Tres Sueños

10 Nov
Gravados en roca. Técnica del "rayado". Sur de África.

Como he explicado en una nota anterior, nota que aparece en el post titulado “Huellas”, el que me  va a servir de introducción a lo que se comentará sobre una magnífica obra de David Lewis Williams, “LA MENTE EN LA CAVERNA”, nos será preciso acercarnos a nuestro objetivo de una manera que puede parecer indirecta, pues antes de abordar el tema en sí de dicho libro acabado de citar nos vamos a detener en otras dos cuestiones previas : Una es el libro de G. Bataille “Las lágrimas de Eros”, donde pondremos en cuestión algunas de las ideas del gran ensayista francés.  Ello sin contar con que fundamentalmente él se centra en la mente del hombre del Neolítico, y nosotros lo estamos haciendo ahora centrándonos en la de nuestros ancestros del Paleolítico. Y la otra cosa donde vamos a hacer hoy una pequeña parada son tres sueños. Tres sueños que tuvo René DESCARTES, y que leemos en un blog del Departamento de Filosofía de las Escuelas Francesas. Haremos pues, por así decirlo, un viaje con escalas.

Estas escalas (se me permita la metáfora) y en concreto la primera de ellas, la de hoy, los tres sueños de R. Descartes, nos vienen  sugeridas precisamente por el libro que ahora es nuestra meta final, el destino (como siempre, destino “provisional”) de nuestro viaje : la Mente en la Caverna. O si lo prefieren ustedes : la Humanidad en sus inicios, cuando puede que La Tierra fuera un Jardín, como cantaba en su día GEORGE MOUSTAKI ( : “Il y avait un jardin…”- … que se llamaba “la tierra”, continuaba la letra de su canción, viva desde 1969).

Veamos cómo se produce dicha sugerencia. Escribe el autor de “La Mente en la Caverna”, en las páginas 106 a 107 de su obra, esto que sigue a propósito del problema cerebro/mente :

“Si hablamos de la evolución, estamos hablando -básicamente- del cuerpo humano, de nuestra composición física, material, de huesos, sangre, tejidos, masa cerebral. En contraste, la mente es una proyección, una abstracción; no puede colocarse sobre una mesa y diseccionarse como sí es posible hacer con un cerebro. Ni tampoco parece que la mente pueda colocarse sobre una mesa filosófica y definirse y describirse. En realidad, el ancestral problema de mente/cuerpo continúa preocupándonos pese al ingenio de generaciones de filósofos.

La figura más célebremente asociada a esta cuestión es la de René Descartes (1596 – 1650), un pensador nacido en Francia que pasó la mayor parte de su vida en Holanda. Teniendo en cuenta  las cuestiones que exploro más adelante, vale la pena observar que Descartes decía que había derivado su ambición de diseñar un nuevo sistema filosófico y científico no a partir de un pensamiento lúcido y racional, sino a partir de una serie de sueños. Esa contradicción derivaba de la dualidad de su pensamiento.”

Hasta ahí la cita de David Lewis Williams, ilustre pensador y hombre de honda erudición nacido en ciudad de El Cabo, Sudáfrica, en 1934. Pero atendamos a lo que dice, ese “…, vale la pena observar que Descartes decía que había derivado su ambición de diseñar un nuevo sistema filosófico /…/ A PARTIR DE UNA SERIE DE SUEÑOS.” Y no dice el pensador de Ciudad del Cabo ni cuáles son esos sueños, ni cuántos son. Nos deja el dato mondo y lirondo. Pero nosotros, fieles a esa idea matriz que en relación a los sueños hemos ido siguiendo en estos textos del blog de La Opinión de Málaga “Palabras, bosques”, sí queremos saber más de esos sueños. Cuáles fueron, qué hay de sus contenidos oníricos, cuántos fueron. Y para saber esas cosas, hemos acudido a la fuente informativa que se ha señalado más arriba, ese blog de Federico M. Otero, en las Escuelas Francesas y su Departamento de Filosofía.

Hoy, ya, sólo diremos que los tres sueños de Descartes los tuvo un día 10 de noviembre, estando abstraído en sus pensamientos y en una remota región del Danubio, alistado en el ejército del Duque de Baviera, aliado de Francia que luchaba en la Guerra de los Treinta Años. Corría el año de 1619, y en esos cuarteles de invierno junto al río Danubio, Descartes soñó lo que contaremos en la próxima entrega de este fantástico viaje que estamos haciendo en busca de la Mente en las Cavernas, cuando la Humanidad vivía tal vez un presente que aún no hemos sido capaces de ver en su totalidad : nos faltan datos, nos faltan datos. Y nos sobra (quizá en exceso) un  modo de ver las cosas en demasía apegado a nuestro actual parecer, sin caer en la cuenta de que nosotros no éramos ellos, aunque, en cierta medida, ¡ellos sí que estaban empezando ya a ser nosotros!

5 respuestas a «Tres Sueños»

  1. Disculpe el lector que en este texto no hayamos referido en concreto los dichos tres sueños de R. Descartes. El próximo texto lo hará y luego se irá a lo de “Las lágrimas de Eros”, para al fin recalar de nuevo en la obra de D. L. Williams.

  2. El libro de David Lewis Williams es una notable claridad y muy bien documentadas hipótesis o teorías o, cuando ello no es posible, un relato que se basa en estudios fiables y en una visión de las cosas altamente razonable. Por si ello fuera poco, el extraordinario estudioso pone toques de poesía apenas sugeridos pero no por eso menos efectivos.

  3. En el próximo texto del post que pronto estará en ese blog de La Opinión de Málaga, veremos cómo el propio Descartes trató de dar sentido a sus sueños y, sobre ello, cómo una parte de lo soñado bien pudo ser un proceso visionario, dadas las concomitancias de forma (me refiero ahora a la “forma onírica”) que el terco era de sus sueños tiene con los que relata Cervantes de Don Quijote en la Cueva de Montesinos. Es algo muy curioso.

  4. Nota.- En el último comentario : donde dice “que el terco era de sus sueños…”, debe decir “que el tercero de sus sueños…”
    Esos errores a veces me sobreviene a causa de añadir comentarios usando el móvil, y no desde la palancana del ordenador.
    Disculpen ustedes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *