Vinilo tempore

19 Ago

Pasado y presente del vinilo.El tiempo nos constituye y nos envuelve. Es la materia de la que estamos hechos. El tiempo pasa por nosotros y nosotros atravesamos el tiempo con una peculiar actitud que tiñe la vida de alegría o de tristeza. El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos, decía Henry Amiel. Todas las conversaciones están transidas por el pasado, el presente o el futuro. Todos los sentimientos. Constantemente estamos haciendo alusión al paso del tiempo.
¿Por qué muchas personas dicen, cada vez con más frecuencia y más intensidad, que no tienen tiempo para nada? ¿Por qué se suceden los días de una manera tan vertiginosa cuando estamos descansando y pasándolo bien? ¿Por qué las vacaciones de verano parecen haber quedado reducidas a una fracción de las vacaciones de nuestra vida? ¿Por qué parece que el tiempo no corre sino que vuela cada vez a mayor velocidad? Estamos sumidos en un proceso creciente de aceleración histórica. Todos los campos del saber y del hacer se han disparado de forma inconcebible. El desarrollo técnico es tan vertiginoso que muy bien podría decirse que los discos de vinilo son ahora una reliquia de un antiquísimo pasado. Vinilo tempore.
El tiempo es un fenómeno objetivo, pero los humanos lo vivimos de manera subjetiva. La vivencia subjetiva del tiempo hace que percibamos de manera diferente los días y las horas. No corre el reloj de la misma manera para quien está esperando ansiosamente a una persona querida que para quien no desea que llegue alguien indeseable. No pasan con la misma velocidad los cinco minutos finales del partido para los seguidores del equipo que va ganando por la mínima que para los del equipo que va perdiendo. No se derrite el terrón de azúcar a la misma velocidad para el sediento que para el saciado, decía Bergson.
Otro factor de aceleración es la edad. Acabo de leer un bien documentado libro titulado ‘¿Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores?’. Su autor es Douwe Draaisma, profesor de Historia de la Psicología de la Universidad de Groningen, que se ha hecho acreedor por esa obra a cuatro importantes premios en Holanda.
Dicen los autores que un reloj de arena que es utilizado con asiduidad no mide el tiempo de igual forma después de muchos años. Porque los granos de arena se van desgastando y haciendo más redondos y más pequeños y porque se va agrandando el orificio de paso. La arena circula a más velocidad al cabo de los años.
Cada uno vive el tiempo de la vida desde una dimensión peculiar. Hay optimistas empedernidos que se alegran de lo que viven y que piensan que nunca van a morir. Me parece maravillosa la actitud de las personas que se viven a sí mismas con el dinamismo de la anciana protagonista de la siguiente anécdota.
Una apacible viejecita asiste a una conferencia en el Planetarium de Nueva York. El conferenciante dice que el sol se extinguirá, por falta de combustible, dentro de diez mil millones de años, acarreando la desaparición de nuestro planeta. La viejecita se levanta y pregunta asustada al conferenciante:
– ¿Me puede decir de nuevo cuánto tiempo tardará el sol en extinguirse?
– Diez mil millones de años, señora, repite el conferenciante.
La viejecita se sienta mientras dice con tono de inmenso alivio:
– Uf, qué susto, creí que había dicho diez millones.
La visión absurdamente optimista de la viejecita es más saludable que la de quienes piensan que tienen la muerte acechando en cada esquina. Los pesimistas piensan que la vida es como el palo de un gallinero: corta y llena de mierda.
Vivir la vida con ilusión es una forma de que no sean lunes todos los días. Es una forma de que el paso del tiempo tenga un ritmo sereno y placentero. ¿Quién no se ha encontrado en viajes exóticos con ancianas entusiastas que recorrían el mundo con una ilusión y un arrojo desbordantes?
La actitud ante el paso del tiempo nos hace vivir de manera diferente lo que estamos viviendo. Hay personas que se quitan años. Luchan contra el paso del tiempo. Pienso, por el contrario, que los cumpleaños son fechas festivas que tienen que llenar de satisfacción. Eso que hemos vivido ya no nos lo quita nadie. Tenemos un año más vivido, no un año menos. No quiero imaginar la alternativa a no cumplir los años.
Cuando las personas mayores dicen “en mis tiempos”, ¿no están despreciando el tiempo presente, que es el que de verdad tenemos en la manos, aunque de manera tan fugaz? Tempus fugit. En realidad, sólo hay ‘ahora’. Mis tiempos son todos. Mis tiempos son éstos.
El tiempo del reloj es el mismo objetivamente para todos, pero cada uno le imprime una velocidad subjetiva y le confiere una carga de dolor o de alegría. Todos conocemos a personas que quieren hacer tantas cosas, que tienen tantas ilusiones que no les da tiempo a materializarlas. Así rezaba el epitafio de un personaje de la novela ‘El hijo del acordeonista’: “Necesitaba dos vidas. He tenido una sola”.
Vivir el tiempo de forma negativa es buscar motivos para la insatisfacción. El arte y la ciencia están en saber vivir el tiempo de forma plena y, a la vez, satisfactoria. Cuántas equivocaciones existen al respecto. Lo que necesitan las personas no es una broca de 6 milímetros sino un agujero de 6 milímetros. Muchas veces nos perdemos en los medios, dejando olvidados los fines.
La visión sensata de la vida es llenar el tiempo presente de sentido y utilizar la memoria del pasado como una fuente de estímulos. Se puede incluso hacer del futuro un motivo de esperanza. Pesimista es que dice: “pasado mañana es lunes”.

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