Educación sexual

9 Abr

La Opinión publicó ayer una entrevista realizada a mi buen y admirado amigo el doctor Francisco Cabello. Cualquier charla con él despliega un cúmulo de lecciones sobre sus especialidades médicas de sexualidad y psicología, a la vez que regala claves para descifrar algo de ese archivo de percepciones al que llamamos vida, porque en realidad no sabemos cómo llamarlo. De él aprendí, hace años, que el sentimiento amoroso tiene mucho de química cerebral, de concomitancia con la locura y la obsesión. Cuando esa característica no es tamizada por otras reflexiones, la relación se transforma en abismo. Si yo considero que la mujer debe de estar sometida al hombre, a partir de ese subidón bioquímico, querré tenerla junto a mí a cualquier precio y bajo ningún concepto entenderé su libertad de elegir, de pensar, de salir, o de ser en definitiva. Esta es la estructura profunda de la maté porque era mía, y de los amores que matan. La verdad desagradable asoma cuando uno descubre que hay chicas que comulgan con estas consideraciones de la existencia, por propia definición siempre propensa al sufrimiento sin que los humanos tengamos que añadirle nuestra propia salsa. Como explica el doctor Cabello, carecemos de una educación sexual, entendida también como una educación sentimental, esto es, del saber hacer sexo, pero también del saber estar en la sexualidad, sus sensaciones y sus daños colaterales, para que los sujetos implicados sepan interpretar, e incluso huir, de esas dificultades que el amor conlleva. Ya que nadie nos explica cómo morir, al menos que aprendamos a vivir, dentro de los difusos límites que ese verbo esboza. Pero no, ninguna ley ha contemplado hasta ahora la estructuración de estos saberes que en las casas, de modo general, no se abordan, y en los centros docentes se confían a charlas, encuentros y conferencias en el mejor de los casos, esto es, en esa parte de la enseñanza que no está reglada y, por tanto, no desarrolla un proceso de aprendizaje planificado. Los niños ni vienen de París, ni traen un pan bajo el brazo, ni saben de nada más que sus mayores.

Cuando las alumnas o alumnos del instituto preguntan sus inquietudes sin inhibiciones, la o el docente siempre se horroriza por unas dudas que descubren el peligro de múltiples ignorancias. Como una de esas verdades asumidas por la población, sin que nadie explique un porqué, nuestra sociedad considera que los jóvenes, así a bulto, manejan cualquier dispositivo informático; además, sobre la vida saben más que sus padres. Echamos mano otra vez del cobijo que edifican las abstracciones; así no tenemos que decir sexo, término aún tabú. De un modo amplio, en efecto, nuestros adolescentes juegan con el ordenador, y emplean ciertas aplicaciones de los teléfonos móviles con las que se comunican. Usar una hoja de cálculo, crear un blog, gestionar una web o escribir un texto de modo adecuado, exige una serie de destrezas que no desarrollan hasta que son practicadas en el aula. De igual modo, el temprano consumo de pornografía no garantiza que las y los chicos tengan mayores ideas de sexualidad, ni de las cargas emocionales que una relación sexual puede descubrir. No utilizan preservativos en todas las ocasiones; las alertas por posibles embarazos del fin de semana son frecuentes entre los segmentos más débiles de la población estudiantil con familias que no saben cómo actuar ante una situación así; además, desconocen las enfermedades venéreas. Si a esto unimos el hecho de que confunden los diferentes tipos de relaciones que los humanos establecemos, y le sumamos las dificultades para detectar vínculos de poder o sumisión, inducidos por las escenas pornográficas, concluiremos que una sociedad tan compleja como la nuestra continúa aprendiendo los asuntos del corazón en los boleros, cuyo resumen enuncia que al corazón nadie lo puede convencer de nada. Estas carencias de nuestro sistema educativo tiñen de luto una gran parte de los titulares periodísticos.

Política universitaria

3 Oct

Como ya estarán ustedes pluscuamhiperinformados sobre la triste y peligrosa crisis socialista, prefiero enfocarles las quejas que expresó José Ángel Narváez, actual Rector de la UMA, por la demora con que la Junta transfiere los fondos a esta institución. Parece que la anterior rectora, Adelaida de la Calle ya se ha olvidado de estrecheces pasadas y, desde los despachos de Sevilla, Málaga queda como la Córdoba de García Lorca, lejana y sola. Como descargo de la Junta hay que decir que no discrimina a nadie en sus retrasos a la hora de pagar proveedores e instituciones. Las consejerías están pues… como dijo Susana Díaz en el Parlamento que le gustaba que estuviera su marido, esto es, tiesas. Salvo para nóminas no hay dinero. (más…)

Escuela

12 Sep

Hoy comienza el nuevo curso en Andalucía. Los colegios abren la puerta a un buen número de escolarcillas y escolarcillos llorosos o excitados ante las nuevas circunstancias. Los olores del verano ya se diluyen para dar paso a esos otros que se graban en la memoria con la tozudez de los hechos intrascendentes que marcan nuestras vidas. Por fortuna, y por trabajo, somos muchos las y los ciudadanos españoles que pueden charlar sobre el olor de los lápices de colores, la textura irrepetible de los estuches recién estrenados y ese perfume, para mí indefinible, de los barnices que daban brillo a las portadas de los nuevos libros. ¿Qué seño me tocará este año? ¿Quién caerá conmigo en la misma clase? Frases casi intraducibles, gobierno de los días niños, del mismo modo que las facturas o los infartos arrugan estos años en que ya nadie te conduce de la mano hacia ningún destino, perdida aquella goma con esencias de nata que borraba los errores.

Oculta por tanta basura política, como la primavera en algunos versos, la escuela ha venido y nadie se fija en cómo ha sido. Hoy vuelve a suceder uno de esas fechas trascendentes para cualquier sociedad. Sin embargo, pasa desapercibida. (más…)

Empieza la selectividad

16 May

No me he vuelto tan loco aún. El titular de este artículo es correcto. No uso ningún texto de años anteriores. La selectividad es uno de esos fenómenos sociales autóctonos que comienzan antes de que empiecen, valga la paradoja. Cualquier familia que tenga una o un hijo en edad selectividar, una de las edades del adolescente hispano, sabe a qué me refiero. Aún no hemos terminado el curso de segundo de bachillerato y ya arrecian los temores y las inquietudes por la prueba de selección ya en el horizonte, como un sol rojo. La selectividad es señora esclavista de un año entero en la vida de nuestros estudiantes. Ninguna luz de flexo puede huir de este agujero negro que determina el ritmo de la galaxia escolar. La selectividad demuestra varias teorías físicas y metafísicas en un solo folio. Cada docente que se encarga de un segundo de bachillerato, aquel COU para quienes peinen canas cincuenteras, inicia su curso con las tres frases, esto es, el currículo es muy extenso, tenemos que ir muy rápido y está la selectividad. La teoría del caos, o la de las fichas de dominó. Una mariposa mueve sus alas en Borneo, y el huracán en Missouri. Un o una profe se encarga de un grupo a primeros de septiembre y el día 15 del mismo mes una madre o padre que espera a su adolescente en casa para almorzar recibe una criatura con histeria aún moderada. (más…)

LOMCE

20 Jul

La consejera andaluza de educación Adelaida de la Calle se ha unido al resto de consejerías de educación en la solicitud al Gobierno de una moratoria en la aplicación completa de la tan polémica LOMCE. Una ley más desde los inicios de la democracia española que heredó la del ministro de Franco, Villar Palasí y que luego no ha sido capaz de consensuar una legislación educativa que evite no sólo el fracaso escolar, tan alto en nuestro país, sino la vergüenza para España que, seguro, aparecerá ya en algún manual de pedagogía como ejemplo del disparate en sistemas educativos volanderos. Existen familias donde cada hijo tiene distinto título de graduado o bachiller. Insostenible y vergonzoso. Adelaida señaló a Ángel Gabilondo, ministro del gabinete de Rodríguez Zapatero, como una persona que podría volver a consensuar voluntades de las fuerzas políticas para firmar un pacto por la educación duradero, aunque se matice de cuatrienio en cuatrienio, pero estable por algunas generaciones. Cuentan que Gabilondo estuvo a punto de conseguir la firma de los Populares y que una llamada de teléfono ordenó al representante del PP que enfundara su pluma, de escribir claro, y se despidiese con mucha educación de aquella timba. Los Populares apostaron por su victoria en las elecciones. Podrían elaborar su ley solitos. Un mojón más en un camino de despropósitos. Si Gabilondo intentase ahora esa concordia, se encontraría con otros obstáculos. No sólo la menor cuantía de dinero disponible, sino la irrupción de fuerzas políticas nuevas, junto con la extremización de otras que prefieren borrar España del mapa, antes que acudir a un arreglo para todos los pueblos que, histórica e inevitablemente, componen la idea de España. De hecho, si preguntáramos a Don Antonio Machado, nos diría que no hay comportamiento más español que este cainismo. Si interrogásemos al calmo Josep Pla, nos diría que no hay mayor comportamiento español que el catalán. Y los de Bilbao nacen donde quieren.

La sociedad española no dispone de un sistema educativo estable porque ella misma es inestable e, incluso, incoherente. Hay ciertos vicios heredados de tiempos que nunca existieron, junto con parcelas de poder que no se sueltan. Imposible el acuerdo. Las fuerzas de izquierda, así en general, consideran que la cultura y la educación es suya, así también en general. Todo diseño normativo que no esté elaborado por un ministerio que provenga de las filas socialistas o comunistas no será leído, aunque sí negado. La derecha se arroga la posesión de las verdades históricas y espirituales y, junto con la iglesia católica, dueña expropiada de las aulas, intenta reconducir las legislaciones rojas hacia los senderos que susurra el Vaticano y una concepción de la sociedad estratificada en clases rígidas, propias de los años de Villar Palasí, cuando el hijo del obrero iba hacia la FP y el niño de lo que entonces se llamaban familias bien, marchaba hacia los bachilleratos y la universidad. No existe consenso posible. No hay camino intermedio, como predijo aquel gran visionario que fue Luis G. Berlanga en su película “La Vaquilla”. Los españoles somos tan inteligentes y tan buenas personas que nos educamos y triunfamos a pesar de nuestros sistemas educativos y nuestros políticos. No ha habido peor ministro de educación que José Ignacio Wert, junto con su equipo. La ley, por ejemplo, obliga a reválidas en 4º de ESO y 2º de Bachillerato. Sin reválida no hay título de Graduado Escolar, ni de Bachillerato. Nadie se ha preguntado dónde va el alumnado que suspenda estas re-pruebas. O sí, que sería peor. Como desde el limbo, no puede regresar a la vida de los centros escolares porque está aprobado, aunque sin titulación. Quedan las aulas de academias privadas y un año para presentarse de nuevo a los exámenes. Igual a esta barbaridad, un ciento. La demora en la aplicación de la LOMCE está más que justificada. No para su despiece, sino para que un grupo de expertos dedique el tiempo necesario a la elaboración de una ley más sensata que la propia sociedad que la promulga.