el que yo me formé políticamente. Tiempo en el que estuve a punto de ser expedientado, puesto que se nos acusaba a un grupo de ser los promotores de la larga huelga que, extendida por la Universidad de Sevilla, y que, supuestamente, encabezábamos en nuestro centro ubicado en la avenida Reina Mercedes.

    ***
    Son las 8:40 de la madrugada. Está a punto de ser nombrado un monstruo llamado Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos.

    Sobre este personaje ya he escrito algunos artículos, pero, en esta ocasión, permitidme que traiga algunos fragmentos del artículo que ha escrito la periodista Rosa María Artal en ‘el diario.es’, ya que refleja la incredulidad, desolación y rabia que siento al conocer la noticia.

    “El mentiroso compulsivo, misógino, xenófobo, racista, tramposo, bravucón, patán, botarate, hortera, trastornado, peligro público, fue aupado por las televisiones y medios convencionales. Y muchos de ellos han seguido volcados en él durante la campaña. Los emails de Hillary Clinton salían como el pisito de Ramón Espinar –por poner un ejemplo cercano y visual– con desproporción que disparaba la mofa. La causa la confesó, Les Moonves, destacado directivo de CBS: ‘Donald Trump quizás no sea bueno para los Estados Unidos pero es una bendición para las televisiones’, dijo”.

    “La televisión explota a auténticos desaprensivos por la audiencia que llena sus cuentas corrientes. Y tenemos ejemplos bien próximos del gremio de los mentirosos, histriónicos y provocadores. Trump ha demostrado que no es inocuo. Fraguar monstruos, produce monstruos”.

    “Hay diversos tipos humanos y variadas razones entre los votantes de Trump. Como los hay en otros países. Los que mantuvieron a su gran precedente durante años en Italia: Silvio Berlusconi. Los que optan ahora por Marine Le Pen o esa temible saga ultraderechista del Este de Europa, que ya se extiende por el norte civilizado. O quienes decidieron hacerle un Brexit a la UE. Los votantes se comportan de una forma muy extraña desde que sufren y pagan la crisis que no provocaron. Para hacernos idea, solo en España este tiempo de pagar abultadas facturas ajenas ha restado 1,6 billones de euros del patrimonio de las familias, con cuanto implica. Al tiempo crecía obscenamente la riqueza de unos pocos”.

    “Cuando Trump dice que los ricos –como él– se han beneficiado de las políticas neoliberales y que el 1% de los multimillonarios se han enriquecido a costa del común de la población, está en lo cierto. Otros lo denuncian desde hace tiempo, pero no han dado con la tecla en la que sí acierta Trump. Es que previamente hay que infantilizar, idiotizar, adormilar, frustrar, atemorizar al personal, en las dosis que se dejen. Con ese cóctel maldito que sintetizaba el profesor y filósofo francés Jean Claude Michéa en ‘La escuela de la ignorancia’, otro de los libros míticos de 2011. A saber “Un entretenimiento zafio, basado en la satisfacción instantánea y el espectáculo, que busca acabar con la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía”, combinado con “una enseñanza espectáculo que, rompiendo con los valores cívicos, enaltece los valores creados por el capitalismo (el triunfo, el dinero, el egoísmo)”.

    ***
    Hemos estado hablando de la envidia, que está emparentada con el odio, el rencor, el resentimiento, la discriminación, la segregación, la explotación, la marginación… todas esas lacras que fomenta un sistema que desprecia a los más débiles.

    Hoy vuelvo a acordarme de la gran Barbara Dane e interiormente repito su inolvidable canción “I Hate the Capitalist System”.

    • Querido Aureliano:
      No me podía creer lo que oía esta mañana a las 8 de la mañana.
      Había pensado escribir el sábado sobre el tema pero el Director del periódico me pide ese artículo para un monográfico que va a sacar mañana.
      Se titulará EL PROBLEMA NO ES DONALD TRUMP. Planteo el problema de lo que hace una escuela que saca de sus aulas personas que votan de esta manera, que apoyan a un personaje xenófobo, racista, machista, zafio, ególatra…
      ¿Hacia dónde está caminando nuestro mundo?
      Saludos.
      Un abrazo.
      MAS

  25. La envidia es un mal para todos y para todas. Quedan dañados con ella el envidioso, el en odiado y los testigos de la acción del envidioso, que quiere ganar a terceros contra quien considera su enemigo.
    No es fácil acabar con ella porque echa sus raíces en el corazón humano. Creo que es a través de la educación como puede combatirse. Porque la educación va a las raíces.
    Saludos.

  26. La victoria de Donald Trump me ha dejado consternado.
    ¿Cómo es posible?
    ¿Qué le pasa al pueblo americano?
    No acabo de digerirlo.
    espero ese artículo del sábado.
    Saludos.

  27. Hola a todos,

    La endivia es rica en fibra, de forma que su consumo es interesante no solo contra el estreñimiento, sino para estimular la salud del intestino gracias a que ejerce una acción prebiótica en nuestro sistema digestivo.

    A mí me gusta en ensaladas.

    Tengan un buen día.

    • Estimado Quintiliano:
      A me encanta la ensalada de aguacates con endivias.
      Siempre que puedo, me preparo una.
      Ingeniosa alusión a la palabra envidiable, estimado José Antonio.
      Ya está circulando el artículo sobre Donald Trump en todos los periódicos de la cadena de La Opinión.
      Saludos.
      MAS

  28. Me imagino que de ahí deben venir expresiones como salud envidiable.

    Tiene una flora intestinal envidiable.

    Te tiene una envidia que te cagas.

  29. Querido Miguel Ángel:

    No salgo de mi estupor y rabia al comprobar la situación mundial en la que entramos con este personaje grotesco y fascistoide que es Donald Trump.

    Puesto que vas a escribir la relación que se produce con la escuela, me viene a la mente la canción de Tom Paxton, otro gran cantautor estadounidense de los sesenta y setenta (aunque ha seguido publicando a lo largo de décadas). Tengo varios de sus discos, por lo que te envío la letra de su canción “What Did You Learn In School Today?” (¿Qué aprendiste hoy en la escuela?), pues creo que viene muy bien en estos momentos. Hago una traducción de urgencia de la misma, para facilitar su comprensión.

    Un fuerte abrazo.
    Aureliano

    What Did You Learn In School Today?

    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?
    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?

    I learned that Washington never told a lie,
    I learned that soldiers seldom die,
    I learned that everybody’s free,
    And that’s what the teacher said to me,
    And that’s what I learned in school today,
    that’s what I learned in school.

    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?
    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?

    I learned the policemen are my friends,
    I learned that justice never ends,
    I learned that murderers pay for their crimes,
    Even if we make a mistake sometimes,
    And that’s what I learned in school today,
    That’s what I learned in school

    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?
    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?

    I learned that war is not so bad,
    I learned about the great once we had had.
    We fought in Germany and in France
    And some day I might get my chance.
    And that’s what I learned in school today,
    That’s what I learned in school.

    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?
    What did you learn in school today,
    Dear little boy of mine?

    I learned our government must be strong;
    It’s always right and never wrong!
    Our leaders are the finest men
    And we elect them again and again,
    And that’s what I learned in school today,
    That’s what I learned in school

    ¿Qué aprendiste hoy en la escuela?
    ¿Qué aprendiste hoy en la escuela,
    mi querido niño? (bis)

    Aprendí que Washington nunca dijo una mentira.
    Aprendí que los soldados rara vez mueren.
    Aprendí que todo el mundo es libre.
    y eso fue lo que me dijo el maestro.
    y eso fue lo que aprendí hoy en la escuela.

    ¿Qué aprendiste hoy en la escuela,
    mi querido niño? (bis)

    Aprendí que los policías son mis amigos.
    Aprendí que la justicia nunca se equivoca.
    Aprendí que los asesinos pagan por sus crímenes.
    Incluso si alguna vez nos equivocamos.
    Eso es lo que he aprendido hoy en la escuela.

    ¿Qué aprendiste hoy en la escuela,
    mi querido niño? (bis)

    He aprendido que la guerra no es tan mala.
    He aprendido los grandes que hemos sido.
    Que luchamos en Alemania y en Francia.
    y algún día yo podré tener mi oportunidad.
    Eso es lo que aprendí hoy en la escuela. (bis)

    ¿Qué aprendiste hoy en la escuela,
    mi querido niño? (bis)

    He aprendido que nuestro Gobierno debe ser fuerte.
    Que siempre tiene la razón y nunca se equivoca.
    Que nuestros líderes son los mejores.
    y los elegimos una y otra vez.
    Eso es lo que aprendí hoy en la escuela. (bis)

  30. Querido Aureliano.
    El artículo ya está circulando en todos los periódicos de la cadena de La Opinión (ZAMORA, A CORUÑA, FARO DE VIGO, IBIZA.. ).
    Por supuesto en La Opinión de Málaga. El título es, como dije, EL PROBLEMA NO ES DONALD TRUMP.
    Gracias por esas estrofas que ya conocía pero sobre las cuales habría que reflexionar mucho más.
    Un abrazo.
    MAS

  31. Jeje, José Antonio, tanto que te quejas de tu seriedad, sí que tienes sentido del humor, además del bueno. Evidentemente. Menudas risas me he echado con tus frases hechas.

    Tengan buena noche

  32. Volviendo a Trump.
    ¿Cómo es posible que hayan votado las mujeres, los inmigrantes, los mexicanos… a un personaje que los denigra?
    Cómo han podido votar a un señor que dice que no va a subir el salario mínimo quien tiene un salario mínimo.
    Esto es muy preocupante.
    He leido el artículo EL PROBLEMA NO ES DONALD TRUMP.
    Me ha encantado. Enhorabuena.
    Saludos.

  33. Hola Aureliano.

    ¿Cómo vas llevando lo del nuevo comandante en jefe? Con el rumbo que llevamos, tarde o temprano, tenía que pasar. Ahora, eso sí. Es rico y tiene una bonita familia, gracias a Dios.

    No dejemos que “un loco” nos marque la agenda, nos distraiga del tema de la semana.

    Lo siguiente viene porque te respeto, te aprecio y me eres cercano. A la vez, quiero “perderte el respeto” y tocarte un poco las narices. Sé que te va la marcha.

    Digo.

    “La competitividad es la raíz de la envidia.”

    Dices.

    “Siento desalentarte, José Antonio, dado que la multiplicidad de sentimientos, tanto positivos como negativos, que conviven en el ser humano nacen con él mismo.”

    “La competitividad que la sociedad impone potencia el sentimiento de envidia; pero no lo crea…”

    “Ha salido, pues, otro sentimiento, la admiración, que, teniendo el mismo ORIGEN o RAIZ emocional que la envidia (COMPARACIÓN con otro sujeto), se mueve en sentido opuesto.”

    El diccionario dice.

    COMPETIR: Dicho de dos o más personas: Contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa.

    COMPARAR. Fijar la atención en dos o más objetos (¿personas no, o es que son también objetos?) para descubrir sus relaciones o estimar sus diferencias o su semejanza.

    (Palabra nueva para mí, CONTENDER. Lidiar, batallar, pelear, disputar, discutir, CONTRAPONER OPINIONES, puntos de vista, etc.).

    (Recuerdo a un profesor que estaba instalado en la duda, respecto a muchísimos temas sobre los que reflexionábamos. Nosotros esperábamos LA RESPUESTA, pero ésta no era nada sencilla, y menos única. Sólo se trataba de reflexionar y cada uno tratar de hallar sus respuestas).

    Yo estaba pensando si hay algo que afecte a nuestra persona que no nazca en nosotros mismos, que no pase por nuestro filtro.

    Debemos nacer con todo tipo de semillas en nuestro cuerpo. Pero va a depender de causas internas y externas, interactuando, que se desarrollen unas o sus contrarias.

    Pienso que, si no hubiese que competir por todo, cosa imposible, la semilla de la envidia no germinaría. Rival que se muere, rival menos.

    Ubunto. (Miguel Ángel, en este lugar, 21/4/2012). “Yo soy porque nosotros somos”.

    “¿Cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?”

    Un fuerte abrazo, Aureliano. Otro para todas y todos los demás, ENVIDIOSOS.

    (Más bien menos que más explicado, uno de los principales motivos del esplendor de la envidia, con la autoestima. No me sacudas demasiado fuerte).

  34. Ya he leído, Miguel Ángel, tu excelente artículo, que se une a las decenas que aparecen en la prensa crítica (no domesticada por los intereses corporativos) y que analizan sin dar pábulo todavía a que un grotesco y fascistoide personaje sea el presidente del país más poderoso del planeta.

    Pero es que las preguntas que te haces con respecto a los votantes estadounidenses se pueden trasladar a los electores de nuestro país. Aquí, el partido del “Luis, se fuerte”, el que está siendo juzgado en los tribunales, el que machaca los discos duros para evitar pruebas, el de los recortes en educación, sanidad y dependencia, el de las constantes mentiras, el de la ley mordaza, el de la Lomce, el que está inundado de tramas de corrupción, el de la reforma laboral, el de la amnistía fiscal para los evasores, etc., etc., sigue siendo el más votado. ¿Tú lo entiendes?

    A mi modo de ver, Trump es el más claro síntoma de que el capitalismo, en su versión más cruel como es el neoliberalismo que inauguraron Reagan y Thatcher, se ha convertido en un auténtico cáncer que ha destruido el pacto social que nace tras la Segunda Guerra mundial, en el que se daba una cierta distribución controlada de la riqueza. Ahora nos encontramos en un peligroso avance: una especie de neofascismo se extiende como la pólvora por países no solo por los países europeos, sino que se traslada más allá del Atlántico.

    ¡Definitivamente, esto hay que pararlo!

    • Estimado Aureliano:
      No sé si llegaste al final de mi artículo sobre el triunfo de Donald Trump. Te digo esto porque en el penúltimo párrafo planteo la cuestión que tú apuntas. Lo transcribo para que veas que estamos completamente de acuerdo.

      “Esta misma pregunta me asalta ante los resultados de las últimas elecciones y las encuestas respecto a las siguientes en mi país: ¿cómo es posible que un partido que acumula casos de corrupción crecientes vaya subiendo en apoyos electorales? ¿Cuáles son los criterios que llevan a decidir el voto? ¿Para qué les sirve la escuela a los ciudadanos y ciudadanas de un país?”. (Del artículo EL PROBLEMA NO ES DONALD TRUMP).

      Gracias por tu valiosísima participación en este blog. Sigo con atención tus diálogos con José Antonio.

      Un abrazo.

      MAS

  35. Amigo José Antonio:

    Estoy en el despacho de la Facultad. Esta mañana, tras presidir un Consejo de Departamento, tras haber ido a votar a las elecciones a la Junta de Facultad y haber terminado el artículo acerca del arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura (premio Pritzker del año 2011) para el próximo domingo, realizo un descanso y le respondo a Miguel Ángel.

    Para que no haya malos entendidos, hoy no tengo clases y dedico el tiempo a corregir los trabajos fin de grado (¡Pobrecitos míos, cómo escriben!).

    Puesto que eres un socrático impenitente, preguntas y deseas que te aclaren las dudas; intentaré, pues, no defraudarte. En mi caso, como soy muy reflexivo y un lector que “traga” libros como los niños las papillas, estoy siempre tentado a responder a todo. El problema es que las repuestas que doy suelen ser extensas, pues no quiero dejarme nada de lado.

    No te preocupes, que expondré mi posición al tema de la competitividad y el sentimiento de la envidia, sea en esta semana o en la otra (a Miguel Ángel no le preocupa que se dé continuidad a debates que se corresponden a semanas anteriores).

    Como profesor que le pregunta al alumno: ¿Sabes diferenciar entre sentimientos y emociones?
    No te molestes por la interrogante, pues me costó bastante (“sangre, sudor y lágrimas”) que una alumna que iba a realizar el TFG comprendiera los aspectos específicos de cada uno de estos dos ‘espacios’ íntimos, tal como decía Castilla del Pino.

    Cuídate, y no te preocupes por el showman que se encargara de la Casa del Terror, como ha denominado un periódico estadounidense a la Casa Blanca con el futuro inquilino.

    Otra broma cordial: ahorra para ir construyendo un refugio antiatómico para los tuyos; en España tenemos bases militares (Rota y Morón) con escudos antimisiles, es decir, con armamento nuclear (y eso que en el referéndum sobre la permanencia en la OTAN se dijo que nunca habría este tipo de armamento en suelo español… ¡Ay, los políticos: cómo mienten!).

  36. Tienes razón, Miguel Ángel: los textos en pantalla los solemos leer más deprisa que los que están impresos. Esta es la razón por la que le insisto a los alumnos que lean libros, pues les ayuda a concentrarse, a reflexionar y a aislarse de tanto “ruido mediático”.

    Posdata: me imagino que José Antonio le estará dando vueltas a las diferencias entre sentimientos y emociones. Espero que no tenga el temor de que le voy a poner “mala nota” si no se ha aclarado sobre esta cuestión (el problema es que los diccionarios de la RAE no lo aclaran demasiado; por no decir que tienen definiciones similares para ambos términos).

  37. Hay que combatir la envidia desde la acción interna de cada persona sobre sus propias actitudes y acciones y, de forma institucional, abordando los problemas suscitados en las relaciones de los miembros de la comunidad.
    Hay que afrontar los problemas. No se soluciona nada criticado por la espalda.
    La formación en el mundo de las emociones es importante para la salud emocional de cada individuo y del conjunto.
    Saludos.

  38. Pues sí, por ahí andaba.

    Que la intensidad, que la duración, que si consciente o inconsciente. Tanto lío para acabar en que somos un amasijo de carne, pura química. Todo para acabar con un artilugio implantado en nuestro cerebro, a modo de radio, con el que podremos, o podrán ir sintonizando las distintas órdenes, a modo de emisoras, según interese en cada momento. Vamos, lo mismo que hace hoy en día la publicidad, los medios de comunicación, pero ahora ya sin ninguna posibilidad de escapatoria.

    Chicos. Sois realmente una emoción para mí. Me da un respingo el cuerpo cada vez que os leo. Por eso pienso, siento que lo nuestro puede tener un final prometedor, quizás boda.

    (Por algún lado Miguel Ángel escribió sobre las zancadillas, tema relacionado con la envidia, pero no lo encuentro. Ya aparecerá. En él, me recuerda a la frase que dice “Dios mío, cuídame de mis amigos, que de mis enemigos me cuido yo.” Esto va por lo de la envidia, y las zancadillas de quien menos lo esperas, que como dice Miguel Ángel, te cogen desprevenido, sin posibilidades de defenderte).

    Estoy un poquillo cansado, pero quiero destacar la necesidad de escribir que constantemente reclamáis.

    “José Antonio, lo que has visto es la verdad, es la realidad; la ficción es tu mundo, ya que eres una persona socrática y con unos principios que no te permiten navegar por una realidad que no acabas de comprender”. (Aureliano, 18/10/2014)

    “Alguien pensará que esta búsqueda de la felicidad es contraria a la dureza de la vida, al sacrificio que exige el aprendizaje. Pues no. Porque, siendo necesario el sacrificio y el esfuerzo, es más lógico y más fácil hacerlo cuando tiene un sentido. ¿Hay algo más importante que aprender a ser felices?”. (MÁS, 21/2/2015).

    “De alguna manera, tu blog, es también una Libreta de los Sentimientos, abierta siempre para quien en él los quiera escribir.” (MJA, 22/2/2015)

    “Cuando escribes te despelotas, tu escondite se vuelve transparente. Cuando escribes estás diciendo a grito pelado este soy yo, aunque por ingenuo te parezca ocultarlo. Ser buen escritor es ser preciso, ser buen sembrador es serlo aún más. Ser buen escritor es abrir los poros de quien te lee, sin que se entere. Ser buen escritor es reconocer lo mal que escribes para intentar copiar a quien lo hace bien, no está mal para empezar. Ser buen escritor no es solo guardar las reglas. No caigas en lo que Ortega y Gasset decía sobre la escritura de Gabriel Miró: “¿Qué clase de perfección es esta que complace y no subyuga, que admira y no arrastra?”. Si sospechas que alguien se va a dormir con lo que escribes, sé bondadoso con el prójimo y no se lo des a leer.” (Quintiliano,19/4/2016).

    Miguel Ángel, 18/7/2909:

    “Algunos piensan que sólo deben escribir los académicos. No estoy de acuerdo. Algunos no escriben porque creen que no tienen nada que contar.”

    “Todos los profesores tienen experiencia. Algunos, mucha experiencia acumulada ya. Pero pocos han reflexionado por escrito sobre ella. Pocos han decidido compartir con los demás, a través de la magia de la escritura, lo que han hecho, lo que han vivido, lo que han sentido y lo que han aprendido, Lástima.”

    “Hay quien plantea otra excusa: no sé escribir. No se me da bien poner por escrito lo que haga o lo que pienso.”

    “La escritura nos ofrece otra enorme ventaja. Que otros pueden leer. Y estimularse. Y aprender. No sólo conocimientos, sino iniciativas y estrategias. Quienes lean verán también alimentadas sus emociones. Comprobarán que no están solos en ese noble empeño de construir una escuela mejor, de reinventarla cada día.”

    Hasta mañana, monstruos y monstruas. (Aureliano, ya ves que yo la RAE la transito poco. Para cada concepto de cualquier disciplina haría falta manejar tochos bien gordos, y yo ya no estoy para esas. En cuanto a la nota, bueno, más de lo mismo ¿no? De todas formas, ¡qué os voy a contar de los estímulos positivos! Hace unas semanas, vi un documental en el que una persona realizaba una sencilla tarea, mientras otra, en un caso la desalentaba y en otro la animaba con palabras positivas. Primer caso, 20% de éxito. Segundo caso, 80%).

    ¿Con qué nos sorprenderá el líder mañana?

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