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A los que nunca le toca la lotería

21 Dic

Las fechas navideñas son un recurso fácil a la par que injusto -pero útil- para que todos nos paremos a analizar la situación de nuestro entorno y percibir las calamidades que nos rodean. Digo que es fácil pues, en estas fechas, nos cebamos en el consumismo hasta tal punto que necesitamos de un vaso de sal de fruta moral para digerir bien el desacato a la sensatez que cometemos al llegar diciembre. Y digo injusto pues, el año entero, esas historias en las que nos paramos siguen existiendo, pero solamente para ellos pues nosotros estamos muy liados en nuestras cosas. Y digo útil porque, a pesar del objetivo, el objeto es necesario y bien avenido por parte de aquellos que se ahogan a nuestro alrededor.

La Navidad es la fecha de la dosis caritativa obligatoria. El telemaratón mental en el que muchos nos paramos a echar una mano a aquellos a los que lo necesitan. Y resulta genial pues con ese remordimiento hay familias enteras que cenan algo más que un bocadillo de salchichón en nochebuena. Y hay padres que pueden poner un dulce en su mesa para que sus niños no noten distensión ni mundos problemáticos. Pero para la gran mayoría la Navidad resulta más un suplicio que una fiesta.

Málaga a día de hoy padece una epidemia maldita y es que uno de cada cuatro habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza. Es decir que, a tu alrededor, hay personas pasándolo canutas. Y no hablamos del chavalito inmigrante que vino en busca de algo que desgraciadamente no consigue -que también- sino que hablamos de gente como tú y como yo que no tiene comer. Gente incluso con trabajos. Y de hecho trabajos de sol a sol. Pero que no llegan ni en sueños a final de mes y no pueden cubrir el pack básico de techo, agua, luz y alimento para él y su familia. Suena aterrador. Pero lo es aún más. ¿Sabes que en Málaga hay instituciones que a diario preparan “compras” ficticias para que los usuarios lleven a su casa bolsas de comida de tal manera que sus hijos piensen que su mamá o su papá vienen del supermercado y no de pedir comida en una institución benéfica? ¿Saben ustedes qué es Corinto? ¿saben que en Málaga hay un “supermercado” al que la gente entra con su familia y “compra” con unos “dineros especiales” para que no parezca que están en la miseria y sí comprando como el resto de papás y mamás? Igual no lo sabes. Pero existe. Y mucho. A diario. No solamente en diciembre. Todos los meses. Haga calor o frío. Ahí están ellos. Los que no pueden pagar la luz y se inventan juegos para que sus hijos se bañen en casas de vecinos o amigos, montando unas historias raras para que los niños no piensen que la vida no les puede ir peor.

Eso está sucediendo en Málaga. Y se cuentan por decenas de miles de personas. Españolas. Malagueñas. Que nacieron en el Clínico, Gálvez o el Materno. Y están en la mayor de las ruinas y con dificultades para salir de ese círculo vicioso.

Busquen y comprendan. Hablen con la gente del Comedor Santo Domingo y la labor que realizan a diario para intentar sacar del atolladero a tantísimas familias que no pueden más. Y ojo, que no se trata de dar comida y cerrar la puerta. Sino de luchar para que salgan airosos y se reincorporen al circuito vital normal. Que dar comida es bueno. Pero lo realmente complicado es coger a las personas y echarles una mano de verdad. Y que tengan la posibilidad de rehacer las cosas para poder vivir dignamente. Cosa que perfectamente se identifica con el Comedor Santo Domingo y su lema: “De primero otra oportunidad”. Y suena bien. Y bonito. Y esperanzador. Pero la realidad es tan grotesca, desgarradora y dura que el mero hecho de escribirla ya afecta a quien la escribe.

Es por eso que creo que necesitamos tomar conciencia pues estamos demasiado ciegos y deslumbrados por este mundo infame ante una realidad que pocos llegan a atisbar. Y deseo que os acerquéis a las instituciones que ayudan a tanta gente. Y deis dinero. Así. Sin paños calientes. El voluntariado y esas cosas están geniales. Y son necesarias. Pero aquí lo primero es el dinero. Y hace falta mucho. Porque son muchos los que viven en la mayor de las miserias. Pobres. Sí. Pobres. Una palabra que ya no se usa porque está mal, no es inclusiva, etc etc etc. Pero la realidad verdadera es la que es: pobres de solemnidad. De ropas sin remiendo, hambre y mucho pan.

Que no os engañen. Que el sistema funciona para algunos. Y si no, miraos vosotros mismos. Y analizad si estáis bien. Si vivís con soltura y con un futuro tranquilo, seguro y esperanzador. ¿A que no? Pues imaginad si, con vuestra vida actual pensáis así, qué no pensará y sentirá el que nada tiene y lleva a su hija al comedor social todos los días al salir del colegio, rodeado de personas que, seguramente, no quisiera que su hija tuviera que ver. ¿Duro verdad? Pues así está la vida. En Málaga capital.

Y sabed que la frase de “mañana te puede pasar a ti” no es para nada irreal. Que sucede. Que os llevaríais una sorpresa importante si vierais algunas caras en los comedores sociales recogiendo paquetes de macarrones y latas de atún. Gente que reconoces de Málaga y sus calles. Gente que ves paseando, en Semana Santa o viendo las luces de Navidad. Y te entra un escalofrío al darte cuenta de que necesita ayuda para comer o vestirse.

Hoy al leer esto a lo mejor estás triste porque no te ha tocado la lotería. Ni la pedrea ni la devolución. Pero deberías saber que hay gente a la que nunca le toca la lotería. Porque no puede comprar nada. Hombres y mujeres que lloran de vergüenza sin haber sido culpables de su mala suerte y que se sienten culpables por condenar a sus hijos a la miseria.

Por favor pensad en ello. Tomad conciencia. Aunque sea gracias a la Navidad. Y ayudad. Todo el año. Mes a mes. Imaginad que es un Netflix nuevo. O que ha subido la cuota de Spotify. Que con diez euros al mes, hay personas que hacen encaje de bolillos. Y tiramos el dinero en estupideces. Y estas instituciones ya te ofrecen hacerte socio a golpe de clic. Y al día siguiente alguien respirará en el llano de la Trinidad o cualquier otro barrio.

La felicitación de Navidad del Comedor Santo Domingo ha llegado y lleva una frase del jesuita San Ignacio de Loyola que dice “En todo amar y servir”. Y la encuentro imposible en pleno pues esa capacidad está reservada a seres superiores a la gran mayoría. Pero una parte es posible para muchos. Muchísimos.  Y con el tiempo ni siquiera te des cuenta de la ayuda que estás haciendo. Pero ellos lo notarán a diario.

Ayuda. Y no te dejes engañar. Porque hay gente pasándolo muy mal. Y son como nosotros. Y nos puede pasar a nosotros. De verdad. Ayuda.

Viva Málaga.

 

 

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