Integración

26 Nov

Con lo difícil que es poner de acuerdo a los vecinos, una comunidad en Madrid dictaminó que una residente afectada por el síndrome de Down no podía coger el ascensor sola, ni acudir a la piscina sin acompañante adulto. Tras el salto de esta decisión fuenteovejuna hasta las mayúsculas de los titulares periodísticos, los administradores decidieron eliminar tales artículos de sus estatutos por el bien de la convivencia. Blanca, que así se llama la chica, ha recuperado su libertad de movimiento en el recinto donde su familia paga los impuestos y sufre imposiciones. Como no puedo concebir una maldad colectiva del vecindario para fastidiar la vida de esta adolescente, tengo que acudir a un paternalismo ignorante, como explicación de este arrebato controlador dirigido hacia una persona. Estoy seguro de que los vecinos quisieron poner normas por el bien de la vigilada. Presumieron, así a bote pronto, que no podría valerse por sí misma. Frente a cualquier accidente tal vez aparecieran reclamaciones de responsabilidad. Sabe dios. Como ya digo, ignorancia sobre la magnitud precisa de estas diversidades funcionales. Soporto amigos a quienes jamás dejaría las llaves de mi casa. No sólo las perderían varias veces en pocas horas, sino al mismo tiempo podrían olvidar una olla hirviendo en el fuego o todos los grifos del cuarto de baño abiertos. En otros casos, criaturas muy habilidosas para sus tareas domésticas chillan como ratas cada vez que tienen que conducir el coche; no soportan cinco minutos de, según ellas, estrés al volante. Ni visten gafas siquiera, ni están afectadas por dificultades sensoriales, ni a nadie se le ocurriría poner en cuestión sus derechos civiles, como el de montarse en un ascensor o el de lanzarse de cabeza a una piscina y sentir la caricia del agua como una garantía de esa libertad en condominio que todos los seres humanos tendríamos que sentir, obligados sólo por la ley de la gravedad, universal y que nos iguala mucho más que las penurias a fin de mes.

Esta iniciativa de los vecinos despegó impulsada a un mismo tiempo por los cohetes de la sobreprotección y la ignorancia. La integración en las aulas del alumnado con necesidades especiales ha sido uno de los grandes logros del sistema educativo español desde principios de los años 90. No se trataba sólo de adecuar los espacios para que alguien pudiera recorrer un instituto completo con su silla de ruedas, que también; además logró que sus compañeras y compañeros conocieran las características de su vecino de banca con un síndrome u otro, con problemas auditivos, motóricos o visuales. La integración más importante no es la de estas personas en nuestro deambular cotidiano, sino al revés, la de nuestras circunstancias diarias en su mundo. Por encima de las marcas corporales que exhiban, las hay más o menos hábiles, más o menos autónomas y con una cantidad de inteligencias desarrolladas o no. Sólo la ignorancia por falta del verbo convivir, lleva a alguien a prejuzgar las capacidades que estas y estos ciudadanos puedan albergar. Yo creo que sería un peligro para cualquiera que se arriesgara a jugar conmigo al pádel, por ejemplo; con mis movimientos tan torpes como bruscos dejaría sin dientes a quien hubiese cometido la locura de encerrarse conmigo en la urna mientras yo portaba una raqueta en mi mano. Sin embargo, nadie me prohibiría la entrada, previa conjetura sobre mi ineptitud. La integración conlleva iguales derechos y deberes con el mismo apoyo social que cualquier ciudadana o ciudadano necesite. En muchas ocasiones problemas tecnológicos elementales solucionan todas las dificultades, pero para todo el mundo. Las rampas, por poner un caso, benefician a quienes paseen a sus padres ya mayores en silla de ruedas. Dejemos que cada una de nosotras y nosotros alcance sus más altas cotas de inutilidad sin que nadie venga a cogernos de la mano bajo el paraguas de un paternalismo carcelario, tan dañino y frustrante como las letras que entraron con sangre, o las etiquetas cosidas sobre la solapa del destino de unas personas prejuzgadas y condenadas por su posible aspecto físico.

Nuevo sistema educativo

12 Nov

Una de las mayores lacras de nuestra democracia es su mudable sistema educativo. Cada gobierno instaura el suyo. Tras 30 años, desde los albores de la Reforma, uno se tiene que sentar, papel y bolígrafo en mano, para recordar las distintas leyes. No sabremos nunca la cantidad de disposiciones, órdenes e instrucciones anejas. Los gobiernos de Franco propiciaron un sistema más estable porque su modelo social estaba muy bien definido, esto es, una sociedad estratificada en la que el cuatrivium EGB-BUP-COU-Universidad seleccionaba al estamento dirigente, otro grupo se encaminaba hacia la Formación Profesional para recibir órdenes, y un inmenso sector marginal, sin estudios, quedaría destinado a los jornales, o encauzado hacia la emigración interna o externa. El maestro era un dios mal pagado; no tenía por qué explicar ninguna de sus decisiones e, incluso, existía la figura de expulsión de todos los centros educativos del territorio nacional. Conozco profesorado joven nostálgico de aquel estatus. La escuela fue calculada como fuente de desigualdad y sembró grandes bolsas de odio hacia la propia institución. Mis compañeros del barrio estaban educados en los futbolines desde los diez años o así. En tiempos de quiebra del Régimen, cuando la terrible crisis económica de los 70, se convirtieron en adoradores del Torete y del Vaquilla, trincaron las recortadas, entre jeringa y jeringa de heroína, y se convirtieron en los jinetes de la venganza de los analfabetos. Uno mató a varias personas durante el atraco y la huida. Fue mi compañero de banca cuando teníamos esos 6 años que fijaron el fin de sus días escolares. Aquella maquinaria educativa ingeniada por Villar Palasí no presentaba fisuras sino las que ocasionaba en el propio pueblo que caía entre sus inevitables cintas empaquetadoras. La democracia española muestra varios encajes aún no resueltos que componen nuestro demencial caldero educativo donde bullen, sin que generen un caldo, los nacionalismos furibundos, la religión en las aulas, los horarios de trabajo familiares, el concepto de docencia y la idea de escuela. Esto funciona de milagro.

Para no parecer menos que los demás, el actual gobierno ya anuncia una reforma que, de nuevo, olvida que antes habría que abordar ciertos cambios que son situaciones de Estado y que exigirían sensatez y moderación para su arreglo. Si uno evalúa este hemiciclo, donde unos se contemplan como reencarnaciones de Lenin en mitad de barricadas, otros como paladines libertadores de pueblos, otros como meros dinamitadores sin planos de construcción, y otros como la reedición de un Cid parido por Santa Teresa, albergaremos pocas esperanzas de hallar vida inteligente. Imaginemos una alumna o alumno que llega a su casa a las 15.00 con la cartera repleta de deberes, los modernos productores de la desigualdad. Sus padres, con suerte, aparecerán a las 16.00, pero en la mayoría de los casos, tienen que regresar al trabajo, de modo que la población estudiantil pasa la mayor parte del tiempo sola para enfrentarse a sus responsabilidades. Demasiado bien marcha todo, ya digo. El fracaso escolar es el fracaso social. Primero hay que modificar los horarios laborales, incluso los modelos de producción para que las familias puedan criar y ayudar a su prole. Este cambio disminuiría el fracaso escolar y los problemas de absentismo y delincuencia juvenil en un porcentaje muy significativo. Al mismo tiempo, nuestras y nuestros responsables políticos deberían de ser condenados a pasar 6 horas sentados en las sillas, pupitres y aulas a las que condenan al alumnado. Las inversiones escolares han sido realizadas en las autonomías según la influencia de los alcaldes y áreas de voto. En Andalucía erigieron, por ejemplo, institutos para pueblos sin niños, a pesar de que habría sido más rentable enviarlos a estudiar a Oxford. Nuestro sistema educativo es el redactado por una clase política a la que hay que aprobar cum laude por haber alcanzado tales cotas de inutilidad tan manifiesta y tan insistente en el tiempo.

Chicas Maluma

3 Sep

Este verano tórrido sin canción del verano promovió la polémica por el vídeo y, supongo, la letra de la que creo que es la última creación de Maluma. Nunca comprendí ciertas diatribas. Así, al modo de El conde Lucanor, podríamos recordar el exótico ejemplo de la rana y el escorpión que quería ir de Kioto a Kobe, o al revés, que ya me lo aclarará mi amigo Ángel L. Montilla, el niponesista. Ya saben, la rana le hace el favor al alacrán y en mitad del lago que están cruzando, el arácnido inyecta veneno al batracio. Mientras se hunden, la rana moribunda pregunta el porqué. El bicho responde que no pudo evitarlo, estaba en su naturaleza. Si soy muy sincero, me anclé en grupos y estilos musicales de hace ya varias décadas, entre los que tengo a Ricardo Teixidó, Danza Invisible o Tabletom, entre los malagueños, y con algunas dificultades alcanzo a The Smiths, o Joy Division. En realidad, me anclé en Pink Floyd, Génesis, Jethro Tull, Iceberg, Imán o Guadalquivir, por irnos más cerquita. A esto sumo el jazz de todo tipo y la llamada música clásica e, incluso, la medieval. Todo esto lo explico como justificación de que me importa muy poco el estilo en el que se enclave a Maluma a quien por primera vez he visto en un vídeo, y del que por primera vez he oído su música y letra. Toda esta órbita entra dentro de la música comercial que sigue funcionando al dictado de potentes empresas multinacionales, que consiguen que una amplia mayoría de este mundo, dance al son que toque. Melodías de 4 notas y creación de un cantante intercambiable. No comprendo que suscite ningún tipo de debate. En efecto, en el vídeo aparece un montón de culos preciosos de niñas jóvenes y bellas que actúan como al capricho del macho alfa, y único, de la escena. Cierta vez, junto a mis amigos Gaby y Kike, íbamos a grabar por encargo, claro, un vídeo de este tipo de grupos. El primer problema que surgió fue el del casting de culos de niñas. Ya digo, el escorpión no pudo huir de su naturaleza como este tipo de espectáculo no puede inhibirse de su concepto de vida, aunque lo sitúe en el vacío.

Los ataques a tal clip se centran en que la mujer es presentada como objeto de deseo y ya está. En efecto, ni aparece ninguna frente a una pizarra donde resuelve la ecuación de Einstein a medio desarrollar, ni tampoco ejecutan un solo de fagot durante la actuación. Se limitan a exhibir el cuerpo y seguir al machote cual perritas en celo. Pero es que ni el vídeo puede evitar su naturaleza, ni los o las consumidoras de tales productos pueden esquivar las suyas. Si hiciéramos una encuesta mundial, apuesto a que nos sorprendería cuántas de nuestras hijas, hermanas, primas, madres y esposas habrían querido aparecer como figurante en tanga. Y aquí está la cuestión. No alberga ninguna inocencia el oír un tipo de música u otra; implica una filosofía de la existencia. Contra esos productos masculinos y femeninos creados para que reciban millones de suscripciones en las redes sociales no se puede luchar. Por más que un grupo de la población contemple el machismo arraigado en cada frame, en la letra, o en cada compás, siempre existirá una mayoría de niñas que quieran ser una chica Maluma, como en su día la hubo que habría querido acostarse, por mucha cosificación que significara, con Julio Iglesias o con Jorge Negrete para no salirnos de nuestro ámbito hispánico. Habrá quien diga que la solución a estos problemas del machismo ambiente pasa por las aulas, donde habría que explicar al alumnado la estructura profunda del mensaje audiovisual que están contemplando sólo en la superficie. El caso es que creo que para esa juventud criada en tales estéticas, el runrún de los culos en un vídeo es semejante al rumor de las cataratas o de los ríos para quienes habiten junto a ellos, esto es, ni se percatan del fenómeno. Tal vez la polémica parta de esas promociones que nos quedamos pendientes entre otros bucles melancólicos y que detectamos machismos hasta en esas pinturas rupestres de Lérida donde varias mujeres danzan alrededor de un hombre con claras muestras de priapismo, y que alguien solicitará que se borren con lejía por ofensivas para aquellas mismas gentes que las disfrutaron, o que le pinten dos rombos.

Educación sexual

9 Abr

La Opinión publicó ayer una entrevista realizada a mi buen y admirado amigo el doctor Francisco Cabello. Cualquier charla con él despliega un cúmulo de lecciones sobre sus especialidades médicas de sexualidad y psicología, a la vez que regala claves para descifrar algo de ese archivo de percepciones al que llamamos vida, porque en realidad no sabemos cómo llamarlo. De él aprendí, hace años, que el sentimiento amoroso tiene mucho de química cerebral, de concomitancia con la locura y la obsesión. Cuando esa característica no es tamizada por otras reflexiones, la relación se transforma en abismo. Si yo considero que la mujer debe de estar sometida al hombre, a partir de ese subidón bioquímico, querré tenerla junto a mí a cualquier precio y bajo ningún concepto entenderé su libertad de elegir, de pensar, de salir, o de ser en definitiva. Esta es la estructura profunda de la maté porque era mía, y de los amores que matan. La verdad desagradable asoma cuando uno descubre que hay chicas que comulgan con estas consideraciones de la existencia, por propia definición siempre propensa al sufrimiento sin que los humanos tengamos que añadirle nuestra propia salsa. Como explica el doctor Cabello, carecemos de una educación sexual, entendida también como una educación sentimental, esto es, del saber hacer sexo, pero también del saber estar en la sexualidad, sus sensaciones y sus daños colaterales, para que los sujetos implicados sepan interpretar, e incluso huir, de esas dificultades que el amor conlleva. Ya que nadie nos explica cómo morir, al menos que aprendamos a vivir, dentro de los difusos límites que ese verbo esboza. Pero no, ninguna ley ha contemplado hasta ahora la estructuración de estos saberes que en las casas, de modo general, no se abordan, y en los centros docentes se confían a charlas, encuentros y conferencias en el mejor de los casos, esto es, en esa parte de la enseñanza que no está reglada y, por tanto, no desarrolla un proceso de aprendizaje planificado. Los niños ni vienen de París, ni traen un pan bajo el brazo, ni saben de nada más que sus mayores.

Cuando las alumnas o alumnos del instituto preguntan sus inquietudes sin inhibiciones, la o el docente siempre se horroriza por unas dudas que descubren el peligro de múltiples ignorancias. Como una de esas verdades asumidas por la población, sin que nadie explique un porqué, nuestra sociedad considera que los jóvenes, así a bulto, manejan cualquier dispositivo informático; además, sobre la vida saben más que sus padres. Echamos mano otra vez del cobijo que edifican las abstracciones; así no tenemos que decir sexo, término aún tabú. De un modo amplio, en efecto, nuestros adolescentes juegan con el ordenador, y emplean ciertas aplicaciones de los teléfonos móviles con las que se comunican. Usar una hoja de cálculo, crear un blog, gestionar una web o escribir un texto de modo adecuado, exige una serie de destrezas que no desarrollan hasta que son practicadas en el aula. De igual modo, el temprano consumo de pornografía no garantiza que las y los chicos tengan mayores ideas de sexualidad, ni de las cargas emocionales que una relación sexual puede descubrir. No utilizan preservativos en todas las ocasiones; las alertas por posibles embarazos del fin de semana son frecuentes entre los segmentos más débiles de la población estudiantil con familias que no saben cómo actuar ante una situación así; además, desconocen las enfermedades venéreas. Si a esto unimos el hecho de que confunden los diferentes tipos de relaciones que los humanos establecemos, y le sumamos las dificultades para detectar vínculos de poder o sumisión, inducidos por las escenas pornográficas, concluiremos que una sociedad tan compleja como la nuestra continúa aprendiendo los asuntos del corazón en los boleros, cuyo resumen enuncia que al corazón nadie lo puede convencer de nada. Estas carencias de nuestro sistema educativo tiñen de luto una gran parte de los titulares periodísticos.

Política universitaria

3 Oct

Como ya estarán ustedes pluscuamhiperinformados sobre la triste y peligrosa crisis socialista, prefiero enfocarles las quejas que expresó José Ángel Narváez, actual Rector de la UMA, por la demora con que la Junta transfiere los fondos a esta institución. Parece que la anterior rectora, Adelaida de la Calle ya se ha olvidado de estrecheces pasadas y, desde los despachos de Sevilla, Málaga queda como la Córdoba de García Lorca, lejana y sola. Como descargo de la Junta hay que decir que no discrimina a nadie en sus retrasos a la hora de pagar proveedores e instituciones. Las consejerías están pues… como dijo Susana Díaz en el Parlamento que le gustaba que estuviera su marido, esto es, tiesas. Salvo para nóminas no hay dinero. (más…)