Una buena noticia para todos

27 Mar

La política no es una ciencia exacta. Por eso, cuando nos acercamos a ella con intención de análisis, raro es que no nos hagamos un lío. Sobre todo, cuando a esa intención de análisis, aplicamos, por objetivo rigor, las informaciones de diversos medios.

Según algunos, los resultados de estas elecciones andaluzas confirman la continuidad del bipartidismo y, según otros, lo que delatan es su fin y el comienzo del cambio. Suena raro, sin embargo, hablar de cambio, cuando, después de 33 años en el poder, el PSOE consolida su permanencia con otra mayoría. Si nos vamos a lo evidente, resultaría que Susana Díaz ha ganado, pero si nos vamos a las declaraciones de Celia Villalobos, después de todo, ha perdido porque no ha conseguido los escaños suficientes para formar mayoría absoluta. Si algo tiene Villalobos es lo optimista que es para lo suyo. Dándole un giro a la cosa, siempre encuentra la razón para atribuirle a otro la derrota. Pero si la hubiera, como la hay, la derrota del PP según las cifras, también encontraremos para ello explicaciones variopintas. La culpa de ella para Esperanza Aguirre consiste en la poca sustancialidad de Moreno Bonilla, a quien propone destituir, y, sin embargo, si atendemos a otros, nos dirán que el causante fue Mariano Rajoy contra quien han votado más de muchos por identificarlo con su antipática política de sobriedad y recortes, lo que sido fácil de hacer por su activa presencia en Andalucía. Tanto es así que se ha llegado a decir que su fatal apoyo al candidato e incluso su apuesta tan personal por él, fue una enrevesada estrategia para ceder esta plaza, con la idea de que los agradecidos vencedores le cediesen, a su vez, la victoria en las generales ¿Le habrá merecido la pena, en suma, tanto trajín de viajes para tan descabellado objetivo? (si lo hubiere)

Pero vayamos a otras opiniones, según las cuales, Ciudadanos ha sido el auténtico vencedor con nueve escaños. El número no es apabullante en sí mismo, pero sí, habida cuenta de que venían de estreno y de que, pese a aquella frase de Albert Rivera por la que proponía no dar pescado a los andaluces sino enseñarles a pescar, hubo quienes no encontraron en ella, oprobio por ser tachados de pueblo tercermundista, o, aunque sí, lo votaron igualmente por la desesperación hacia el cambio que les pedía el cuerpo. Lo malo de verdad fue que otros captaron el sentido de no dar pescado como metáfora de no dar subsidios y ahí les dolió. Por estos lares, el Per o no Per, ésa es la cuestión, no se puede poner en tela de juicio Shakesperiana. Más escaños le hubiesen tocado a Ciudadanos si no la toca y también a Podemos que apostó, a su vez, por el no Per.

El no Per de Podemos, le restó a Teresa Rodríguez más votos que las especulaciones sobre la presunta eliminación de la Semana Santa y las hipotéticas corruptelas o corruptelillas de Monedero y Errejón. La corrupción no es, en sí misma, un argumento que desmotive al voto, pero la eliminación del Per son palabras mayores.

O no, si también hago caso a que el voto andaluz, por lo que dicen, es un voto emotivo y que Susana tocó la fibra del pueblo hasta hacerle olvidar los inquietantes paseillos de la juez Alaya y los coletazos del caso Edu, porque el corazón tiene razones que no entiende la razón.

Por cierto, que la Junta de Andalucía ya ha destituido a dos altos cargos de la administración junto a otros 14 exdirectivos del Gobierno andaluz en una operación contra el presunto fraude de los cursos de formación  para parados con fondos públicos, por lo que leo en La Opinión de Málaga.

Pero ¿por qué ahora? Si esto se hubiese hecho antes de las elecciones, el voto socialista habría crecido aún más. En positivo, se piensa que éste sólo es el aperitivo para pasar al plato fuerte. En negativo, que estas destituciones sirven para distraer de otras mucho más controvertidas. Albert Rivera está pidiendo las cabezas de Chaves y Griñán a cambio de su apoyo a la investidura de Susana Díaz ¿Se hubiese conformado Salomé si, en lugar de la cabeza de San Juan Bautista le dan otras? El catalán no se conforma con el pescaito, quiere menú completo con copa y puro. Crecido está con sus nueve escaños y con la vista puesta en las elecciones generales, donde también podría competir con la propia Susana Díaz. Si es que es verdad que las elecciones andaluzas le han servido de trampolín a la presidenta, ya electa, para catapultarse a la política nacional.

Desde luego, merendarse a Pedro Sánchez, por lo que se lee, lo tiene chupado, pero el plazo para ganarse la confianza del resto de los españoles es cortísimo y tendría que hacer maravillas por aquí para que se le abra el camino a Madrid, por flaca que se esté quedando la contra.

Hoy por hoy, una victoria de Rajoy en las próximas generales parece impensable, a no ser que, de repente, obre milagros. Bienvenida sea la competencia, que estimula a la imaginación y a las buenas obras. Si el bipartidismo quiere mantenerse tendrá que hacer algo mejor que existir. Con nuevos pretendientes a la vista, ya no vale descuidarse y engordar como el casado. Los resultados en las elecciones andaluzas han sido un tímido aviso, pero está ahí; si no espabiláis, nos vamos con el otro.

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