Violencia sutil contra la infancia (III)

9 Ago

Dedicaré estas líneas de hoy a reflexionar someramente sobre algunas formas de violencia subrepticia que existen en la sociedad actual contra los niños y las niñas. Me remito al libro de Eduardo Galeano “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”. En él nos explica el admirado autor uruguayo cómo se ofrece a los niños un curriculum perverso y destructivo a través de las formas de vida y de gobierno de muchas sociedades.

Los escaparates están llenos de objetos atractivos, pero en casi todos el niño y la niña se dan cuenta de que hay un cartel invisible que les advierte: “No son para ti”.

Veamos algunas formas de violencia sutil obre la infancia. Una violencia que no produce heridas físicas pero que va dejando huellas casi indelebles en la mente y en el corazón.

– Los persistentes casos de corrupción

Existen muchos ejemplos de perversión en la realidad. Basta ver la portada de los periódicos y la cabecera de los telediarios. Un papá le dice a la mamá: “Dale la vuelta al periódico que viene el niño”. La noticia es la maldad.

En efecto, las portadas delas revistas, las cabeceras de los informativos, la apertura de los programas de radio ofrecen cada día un catálogo de maldades que casi siempre tienen su origen en el comportamiento malvado de las personas.

– Cultura neoliberal contradictoria con los presupuestos de la verdadera educación

La cultura neoliberal en la que nos encontramos inmersos, contradice casi todos los presupuestos de la educación: individualismo exacerbado, competitividad extrema, obsesión por la eficacia, olvido de los desfavorecidos, relativismo moral, privatización de bienes y servicios, hipertrofia de la imagen, capitalismo salvaje…

La educación arraiga sus postulados en la solidaridad, la compasión, la ética, la equidad y el respeto a la dignidad del ser humano

En una cultura de este tipo hay que avanzar contracorriente y eso supone una violencia para quien no tiene mucha fuerza para hacerlo.

– Contraposición de modelos

Al niño y a la niña se le proponen modelos en la familia y en la escuela por la vía de la argumentación, pero la sociedad le ofrece otros modelos por la vía de la seducción… No es fácil guiarse por criterios exigentes y rigurosos cuando se tienden trampas seductoras sagazmente estudiadas.

La calle es ese espacio ilimitado donde transcurre la vida del niño y de la niña. Me refiero especialmente al niño o a la niña que nacen y crecen en la “jungla de asfalto” de las ciudades. Hay muchas formas de violencia contra el niño y la niña en la calle.

– La urbanización del hábitat

Las ciudades no son un marco adecuado para el desarrollo emocional de los niños y las niñas. Las ciudades no están construidas, como dice Tonucci, bajo el parámetro del niño.

La ciudad fue primero fábrica, luego almacén y luego cárcel (puertas blindadas, agentes de seguridad, encasillamientos rígidos…). La ciudad se ha vuelto un lugar peligroso, ruidoso, caro, violento… Hace poco le oí decir a un niño, cuando le preguntaba, cómo quería que fuese su ciudad: “Quiero jugar gratis”. El niño que necesita el juego como el aire que respira, tiene que disponer de dinero para divertirse.

Cada día el niño recibe incesantes recomendaciones que le hacer vivir con miedo: “no hables con desconocidos”, “no recibas nada de quien te lo ofrezca gratuitamente”, “no te vayas con nadie”, “no te salgas de los itinerarios marcados”, “no pierdas de vista a tus padres”…

A los niños, y más a las niñas, se les dice que no se fíen de nadie, que corren el riesgo de ser secuestrados, de ser atropellados, de ser destruidos por las drogas…

– La proliferación de estímulos inalcanzables

Se le ofrecen a los niños estímulos constantes, llamadas apremiantes. Pro no tiene dinero, no tiene tiempo, no tiene seguridad para atenderlas. El niño y la niña se convierten en protagonistas de la frustración.

Los escaparates están llenos de objetos atractivos, pero en casi todos el niño y la niña se dan cuenta de que hay un cartel invisible que les advierte: “No son para ti”. Sí, hay muchas cosas. Hay muchísimas cosas deslumbrantes pero, al mismo tiempo, inalcanzables. Solo unos pocos privilegiados van a poder acceder a ellas.

– Los acontecimientos y las imágenes violentas

La realidad es violenta. Las imágenes que se nos ofrecen de ella son violentas. Los niños y las niñas están sometidos a un bombardeo constante de hechos agresivos.

Y se sabe que el ejemplo es importante para el aprendizaje. Lo decía Bandura cuando hablaba del aprendizaje vicario. No hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Y el ejemplo es nefasto. El ruido de lo que somos y hacemos llega a los oídos de los niños y niñas con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos.

– La conciencia de nada

¿Qué significo en este mundo enorme?, ¿qué pinto en este caos? En una ciudad gigantesca, el niño tiene conciencia de estar perdido, de ser insignificante, de no ser nada.

Recuerdo haber visitado una gran muestra de ocio dirigida (teóricamente) a los niños y a los jóvenes. Al entrar te encontrabas con magníficos yates, con coches lujosos… Todo prohibido para los niños y las niñas. Alguien me decía al salir: “No se puede ser bueno en un mundo donde todo está tan caro”.

– La espera insoportable

Muchas de las cosas que le interesan no las puede conseguir “ahora”. Los aplazamientos son constantes. “Cuando tengas un año más”, “cuando crezcas un poco más”, “cuando seas mayor”… El niño vive instalado en el ahora, por eso el mañana suele ser para él una tortura.

“Más adelante” podrás decidir, podrás hablar, podrás comprar, podrás viajar, podrás acostarte más tarde, podrás comer o beber esto y lo otro. Pero yo lo quiero ahora, dice el niño desde su psicología presentista.

– La supeditación al mundo de los adultos

El niño está habituado a escuchar expresiones que le dejan en un segundo plano: “cállate, que están hablando los mayores”, “deja la silla al abuelo”, “esa película es para mayores”, “vete ya a la cama”, “ponte esta ropa y cállate”, “si no te gusta, te aguantas”, “tu padre está viendo el partido”, “vas a ir a este colegio”, “el domingo iremos a ver a los tíos”, “iremos de vacaciones a la playa”, “hoy vienen a cenar unos amigos de papá…

Así, sin consulta previa, sin posibilidad de elegir entre alternativas, sin preguntar si quiera si esa iniciativa le causa alegría o terror. Eso es lo que hay que hacer y punto. Los adultos no pensamos en estas situaciones de los niños. No somos capaces de meternos en su piel, a pesar de que todos hemos pasado por esa etapa. ¿Hemos pensado alguna vez cómo nos sentaría que nos mandasen a la cama cuando no tenemos sueño y estamos terminando de ver una película?

– Las explicaciones interesadas

Los niños y las niñas formulan muchos “porqués”. Pero las respuestas suelen ser arbitrarias, interesadas, apresuradas y tramposas. Ellos nos podrían decir (y nos lo dicen muchas veces): “soy pequeño, pero no soy tonto”.

Algunas de estas formas de violencia adquieren una fuerza especial contra los niños pertenecientes a minorías étnicas (gitanos, por ejemplo), a grupos con deficiencias o enfermedades y, de forma generalizada, contra las niñas.

12 thoughts on “Violencia sutil contra la infancia (III)

  1. Pocas veces se piensa en estas importantes cuestiones.
    Pocas veces se piensa que la ciudad no está hecha para los niños sino para adultos, conductores, apresurados, agresivos, violentos… En ella el niño siempre está en peligro.
    Me parece necesario este tipo de reflexiones.
    Un saludos a todos los lectores y lectoras.

  2. Como estas cuestiones dependen de todos parece que no son responsabilidad de nadie.
    Al niño se le propone un modelo asentado en valores y luego en la sociedad se le ofrecen modelos que carecen de ellos.
    ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo para nuestros niños y nuestras niñas?
    Es deber de todos (políticos, familias, profesores, periodistas, policías…) hacer una sociedad habitable, que sea un lugar en el que se aprenden los valores porque los valores se practican.

  3. Lo que aprenden los niños es lo que ven, no lo que oyen.
    Si les dices que no hay que mentir y ven mentiras por todas las partes, eso es lo que aprenden.
    Si les dices que hay que respetar al prójimo y ven que las agresiones se ven por todas las partes, eso es lo que aprenden.
    Si les dices que hay que respetar lo ajeno y ven robos y corrupción de los políticos a todas horas, eso es lo que aprenden.
    Todo eso ejerce, efectivamente, una violencia muy sutil pero muy poderosa contra los niños.

  4. Querido Miguel Ángel: hay un error a subsanar pronto: Eduardo Galeano (mi admirado Eduardo Galeano) es uruguayo no peruano.
    Espero que este lapsus que has tenido se entienda por quienes te leemos.
    Un abrazo desde un día caluroso en Madrid.

  5. Querido Aurelinao:
    Muchas gracias por la observación.
    Lo he leído todo de Galeano, siempre con la misma admiración, pero he cometido el lapsus, quizás porque acababa de contestar hacía unos senguos un correo a un amigo de Perú. Disculpas. Gracias. Corregido.
    Saludos desde Málaga, aunque con un pie en el estribo de un avión.
    Felices vacaciones.

  6. Cuando leo tu publicación de hoy me queda como un “gustito raro”, no sé. Algo “me hace ruido”como dices tú.
    Rescato lo que dices de la urbanización del hábitat.
    Puedo decirte que comparto totalmente la idea de que la ciudad no está construida bajo los parámetros del niño.Yo le agregaría que la ciudad atenta contra la vida saludable.
    Vivo en el campo y trabajo en la ciudad y estoy llena de ejemplos que fundamentan lo que digo.No los enumero para no aburrir a tus lectores.
    Como siempre, muy enriquecedor tu aporte de hoy.Gracias.
    Saludos desde Uruguay.
    Ana Clara.
    PD: El libro de Galeano que nombras es una obra maestra.
    ¿Hacia dónde partió el avión? ¿Por dónde anda Santos Guerra hoy?

  7. El articulo me parece absolutamente necesario. Hay que pensar en el tipo de mundo que estamos construyendo y como se hacen personas en el los ninos.
    Saludos.

  8. Evidentemente Sr. Santos yo debo vivir en diferente planeta al suyo. Y creo que no soy el único.

    Ud. que es amigo de los refranes, el árbol hay que corregirlo desde pequeño. Vamos que decirle al niño déjale la silla al abuelo sea violencia sutil, y otras de similar….vamos esto es para ir a “mingare” ni no echar ni gota.

    Y del constante y progresivo aumento de la violencia del niño y adolescente contra sus padres y mayores…hable, hable, consulte al Juez D. Emilio Calatayud. Luego nos extraña cuando el niño de 14 años le corta la cabeza a su padre con una catana.

    Saludos.

  9. Quintiliano:
    Es probable que el autor viva en un mundo diferente alsuyo. Afortunadamente. Yo tampoco quiero estar en el suyo. Porque usted es un demagogo. Pedir respeto para los ninos no es quitarselo a los mayores. Si leyera con mayor atencion y mayor respeto (y menos mala uva, que es lo que usted tiene) vera en este mismo blog muchos textos en defensa de los mzayores.
    Saludos

  10. Buenas tardes a todos!!!Este articulo me gusto mucho, sobre todo porque el escrito es una radiografía de la realidad diaria, por otro el libro Eduardo Galeano tuve la fortuna de leerlo, y es tan real, lo que narra no todo es de la actualidad sin embargo pareciera que lo que llaman civilización podría llamarse incivilización, parece un retroceso de la humanidad, que es la actora y productora de su propio mal.
    La niñez es la gran esperanza que tenemos, como docentes y como padres enseñar en valores y para la convivencia social es fundamental, veo con tristeza como la mayoría de los alumnos pasa horas viendo televisión abierta donde el niño es bombardeado de situaciones y falacias, si te compras este juguete te divertirás más, si te vistes así te veras mucho mejor, si comes esto seguro serás más inteligente en fin, un mundo de total VIOLENCIA, CONTRADICCIÓN y ANTIVALORES, los niños quieren poseer, los niños quieren ser, los niños quieren tener, luchar contra los medios de comunicación parece imposible, que empresario escuchara a un docente para quitar un programa por ser violento, inmoral, improductivo??nadie!!!nuestra TRINCHERA es el AULA, y es desde ahí donde podemos influir en la niñez, el tesoro más preciado que teneos.

    • Querida Aurora:
      Estoy contigo en que tenemos que pensar a qué llamamos progreso.
      Una cosa es avanzar técnicamente y otra moralmente.
      Hay una lógica preocupación por si tenemos una sociedad más civilizada o más incivilizada.
      Besos y gracias por leerme y por el comentario.

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