El mejor hogar; la cárcel

18 Ene

Después de buscar por toda la casa el móvil que no para de sonar, lo rescato como un náufrago abatido  bajo una de las pilas de libros que se desperdigan entre el sofá y los sillones.

Por supuesto, la que llama es Pitita:

—¿Te pillo en mal momento?

—Últimamente, lo difícil es que me pilles en uno bueno…

—Ay, chica, pero qué exagerada eres, no es posible que estés peor de lo que sueles estar siempre.

—Un poco peor,  sí, me he roto el brazo izquierdo.

—¿El izquierdo? Pues ya ves tú, eso es nada de nada. Con la derecha se escribe mucho mejor.

—¿Lo dices con intención?

—Jajaja, qué va, figúrate que Cervantes y Valle-Inclán, cuando se accidentaron del brazo izquierdo, escribieron lo mejor de su obra.

—Me sorprendes, Pitita.

— ¿Y por qué? A mí me gustaba mucho la literatura cuando estábamos en el colegio ¿te acuerdas?

—¿Cómo no voy a acordarme, Pitita?

—Pues no lo parece, se diría que a veces te olvidas de tus orígenes…Y te digo una cosa, no es motivo ninguno para avergonzarse ser de buena familia e ir a un colegio de pago. La literatura no es sólo cosa de rojos. Mira, si no, lo que ha citado Juanma en su discurso de investidura a Antonio Machado, García Lorca y Rafael Alberti.

—Ah, por eso me has llamado ¿lo quieres celebrar?

—Pues no te creas, a mí lo de Juanma me preocupa, porque, chica, ha prometido muchas cosas bonitas y a ver cómo las va a cumplir ahora. Como yo lo veo, se está mejor en la oposición. Ahí puedes criticar, cómodamente, lo mal que lo hacen los otros, eso siempre queda bien, pero si gobiernas todos los palos se te vienen encima…Por el momento, tiene el boicot de las mujeres feministas y hasta de los hombres feministas, que se supone que son todos de izquierdas, porque se han inventado ellos llamarse así para conseguir, bueno, lo que quieran. En fin, una tontería muy grande, porque, de corazón, ¿tú de verdad dirías que el coletas es feminista? ¿Y eso de que como es feminista lo hace mejor? Ya me entiendes…

—Pues…

—Si hay hombres feministas, no van por ahí diciéndolo, nena;  eso consiste sólo en portarse bien con las mujeres, no es de izquierdas ni de derechas, y los que lo hacen no se ponen ninguna etiqueta, les sale de natural. Mira, por ejemplo, Iñaki.

—¿Iñaki?

—Iñaki ha elegido ir a la cárcel de mujeres. Así, sin prejuicios ni nada, eso sí que es ser feminista, pero no presume de ello y cómo funcionar, funciona fantástico,  ya ves la pila de hijos que tiene.

—Le va bien allí ¿no?

—Divino. Cristina, al principio, estaba preocupada, imagínate, han sido las peores Navidades de su vida, pero ahora que sabe lo bien que lo tratan, está más tranquila. Oye, que en Nochebuena le pusieron de cenar langostinos, entremeses, cordero y, de postre, turrón y desayunó al día siguiente chocolate con churros. Y yo le dije; Cristina, guapa, si tu marido es capaz de cenar eso y luego a la mañana desayunar chocolate con churros tiene que tener un estómago de acero o estar de muy buen humor.

Claro, claro, Pitita, el problema es que todo eso pone en entredicho la honestidad. Semejante cena y desayuno no se lo pudieron permitir mucha gente honrada en tan señaladas fechas; igual, como mucho, se le quedó el asunto en unos macarrones con tomate y eso da que pensar. Por este camino, el honesto empezará a envidiar la fortuna del delincuente, que tiene un techo caldeado bajo el que cobijarse y una comida fetén y llegará a la conclusión de que su honestidad no sirve sino para pasar necesidades y, en lo mismo, los delincuentes, si están tan a gusto en la cárcel, no quieren salir y cuando lo hacen, sólo piensan en cometer otro delito para volver a ella. Por lo que cuentan, el asesino de Laura Luelmo, antes de que lo pusieran en libertad y cometer el crimen, dijo que no estaba capacitado para llevar una vida normal y que si lo echaban, volvería a cometer un delito para regresar. Y lo hizo.

Hace unos años escribí un relato «El vecino tranquilo», que se recoge en mi libro «Masculino Singular», donde se hablaba de un albañil, que después de dos años de paro, enloqueció y mató a su mujer y a su hija, yendo a parar a la cárcel, donde vivió tan buena experiencia que no quería ya salir de allí. Luego comprobé que lo que relaté no era nada exagerado, pues en un cuento de Ignacio Aldecoa, el Chejov español, hallé personajes marginales que en anteriores tiempos de carestía  transgredían la ley por encontrar cobijo y comida en prisión.

No es probable que, según dice el determinismo biológico,  el crimen sea una actividad a la que se entregue por natura canalla la pobre gente, pues si ésta tuviese trabajo, casa , comida y estufa, lo más probable es que observase la ley. En cambio, en cuanto a que los ricos cometan actos delictivos, no se puede explicar sino por un vicio perverso.

La solución, sin embargo, parece sencilla. Si ese dinero que sin necesidad roban potentados y poderosos  se invirtiese en crear empresas para ocupar a los pobres, el delito casi desaparecería de la faz de la tierra.

Cuando el mejor destino para una persona es la cárcel, hay que plantearse que algo se está haciendo mal. Muy mal.

Pituteces

11 May

Hoy Pitita me ha invitado a la inauguración de su nueva tienda de complementos «Pituteces».

–¿Sabes, chica? El otro día, después del gimnasio, estuve tomándome unas cañas con Cuqui Valdeñoña y Nenita del Maestrazgo y les dije que necesitaba hacer algo para ocupar el tiempo libre y sentirme útil y ambas me propusieron esta idea.

–¿Y por qué no pones un negocio de accesorios? Tú tienes muy buen gusto y don de gentes. Será todo un éxito.

Oyes, que me lo quedé pensando y me dije de todas, todas, que sí, que se me podía dar muy bien. Llega un momento en el que una tiene que alcanzar su sueño ¿no te parece?

–Claro, Pitita, esa frase es fantástica para tu libro de autoayuda.

–Ah, ya, lo del libro lo tengo un poquito aparcado, es que, oye, he pensado yo que para levantar el ánimo de la gente es mejor poner una tienda. Comprar consuela más que leer libros ¿no crees? Y es, además, como más interactivo, ¿qué me dices?

–Ay, Pitita.

Pues bien, se lo dije a Quique a la tarde y no te puedes imaginar lo contento que se puso.

–Pues, claro, Pitu, esa tienda te va a venir de perlas. Trabajarás en lo que te gusta y tendrás tu espacio propio. A cierta altura, las parejas se pueden asfixiar de tanto convivir y verse a cada instante en el hogar.

–¿Pero qué dices, Quique? Si tú casi no vienes por casa.

–Bueno, tú tampoco, pero, a partir de ahora, creo que yo voy a ir más.

La verdad es que no sé lo que quiso decir. El caso es que me alegró mucho que me apoyase. Hay que ver qué marido comprensivo es Quique.

–Ya, es un primor, pero, dime, ¿cómo vais a pagar el alquiler del local? En mi barrio no dejan de cerrar negocios de toda la vida, porque los alquileres han subido una barbaridad.

–Tú siempre con tus temitas sociales, es que no tienes remedio, pero, oye, te digo yo una cosa, que igual esa gente tendría que haber ahorrado para comprar el local y ahora no encontraría problemas con los alquileres.

–¿Vosotros habéis comprado el local?

–A ver, no, es un bajo que heredó Quique de Cayetano, su tío soltero. El pobre hombre quería a mi Quique como a un hijo.

–De pobre, nada, Pitu, compró en inmuebles lo que no está escrito.

–Sí, es que era muy emprendedor y tenía visión de negocios.

–Por cierto, a su amigo Manu lo veo mucho. Vive en mi barrio. Está muy mal de los huesos y va con un andador. Me cuenta que tiene una pensión irrisoria y, por tanto, apuros económicos.

Se produce un denso silencio entre Pitita y yo. Las dos sabemos que Manu era pareja de Cayetano y que, de haberse podido casar, no sufriría tales penurias.

–Bueno, nena, vendrás a la inauguración ¿no?

–Me cuesta mucho salir últimamente, tú lo sabes…

–Sin embargo, vas a actos literarios de vez en cuando…

–Sí, también me cuesta, pero es que eso es muy importante.

–¿Y lo mío no, guapi? ¿Vas a dejar sin apoyo a tu amiga?

Voy. Es mucho más fácil ir que decirle que no a Pitita. La tienda, llamada «Pituteces», es como una casita de chocolate. La fragancia del ambientador huele a chucherías y ya invita a comprar cualquier cosita de las que se prodigan en los estantes; pañuelos color pastel con estampados de flamencos, bolsos de playa decorados con estrellas, colgantes de libélulas y pulseritas de cordón con abalorios, etc…ese tipo de artículos que se adquieren con gusto y luego se quedan en casa, olvidados en un rincón.

Pitita viene a mi encuentro con dos copas en la mano y me ofrece una.

–Mira, no hemos puesto cava por lo del boicot a los productos catalanes y el champagne es demasiado caro, pero verás qué rico está este René Barbier.

–El René Barbier también es catalán.

–Hala, es verdad, vaya por Dios, ¿qué te parece mi tiendecita?

–Muy mona, vas a triunfar…

–Ay, chica, no sabes cuánto me ha costado montarla y qué de disgustos me he llevado. A última hora me vino el del cartel y vi que habían escrito «Pijerías» en lugar de «Pituteces». Pero, vamos a ver, le dije al empleado, ¿qué es esto?

–Un despiste, es que como usted es «Pijigualda».

–¿Piji..qué?- le respondí yo.

–Ya- digo enrojeciendo- no sé en qué estarían pensando…

–Dime una cosa- pregunta Pitita mientras clava en mi pupila su pupila azul- ¿tú crees que soy pija?

–No, Pitita, tú sólo eres rubia.

–Rubia de toda la vida- observa.

-Pues ésa es la cuestión. Ser rubia de toda la vida es marcar una clase. Si fueses rubia de bote serías princesa del pueblo, pero el rubio natural es enseña de alcurnia.

Pitita se queda unos segundos oyéndome sin parpadear y luego concluye:

–Tú me estás tomando el pelo ¿verdad?

–Pues claro que sí.

–Oye, cuando llegues a casa, te metes en face y le das un «me gusta» a la tienda Pituteces.com, así participarás en nuestros concursos semanales de artículos.

En el primero, te va a tocar de todas, todas, la camiseta de Snoopy. Mírala, qué cuca, te la tengo ya reservada.

–¿De verdad? Voy a estar muy nerviosa toda la semana hasta que se produzca la rifa…

–¿Ves ésa que está hablando con Quique?, es Lauri, me hará de dependienta por las tardes.

–Se lleva muy bien con tu marido ¿no?

–La conocemos de toda la vida. Es para nosotros como una hija.

–Desde luego, es idéntica a ti hace…veinte años.

–Eso dicen todos, jajaja.

Aporofobia

13 Abr

–Mira, chica, si sigues dándoles algo a todos los pobres que se acercan a la mesa, ya no voy a salir más contigo ¿es que no ves que si le das a uno vienen todos los otros detrás?

–Oigan, señoras, es que tengo tres hijos y llevo mucho tiempo parado ¿me comprarían este cenicero artesano? Los hago yo.

–Fíjate, Pitita, es muy bonito. Lo ha hecho con una lata de Fanta.

–Sí, una auténtica monada. Así le hace compañía a los cuatro mecheros que has comprado, a la pulsera de conchas marinas y a las varitas de pachuli. Esta mesa se va pareciendo ya a un bazar.

–Gracias, señoras, tengan buena tarde.

Pitita enciende muy nerviosa un cigarrillo y yo le ofrezco el cenicero de la Fanta.

–Bueno, espero que ésta sea tu última adquisición de la tarde ¿pero tú no te das cuenta que con este trasiego no nos dejan ni hablar? ¡menudos pesados! Y te digo yo una cosa, que te están engañando. Dicen que piden para comer y no es eso. En este país hay comedores sociales y a nadie se le niega un bocadillo ni tampoco una cama en los albergues…

–Y si es así, ¿por qué tantas personas duermen en los cajeros?

–Pues…porque son muchos, demasiados, vienen de sus países, muertos de hambre, y se creen que esto es Jauja. Y no, aquí no podemos acoger a todos los pobres del mundo.

–Bueno, Pitita, la crisis mundial ha creado a muchos mendigos. Era gente que llevaba una vida normal y, por las circunstancias, se han convertido en marginales. No es justo que el capitalismo cree lacras de las que luego reniega.

–¿Y ahora me vas a venir con un discursillo comunista? Desde luego, chica, tú me quieres dar la tarde…

–Pero es que la aporofobia…

–¿La aporofobia?

–Sí, precisamente, ahora me voy a Archidona a presentar un libro de Javier Rodríguez Barranco, que trata de la aporofobia.

–¿De Barranco? ¿ Ese chico no es un poquito hippy?

–¿Hippy? Es escritor, editor, ensayista…

–Y hippy, no me digas que no, he sabido que cata paellas de conejo en comunas de esas, eso suena regular, pero, en fin, tú eres muy libre de escoger tus amistades, luego no te quejes…

No me quejo. Hoy voy a presentar la novela «Nunca he sido la musa de nadie» de Barranco que indaga sobre la condición de los marginales, de los que viven con angustia la diferencia en una sociedad desquiciada que no admite crítica alguna. La aporofobia es una estrategia para dar cabida a otros temas, pero ya, en sí mismo, es complejo como tema.

Leo reportajes sobre la aporofobia y me paralizo de horror. Hoy día llegar al extremo de la mendicidad no es tan difícil. Los despidos exprés, el impago de las abusivas hipotecas, los contratos basura, las pensiones raquíticas, los desahucios…pueden llevar a un ciudadano medio a dar con sus huesos en la intemperie.

Así se convierte de la noche a la mañana en un maldito, en una criatura incómoda, en un blanco fácil para la crueldad de los que no tienen principios ni empatía.

Aquellos valores morales que nos transmitió la educación religiosa, con sus pros y sus contras, no han sido sustituidos por nada; la sabiduría podría haber sido un magnífico suplente, pero no se ha contemplado como alternativa. Los contenidos bajan hasta lo ínfimo; fuera las lenguas clásicas y la filosofía, fuera todo…

Chicos, amparados en la ignorancia y la amoralidad, sin ningunos escrúpulos se dedican a atormentar a estos mendigos con suficiencia psicópata. El ritual de humillar y agredir a un indigente forma parte de la diversión. Salen de las discotecas y, como broche, aporrean a un mendigo o incendian un cajero donde duermen transeúntes, que se rinden al pánico, redoblado por la claustrofobia.

Si el mendigo es mujer, la oferta de diversión, se multiplica. Muchas han sido agredidas sexualmente, forzadas y violadas.

Menores adolescentes, veinteañeros ¿en qué engaño viven? ¿Cuánto les va a durar esa supuesta superioridad? Sin formación, sin un escudo que no es más que la sobreprotección de padres irresponsables y leyes equívocas, a los treinta también podrían ser carne de calle. Gente que sufrirá las mismas humillaciones y agresiones que infligen. Los minijobs, los nulos recursos aprendidos, su incapacidad para defenderse por sí mismos los puede arrastrar a igual intemperie.

Pero esos otros, muchachos de familias pudientes, no creen que tengan nada que temer. Tendrán el aval de sus privilegios y, encumbrados por sus prebendas, no verán un ser humano en quien vive en la miseria. Pueden patear la cabeza de un mendigo, violar a la mujer que duerme cubierta por cartones y, a la vez, quién sabe si algunos son capillitas, ya ni siquiera eso se ve incompatible.

He estudiado en un colegio religioso donde se proclamaba la igualdad del ser humano, el respeto a todos nuestros congéneres y, en la universidad, aprendí la misma lección de Rousseau y de Voltaire. Con Dios y sin Dios, este fascismo troglodita es intolerable.

Un chico de diez años golpea a su profesor porque es menor e impune, cuando tiene trece golpea a otro chico de su edad por gusto, pues es menor y tampoco ello será penado y, cuando alcance los veinte ya estará lo bastante endiosado como para arremeter contra lo que considera escoria de la sociedad ¿Por qué se permite que esto ocurra?

A estas alturas- es una expresión- es poco decir que estamos regresando a los tiempos del primer franquismo, el segundo, con el dictador fuera de juego, casi era ya democrático. Esto, en fin, me parece más propio de la esvástica hitleriana. Qué bajón.

Un concepto

6 Abr

Hoy Pitita me ha acompañado al médico y, al salir, se ha empeñado en ir a un bar de Huelin.

-En realidad, más que un bar, ya sabes, es un concepto.

Al oír lo del concepto, me temo que mi amiga me quiera llevar al local de alguna secta orientalista, donde nos agasajen con infusiones de azahar y ajonjolí y nos ganen para su credo con frases de superación de los Vedanta Sutra.

-Oye, Pitita, no estoy yo de ánimo para nada y mucho menos para conceptos.

-De eso se trata, de que estés de ánimos. Ya verás lo bien que te lo vas a pasar en el tingladito de Peter y Erol. Son unos maestros en proyectar conceptos de ocio y no te hablo sólo de cocina fusión, es el ambiente que crean…

¿Concepto de ocio? ¿Cocina fusión? Y quién sabe si tal vez una divertida pieza de microteatro…No, la verdad es que no estoy de humor, pero la sigo, por pura fatalidad- porque es imposible negarse a las iniciativas de Pitita- y porque la falta de humor ya no me la quito en casa, ni mucho menos. Cuando el ánimo se tuerce así, de esta manera, una se lo lleva a dondequiera que vaya, donde esté y a la hora que esté.

El local de Peter y Erol huele a curry y repollo hervido, tiene mesas altas, taburetes y un empapelado vintage y, si es algo más que un bar, por el momento no lo aparenta.

Sale Peter a recibirnos; un alemán muy rubio y amable de unos treinta y tantos años con el que Pitita parece tener mucha complicidad.

-Sabes, chica, Peter es decorador de interiores y estilista. Pero también se le da muy bien la hostelería, este chico es una joya, y Erol, su pareja, cocina de muerte.

Saluda Erol entonces desde la ventana de la cocina. Un hombre de la misma edad de Peter con cabellos, de tan negros, azulados, misterio bronceado en la cara y sonrisa irresistible de dientes blanquísimos a lo Georges Corraface, cuando sedujo a Ana Belén. Parece turco, o sea, turco de los que quitan el hipo.

-Qué suerte tienes, Peter.

-Sí, claro, Erol es un as de la cocina.

-Ya, eso también.

Peter va a prepararnos unos cócteles con zumo de tomate, menta y un chispazo de algo y los trae a la mesa humeantes.

-Es el toque de oxígeno- comenta.

No pedimos nada de picar, porque las normas de la casa, me explica Pitita, es dejarlos hacer para que nos sorprendan. Forma parte del concepto.

Me escaman las citadas normas, pues las sorpresas fuera de carta, suelen ser un gran clavo y, si son conceptos, mucho más. Los conceptos son cosa abstracta en la fantasía, pero cuando se materializan en la cuenta, hieren como puñales, sumando cifras de tres.

Sus componentes pueden ser cualquier amasijo de ingredientes mezclados en batiburrillo, que no necesitan ser muy caros, pues en definitiva lo que se paga es la imaginación del chef.

Las recetas de toda la vida se han creado igual que los conceptos. O sea, en sustancia, la situación era que una personalidad llegaba a un palacio de imprevisto y el cocinero tenía que apañárselas con las cuatro cosas que tuviese en la despensa. Así nacieron al mundo la pizza margarita, la tortilla francesa y el dulce de leche, por ejemplo.

Y así ahora trae Erol a nuestra mesa algo muy parecido a dos hamburguesas…diminutas sobre sendos ladrillos, nada diminutos por cierto. Y se dispone a explicarnos el plato, pues cuanto más pequeño es, más explicaciones necesita. De modo que empezamos el discurso por los ladrillos, que no son unos ladrillos cualquiera, sino cocidos con hueso de aceituna, cáscara de almendra y podas forestales de los bosques de Muniellos.

-Anda, mira tú por dónde.

-Sobre estos ladrillos, se mantiene caliente el plato y, a su par, le añaden una cualidad aromática-comenta Erol.

-Pero no se comen, ¿no?

Pitita me mira imperativa y escandalizada con un texto claro,» cállate», y añade:

-Y qué apetitosa se ve esa hojita de espinaca.

-Claro, porque lleva dos días macerándose en vinagre de Módena y luego la hemos escarchado con azúcar de palma de coco.

-Qué cucada ¿y la carne?

-La carne es de soja y el queso vegano.

-¿Cómo es eso?

-Pues, naturalmente, no viene de las ubres de un animal, sino que se compone de agua, aceite y almidón.

-Pero el tomate es tomate ¿no?

-Por supuesto, el tomate es vegetal del auténtico; un cherry como el que más.

-¿Y está caramelizado?

Erol deja las explicaciones y, en un tono seco y cortante, se retira muy digno a la cocina:

-Que disfrute de la comida, señora.

-Lo ves- dice Pitita indignada- has ofendido a Erol con tus comentarios irónicos. Con lo que ha trabajado en este plato, el pobre, y lo sensible que es, desde luego…

-Lo siento, Pitita, he tenido un mal día.

-Pues avísame cuando tengas un día bueno, porque últimamente…¿pero qué haces, chica, estás llorando?

-¿Yo? será la cebolla…

-Si no tiene cebolla.

-Ya, no tiene casi de nada…

Cruzamos las miradas y nos echamos a reír. Entonces viene Peter con los cafés turcos.

-Apuradlos pronto, que os voy a leer el futuro en los posos del café.

Supongo que eso forma parte del concepto. Hemos comido poco, pero vamos a conocer nuestro futuro. Eso es impagable.

-Lo veo claro, Pitita, vas a tener otro hijo.

-Jajaja ¿con la menopausia?

-Sí, y a tu amiga le darán por fin ese papel en el cine…

-¿En el cine? Pero si es escritora.

-¿De verdad?

-Oye, Peter, estoy oliendo a cordero asado.

-Sí, lo está preparando Erol, es lo que cenamos cuando se van los clientes ¿no os habréis quedado con hambre?

-Puessss…, ¿podemos probar un poquito?

Casarse con un escritor

30 Mar

Pitita se va al Caribe cuando la Semana Santa viene lluviosa y si está soleada se esconde en Pedregalejo.

-¿Sabes, chica? Yo soy católica, apostólica y romana, pero la Semana Santa no me va. Me parece una fiesta triste y fúnebre, con todo ese desfile de imágenes llorosas o agonizantes, que son sagradas, no te digo yo que no, faltaría más, pero es que, al verlas, se me encogen las carnes. Cómo te lo diría, el humo del incienso me hace lloriquear los ojos y la llama de los cirios y los tambores, ay, qué sé yo, me impresionan, me hielan la sangre.

Por otra parte, tú sabes que por congraciar a la cofradía de Quique, he salido muchas veces de mantilla. Guapísima que estaba yo, porque el negro nos sienta a las rubias divinamente. Hay que ver lo bellísima que salió Marisol en el cartel de esa guisa, retratada por Antonio Montiel. A mí, desde luego, esa chica me encanta, lástima que, en un tiempo, se casara con Antonio Gades y se hiciera comunista, pero a lo que íbamos, que lo de la mantilla no lo repito yo más. Imagínate tantas horas de pie por toda la ciudad con los tacones de aguja. Me salieron un montón de callos en los pies y hasta un juanete, que en las últimas paradas casi me planto y me pongo a cantar una saeta; ay, ay, ay, ay…

En una de esas, me dije, se acabó lo de hacerse la Pascua, ahora si me llaman, que sea para el Rocío, que es una fiesta bien alegre y más descansada.

-Pero ahí también se hace el camino, Pitita…

-No tanto, si vas en una buena carreta y, además, que lo suyo es pararse a cada rato a reponer fuerzas y, de repuestas, a bailar las sevillanas. Como una romería no hay nada en el mundo. Que camine quien quiera, cada cual a lo suyo, pero quien tiene carreta en condiciones y casa en Almonte, está toda la romería la mar de a gusto. Ya te digo, yo soy una romera como la que más, una devota de la Blanca Paloma, lo que no quita disfrutar de la fiesta con ciertas comodidades.

A Pitita, fervorosa de los placeres, sacerdotisa del hedonismo, le horroriza todo lo que refleje dolor, por ello le repele la Semana Santa que, aunque venga con un toque festivo, exalta en el imaginero el sufrimiento.

-Oye, pero esto no se lo contarás a nadie ¿verdad? que quede entre nosotras ¿de acuerdo?

-¿Cómo se te ocurre, Pitita? Yo soy una tumba.

-Es que dicen que es un riesgo estar con un escritor, pues tarde o temprano, lo larga todo. Imagínate, ahora hasta la Reina Letizia andará en lenguas por culpa de Alonso Guerrero.

-¿Y quién es ese Alonso Guerrero?

-Hasta ahora nadie; un profesor de instituto de literatura, creo que de Mérida, que escribía libros de vez en cuando, pero da la casualidad de que estuvo casado con doña Letizia antes de que fuese Reina y ahora se le ha ocurrido contarlo. O casi, porque cuenta unas cosas y otras no. Y eso que siempre ha dicho que quería guardar toda aquella experiencia en la más estricta privacidad.

Se ve que le han entrado ganas de vender, por fin, algún libro y salir del anonimato.

Un instituto deber ser muy aburrido ¿no?

-No, qué va, no te creas.

-Pero se ganará poco…

-Bueno…

-Menos, en todo caso, que Jimmy Giménez Arnau, el conde Lecquio o Belén Esteban y, claro, es difícil renunciar a una oportunidad así. Es que cualquiera tiene una relación con un famoso y ya puede vivir de contarlo en los platós.

-Pero si es un libro, Pitita.

-Ya, primero será el libro y luego vendrán los programas. Si no, ya verás.

Lo que yo me pregunto es por qué ahora que vuelve a actuar la censura, no le censuran el libro a ese señor. O le dan un dinerito para que se calle o se activa el delito de injurias a la Corona. Lo bonito de la Monarquía era antes que hiciesen lo que hiciesen los Reyes en su vida privada nunca salía en los papeles y mira que hacían cosas, pero con los rumores bastaba ¿para qué hacerlo público?

Si vamos a empezar a tomarnos la Monarquía a choteo, esto va a ser un sindios.

-¿Pero tan grave es lo que cuenta el libro?

-Gravísimo, dicen que en algunos párrafos hasta hay descripciones de la desnudez de la Reina. Te hablo de memoria, porque yo ya he conseguido un ejemplar, pero por supuesto no me lo pienso leer.

Es que, oye, menudo disgusto se van a llevar los eméritos; no quisieron que Felipe se casara con Eva Sannum, porque posaba en ropa interior como modelo, y ahora vamos a saber cómo es la elegida sin ropa interior siquiera.

Desde luego que es mala suerte, lo de haberse casado con un escritor, siempre acaban sacando los trapos sucios cuando se quedan sin argumento.

Ya sé que no es lo mismo, pero dime tú que te cuento cosas de mi vida íntima de corazón y tú las publicas así como así. Menos mal que sé que eso nunca lo harías, que eres una persona prudente y puedo confiar en ti de todas, todas ¿verdad?

-Claro que sí, Pitita, no lo dudes.

El marzo de los 68

23 Mar

En mi habitación oscura de migrañosa se abre paso entre las tinieblas, nítida y rotunda la voz de Pitita.

-Hola, nena, ¿te pillo en mal momento?

-guuyiyttu mighyij kiuouklñ

-Es que ¿sabes? he encontrado una aplicación super-guay en el móvil. En plan de que puedo hablar con mis contactos, sin que ni siquiera tengan que cogerlo ¿qué te parece?

-Yoj migrkgñ tremdef, cabezko mestallun ay

-Chica, no te entiendo nada. Te expresas peor que Marianito. Si no fuera porque te veo yo como más de la cáscara amarga, diría que se te está pegando algo de Marianete.

-¿Mariaj qadich?

-Decir, decir, nada, que tanto lía lo que habla, que te quedas in albis. Así que lo llamé el otro día para que me aclarase su postura sobre las pensiones.

-¿Pensijnes?

-Sí, mira, le dije, Marianito, por favor, ¿cómo es eso de que subiréis las pensiones como se puede, pero no como no se puede?

-Yo he dicho lo que he dicho y lo que no he dicho no lo he podido decir- me contestó él.

-Ya, eso está un poco más claro y tiene su puntillo enigmático y gallego, pero, a lo que íbamos, ¿subiréis las pensiones o no? No me preocupa por mí, ya lo entenderás, porque estoy muy lejos de llegar a la tercera edad, pero tengo amigos que sí. Y están la mar de alborotados.

Con tanto verlos tan indignados por la tele en las manifestaciones, me da que se van a volver podemitas y te van a retirar el voto ¿Y qué vas a hacer tú sin el voto de los jubilados?

Los pensionistas suelen ser conservadores, pero también muy frioleros y sus pensiones están congeladísimas ¿Es que no te dan sentimiento esos seres humanos?

-Claro, Pitita, como yo siempre digo, somos sentimientos y tenemos seres humanos.

y también digo que es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde.

-Me parece que te estás equivocando de campaña.

-Todas las campañas son campaña cuando las campañas son una campaña.

-Muy bonita, la frase, Mariano, la voy a colgar en mi muro de Facebook en color azul cielo.

-Pues todavía tengo otra mejor; que los españoles son muy españoles y mucho españoles y la culpa de todo es de Puigdemont.

-Sí, ya, y que te gustan los catalanes porque hacen cosas.

-Ay, me has dado con la llaga en el dedo. Pitita, te estás pasando…Pero, por Dios, mujer ¿y a ti que te importa el tema de las pensiones si no has trabajado nunca?

-Ya, ya, pero Nachito y yo heredaremos la pensión de viudedad cuando Quique muera, así ¿que qué?

-Así que nada. Si Nachito todavía no ha terminado la carrera para entonces…puede que la política. En fin, ya le buscamos algo.

-Ahora sí que te entiendo divino, Mariano, qué alivio tan grande me das.

¿Y qué tal el tiempo en Madrid? Es que aquí, en el sur, llueve a cántaros ¿no será que se ha puesto el mapa del revés? Debe ser, porque cambio climático no hay ¿verdad?

-El cielo está enladrillado, ¿quién lo desenladrillará? El desenladrillador que lo desenladrille…

-Ay, Mariano, me quedaría oyéndote toda la tarde, pero es que tengo un evento y he de empezar a arreglarme, que no me gusta llegar tarde más de media hora. Un besito (push, push).

Y eso fue todo ¿Qué te parece, chica?

-fdgkkk luij prr ouuu

-Bueno, bueno, ya hablamos en otro momento.

Cuelga Pitita y me vuelvo a amodorrar. No sé si la he soñado, si su conversación es otro sueño dentro del sueño. La realidad y el paso de las horas son difíciles de discernir en esta habitación oscura de migrañosa que me recluye como en el romance del prisionero, «Sino yo, pobre y cuitado, que vivo en esta prisión, que ni sé cuando es de día, ni cuando las noches son».

Que por marzo, era por marzo, un marzo lluvioso y frío sin atisbo de incipiente primavera. Un marzo del 18, que más bien podría llamarse marzo de los 68, porque no son esos jóvenes de la célebre fecha quienes salen a la calle, o sí, son ellos con su carga de edad cumplida, con sus años derrotados sobre los hombros ¿Quién les iba a decir que tendrían que repetir su lucha a estas alturas?

Esto no es una sociedad, sino una suciedad, si se permite que nuestros mayores tengan que pedir a gritos en la calle, unos derechos inexcusables a la dignidad que tendrían que resolverse en el Congreso. Llevan a sus espaldas una vida entera de trabajo y de sacrificio, muchos han luchado en su día por la democracia que hemos disfrutado y su pensión, su exigua pensión, ha servido para sacar de apuros a hijos y nietos en paro. Y, a fin de cuentas, en lugar del reconocimiento que merecen, se les despacha con una retribución que ya no da ni para mantenerse a sí mismos.

Si, como es lo más común, requieren atención médica, si necesitan operarse han de esperar larguísimos meses, jugándose la vida en la espera. Que no hay dinero, dicen, que no hay dinero ¿y para qué lo hay? ni para cultura, ni para dependencia, ni para sanidad, ni, por supuesto, para pensiones. Entonces ¿en qué se van los impuestos que pagamos?

Me dicen que en pagar a políticos que no resuelven nada. Es duro, tan duro de no poderse creer y, además de duro, es indecente ¿vamos a permitir que nuestros mayores pasen por alborotadores? ¿Caerá sobre ellos una carga policial? Si los dioses romanos vieran eso atraerían sobre nuestros pagos una descomunal tormenta por el pecado más nefando de la impiedad.

En cierto modo, ya lo están haciendo, este marzo guerrero viene cargado con la cólera del cielo. Hagamos lo posible y lo imposible por que la primavera sea nuestra, pues todavía es nuestra la última palabra.

Los aprendices masocas

9 Mar

Estaba yo muy afanada intentando trabajar en el ordenador cuando la cara de Pitita me ocupó toda la pantalla.

-Hola, nena- me dijo aquella cara inmensa en tiempo real- ¿te pillo en mal momento?

-No, qué va- mentí yo con muy mal fingida hipocresía.

-Es que, sabes, he descubierto una aplicación muy divertida que te permite localizar a tus amigos e interactuar con ellos en cualquier momento y, de todas, todas, necesitaba hablar contigo. He pasado una noche horrorosa por culpa de una pesadilla…

-¿Y eso?- pregunto ya resignada a perder el texto interrumpido.

-Figúrate, chica, he soñado que era una concursante del programa «Maestros de la costura» y Lorenzo Caprile me reñía muchísimo. Él y el resto del jurado, esa chiquita del flequillo, y el otro muchacho, Alejandro, me habían ordenado customizar un mono de seda en quince minutos y yo, apuradísima, le cosía algunos parches de colores. Entonces venían todos ellos, con cara de muy mala uva, a ponerme más nerviosa todavía, y zaherirme:

-Pero, Pitita, ¿Se puede saber qué haces?

-Pues customizar el mono, o sea, lo estoy poniendo en plan «Custo».

-¿Ah, sí?- replicaba Alejandro con sangrante ironía- pues sabes lo que te digo, que esa birria tuya parece uno de esos trabajitos manuales, de los que hacías en el colegio para el día de la madre.

Casi, casi me puse a llorar de lo mal que me sentía, cuando Caprile añadió:

-Estoy completamente de acuerdo con Alejandro. Me da horror ver cómo destrozas ese mono de seda. Eres la peor concursante del programa.

-Lo que pasa, Lorencito -le repuse- es que eres un misógino.

-¿Lorencito?- ¿cómo te atreves a llamarme así, a mí que soy el árbitro absoluto de la gran costura?

-Te llamo así porque te conozco de toda la vida ¿qué pasa? Y, por eso, sé cómo eres; misógino, misógino y más que misógino.

-¿Me vas a llamar misógino a mí, que me ocupo de embellecer a las mujeres?

-Te lo llamo a ti y a todos los modistos, que sólo queréis que las mujeres estén muy delgadas para que no le gusten a los hombres. Por culpa de tus diseños, la reina se ha quedado en los huesos, que, para poder meterse en tus vestidos, ya no come nada la pobre ¿y sabes lo que te digo? Que la mujer ha de tener sus redondeces. He ido a una exposición de Picasso y Fellini y ya se ve que les ponían muy surtiditas de todo…Esos sí que eran unos artistas machotes.

-¿A una exposición? ¿Te estás volviendo intelectual, Pitita? De veras que me decepcionas. Lo mismo hasta eres ya feminista. Tú sí que has cambiado.

-He cambiado, sí, ahora soy una artista de la pluma y veo las cosas de otro modo.

-¿Una artista de la pluma? Ya se te ve, te estás volviendo intelectual y machorra.

-Y tú un misógino machista.

-Y tú una homófoba, que eso es peor todavía.

O sea, que imagínate, nos insultamos un montón el uno al otro toda la noche, menuda pesadilla, me he levantado medio muerta.

Me pongo a pensar en «Maestros de la costura» y otros concursos similares de los que es secuela, como «Operación Triunfo», «Tu cara me suena» o «MasterChef». Básicamente se trata de que un jurado implacable acaba con la autoestima de unos principiantes de lo que sea, a base de comentarios sangrantes y descalificaciones, se entiende que por su bien y para que aprendan de verdad. Un método, que fue condenado hace la pila de años en las aulas por cruel y desmotivador y ha pasado a los platós como lo más de lo más.

O sea, esos mismos chicos a los que, según la pedagogía moderna, hay que tratar con guante de seda en colegios e institutos para que no se traumaticen y colmarlos de elogios y menciones a fin de que aprendan con el estímulo de la motivación, son capaces de ponerse luego a las órdenes de un jurado durísimo que los somete a exigencias inflexibles, dedicándoles toda clase de ironías y sarcasmos humillantes, mientras agachan la cabeza con una sumisión masoca y borreguil, pues resulta que admiten que en cuestión de aprendizaje, la letra con sangre entra, y quien dice la letra, dice el sofrito, el cante o el baile o la aguja ¿Les va la marcha o es sólo una moda? Si es una moda, es una moda antiquísima, la del maestro Ciruelo que mandaba hacer copias o ponía a los niños indisciplinados de cara a la pared y se burlaba de los torpes.

En fin, el sadomasoquismo como práctica, como esencia vintage en pleno siglo XXI; hacer daño o sufrirlo como en las básicas leyes depredadoras y animalescas ¿pero qué pasa con los hedonistas? ¿con los librepensadores? ¿con los autodidactas? ¿con esa gente que aprende a su libre albedrío y por placer? El hedonismo tiene sus días contados. O siempre los tuvo, por algo fracasó la Institución Libre de Enseñanza. Un ideal sin reprimendas, sin castigos, que transcendía a la propia naturaleza humana. Sin exámenes, nadie estudia. Sin recriminaciones, nadie se pone las pilas ¿por qué?

-Oye, chica, ¿estás ahí?, mira, que he pensado yo en algo para sacarme el disgusto de lo de Caprile ¿Sabes que he descubierto una ostrería fantástica en Barcenillas y muy baratita? Se llama Los Reyes ¿Vamos a tomar el aperitivo? Las ostras no engordan, pero igual si sí. Hay que vivir la vida.

-Claro, Pitita, allá voy, dame cinco minutos.

La rubia de la copla

2 Mar

Hoy he quedado con Pitita para compartir una paella en el Maricuchi.

-Anda, nena, así te da un poco el aire, que te noto un poco mustia. Por el gasto, no te preocupes, invito yo, que sé que andas algo tiesa.

Llevamos unos minutos dándole al tenedor, cuando Pitita saca el tema de los himnos.

-Pues la verdad es que no sé yo qué importará que Marta Sánchez le ponga letra al himno de España. Total si, al final, nadie se las aprende. El himno de Andalucía tiene letra desde siempre y ¿sabes tú de alguien que se la sepa entera?

Convengo que casi nadie y eso que la letra, compuesta por Blas Infante, es bien bonita.

-No te digo yo que no, el problema de ese himno es que le pasa un poco como al Cumpleaños Feliz que es imposible cantarlo sin soltar un gallo. Pero, volviendo a lo de Marta Sánchez, a mí lo que me parece es que hay mucha discriminación.

-¿Discriminación?

-Sí, claro, con las rubias. Hay gente muy mala que cree que las rubias no podemos ser patriotas, ni hacer canciones españolas con sentimiento. Y fíjate, yo soy rubia de toda la vida, y más española no puedo ser.

Pero hasta hoy mismo siempre se ha identificado morena con españolidad y, más aún, cuando se habla de coplas; de ahí, eso de «La morena de la copla» y en fin de los enfines.

Algo de razón tiene Pitita, a mediados del siglo pasado hubo folclóricas que cantaban canciones de una esencia muy parecida a lo que ahora interpreta Marta Sánchez. Podemos sacar de aquel baúl algo añejo, las loas a la españolidad que arrancaban gorgoritos a la voz de Estrellita Castro en «Suspiros de España», inconfundible por su caracolillo en la frente, y el tema «En tierra extraña», asociado a Conchita Piquer. Todas ellas muy morenas y de bata de cola.

Al primer tema, que fue compuesto por Antonio Álvarez Alonso para servir como marcha de paseo de la Real Infantería, su sobrino, Juan Antonio Álvarez Cantos le puso una letra que durante la Guerra Civil simbolizaba la nostalgia por el país perdido:

Siento en mí triste emoción/ Me voy sufriendo lejos de ti/ y se desgarra mi corazón/. Nunca el sol me alegrará/  En el vergel de España, mi amor, como una flor siempre estará/. Dentro del alma te llevaré, cuna de gloria, valentía y blasón/ España, ya nunca más te he de ver/ De pena suspira mi corazón/.

El segundo tema «En tierra extraña», compuesto por Manuel Penella, trata de una colonia de españoles que viviendo en Nueva York lloran de melancolía una Nochebuena al oír el susodicho pasodoble. Es una letra muy sentida por vivida, ya que su autor, abuelo de las actrices; Emma Penella, Elisa Montes y Terele Pávez, pasó gran parte de su vida de giras por América, donde triunfó con sus óperas y zarzuelas hasta lograr representar una obra en el Park Theatre de Nueva York. También por aquellas tierras extrañas conoció a una mujer chilena con la que se casó y en ellas vino a morir (concretamente, en la ciudad mexicana de Cuernavaca).

Como Penella en 1927 componía su nostalgia a España desde algún rincón de América, ahora lo hace Marta Sánchez en 2018 desde Miami. Esto no es más que un síntoma de que la historia, tras casi un siglo, se repite. Los artistas hacen sus maletas para irse a América, pero no sólo los artistas, también los científicos, los jóvenes licenciados sin futuro y los parados de larga duración, más bien que a América, donde tercie. Por eso, el tema de la melancolía de la tierra española es ahora común a muchos españoles, los que se van, y de ahí que esta letra pueda parecer representativa. Así que si es un himno es un himno muy triste, que sabe como a exilio; a exilio añejo.

Marta Sánchez es una versión rubia de aquellas folclóricas tan patriotas, sólo que ha cambiado la mantilla y la peineta por su mono rojo y su melena suelta; amarillo sobre rojo, más rojigualdo, imposible.

Tan rojigualdo que las últimas frases son primas hermanas de «Banderita española», que cantaba Marujita Díaz.

Donde dice Sánchez; «Y si algún día no puedo volver, guárdame un sitio para descansar al fin», decía Marujita, «El día que yo me muera, si estoy lejos de mi Patria, sólo quiero que me cubran con la bandera de España».

-Claro que sí, Pitita, las rubias son tan españolas como las que más.

– Por supuesto, y lo de vivir en Miami no resta españolidad, Julio Iglesias vive en Miami y es más español que nadie.

A mí, chica, me parece fantástica la letra de Martita para el himno de España, tiene mucho sentimiento, y además que va bien hasta para los catalanes, que son españoles por más que se resistan algunos. Igual a esos «el rojo y el amarillo les brilla en su corazón y no piden perdón». Por no hablar de la penita que tendrán esas criaturas de dejar esto para irse a Bélgica o Suiza, con el frío que debe hacer ahora allí.

-Pitita, ¿no me estarás tomando el pelo?

-Pues claro, tú sabes muy bien que las rubias no tenemos un pelo de tontas.

El bautizo de Nelson

23 Feb

-¿Sabes que Lina ha adoptado un negrito?- anuncia Pitita.

-¿Y cómo se llama?

-Pues mira, chica, no lo sé, pero es monísimo, se llame como se llame, y después de todo, qué más da, el nombre pronto será otro, pues Lina ha pensado en bautizarlo por el rito católico.

Ya me ha enseñado el traje, que es una verdadera cucada. Es más bien como de comunión, pues el nene tiene ya ocho años y no es cuestión de ponerlo en faldones de cristianar, ahora eso sí, irá de color blanco ceremonia. Figúrate, va a estar el niño hecho un primor, tan morenito él con ese traje tan blanco.

Yo no te creas, también he pensado en adoptar ahora que Nachito está tan mayor. Eso de adoptar niños exóticos es muy como de las celebrities. Ya lo han hecho Nicole Kidman, Madonna y Angelina Jolie. Es que el glamour es cien por cien compatible con la filantropía, no me digas.

A mí cuando veía en las revistas las fotos de Lady Di en esas aldeas lejanas del mundo, tan rodeada de niños necesitados de todas las razas, se me movía algo por dentro, como que me daban ganas de ponerme el traje del coronel Tapioca y darme a la aventura de la beneficencia.

Y si no lo he hecho, sólo ha sido porque soy muy alérgica a las picaduras de los insectos y, por esas latitudes, más que picar, muerden. Claro que adoptar es otra cosa, muy bonita también, aunque menos arriesgada y me sigue tentando, si no es porque luego pienso en lo mal que le han salido las adopciones a Isabel Pantoja y José Ortega Cano y me echó para atrás.

Imagínate con lo difícil que es educar a un hijo de tu sangre, qué será hacerlo si viene ya con otros genes; que la genética condiciona y sale por donde tenga que salir. Por no hablar de las rebeldías propias de adolescencia, que en cuestión de padres postizos se ponen más crudas todavía y da para mucho psicólogo, mucho psicoanalista y en fin de los enfines.

Pero bueno, espero que a Lina le vaya bien, por cierto, ¿te ha invitado ya al bautizo?

-Pues no…

-Claro, como tú no eres mucho de ir a misa, pero ya me encargo yo, donde caben 200, caben 201.

Vamos Pitita y yo a la ceremonia en la capilla particular de la casa de campo de Lina, perfumada de modo angelical por los adornos florales en blanco. El niño Nelson que pronto pasará a llamarse Borja tiene aún en sus ojos cándidos y melosos una sombra de extrañeza frente a todo lo que le rodea y lo envuelve como ese trajecito presuntuoso de almirante, pero pronto se adaptará e incluso llevará con soltura cada mañana el pantaloncito de cuadros escoceses y el jersey azul marino con el escudo bordado de colegio de pago y, con esa etiqueta de clase, se integrará en el medio y aprenderá a ser pijo y altivo.

Almorzamos los adultos en plan bufé en los salones, mientras los niños disfrutan de una fiesta con magos y payasos en el jardín y, al llegar a las copas, Lina nos propone un rato privado de fiesta para chicas.

Nos vamos todas a un sótano muy bien acondicionado con su barra y sus lucecitas de discoteca a esperar la sorpresa que Lina nos tiene preparada y, a la par que suena una musiquilla de la de Kim Basinger en Nueve semanas y media, se vislumbra entre penumbras la presencia de un joven en gabardina, que procede a despojarse de ésta y otras prendas, la verdad que con poquísima maña.

Pese a la torpeza del stripper amateur, las mujeres aúllan y aúllan, lo que al joven intimidado le hace perder del todo el poquísimo dominio que ya tenía del protocolo erótico y casi cae al suelo, después de tropezar con un bafle.

-Parad, chicas, parad- grita Pitita al coro de bacantes descontroladas- que yo conozco a este chaval. Es Carlangas, el amigo de Nachito.

Y dicho esto, Pitita se acerca al chico y lo amonesta:

-¿Pero qué haces, Carlangas, un chico de tu clase? ¿Es que te has vuelto loco?

El muchacho, azorado hasta las lágrimas, replica:

-Estoy haciendo prácticas en una empresa, pero como no me pagan, me he metido en esto para sacarme un dinerillo.

-Pero ¿por qué no se lo pides a tus padres?

-A mis padres les han subido mucho el alquiler de la clínica dental y, para colmo, cada vez hay menos clientes. Están al borde de la ruina.

-Ay, por Dios, cuánta desgracia, pero ven, ven conmigo y tómate algo para relajarte.

Carlangas, después de darle unos tragos al gintonic, mira a Pitita extasiado:

-Siempre he pensado que era usted la mujer ideal, desde que era un niño e iba a su casa a hacer los deberes con Nachito. Yo entonces ya soñaba…

-Calla, calla, si podrías ser mi hijo.

-Pero no lo soy- observa el chaval.

-Claro- conviene Pitita- ni siquiera eres mi hijo adoptivo. Menos mal…

Mami, quiero ser artista

16 Feb

Pitita mira el mar como debió contemplar Virginia Woolf el río Ouse, entre transcendente y desesperada. Una tarde nublada de febrero en el paseo de Pedregalejo pone a la escena su puntito inglés.

Le he dicho a Quique que quiero una habitación propia- dice Pitita con gesto muy woolfiano.

-¿Y qué te ha respondido?

-Que ya tengo dos; el gabinete y el dormitorio, si se tiene en cuenta que siempre hemos dormido separados.

-¿Y?

-Pues le dije que entonces quería tres. La cosa es que si voy a ponerme a ser feminista, lo voy a ser por todo lo alto; una feminista de cinco estrellas con más habitaciones propias que nadie.

Figúrate, chica, yo creía que Quique lo iba a comprender, pero de eso nada; se puso hecho un basilisco.

-¿Tres habitaciones, Pitu? Eso es un disparate ¿No querrás echar a Nachito de la suya? Pobrecito, hijo mío, si es muy niño aún…

-Quique, Nachito tiene ya veintisiete años.

-Pues eso, es un chiquillo, no me digas.

-Te recuerdo, Quique, que con veintisiete años, tú y yo ya estábamos casados y éramos padres.

-Los tiempos han cambiado, nena, veintisiete años de hoy día no son nada. Espera, por lo menos, a que el muchacho termine la carrera.

-¿A que termine la carrera? Tú sabes tan bien como yo que no la piensa terminar nunca. Si te digo la verdad, no tengo muy claro en qué curso está.

-No te pongas ansiosa, cariño, mejor así. Imagínate que termina la carrera y con el poco trabajo que hay aquí, tiene que irse a trabajar a Alemania. Con el frío que hace en Alemania y lo friolero que es Nachito…

-Mira, Quique, tú de tu niño no sabes nada, como vienes tan poco por casa…pero te puedo asegurar que ha crecido y ha crecido fatal. El otro día iba yo a avisarle de que era ya la hora de bajar a cenar y me lo encontré grabando un vídeo musical en su cuarto para el Youtube.

Menudas pintas tenía. Llevaba un peinado rarísimo; casi toda la cabeza rapada, excepto una especie de tupé que parecía mismamente un buñuelo y, en su torso desnudo y musculado, lucía un montón de espantosos tatuajes. Imagínate qué impresión me llevé al verlo de esa guisa.

-Pero ¿qué haces, Nachito, por Dios?

-Calla, calla, mamá, que estoy en plan de grabar. Quédate ahí quietecita y escuchas mi temazo que es de los que te lo flipas.

Y dicho esto, se puso a cantar unas guarradas tremendas sobre las babys cachondas y el tamaño de los penes, haciendo unos gestos muy raros con las manos, que parecía como si me estuviese haciendo la peseta.

-¿Qué te ha parecido, mamá?- me preguntó al terminar.

-¿Que qué me ha parecido? Que si te da un aire, te quedas epiléptico ¿pero qué clase de estilo musical es ése?

-Soy trapero, mami- reveló él.

-¿Trapero? ¿Eso es lo que vienes a ser después de lo que tu padre y yo hemos invertido en tus estudios?

-No entiendes nada, mami, yo practico el trap, que es lo que está de moda. Es un ritmo caliente que viene de Colombia y Puerto Rico y les encanta a las pibas. Voy a hacerme de oro.

-No me lo puedo creer ¿A las chicas les gusta ahora que les digan esas cochinadas? Tú estás muy perjudicado. Es imposible que a ninguna mujer le vaya eso y menos en plan de que las arrastren y las agarren de los pelos…

-¿Cómo que no? ¿Y por qué os gustan tanto a todas «Las cincuenta sombras de Grey»?

-Eso es diferente; Grey es un sádico con clase, un millonario que…

-Vale, vale, vale, pues los jóvenes también tenemos derecho a ser sádicos y machistas y hasta millonarios. Mira lo bien que le va a Maluma y a Bad Bunny (Conejito malo) y hasta a Enrique Iglesias; todos ídolos del trap.

-¿Cómo? ¿Enrique, el hijo de Julio? Con lo fino que es mi Julio, pobre hombre. Le van a dar la vejez.

Pero Nachito no atendía a razones. Volvía a ensayar su tema y a bailar su ritmo epiléptico. «Soy el puto amo», gritaba de vez en cuando. Y, al verlo así, la verdad es que a mí que nunca le he puesto la mano encima, me daban unas tremendas ganas de darle un buen cachete.

-No es para tanto, Cuqui, está en la edad-dijo Quique- todos hemos tenido nuestras locuras de juventud.

-Ya, ya ¿pues sabes lo que te digo? Que se acabó, que estoy harta de vivir bajo el poder del patriarcado.

-¿Bajo el poder del patriarcado, Pitu? Si tú siempre has hecho lo que te ha dado la gana.

-Claro, pero mis ganas entran dentro de unos límites razonables, las vuestras, no. Estoy hasta los pelos de tu poesía roja y de las canciones guarrindongas de Nachito. Ya no quiero tres habitaciones, mejor me dejáis la casa entera y os vais por ahí o…

-¿O qué?

-O me tiro al mar.

Pitita mira al mar como Virginia Woolf al río Ouse. Luego me mira a mí y se pregunta en voz alta:

-El agua estará muy fría ahora ¿verdad?

Y dicho esto, se ajusta más sobre el cuello su pañoleta de Burberry y acongojada pero mullida en su plumón de marca, parece un entrañable osito de Tous.