Alberto Cortez

Directo al corazón

12 Abr

Muestra de la integración de los argentinos en España es que parece que no hay película o serie en el país en la que no aparezca un argentino, planteando sus reflexiones existenciales.

Los argentinos son muy de monólogo interior cuando escriben novelas y de monólogo exterior en sus relaciones sociales. Hasta en las situaciones más insólitas te encuentras con un argentino y se arranca en un monólogo improvisado y transcendente, que al español, no dado a tales expansiones, le deja un poco aturdido.

Recuerdo ver entrar hace unos años en una sauna a un señor con la toalla cruzada al hombro con aire de senador togado, que en cuanto se hubo sentado en uno de los bancos de madera, exclamó:

—¡Qué condición pelotuda la del género humano!

Alguno de los colindantes sudoríferos, que ya se hacía cargo de que aquello era sólo un proemio, puso los ojos en blanco y se abanicó con la mano, lo que no le recató  al orate de proseguir, ya en su pose de alegador tribunicio:

—¿Pero qué carajo hacemos aquí todos tan callados? ¿Va a ser que estamos en misa?

Los perros se huelen el culo y recién se hacen amigos. En cambio, nosotros, qué va a ser.

Yo me llamo Norberto y soy de Mendoza ¿Y vos te llamás? —preguntó primero al de los ojos en blanco y luego, uno a uno, a toda la concurrencia.

Conocido ya el nombre de la audiencia, nos hizo Norberto una sinopsis de las causas de la crisis de su país y de la política de allá y del mundo entero, toda ella muy entreverada de preguntas retóricas, tan incontestables como las de un Hamlet o un Segismundo o el propio Cayo Graco.

Odio encerrar en un tópico a todos los nativos de un país, pero, sin duda, este tipo de personajes contribuyen a fomentarlos. Y bien, la verdad es que me resultan simpáticos.

Llegan a España y aquí se mueven como Pedro por su casa, sin sentirse extranjeros, porque más que venir regresan a la tierra de los padres o los abuelos, que emigraron a Argentina en tiempos de carestía o de huida forzosa en la Guerra Civil. Son la descendencia de aquellos gallegos, que es apelativo común en los dominios del Martín Fierro para todo español, sea de la provincia que fuere.

En el caso del compositor y cantante argentino, Alberto Cortez, del que hablamos estos días, no hay duda; tanto su abuelo como su padre nacieron en el pueblo de Punxin (Ourense), aunque su recia corpulencia de leñador se la debiese tal vez más a una abuela, Julia Laburu, de origen vasco.

Todo en él era grande; su estatura, su torrente de voz y su sensibilidad, que llenaba los escenarios, con su sobrio conjunto de camisa y pantalón negros, que en su modestia usaba , como Edith Piaf, para confundirse con las sombras del escenario y no distraer al público de la interpretación musical, lo cual no lograba del todo.

En sus correrías por el mundo, propias del espíritu aventurero que revelaban sus canciones, pasó por Los Ángeles y allí le propusieron hacerlo un latin lover de Hollywood, pero eso requería cierto relajamiento de costumbres que no iba con su estilo.

Tenía su tendencia muy clara desde el principio; acudía a un conservatorio desde los seis años y a los doce compuso su primera canción, “Un cigarrillo, la lluvia y tú”.

A los diecisiete ya quería unirse al grupo musical “Los andariegos”, pero su padre se lo prohibió a causa de sus malas notas en el instituto. Superó ese bache y comenzó a estudiar Derecho y Ciencias Sociales en Buenos Aires y para pagarse los estudios trabajaba de músico para los clubes nocturnos.

Pues no era su destino asentarse en un despacho para ejercer la abogacía, dejó los estudios y tomó un barco rumbo a la tierra del conquistador de las Américas; el genovés, Cristóbal Colón.

Y de Génova viaja a Bélgica, donde conocerá el dulce sabor del amor y el amargo del  primer fracaso junto a su grupo Argentine international ballet and show.

Como todo principiante ha de debatirse entre sus propias inclinaciones, que lo llevan a París para seguir los pasos de la chanson française, o intentar abrirse camino, al fin, con una fórmula comercial, lo que consigue con una pachanga, llamada “Me lo dijo Pérez”, que presenta en los 60 del Festival de Mallorca y se hace muy popular en la voz de Mochi, Karina y Los Tres Sudamericanos por fomentar, a ritmo pop, el boom turístico en la isla balear .

Pronto, sin embargo, abandonará esta senda, arriesgando por su amor a la poesía, y en el teatro de La Zarzuela sorprenderá al público cantando temas de Atahualpa Yupanqui y poemas musicados de Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Neruda y Machado, que inspiran a Joan Manuel Serrat  para dedicarle todo un disco a los versos del poeta sevillano, en el que toma de Cortez la música para los temas “Retrato” y “Las moscas” .

Durante estos años de continuado contacto con los poetas, nace el estilo Cortez de sus mejores canciones; En un rincón del alma, Cuando un amigo se va y El abuelo, que dedica a la memoria de su propio abuelo; Eladio García, el emigrante gallego de Punxin.

Detrás de todas las canciones de Cortez hay una intensa vivencia personal, lo que se revela en la emoción que transmiten, sobre todo cuando son interpretadas por él; no sólo con la voz, sino con los gestos de las manos y las expresiones de la cara. Cortez tenía mucho de tenor en su apariencia y su manera de ser actor que canta sobre el escenario. Y así lo llegaron a comprender en Buenos Aires, que lo acogió en el Teatro Colón en 1992; lugar hasta entonces sólo  reservado para espectáculos de ópera.

Sin embargo, a pesar de los muchos honores, los grammys y discos de oro que fue acumulando a lo largo de su larga carrera musical, siempre seguía apareciendo ante el público como una presencia cercana que llegaba a todos por haber logrado dar con el lenguaje universal de los sentimientos con una sencillez inimitable, que iba directa al corazón; igual el de los unos que el de los otros. Podemos pensar diferente, pero sentimos lo mismo.

El corazón tiene un lenguaje sencillo, aunque muy pocos, como Cortez, encuentran sus palabras exactas.

3 thoughts on “Directo al corazón

  1. Si tenías noción exacta
    de que te encontrabas lejos
    era porque, en cualquier centro
    español, tarareaban
    “no soy de aquí, ni soy de allá…”
    dispuesta para la ocasión;
    jamás caída del cartel,
    amenizaba la reunión,
    en versión de Alberto Cortez,
    junto a otras remembranzas,
    hechas de eterna distancia,
    de Argentina y de España
    por similares motivos;
    del Paraguay de Stroessner
    del Chile de Pinochet,
    para no caer cautivos…
    Hace poco que se fue
    pero ya suena lejano
    el eco de Alberto Cortez
    que traspasaba alambradas
    acortaba las distancias
    franqueaba las fronteras…
    Académica palanca
    cayó pronto en la cuenta
    que había otros intereses
    llamándonos a la puerta…
    https://www.youtube.com/watch?v=tnsRFg39pu8

    Felicidades de nuevo y por el nuevo libro.
    ¡Chiquilla, qué manera de escribir…!

    • Partir sin alma e ir con alma ajena siempre a ritmo militar para marchar a la guerra o por huir de un general, pero como dijo Mochi; los que se van ya volverán ¿y esto a qué te suena?

      • Antaño era partir hacia tierra extraña,
        como si la madre patria no bastara;
        en realidad, nunca te acababas de ir,
        ni cuando, ocasionalmente, venías,
        ni cuando te tenías que venir.
        Pero también sonaba a Machado
        abriendo caminos con su soñar,
        que son las huellas de su cantar,
        delante el presente, atrás el pasado
        y camina que camina sin cesar.
        Volver y no querer; querer y no volver;
        no una vez, que no hay dos sin tres,
        tiene cierta ventaja sobre otro tema
        antiguo, penoso y triste, porque lo es,
        de Iva Zanicchi, lamentando la guerra…

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