La tienda de Pitita

Pituteces

11 May

Hoy Pitita me ha invitado a la inauguración de su nueva tienda de complementos “Pituteces”.

–¿Sabes, chica? El otro día, después del gimnasio, estuve tomándome unas cañas con Cuqui Valdeñoña y Nenita del Maestrazgo y les dije que necesitaba hacer algo para ocupar el tiempo libre y sentirme útil y ambas me propusieron esta idea.

–¿Y por qué no pones un negocio de accesorios? Tú tienes muy buen gusto y don de gentes. Será todo un éxito.

Oyes, que me lo quedé pensando y me dije de todas, todas, que sí, que se me podía dar muy bien. Llega un momento en el que una tiene que alcanzar su sueño ¿no te parece?

–Claro, Pitita, esa frase es fantástica para tu libro de autoayuda.

–Ah, ya, lo del libro lo tengo un poquito aparcado, es que, oye, he pensado yo que para levantar el ánimo de la gente es mejor poner una tienda. Comprar consuela más que leer libros ¿no crees? Y es, además, como más interactivo, ¿qué me dices?

–Ay, Pitita.

Pues bien, se lo dije a Quique a la tarde y no te puedes imaginar lo contento que se puso.

–Pues, claro, Pitu, esa tienda te va a venir de perlas. Trabajarás en lo que te gusta y tendrás tu espacio propio. A cierta altura, las parejas se pueden asfixiar de tanto convivir y verse a cada instante en el hogar.

–¿Pero qué dices, Quique? Si tú casi no vienes por casa.

–Bueno, tú tampoco, pero, a partir de ahora, creo que yo voy a ir más.

La verdad es que no sé lo que quiso decir. El caso es que me alegró mucho que me apoyase. Hay que ver qué marido comprensivo es Quique.

–Ya, es un primor, pero, dime, ¿cómo vais a pagar el alquiler del local? En mi barrio no dejan de cerrar negocios de toda la vida, porque los alquileres han subido una barbaridad.

–Tú siempre con tus temitas sociales, es que no tienes remedio, pero, oye, te digo yo una cosa, que igual esa gente tendría que haber ahorrado para comprar el local y ahora no encontraría problemas con los alquileres.

–¿Vosotros habéis comprado el local?

–A ver, no, es un bajo que heredó Quique de Cayetano, su tío soltero. El pobre hombre quería a mi Quique como a un hijo.

–De pobre, nada, Pitu, compró en inmuebles lo que no está escrito.

–Sí, es que era muy emprendedor y tenía visión de negocios.

–Por cierto, a su amigo Manu lo veo mucho. Vive en mi barrio. Está muy mal de los huesos y va con un andador. Me cuenta que tiene una pensión irrisoria y, por tanto, apuros económicos.

Se produce un denso silencio entre Pitita y yo. Las dos sabemos que Manu era pareja de Cayetano y que, de haberse podido casar, no sufriría tales penurias.

–Bueno, nena, vendrás a la inauguración ¿no?

–Me cuesta mucho salir últimamente, tú lo sabes…

–Sin embargo, vas a actos literarios de vez en cuando…

–Sí, también me cuesta, pero es que eso es muy importante.

–¿Y lo mío no, guapi? ¿Vas a dejar sin apoyo a tu amiga?

Voy. Es mucho más fácil ir que decirle que no a Pitita. La tienda, llamada “Pituteces”, es como una casita de chocolate. La fragancia del ambientador huele a chucherías y ya invita a comprar cualquier cosita de las que se prodigan en los estantes; pañuelos color pastel con estampados de flamencos, bolsos de playa decorados con estrellas, colgantes de libélulas y pulseritas de cordón con abalorios, etc…ese tipo de artículos que se adquieren con gusto y luego se quedan en casa, olvidados en un rincón.

Pitita viene a mi encuentro con dos copas en la mano y me ofrece una.

–Mira, no hemos puesto cava por lo del boicot a los productos catalanes y el champagne es demasiado caro, pero verás qué rico está este René Barbier.

–El René Barbier también es catalán.

–Hala, es verdad, vaya por Dios, ¿qué te parece mi tiendecita?

–Muy mona, vas a triunfar…

–Ay, chica, no sabes cuánto me ha costado montarla y qué de disgustos me he llevado. A última hora me vino el del cartel y vi que habían escrito “Pijerías” en lugar de “Pituteces”. Pero, vamos a ver, le dije al empleado, ¿qué es esto?

–Un despiste, es que como usted es “Pijigualda”.

–¿Piji..qué?- le respondí yo.

–Ya- digo enrojeciendo- no sé en qué estarían pensando…

–Dime una cosa- pregunta Pitita mientras clava en mi pupila su pupila azul- ¿tú crees que soy pija?

–No, Pitita, tú sólo eres rubia.

–Rubia de toda la vida- observa.

-Pues ésa es la cuestión. Ser rubia de toda la vida es marcar una clase. Si fueses rubia de bote serías princesa del pueblo, pero el rubio natural es enseña de alcurnia.

Pitita se queda unos segundos oyéndome sin parpadear y luego concluye:

–Tú me estás tomando el pelo ¿verdad?

–Pues claro que sí.

–Oye, cuando llegues a casa, te metes en face y le das un “me gusta” a la tienda Pituteces.com, así participarás en nuestros concursos semanales de artículos.

En el primero, te va a tocar de todas, todas, la camiseta de Snoopy. Mírala, qué cuca, te la tengo ya reservada.

–¿De verdad? Voy a estar muy nerviosa toda la semana hasta que se produzca la rifa…

–¿Ves ésa que está hablando con Quique?, es Lauri, me hará de dependienta por las tardes.

–Se lleva muy bien con tu marido ¿no?

–La conocemos de toda la vida. Es para nosotros como una hija.

–Desde luego, es idéntica a ti hace…veinte años.

–Eso dicen todos, jajaja.

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