Es la monda

21 Dic
Es la monda
Con imaginación, no hay miserias ni platos vacíos. Leo en una revista de papel satinado que con las mondas y cáscaras de frutas y verduras se pueden elaborar menús ricos en fibras, vitaminas, que dan una fiesta de colores a la mesa y son, en suma, de lo más divertido.
¿Menús divertidos con cáscaras de calabacín y mondas de patata? Ya lo creo, nada más que leer estas sugerencias en la sección gastronómica, le entra la risa a cualquiera. ¡Cáscaras! Es la monda. Sólo que, a fin de cuentas, diríamos que esta clase de platillos no son precisamente materia de innovación. Todo quisque que haya tenido abuelos, pasando penurias durante la Guerra Civil, sabrá por ellos al dedillo de la elaboración de dichas recetas que, además de mondas y cáscaras, incluían algarrobas, ratas de campo y hasta, de no terciarse otra cosa, las suelas de los zapatos. De modo que, dado el susodicho derroche de inventiva en combinar ingredientes, ya se les podía considerar pioneros en el arte culinario de la experimentación alternativa y la confección de menús divertidísimos, en la que, sin embargo, no perseveraron,
pasándose de nuevo a la aburrida costumbre de comer decentemente, en cuanto salieron –los que salieron- de las trincheras y pudieron levantar cabeza. Las mondas de patata serían divertidas cuando no hubo más remedio, pero, en lo que fue el resto de su vida, procuraron, antes que nada, hacerse de una despensa aburridísima, pero bien repleta de víveres nada originales por si volvían las hambrunas. El abuelo de la Guerra Civil es –o ha sido- ese individuo que, en cuanto el clima amenaza zozobra política, baja enseguida a vaciar el supermercado para llenar la despensa hasta los topes. Por las propias andanzas y desventuras que nos contaron estos abuelos y su consecuente esmero en que no faltase en la mesa ni gloria bendita, nos hemos acostumbrado a preferir aburrirnos con un jamón que a divertirnos con la cáscara de un pepino. Y así, los hallazgos de estos iluminados gurús de la cocina, más que olernos a futuro, nos huelen a pasado remoto del más chungo; a chamusquina.
Sobre todo, si tenemos en cuenta que aquellos que nos ponen a comer mondas, estarán mondándose de la risa, mientras pelan sus langostinos. Porque los que nos han robado, los que nos han llevado a la ruina no compartirán nuestro menú ni nuestras navidades austeras. Urdangarín cenará en la Zarzuela en Nochebuena, por poner alguno de tantísimos ejemplos.
A cuenta nuestra, otra larguísima lista de delincuentes podrá disfrutar de esas fiestas de lujo, que también se anuncian en las páginas satinadas de esta revista, con todos sus carísimos complementos; exclusivas galas de noche, regalos de precio astronómico, estancias en elegantes hoteles y lugares de ensueño o cruceros magníficos con visitas a parajes cálidos y exóticos.
Esa otra Navidad, llena de brillos y glamour, tan ajena a la nuestra, , se nos ofrece, desde el papel satinado, como la vitrina de la pastelería abierta a la hambrienta mirada de alguno de los niños de Carlos Dickens o como el escaparate de Tiffany´s a los fascinados ojos de Audrey Hepburn. El lujo no es algo superfluo, es un artículo de primera necesidad. Sobre todo, afectiva.
Las mujeres de mediana edad, si pueden, van a boutiques exclusivas, perfumerías elegantes o peluquerías de élite no tanto en busca de un servicio, un modelo o un producto, sino en busca de cariño. El trato caluroso que les dan en estos negocios, no lo reciben ni entre su familia más próxima. Ahí son los piropos, la cortesía, la delicadeza; “la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta”. Si bien, al final, el clavo. Porque, en esos casos, quien bien te quiere, te va a clavar. Pero es que el cariño, sea o no verdadero, no tiene precio. Tampoco para los hombres que, entrando a un restaurante o a un prostíbulo de copete, son reverenciados como caballeros
y servidos como señores feudales, vengan o no del arroyo.
El lujo engancha y, una vez probado, traiciona las ideologías. El placer seduce a izquierdas y a derechas, ciega las voluntades y pierde a las criaturas. Muchas de ellas, por fin, pierden el juicio
cuando se sientan en el banquillo. Otras pierden la reputación y la credibilidad. Pero, en ningún caso, el dinero, porque ya está gastado o expatriado. Hablamos de políticos o familia política de la Casa Real. Los pringados merecen capítulo aparte; probaron a probar algo de lujo, aceptando engañosos créditos de los bancos que les han hecho esclavos de un préstamo de por vida y compraron pisos inexistentes de los que siguen pagando la hipoteca. Como es ley de vida, Europa no los rescató a ellos sino a los bancos. Es el orden del universo; ricos tiene que haber pocos y siempre los mismos.
En el estrato final estamos los superpringados que, sin probar la experiencia del lujo, hemos de subsanar tamaño despiporre con recortes de salarios, subidas del IVA y menús de mondas de patata. Es la monda.

P.D: Ya lo han dicho; esta Navidad; el mejor regalo, un libro. Como mi libro no está en la lista de los recomendados ni casi en los escaparates de las librerías, me veo en la penosa situación de autorecomendarlo, que es bastante humillante.
Recordad, en todo caso, lo económico del precio y que se puede descambiar en una semana, durante la cual espero, le toméis cariño y no lo abandonéis o, por lo menos, penséis en regalarlo, dándole una nueva oportunidad en otras manos…
Sabiendo cómo es la programación televisiva en estas fechas, confío en que “Sola en el Mundo” pueda ser una mejor alternativa de recreo y diversión.
Ahí va una foto de la criatura, ¿Os vais animando?

13 respuestas a «Es la monda»

  1. La monda es tu libro. Mi mujer y yo nos hemos mondado de la risa con él y, sí, esta Navidad, va a ser nuestro regalo estándar para hacerles pasar un buen ratito a los amigos, que la risa es un privilegio a como está la cosa, a ver si no…
    Por cierto, que, digo yo, que en la librería nueva del CAC te hacen un descuentillo muy bueno, te traen los pedidos en un periquete y te los confirman por móvil.Me encanta.

  2. Pues yo me lo fui a comprar a una librería muy pequeña de mi barrio en Cristo de la Epidemia. Me costó trabajillo dar con él, porque estaba en una vitrina en el interior y no en el escaparate, pero mereció la pena. Me lo he pasado en grande con el libro, además se disfruta porque te hace pensar y está muy bien escrito. Vamos, que lo recomiendo como regalo y autoregalo.

  3. Yo leí una mala crítica de este libro, en la página web de librería Luces y no sé quién me dijo también que hablaba mal de gays o así, pero me lo pasaron y nada que ver. Muy bueno y con un sentido del humor sano y actual. Para mí, que quien criticó ni lo había leído. La envidia, que es muy mala.

  4. Un poco fuerte es el libro, no me digas, que le tira a la Corona, a la religión y a casi todo bicho viviente. Es normal que alguna gente se haya molestado…

  5. Pues qué quiere que le diga, seña Lola; hasta el otro día, el hecho de pedir en el restaurante un cocido de la casa, unas lentejas, una porra, unas coles o unas papas carbonás, daba un cierto toque de distinción, tirando a snob, saturados como estábamos de beef Strogonof, tournedos al café París, steak mexicaine o cuisses de grenuilles (austríacas, hein). Por cierto, se recomendaba (¡si es que fue ayer mismo!) machacar las mondas de patatas y lo que de ahí surgiese hervirlo y bebérselo, dadas sus benéficas propiedades contra la úlcera gastroduodenal, aun sabiendo ya de la eficacia y rapidez del tratamiento contra el Helicobacter Pylori…Pero claro, otros lo hacen , ¿tú no…? Es como permitirse – porque se puede, qué caramba – ciertas licencias en otras disciplinas, pongamos Juan Ramón Jiménez en el uso de la j cuando debe escribirse g.
    Ahora que los pobres (ya casi mendicants) nos habíamos podido permitir esa libertad -dar de lado al solomillo y a la langosta – simplemente porque nos apetecía así, van y nos tratan como esos – por tradición – malos amantes, que primero te dan la miel y después la hiel. No es por comparar, pero la semejanza con Cuba es grande. Solo que allí las protagonistas son flores, en vez de cáscaras y mondas. Pese a ello, ni se te ocurra tirar a la basura esa cáscara de la foto. Tiene una pinta…Es que las sopas cachorreñas – y no solo en Palankia – son ya, definitivamente, un valor al alza.
    Ánimo y suerte con la venta del libro. Y suerte, sobre todo y para tod@s, con la lotería. Incluido el Málaga.
    Buenos días

  6. Sé lo que se gana en salud con la coliflor hervida y la espinaca cruda, pero me pierden los bigotes de una gamba y el rubor del jamón ibérico. Soy una perdida, pero no una perdedora, hoy ganó mi Málaga C.F al Real Madrid y lo celebré con unas conchas finas que me guiñaban el ojo ¿Tendré que confesarme? Dime si o no, sabio gurú, Winspector…

  7. ¿Conchas finas guiñando el ojo…? Rara avis. Deben ser del Cono Sur, entre La Pampa y Santa Cruz. Son tan sutiles…Las autóctonas suelen ser más descaradas y te enseñan la lengua. O sea, ni aun siéndolo, llegaría a tener categoría de venial.
    A seguir celebrándolo. Un saludo. Ah, y gracias, jajaja, gurú, ahívalaostia!

  8. Madre miia! Hace ya un año que apareci por aqui y estaba en eñ mismo sitio en el que estoy ahora(en Alicante).
    Me da mucha alegria leeros y a Holden!! Que vuelve a casa por Navidad, aunque siempre para echarle piropos a Lola, pero es que yo que la conozco se que es irresistible! Jajaj Lola si es que eres increible!
    Estoy muy contenta de veros a todos por aqui, me siento como en casa!
    Lola, no te cuento cosas ya sabes que soy muy vergonzosa para algunas cosas… Pero lo mas importante es que te echo mucho mucho de menos 🙁 y quieroo verte!
    Perdonad las faltas de ortografia pero es que estoy en la tablet y como que no tengo ganitas jajaja
    FELIZ NAVIDAD A TODOSS!

  9. Aay Lola que se me habia olvidado decirte que yo siempre le recomiendo tu libro a todo el mundo eh, y le digo que me gusto mucho y todo… A mi me parece maravilloso, se que solo digo cosas bonitas de ti pero es lo que hay ajjaja

  10. Muchas gracias, Paula, y espero que te lo estés pasando muy bien Alicante, la cuna del turrón; vamos, una tierra como hecha a propósito para la Navidad ¿Tienes familia allí o has ido por gusto?…
    No tienes por qué echarme de menos, aquí me encontrarás siempre. Besos.
    Winspector, las conchas finas me guiñan el ojo, si fuesen de la Pampa, serían aún más descaradas en el sentido argentino de la palabra, pero, claro, era una metáfora de cuño peninsular. No era mi intención hacer chistes verdes de tintes freudianos ¿Qué tal la Navidad?

  11. La Navidad estupenda y en familia o lo que va quedando de ella, entre los que se fueron definitivamente y los más jóvenes , que apenas aguantan a la mesa. Pero así, el frío polar de mis (2) queridos pueblos se torna algo más liviano, contando, claro está, con la inestimable ayuda de un “nochebueno” crepitante. Fuera de casa, calles desiertas al atardecer, silencio y soledad en el campo ( o tal vez solitudine, con su carga de nostalgia añadida). Hay más flora que nunca, inversamente proporcional al número de animalillos que sobreviven. Bueno, está el jabalí, que no deja bicho viviente y no hay quien lo acabe, dicen sus predators. Y también hay carajillos y chupitos para combatir la rasca. Se va tirando. Auguri.

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