Chicos guapos

18 Jul
Pedro Sánchez

Pedro Sánchez es guapo. Ésta es la canción del verano. Todo el mundo lo sabe y lo repite y se diría que en lugar de unas primarias hubiese ganado un concurso de belleza. Guapo, guapo, guapo, dicen unos y otros y en vez de aclamar a un líder parece que estén vitoreando a la Virgen del Carmen.
Pedro Sánchez es joven, algunos dicen que hasta un efebo. Los efebos de la antigüedad clásica tenían 15 años y el nuevo secretario general del PSOE, 42 castañas, pero, como ya hemos comentado otras veces, las edades ya no son lo que eran; si un cuarentón ayer no más era un hombre maduro, ahora es un chaval, un chicuelo, un pimpollo; una criatura, en fin, de escasa experiencia y pocas luces. Sobre la juventud hay un discurso hipócrita, cuando son sujetos pasivos se les llama “la generación más preparada de la historia”, pero cuando se disponen a ser sujetos activos, su preparación se pone inmediatamente bajo sospecha. Y ni los títulos universitarios les sirven de demasiada garantía. Ahora las licenciaturas tampoco son lo que eran.
Pedro Sánchez es doblemente sospechoso, por joven y por guapo. Sobre la guapura siempre hubo prejuicios. El guapo es el individuo que no se curra las neuronas, porque ya tiene asegurado el éxito social por la cara y eso lo hace perezoso mental.
De Pedro Sánchez como de todos los candidatos pseudojóvenes, entre los treinta y los cuarenta y tantos años se dice que vende un discurso vacuo, lleno de aire. “Aire, soy como el aire”, cantaba otro Pedro guapito del pop en los 80.
Pero el concepto sobre la superficialidad de Sánchez, es también superficial. Ya no hay opinión que no se construya sobre las tres o cuatro consignas que difundan las redes sociales. Aquí la pereza mental se impone por el cómodo vicio de repetir los estribillos que evita la fatigosa tarea de formarse un juicio propio. Las etiquetas son pegadizas y nos las dan hechas. Como todo. Así si Pablo Iglesias es un populista bolivariano, Sánchez es un vendedor de humo. Como también se ha dicho de Susana Díaz y de su propio contrincante, Juan Manuel Moreno Bonilla. Hay etiquetas polivalentes que lo mismo valen para un roto que para un descosido, para el uno y su contrario, para la izquierda y la derecha, que hasta en las etiquetas apuestan por lo intercambiable. La conquista del centro centra las ambiciones de los grandes partidos. Significarse demasiado significa perder el voto de los indecisos, o sea, la posibilidad de la mayoría absoluta. Por eso, se dice que Pedro Sánchez ha ganado las primarias, porque era el menos significado de los candidatos. Apoya la Monarquía sin proponer referéndum popular y se muestra tibio en el tema catalán. Además se señala a su favor “que tiene la mirada seductora de Adolfo Suárez y el atractivo conjunto de Felipe González”. Todo un homenaje en forma a los políticos moderados de la añorada Transición. El problema es el fondo. Los partidos han hecho un esfuerzo en la renovación de su imagen, pero los ciudadanos, en el fondo, sólo ven formas ¿quién va a ser el guapo que los curará de tanto descreimiento?
La oferta se multiplica e IU lanza a Alberto Garzón como hombre fuerte para contrarrestar el efecto “Podemos”. En los periódicos, se anima la calidad de la fotogenia y, entre tanto chico guapo, empieza a desentonar Rajoy ¿quién va a ser el guapo que lo sustituya?
De momento, ha bajado a Andalucía para abrazar a su joven candidato en tierra hostil. Moreno Bonilla también es resultón, pero, aunque sea hijo de emigrantes y nieto de jornaleros, tiene belleza de señorito de pueblo. Uno se lo imagina con poderío de terrateniente en la verbena, dándole a la copita de vino fino con su camisa del caballito, su cinturón de Spagnolo y sus mocasines náuticos.
Andalucía es una plaza dificilísima de tomar para el PP, sobre todo, a la altura de los pueblos. Allí votar derechas es votar al señorito, al tipo que saluda desde el bar con el ánimo jocoso y las manos limpias a los que vuelven con las uñas sucias y la espalda destrozada de trabajar en el campo. Caballero Bonald retrató bien esta situación en su novela “Dos días de setiembre”. Él conocía bien la figura del señorito, porque era hijo y nieto de señoritos.
Por campechano que sea el señorito, tiende a caer mal. Hay envidia de sus tierras, de la ostentación de su casa en el centro del pueblo y su ociosidad risueña. Pero, en el fondo de esa envidia, también hay un afán de emulación. Un deseo de marcharse fuera a hacer fortuna y volver al pueblo, por la puerta grande, en BMW para comprarse tierras y hacerse una mansión más grande que la del señorito.
En los pueblos, la izquierda es la revancha contra el señorito y la derecha la lucha del señorito por mantener sus privilegios. Otra cosa son las ideas que cada vez importan menos.

9 respuestas a «Chicos guapos»

  1. La verdad sea dicha, Pedro Sánchez da el pego como efebo. Y no lo digo por mí, que ya habrá otros con menos años y más soltura a la hora de captar lo que el guapito de cara, jeje, les suelte, que será, por lo que he escuchado, lo que les gusta oir, a saber, que la derecha es mu mala (por eso el otro día, en el Parlamento Europeo, votó contra ella, contraviniendo lo convenido y se alineó con esos angelitos bonachones que son los eurófobos, los euroescépticos y, sobre todo, esa troupe de Le Pen, Marine, ante cuya presencia se remueven las celosas cenizas de Eva Braun…Miedo me da este Pedro!)
    Pero no está bien sojuzgar a alguien, así, a bote pronto, que incluso los peores acusados se benefician de la duda y digo yo que cinco años de consejero en Cajamadrid junto al presidente Blesa, (¡soy como el aireeee, aaahhh, pegado a tiiiii….) dejan fuera de toda especulación la imagen sobria y juvenil, honesta y sincera, de Pedro Sánchez. Y por ello hay que congratularse, “Congratulations, qué buena sueggteee…” o Cliff Richard, pisándole los talones a Massiel.

    Sobre Andalucía, si las piedras hablaran…Que sí, que muchos presumieron de coche de importación (casi todos de segunda mano, pero revisados, eh, que los alemanes…) en aquellos sesenta-setenta. Lo mismo que se deshicieron del cacharro si no volvían a emigrar, que mantener semejante muerto…Luego vino el paro y Europa, sobre todo Europa, el dinero y la manga ancha con la corrupción. Así llegaba el otrora pardillo a la venta con el Mercedes lavaíto y cargaíto con toda la patulea, a presumir de pasta, no como esos enmallaos de los señoritos…Claro, echando más horas que un reloj durante la semana y que ahora echan de menos, esto no era lo que habíamos hablado y tal. Encima hay que mantener el peazo casa que me hice sin permisos ni na de na. Bueno, ahí está el Chaves, que me felicita por mi santo. Esto es algo que no hizo nadie antes. Pero el señorito, para bien y para mal, seguía siendo eso, votante, sobre todo, del PSOE, por aquello de las seguras subvenciones y dominio del partío y de, ya puestos, la tierra. ¿La ideología? Con esa hicieron mangas de capirote y siguen en la brecha. Ma de lo mizmo.

    Y si no, que hable el Pedro, seña Lola.

  2. Visto así ¿Tú crees, Winspector, que el socialismo español echará de menos a Zapatero? Detrás de su belleza, no había amago de lado oscuro. Era transparente.
    Y, en fin, ¿algún pronóstico para el futuro de Andalucía? Estoy en ascuas…

  3. Ser transparente en este país, algo que se sale bastante de lo normal, no mueve a la admiración sino a la envidia y a guardar armas. El peor enemigo de Zapatero, en mi opinión, fue el propio partido, abundante, contra lo que pueda parecer o dé a entender la palabra progreso, en cretinos inmovilistas, zafiedad y machismo, que suelen cambiar rápido de bando y tonto eres si no. Más el tratamiento dado a la (no) crisis.
    Para el caso andaluz, tan consciente de su cruz, ni contigo ni sin ti, dejándolo tal cual, al parecer de la clase política, está bien. Paro y turismo al alza, así en la costa como en el campo, camareros y asistentes cada vez mejor formados, fiestas, romerías…también exportación de los mejores profesionales, que se buscan la vida fuera…¿Pasa el tiempo en Andalucía? Es gran incógnita. Creo que se mueve en lo etéreo, pues ya de antiguo se decía que pasa el tiempo porque tiende a “no ser”, a pasado. Y si no existiera el pretérito y fuese siempre presente, no podríamos llamarlo tiempo, sino Eternidad.
    ¿Será eterna Andalucía? Tal vez santa…

  4. Andalucía es lo que quiere ser, siempre que el ser tenga venia para que le dejen ser. O sea, que lo que quiera mientras que otros quieran. Anda Lucía, y Lucía anda porque es muy bella, como el Sánchez. Habrá que ver cómo forma su ejecutiva, la que parece de presencia en arraigo andaluz. En todo caso, qué buena cosa sería que fueran, aquéllos, como los Hijos de Sánchez. Ya saben, aquello de antoniquin. Disculpas cordiales.

    Anda Lucía,
    y ella anda.
    Corre Lucía,
    y ella corre.
    Vive Lucía,
    y ella vive.
    Bebe Lucía,
    y ella bebe.
    Sueña Lucía,
    y ella sueña.
    Andalucía,
    y ella…

  5. Andalucía la llana
    ahora tiene una Susana
    y Susanita tiene una ratón,
    un ratón chiquitín
    que sabe que entre oliva y jamón
    es mejor que en Madrid.
    Susanita es todo un sol,
    un vergel, un jardín,
    que sabe que apoyando a un señor
    va y se consolida aquí.
    Susanita tiene magín,
    ella sabe esperar
    porque Sevilla tiene
    un color especial.

  6. Fue la gracia de Triana
    quien nos puso soberana
    y esa graciosa chiquilla
    que es Susana
    gobierna desde Sevilla
    que es la plaza
    del socialismo en España
    y en su camino no halla
    más que rosas
    si no fuese por la caña
    que mete la juez Alaya.

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