¿Cómo os defraudaría?

12 May

Hace algunos años, el primer día de clase, les pedí a mis alumnos y alumnas de la Universidad que respondiesen por escrito a esta pregunta: ¿Cómo os defraudaría yo como profesor de esta asignatura? Les dije que fueran sinceros y que yo leería con atención sus demandas y las comentaría con ellos.

Reflexionamos sobre el sentido de la enseñanza, sobre la finalidad del aprendizaje, sobre la apasionante tarea de construir, aplicar y reinventar juntos el conocimiento.

– Porque, les dije, puede ser que no esté dispuesto a hacer todo aquello que me pidáis y, en ese caso, os explicaré por qué. Puede ser, por ejemplo, que me digáis que dicte apuntes y os explicaré por qué no estoy dispuesto a dictar lo que ya está escrito en libros y artículos o en mis propios textos, evitando así el aburrimiento que genera, el tiempo que lleva y los errores de la trascripción. Puede ser que me digáis que no haya exigencias para aprobar, en cuyo caso, justificaré por qué es necesario ejercer la responsabilidad social de la acreditación. Puede ser que me digáis que os lo de todo bien mascadito y entonces os contaré la historia de aquel profesor que, ante las quejas de un alumno porque no le facilitaba suficientes explicaciones, le invitó a comer en el campus y se ofreció a pelar el melocotón que el joven había pedido de postre, luego se brindó a partírselo en pequeños trozos y, finalmente, ante el asombro y la repugnancia de su discípulo, le sugirió la idea de masticárselo… Procuraré atender las demandas razonables, las exigencias lógicas y las peticiones más exigentes.

A continuación les anuncié que yo también respondería por escrito a una cuestión simétrica: ¿Cómo me defraudarían mis alumnos y alumnas en esta asignatura? Y les dije que ellos podrían discutir mis ideas. Así que, al día siguiente leeríamos los textos y los comentaríamos en una sesión de trabajo. Siempre bajo dos reglas de oro: que todos y todas se expresasen con libertad y que, del mismo modo escuchásemos con respeto a quien se expresase, aunque no compartiésemos sus ideas.

Se me ocurrió esta iniciativa porque siempre he creído que algunos profesores y profesoras hemos quemado las mejores ilusiones de aprender de algunos alumnos y alumnas. Y, a la inversa, que la actitud de algunos y algunas estudiantes ha destruido los mejores deseos de enseñar de algunos y algunas docentes. Por eso, ese diálogo me parece imprescindible. Por eso la participación del alumnado en el proceso de aprendizaje es fundamental. Por eso la pasión del profesor por compartir el proceso resulta esencial.

Al día siguiente leímos los textos. Yo les decía que me defraudarían si les viese tan obsesionados por las notas que el aprendizaje quedase relegado a un segundo plano, si no se atreviesen a hacer preguntas o a contar experiencias, si no se esforzasen por compartir las ideas, si no se ayudasen unos a otros a aprender, si no disfrutasen aprendiendo…

Ellos decían que yo les defraudaría si no pudiesen participar en la construcción del conocimiento y en su evaluación, si se viesen convertidos en aprendices de taquígrafos, si los contenidos de la asignatura estuviesen alejados de sus intereses, si no hubiese un clima de confianza y de respeto, si no les conociese a todos y a cada uno, si me mostrase distante…

Recuerdo que, cuando abrimos el diálogo, un alumno levantó la mano y dijo: – Nos dices que te defraudaríamos si nos vieses tan interesados y competitivos con las calificaciones, que el aprendizaje y la ayuda mutua fuesen secundarios pero, cuando se convoca una plaza de profesor en tu Departamento, lo que se pide es el expediente y no lo interesante y enriquecedor que ha sido el proceso de aprendizaje.

– Es cierto, les dije. Por eso os voy a proponer algo. Vamos a hacer una comisión de un grupo de vosotros y, conmigo, trataremos de responder a esta pregunta: ¿Cómo nos defrauda el sistema a ambos? Así lo hicimos. Siempre les aconsejo a mis alumnos y alumnas que escriban, que disfruten escribiendo. Que escriban bien, porque estilo es precisión. Por eso, los textos de las tres respuestas se publicaron en una revista universitaria, lamentablemente desaparecida, que se titulaba “5ª Convocatoria”. Allí están los nombres de las autoras que redactaron el texto del alumnado. Digo esto porque, a veces, los profesores universitarios pedimos que los alumnos hagan trabajos que luego nosotros utilizamos para nuestras publicaciones. Ahí veo ahora, tantos años después, los nombres de las alumnas que redactaron el texto resumen de sus demandas. Y ahí están las mías.

Del texto común extraigo este comentario: “Al alumno le mete el sistema en muchas trampas. Por una parte le dice: lo importante es aprender, lo más importante es saber. Pero lo que se encuentra luego es otra cosa: lo importante es la nota, lo decisivo es el título… ¿A qué carta quedarse? Alguien le dice en el sistema: lo importante es ayudarse, colaborar, trabajar en grupo. Lo más valioso es escuchar, ayudar, poner el saber al servicio del bien y de la solidaridad… Pero lo que se encuentra en la realidad es este otro mensaje: lo importante es saber más que los otros, ganar a los demás, conseguir mejores puestos… ¿En qué quedamos?”.

Y este otro referido a las trampas que también se le tienden al profesorado: “A los profesores se les ha evaluado positivamente la docencia, aunque la hayan hecho mal o no la hayan hecho. No sucede lo mismo con la investigación. Para ello se han constituido exigentes comisiones nacionales. ¿Qué más da dedicarse con entusiasmo a la docencia?”.

Reflexionamos sobre el sentido de la enseñanza, sobre la finalidad del aprendizaje, sobre la apasionante tarea de construir, aplicar y reinventar juntos el conocimiento. Sobre el sentido que tiene esa compleja y excitante relación docente/discente en una institución universitaria. Sobre la importancia decisiva de la participación. Sobre la necesidad de poner el conocimiento al servicio de la comunidad. Preguntas y respuestas encadenadas. Preguntas y respuestas y preguntas.

26 thoughts on “¿Cómo os defraudaría?

  1. Estimado Miguel Ángel, cuántas cosas plantea en la reflexión de hoy, debería dosificarlas y dejar temas para tratar los sábados que la mente no esté tan despierta. Aunque, por otra parte, vengo observando que siempre tiene algo que decir, lo cual demuestra su gran competencia (creo que es más oportuno hablar en estos tiempos de competencia que de capacidades…).

    Nos habla usted de la necesidad de que los alumnos participen en su proceso de aprendizaje y ello supone que sepan qué quieren aprender, por qué han de aprender y cómo han de aprender.

    Por otra parte considera que debe establecerse un compromiso educativo compartido entre los alumnos y los docentes.

    Además este diálogo debe ser sincero y se han de respetar todas las opiniones.

    También habla de la responsabilidad del profesor en el ejercicio de la docencia.

    De la imprescindible pasión del profesorado por lo que hace, es decir, por el trabajo bien hecho.

    Los alumnos no aprenden taquigrafía… Recuerdo mi etapa de estudiante universitario donde lo realmente importante era tomar nota de todo lo que decía el profesor.

    Que los contenidos han de estar conectados con los intereses del que aprende. Para que el aprendizaje sea significativo, es fundamental este aspecto.

    Participar, ayudar, compartir, esforzar, confiar, respetar, preguntar, contar experiencias, disfrutar aprendiendo,… son aprendizajes esenciales.

    Conocer a los alumnos y no mostrarse distante. Conocer a los alumnos empieza por saber cómo se llama cada uno de ellos sin tener que mirar una lista de fotos. Para no mostrarse distante hay que escuchar y hablar con ellos, mostrar interés por su aprendizaje y por las cuestiones que pueden repercutir en el mismo, aunque sean cuestiones personales.

    Competitividad también es necesaria, aunque en su justa medida. La competencia es también educativa cuando se aprende a ganar y a perder, cuando se asume la derrota, cuando implica efectuar un esfuerzo mayor, cuando se respeta al adversario, cuando se aprende de los errores…

    Evaluación en base a calificación. Calificar significa situar, marcar, juzgar, predecir, distinguir, clasificar… ¡Cuantas veces nos equivocamos!

    Hay que disfrutar escribiendo. Escribir es establecer relaciones y conexiones nerviosas en nuestro cerebro. Fruto de esta reflexión se plasman las ideas en un soporte que no se lo lleve el viento para que posteriormente es posible establecer nuevas reflexiones con los demás.

    En la universidad existen parásitos y meritonitis. Sobre ésto prefiero no pronunciarme.

    El sistema educativo pone trampas, una cosa es lo que dice y otra lo que exige. Yo diría que existe tanto currículo oculto como oficial.

    No existe una evaluación del profesor. Da igual que haga bien o mal su trabajo. De hecho se le paga igual, sólo prima la antigüedad en el sueldo (del programa de calidad y mejora de los rendimientos escolares no hablaremos).

    Para la investigación se crean exigentes comisiones. Viendo algunas investigaciones las comisiones no han de ser tan exigentes…

    Hay que reflexionar sobre el sentido de la enseñanza, sobre la finalidad del aprendizaje,… Y ponerse de acuerdo, porque según la ideología en el poder, el concepto varía bastante. Desde mi punto de vista aquí está el tip de la cuestión. ¿Qué se entiende por educación y qué educación queremos proporcionar a nuestros hijos y alumnos? Cuando ésto se tenga claro, entonces se podrá empezar a debatir todo lo demás.

    Muchos temas Miguel Ángel, y a cuál más interesante. Cuando habla de pedagogía, usted no me defrauda.

  2. BUENO MIGUEL, OTRA VEZ, LA FLECHA NE LA DIANA QUE OBLIGA A PENSAR DE UNA FORMA COMPROMETIDA EN QUÉ DEBO HACER.
    TE “REGALO” UN AFORISMO DE JORGE WAGERSBERG, EN “MÁS RAMAS QUE ÁRBOLES”: “No exsite la pedagogía de cualquier cosa, sino la pedagogía de cada cosa” (101)
    Solo gracias.

  3. Ayer también, yo estuve allí.
    Y esto es lo que sentí.

    Sentí extrañeza y agradable sorpresa porque a diferencia de las demás clases y profesorado, en la de Miguel Ángel, después de haber pasado por los tres años de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado y el curso de adaptación en Ciencias de la Educación, en cuarto de Pedagogía por primera vez se me veía, se me reconocía como persona que tenía opinión y sentimientos y era importante que se conocieran, que se escuchara mi voz desde el primer día. Evidentemente era profesor también me corregía, pero caminamos juntos y lo que recogimos al final fue el resultado de su entrega y la mía.

    Cuando llegó el momento de competir, en mi caso por una plaza en las oposiciones de magisterio, yo llevaba mi carga de aprendizajes y de conocimientos pero aunque en ese momento igual no lo sabía, llevaba algo más importante había aprendido sintiendo, había aprendido a reconocer y actuar con mi alma y a apreciar que los demás también la tenían. Eso marcó la diferencia que desde entonces, unas veces con más aciertos que otras, intento que sea mi guía y, fue posible porque un profesor se planteó un día ¿cómo me defraudaría?

    Como intento contar, a mi no me defraudaste, espero que como alumna tampoco yo lo hiciera. Entonces fue algo intenso, fue un lujo, no llegábamos a treinta alumnos/as en el grupo, tú recién llegabas a la Universidad de Málaga. Es gratificante y estimulante comprobar como casi treinta años después mantienes tu ilusión y consigues contagiarla a cuantos se cruzan en tu camino y te escuchan con el alma, desde la serenidad y la humildad que aporta el reconocimiento de que no hay certidumbres, solo preguntas, respuestas y preguntas.

    Gracias.

  4. Como estudiante de pedagogía, pienso que toda enseñanza y todo aprendizaje es un proceso en el que deben estar implicados todos los miembros de la comunidad educativa, incluidas las familias, pero sobre todo los alumnos, ya que son los mayores beneficiarios en este proceso.
    Para que este beneficio pueda ser conseguido al máximo, no sólo los profesores deben ser los encargados de hacerlo posible, sino que, debe existir un mutuo acuerdo entre todos los miembros sobre que es lo realmente importante, aparte de las notas.
    Lo ideal sería fomentar un aprendizaje significativo a través de experiencias, participación, aprendiendo a aprender, etc.
    Deberíamos hablar menos de la calidad de la enseñanza y más de la calidad del aprendizaje.

  5. Me temo, admirado profesor, que su visión del mundo está demasiado sesgada. ¡Cuidado con las “torres de marfil! Ah, su cuarto párrafo es horroroso.

    • Gracias por tus advertencias. Siempe es saludable la reflexión y la autocrítica. Pero, dime: ¿por qué ves en este artículo el peligro de instalación en la torre de marfil cuando se plantea y defiende el diálogo, la escucha y la participación del alumnado. Dime también: ¿el párrafo cuarto es el que habla de las decepciones mutuas? ¿Por qué lo ves horroroso? ¿No crees que eso suceda? ¿O te refieres al uso del lenguaje no sexista? Por otra parte, ¿qué quieres decir que tengo una visión “sesgada”? No sé si te refieres a este artículo o, en general, a todos. Y no sé di te refieres a lo profesional, a lo político, o la vida en general. Me gusta que la crítica sea razonada, de lo contrario es estéril. De todos modos, muchas gracias por leerme, por escribir y por plantear tu visión crítica. Un cordial saludo.
      Miguel A. Santos

  6. Cuando comenzamos a cursar una asignatura nueva, nos proponemos metas, y manifestamos el interés de enriquecernos con sus contenidos, con las explicaciones del profesor. Pero todo influye en nuestro aprendizaje: la metodología del docente para impartir sus clases, el respeto, esfuerzo, el aprendizaje cooperativo, las actitudes y creencias que tengamos… Un sinfín de aspectos que repercutirá en nuestra nota final. Porque lo que pretendemos, es construir y desarrollar las competencias profesionales que nos permitan ampliar los recursos que disponemos, y utilizarlos para actuar adecuadamente ante las situaciones que se nos presenten en el ejercicio de nuestra profesión.
    Al fin y al cabo, el resultado final de la asignatura repercutirá en nuestro expediente, independientemente del esfuerzo y empeño que hayamos desarrollado a lo largo del estudio de la materia. Luchamos por ser mejores, y si alguna asignatura se interpone en nuestro camino y no sabemos cómo afrontarla, la sacaremos con el mayor empeño y gratitud que podamos; aunque no sea con la calificación más alta de la cual tengamos.

  7. Me ha sorprendido mucho el comentario de El Abuelo. Sobre todo, porque no fundamenta noda sus afirmaciones.
    A mí el artículo me ha parecido magnífico. Es más, pienso utilizar esa estrategia para facilitar el diálogo con mis alumnos.

  8. No digo que las tesis del artículo puedan ser válidas. Depende del contexto, de las circunstancias y de los objetivos propuestos. Lo cierto es que la sociedad clama por personas con una altisima cualificación técnica y el sistema educativo no ha logrado, hasta el momento, que la población, en su totalidad, cuente con estas cualificaciones. Algo ha fallado y estrepitosamente, si más del 30% de los estudiantes fracasan o abandonan. Digo todo esto porque quizás, precisamente, la culpa de estas cifras y del muy bajo nivel de los estudiantes, sea por culpa de estas metodologías a lo Summerhill, que como es sabido, fue un fracaso estrepitoso. Hemos dejado atrás la maduración personal a través de un esfuerzo personal impescindible, de manera definitiva o ya es hora, de nuevo, de recuperarlo, visto lo visto? En fin, saludos. Lo que no funciona (nuestro sistema educativo, incluyendo el universitario: ni una triste universidad en la lista de las universidades de excelencia), no sirve.

    • Querido Juan:

      ¿Tú crees que lo que cuenta y propone este artículo tiene mucho que ver con lo que llamas la metodología de Summerhil? ¿Tú crees, de verdad, que Summerhil fue un fracaso estrepitoso? Visité varias veces esta escuela y conozco a personas que estudiaron en ella y después han hecho brillantemente sus tesis doctorales. Hablan maravillas de ella. ¿Por qué dices que fue un fracaso estrepitoso? Conozco una evalución hecha de esa escuela y dice precisamente lo contrario a lo que afirmas.
      A mi también me parece preocupante ese fracaso del 30%. Lo complicado es explicar las causas. Pero no creo que vengan de las tesis que planteo en el artículo: dialogar con los alumnos, darles participación, conocerlos, hacerles protagonistas de su aprendizaje.
      ¿Quién ha dicho que no es necesario el esfuerzo? En el artículo digo precisamente lo contrario.
      No hay que simplificar. Las causas del fracaso son muchas. Pero, simplificando, no se va a resolver el problema.
      Creo que hay que mejorar la formación de los docentes, que las familias tienen que arrimar el hombro, que los políticos tioenen que hacer más cosas y destinar más dinero a la educación y que los alumnos y alumnas tienen que trabajar.
      Gracias, de todos modos, por tu participción en el blog.
      Un åbrazo.
      Miguel A. Santos

  9. Excelente forma de crítica y reflexión que muchos profesores deberían hacer en sus asignaturas de diferentes carreras. Es triste ver como docentes sin ningún tipo de motivación intentan trasmitir conocimientos que no llegan a nadie, junto con alumnos que no muestran ningún tipo de interés por la formación que están recibiendo. A esto le unimos los innumerables inconvenientes burocráticos que nos encontramos en el sistema educativo y como resultado encontramos una desmotivación global que lo único que consigue es devaluar el sistema educativo de la universidad. Por suerte no siempre es así, hay profesores excelente y alumnos comprometidos por buscar un futuro mejor para nuestra sociedad y algunas personas comprometidas que intentan solucionar los problemas, aunque de estas últimas no haya muchas.

  10. Cada día me sorprende más positivamente Miguel Ángel. Es maravilloso poder empezar un curso con ese diálogo con los alumnos, sometiéndose a sus críticas y a explorar y aplicar lo surgido de esa interrelación.
    De profesores así, es decir, de crear hábitos de crítica, surgen movimientos, para mí tan positivos, como los de los “indignados”, donde se somete a crítica toda la sociedad y se buscan alternativas más justas para todos.
    Saludos y gracias.

  11. Me parece muy interesante el tema que se plantea, ya que muy pocas personas reflexionan sobre el mismo y pienso que es fundamental que todos los profesores creen ese vínculo de confianza entre sus alumnos y ellos mismos, sabiendo en todo momento las necesidades que presentan, tanto unos como otros.
    Como estudiante universitaria, considero que no existe una cultura de comunicación entre los miembros de toda la comunidad educativa, dando lugar a muchas preguntas sin respuesta y a actitudes que no nos gustan, por lo que al no existir ese clima de confianza, no llegamos a expresar nuestro punto de vista.

  12. Lo extraño Miguel Ángel, sería encontrar algún artículo que ya muy lejanos los años 70, hablara positivamente de Summerhill. Es sabido que lleva años al frente la hija del fundador y que en la práctica, se matriculan exclusivamente, alumnado del más bajo perfil académico y con escasa vocación por los estudios. Logran una cierta autonomía personal, ´pero poca cosa más. Hay infinidad de artículos en la web que inciden en lo mismo. ¿Tesis doctorales estos alumnos? No digo que no sea posible… pero en fin.

    Enlace en ElPais:
    http://elpais.com/diario/1999/06/06/sociedad/928620008_850215.html

    “… El informe señala que los niños tienen un progreso insuficiente debido a la “errática asistencia a las clases”; que el currículo que sigue la mayoría de ellos “afectará negativamente a sus opciones futuras”; que muchos de los alumnos entre 11 a 16 años tienen un bajo nivel en lectura, escritura y matemáticas, y que se permite que chicas y chicos compartan los servicios y que usen un lenguaje soez…”.

  13. Summerhill, increíble que alguien se acuerde. Tuvo su momento, en plena época hippy. El “autodescubrimiento” de los conceptos, el alumnado llegaba a conclusiones científicas por sí mismo, dejar al menor cotas absolutas de libertad para que fuera responsable de sí mismo… a corto plazo, por desgracia, lo único que quedó fue un edificio maltrecho y esa opción última, desesperada, para alumnado cuyos padres ya han arrojado definitivamente la toalla con sus hijos. Representó una bella utopía y su fracaso, por desgracia, es el fracaso al mismo tiempo de la escuela comprensiva. La realidad es tozuda. Saludoss.

  14. Me parece muy interesante el tema que se plantea, ya que muy pocas personas reflexionan sobre el mismo y pienso que es fundamental que todos los profesores creen ese vínculo de confianza entre sus alumnos y ellos mismos, sabiendo en todo momento las necesidades que presentan, tanto unos como otros.
    Como estudiante universitaria, considero que no existe una cultura de comunicación entre los miembros de toda la comunidad educativa, dando lugar a muchas preguntas sin respuesta y a actitudes que no nos gustan. No existe un clima de confianza, por lo que en muchas situaciones no llegamos a expresar nuestro punto de vista.

  15. A Juan Carlos Muñoz: gracias por tu reflexión, creo que resumes muy bien y desde dentro lo que ocurre actualmente en el sistema educativo.

    A Juan Carlos Muñoz: gracias por tu reflexión, creo que resumes muy bien y desde dentro lo que ocurre actualmente en el sistema educativo.

    A Juan respecto a su primer comentario: Juan, no creo que se haya abandonado del todo la búsqueda de la maduración personal a través del esfuerzo. ¿No crees que es algo utópico querer proporcionar a toda la “población académica” de mayores niveles de cualificación? Creo que siempre habrá gente que no esté en las medias estimadas, además, veo necesario que existan estudiantes menos cualificados con mayores márgenes de mejora, y de paso, den sentido a la profesionalidad docente con vuestra labor profesional.

    También me gusta pensar (respecto al sistema educativo) que lo que no funciona, más que no servir, se puede al menos reparar como tú comentas.

    Razón no te sobra en decir que la sociedad clama gente con altísima cualificación técnica, pero los centros escolares independientemente de la demanda socio-laboral han de proveer estudiantes cualificados en valores humanos y sociales, a parte de los contenidos mínimos.

    Mi experiencia me dice que, “casi” la mayoría de los trabajos se aprenden con el día a día.

    En todo sistema sabemos que hay deficiencias, pero me pregunto: ¿por qué nos obstinamos tanto en encontrarlas?
    Las deficiencias todos las vemos y a la legua, pero quién hace el intento de cambiarlas??

    Con el artículo solo se defiende la idea de crear espacios de participación y comunicación, y eso es algo atemporal y creo que enriquecedor, independientemente de que se haga en el colegio “Lope de Vega” o en el “María Zambrano” o en los “Salesianos” o en el “Summerhill”, que por cierto, ya me ha quedado claro que no es una canción setentera de Travolta. Con estos centros, tal vez se ofrezca cobertura a una demanda “informal” educativa desde una visión metodológica, pero no por ello, ineficaz a pesar de lo que diga la estadística de turno.

    Un saludo

  16. Los profesores hablan y en concreto como ha mencionado Miguel Ángel Santos Guerra, la educación no sólo tiene un fin numérico (nota) sino que tiene más. Algunos de ellos podrían ser: la satisfacción que da el conocer, poder hablar con propiedad y entendimiento, en lugar de suponer las cosas.
    Otro aspecto sería, tener conocimiento que en ocasiones realizamos trabajos que posteriormente pueden ser plagiados por nuestros docentes, considero que es una bajeza por parte de ellos ya que cada individuo de esta sociedad tiene sus propios ideales y creo que al apropiarse éstos de los ideales de los alumnos y de su esfuerzo, demuestran que en muchas ocasiones perdemos el tiempo, porque cuando un individuo realiza algo es necesaria una recompensa o reconocimiento.
    De esta manera, yo, una alumna de la Universidad agradece que, un mismo representante de la educación apoye y defienda nuestra posición, y que por medio de una simple y clara cuestión al inicio del curso demuestre y valore nuestro trabajo.

  17. Desde mi visión como alumna y como futura pedagoga estoy totalmente de acuerdo con lo dicho en este articulo. De nada sirve aprender conceptos, ideas, de forma memorística para poder acceder a algo, si al poco tiempo se te olvidara.De nada sirve aprender si no sabemos la utilidad de lo que aprendemos, y de nada sirve aprender por aprender.

  18. No hay mejor forma de conseguir el éxito en el aprendiaje que hacer protagonista al que aprende. Creo que hay que trasladar el foco de la didáctica: hay que pasarlo del que enseña al que aprende. Si no, seguiremos diciendo lo que decía aquel vendedor: Yo vendo, lo que pasa es que no compran. Pero el vendedor no se preocupa de cuestiones tan capitales como esta: lo que yo vendo, ¿le interesa al que compra?, ¿es razonable el precio?, ¿tengo buen carácter para que se me acerque la gente?, ¿hay competidores que ofrecen lo que yo vendo a mejor precio?… Por eso el artículo me ha encantado.

  19. El problema creo que subyace en que ya los tiempos de la utopía quedaron muy atrás. Veo lógico que alguien estudia Pedagogía aún pueda escribir cosas como “de nada sirve aprender conceptos”, nada menos. Qué barbaridad. Con tal razonamiento, aún viviríamos en las cuevas, como nuestros antepasados. Pero los profesionales de la enseñanza debemos andar con los pies en el suelo: el mercado laboral es feroz y enormemente competitivo, como bien sabemos. No es suficiente una ristra enorme de títulaciones y cualificaciones: hay que demostrar, día a día, en un mercado empresarial, que tú eres tan competitivo como la empresa. Y sólo lo que sabes, tus conocimientos altamente cualificados, van a permitir imponerse sobre tus competidores. Creo, sinceramente, que hay que desterrar definitivamente concepciones que a estas alturas ya han demostrado su ineficacia y que han convertido nuestro sistema educativo en el peor de Europa (Pisa: hemerotecas). No es este el espacio para enumerar dichas concepciones. Pero en definitiva, son las responsables, a su vez, del más alto porcentaje de fracaso escolar de Europa. Lo importante es ser realistas y transmitir al joven un mensaje claro y contundente: debe estudiar, estudiar y estudiar. Y es evidente que un centro educativo es un lugar de socialización mayúsculo para dejar fluir todas las materias transversales; eso es una labor diaria que realiza el profesorado. Pero insisto: estudiar, estudiar y estudiar. Conocimientos, que fluyan. Conceptos, que emergan uno tras otro, en su contexto científico. Actitudes: empoderar al alumno que se esfuerza, porque dicho esfuerzo es laa llave, con suerte, de su futuro. Y porque sin dicho esfuerzo (del alumno, del profesorado, de la familia, de toda la sociedad), no hay futuro. Ni para el estudiante ni para el país. Es una cuestión de supervivencia. Por lo tanto, dejémonos de “gaitas” teóricas en torno a la enseñanza y aprendizaje (no lo digo por ofender, pero llamar “ciencia” a según que carreras, me parece una barbaridad) y que la cultura del esfuerzo vuelva al estudiante, a los centros y a la sociedad entera. He ahí el cambio que creo que el sistema educativo precisa, por el bien del individuo. Gracias a todos y disculpad, nada de lo que he escrito tiene ánimo polémico ni descalificador, al contrario, creo que estos debates son muy necesarios si realmente decimos lo que pensamos y nos dejamos de posturas “políticamente correctas”. Abrazos.

    • Querido Juan:
      También sin ánimo de ofender. No creo que se haya acabado el tiempo de las utopías. Decía Ernest Bloch que ser persona significa tener una utopía. Yo creo que la utopía encierra una crítica de lo que existe y un afán de superación. Es una permanente tensión hacia metas que quizás sean inalcanzables, pero que nos hace caminar.
      Esa alumna de Pedagogía no desprecia el conocimiento, no dice que no sea importante saber. Dice (creo) que hay cosas que se aprenden que son conocimientos inertes. Y, por otra parte (tú mismo lo dices) es necesario que ese conocimiento se ponga al servicio de la mejora de la sociedad. Porque si solo se utilizase para explotar y dominar a los demás, en mala hora lo habríamos adquirido.
      Yo no tengo una visión tan pesimista como tú de nuestro seistema educativo. Creo que se están haciendo muchas cosas bien. Y que hay muchas personas que se están esforzando (profesores, padres y alumnos). Echamos mano de PISA para lo que queremos. ¿Por qué no insistir en que, según PISA, nuestro sistema educativo es el más equitativo de los evaluados? No creo que sea una cuestión menor, pero a pocas personas se lo he oído repetir.
      No se puede olvidar, por otra parte, de dónde venimos. Una dictadura de cuarenta años pesa mucho. Nos olvidamos fácilmente de lo que hemos avanzado. Con esto no quiero cerrar los ojos al fracaso, a las deficiencias y a la necesidad de mejora.
      Me cansa oír que se ha desterrado la necesidad del esfuerzo. ¿Quién ha que no es necesario el esfuerzo? ¿Quién lo ha escrito? ¿Quién lo ha defendido? Es como otro tópico que se repite sin cesar: se ha perdido la autoridad del profesor. ¿Quién dijo que el profesor no precisaba tener autoridad? Ahora bien, autoridad es algo muy diferente a poder. Tiene autoridad aquella persona que ayuda a crecer. Y, como dice Emilio Lledó: la autoridad en esta profesión se aumenta con el amor a los que se enseña y el amor a lo que se enseña, no poniendo una tarima más alta en el aula o endureciendo las normas y las sanciones.
      Hay muchos tópicos instalados, por ejemplo, en torno a la LOGSE. Me lo preguntan muchas veces fuera de España:
      ¿Por qué fracasó la LOGSE?
      Y yo preguntó:
      ¿Por qué dice usted que fracasó?
      Y veo que detrás de la pregunta hay muchos tópicos. La repetición de un estribillo. La LOGSE amplió la escolaridad dos años. Lo cual hizo que muchos chicos y chicas que andarían vagando por las calles(los más pobres) siguieran estudiando. ¿Es eso un fracaso? Claro, al estar todos y todas, están con todos sus problemas. Hizo que se anticipara la edad de escolarización ¿Es eso un fracaso? Exigió que se valoraran las actitudes, por consiguiente EL ESFUERZO. Y abrió muchas dimensiones cualitativas de indudable valor pedagógico, como la atención a la diversidad.
      No es cierto que la LOGSE hiciera descender el nivel de formación…
      Bueno, comparto contigo la necesidad de que entre todos consigamos un sistema educativo de mayor calidad y de mayor equidad.
      Un cordial saludo y gracias por participar.
      MA Santos

  20. Creo que las directrices que la educación debe seguir en los días que nos ha tocado vivir, no han de centrarse exclusivamente en dar respuesta a lo que el mercado empresarial o la economía dicte. Los alumnos han de encontrar en la escuela, lo que ni en su familia por desgracia encuentran, ni incluso en sus seres allegados, ni amigos ni en demás entes sociales: valores humanos, sociales, o de otra índole (valores al fin y al cabo) que les ayuden a cimentar su personalidad en un futuro inmediato. Con esto no quiero reducir a la escuela a un espacio de “beneficencia” ni de caridad piadosa.

    Me queda un tanto lejos leer que es necesario para la sociedad crear alumnos altamente cualificados, tecnificados y preparados para afrontar la vida desde una única perspectiva de acceso al mercado laboral, y que ello debe tener su génesis en el esfuerzo aplicado en la escuela.

    Si de algo me puedo reír ha día de hoy, y esa es mi experiencia personal, es de que no hace falta estar cualificado, ya no digo altamente cualificado, para poder desempeñar funciones en altos grupos empresariales. Eso sí, sin esfuerzo personal, es más difícil obtener beneficios.

    Hablando de gaitas, pienso en aquella gente no cualificada y bien asentada en tantos cargos públicos o privados, que han llegado hasta ahí sin dar un soplo al viento. Y también me acuerdo, como no, de la gente que se ha desollado los codos con el esfuerzo por bandera durante años, para estar picando número en la cola del desempleo cada dos meses.

    Moraleja: el esfuerzo no te garantiza la recompensa, eso sí, te hace dormir a pierna suelta.

    Que el esfuerzo se implante en los centros escolares es una tarea ambiciosa, si previamente no se han establecido las bases de ese esfuerzo entre padre/madre-hijo en el hogar, que es el lugar idóneo para implantarlo. Dudo que la virtud del esfuerzo se aprenda solamente a base de estudiar, estudiar y estudiar.

    No comparto la idea de poner el sistema educativo al servicio del paradigma económico que es quizás el de mayor relevancia actualmente, y hacer del estudiante una máquina cualificada para poder sobrevivir en su vida. Si no que sea el sistema educativo el que gobierne sus propios intereses sin tener que rendir cuentas a nadie. Y por cierto, más que para el bien del individuo, ha de servir al bien colectivo.

    Gracias por compartir vuestras ideas. Gracias M.A de nuevo por su artículo.

  21. Gran iniciativa que puso en marcha. Está claro que para opinar sobre este ámbito hay que estar relacionado/a con él, o así lo veo yo, porque desde fuera las cosas siempre se ven muy diferentes a cuando estas dentro, dentro del mundo del “estudia y tendrás un futuro” (frase cada vez menos esperanzadora). Por ello, como estudiante de pedagogía me dispongo a plasmar mi humilde opinión en conclusión a esta publicación.
    Sinceramente, si a mí, como alumna, me hubieran propuesto varias de esas reflexiones, sólo por el mero hecho de haber dado el paso de intentar hacernos reflexionar y que nuestra opinión salga a la luz sin miedo, eso ya valdría mucho; que todo ello venga de un docente con el que normalmente compartimos gran parte de nuestro tiempo, sería como un alivio o respiro, como tener a una persona y no sólo a un docente, que es lo que parece que son la mayoría de estas respetables personas que dan clases. La Universidad, bajo mi punto de vista, parece un sitio frío y oscuro, al que vas a estresarte, a no disfrutar aprendiendo, a llegar al final como puedas…
    Pienso que esa actitud de la que se habla en esta publicación, la actitud de cercanía, de “soy la persona que va a ayudarte a saber llegar al conocimiento y a mostrártelo para que tu lo adquieras por ti mismo y con placer” se da muy poco, y ya no me quedo sólo en la Universidad, tanto en las Escuelas como en los Institutos. Considero que una de las causas por las que perdemos la motivación los alumnos, es ésta.
    Sin más, felicitar a Miguel Ángel Santos Guerra, leer cosas así dan un aire de esperanza y frescura a la educación.

  22. Me gusta esa metodología, ya que se crea en el alumno un sentimiento de opinión ante el profesor, ellos saben que la respuesta que darán será leída y tomada en cuenta y desde el primer día crea una relación profesor-alumnos mucho mas cercana. Al mismo tiempo se crea el mismo sentimiento de “la no decepción” por parte d ellos alumnos, es decir ellos intentarán no defraudar tampoco al profesorado, se crea un ambiente especial en el aula.
    Todos intentarán trabajar por el bien de todos, al menso esa es mi opinión.

  23. Me parece un tema muy interesante ya que creo que todo profesor debería trabajar más este tema. Para ello deberían crear una mejor relación entre alumno-profesor, en el que puedan tener una comunicación abierta, y hacer a los alumnos partícipes de su propio aprendizaje , pero primero habría que enseñarles el aprender a aprender, ya que como dice artículo, la mayoría de los alumnos se preocupan más por el examen que por el proceso de aprendizaje

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