La culpa es de la vaca

15 Oct

vaca.gifHace unos meses la Facultad de Medicina de Buenos Aires hizo un examen de ingreso a 1227 aspirantes. El resultado fue que los 1227 suspendieron y, en consecuencia, se les negó el acceso a los estudios de Medicina. La explicación que dieron los examinadores a través de la prensa (y a todo el que quiso escucharles), fue que el nivel que tenían los aspirantes era muy bajo. Estaban muy mal preparados. Ni una sola pregunta sobre el rigor y la pertinencia de las pruebas, sobre los criterios de la corrección o, lo que es más sorprendente, sobre la descoordinación entre el nivel previo y el universitario que había provocado un fracaso de tamaña envergadura. Una cosa es la comprobación del aprendizaje (de por sí tan problemática) y otra la atribución de las causas, frecuentemente tan interesadas como gratuitas. ¿Por qué les dijeron a los alumnos que iban bien y ahora les dicen que van mal? ¿Qué les ha pasado?
Lo que no quiere saber la Facultad de Medicina es que, quizás, al terminar su paso por ella, el aprendizaje realizado por los alumnos en sus aulas sea considerado de escasa calidad por una instancia diferente que comprueba si esos estudiantes, que han terminado con éxito su curriculum universitario, están preparados para ejercer la Medicina. Han tenido buenas notas en la Facultad pero luego les dicen que no son aptos para el ejercicio profesional. Es decir, que no tienen el nivel necesario. Que están mal preparados.
Si hubiéramos tenido la oportunidad de preguntar a los profesionales del nivel anterior al universitario por ese fracaso que les atribuyen los examinadores de la Facultad de Medicina, es probable que hubieran dicho que ellos no tenían la culpa porque el problema radicaba en la etapa previa Los alumnos habían llegado mal preparados del nivel anterior. Ahí estaba el verdadero problema. Y así sucesivamente hasta llegar a la primera de las etapas del sistema educativo. Quizás alguien de esta etapa podría achacar la causa del retraso de los escolares al hecho de que los niños vienen mal preparados de sus casas. Los padres, por su parte, podrán decir que el trabajo de ginecólogos y comadronas es deficiente y éstos (y éstas) atribuir la torpeza de los escolares. a la mala calidad de los espermatozoides. Los espermatozoides, si pudieran, dirían que la contaminación y las malas condiciones de vida son la causa de su falta de fortaleza y movilidad.
En definitiva, que nadie tiene la culpa de nada. “No es culpa nuestra”, sería la frase más repetida en cada nivel. Nosotros lo hacemos muy bien. El problema está en otra parte. El problema ya venía de antes.
La cadena de exculpaciones hace que se vaya transfiriendo la responsabilidad, de arriba hacia abajo casi siempre, hasta llegar a la pieza más frágil del sistema. Este hecho está cargado de irracionalidad en las explicaciones y de injusticia en las consecuencias. Tiene mucho que ver con los abusos inherentes al poder.
Nadie tiene la culpa de nada. La culpa está en la deficiente tarea que realizan quienes nos han precedido. Los niveles son cada vez más bajos y la preparación cada día más deficiente por culpa de los demás, por culpa de quienes nos preceden. ¿Cómo mejorar? La solución está clara: que mejoren los otros, que se esfuercen ellos.
Quiero compartir con el lector una elocuente metáfora que algún docente me regaló en no sé qué lugar y momento. Una metáfora que explica de forma clara la idea que aquí estoy planteando.
Se estaba promoviendo la exportación de artículos colombianos de cuero a Estados Unidos. Un investigador extranjero de la firma Monitor recibió el encargo de analizar el problema. Decidió entrevistar a los representantes de dos mil almacenes de Colombia. La conclusión de la encuesta fue determinante: los precios de tales productos son altos y la calidad baja.
El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles sobre esta conclusión. Recibió esta respuesta: “no es culpa nuestra. Las curtidurías tienen una tarifa arancelaria de protección del quince por ciento para impedir la entrada de cueros argentinos”.
A continuación le preguntó a los propietarios de las curtidurías y ellos contestaron: “no es culpa nuestra. El problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad. Como la venta de carne les reporta mayores ganancias con menor esfuerzo, los cueros les importan muy poco”.
Entonces el investigador, armado de toda su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dijeron: “no es culpa nuestra. El problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas las partes a las reses para evitar que se las roben, prácticas que destruyen los cueros”.
Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos también dijeron: “no es culpa nuestra. Esas estúpidas vacas se restriegan contra las alambres de púas para aliviarse de las picaduras”.
La conclusión del consultor extranjero fue muy simple: “los productores colombianos de carteras de cuero no pueden competir en el mercado de Estados Unidos porque sus vacas son estúpidas”.
El resultado de las exculpaciones descendentes es que la responsabilidad única de los fracasos acaba recayendo en las piezas más débiles del sistema. No es casual. Son las que tienen menos posibilidades de defenderse. La soga se rompe por la parte más débil.
¿Cómo se exigen responsabilidades de abajo hacia arriba? Es más fácil hacerlo en el sentido contrario. Por eso suele atribuirse la culpa de los fracasos a quien tiene un rango inferior en el escalafón: en política a los ciudadanos, en la escuela a los alumnos, en el ejército a los soldados, en la empresa a los trabajadores, en medicina a los pacientes, en la familia a los niños…
No quiero sentar a nadie en el banquillo. La llamada que deseo hacer en estas líneas es a la necesidad de hacer autocrítica y de someterse a la crítica externa para poder mejorar lo que se hace. El reparto de las causas de los problemas a instancias ajenas (casi siempre inferiores en jerarquía) hace que nadie acabe comprometiéndose con la mejora de lo que hace. Los culpables son los otros, son los de abajo. Si las vacas son estúpidas, ¿qué podemos hacer los economistas, los comerciantes, los ganaderos y los matarifes…? Que las vacas sean más inteligentes y todo estará solucionado.

49 thoughts on “La culpa es de la vaca

  1. su contenido permite tomar decisiones mas acertadas y confiar dia a dia en nuestras capacidades para lograr nuestros objetivos y desempeñar mejor nuestras labores cotidianas …..

  2. me parece super bien,xq haci las personas q la leeran aprenderan no hacerles daño a otras personas,xq a ellos no les gustarian…y tambien ser bien y no mirar a quien…felicidades sigan asi….besos cuidece.

  3. la pobre vaca la llevamos todos por dentro, la diferencia esta en quienes se atreven a ignorarla, a desafiar la existencia con coraje, observando su propio futuro y no el de otros, enfrentando malos habitos, pereza, indecision, temores… aferrandose empesinadamente a los deseos mas intimos guardados en las entrañas, asumiendo riesgos, acariciando logros y escalando grandes sueños…ELI
    GRACIAS POR TAN INDUCTOR LIBRO

  4. ES muy cierto lo que dices pero creo que debemos tomar cada uno conciente de lo que hacemos y hacer algo y dejar de hechar la culpa a otras personas mientras sabemos que la culpa es nuestra

  5. ESTE LIBRO LA CULPA ESDE LA VACA MUY POCO LO HE LEIDO , UNA AMIGA ME LO PRESTO POR UN DIA Y LO POCO QUE LEI ME HIZO REFLEXIONAR MUCHAS COSAS QUE NI YO MISMA PENSE QUE SE PODIA LOGRAR CON TAN SOLO LEER UNOS PARRAFOS GRACIAS POR TAN LINDOS MENSAJES,OJALA Y TENGA LA OPORTUNIDAD DE VOLVER A LEERLO Y COMPLETO,FELICITO A SUS AUTORES ..

  6. me gustaria que me enviaran todas las historias del libro la culpa es de la vaca par tenerlas entre ellas la señora thompson y todas son muy bonitas y no las puedo compra por tener poco dinero por favor…..

    Dios los Bendiga y Cristo los ama.

  7. HOLA…. EL LIBRO ES MUY INTERESANTE PORQUE TE HACE REFLEXIONAR Y APRENDER SOBRE LO QUE SUCEDE EN LA VIDA Y SINCERAMENTE ES MUY BUENO FELICITO A TODA LA GENTE QUE AYUDO A REALIZAR ESTA OBRA PORQUE ES DE MUCHA AYUDA PARA LA GENTE ESPERO QUE SIGAN CSACANDO OTRAS OBRAS MAS DE LA CULPA ES DE LA VACA..

  8. ES EL MEJOR LIBRO QUE HE LEIDO POR SU FACIL COMPRENSION Y TODAS SUS ANECDOTAS ESTAN MUY RELACIONADAS CON NUESTRA VIDA COTIDIANA.O A QUIE N NO LE HA PASADO ALGO QUE ESTE EN ESTE LIBRO ¡DESCUBRALO¡

  9. es para que pusieran todas las historias del libro
    necesita una pequeña mejora este articulo y la foto no me dice nada solo hay una vaca tal vez si la estuvieran señalando por que era la culpable
    gracias y chao

  10. El libro va mas alla de la culpa q no asumimos nosotros mismo, va mas alla de la sinceridad espiritual y personal hay q tener en cuenta q este nos brida muchos mas valores. la vida continua….

  11. EL LIBRO ES MUY INTERESANTE, LES RECOMIENDO LEERLO, APRENDE MUCHO, APRENDE A VALORAR TANTAS COSAS QUE AVECES PENSAMOS QUE LO QUE HACEMOS ES UNICO PERO NO ES ASI. TE CAMBIA LA FORMA DE PENSAR, LA FORMA DE VER LA VIDA, Y COMO TRATAR A LOS SERES QUE TE RODEAN.

    ES UN EXCELENTE LIBRO, DISFRUTALO AL MAXIMO

  12. es un libro muy valioso, da a conocer por medio de anecdotas de la vida, nos invita a reflexionar y dejarnos ver el lado positivo de lo que a veces nos hace sentir mal. las perspectivas de cada persona siempre son distintas y hoy dia el mundo no siente empatia por nada, y este libro nos hace un descubrimiento a nosotros mismos… gracias por crear un libro como este.

  13. Primeramente felicito al los dos escritores por el libro (La culpa es de vaca)me encanta y eso que solo lo he leido poco si pueden quisiera que publique algunos capitulos en internet si pueden por favor

  14. Hace unos meses la Facultad de Medicina de Buenos Aires hizo un examen de ingreso a 1227 aspirantes. El resultado fue que los 1227 suspendieron y, en consecuencia, se les negó el acceso a los estudios de Medicina. La explicación que dieron los examinadores a través de la prensa (y a todo el que quiso escucharles), fue que el nivel que tenían los aspirantes era muy bajo. Estaban muy mal preparados. Ni una sola pregunta sobre el rigor y la pertinencia de las pruebas, sobre los criterios de la corrección o, lo que es más sorprendente, sobre la descoordinación entre el nivel previo y el universitario que había provocado un fracaso de tamaña envergadura. Una cosa es la comprobación del aprendizaje (de por sí tan problemática) y otra la atribución de las causas, frecuentemente tan interesadas como gratuitas. ¿Por qué les dijeron a los alumnos que iban bien y ahora les dicen que van mal? ¿Qué les ha pasado?
    Lo que no quiere saber la Facultad de Medicina es que, quizás, al terminar su paso por ella, el aprendizaje realizado por los alumnos en sus aulas sea considerado de escasa calidad por una instancia diferente que comprueba si esos estudiantes, que han terminado con éxito su curriculum universitario, están preparados para ejercer la Medicina. Han tenido buenas notas en la Facultad pero luego les dicen que no son aptos para el ejercicio profesional. Es decir, que no tienen el nivel necesario. Que están mal preparados.
    Si hubiéramos tenido la oportunidad de preguntar a los profesionales del nivel anterior al universitario por ese fracaso que les atribuyen los examinadores de la Facultad de Medicina, es probable que hubieran dicho que ellos no tenían la culpa porque el problema radicaba en la etapa previa Los alumnos habían llegado mal preparados del nivel anterior. Ahí estaba el verdadero problema. Y así sucesivamente hasta llegar a la primera de las etapas del sistema educativo. Quizás alguien de esta etapa podría achacar la causa del retraso de los escolares al hecho de que los niños vienen mal preparados de sus casas. Los padres, por su parte, podrán decir que el trabajo de ginecólogos y comadronas es deficiente y éstos (y éstas) atribuir la torpeza de los escolares. a la mala calidad de los espermatozoides. Los espermatozoides, si pudieran, dirían que la contaminación y las malas condiciones de vida son la causa de su falta de fortaleza y movilidad.
    En definitiva, que nadie tiene la culpa de nada. “No es culpa nuestra”, sería la frase más repetida en cada nivel. Nosotros lo hacemos muy bien. El problema está en otra parte. El problema ya venía de antes.
    La cadena de exculpaciones hace que se vaya transfiriendo la responsabilidad, de arriba hacia abajo casi siempre, hasta llegar a la pieza más frágil del sistema. Este hecho está cargado de irracionalidad en las explicaciones y de injusticia en las consecuencias. Tiene mucho que ver con los abusos inherentes al poder.
    Nadie tiene la culpa de nada. La culpa está en la deficiente tarea que realizan quienes nos han precedido. Los niveles son cada vez más bajos y la preparación cada día más deficiente por culpa de los demás, por culpa de quienes nos preceden. ¿Cómo mejorar? La solución está clara: que mejoren los otros, que se esfuercen ellos.
    Quiero compartir con el lector una elocuente metáfora que algún docente me regaló en no sé qué lugar y momento. Una metáfora que explica de forma clara la idea que aquí estoy planteando.
    Se estaba promoviendo la exportación de artículos colombianos de cuero a Estados Unidos. Un investigador extranjero de la firma Monitor recibió el encargo de analizar el problema. Decidió entrevistar a los representantes de dos mil almacenes de Colombia. La conclusión de la encuesta fue determinante: los precios de tales productos son altos y la calidad baja.
    El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles sobre esta conclusión. Recibió esta respuesta: “no es culpa nuestra. Las curtidurías tienen una tarifa arancelaria de protección del quince por ciento para impedir la entrada de cueros argentinos”.
    A continuación le preguntó a los propietarios de las curtidurías y ellos contestaron: “no es culpa nuestra. El problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad. Como la venta de carne les reporta mayores ganancias con menor esfuerzo, los cueros les importan muy poco”.
    Entonces el investigador, armado de toda su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dijeron: “no es culpa nuestra. El problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas las partes a las reses para evitar que se las roben, prácticas que destruyen los cueros”.
    Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos también dijeron: “no es culpa nuestra. Esas estúpidas vacas se restriegan contra las alambres de púas para aliviarse de las picaduras”.
    La conclusión del consultor extranjero fue muy simple: “los productores colombianos de carteras de cuero no pueden competir en el mercado de Estados Unidos porque sus vacas son estúpidas”.
    El resultado de las exculpaciones descendentes es que la responsabilidad única de los fracasos acaba recayendo en las piezas más débiles del sistema. No es casual. Son las que tienen menos posibilidades de defenderse. La soga se rompe por la parte más débil.
    ¿Cómo se exigen responsabilidades de abajo hacia arriba? Es más fácil hacerlo en el sentido contrario. Por eso suele atribuirse la culpa de los fracasos a quien tiene un rango inferior en el escalafón: en política a los ciudadanos, en la escuela a los alumnos, en el ejército a los soldados, en la empresa a los trabajadores, en medicina a los pacientes, en la familia a los niños…
    No quiero sentar a nadie en el banquillo. La llamada que deseo hacer en estas líneas es a la necesidad de hacer autocrítica y de someterse a la crítica externa para poder mejorar lo que se hace. El reparto de las causas de los problemas a instancias ajenas (casi siempre inferiores en jerarquía) hace que nadie acabe comprometiéndose con la mejora de lo que hace. Los culpables son los otros, son los de abajo. Si las vacas son estúpidas, ¿qué podemos hacer los economistas, los comerciantes, los ganaderos y los matarifes…? Que las vacas sean más inteligentes y todo estará solucionado.

  15. Hace unos meses la Facultad de Medicina de Buenos Aires hizo un examen de ingreso a 1227 aspirantes. El resultado fue que los 1227 suspendieron y, en consecuencia, se les negó el acceso a los estudios de Medicina. La explicación que dieron los examinadores a través de la prensa (y a todo el que quiso escucharles), fue que el nivel que tenían los aspirantes era muy bajo. Estaban muy mal preparados. Ni una sola pregunta sobre el rigor y la pertinencia de las pruebas, sobre los criterios de la corrección o, lo que es más sorprendente, sobre la descoordinación entre el nivel previo y el universitario que había provocado un fracaso de tamaña envergadura. Una cosa es la comprobación del aprendizaje (de por sí tan problemática) y otra la atribución de las causas, frecuentemente tan interesadas como gratuitas. ¿Por qué les dijeron a los alumnos que iban bien y ahora les dicen que van mal? ¿Qué les ha pasado?
    Lo que no quiere saber la Facultad de Medicina es que, quizás, al terminar su paso por ella, el aprendizaje realizado por los alumnos en sus aulas sea considerado de escasa calidad por una instancia diferente que comprueba si esos estudiantes, que han terminado con éxito su curriculum universitario, están preparados para ejercer la Medicina. Han tenido buenas notas en la Facultad pero luego les dicen que no son aptos para el ejercicio profesional. Es decir, que no tienen el nivel necesario. Que están mal preparados.
    Si hubiéramos tenido la oportunidad de preguntar a los profesionales del nivel anterior al universitario por ese fracaso que les atribuyen los examinadores de la Facultad de Medicina, es probable que hubieran dicho que ellos no tenían la culpa porque el problema radicaba en la etapa previa Los alumnos habían llegado mal preparados del nivel anterior. Ahí estaba el verdadero problema. Y así sucesivamente hasta llegar a la primera de las etapas del sistema educativo. Quizás alguien de esta etapa podría achacar la causa del retraso de los escolares al hecho de que los niños vienen mal preparados de sus casas. Los padres, por su parte, podrán decir que el trabajo de ginecólogos y comadronas es deficiente y éstos (y éstas) atribuir la torpeza de los escolares. a la mala calidad de los espermatozoides. Los espermatozoides, si pudieran, dirían que la contaminación y las malas condiciones de vida son la causa de su falta de fortaleza y movilidad.
    En definitiva, que nadie tiene la culpa de nada. “No es culpa nuestra”, sería la frase más repetida en cada nivel. Nosotros lo hacemos muy bien. El problema está en otra parte. El problema ya venía de antes.
    La cadena de exculpaciones hace que se vaya transfiriendo la responsabilidad, de arriba hacia abajo casi siempre, hasta llegar a la pieza más frágil del sistema. Este hecho está cargado de irracionalidad en las explicaciones y de injusticia en las consecuencias. Tiene mucho que ver con los abusos inherentes al poder.
    Nadie tiene la culpa de nada. La culpa está en la deficiente tarea que realizan quienes nos han precedido. Los niveles son cada vez más bajos y la preparación cada día más deficiente por culpa de los demás, por culpa de quienes nos preceden. ¿Cómo mejorar? La solución está clara: que mejoren los otros, que se esfuercen ellos.
    Quiero compartir con el lector una elocuente metáfora que algún docente me regaló en no sé qué lugar y momento. Una metáfora que explica de forma clara la idea que aquí estoy planteando.
    Se estaba promoviendo la exportación de artículos colombianos de cuero a Estados Unidos. Un investigador extranjero de la firma Monitor recibió el encargo de analizar el problema. Decidió entrevistar a los representantes de dos mil almacenes de Colombia. La conclusión de la encuesta fue determinante: los precios de tales productos son altos y la calidad baja.
    El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles sobre esta conclusión. Recibió esta respuesta: “no es culpa nuestra. Las curtidurías tienen una tarifa arancelaria de protección del quince por ciento para impedir la entrada de cueros argentinos”.
    A continuación le preguntó a los propietarios de las curtidurías y ellos contestaron: “no es culpa nuestra. El problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad. Como la venta de carne les reporta mayores ganancias con menor esfuerzo, los cueros les importan muy poco”.
    Entonces el investigador, armado de toda su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dijeron: “no es culpa nuestra. El problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas las partes a las reses para evitar que se las roben, prácticas que destruyen los cueros”.
    Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos también dijeron: “no es culpa nuestra. Esas estúpidas vacas se restriegan contra las alambres de púas para aliviarse de las picaduras”.
    La conclusión del consultor extranjero fue muy simple: “los productores colombianos de carteras de cuero no pueden competir en el mercado de Estados Unidos porque sus vacas son estúpidas”.
    El resultado de las exculpaciones descendentes es que la responsabilidad única de los fracasos acaba recayendo en las piezas más débiles del sistema. No es casual. Son las que tienen menos posibilidades de defenderse. La soga se rompe por la parte más débil.
    ¿Cómo se exigen responsabilidades de abajo hacia arriba? Es más fácil hacerlo en el sentido contrario. Por eso suele atribuirse la culpa de los fracasos a quien tiene un rango inferior en el escalafón: en política a los ciudadanos, en la escuela a los alumnos, en el ejército a los soldados, en la empresa a los trabajadores, en medicina a los pacientes, en la familia a los niños…
    No quiero sentar a nadie en el banquillo. La llamada que deseo hacer en estas líneas es a la necesidad de hacer autocrítica y de someterse a la crítica externa para poder mejorar lo que se hace. El reparto de las causas de los problemas a instancias ajenas (casi siempre inferiores en jerarquía) hace que nadie acabe comprometiéndose con la mejora de lo que hace. Los culpables son los otros, son los de abajo. Si las vacas son estúpidas, ¿qué podemos hacer los economistas, los comerciantes, los ganaderos y los matarifes…?

  16. Esta lectura me sirvio,para un trabajo que tengo q presentar en un curso de preceptor q estoy haciendo .Muy buena lectura, interesante, atrapapante y muy útil. Gracias

  17. Este libro, La Culpa es de la Vaca, fue editado y publicado por Intermedio Editores de Bogotá en 2002 y es una compilación de Jaime Lopera & Marta Ines Bernal. En la actualidad los derechos de esa obra, y otras once del mismo corte, pertenecen a Editorial Planeta para todos los países de habla española.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.