El disfraz de CAC-CO

27 Feb
LVMM

Málaga está viviendo el carnaval como nunca antes lo había hecho. Se está superando y año a año consiguen que todo mejore.

Y este ciclo estamos disfrutando de unos niveles estratosféricos. Supongo que ha debido ser fruto del duro trabajo de los organizadores, el hecho en sí de que la ciudad de manera íntegra se haya transformado para celebrar dicha fiesta.

Estamos hablando de una celebración pagana, irreverente y granuja. Toca saltarse las normas. Dar la vuelta al guión y que la Monja sea Cura, el Cura sea padre de familia y la guapa se vuelva fea con bigote.

Y se ha conseguido con creces. Un disfraz perfecto. Hecho a la medida de nuestros ojos. De nuestra vista cansada.

Fíjense si hemos cogido rápidamente la idea del carnaval, que han asumido el rol festivo desde todos los ámbitos de la ciudad.

Y los primeros que lo han hecho han sido los curas. Sí. La iglesia en Málaga también celebra el carnaval. Y lo ha hecho disfrazándose de dedo que señala. Así es. Han cosido un traje perfecto que representa una mano con el dedo índice desplegado y en posición ideal para señalar. Da igual a quién. O no. Pero la cuestión es que es un dedo firme y recto. Y señala que da gusto.

El disfraz del Obispado representa la figura de aquél que cree que tiene la verdad suprema y que la aplica aún atropellando valores básicos de honestidad y de su propio libro de reglas.

De eso van este año algunos Curas en Málaga. De predicadores. De sexadores de pollos en las granjas. Éste sí. Éste sí. Éste no, que es marica y no quiere ir al seminario. Éste sí. Éste no, que se va a divorciar. Éste sí. Éste sí. Éste no, que no es un ultraconservador en condiciones. Éste sí. Éste sí. Éste no, que no está de acuerdo con expulsar a una niña de un colegio por ser distinta y que no se le ponga en la frente un sello de anormal. Éste sí. Éste sí. Éste también, que se porta muy bien diciendo lo que tiene que decir.

Qué disfraz más bien conseguido. ¿O no? Pues no se crean. ¡Que los hay iguales o mejores!

También tenemos un disfraz muy usado este año entre algunos políticos. Van de miseria con patas. Sí, sí. Es precioso. Perfectamente conseguido. Hay de varios tipos. Por ejemplo, está el disfraz de Localismo. Una maravilla en tonos verdes que solamente se dedica a culpar a su hermano o al tuyo de los problemas creados por él. Es fenomenal. Lo mismo te dice que nuestro Carnaval es mejor que el de Cádiz y que allí nos copian, que te argumenta que nuestras luces de navidad son baratísimas porque vienen de muy lejos a hacerle fotos para imitarnos. ¿Maravilloso, verdad? Pues hay más.

También está el disfraz de Callada por respuesta. Muy conseguido este año. Se trata de ir sonriente. Da igual lo que te pongas. Lo mismo es un disfraz de tigre, que es un vestido hecho con una túnica de Nazareno. Este último tiene un toque extraordinario porque te ríes en la cara de la gente por hacer mal tu trabajo pero a la vez puedes faltar al respeto a las personas que usan dicho hábito para salir de penitente y que no les gusta verlo en carnavales. –Dicen que puede conseguir el primer premio-.

Pero sin duda hay un disfraz que está causando sensación. La estrella de este año en los carnavales. El disfraz de CACCO. El cac-co es un disfraz de ladrón de arte contemporáneo. Básicamente se trata de un traje en tonos grises. Apagado. Con unas puertas muy abiertas y sin seguridad alguna. A los lados lleva dos botellas de gas para inflar los precios. Y en la cabeza un gran burbuja. Burbuja del arte. Esa que aún no ha explotado y que dice que dos canicas de mármol cuestan casi dos mil euros. ¡Qué fenómenos!

Aún no se sabe quién va a ganar el concurso este año en el carnaval de Málaga. Está por ver si despunta el Obispado con alguna estupidez más o finalmente se lleva la palma el CAC. Un mano a mano que por ahora no tiene vencedor pero sí vencidos: los malagueños.

No sé cómo habrá funcionado este año el carnaval “oficial”. No sé cómo funcionará los días que quedan. Pero es evidente que tiene un gran rival justo al lado con este carnaval ficticio y penosamente real.

Al final se giran las tornas. Y se consigue que una fiesta canalla quede en babuchas en comparación con los granujas con carnet vigente durante todo el año.

Ojalá se entierre el boquerón y con él vayan las miserias de nuestra Iglesia, la ausencia de clase de parte de nuestra casta política y el desprecio continuado hacia la cultura real malacitana. Ojalá se entierre. Bien hondo. Profundísimo.

De lo contrario viviremos cada vez peor. Más amargados. Y el carnaval, como a mí, nos sabrá a poco para lo mucho que se podría hacer.

Algunos habréis llegado hasta aquí para ver si escribía del carnaval y opinaba sobre cómo se pierden libertades en una fiesta si tienes una marca comercial detrás o el sentido de nuestra historia desvestida con tradiciones importadas. Pero no. No. No. No. No.

Viva Málaga.

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