Conflictos3

Y no quiere que le dé yo otra

28 Abr

En cualquier lugar del mundo, los niños y las niñas dan señales de ingenio. Lo he podido comprobar de nuevo, como luego contaré, en Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, ciudad a la que acudí hace días invitado por el SEUAT (Sistema Educativo Universitario Azteca. Tuxtla).

No solo se aprende en las aulas, en los auditorios o en las salas de reuniones. Hay un aprendizaje, quizás no tan elaborado pero no menos eficaz, que se realiza en los pasillos, en los patios, en las calles, en las cafeterías y en las mesas de los restaurantes.

En el transcurso de una cena (allí nació este artículo) cuenta una profesora que su hija de 7 años era molestada por un compañero en la escuela. La niña no era capaz de detener los agravios, de modo que decidió llevar el caso a otra instancia. Le contó a su madre lo que sucedía. Posteriormente le dijo al compañero que su mamá le iba a dar un dulce y advirtió a la mamá de que su compañero iba a ir a buscarla para reclamar el obsequio y que, una vez allí, en lugar de dárselo, tenía que aplicarle el correctivo oportuno.

Es decir, que la niña le preparó una trampa a su colega, le lanzó un anzuelo para que picase, mordiendo el cebo de aquel codiciado dulce. Pensó que era más fácil conducirle de esa forma a quien tenía que reprenderle y así evitar a su madre una comprometida búsqueda. Con esa estratagema metía así al agresor en la boca del lobo.

La madre, con buen criterio, no aceptó la estrategia que había urdido su pequeña y la instó a que resolviera el problema por sí misma, sin necesidad de poner en marcha la tramposa argucia.

Pensé en escribir algo sobre la forma de tratar los conflictos infantiles. Y leí, como suele hacerse para escribir. La psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, por ejemplo, asegura: “Proteger demasiado a los niños es malo porque no aprenden a sacarse las castañas del fuego, y tienen que saber buscar estrategias para tolerar sus frustraciones y afrontar sus conflictos de forma eficaz”. Muchas veces los padres intervienen, con toda su buena voluntad, pero crean el efecto contrario: “Les envían el mensaje subliminal de que ellos no sirven y les bajan la autoestima. Los niños mimados y sobreprotegidos no se quieren y piensan que son incapaces de hacer nada ellos solos”, añade Ferrerós.

Los modos de pedir y exigir justicia de los niños son peculiares. Recuerdo que, el primer año que me hice cargo de una clase de Primaria, un niño me abordó en el patio con el rostro desencajado y una tremenda indignación.

– ¿Qué te pasa?, le pregunté.

– Profesor, me dijo, un niño me ha dado una patada y ahora no quiere que le de yo otra.

¿Qué justicia era esa?, pensaría. ¿Cómo podía resistirse su colega a recibir el merecido castigo precisamente de quien había sido agredido previamente? ¿Cómo es que no aceptaba la tan justa ley del ojo por ojo y diente por diente?

Le expliqué que nadie debe tomare la justicia por su mano, que hay que hablar con la boca, no con los puños, no con los pies, no con las armas. Le dije que una patada no encuentra la solución justa en otra patada.

¿Cómo resuelven los niños y las niñas los conflictos? Es interesante observar sus interacciones. Su espontaneidad y su ingenio tienen que ir ganando cotas de racionalidad y de equidad. Las intervenciones de los adultos tienen que estar en la línea de esas conquistas.

Recuerdo que en un libro titulado “Tú sí que vales”, Carmen Bouqué cuenta que, en una clase de infantil dos niños jugaban con un camión. Uno de ellos le dice al compañero:

– Como no me des el camión, llamaré a mi hermano que está en quinto y te matará.
El compañero, atemorizado, le entrega el camión inmediatamente. Momentos después, el supuesto amigo le vuelve a chantajear con la misma amenaza.
– Si no me das la pelota, llamaré a mi hermano que está en quinto y te va a matar.

El compañero vuelve a entregar el juguete sin dilación, sin la menor protesta. ¿Cómo intervenir? ¿Qué hacer? ¿Cómo corregir al chantajista y advertir a su victima? Si la maestra le dice al extorsionador “como le digas a tu compañero otra vez que tu hermano de quinto va a venir a matarle, te quedas sin recreo”, estaría utilizando la misma táctica intimidatoria del niño.

La maestra ideó una forma de proceder inteligente y efectiva. Una buena tarde citó en la clase al hermano que está en quinto. El pequeño le ve entrar en la clase, entre sorprendido y admirado. La maestra le presenta como el hermano de un alumno de la clase y observa la cara de susto del pequeño chantajista. La maestra le hace una entrevista. Le va preguntado en qué curso está, qué asignatura le gusta más, qué es lo que cambiaría del colegio, si tiene muchos amigos, cuál es su deporte preferido… Hasta llegar a la pregunta clave:

– Y tú, ¿a cuántos has matado?
– Yo, no mato a nadie. Ni se me ocurre. Yo cuando tengo un problema hablo con las personas y lo resuelvo.
– Entonces, ¿tú no matas?
– ¡Nooo! ¡Jamás lo haría!

El pequeño chantajista aprendió que aquellas amenazas no eran reales, no tenían fundamento. El hermano pequeño aprendió a no dejarse engañar.

Los niños y las niñas interactúan constantemente. Basta observar durante unos minutos una clase o el patio del colegio para saberlo. Es necesario educar los ojos para ver, aprender a observar. Me pregunto en ocasiones cómo pasa inadvertido un caso de bulling prolongado en una escuela. Y es necesario aprender a preguntar y aprender a escuchar. Lo que para nosotros es una nimiedad para ellos puede ser de una importancia tremenda.Tenemos que escuchar con atención, empatía y paciencia para saberlo.

El libro “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen”, de Adele Faber y Elaine Maz¬lish (ediciones Médici) propone que los padres entrenen a sus hijos en la resolución conjunta de problemas. Si el niño se acostumbra a reflexionar sobre algún problema, por pequeño que sea, y aprende a idear soluciones que contenten a todas las partes implicadas, después tendrá la capacidad para hacerlo en peleas que tenga con sus hermanos o en conflictos con sus amigos.

Las relaciones entre los niños y las niñas están llenas de tensión: “Ese niño no me deja jugar”, “fulanito me ha llamado tonto”, “menganito me ha quitado el lápiz”, “zutanito me ha dado una patada”…

Es interesante utilizar la mediación entre iguales, que tan buen resultado está teniendo en las escuelas. Los mediadores, de manera imparcial, ayudan a expresarse, escuchan con atención, hacen reflexionar e invitan a tomar decisiones. Son agentes de paz en las instituciones. Hay que formarlos e informar a los litigantes de que libremente pueden solicitar su ayuda cuando se encuentran inmersos en un conflicto.

Es importante reflexionar sobre los criterios que empleamos para corregir sus actuaciones violentas. Los niños y las niñas tienen que aprender que nadie debe tomarse la justicia por su mano, que no se debe aplicar la ley del talión, que todos los niños (sobre todo los más débiles) merecen respeto, que los niños deben respetar a las niñas, que no es aceptable la ley de la selva, que nadie debe infligir un daño a nadie, que no deben soportar los golpes o los insultos de los demás como si fueran merecidos, que tienen que saber identificar, controlar y expresar sus sentimientos, que tienen que tener capacidad de frustración, que no son los únicos en el mundo, que no todo lo que hacemos los adultos es digno de imitación…

En ningún lugar hay más paz que en un cementerio. Allí nadie se mueve, nadie se mete con nadie. Donde hay vida hay conflictos. Se trata de manejarlos para que nos ayuden a ser mejores personas.

14 thoughts on “Y no quiere que le dé yo otra

  1. Buenos días. Los niños saben buscar estrategias para resolver conflictos y muchas veces con mucho más criterio que los adultos. Los padres siempre nos vemos tentados a resolver sus problemas sin darnos cuenta que sin querer los estamos perjudicando.
    Muy bueno tu artículo.
    Te envié correo recién. ¿Podrás leerlo?
    Un abrazo desde Uruguay
    Ana Clara

    • Querida Ana Clara:
      No siempre los criterios de solución de conflictos que asumen los niños y las niñas son aceptables.
      Qué decir de los casos prolongados de bulling. Por eso hay que observar con atención e intervenir con criterios educativos.
      Es muy importante educar en el respeto a la dignidad humana.
      Gracias por la valoración del artículo.
      Ya te he contestado.Has visto que mi respuesta es SÍ.
      Besos dese España.
      MAS

    • A resolver conflictos también se aprende. Para ello hay que enseñar al alumnado las estrategias necesarias: escuchar al otro con atención, tener empatía, razonar los argumentos, … Para ello es muy importante la acción tutorial, ya sea parando la clase en el momento en que se produzca el hecho, o bien mediante utilizando un momento específico de tutoría con el alumnado dentro del horario escolar. Con la terapia de grupo aprenden todos, lso dannificados y los que asisten de forma “pasiva” a la resolución del conflicto.

      No todo el alumnado aprende en casa estas estrategias, o bien adquieren otras diametralmente opuestas. Eso es más preocupante…

      Saludos

      • Estimado Juan Carlos:
        Etes el primero de los asiduos. Estaba sorprendido por la ausencia de los habituales ya que el tema de esta semana me parece de mucha importancia. Y más siendo hoy el Día del bulling.
        Aunque estés contestando a Ana Clara, mi amiga uruguaya, tengo que precisar que no siempre las carencias están en las familias. A veces, el problema está en nosotros.
        Por eso quiero solicitar desde aquí la estrecha colaboración entre las dos instancias (familia y escuela). A veces, tú lo sabes muy bien, los niños se comportan de manera muy diferentes en la casa y en la escuela.
        Un gran abrazo.
        Y gracias, otra ves, por tu paricipación.
        MAS

  2. El tema de la violencia infantil es de gran importancia, en mi opinión.
    Si se hubiese trabajado bien este problema no habría tanta violencia entre los adultos.
    No me explico cómo casos de bulling que se prolongan en el tiempo no son detectados por el profesorado en las escuelas.
    Los ejemplos que se ponen en el artículo son muy ilustrativos, dos de mal enfoque y uno de enfoque positivo.
    Hay dos tendencias antagónicas, las dos negativas, una que es la aplicación de la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente) y otra excesivamente permisiva.
    Hay que actuar de forma a la vez justa y racional.
    Saludos.

    • Querida Luisa:
      Gracias por leer y por escribir tu comentario.
      Utilizas dos criterios con los que estoy completamente de acuerdo.
      Por una parte, hay que utilizar la racionalidad, la lógica, la argumentación rigurosa tanto en el análisis del conflicto como en la aplicación (y posterior valoración) de los criterios utilizados en la intervención.
      Y por otra hay que utilizar la justicia, la equidad.
      Me parece una cuestión de decisiva importancia la que he planteado esta semana. Porque los conflictos y las tensiones son frecuentes. Sin olvidar un asunto que no he tratado pero que tiene cada vez más importancia.Me refiero al ciberbulling. Me remito en ese tema al estupendo libro de Alejandro Santander, publicado en Homo Sapiens.
      Besos y gracias.
      MAS

  3. Estimados todos:
    ¿Cómo intervenir cuando hay violencia y conflicto entre niños y niñas?
    Lo primero que hay que hacer es detectar el problema.Saber que está pasando. Eso requiere atención y preocupación.
    Después hace falta diagnosticar bien cuál es el origen del problema. Porque de lo contrario la intervención podría ser inútil o contraproducente.
    Y en tercer lugar (y aquí estaría la madre del cordero) hay que intervenir. No soy muy amiga de castigos. Porque creo que generan rencor. Y porque me preocupa que el niño aprenda que hay que hacer las cosas bien no porque hay que hacerlas bien sino por miedo al castigo.
    De esa manera aprenderá a hacer las cosas de modo que no le descubran.
    Un saludo.

    • Querida Carmen:
      De acuerdo con los pasos que apuntas:
      OBSERVAR
      DIAGNOSTICAR
      INTERVENIR
      Y añadiría otro que es EVALUAR el resultado de la intervención. Porque, algunas veces, lo que se planteó con la mejor intención produjo efectos secundarios muy negativos.
      Hoy es el Día del bulling o, mejor dicho, contra el bulling. Todos los días debe preocuparnos este problema.
      Es triste que lea violencia entre iguales tenga tanta presencia en las escuelas.
      Besos y gracias.
      MAS

  4. Hoy, día mundial contra el bulling es un buen día para reflexionar si de verdad se están educando bien a nuestros hijos, tanto fuera como dentro de casa.
    Según los datos que han estado dando, 1 de cada 3 niños sufren abuso en el colegio, y quienes lo hacen, lo ven como algo normal. Esto es alarmante, estamos dejando de lado la educación de nuestros niños, sino… la típica frase, dale el móvil así se calla, pero… tenemos control sobre lo que nuestros hijos ven en internet? Un problema que me doy cuenta a menudo es que los padres al no tener ni idea de la tecnología, no ponen filtros sobre lo que ven o dejan de ver, esto es un problema porque ven tanta variedad de cosas que al final no saben lo que está bien o está mal.
    En resumen… que la educación debe estar primero, en casa, luego en el colegio.

    • Querida Judith:
      Hay mucha violencia encubierta.Efectivamente, el ciberbulling es difícil de detectar porque muchos padres y muchos profesores no están al día sobre sobre cuestiones virtuales.
      Acabo de escuchar en televisión el dato que tú aportas en el comentario. Qué inquietante. Uno de cada tres escolares es España es víctima de acoso.
      NO PODEMOS MIRAR PARA OTROS LADO.
      ME SORPRENDE LA INDIFERENCIA ANTE TANTAS VÍCTIMAS.
      Escuela y familia tienen que estar en sintonía para afrontar esta cuestión.
      Besos y gracias.
      MAS

  5. ¿Violencia?

    Me preguntaba por qué gritan los profesores que gritan en sus clases, en sus explicaciones.

    Me preguntaba si sería prudente preguntárselo: ¿por qué chilla?, puede que sea un poco lento, pero no estoy sordo.

    Me preguntaba por qué no se lo preguntaban sus compañeros o directora. ¿Será que tienen los mismos temores que padres y alumnos?

    ¿Hay libro de reclamaciones en los colegios?

    ¿Qué pasa cuando la “violencia” la ejerce el profesor? (No hace falta que anden a trompadas).

    Non pido moito. Tan só un pouco de sentidiño. Teríamos moito adiantado.

    • Querido José Antonio:
      Te escribo sentado en el avión que me lleva a Buenos Aires.
      Esa es otra cuestión.
      Hay mucha reflexión escrita sobre la violencia institucional, sobre la violencia del mundo de los adultos sobre los niños.
      Pero hoy quería hablar de otra cuestión: de la violencia entre iguales.
      No se puede hablar de todo a la vez.
      Desde luego que esa cuestión que planteas se las trae.
      Ya despego.
      Un abrazo.
      MAS

      • Caray, Miguel Ángel. Visitas más Argentina que Messi.

        Lo sé, no es el tema. Aunque no podemos olvidar el valor del ejemplo, lo que enseñamos con lo que somos. Copian lo que ven.

        Comento lo del profe gritón porque me está pasando como padre de hijos que los tienen, y no sé qué puedo hacer sin perjudicarles, qué puedo hacer que mejore esa circunstancia.

        Pienso que en sus centros debería haber personas en mejor situación para actuar con mayores posibilidades de un cierto éxito.

        Buen viaje y buen trabajo.

        • Querido José Antonio:
          Ya estoy en Buenos Aires camino de Córdoba. Luego vendrá La Rioja, Rosario y otras ciudades. Como la gira de un cantante.
          Completamente de acuerdo con la importancia del ejemplo.Los valores se aprenden por ósmosis.
          Nosotros los profesores tenemos que ser autocríticas y tenemos que estar abiertos a la crítica. No siempre es así.
          ¿Qué puedes hacer?
          Hay varios caminos entre los que puedes elegir o escalonar en la medida que el anterior no de resultado.
          – Hablar personalmente con él/ellos. Algunos son receptivos y se soluciona el problema. Claro que puede darse la reacción de la represalia cuando no existe la necesaria receptividad y la imprescindible humildad.
          – Hablar con el Director pidiendo que sea reservado con quién le da la información.
          – Hablar con la AMPA para que haga suyo el problema porque esas actitudes docentes afectan no solo a tu hijo.
          Todo menos dejar que las cosas se pudran y sigan haciendo daño.
          Un cordial saludo.
          MAS

          PD: No necesariamente hay que ceñirse al tema propuesto. Por eso me parece bien que se planteen otras cuestiones.

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