Derechito al Congreso

4 May

Tenía más dudas que los que ni saben ni contestan en el barómetro postelectoral del CIS. Su parálisis ante suponerse de nuevo votando, que si al PP o a Ciudadanos, o sopesando entre Ciudadanos o PSOE, o tal vez con el PSOE o IU en la punta de la lengua, o devanándose sobre si sería mejor a IU que a Podemos, o si a Podemos antes que a Ciudadanos, o empezar de nuevo, y decidirse entre el PSOE o el PP y santas pascuas, y que les ha impedido pronunciarse finalmente por la apoplejía de las prisas que los becarios de las empresas demoscópicas expelen, se abanicaba también en mi conciencia democrática bajo ese mismo bochorno oceánico de suspicacias. ¿Voté, votaré o votaría? ¿ahora, otra vez o me abstengo? ¿A santas pascuas o a quién? Yo, como les ha sucedido a estos que rellenan los márgenes de las encuestas por falta de tiempo y exceso de celo en la respuesta, precisaría de más tiempo del que dispusieran para contestarles por encima y mal, que sería peor que mintiendo, como el margen de error y la cocina.

El 36% de los ciudadanos decidió su voto durante la campaña electoral, dicen ahora los expertos de las curvas estadísticas del CIS. Y con la boca chica, supongo, dejarán de decir los portavoces políticos, por tanto, lo que con la grande han proclamado sobre reducirla o abaratarla. Va a resultar que lo que nos inculcaban los sabios de las tertulias televisivas no conllevaba la parte de verdad absoluta que aparentaba y que los mítines, debates, carteles y mailings, sí van a servir para algo. A ver si me encuentro la precampaña en la basura, que por obediente, ya la había reciclado junto a los restos orgánicos. El 17,6% decidió durante la última semana de campaña a quién votar y el 9,3%, el último día. El 19 de diciembre, con los villancicos junto al arbolito, se decidieron 35 de los diputados que no se han puesto de acuerdo en formar gobierno en la pasada legislatura. ¿Pasada legislatura? Ese 36% de encuestados que reconoce haber decidido su voto durante los quince días de campaña, suponen, trasladados a escaños, los 126 que resultarían vencedores. Pero entonces, ese afán en repetirnos que la gente ya tiene decidido su voto, que la campaña no servirá para nada y que los resultados prácticamente no variarán, ¿a qué viene? ¿Favorecerá a alguien repetir eso tantas veces? Si el hastío se presentara, pero creo que no. ¿A la abstención?

Además de la campaña, que un trabajo científico certifica que puede condicionar el voto de uno de cada tres participantes, hoy se habla de la posible confluencia entre IU y Podemos, que según los expertos de la tele, apenas tendría refrendo en un cambio en la composición del futuro hemiciclo. Es más, esta semana en el programa “la Noche en 24 horas”, se afirmaba que produciría un trasvase en los diputados del PSOE, que los que pudiera ganar la nueva coalición, los perdería este partido. Pues tampoco; sumando los votos reales de IU y Podemos del 20D -aunque dos más dos no sean cuatro y no deje de oírse cada día en la tele-, la coalición habría conseguido 86 diputados y los perjudicados hubiesen sido en primer lugar el PP, que habría reducido en siete sus representantes (Ciudad Real, Granada, Málaga, Murcia, Las Palmas, Teruel y Zaragoza), en segundo lugar, Ciudadanos, que habría perdido cuatro (Albacete, Guadalajara, Sevilla y Tenerife) y en tercero, el PSOE, con sólo tres menos (Álava, Baleares y Jaén), que junto a los dos aportados por IU en Madrid y el que perdería el PNV en Vizcaya, conformarían esos 17 de más, de los que casi nadie habla.

Ahora bien, si decía al principio que tenía dudas sobre mi voto, quedarían todas disipadas si convencieran a Don Francisco para postularse derechito al Congreso. Me imagino el Astoria, el río, el Parque en el Benítez, sin las torres de repsol ni multas por el metro, y no habría color, yo lo votaría (con v).

Tres

4 Ago

Soy de la luna fría, lleno noches
de olvido en los bolsillos
sin arrepentimiento
apoyado en la barra de mi muerte
de risas con mi ser
en  brindis por la culpa a dulces sorbos,
la única que nos queda,
de haber perdido el tiempo
tratando de encontrarlo.

Dos

4 Ago

Te pienso cada día,                                                         
así, desorientada en el rubor                                       
que atusa el subconsciente,                                         
de viaje al más acá,                                                         
perdida en el ovillo de un segundo                            
en misteriosa tregua con lo humano.                       
A veces violinista,                                                            
te enhebro en mi cigarro para desbaratarte                       
del hollín delicado de un torpe matarife                   
que escoge los remiendos, infiel a su infortunio,  
con mejor voluntad que buen perder.                     
Te acaricias el pelo                                                                                   
absorta de inocencia,                                                     
ensortijando el vello entre tus miedos                     
como  un mechón de sol sin afinar                            
sin melodía fértil que lo amaine,                                
sin que esa nada que te abre de entrañas               
me consienta que tire de tus hilos más íntimos.    
Dímelo si no quieres, ¿en qué piensas?,                   
pero sólo si no quieres hacerlo                                               
para poder robártelo                                                     
acariciando las llagas del aire                                      
sin que ninguna lengua lo interprete                         
con afanes creativos                                                      
si no es la mía, húmeda de ti.                                      
Sin despertarte, dime lo que esconde tu vientre   
para que tu madeja en vela tenue                             
no alcance los confines de mis dedos,                      
fieles a la cuchilla, cosidos a los tuyos.

 

Uno

4 Ago

Quiero que hagamos el amor prohibido
insensato y febril en el naufragio
aprisionados contra el jadeo turbio
de un tabique voraz por delatarnos,
así, torpe en discordia, apresurado
que rasgue a ritmo pérfido, punzadas
tan puras que indecentes.
Dentro de ti empapado,
fresco, a quemarropa, sin la piel de por medio
entornando los ojos, pecado de pudor
con la ira sexual de lo innecesario
en  el compás sin límite del gozo.