El Hombre en el Tiempo

14 Nov

S

Preciso es un par de aclaraciones : una, que las letras que se ven en la imagen que vemos pero no podemos leer, ahora no importan; lo que cuenta es la imagen. Y la segunda que lo que ven es el cráneo de la cantera Forbes, que se descubrió en 1848 en Gibraltar. Ocho años más tarde se descubre, en el valle del Neander, y en una cueva que se conoce como “Cueva del Feldhof”, cerca de Dusseldorf, lo que luego dará lugar a los estudios que conocemos sobre el llamado “Homo Neandertalensis”. Tres años después de esto, se publica “El origen de las especies” (Darwin).

El Neandertal de la cueva Feldhof vivió hace 40.000 años, y hoy se sabe que por aquellas  fechas el hombre de Neanderthal (que era “Homo Sapiens”) llevaba ya unos 300.000 años dominando el fuego, enterrando a sus muertos y fabricando herramientas de piedra : eran ya humanos, plenamente humanos. Aún estaban lejos los llamados “Homo Sapiens Sapiens”, que se suponen como nuestros predecesores en linea recta. ¿Coincidieron los neandertales (sapiens) con los hombres modernos, o sea, los sapiens – sapiens? Es posible que sí. Pudieron coincidir durante unos 35.000 ó 40.000 años y después, ignoramos aún por qué motivo, desaparecen del todo.

Son las teorías actuales las que se han resumido en unas pocas palabras. Y como los últimos neandertales se han documentado en el sur de la península ibérica y el norte de África, hay que suponer que su confluencia o encuentro con los sapiens-sapiens (u hombre modernos : nuestros directos ancestros) se produjo en esta zona y no duró más allá de unos 10.000 años. Los datos más fiables sobre esta cuestión la pueden ver en las obras de Cecilio Barroso, paleontólogo nacido en Melilla y estudioso actual de la “Cueva del Ángel”. Él, y el francés  Henry de Lumley, estudiaron el llamado “Boquete de Zafarraya”. Pero ahora hemos de seguir con nuestro tema de hoy : el Hombre en el Tiempo,( 😮 sea, el origen del ser humano).

Hay que tener en cuanta que esto que hemos escrito hasta aquí es muy poca cosa con lo que realmente proponen las hipótesis sobre el origen del ser humano, y sólo podemos estar seguros de que la historia del “Hombre en el Tiempo” es tan apasionante como aún por desentrañar y establecer con pruebas y elementos indiscutibles. Humanos,( no se habla de ahora de Proto-Humanos), “casi” plenamente humanos, se datan desde hace no menos de unos 800.000 años, y los datos que la Ciencia tiene sobre ellos son aún muy pocos y la historia que puede narrar su andadura por la aurora de la Humanidad está aún llena de grandes lagunas.

Imaginemos unos fragmentos de un mapa de Eurasia donde sólo se documenten trozos de Iberia, Italia, algo de la India, y muy poco de las costas de la actual China, y pensemos si con sólo esos datos visibles podemos imaginar la magnitud y la forma total de lo que es Europa en su totalidad con toda el Asia, desde Rusia hasta China, la India, Malasia…etc. Nada sabremos entonces ni de África ni de todo el Continente de América; ni tampoco de Australia. Tampoco tendríamos idea de los polos, el del Ártico y el de la Antártida, lo que podría inducirnos a pensar que la tierra es plana…etc., etc. Algo así, e incluso algo todavía más escueto y con muchos menos datos, es lo que se sabe de los seres humanos desde que aparecen entre las otras especies y se organizan en grupos y van evolucionando.

Y van evolucionando desde aquellos que aún tenían que conformarse con encender hogueras y tallar piedras, reuniéndose en grupos no muy numerosos para poder defenderse de fieras diversas e incluso de otros posibles grupos, rivales duros también por la supervivencia. Porque sólo podemos hablar de “hombres” en el sentido más pleno del término si constatamos que dominan y pueden controlar el uso del fuego, fabricar instrumentos diversos, reconocer a otros semejantes como dignos de ser enterrados cuando fallecen, y organizarse en grupos que formen “la manada humana”, la cual, para poder organizarse con esas cosas que hemos citado, necesita tener un elemental lenguaje que les permita enseñar a sus descendientes y comunicarse con sus coetáneos. Parecen muchas cosas juntas para conformar lo que se puede considerar “ser humano” : el dominio del fuego, las herramientas, los enterramientos, la tribu y el lenguaje de la tribu…, muchas cosas, por más que parezcan pocas.

Todo esto está constatado hoy como algo seguro, y los que saben de ello dan una antigüedad a nuestros primeros ancestros de unos 800.000 años. Puede incluso que un millón de años. Ese 1.000.000 de años es muy poco desde el punto de vista de la Biología en general, y de la presencia de la vida ( : también en general ) en el planeta Tierra. Si hoy día se cree que nuestra especie, en sentido pleno y estricto, no sale de África sino hace unos 50.000 años, no tenemos más remedio que sospechar que : uno, nos faltan muchos datos; muchísimos datos; dos, gran parte de lo que hoy día se da por seguro, puede mañana descubrirse que era mera hipótesis sin base; era falso. Y sobre todo eso, nos obligamos a volver a poner nuestro pensamiento en aquello que otras veces hemos dicho en este foro : ¿realmente sólo ha habido una humanidad?

Se calcula que el planeta Tierra tiene unos 4.470 millones de años, y esto parece hoy casi seguro, lo que nos lleva a pensar que “el fenómeno humano” (lo entrecomillo porque era un título del jesuita P. Teilhard de Chardin) es apenas una pequeña esfera en el seno de un gran lago (o mar interior) lleno de otros muchas pequeñas esferas…, distantes unas de otras lo suficiente como para que no se puedan detectar a simple vista. Ese gran lago o mar interior es metáfora : en realidad podemos pensarlo como el planeta mismo donde vivimos. Porque, ¿qué son esos 800.000 años, incluso ese millón de años, comparados con los 4.470 millones de años del planeta?

 

Génesis e Historia

3 Nov

Las dos palabras que están sirviendo de título a este texto son de origen griego, y nos llegan ambas a través del latín. Sus significados en nuestra lengua son muy ricos, no porque varíen en exceso y sean diversas las cosas que podamos entender con estas palabras, sino más bien  por la hondura de sus sentidos. En lo que ahora estamos escribiendo las usamos en el sentido de “origen” (para el término Génesis) y de “narración de hechos” (para Historia).

En cuanto a la imagen que ilustra este texto de hoy, la portada de esa obra de Yves Coppens, está ahí porque vamos a entresacar de sus páginas algunas ideas que a más de un lector les podrá resultar interesantes, cuando no incluso sorprendentes. Antes de eso, diremos algo del autor del libro cuya portada nos hemos decidido a usar. Yves Coppens es francés nacido en Vannes en 1934, y desde 1983 ha sido catedrático de paleoantropología y prehistoria en el Collège de France donde dio clases hasta el año 2005.

Ha formado parte de equipos de excavaciones en Chad, Túnez, Argelia, Etiopía, Mauritania, Indonesia y Filipinas, y es miembro de diversas Academias, francesas y belgas. Autor de más de una decena de importantes estudios publicados, descubrió en 1965 el cráneo de un homínido en el Chad, y diez años después formó parte del equipo que descubrió a Lucy, la famosa Australopitheca de la década de los setenta.a tiene en la actualidad 85 años y mantiene una extraordinaria lucidez.

Los estudios y descubrimientos de este sabio nos ponen ante una pregunta que es tan clave como necesaria, y tan crucial y amplia como honda y escurridiza en su ( o sus…) respuesta. O respuestas, depende. La pregunta es precisamente sobre la Génesis del ser humano, su origen, su raza inicial, su evolución…, etc., y sobre su Historia, esto es, sobre toda la serie de pasos que la Humanidad ha de haber ido dando hasta llegar a lo que somos en la actualidad. Así que “la pregunta” sería más bien “la serie de preguntas”, o sea, “las preguntas”.

Aún carecemos de respuestas definitivas y creo que es muy posible que vamos a carecer de ellas por un largo tiempo, y ello por esta razón : lo que se va descubriendo poco a poco y merced al trabajo de muchos equipos de diversas disciplinas es de tal calibre que nos plantean dudas sobre lo que se tenía por cierto e irrefutable, y a la vez nos animan a seguir rastreando en los mil y un lugares repartidos por la geografía del ancho mundo.

Porque si un colega de Yves Coppens descubre en las costas de la Bretaña francesa un yacimiento prehistórico que tiene al menos unos 700.000 años, y si se documenta que es ya seguro que existió en Carnac (en la Bretaña, Francia) una cultura, (estudiada por Jean-Laurent Monnier, colega de Yves Coppens) que tallaba cuarzo y sílex, y que dominaba el fuego, estamos ante unos tipos humanos que se corresponderían con los del achelense, los cuales se extendieron por Europa, Asia, África, y con el llamado “hombre de Pekín”, que puede tener cerca de los 800.000 años de antigüedad, y entonces nos podemos preguntar : “Bien, bien, pero ¿cuándo empezó todo?”

Y entonces tenemos que concluir, -aun cuando sea de manera provisional-, que falta mucho camino por andar, que son muchas las cosas que aún no sabemos, que pueden ser todavía no pocas las sorpresas que nos esperan, y esto otro, sobre todo : En realidad ¿cuántas “humanidades” han existido? ¿Cuántas, antes de que empezáramos a saber que nuestros orígenes y nuestra historia se hunden aún en muy lejanos inicios?  Estoy seguro de que llegaremos a saberlo, por más que todavía falte mucho.

Ecce homo in humero

19 Ago

Esta obra de Cayetano Romero tiene mil y un posibles comentarios, interpretaciones, “visiones” o “lecturas”. Contiene en sí una enorme cantidad de elementos que podrían sorprender a un filósofo, a un artista de la materia, a un profesor de arte, a un antropólogo… Es una obra estética pletórica de tiempo; o si lo prefieren, es una obra temporal plena de sentido estético. Imaginativa. Con todo medido. Medido y meditado, y que invita a reflexión, a silencio  : un hombre caminando sobre el hueso húmero : Ecce homo in humero.

Advierto que no uso el “ecce homo” pesando en absoluto en las palabras de Poncio Pilatos presentando a la muchedumbre a un Jesús hecho ya un Cristo, como se lee en el Evangelio de San Juan. Más bien quiero ceñirme en lo posible a las polivalencias que una obra de arte puede presentar, y en el caso del Profesor de Arte y escultor de genio inconfundible (es así como me imagino a C. Romero), a las posibles génesis de cada pieza, de cada matiz, de cada obra.

Porque cada vez que contemplo un cuadro, cada vez que me pongo ante una obra de creación artística, trato de hacer en mi interior un silencio lo más intenso posible, e intento descubrir lo que el artista autor de la obra tal vez quiera decirnos, (o quién sabe si sólo decirse a sí mismo), y aunque mi tarea empieza siempre siendo ardua, a veces, incluso, dura de enfrentar, siempre suelo terminar con una especie de epifanía que trato de no exteriorizar.

Digo “epifanía” en su estricto sentido de “manifestación”, y hay aquí que quitarle al término toda posible resonancia religiosa. Y también digo “epifanía” pensando en la obra de C. Romero : esas esculturas, esos elementos nacidos de un proceso que seguramente se inicia en la mente del creador, a veces tal vez en el sueño o la ensoñación que cada día solemos tener  – incluso sin ser del todo conscientes de que estamos en ello, en nuestro ensoñar callado y escurridizo – esos “objetos rotos” pero tan pletóricos de sentido, y no sólo sentido temporal (como arriba empezaba yo diciendo), sino sentido físico, palpable, que invitan al tacto y se quedan en el contacto de lo mental intuíble con lo material visible, esos objetos de arte, digo, son en sí una grandiosa epifanía en la que, ( y esto no lo dudo), su autor, necesariamente, se ha reencontrado con rincones de su propio ser íntimo. Rincones largamente callados.

Hay algo obvio que hoy, ahora en este texto, no quiero abordar : aguardaré un tiempo, volveré sobre esta obra tan intensa y lúcida que, -intuyo-, de un manotazo aleja de sí todo posible lamento humano en torno a la fugacidad de la vida y de las cosas de la vida, y nos pondremos cara a cara con esa obviedad. De momento, quedémonos con lo infielmente dicho : “ECCE HOMO IN HUMERO”.

Volveremos sobre estas cosas : bien que nos vale la tarea. Mientras eso se realiza, piensen en un aspecto curioso y en absoluto carente de sentido : la elementalidad, la sencillez de los materiales con que al artista ha trabajado : el barro, la arcilla, papel sin más incluso. ¿Estamos ahí ante una deixis del escultor-pensador-poeta que nos señala algo? Creo que sí.

 

Chamanes y Garabatos

4 May

La imagen que ven ahí arriba está tomada de una publicación de Jean Clottes y David Lewis-Williams. Se encuentra en una cueva de Cantabria (España) que se conoce como El Castillo. Se trata de una serie de puntos rojos que parecen salir de un agujero natural de la pared de la gruta. En una ponencia defendida por Jean Clottes en un Congreso celebrado en Sevilla en el 2003, ponencia que se tituló “Chamanismo en las cuevas paleolíticas”, relaciona una serie de signos, y los relaciona con un posible chamanismo. Aunque se trata de signos que, propiamente, no lo llegan a serlo, esto es, que no necesariamente están conformados en un sistema, como es el caso de los alfabetos, las señales de tráfico, o las figuras típicas de los manuales donde se empieza a explicar la geometría a los estudiantes en sus grados primeros de aprendizaje, figuras como los puntos, las rectas, los círculos, triángulos, cuadrados…, etc.

Estudiosos de la talla de los antes citados, y otros como Mircea Eliade, a mediados del pasado siglo XX, y el trabajo publicado en 1988 por Lewis-Williams D. y Dowson T. que se titula “The signs of all times. Entoptic phenomena in Upper Paleolithic art.” La bibliografía es amplia, pero ahora me limito a citar lo que tengo más a mano y estimo de considerable valor : como hipótesis que no debe ser rechazada sin más ni más sólo porque nuestra propia mentalidad no acepte los fenómenos que se describen en tratados de Antropología y de Psicología Médica, y son sin duda fenómenos compartidos por los Cromañones, nuestros más directos ancestros, y el hombre moderno que ya no vive en grutas ni las usa como “templos” o como eventuales lugares de refugio y enseñanzas “mistéricas”, sino que vivimos en casas y grandes edificios y tenemos catedrales e iglesias para esos menesteres del “contactar con los mistérico”, o universidades para transmitir el saber y los conocimientos que estimamos firmemente asentados.

Dado que hay otras recientes publicaciones que inciden en estas cuestiones del posible chamanismo responsable de no pocos de los “garabatos” y los “signos” (aún por descifrar) que contemplamos en las cuevas de Europa o África, y en los otros continentes ( o sub-continentes, como Australia), en el texto que hoy dejamos en este blog como mera introducción a lo que queremos esbozar en sucesivas publicaciones, también usaremos datos tomados de otros trabajos, como el que en un post muy anterior al de hoy ya citamos. Me refiero al trabajo de Genevieve von Petzinger publicado en 2016 y del que sólo he logrado la edición de Atria Book, N. York, (2017). Se titula “The First Signs. Unlocking the Mysteries of the World’s Oldest Symbols”.

Termino por ahora : creo que reuniendo los datos que de esas publicaciones, entre otras más que ahora no cito, y tomando también como base experiencias propias que se me han transmitido por personas de indudable valía a lo largo de los años, como mi propio padre, o como el padre José María Pilón, S. I. cuando con ellos acudía a la Cueva del Tesoro y les escuchaba elucubrar sobre estos fenómenos, creo, -decía-, que hoy me es posible dar unas razones explicativas de algunos de estos fenómenos que pueden perfectamente ser aceptables por muchos lectores familiarizados con los temas que se citan y los que aún habrá que citar. De modo, que lo que siga a este texto, ya no será casi una lista de obras, sino que nos entraremos en lo que aún sigue (y así seguirá durante no poco tiempo) siendo un “misterio” por desentrañar.

Sensibilidades : el Tiempo

12 Abr

Una de las formas de la sensibilidad humana está sin duda, (sin duda, para quien esto escribe), o se nos entra en el alma, sea lo que sea lo que llamamos “alma”, a través del Tiempo : en el sentido de que nuestra percepción del tiempo cambia a la vez que moldea nuestra manera de sentirlo. ¿Qué es el “Tiempo”, sin materia pensante alguna que lo perciba, sin alma alguna sintiente que en sí lo viva? Hay mucha filosofía nacida de estas cuestiones, son muchas las respuestas dadas a ese tipo de preguntas sobre el Tiempo, y ahora no entraremos en ninguna de ellas, aun cuando cada lector podrá percibir en nuestro texto un cierto atisbo de nuestra propia idea al respecto. Y aclaro esto : la imagen que ahí ven representa una parte de una pared de cueva donde se conserva arena de playa de mar…, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que esa pared de cueva surgió del fondo del mar llevando consigo esas amarronadas arenas y estando ahora en una Cueva que se halla sobre un monte calizo, elevado metros y metros sobre el mar, y alejado aún más metros de sus orillas? Eones de tiempo, para lo que duramos los humanos y nuestras generaciones.

Acaso “eso” que llamamos Tiempo cobre su ser a partir de la percepción que se tenga de él. O sea, a partir de los seres que somos los que, vivos, podemos considerarnos “materia pensante”, como ahí arriba acabo de escribir. Quiero decir esto de otra manera más breve : Tiempo y Sensibilidad (humana) son cosas que se entrelazan de alguna manera. En nosotros los seres vivos que pensamos y sentimos el tiempo (sea lo que sea) se nos hace realidad. Algún modo de cambiante realidad, para más tratar de atinar en lo que queremos decir. estamos con esto ante un universo interior a veces insondable.

Así, cuando paseamos por las afueras de un pequeño pueblo que se ha conservado casi como era hace algunos siglos, pongamos que desde un milenio atrás, o desde casi dos, como es el caso de Carcasona, y nos enteramos que tal localidad existe desde ochocientos años antes de la Era que llamamos “de Cristo”, y que se nos ha conservado casi como era ya en la Edad Media, o sea, hace unos mil años atrás, ¿no puede ocurrir que sea el Tiempo lo que nos inunde de alguna manera el alma, -ya dije : sea lo que sea el alma-, y desde esos adentros tan vivos nuestros nos cambie el instante, nos modifique el sentir, vivamos ese tiempo de nuestra mirada de la pequeña ciudad amurallada con una especial sensibilidad? Puede ocurrir, y de hecho resulta que ocurre.

Demos ahora un salto en el tiempo y vámonos de Carcassonne a unos breves versos de las “Tristia” (puede traducirse por “Tristezas”, o por “Noches tristes”) del poeta clásico latino que era Ovidio. Estos son los versos :

“Cum subit illius tristissima noctis imago, qua mihi supremum tempus in Urbe fuit, cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui, labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.”

(Son los cuatro versos primeros de las “Tristia” I, 3.) Ahora, daré una traducción lo más fiel posible de estos singulares versos; pero incluso respetando totalmente el sentido del texto poético latino, la traducción que de estos versos haga procuraré que sea algo “libre” : a fin de adaptarlo más a la propia sensibilidad del lector actual. Debo aclarar que algunos latinistas leen : “… quae mihi supremum tempus in Urbe fuit”, y no lo que hemos escrito antes : “…qua mihi etc.”  Ese /quae/ en lugar de /qua/ modifica algo el sentido, pero sólo afecta ello a la sintaxis, no a la semántica del texto. Eso quiere decir que para nuestro propósito ahora es indiferente que escribiera /quae/ o que escribiera /qua/. Pero  vamos ya a la versión en español :

“Cuando me viene la tristísima imagen de aquella noche, que significó para mí mis últimos  momentos en la Ciudad, cuando revivo la noche, en la que dejé tantas cosas para mí queridas, incluso ahora se desliza una lágrima de mis ojos.”

En el Diccionario Latino Español de Agustín Blánquez Fraile (uso la edición de 1946, que fue de mi padre) se traduce parte de este fragmento citado, que vamos a ver pues merece la pena este breve inciso :

Después de haber citado una frase de Virgilio ( : “subiit cari genitoris imago” : “Representósele la imagen de su amado padre”), cita a Ovidio en estos versos : “Cum subit illius tristissima noctis imago”, que traduce así el señor Blánquez Fraile : “Cuando acude a mi mente la imagen de aquella tristísima noche…” y ahí estamos ante el significado clave del verbo latino subeo – is – ire… : “presentarse una cosa a la mente, recordar, venir al pensamiento”. Otro valor que tiene este verbo en Ovidio es el de “penetrar furtivamente”, y son muchos otros los posibles sentidos. Y con ello presente, hagamos ahora dos reflexiones : una, la que nos lleva a valorar las posibles traducciones de una lengua a otra, y sus dificultades; y la otra, el modo como cada lengua acomoda a su léxico la sensibilidad del pueblo en cuestión que use tal o cual idioma.

Y pensemos : hay expresiones que son de muy difícil traslado ( es decir, traducción ) de una a otra lengua. Fijemonos en que el latín es una lengua muy próxima a nuestro castellano o español, y sin embargo algunas de sus palabras, sobre todo los verbos y algunos nombres (ya sean adjetivos, ya sustantivos, que a ambos ahora los consideramos “nombres”) tienen una tal variedad de posibles sentidos que traducirlos acaba siendo un todo un arte. De ahí que las lenguas tengan cada una su propia personalidad, intraducible a veces a otras lenguas, y que para leer literatura adecuadamente sea lo ideal hacerlo en su lengua matriz. No olvidemos que hay textos literarios imposibles de traducir, sobre todo la poesía.

Sigamos : con el paso del tiempo, las lenguas cambian. Incluso sin salirnos de un mismo idioma, el tiempo modela las palabras en sus sentidos de acuerdo con diferentes sensibilidades. Pensemos ahora en el castellano del siglo XVI, y el actual : hay en juego dos sensibilidades ya diferentes, ya con matices que poco a poco se acentúan o se pierden y dan lugar a que aparezcan otros. La sensibilidad humana, pues, posee su propio tiempo, y dejar eso de lado es negarnos a comprender cabalmente los modos de ver y sentir el mundo que el pasado nos ha entregado en textos, algunos de ellos auténticas obras de arte. Y acabemos por ahora con esta pregunta : ¿no creen ustedes que igual que las sensibilidades ante las palabras hay también otras ante las pinturas, ante la música y otras artes? Un mundo muy amplio se abre ante nosotros, y ahora lo dejo ahí estar, que tiempo tendré de tomar de nuevo esta misma cuestión y razonarla desde otros ángulos : las perspectivas a veces cambian mucho las cosas.