Despacito…

12 Sep

Siempre que algo no cuadra o nos parece que falta algún escalón, rápidamente nos explican que todo va demasiado rápido para nuestras mentes tipo ‘siglo XIX’ o que nuestras inteligencias ya se han quedado obsoletas viendo llegar a redoble de tambor la inteligencia artificial

No sé si a algunos de vosotros os pasará lo mismo: yo me siento por momentos como si la ‘historia’, lo que estamos viviendo, pasara demasiado rápido. Sé que los tecnócratas sonreirán y se pondrán a la sombra de uno de sus tópicos favoritos: es que la gente no se acostumbra a la velocidad que va la ‘realidad’ y se va quedando en el arcén. (más…)

¡A ver, dos paladines!

5 Sep

Cabe preguntarse por qué los desafíos del sorprendente gobernante norcoreano Kim Jung un traen a la comunidad internacional de cabeza, sin atinar a una respuesta contundente. ¿Cabe preguntarse? Es que pasan dos cosas: una, que el poder nuclear ha sido y es disuasorio; es decir, basta con que esté basado estrictamente en la propia capacidad para devolver el golpe, y en tal caso ni siquiera hace falta que la respuesta sea demoledora: basta con que represente un golpe brutal; es decir, basta con que provoque muchos muertos y mucha destrucción; y la otra cosa que ocurre es que las bravatas del ‘niño Kim’ resultan ‘chicles-globos’ frente a los gritos y los tuits del presidente Trump. En lugar de parecerse, como debería, al diálogo entre un adulto y un crío, dan la sensación de un diálogo entre un maestro tonto y un infante desobediente.

El problema añadido está en que el chulo desafiante que está al frente de Corea del Norte suele cumplir sus anuncios –siempre amenazantes– en tanto que el chulo desafiante que está al frente de los Estados Unidos (sí, de la mayor potencia del mundo) nunca las cumple; es más, Trump parece enredado por sus propias palabras al punto de no saber siquiera elegir los insultos.

Ante este ‘duelo’ de tontines (con una inmensa capacidad destructiva en sus manos) la comunidad internacional se queda paralizada.

El coreano avanza sin titubeos con la convicción de que el mundo no puede afrontar una confrontación al precio de varios millones de muertes en Corea del Sur (el ‘coste mínimo’ previsible).

Las cuentas están muy claras y no dejan salida a la vista, salvo que Trump (¿Putin?) decidan ‘pararle los pies’ al norcoreano sacrificando a muchos millones de seres humanos. Algo que no sería tan impensable, vista la escasa preocupación que la pérdida de vidas provoca en los máximos dirigentes mundiales.

Trump procura que sea China, en su doble papel de protectora y ‘celadora’ de Kim, la que detenga el avance imparable de Corea del Norte, pero los chinos también están entre la espada y la pared… Y si Kim vuelve sus misiles hacia su gigantesco vecino? No es nada probable pero…. ¿hay algo en este duelo de tontines que pueda pasar un test de ‘realismo’ o más bien todo parece un torpe invento de un guionista de ciencia ficción trastornado? (propuesta que sin duda Hollywood habría descartado).

Si la realidad del mundo pudiera comentarse a base de humor podríamos adoptar una filosofía resignada y suponer que algún dios nos ha enviado a Kim y a Trump para que la parodia que están poniendo en escena hiciera ver al mundo entero el grado de estupidez y el enorme riesgo que estamos corriendo.

Puestos a imaginar imposibles o a imaginar finales mágicos podríamos añorar aquellos libros de caballería que llenaban la cabeza de Don Quijote y reemplazar los enfrentamientos con balas, misiles y explosivos por otros en los que dos paladines disputaran el choque con sus lanzas y espadas… nada de dos ejércitos frente a frente peleando a muerte… El paladín vencedor daría la victoria a su nación. ¿Ridículo? ¿Absurdo? ¿Más ridículo o absurdo de lo que estamos viendo?

Como beneficios suplementario tendríamos las espectaculares series que nacerían entrecruzando a aquellos caballeros con los efectos especiales que hoy están en boga. Pero todo eso está ya visto y aplaudido… ¡Lo espectacular sería que uno de los paladines fuera Trump y el otro Kim Sung un!

Cómo crece el delito

28 Ago

No se trata de que haya más delincuentes ni de que aumente la cantidad de actos delictivos… Se trata de que hace algunos años, casi sin notarlo, hemos abierto la puerta a un delito que no debería serlo: el ‘delito de opinión’.

Si nos dedicamos a leer meticulosamente las protestas podríamos hacer un catálogo: tantas contra el Gobierno, tantas contra los políticos, tantas por la situación económica, tantas por los disgustos deportivos, etc..

También podríamos preguntarnos copiando el tantas veces reproducido interrogante de aquella novela de Vargas Llosa («¿Cuándo se nos jodió Perú, Zabalita?») … ¿Cuándo se nos jodió España? Pero España es una nación con mucha historia y eso quizás multiplique las respuestas. Perú, en cambio, así, como nación ‘moderna’, parecía menos complicado. Claro que cuando Vargas Llosa se lanzó a la política se debe haber dado cuenta de que la respuesta seguía siendo complicada. Él simplificó aplicando una ‘plantilla’ fácil: los que convocan a elecciones son demócratas, buenos, coherentes, etc. Todos los demás son antidemocráticos, dictadores, de ideologías confusas… etc.

Yo tengo una sensación: sin hechos concretos ni fechas precisas. Hubo un momento en que se empezaron a mezclar las cartas. Se saltó una barrera. O varias. Se empezó a caminar por zona roja y en nada de tiempo se olvidó lo esencial: que la ‘opinión’ no puede ser delito.

Ahí empieza todo. Al menos en cuestión de principios, de normas, de valores. Cuando la ansiedad por encontrar culpables para todo se plantó en el centro del escenario. ¿Quiénes eran los ‘verdaderos’ culpables de que muriera gente, de que el terror jugara cada día un papel más importante? Y viendo las cosas desde otro ángulo: ¿por qué los nacionalismos (más adelante se les unieron los ‘populismos’) no eran puestos en la picota, como culpables directos de que emergiera tanta violencia? Por qué no se señalaba, sin temor, a tanto enemigo de… ¿de la democracia?… ¿de la unidad de España? ¿quizás de la paz social? ¿de la Monarquía?.. ¡De la transición misma!

¿Cuáles eran, al fin, los buenos?

Todo se empezó a hacer confuso. Y eso no ocurrió un día o a una hora determinada. Fue un proceso por el cual la sociedad perdió sus referentes. Odiábamos a los vascos, quizás porque los vascos nos odiaban a nosotros. Ahora se lleva más odiar a los catalanes. Quizás porque los catalanes nos odian a nosotros. Y también podríamos dedicarnos a odiar a los moros. Es cierto que desde la Guerra Civil se asocia un poco a los moros con el franquismo («los moros que trajo Franco/en Madrid quieren entrar/mientras quede un miliciano/los moros no pasarán»). Y ahora vendría a ser al revés parece que los franquistas son los que más urgen a ‘limpiar’ España de musulmanes.

Todas estas confusiones se vuelven a mezclar y nos va quedando un ‘paisaje’ político intrincado. La falta de claridad se adueña de todo. ¿Volveremos a mirar a los vascos como españoles? ¿Volveremos a ver a los vecinos de enfrente, que todo el tiempo han enviado inmigrantes y que ahora son el trampolín para que los africanos traten de meterse en Europa, como esos ‘paisa’ con los que casi simpatizábamos.

¿Y qué hacer con esos choques constantes, tan absurdamente alejados de la realidad cotidiana… esos choques entre fascistas y comunistas que no les interesan casi a nadie? ¿No ha llegado el momento de volver al debate, a la discusión, en vez de entrecruzar constantemente pedidos de censura, de ceses, de persecuciones, de nuevas prohibiciones?

¿No estamos en ese instante apropiado para pedir ‘minuto’, hacer un corro y plantear otra estrategia? No creo que sea demasiado complicado. Quizás bastaría con volver a la idea de que el ‘delito’ está en la acción y no en la opinión. Muchos terroristas mueren al ejecutar sus planes. Es casi imposible saber, de verdad, cuáles opiniones y cuáles ideas les impulsaron a la acción, al suicidio con asesinato o al asesinato con suicidio…

El peligro mayor del delito de opinión es que se contagia y va infectando todas las propuestas de cambio… ¿Hasta dónde podemos llegar en el castigo o la represión de ideas y propuestas alternativas? ¿Dónde está el límite? A quienes se otorgan a sí mismos ‘matrícula’ de demócratas… ¿les da eso atribución de ‘inspectores’ de democracia? ¿Se convierten en ‘vigilantes’ del Sistema con autoridad para trazar rayas rojas y recortar así el terreno que las fuerzas políticas, de todo matiz, necesitan para que la democracia misma sobreviva?

Fracaso planetario

15 Ago

Pasamos del todo es noticia al nada es noticia. Da lo mismo: uno y otro son discursos repetidos hasta el agotamiento y que nadie quiere ya escuchar.

Se me antoja que también a los que escribimos sobre la actualidad nos ha llegado la hora de ajustarnos a unas plantillas. Para presentarlas como grandes temas a veces se llega al desiderátum: son asuntos que incendiaron las redes. Un incendio en las redes se apaga solo, más rápido mientras menos nos preocupemos. Al revés que los incendios reales que requieren creciente ocupación y preocupación.

Lo cierto es que no termina de resultarnos patético que la hija de Periquito se haya llevado un gran disgusto con su madre, que puede ser la mismísima Reina Madre de las viejas chismosas de la tele y ahora el culebrón parezca salir de la pantalla y convertirse en un tele zombi. !Dios mío! ¿Quien apagará este incendio? Pero resulta que no es un incendio, sino un papelillo chamuscado y ceniza de algún rebelde que ha fumado a escondidas.

La decaída alarma de incendio nos vuelve a dejar en este páramo informativo del todo es noticia, al cual hemos pasado desde el nada es noticia. A veces la culpa es particularmente de Trump, que una mañana nos pone en bandeja su romance con Putin, y a la semana siguiente lanza una feroz regañina al chiquito gordito de Corea del Norte. No teman llamarlo así porque este gordito no tendrá problemas de acoso escolar. Pero ni se les ocurra llamar gordito al chico gordito compañero de nuestro hijo.

Hemos llegado a un punto de saturación del lenguaje, a tal extremo que da la sensación de que nos va a estallar. Por estos parajes de la actualidad hay que echar la sonda marina a cada rato porque nos puede anunciar profundidad suficiente para navegar y diez centímetros mas allá nos encontramos con un arrecife que perfora el casco.

Si a algo se puede llamar estar entre la espada y la pared es a esa situación en la que se oyen gritos, insultos y amenazas por llamar a las cosas por su nombre, exigiéndonos perentoriamente que busquemos sucedáneos….al tiempo que se oyen gritos, insultos y amenazas por parte de quienes se sienten acallados y amordazados precisamente por llamar a las cosas por su nombre, sacándole antes todo el filo posible para que su simple roce deje herida.

Y lo peor no es eso: detrás de los gritos, insultos y amenazas hay posturas de fuerza; detrás de las posturas de fuerza hay entrenamiento para la violencia; detrás del anuncio de la violencia viene el ejercicio de la violencia… De un lado y del otro se reclama más fuerza, más firmeza. Y esto se traduce en jalear a los que son más violentos o a los que prometen soluciones integrales que suelen comenzar con “esto yo lo arreglo con un par de hostias bien dadas”.

Traduzcan las hostias bien dadas a un par de adoquines o de palos de béisbol; traduzcan, ya en otras latitudes, a un par de misiles; traduzcan ahora al lenguaje de Trump y ya podemos estar al borde de una guerra nuclear sin apenas enterarnos.

Y luego hagan el proceso en sentido inverso. Pasen de la caracterización de quien opina distinto que nosotros como ultraderechista o directamente miserable fascista o «repugnante cerdo franquista»…? …solo es cuestión de imaginación. Incorporen el opcional para polémicas feroces: «asesino genocida» y toda una retahila similar. O bien: «comunistas criminales que abrieron sus ‘chekas’ en toda España y fusilaban a mansalva».

¿Como se pasa de aquí al gordito? ¿Qué tiene que ver una chica bajita, pelirroja, sin gracia, con un comunista fanático o con un fascista cavernícola? Tienen una sola cosa en común; en la figura con poca gracia o en el insulto fácil se ve el flanco débil para morder.

En realidad, da lo mismo si hay insultos o solo signos de desprecio; si hay violencia o solo señales de absoluta intolerancia. Nos vamos deslizando por ese tobogán que nos lleva al reino donde nada es noticia, que es otra orilla de la misma isla donde todo es noticia. Nos van quitando día tras día trozos de este mundo para convertirlo todo en esa isla de incomunicación en la que vivimos.

Cuando intentamos comunicarnos siempre decimos lo mismo: un discurso inútil que recitamos y nunca revisamos. ¿Cree alguien, realmente, que España hubiera tenido un futuro mejor siguiendo el camino soviético? ¿O que un neofranquismo sin disimulos hubiera encontrado aliados y sabido hallar un atajo a la modernidad?

No hay más cera que la que arde: es el mundo el que ha descarrilado y hoy nos enfrascamos en absurdas batallitas ideológicas cuando el fracaso de nuestra civilización es planetario.

Trump vs. Maduro

8 Ago
Trump y Maduro. EFE

Hay mucha resistencia a revisar los esquemas: la oposición está formada por «demócratas» y Maduro es un «dictador» sin enmienda posible….Ninguna de las dos cosas es una verdad indiscutible. Lo concreto es que Venezuela es cada día un bocado más apetecible.

Mis amigos y conocidos me mezquinan cada vez más los ‘like’. Veo también que algunos escribidores no se resisten a seguir la huella de los políticos y hacer un poco de demagogia intentando retener a sus admiradores y seguidores. Es más: crece la lista de los que optan por seguir la corriente y confiar en que una bonita y original manera de plantear las cosas será suficiente para justificar su trabajo y le ahorrará un análisis o un cambio de rumbo doloroso.

Para bien o para mal, siempre he tenido una manera algo sacerdotal de plantearme este oficio: tenemos que cumplir una misión para defender o restablecer la verdad, a la que no debemos renunciar. Sé que muchos colegas siguen en sus trece y no se plantean revisar sus análisis y su modo de ver la realidad… Frente a esta certeza que nos sostiene para seguir empecinándonos conviene, creo, analizarlo todo de nuevo y ver donde pueda estar el fallo, si es que lo hay.

Al que escucha o lee con afán, también, de encontrar ‘la verdad’, le pasa más o menos lo mismo que a los periodistas: no les gusta volver atrás ni rectificar.

Ahí está el proceso de Venezuela, con sus interpretaciones opuestas y cerradas, que parte de un análisis estereotipado, sin fisuras por ambas partes. No hace falta reproducir mil opiniones de cada bando. Los enemigos de Maduro y de su régimen intentan constantemente deslegitimarlo. Paralelamente, ellos podan su propio ‘arbol de poder’, cortando todo lo que no responde al mando de Maduro: una fiscal rebelde, algún militar golpista…Y en este sentido no respetan siquiera a quienes fueron colaboradores estrechos de Hugo Chávez, creador del régimen actual. Chávez siguió una ideología algo confusa, mixtura de la idea bolivariana de América Unida para defenderse de los imperios que la acosan con una de Estado fuerte, vertebrador de un movimiento de liberación poderoso y panamericano.

Para este conglomerado, que Maduro dibuja con su propio trazo casi cada día, el marxismo es una especie de telón de fondo gris que pretende acomodar la realidad a los constantes manejos tácticos que el régimen adoptar para sobrevivir.

Los enemigos del régimen son una amalgama sin programa propio, de modo de poder adaptarse al paso que le marca el poder internacional, que tampoco pretende darle una ideología sino solo la «defensa de la democracia», una propuesta sencilla y que basta para pillar en contradicción flagrante a Maduro. Como la ‘oposición’ solo quiere asfixiar y deslegitimar al régimen, no necesita tampoco de una definición ‘ideológica’ muy concreta que, lejos de darles cohesión, ahondaría las diferencias dentro del conglomerado que la conforma.

La disputa es, pues, bastante sencilla, ya que ninguno de los ‘contendientes’ es lo que predica. La ‘oposición’ solo funciona como un ariete para rejonear constantemente a Maduro, sin encontrar tampoco el momento oportuno para ‘entrar a matar.’ Y Maduro se mueve como un inexperto ‘timonel’ al que sus ‘maestros’ y asesores parecen contemplar desilusionados, ya con pocas esperanzas de que aprenda. Es como si Hugo Chávez, que sabía hacerse respetar, y llevar su ‘nave’ con relativa habilidad, no solo hubiese dejado un sucesor con pocas luces, sino también una barca más pequeña y poco marinera, casi una patera, para que los venezolanos intentaran sobrevivir. Pero resulta que Venezuela aparece ahora cargada de riqueza (sumando un yacimiento de coltan a lo que ya tenía contabilizado) y eso supone convertirla en objetivo cada vez más codiciado. ¿Es eso lo que ha concentrado tanto interés en expulsar a Chávez y a sus herederos? Hay más, hay más: la crisis de Venezuela ha sido muy util para aislar a los restos del castrismo; y para servir como tóxico apoyo para frenar -como así ocurrió- el que antes parecía un imparable ascenso de Podemos. En Latinoamérica, la debilidad de Venezuela se viene a sumar al desalojo de las fuerzas de cambio que estaban en el poder en Brasil y Argentina, a lo que ahora se añade la división entre los seguidores de Correa en Ecuador. En un abrir y cerrar de ojos esos procesos ‘hacen agua’. Cuando Trump se aburra de sus aventuras en Asia y Europa, volverá su displicente mirada imperial a América Latina. Parece que encontrará ‘todo en orden’. ¿O tendremos un peligroso match Trump Vs. Maduro?