EDISON

Su hijo es un genio

26 Ene

Importa mucho lo que esperamos de nuestros hijos e hijas y de nuestros alumnos y alumnas. En buena medida, llegarán a donde esperemos que pueden llegar. Si pensamos que no pueden llegar a ningún sitio, quedarán paralizados. Si pensamos que pueden llegar muy lejos, lo conseguirán. Explicaré lo dicho con un ejemplo que, probablemente, muchos lectores y lectoras conozcan. Me ha parecido siempre tan hermoso y significativo que vendrá bien traerlo a colación. Esta es la historia, contada sucintamente.

Un día, un niño pequeño llamado Thomas Alva Edison llegó a casa de la escuela y entregó a su mamá, Nancy Elliott, un sobre… Y le dijo, un tanto temeroso por el contenido: “Mamá, mi maestro me dio este sobre para ti. Me dijo que te lo diera y que tan solo tú podías leer lo que contiene. ¿Lo puedes leer y me cuentas lo que dice?”.

La mamá abrió el sobre y leyó atentamente la nota. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se dirigió a su hijo que esperaba impaciente la información de la escuela. La mamá leyó en voz alta con todo el aplomo: “Su hijo es un genio. Esta escuela es demasiado pequeña para él y no contamos con maestros suficientemente buenos para enseñarle. Por favor, edúquele usted misma”.

Su madre, se dedicó a la tarea en cuerpo y alma, durante mucho tiempo, hasta que enfermó y murió. Años después de que su madre falleciera, Edison se convirtió en uno de los investigadores más importantes del siglo y llegó a conseguir crear cerca de 2000 patentes. Un genio deslumbrante del siglo XX.

se encontró la carta que años antes el maestro escribió a su mamá y la leyó con asombro. Entonces pudo leer con enorme sorpresa y no menor emoción el mensaje que contenía: “Su hijo es mentalmente deficiente. No podemos permitir que asista a nuestra escuela. Está expulsado definitivamente. Por favor, edúquelo usted misma”.

Edison se emocionó profundamente y plasmó en su diario estas palabras: “Thomas A. Edison era un niño con deficiencias mentales a quien su madre convirtió en el genio del siglo”.

Hasta aquí la historia que, como decía, muchos conocerán. No he confirmado su veracidad pero me parece tan hermosa y aleccionadora que he preferido utilizarla a pesar de correr el riesgo de que sea, en alguna de sus partes, una historia apócrifa. He leído, por ejemplo, que la frase de Edison que figura en el relato no aparece en el diario. Sea como sea, la historia no puede ser más hermosa y aleccionadora.

Una forma ingeniosa de informar a su hijo de la noticia escolar da alas al pequeño Edison que, en lugar de sentirse un fracasado, siente el acicate de ser una persona excepcional. Un genio, como le dice su madre.

En este caso, la escuela falla y la madre es la que actúa de manera amorosa, sabia y eficaz. La escuela falla porque expulsa a un alumno como si no fuera capaz de aprender nada. La madre acierta porque tiene fe en la capacidad de su hijo, porque tiene el ingenio de darle la vuelta al texto de forma inmediata y porque luego tienen la paciencia necesaria para ayudarle, un día tras otro, a que aprenda y a que estimule su creatividad.

Además de sabiduría, hay un factor determinante en esta historia. La madre ama a su hijo. Es el amor, añadido a la inteligencia, lo que ilumina su actuación. El amor le hace creer en su hijo, esperar lo máximo de él y ayudarle de manera más efectiva que lo que hubiera podido hacer cualquier otra persona, incluidos los profesionales de la enseñanza. No basta el amor, pero el amor es necesario.

Hay, como digo, también sabiduría. Porque la madre se convierte en maestra. Y una maestra que hace que su discípulo aprenda hasta convertirse en un genio. No le hace repetir solamente. Le anima a buscar, a investigar, a crear, a inventar.

Y hay constancia. Porque lo verdaderamente importante de la historia no es el momento en el que la madre transforma una bomba destructiva en un artefacto de salvación. Lo verdaderamente importante es la acción cotidiana que, durante años, la madre pone en funcionamiento para que su hijo aprenda. Admirable mujer. ¿Quién era?

Nancy Elliott nació en Chenango Country, una población perteneciente al estado de Nueva York, el 4 de enero de 1810. Su padre se unió a las filas del Ejército británico en la Guerra de Independencia estadounidense, que enfrentó durante ocho años a las trece colonias contra el Reino de Gran Bretaña.
A diferencia de su marido Samuel -que era un devoto presbiteriano con un bajo nivel de educación-, Nancy Elliot recibió una excelente formación hasta llegar a ejercer como profesora en su etapa de soltera. De ahí que, cuando expulsaron al pequeño Thomas del colegio en Port Huron, se encargase personalmente de su educación fundamental.
Esta decisión fue crucial para la trayectoria de Thomas Edison, que recibió una educación mejor que la de la mayoría de los niños de su tiempo. Sobre todo, por su especial dedicación. Nancy supo inculcar a su hijo el amor por la lectura y le hizo leer desde pequeño grandes obras sobre historia y literatura.
El 9 de abril de 1871, fallece en Port Huron (Michigan) a causa de una enfermedad mental, cuando Thomas solo tenía 24 años y unas semanas antes de que pusiera en marcha su primera aventura como inventor: la famosa “fábrica de inventos” en la granja deshabitada de Menlo Park, a las afuera de Nueva York.
Admirable mujer, que alumbró a un hijo extraordinario, no solo dándole la vida sino ayudándole a aprender, a investigar, a crear. Sin ella no hubiera sido quien llegó a ser. Y qué hermoso saber que él reconoció todo lo indispensable que ella había sido en su historia vital, en su enorme éxito científico.
Este es un caso excepcional. La escuela no suele actuar así. La familia no suele reaccionar así. No todas las familias que asumen esas situaciones consiguen lo que consiguió Nancy Elliott. No todos los niños que la escuela desahucia se convierten en genios. Sería demagógico sacar estas conclusiones. Sí se puede concluir que la fe en los alumnos y en los hijos estimula su esfuerzo y su aprendizaje.

22 thoughts on “Su hijo es un genio

  1. Me alegra, Miguel Ángel, que hayas tratado el caso de Thomas Alva Edison porque, más allá de la genialidad del personaje y de la admirable actitud de su madre, nos podemos encontrar con situaciones semejantes, aunque no a tan alto nivel, en la escuela del siglo XXI.

    ¿Y en qué disciplina o materia se produce esa relegación educativa por la que nunca llegaremos a saber que se han frustrado capacidades que tenían escolares y que podían haberlas desarrollado? Pues muy sencillo: en el ámbito de las artes plásticas.

    Como no quiero volver a exponer el nivel penoso en el que se encuentra la educación artística en el país de Velázquez, El Greco, Goya, Picasso, Dalí, Miró, etc., etc., voy a explicar un caso concreto, aunque no haya sido el único que pudiera describir.

    ***

    Hace unos días, temprano, me acerqué al aula de Informática para decirle a la compañera que impartiría el curso dirigido al profesorado que Flora no podía asistir pues tenía una reunión en el Rectorado.

    Cuando salí del aula, me encontré a un grupo de compañeros del PAS de informática e imagen que charlaban entre ellos. Puesto que los conozco de hace muchos años, me uní a ellos en esa animada charla que mantenían.

    En un momento dado, me dirigí a Rafa Muñoz y le pregunté: “Rafa, ¿cómo va Elena?”. Al instante, me responde: “Espera un momento que voy a sacar el móvil y te voy a enseñar el último trabajo que ha realizado y me ha enviado”.

    Pronto me muestra un pequeño trabajo en el que aparece una chica en movimiento, realizado con las técnicas de animación que bien podría haber salido de algún estudio de diseño gráfico japonés. La calidad era asombrosa, aunque yo ya sabía del alto nivel que tenía Elena desde que era una niña pequeña, junto a que, ahora, se encuentra en una Universidad catalana estudiando Dibujo de Animación (con gran esfuerzo económico de sus padres).

    Lo cierto es que cuando Elena tenía 4 años, Rafa un día me dijo que quería mostrarme los dibujos que realizaba la niña en casa y que le parecían muy buenos, aunque me remarcaba que sobre esto apenas sabía nada, pues él era un “manazas” en dibujo.
    Quedé totalmente sorprendido de la destreza creativa de la niña. A Rafa le expliqué lo que era la inteligencia visual que su niña tenía, al tiempo que me comprometía a seguirla, remarcándole que había que favorecer su pasión por el dibujo.

    Estuve siguiendo a Elena paso a paso. Cuando debía pasar a Primaria, a su padre le indiqué que seguiría atendiendo a la niña, puesto que la Educación Plástica es, mayoritariamente, un auténtico desastre en nuestro país, y lo más posible es que quedara frustrada ante la falta de conocimientos del profesorado y la marginalidad de la Educación Artística.

    Fui siguiendo a Elena. Escribí artículos sobre la creatividad, tomando en algún caso sus trabajos. Incorporé algún dibujo suyo en algunos de mis libros… Así, hoy Elena es una joven entusiasta con un magnífico nivel que sueña con terminar sus estudios y, un día, poder viajar a Estados Unidos y completar allí su formación.

    ***

    El caso de Elena no es único. En la actualidad estoy siguiendo a Celia, ya en Secundaria, que ha tenido la suerte de que su madre, Charo, a quien dirigí su tesis doctoral, es profesora en la Facultad y con regularidad me envía sus trabajos por móvil para que la vaya asesorando. Ni que decir tiene que Celia tiene un alto nivel de autoestima, pues saberse que porta una cualidad que va potenciando le hace sentir feliz y entrar en la adolescencia sin tantas incertidumbres como suele acontecer en otros chicos y chicas.

    ***

    En ocasiones, me encuentro que hay, dentro de los trabajos de investigación que realizan mis alumnos y alumnas en los centros de Infantil y Primarias, dibujos que son pequeñas maravillas, por lo que intento informarme de quiénes han sido sus autores.

    También, y para que veamos que esas capacidades creativas no han sido anuladas en los centros de Primaria, adjunto dos artículos que he publicado en Azagala digital, con el fin de que conozcamos la revista y, por otro lado, comprobar que los dibujos que los ilustran son magníficas creaciones de pequeños “genios” del dibujo.

    http://www.revistaazagala.org/index.php/2018/12/28/la-formacion-de-la-autoestima/

    http://www.revistaazagala.org/index.php/2019/01/19/mascotas-en-la-familia/

    • Querido Aureliano:
      Antes de nada, gracias por los dos estupendos artículos Y gracias, sobre todo, por compartirlos con todos los lectores y lectoras del El Adarve.
      Estupendos los dos ejemplos que nuestras. Tanto el de Elena como el Celia. Los dos hacen plantear esa cuestión tan determinante: ¿la escuela frena o estimula el desarrollo pleno de las capacidades?
      Un gran abrazo desde el aeropuerto de Barajas.
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  2. ¡Querido Maestro!
    ¡Por sus obras las conoceréis!
    De madre a madre, de maestra por vocación, de mujer a toda la humanidad, hoy hago referencia a una joven mujer que ha perdido un trozo de su corazón, la madre del pequeño Yulen.
    Un trágico y terrible accidente se nos ha llevado esta pequeña alma a un lugar infinitarmente hermoso para recibirlo con los brazos abiertos.
    Si hay que hablar de amor y esperanza es la que ha llenado ese cerro de la corona, que ha acogido a un pequeño los 13 días que ha permanecido en el corazón de la tierra.
    El amor infinitamente solidario ha permanecido unido para sacar de las entrañas de la tierra a ese ser tan maravilloso.
    Todos hemos sentido el pesar en nuestras alma, la esperanzas puestas en que el niño apareciera con vida, un milagro que no se ha cumplido.
    El desánimo inunda nuestros interiores,nuestros cuerpos, sentimos rabia e impotencia por un atroz atropello que nos ha arrebatado un hermoso Ángel.
    Un gran ejemplo hemos percibido, la entereza de un gran equipo humano contra el desafío de una dura montaña.
    Con mi corazón destrozado, como el de toda España, pido una oración para que Yulen brille en los confines del cielo.
    Las naciones se engrandecen por los tremendos corazones solidarios que en momentos de infortunios unen sus fuerzas para salir airosos y conseguir los mejores propósitos.
    ¡Descanse en paz el pequeño de Totalan!

    • Querida Loly:
      El caso de Yulen ha sido sobrecoger. Yo vivo muy cerquita de Totalán. Todos los días veo los carteles indicadores que llevan a esa pequeña población. Y todos los días paso por El Palo, una populosa barriada de Málaga.
      Hoy, al empezar las clases del master, he pedido a mis alumnos que hiciéramos un minuto de silencio. Les he dicho que la educación prepara para la vida, pero permanece de espaldas a la preparación de la muerte propia y de la de los seres queridos. Les he dicho que la Universidad Autónoma de Madrid hay un equipo de profesores que llevan más de 20 años trabajando la DIDÁCTICA DE LA MUERTE.
      El caso de Yulen traerá mucha cola. Una parte cargada de inquietudes y otra de intensas reflexiones sobre la solidaridad.
      Un abrazo enorme para la familia del pequeño Yulen que ya había vivido la muerte de otro hijo pequeño.
      Besos y gracias.
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  3. Hola Miguel Ángel.

    Hay que destacar la capacidad persuasiva que tiene el profesorado sobre su alumnado, sea de forma consciente o incosciente, con buena o mala intención. De ahí que tengamos que medir mucho lo hacemos o decimos.

    Desde el papel de tutor tengo algunas experiencias en «rescatar» a alumnos que por diversas circunstancias tenían poco prestigio en el grupo clase o mostraban poco interés por su proceso de aprendizaje (obtenían bajas calificaciones, molestaban a sus compañeros y compañeras, creaban conflcitos en los recreos, interrumpían las clase y no mostraban interés por lo que allí sucedía…) Puesto que uno no es adivino, ni mago, ni poseo ningún poder extrasensorial,… solo me cabía una posibilidad observar qué pasaba, e intentar buscar la «piedra angular» «el punto débil», o quizás sería mejor decir «el punto fuerte» de cada uno para lograr rescatarlos. No es fácil localizar ese «punto» o esa «piedra» y suele costar mucho tiempo. Pero hay que ser perseverantes, porque tarde o temprano el azar, la fortuna o el destino deja entrever algún hueco donde apoyarnos con fuerza para inciar este proceso. Si le damos la espalda o no miramos es posible que pase ante nosotros sin darnos cuenta.

    Recuerdo a una alumna, que en el sociograma de inicio de curso (no conocía a ese grupo de alumnos) tenía el mayor rechazo de la clase, había repetido el año anterior y estaba como los gatos, alerta, tensa y con las uñas dispuestas a arañar. No esperaba nada bueno de sus compañeros y compañeras, estaba a la defensiva y lógicamente ante cualquier circunstancia su respuesta era adversa.

    Lo primero que intenté hacer es que se hablaran y escucharan, que dijeran cada cual sus reproches. Era una forma de hacer constancia los puntos de vista de cada uno. Posteriormente, intenté que cada uno se pusiera «las gafas de ver los aspectos positivos de los demás» y destacara algo que les gustaba sobre la niña «rebelde», y fueron saliendo cosas agradables. Por fin esta niña empezaba a escuchar hablar bien de ella. No debe ser fácil convivir en una grupo donde se te pone una etiqueta y tratan en función de la misma. Peor aún cuando esta etiqueta es compartida y reforzada por el profesorado.

    Conforme la niña iba encontrando su huevco en el grupo iban mejorando algunas conductas tanto en clase como en el recreo, la convivencia yel ambiente de clase iba mejorando, pero no las notas (también es cierto que existían circunstancias familiares que obstaculizaban este proceso de aprendizaje). En un trabajo en grupo en el cada uno tenía que exponer oralmente una parte del resultado final del mismo, la niña me sorprendió realizando una buena exposición, le hubiera puesto un 7 o un 8. Pero no, le puse un 10 directamente. Jamás había sacado un 10. Para ella fue un «chute» de autestima tal que desde ese momento empezó a trabajar en clase todos los días, me pedía más trabajos en donde hubiera que exponer. Quería demostrar al resto de la clase que ella también era lista, inteligente y útil. A partir de ese momento el resto de los niños empezaron a verla también con otros ojos, la etiqueta se había desprendido.

    Dicho esto, posiblemente haya tenido los ojos vendados con otros alumnos y no haya sabido encontrar su «punto». No es fácil, pero hay que seguir abriendo los ojos y observar con detalle para encontrar la piedra angular de cada uno de nuestros alumnos y alumnas. La satisfacción es recíproca, tanto para ellos como para ti como docente.

    Sirva esta pequeña anecdota para ilustrar tu comentario, aunque tu comentario no los necesita porque tu eres un genio de las palabras.

    Un abrazo y saludos para los asiduos….

    • Querido Juan Carlos:
      Qué hermosa historia la de tu alumna. Y qué sabio proceder el tuyo. Lo cuentas muy bien: hace falta observar, escuchar, reflexionar, tener paciencia, tener cercanía emocional… Y luego vino tu excelente iniciativa. Qué 10 más justo, qué 10 más estimulante, qué 10 más oportuno…
      Gracias, querido amigo, por compartir esta experiencia con todos nosotros.
      Un gran abrazo.
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  4. Una de las cosas que suelen tener claras los genios es que «saben en realidad muy poco», que su genialidad es muy relativa; es por eso que no me encaja la frase que, según algunos apócrifos, se atribuye T.A. Edison sobre sí mismo. Parece más bien algo escrito por un narrador en tercera persona. Pero efectivamente como dice Miguel Ángel, expresa muy bien las contradiciones de los juicios que a veces se realizan en la escuela sobre los alumnos.

    Es algo que quiero destacar: la humildad de muchas personas geniales. Tuve un alumno en atención domiciliaria que era superdotado. Entiendo perfectamente la maravillosa tarea de la madre de Edison pues su «condena» a la educación domiciliaria de su propio hijo era en realidad un auténtico «regalo». Podría relatar multitud de anécdotas sobre Alberto (así se llamaba mi alumno), pero solo expondré algunas que me impresionaron más. Alberto padecía un cáncer muy agresivo que precisó una atención médica intensa. Su madre (ingeniera de telecomunicaciones -profesión eminentemente masculinizada-) había dejado su trabajo por un tiempo para poder atender a su hijo de nueve años. Cuando le vi junto a su madre al recibirme a la puerta de su casa me impresionó su aspecto frágil, su cabeza sin pelo, su cuerpo delgado… pero luego descubrí en él una fortaleza y una humildad admirable. No había dormido bien la noche anterior por la ansiedad y los nervios ante la próxima visita de su nuevo profesor: me esperaba con impaciencia sin conocerme. Pronto descubrí que era una auténtica esponja para cualquier aprendizaje que le planteara. Estudiaba con voluntad y perseverancia. Devoraba documentales, era un admirador declarado de Frank de la Jungla y sabía ya un montón de cosas sobre reptiles que explicaba a su profesor. Llega un momento en que hube de exclamar: – Alberto: ¡Si el profe pareces tú! (y se lo decía con admiración, pero también con un deje de envidia Verrocchio con su genial discípulo en su taller florentino).
    Era zurdo y, como el pequeño Leonardo, capaz de escribir en espejo ya desde sus primeros años. Tocaba maravillosamente el saxo y sus profesores le adivinan grandes posibilidades como músico. Tenía habilidad en las manos y era preciso y metódico con sus manualidades. Destacaba en el plegado; durante semanas atacó el estudio de un libro de papiroflexia y realizó todos sus diseños: hasta los más difíciles. Enseñó a su profe la construcción de un dodecaedro modular en papel de gran complejidad. Se explicaba con precisión y seguridad. Le entusiasmaban los experimentos. Grababa con él, en su domicilio, vídeos de Ciencias Naturales que luego visionan sus compañeros en el cole, donde era una celebridad por sus conocimientos en ciencias. Construímos conjuntamente un planetario, realizamos experiencias caseras con la luz, con las fuerzas, con la electricidad… Guardaba en su cofre de tesoros los pequeños talismanes de su vida: una pequeña caja de música, las jeringas del hospital (fue increíble lo bien que funcionó un pequeño gato hidráulico que fabricamos con ellas)… Su juguete preferido era el microscopio. Era capaz de explicar un juego con precisión y detalle. Su interés pasaba de un tema a otro en función de los estímulos que encontraba en su camino: durante una temporada estuvo entusiasmado con los coches (se aficionó a ellos al encontrar revistas del mundo del motor en las consultas a las que tan frecuentemente asistía), antes fueron los animales, la tecnología, la informática…
    Yo, como profe, aprovecha este potencial para inocularle el veneno del conocimiento, para transfundirle litros de curiosidad… Eran apenas unas horas a la semana, pero las esperaba con impaciencia. En ese breve tiempo fue capaz de excitarse con cada descubrimiento, con las mil sorpresas de la naturaleza, con la luminosa claridad de la ciencia. Ese chute de animación le ayudaba a pasar las duras horas en el hospital. Era tal su interés por el conocimiento que para sobreponerse a los efectos de la anestesia tras sus operaciones le pedía a su madre que le planteara problemas de matemáticas.
    Toda su enfermedad la llevó a cabo con entereza, con una esperanza valiente. Siempre guiado por una madre firme, segura y optimista. Ella puso la medicina de la fe y del amor, la más importante de todas.

    Pero, lo mejor de todo, es que en ningún momento se sintió superior, ni mejor que nadie. Era fiel amigo de sus amigos y estos le correspondían con cariño y admiración. La madre siempre priorizó su socialización, cuidó sobremanera su relación con sus compañeros, su sencillez. Le encantaba el baloncesto y esperaba poder entrenar lo antes posible. Sus padres nunca desatendieron su relación con sus compañeros. Seguramente podrían haber optado por una institución para superdotados, pero priorizaron su educación en un ambiente más natural, al menos en esos primeros años; ya se ocuparían ellos mismos, o a través de algún tipo de educación complementaria personalizada, de alimentar su potencial.

    En su casa yo era una figura muy respetada y apoyada. Pero el que más aprendía era yo mismo. De Alberto que, en su sencillez, apuraba los bolígrafos hasta la última gota de tinta (¿Alguien hoy en día lo hace?, porque Alberto no estrenaba nuevo boli hasta haber agotado el anterior), reciclaba las libretas de su hermano mayor sin desperdiciar una sola hoja, escribía su diario relatando los malos tragos de su enfermedad… La familia lo apoyaba y daba ejemplo. Un hermano mayor se hizo famoso en el colegio por sacar un 12 en un examen (sobre 10). Lla anécdota merece contarse: resulta que se sabía muy bien el tema y tras responder a las preguntas en un tiempo record y copmo se aburría, para pasar el tiempo, se fue inventando preguntas y realizando sus correspondientes respuestas hasta que terminó el tiempo. Su profesor (con muy buen criterio) no pudo por menos que premiar esa actitud.

    Creo que, dejándome llevar por el entusiasmo, he creado una entrada demasiado larga. Perdón por acaparar tanto espacio y vuestro tiempo, pero la emoción y los recuerdos se agolpan en mi cabeza.

    Acabo. Dedico este comentario a mi genial alumno «Alberto Da Vinci» resaltando su humildad, su curiosidad y deseando que nos brinde su potencial algún día (si es posible) y sobre todo que sea feliz.
    Salió con bien de su enfermedad y calculo que ahora estará ya en la universidad. Algún día oiremos hablar de él. Me gusta pensar que, como su profe que fui, seré mínimamente partícipe de sus éxitos.

    • Querido Jesús Marcial:
      (Después de un día de conferencia en Elche y vuelos de Alicante a Barcelona y de Barcelona a Málaga, te puedo escribir).
      Qué hermoso comentario. No te disculpes porque sea largo.
      He disfrutado leyendo la historia de vida de Alberto. Y respirado profundamente cuando cuentas que Alberto superó la enfermedad. Hay dos palabras que, unidas, me sobrecogen: oncología infantil.
      Los genios, los sabios suelen ser humildes. Los necios suelen ser petulantes. Lo explica muy bien Nicolás de Casa cuando habla de la docta ignorancia.
      Magnifica la postura de la madre y también magnífica tu tarea docente despertando la curiosidad y el deseo de ser.
      Gracias por compartir esta preciosa experiencia.
      Un abrazo.
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  5. Maravillosa y aleccionante la historia de Thomas Edison y la de su extraordinaria madre.
    Creo que no hay duda de que el niño que en casa y en el colegio solo recibe reprimendas y alusiones a su inutilidad, lo hace eso, un inútil. Lo contrario suele tener también el efecto contrario, es lo que se suele llamar el efecto Puigmalion.
    El colegio, que debe ser centro educativo y potenciador de todo lo bueno que se lleva dentro, y como tal se considera, pienso que para muchos alumnos se convierte en una losa que los aplasta, y no siempre por influencia directa del profesor. Las notas son un premio o castigo que se da a los alumnos y que muchas veces no responde al esfuerzo del alumno sino a lo que natura da o niega. El alumno, por comparación, va conformando su propio sentir de capaz o inútil.
    Si el colegio y la familia están más atentos a minuavalorar, con reprimendas, el quehacer del niño más que a valorar lo bueno que todo ser humano tiene, se está construyendo, pienso, un triste futuro para esa persona.
    También ha habido personas, que pese a previsiones de negativo futuro, han dado al traste
    a esas previsiones. Esto nos indica que juzgar a los niños es entrar en terreno peligroso.
    Saludos a todos.

    • Querido Joaquín:
      Te eché de menos la semana `pasada.
      Y me he alegrado de volver a verte por aquí.
      Familia y escuela tienen que colaborar. Lo mejor es que las dos instituciones trabajen de forma coordinada, competente y entusiasta.
      Cuando falla una (como es el caso) y la otra reacciona de esta manera maravillosa, hay solución. Algunas veces veces falla la familia.
      Lo terrible es que fallen las dos instituciones. En esos casos pocos se salvan.
      Un gran abrazo.
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  6. Buenas tardes.
    Es emocionante y bonita esta historia, el esfuerzo, la creencia y sabiduría de este madre hacia su hijo. Una educación en valores a parte de conocimientos, que por desgracia, tan poco valorada es en la educación actual.
    Tuve el placer de asistir a su conferencia en el I CONGRESO DE EDUCACIÓN DE JAÉN el día 9 de Noviembre. Comparto sus ideales, pues yo, como estudiante de oposiciones que soy actualmente, creo que la educación emocional es tan importante como la educación cognitiva. El saber es igual de importante que el saber ser.
    A veces no se como enfocar esta idea en una programación, en una unidad, pero cuando pienso que porque quiero ser maestra, pienso mas allá de lo meramente cognitivo, pienso en ayudar, en conocer, en ayudar a conocerse, aceptarse y quererse, en mejorar, en intentar aportar a los niños un granito de arena que les ayude a ser un poco mas felices y disfrutar de la escuela y su proceso.
    Gracias por estas enseñanzas que nos hace.
    Saludos.

    • Querida Sandra:
      Gracias, Sandra, por leer el artículo y por el comentario que has enviado.
      Me acuerdo de aquella conferencia en Jaén.
      Y me alegra saber que´tú también la recuerdas.
      Creo que es muy importante lo que planteas sobre la educación emocional.
      No te preocupes porque no puedas colocar en la programación didáctica esas preocupaciones.
      LO importante es tu actitud, tu ejemplo, tu compromiso.
      Los niños tiene un radar que les permite detectar esas inquietudes y estrategias.
      Besos.
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  7. Por mí, estimado Jesús, entusiásmate todo esto y más. Ya tengo dicho que me gusta leer TODO lo que por aquí aparece. Tú tranquilo, que ya sabes y ya sabéis que al jefe en entusiasmo, por lo menos en entusiasmo, no le gana nadie. Ya sé, ya sé que no se trata de ninguna competición, de ningún tipo de competición. No todo en la vida va a ser competir.

    No me lo tengas en cuenta, pero en una pequeña cosa de lo que dijiste voy a discrepar. Yo al hermano de Alberto no le hubiera dado un 12 por el motivo que tú nos cuentas. En un examen cerrado y sobre diez, un diez está muy bien. Otra cosa es el aburrimiento, los exámenes, lo que cada uno sabe o ignora. Pero, como ya te dije, no me lo tomes en cuenta porque yo no tengo puñetera idea del complejo mundo este del que opinamos.

    Insisto en que me encanta leer las experiencias personales que nos vas contando, y lo haces desde hace mucho tiempo. Y lo mismo pienso de los demás vecinas y vecinos de este barrio de El Adarve.

    • Querido José Antonio:
      Aunque tu comentario está dirigido a Jesús Marcial, quiero agradecerte que me pongas al frente de la fila del entusiasmo. Sé que es una forma de hablar (de escribir, en este caso) porque, como tú mismo dices, no se trata de competir. Y tampoco se puede saber cómo se puede establecer ese ranking.
      Ya sabes que me gusta verte opinar sobre los temas que van apareciendo. Yo noto tus ausencias.
      Gracias por estar aquí, como tú dices, en el barrio.
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  8. Qué bonita y significativa historia.
    Imagino que muchos defensores de la escuela en casa encontrarán en ella un argumento sólido.
    Claro que no siempre puede ser así.
    Privar a los niños de la escuela es un drama, porque muchas familias ni saben, ni pueden ni quieren hacer lo que hizo la madre de Edison.
    Lo que más me ha llamado la atención es que una institución educativa exija a un niño que abandone la escuela porque no le puede enseñar nada. Es casi increíble.
    Saludos.

    • Querida Beatriz:
      Creo que las experiencias de escuela en casa libra a los niños de la parte academista y negativa que tienen algunas escuelas, pero también se privan de los aprendizajes de trabajo cooperativo y del aprendiza de la convivencia que solo puede efectuarse en la práctica. Conocí un catedrático de Pedagogía que llevaba a sus niños pequeños a la escuela solo a los recreos.
      Yo no privaría a mi hija de la escuela porque creo que encierra en su misma dinámica aprendizaje valiosísimos para la vida. Digo esto a sabiendas de que tiene limitaciones importantes.
      Besos y gracias.
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  9. Como my bien se dice en las conclusiones finales,este es una caso del todo excepcional. Ni la escuela da por perdido a un niño ni la familia suele crear, ella solita, un genio.
    Pero sí, es un caso que no conocía y que me parece estupendo haber contado porque encierra esa lección maravillosa de la fe de la madre en las posibilidades de desarrollo intelectual del hijo.
    Otro asunto es lo que pasó al privarle de la convivencia con otros niños en una escuela, del aprendizaje de la cooperación.
    Gracias.

    • Estimado Javier:
      No conozco las repercusiones que tuvo la ausencia de la escuela en la forma de relacionarse de Thomas A. Edison. Algunas familias que practican la enseñanza en la casa, compensan esa carencia con otras experiencia de convivencia con iguales.
      Tienes razón al decir que es muy llamativo que una institución dedicada a la enseñanza renuncie a la tarea de enseñar a un niño.
      Lo que a mí me ha parecido más importante de la historia de Edison es la fe de la madre que consiguió hacer pensar a su hijo que era un ser superdotado.
      Es una cuestión muy estudiada pero que, en la realidad, se ignora muchas veces.
      Besos y gracias.
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  10. El artículo me ha parecido magnífico. Los alumnos y los hijos, en muchas ocasiones, dan lo que esperamos que den. Si no esperamos nada, nada darán. La madre de Edison creyó que iba a ser un genio y lo fue.
    Esta es, para mí, la principal conclusión: las aspiraciones resultan motivadoras o desmotadoras.
    Nunca se debe devaluar el papel del interesado, claro está.
    Por mucho que se espere de alguien, si esa persona no quiere esforzarse, no conseguirá nada.
    A veces se olvida esta cuestión, tan decisiva.

    • Querida Carmela:
      El caso de Edison es excepcional por la relevancia que tuvo en el mundo científico, pero CADA DÍA, en las casas y en las familias se producen este tipo de fenómenos, en una escala mucho menor. El planteamiento es el mismo, sin embargo. La ley (vamos a llamarla así) funciona de la misma manera. Ya sé que en educación no se puede hablar de leyes inexorables, pero los seres humanos reaccionamos de forma similar ante estímulos externos motivadores o desmotadores.
      Besos y gracias.
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  11. Como siempre, inspirador. Me ha recordado una anécdota personal que ,con permiso, comparto:
    Soy profesor de música, la guitarra es mi instrumento. Un día decidí aprender a tocar el piano, mi abuela era pianista, se sentó a mi lado tocó varios pasajes rebuscando entre las páginas y finalmente se detuvo en una. Tocó los primeros compases, yo estaba sobrecogido por todo ese devenir de notas, y en eso me dijo:»toca esta», como el que le dice al de al lado que vaya cierre la ventana. Sencillamente hizo que no lo viera como algo difícil, sino como algo natural que podía hacer con comodidad, simplemente con su actitud y su tono de voz. No exagero si digo que en dos minutos me enseñó algo que como profesor me ha valido desde entonces y es en lo que más interés pongo con cualquier alumno que me encuentro: en que el descubra todo lo que es capaz de hacer y lo acepte de una manera natural.
    Se que no es exactamente el tema del artículo pero me ha recordado esa anécdota y le rindo un pequeño homenaje a mi inspiradora abuela, recientemente fallecida.
    Bella historia la de Edison…

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