Caminos : manos, pinturas, geometrías

4 Feb

Ya en anterior ocasión me serví de esta imagen para hacer algunas reflexiones sobre las pinturas que actualmente se pueden observar en la llamada Sala del Águila, en la Cueva del Tesoro. Ahora vuelvo a algunas de esas “pinturas”, en este caso otra vez los puntos rojos más visibles, pero no para tratar directamente de ellos, sino más bien con la idea de ver de dar un salto en el tiempo y conectar, – por lo que llamaría “vía intuitiva” -, con eso que tan significativamente caracteriza al hombre : el arte, los sistemas sígnicos, las posibles “geometrías” (en plural : hoy se sabe que hay más de una “Geometría”) que son, al fin y al cabo, como representaciones de lo que anida en el cerebro humano. Y procuremos, tratemos de no olvidar esta frase : lo que anida en el cerebro humano. Quiero decir que intentemos “visualizar” a nuestro propio cerebro como una especie de nido.

Porque no tenemos en la actualidad duda de que tanto las ciencias como las artes y todos los sistemas de señalización, o esos otros mucho más complejos que sirven para designar, (o sea : “marcar con signos”), hasta desembocar en ese auténtico “planeta verbal” que es el lenguaje de los seres y de las culturas y de los tiempos donde “nos damos”, (esto es, “ocurrimos”) hombres y mujeres, niños y ancianos, artistas y desaforados conquistadores de espacios ajenos, etc., etc…, todas esas cosas que a simple vista pueden parecer diferentes, son en el fondo “Caminos” : caminos que trazamos con las manos al pintar o al trazar señales, caminos hacia el Arte, el Lenguaje, las abstracciones de las Geometrías. Caminos del Ser hacia sí mismo. Todas esas cosas desembocan en una sola y única cosa : lo que es la Vida en tanto un Algo Significante. Recuerdo ahora aquello que decía un alto filósofo : “La vida meramente vivida no tiene sentido”. Y recuerdo que leí esta cita en un libro sabio : “Lenguaje, pensamiento y realidad”, de Wilbur Marshall Urban.

Porque antes que otra cosa más, vaya lo que sigue : somos todos, – desde los primeros homínidos y hasta los más excelentes creadores de todo tipo -, todos en conjunto, somos un singularísimo fenómeno de la vida en nuestro mundo. Nuestro mundo : Gea, es decir, La Tierra. Y digo “fenómeno” en el sentido etimológico de la palabra, que es de origen griego y que significa exactamente “lo que se muestra o se manifiesta”; y, en cierto sentido también, “lo que se dice a sí mismo o por sí mismo brilla”.

Lo sé : de ese modo trato de unir en solo haz el término griego “Fainoménos” ( esto es, “fenómeno”) y el también griego “Femí” ( esto es, “decir”). En realidad las dos palabras griegas aún siendo muy parecidas no tienen una correlación directa. La primera, se escribe con la vocal “Epsilon”, y la segunda con la “Heta” o “Eta”, por mejor decir. Pero sus sentidos las unen sin lugar a dudas, ya que todo lo que “se dice”, al mismo tiempo “se muestra”.

Pero estas cosas también ahora deben quedar a un lado porque desde estas pinturas o puntos o signos, sean lo que fueren en su inicial sentido para los que los dejaron a la vista en ese Domo o gran Sala de la citada Cueva junto a una cabeza y cuello de équido (cabeza de caballo pintada en rojo, y escondida en un lateral de la Sala), esos puntos, digo, están casi debajo de una formación pétrea o espeleotema que hay en el techo mismo de la zona del Águila, cerca de unos rayados (que podrían ser chamánicos, esto es, tener una finalidad esotérica o mágica) realizados sobre la roca -aún roca viva…- de la cavidad que el mar formó hace unos cuantos millones de años, esos puntos y estas rayas y todas esas otras cosas que fueron dejando la propia historia natural de la Cueva como esa otra ya humanizada historia, en tiempos muchos más próximos, dejados atrás los millones de años del nacimiento en el mar y llegados a los milenios (¿unos 30.000 o tal vez unos 40.000 años?) donde ya están los seres humanos atareados con sus vidas y anhelos, y con sus ritos y creencias, llevando adelante sus caminos y poniendo sus manos a las tareas múltiples del ir viviendo, todas esas cosas nos traen a un hoy que en su esencia es siempre eterno : como todo lo fugaz sabe serlo.

Ahora adonde vamos a tratar de saltar es desde las pinturas de nuestros ancestros de la Prehistoria, desde esas manos y signos y demás de las cavernas, hasta una mano que se le ocurrió pintar a ese genio del Arte que es Pablo Picasso. La mano está en una obra suya que se conoce como “Las señoritas de la calle Avinyó”, o más aún como “Las señoritas de Aviñón”, obra esta que inaugura, allá por el año de 1907, el inicio del estilo que se conoce como Cubismo. Esa mano del cuadro de Picasso, que se ve como si dijéramos “exenta” de  brazo, aislada, como si su dueña (¿o tal vez “dueño”?) no pudiéramos ver, esa mano enigmática…, ¿es de hombre o es de mujer? Trataré de responder a ello, o al menos, de acercarme a una posible respuesta que sea aceptable, pero antes, quiero (¡y debo!) justificar esta pregunta con la que hoy vamos a poner fin a este texto. Leamos lo que sigue :

“Sexuar las manos.

¿A quién pertenecen esas manos que se pueden ver en las paredes de algunas cuevas prehistóricas? ¿Son de hombres? ¿De mujeres? ¿De niños? Unas veces se trata de manos en positivo, que se cubrían de colorante y se aplicaban sobre la pared; otras veces, se trata de manos en negativo, que se colocaban en la pared y se rodeaban de color. Naturalmente, la mano ya es un gran símbolo en sí misma… Y, por otra parte, en algunos yacimientos se multiplican de forma curiosa. /…/ En el año 2002, un investigador llamado J.T. Manning se dio cuenta de que el índice de longitud entre dos dedos, el dedo llamado índice y el anular, era sexuado, de manera que ganaba el índice en la mujer y el anular en el hombre. Esto puede parecer curioso, ¡pero es así! ”

 

(Continuaremos con este tema, que aquí dejo en suspenso, y por ahora me limito aa ofrecer la bibliografía pertinente para esta cuestión).

El texto último que se titula “Sexuar las manos” pertenece a una obra de Yves Coppens, titulada “Últimas noticias de la Prehistoria. Del ADN de los dinosaurios a las pinturas de Lascaux.”  la traducción al español es de Odile Jacob, de mayo del 2010, y al primera edición en Tusquets es de junio del 2012, en traducción de Nuria Viver Barri.

El estudio de J.T. Manning, del año 2002, así como otro de Jean-Michel Chazine del 2006  y que se titula “Les empreintes de mains se donnent un genero.” Ahí, Jean-Michel demostró que las manos eran de hombres y de mujeres, pero que estaban agrupadas en función de su sexo.

Sobre esto volveremos en otro texto, y abordaremos la cuestión de la mano del cuadro de Picasso (como es natural, hasta donde mis posibilidades me permitan) y concluiremos otras cuestiones que se han ido dejando, acá y allá, en este mismo texto.

Gracias, lectores.

 

El Hombre en el Tiempo

14 Nov

S

Preciso es un par de aclaraciones : una, que las letras que se ven en la imagen que vemos pero no podemos leer, ahora no importan; lo que cuenta es la imagen. Y la segunda que lo que ven es el cráneo de la cantera Forbes, que se descubrió en 1848 en Gibraltar. Ocho años más tarde se descubre, en el valle del Neander, y en una cueva que se conoce como “Cueva del Feldhof”, cerca de Dusseldorf, lo que luego dará lugar a los estudios que conocemos sobre el llamado “Homo Neandertalensis”. Tres años después de esto, se publica “El origen de las especies” (Darwin).

El Neandertal de la cueva Feldhof vivió hace 40.000 años, y hoy se sabe que por aquellas  fechas el hombre de Neanderthal (que era “Homo Sapiens”) llevaba ya unos 300.000 años dominando el fuego, enterrando a sus muertos y fabricando herramientas de piedra : eran ya humanos, plenamente humanos. Aún estaban lejos los llamados “Homo Sapiens Sapiens”, que se suponen como nuestros predecesores en linea recta. ¿Coincidieron los neandertales (sapiens) con los hombres modernos, o sea, los sapiens – sapiens? Es posible que sí. Pudieron coincidir durante unos 35.000 ó 40.000 años y después, ignoramos aún por qué motivo, desaparecen del todo.

Son las teorías actuales las que se han resumido en unas pocas palabras. Y como los últimos neandertales se han documentado en el sur de la península ibérica y el norte de África, hay que suponer que su confluencia o encuentro con los sapiens-sapiens (u hombre modernos : nuestros directos ancestros) se produjo en esta zona y no duró más allá de unos 10.000 años. Los datos más fiables sobre esta cuestión la pueden ver en las obras de Cecilio Barroso, paleontólogo nacido en Melilla y estudioso actual de la “Cueva del Ángel”. Él, y el francés  Henry de Lumley, estudiaron el llamado “Boquete de Zafarraya”. Pero ahora hemos de seguir con nuestro tema de hoy : el Hombre en el Tiempo,( 😮 sea, el origen del ser humano).

Hay que tener en cuanta que esto que hemos escrito hasta aquí es muy poca cosa con lo que realmente proponen las hipótesis sobre el origen del ser humano, y sólo podemos estar seguros de que la historia del “Hombre en el Tiempo” es tan apasionante como aún por desentrañar y establecer con pruebas y elementos indiscutibles. Humanos,( no se habla de ahora de Proto-Humanos), “casi” plenamente humanos, se datan desde hace no menos de unos 800.000 años, y los datos que la Ciencia tiene sobre ellos son aún muy pocos y la historia que puede narrar su andadura por la aurora de la Humanidad está aún llena de grandes lagunas.

Imaginemos unos fragmentos de un mapa de Eurasia donde sólo se documenten trozos de Iberia, Italia, algo de la India, y muy poco de las costas de la actual China, y pensemos si con sólo esos datos visibles podemos imaginar la magnitud y la forma total de lo que es Europa en su totalidad con toda el Asia, desde Rusia hasta China, la India, Malasia…etc. Nada sabremos entonces ni de África ni de todo el Continente de América; ni tampoco de Australia. Tampoco tendríamos idea de los polos, el del Ártico y el de la Antártida, lo que podría inducirnos a pensar que la tierra es plana…etc., etc. Algo así, e incluso algo todavía más escueto y con muchos menos datos, es lo que se sabe de los seres humanos desde que aparecen entre las otras especies y se organizan en grupos y van evolucionando.

Y van evolucionando desde aquellos que aún tenían que conformarse con encender hogueras y tallar piedras, reuniéndose en grupos no muy numerosos para poder defenderse de fieras diversas e incluso de otros posibles grupos, rivales duros también por la supervivencia. Porque sólo podemos hablar de “hombres” en el sentido más pleno del término si constatamos que dominan y pueden controlar el uso del fuego, fabricar instrumentos diversos, reconocer a otros semejantes como dignos de ser enterrados cuando fallecen, y organizarse en grupos que formen “la manada humana”, la cual, para poder organizarse con esas cosas que hemos citado, necesita tener un elemental lenguaje que les permita enseñar a sus descendientes y comunicarse con sus coetáneos. Parecen muchas cosas juntas para conformar lo que se puede considerar “ser humano” : el dominio del fuego, las herramientas, los enterramientos, la tribu y el lenguaje de la tribu…, muchas cosas, por más que parezcan pocas.

Todo esto está constatado hoy como algo seguro, y los que saben de ello dan una antigüedad a nuestros primeros ancestros de unos 800.000 años. Puede incluso que un millón de años. Ese 1.000.000 de años es muy poco desde el punto de vista de la Biología en general, y de la presencia de la vida ( : también en general ) en el planeta Tierra. Si hoy día se cree que nuestra especie, en sentido pleno y estricto, no sale de África sino hace unos 50.000 años, no tenemos más remedio que sospechar que : uno, nos faltan muchos datos; muchísimos datos; dos, gran parte de lo que hoy día se da por seguro, puede mañana descubrirse que era mera hipótesis sin base; era falso. Y sobre todo eso, nos obligamos a volver a poner nuestro pensamiento en aquello que otras veces hemos dicho en este foro : ¿realmente sólo ha habido una humanidad?

Se calcula que el planeta Tierra tiene unos 4.470 millones de años, y esto parece hoy casi seguro, lo que nos lleva a pensar que “el fenómeno humano” (lo entrecomillo porque era un título del jesuita P. Teilhard de Chardin) es apenas una pequeña esfera en el seno de un gran lago (o mar interior) lleno de otros muchas pequeñas esferas…, distantes unas de otras lo suficiente como para que no se puedan detectar a simple vista. Ese gran lago o mar interior es metáfora : en realidad podemos pensarlo como el planeta mismo donde vivimos. Porque, ¿qué son esos 800.000 años, incluso ese millón de años, comparados con los 4.470 millones de años del planeta?

 

Génesis e Historia

3 Nov

Las dos palabras que están sirviendo de título a este texto son de origen griego, y nos llegan ambas a través del latín. Sus significados en nuestra lengua son muy ricos, no porque varíen en exceso y sean diversas las cosas que podamos entender con estas palabras, sino más bien  por la hondura de sus sentidos. En lo que ahora estamos escribiendo las usamos en el sentido de “origen” (para el término Génesis) y de “narración de hechos” (para Historia).

En cuanto a la imagen que ilustra este texto de hoy, la portada de esa obra de Yves Coppens, está ahí porque vamos a entresacar de sus páginas algunas ideas que a más de un lector les podrá resultar interesantes, cuando no incluso sorprendentes. Antes de eso, diremos algo del autor del libro cuya portada nos hemos decidido a usar. Yves Coppens es francés nacido en Vannes en 1934, y desde 1983 ha sido catedrático de paleoantropología y prehistoria en el Collège de France donde dio clases hasta el año 2005.

Ha formado parte de equipos de excavaciones en Chad, Túnez, Argelia, Etiopía, Mauritania, Indonesia y Filipinas, y es miembro de diversas Academias, francesas y belgas. Autor de más de una decena de importantes estudios publicados, descubrió en 1965 el cráneo de un homínido en el Chad, y diez años después formó parte del equipo que descubrió a Lucy, la famosa Australopitheca de la década de los setenta.a tiene en la actualidad 85 años y mantiene una extraordinaria lucidez.

Los estudios y descubrimientos de este sabio nos ponen ante una pregunta que es tan clave como necesaria, y tan crucial y amplia como honda y escurridiza en su ( o sus…) respuesta. O respuestas, depende. La pregunta es precisamente sobre la Génesis del ser humano, su origen, su raza inicial, su evolución…, etc., y sobre su Historia, esto es, sobre toda la serie de pasos que la Humanidad ha de haber ido dando hasta llegar a lo que somos en la actualidad. Así que “la pregunta” sería más bien “la serie de preguntas”, o sea, “las preguntas”.

Aún carecemos de respuestas definitivas y creo que es muy posible que vamos a carecer de ellas por un largo tiempo, y ello por esta razón : lo que se va descubriendo poco a poco y merced al trabajo de muchos equipos de diversas disciplinas es de tal calibre que nos plantean dudas sobre lo que se tenía por cierto e irrefutable, y a la vez nos animan a seguir rastreando en los mil y un lugares repartidos por la geografía del ancho mundo.

Porque si un colega de Yves Coppens descubre en las costas de la Bretaña francesa un yacimiento prehistórico que tiene al menos unos 700.000 años, y si se documenta que es ya seguro que existió en Carnac (en la Bretaña, Francia) una cultura, (estudiada por Jean-Laurent Monnier, colega de Yves Coppens) que tallaba cuarzo y sílex, y que dominaba el fuego, estamos ante unos tipos humanos que se corresponderían con los del achelense, los cuales se extendieron por Europa, Asia, África, y con el llamado “hombre de Pekín”, que puede tener cerca de los 800.000 años de antigüedad, y entonces nos podemos preguntar : “Bien, bien, pero ¿cuándo empezó todo?”

Y entonces tenemos que concluir, -aun cuando sea de manera provisional-, que falta mucho camino por andar, que son muchas las cosas que aún no sabemos, que pueden ser todavía no pocas las sorpresas que nos esperan, y esto otro, sobre todo : En realidad ¿cuántas “humanidades” han existido? ¿Cuántas, antes de que empezáramos a saber que nuestros orígenes y nuestra historia se hunden aún en muy lejanos inicios?  Estoy seguro de que llegaremos a saberlo, por más que todavía falte mucho.

Ecce homo in humero

19 Ago

Esta obra de Cayetano Romero tiene mil y un posibles comentarios, interpretaciones, “visiones” o “lecturas”. Contiene en sí una enorme cantidad de elementos que podrían sorprender a un filósofo, a un artista de la materia, a un profesor de arte, a un antropólogo… Es una obra estética pletórica de tiempo; o si lo prefieren, es una obra temporal plena de sentido estético. Imaginativa. Con todo medido. Medido y meditado, y que invita a reflexión, a silencio  : un hombre caminando sobre el hueso húmero : Ecce homo in humero.

Advierto que no uso el “ecce homo” pesando en absoluto en las palabras de Poncio Pilatos presentando a la muchedumbre a un Jesús hecho ya un Cristo, como se lee en el Evangelio de San Juan. Más bien quiero ceñirme en lo posible a las polivalencias que una obra de arte puede presentar, y en el caso del Profesor de Arte y escultor de genio inconfundible (es así como me imagino a C. Romero), a las posibles génesis de cada pieza, de cada matiz, de cada obra.

Porque cada vez que contemplo un cuadro, cada vez que me pongo ante una obra de creación artística, trato de hacer en mi interior un silencio lo más intenso posible, e intento descubrir lo que el artista autor de la obra tal vez quiera decirnos, (o quién sabe si sólo decirse a sí mismo), y aunque mi tarea empieza siempre siendo ardua, a veces, incluso, dura de enfrentar, siempre suelo terminar con una especie de epifanía que trato de no exteriorizar.

Digo “epifanía” en su estricto sentido de “manifestación”, y hay aquí que quitarle al término toda posible resonancia religiosa. Y también digo “epifanía” pensando en la obra de C. Romero : esas esculturas, esos elementos nacidos de un proceso que seguramente se inicia en la mente del creador, a veces tal vez en el sueño o la ensoñación que cada día solemos tener  – incluso sin ser del todo conscientes de que estamos en ello, en nuestro ensoñar callado y escurridizo – esos “objetos rotos” pero tan pletóricos de sentido, y no sólo sentido temporal (como arriba empezaba yo diciendo), sino sentido físico, palpable, que invitan al tacto y se quedan en el contacto de lo mental intuíble con lo material visible, esos objetos de arte, digo, son en sí una grandiosa epifanía en la que, ( y esto no lo dudo), su autor, necesariamente, se ha reencontrado con rincones de su propio ser íntimo. Rincones largamente callados.

Hay algo obvio que hoy, ahora en este texto, no quiero abordar : aguardaré un tiempo, volveré sobre esta obra tan intensa y lúcida que, -intuyo-, de un manotazo aleja de sí todo posible lamento humano en torno a la fugacidad de la vida y de las cosas de la vida, y nos pondremos cara a cara con esa obviedad. De momento, quedémonos con lo infielmente dicho : “ECCE HOMO IN HUMERO”.

Volveremos sobre estas cosas : bien que nos vale la tarea. Mientras eso se realiza, piensen en un aspecto curioso y en absoluto carente de sentido : la elementalidad, la sencillez de los materiales con que al artista ha trabajado : el barro, la arcilla, papel sin más incluso. ¿Estamos ahí ante una deixis del escultor-pensador-poeta que nos señala algo? Creo que sí.

 

El Tiempo, la Palabra

4 Abr

“Más tarde nos tumbábamos junto al tronco hueco de un olivo y escuchábamos la vida”. Son las palabras con las que termina su “capítulo” LOS JUEGOS” Jorge Alonso Oliva, en su obra, tan breve como intensa e íntima y, a la vez, universalizadora (cosa esta, lo de “universalizadora”, que trataré de poner aún más en claro más adelante) que leemos en la página 31 de su “Los Niños del Cauce. El Acueducto de San Telmo.”

“… Escuchábamos la vida” : ¡qué imagen, qué invitación -tan elegante como velada- a que el lector de sus recuerdos y reflexiones se vuelva sobre sí mismo e intente idéntica tarea : “escuchar la vida”, esto es, pararse a escuchar la propia vida! No la del autor, sino la suya misma, la del eventual lector.

Razonaremos esto que acabamos de escribir, pero antes, leamos estas otras palabras de ese sabio que es Emilio Lledó, publicadas en un inestimable “ensayo de humanidades” allá por el año de 1998 :

“Todo acto de escritura arrastra consigo un universo significativo en el que se ha ido plasmando la biografía de un autor y, en ella, su particular experiencia del mundo. El sentimiento de finitud que está, inevitablemente, inserto en esa experiencia, empuja a tender, hacia el futuro, la leve mano del texto.

En ese gesto de afirmación y nostalgia, el escritor actúa sobre el cerco mismo del tiempo, dejando en sus palabras un reflejo de lo vivido, de lo pensado. Una forma de inmortalidad que supera, en su capacidad de revivir en otras mentes, la inevitable finitud con que el tiempo le comprime.”

(pág. 292 de la obra de E. Lledó titulada “Imágines y Palabras”, TAURUS, Madrid, 1998).

Ahora, demos un salto y vámonos a la imagen que arriba, al inicio de este texto, hemos puesto : esas “rayas chamánicas” que están en un recoveco de una gran Sala o Domo de la gruta conocida como “Cueva del Tesoro”. Los que algo entienden de cuestiones de prehistoria y de los restos que los hombres de hace milenios nos dejaron en cuevas y abrigos, en piedras y paredes, ( y al decir “los que algo entienden” pienso en David Lewis Williams, en Jean Clottes, y en particular en una obra conjunta de ambos, “Los chamanes de la prehistoria”) y tratemos de ver en esas rayas que parecen hechas sin propósito alguno concreto, como si se estuviera probando la dureza de un fragmento de pedernal, tratemos, pues, de ver ahí, -decía antes-, un cierto intento de tender hacia el futuro (el más inmediato a la vez que más lejano, quién sabe) señales que dejen constancia de su paso por el tiempo y el lugar, un como “aquí estuve…”

Porque…, ¿en qué sentido podemos asimilar esas rayas a palabras? Respondo : en un sentido sólo, hoy por hoy y al menos para quien esto escribe. Son esas rayas asimilables a palabras en el sentido de que la escritura consiste en trazos que quedan fijos sobre una superficie, papel o piedra o pergamino…, etc., y tales trazos pueden pertenecer a un sistema ordenado y coherente, significativo, a un alfabeto, y ser entonces signos y ya no sólo trazos, o no pertenecer a ningún sistema conocido, y entonces sólo nos significan huellas, trazos, rayas…, pero no son signos ni palabras. No lo son, pero ya tienen en sí un cierto germen de acercarse a aquello que decían los latinos : “… scripta manent.”

Quien fuera el que en un tiempo tan lejano a nosotros como unos 30.000 ó 40.000 años, (y puede que incluso muchos más) trazó esas rayas en un “mágico domo de Cueva” puede que lo hiciera, en su momento, como al azar. O puede que no : Eso, no lo podemos saber con absoluta certeza. Ahora bien : El lugar donde se encuentran, por un lado, y lo que en semejantes “señales” muy similares a estas se puede observar, (como leemos en el libro recién citado de D. L. Williams y J. Clottes), por otro lado, nos hacen pensar que hubo sin lugar a dudas una determinada intención que llamaremos “intención sígnica”, sin más, por ahora. Y son en tal sentido un gesto próximo al que describía E. Lledó como “un acto… que arrastra consigo un universo significativo”.

Y ahora volvamos a las palabras ya antes dichas del libro de Jorge Alonso Oliva : “… nos tumbábamos junto al tronco hueco de un olivo y escuchábamos la vida.” Volvemos a ellas y las ponemos frente a esas rayas de un rincón en una cueva que estuvo habitada desde la prehistoria, y nos planteamos si el que trazó esas marcas en la pared de la gruta estaba, por su parte, agachado en un rincón de una caverna y trataba de hacerse saber un ser vivo ante el mundo, hacerse a sí mismo “sonar en la vida”… Estamos ante el misterio de lo que son los actos humanos insertos en modos de permanencia.

Ya se traten de actos plenos de arte (caso de la obra de J. Alonso Oliva), o ya sean actos que puede que se deban insertar en modos de “signarse ante el mundo”, como pudieran ser las dichosas rayas de los chamanes de los tiempos primeros de la humanidad actual, estamos ante un enigma. Porque si aquellos hombres tan lejanos en el tiempo a nosotros pintaban en las paredes “su mundo” de un modo que llegaron a causar admiración a un pintor tan cercano a nuestro hoy como es Pablo Picasso, ¿qué nos impide pensar que también trataran de “escribir / inscribir” su presencia en un lugar y tiempo? Cada cual deje su imaginación volar, o se la reserve para el sueño; pero ahí podemos estar seguros de que nos encontramos ante un misterio : el del ser humano.