¿Sirvió la Transición?

1 Ago

En vez de negar toda virtud a la transición, quizás deberíamos intentar revalorizarla poniéndola como escalón para un acuerdo que evite al temido ‘choque de trenes’ con Cataluña.

Después de haber seguido de lejos, durante un largo periodo, la huella de los vascos ‘independentistas’, ahora las ansias autonómicas de algunas regiones se han apuntado a mantener, también a distancia prudencial, la trocha que van abriendo los catalanes.

Es un camino estrecho y lleno de dificultades. Pero también es cierto que se va abriendo paso la ‘tercera vía’, la del ‘derecho a decidir’. Dejando ideologías aparte, en el estricto campo de lo político se va dibujando con mucho esfuerzo un nuevo ‘mapa’, una ‘tercera vía’ que es como decir: “…vale, dejemos eso ahora…pero que quede claro que en el futuro nosotros vamos a decidir”. Esta definición indefinida, gran balonazo al cielo, cabrea a unos y a otros y es justamente porque antepone lo político a lo ideológico.

Esta tercera vía tiene una ventaja indudable y quizás única: permite ganar tiempo. Pero esos dos feroces trenes ansiosos por entrar en colisión (ya se sabe: el corazón tiene razones que la razón no entiende) en realidad estiman más importante confrontar y dejar el ‘paisaje’ catalán lleno de astillas que volver, penosamente, al campo de la tolerancia y el diálogo. En esta intransigencia es, quizás, en lo único en que coinciden los ‘españolistas’ y los ‘independentistas’.

Pero para terminar de embarrar el campo, la disputa interna del PSOE viene a desembocar, entre otras cosas, en apuntar al renacido partido a la creación de un camino distinto también al de las dos locomotoras en busca de un sonoro zambombazo: consagrar una España “plurinacional” en la que ‘quepan’ todos aunque reclamando a todos una honrada promesa de fidelidad. Curiosamente, la “plurinacionalidad”, convertida en escudo de la unidad de España, resucitada ahora por Pedro Sánchez para encontrar una salida política, es un ‘invento’ de los viejos dinosaurios socialistas hoy desplazados de la ‘cadena de mando’.

Sin embargo, los avalistas de hoy para esas ‘viejas nuevas ideas’, encabezados por la señora Díaz, quieren presentarlas como artificios de Pedro Sánchez para encajar, algo forzadamente, las piezas de este puzzle imposible de armar.

Conviene volver atrás y recordar que, efectivamente, ningún pueblo puede ser despojado de su capacidad de elegir su propio futuro. Alguna vez lo hemos señalado: para que el Real Madrid (o cualquier otro) abandonara la Liga…¿deberían votar todos los fans de todos los clubs o bastaría con que lo hicieran los madridistas? ¿Deberían, por ejemplo, los forofos del Barcelona o los del Betis (o cualquier otro) ser beneficiarios de ese ‘derecho a decidir’ que en tal situación seguramente reivindicarían los socios del Real Madrid?

Claro que, si saltamos al otro punto de vista, deberíamos partir de otra realidad: las poderosas fuerzas que respaldan al actual sistema plantearían probablemente una situación de hecho, una prueba de fuerza en la que se pondrían sobre la mesa armas violentas. En tal caso la situación de peligro se haría muy fuerte. Al primar lo político ya descarnadamente, las posiciones se redefinirían: muchos ciudadanos españoles se plantearán simplemente (como lo están buscando los que se oponen tajantemente a la autonomía catalana) que solo se pretende ‘romper’ a España y reaccionarán polarizándose totalmente…como ya en parte viene ocurriendo pero de modo abierto y generalizado; “no permitiremos que España se quiebre”.

De ese modo, la realidad es sometida a un proceso ‘físico’ fuera de toda discusión ideológica: a un lado los que quieren mantener la ‘patria unida’ y del otro lado quienes quieren romper “la unidad”.

Los independentistas insistirán en su linea de siempre y acusarán a sus rivales ‘españolistas’, sin discriminación, de ‘fachas’; los ‘españolistas’ reducirán a los ‘independentistas’ también a un único conglomerado y les tildarán de antipatrióticos. Ese es el lugar en el cual lo ideológico se difumina (o se usa solo como arma arrojadiza) y ahi parecen renacer los protagonistas de aquella canción, el gallo negro y el gallo rojo, y con ello habrán quedado entre paréntesis cuatro décadas de transición. ¿La transición no habrá servido para nada? Llegado a ese punto, probablemente no; pero si llegamos a ese punto será porque ya habremos dilapidado esa ambigua pero útil herencia. ¿Habría, entonces, que revalorizar la transición? ¿O al revés? ¿No deberíamos pensar que las cosas no se han hecho bien? … ¿que muy flojo sería ese techado si ha aguantado tan poco?

Mañana habla el jefe

25 Jul
El presidente del Gobierno Mariano Rajoy. EFE

Mañana Rajoy se tomará mañana dos capsulas de Cardo Mariano y declarará como testigo sobre la corrupción. Pocos escucharán sus respuestas considerándolo como un simple testigo. La mayoría lo ve como jefe de la ‘pandilla’ de corruptos

La comparecencia mañana del presidente Rajoy para afrontar un interrogatorio exhaustivo sobre la corrupción tiene una ambigüedad inevitable: solo el propio Rajoy y todos los que cobran del poder y del Partido Popular (dos variantes de un mismo núcleo económico) ven la la declaración de Rajoy como lo que formalmente se define como un ‘testimonio’. Todo el resto del mundo, incluyendo buena parte del extranjero, no consiguen algún tipo de gafas para adaptarse a la visión formal y ven ese interrogatorio como un estudiado número de malabarismo para eludir el reconocimiento de que el jefe de la ‘pandilla’ es el propio Mariano Rajoy.

Todas las formas de corrupción -todas- son mecanismos nacidos a la sombra del poder. En ocasiones se trata de ‘organizaciones’ que han desarrollado enormes tentáculos y han creado vínculos prácticamente indestructibles con los que ejercen el poder (es decir, que no necesitan ejercerlo ellos de modo directo); en otras ocasiones se trata de estructuras de poder tan afianzadas que constituyen mafias con tramas enormemente enmarañadas con sus propios mecanismos de ‘supervivencia’ que suponen la eliminación de personas o la destrucción de cualquier poder ‘alternativo’ que pretenda desarrollarse.

De modo que el esquema de ‘funcionamiento’ de la realidad es siempre parecido y hoy se presenta casi como la forma de poder más perfeccionada porque cada vez necesita menos de los disimulos y de presentar falsas apariencias muy bien adornadas.

De ahí que la ‘estrategia’ de Rajoy y sus asesores sea tan sencilla: solo hay que insistir en que se trata de un testimonio. Al parecer, el propio Rajoy añade otro matiz importante; que él “echó a Correa”. Sin embargo, seguramente preguntarán a Rajoy cuál fue su actuación tras recibir un aviso sobre el papel que cumplía Correa. También le preguntarán si es o no verdad que llegaban sobres con comisiones a la sede popular de la calle Génova.

Nosotros podríamos aportar un par de consejos más: uno, que Rajoy contribuya a un interrogatorio sereno ingiriendo un par de cápsulas de un remedio casero de probada eficacia y relativamente barato: el ‘Cardo Mariano’; otro, que complete su “yo eché a Correa”, que a estas alturas no parece muy impactante, con un “peor hubiera sido Rato”…que encaja mucho mejor con la situación de hoy, cuando parece evidente que los populares habrían saqueado, de un modo o de otro, la hacienda pública (nacional, autonómica, provincial o municipal….la que les cayera a las manos y escapara de las del PSOE).

Personalmente creo que con “yo eché a Correa” y “peor hubiera sido Rajoy”, y con un poquito de refuerzo de Cardo Mariano, Rajoy saldría de la incómoda situación en que lo han puesto con ese empecinamiento en hurgar y hurgar y encontrar ‘cajas B’ allí donde ya saben que están y el milagro sería que no aparecieran. De hecho, en dónde no hay ningún milagro es en las constantes desapariciones de comprobantes, papelillos, discos duros, etc….que, si hablaran dirían “tengo los bytes llenos de verdades”, modernizando aquella vieja proclama de esa gente honrada pero antigua, que guardaba todas las verdades en sus puños.

El caso de Rato, que fuera discreto vicepresidente del gobierno y habilidoso inversor (y ‘desinversor’ también por tanto como ‘retiraba’) nos deja, sin embargo, dos malos tragos: el haber arrastrado por los suelos el mucho o poco prestigio de España en los foros internacionales, al haber aceptado la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI) que hasta entonces se había limitado al robo institucional al Tercer Mundo; y sus andanzas de pirata financiero por el Reino Unido, donde no sabemos si nos quedaba algún prestigio; quizás sí porque una de las grandes hazañas de la Pérfida Albión ha sido asaltar y despojar a España de los tesoros que ésta había quitado a América…y a veces el ladrón conserva un piadoso respeto por su víctima.

En fin, que nadie se salva porque, efectivamente, donde hay riqueza hay poder, generalmente organizado en mafias. Hable mucho o poco un buen testigo es nuestro cardo borriquero…perdón, nuestro Cardo Mariano; perdón, nuestro Mariano Rajoy.

Bolivar en la UCI

18 Jul

La penosa agonía del gobierno venezolano viene a demostrar que, con sus errores y contradicciones, el fallecido Hugo Chávez aportaba un liderazgo que se quedó sin continuadores. En España renace de sus cenizas un PSOE que se atrevió a quebrar el bipartidismo

Hace algunas semanas hablábamos del nuevo mapa político de España que apenas comenzaba a perfilarse con la victoria de Pedro Sánchez dentro del PSOE. Era previsible que esa ruptura nítida entre el PSOE aliado del Partido Popular en el sistema del bipartidismo y este nuevo Partido Socialista éste tenía que encontrar su nuevo ‘aliado natural’ en Podemos. Costó algunos forcejeos, aunque no muchos, que la realidad se fuera decantando hacia ese radical, pero imprescindible cambio de rumbo. (más…)

El planeta o la cabaña

10 Jul

Basta que alguien diga la palabra ‘tecnología’ para que extendamos las antenas y quedemos hechizados: ¿será un gurú que nos adelante el futuro? El incierto porvenir del planeta aconseja que nos hagamos una cabaña

Hace tres meses nos preguntábamos si las reacciones de Trump inauguraban una nueva era o solo eran un ‘pronto’ del temperamental vencedor de las elecciones norteamericanas (ganador ‘a los parlamentarios’ porque ‘a los votos’ perdió nítidamente).

Entre entonces y ahora nos hemos preguntado muchas veces lo mismo. Y hasta hemos sospechado (y seguimos sospechando) que se estuviera montando cuidadosamente un ‘compló’ para desalojar a Trump de la Casa Blanca.

Hace unos pocos días, leyendo una información sobre las causas de que «los hombres maten a las mujeres», se confesaba aquel viejo adagio de que cada caso, cada vida, cada persona… cada pueblo… es un mundo y en realidad, tratándose de ciencias sociales, es imposible querer ‘dictar leyes’. No hay una causa clara y definida. Yo lo lamento por los amigos marxistas, que son tan ‘religiosos’ que necesitan lanzar todos los días una andanada contra el cristianismo; y por los amigos liberales, que todavía existen aunque a costa de haber perdido uno a uno sus principios (prudentemente no se miran al espejo para no darse cuenta). El más superficial y voluble es el que se cree más coherente, como Mario Vargas Llosa, que un día es admirador de la señora Thatcher y otro de la socialdemocracia y que proclama la tolerancia pero mantiene, como diría Mark Twain la habilidad de no ponerla en práctica. Para él, el mundo se divide entre tiranos, tiranuelos, sátrapas y dictadores, de una parte, y él mismo, Vargas Llosa, de la otra.

¿Por qué los hombres matan a las mujeres? Hay una motivación, muy abarcadora y que, por lo mismo, no explica nada: el machismo como parte de la resistente y repugnante ideología del patriarcado. Pero aquel informe al que echamos una ojeada, incluía una valiente conclusión: hay demasiadas causas y no resulta muy ‘científico’ forzar explicaciones. !Cuántos!… ¡tantísimos! estudios deberían concluir con esa sinceridad. Pero, así como se dice en este oficio (el periodístico) que «nunca dejemos que la verdad nos arruine un buen reportaje»), los sociólogos y otros estudiosos de la sociedad se quedarían sin ‘materia’ (y no justificarían el dinero empleado en financiarlos) si admitieran paladinamente que no encuentran causas claramente identificables.

Si nos ponemos a buscar ahora (como, de hecho, lo estamos haciendo) nuevas tendencias de la sociedad en materia de información, datos sobre la dirección en la que apuntan las nuevas tecnologías, cambios palpables (pero sin un origen evidente) en los medios y el modo de procesar la información… Si buscamos pistas o indicadores fiables… También nos encontramos con un vacío de conclusiones o con ‘verdades’ no muy contrastadas. Y también, con bastante frecuencia, impostada sabiduría y una gran necesidad de ‘revelar’ verdades que no se poseen.

Hoy en día basta con soltar la palabra ‘tecnología’ para que el lector, el oyente o el interlocutor, más o menos tertuliano suelte todo lo que tiene en sus manos y extienda sus antenas… De inmediato se piensa que es posible que estemos ante un nuevo ‘gurú’ o que esta persona tenga una visión que nos ilumine el camino por el cual, casi a ciegas, a los tumbos, vamos avanzando.

Frente a la invocación a la tecnología casi se abandona toda resistencia. No reconocer que la tecnología es la envoltura y también el núcleo de todo lo que nutre a la sociedad de hoy equivale a ser reo de pesimismo como defecto congénito (lo lleva en el ADN, se dice). En una situación así más vale que nos escapemos a una selva y nos hagamos una cabaña con nuestras propias manos (en lo posible, todo hecho a mano, menos la instalación de las antenas, claro). O sea: pertenecemos a otro mundo aunque aún no nos hayamos ido o no nos hayan retirado de este. ¿Como definir este nuevo mundo? ¿Saben lo que me temo?… Que Trump y Putin pertenezcan a ese mundo en trance de desaparición. Eso, naturalmente, acrecienta el temor de que sean capaces de volar este mundo actual nuestro en pedazos… ¡Sin darse cuenta! A ver si nos da tiempo a terminar la cabaña. ¿Por qué será que los hombres matan a las mujeres? ¿Y por qué será que los presidentes norteamericanos y Putin matan a pueblos enteros?

Un ‘corta y pega’

4 Jul

Aunque nunca sea ‘absoluta’ la verdad acepta todos los desafíos y nos permite navegar por el espacio y por el ciberespacio, espiar la cuarta dimensión y denunciar a los vendedores de crecepelo… La ‘posverdad’ es solo un ‘corta y pega’, un híbrido sin futuro.

Parece que filósofos, políticos, economistas, sociólogos y otros han decidido concentrarse en los enfoques teóricos, dejando descansar un rato los debates sobre la realidad concreta. ¿Esto los sustrae de la moda? No. Todo lo contrario. Lo que está de moda es, justamente, hablar de lo efímero que es todo y de la aparente imposibilidad de ‘fijar’ ideas, propuestas, análisis, explicaciones globales para el mundo globalizado.

Algunas de las cuestiones que están en el centro de las polémicas las hemos comentado hace ya tiempo. Otras, en cambio, las hemos eludido, justamente por el prejuicio de no seguir las modas. Ahora vemos el resultado: solo hemos conseguido seguir la moda con atraso. Hay dos casos paradigmáticos: el de la sociedad ‘líquida’ de Baumann, y el reguero de opiniones (y hasta definiciones) de la ‘posverdad’.

Lo de la sociedad líquida es una definición muy acertada, aunque quizás no haya mucho más que esa misma imagen. Es difícil discutirla cuando la realidad se nos escapa de las manos y nos chorrea cada vez que queremos asirla. Nos recuerda aquella frase sobre el ‘pensamiento único’ que tan acertadamente precisó lo que estamos viviendo: la unificación –la homogeneización– forzada de sentimientos, emociones, formas de pensar y de etiquetar la realidad. El ‘pensamiento único’ se va consolidando y no se ven alternativas frente al estereotipo del mundo, con el que nos reemplazan, ante nuestra vista (como los buenos trucos de magia) la antes multifacética realidad.

Desde los deportes hasta la gastronomía, desde la literatura hasta el cine, desde la democracia ‘de baja intensidad’ (o seudodemocracia) hasta los asaltos a los cielos con efectos especiales; todo, absolutamente todo, está programado, clasificado y ‘archivado’ en este inestable presente. No puedo evitar el recuerdo de El sentido de la vida, película de Monthy Piton en una de cuyas escenas un matrimonio se sienta a la mesa de un restaurante y el camarero les trae la lista: ellos eligen una letra, creo que es la ‘s’ y el que los atiende les comenta las distintas posibilidades: Schiller, Schopenhauer, etc; cito de memoria pero el caso es que el matrimonio está eligiendo un filósofo para conversar sobre él… Da la sensación de que nos falta muy poco para llegar a eso: la banalización absoluta de todo lo que tenga que ver con el pensamiento.

En ese hábitat supongo que podrá seguir creciendo una robusta rama de imposturas que se presentan no solo como verdades sino como un avance histórico que ‘supera’ a la verdad con un corte limpio y mortal: la verdad ha dejado de existir.

Lo cierto es que le abrimos la fosa a la verdad, exponiéndola a que esté permanentemente arriesgando, a que tenga que defenderse y explicarse, contestando a todas las preguntas que pueda responder… La hemos querido someter al relativismo, sin darle escapatoria. Como el que realiza un experimento físico en el polo y le exijen que lo repita en el desierto, en la atmósfera, en la superficie lunar… los que defendíamos y seguimos defendiendo el relativismo empujamos a la verdad al centro del ruedo y le reclamamos sin piedad que se justifique ante cada nuevo escenario.

Esta constante puesta a prueba era todo lo opuesto a un suicidio. Era la prueba de su vitalidad y su entereza.

«Si no existe una única verdad, no dejaremos en pie ninguna» sería la síntesis de la nueva propuesta: una especie de tópico híbrido, de lugar común maleable y prácticamente inútil como herramienta de pensamiento.

En vez de dejarla que se defienda lealmente, que recite sus dudas, que admita sus vacilaciones y sus contradicciones, se la empuja al abismo de la ‘posverdad’. La posverdad es, ni más ni menos, el resto de cuantos ‘corta y pega’ se le hayan hecho a la verdad en nombre de cualquier formulario traído en las hojas de quejas y reclamaciones. Pero la posverdad trae una debilidad congénita.

lega al final, en busca de los retales y desechos de la verdad. Pero si la verdad ya está muerta… ¿qué corta y pega se podrá hacer con ella? El trono que aspira a ocupar la posverdad ya no existe. Y si encuentran la forma de rehabilitarlo, antes de que se den cuenta la verdad habrá resucitado para ocuparlo.