Ni un besito a la fuerza

30 Ago

María José Urruzola, educadora, feminista y escritora española asociada a los movimientos de coeducación y educación para la igualdad, ya fallecida, escribió hace ya muchos años un libro con este significativo título: “Ni un besito a la fuerza”. Un título con un profundo trasfondo. El diminutivo está muy bien elegido porque, paradójicamente,  acrecienta la gravedad de los comportamientos que algunos consideran  nimios. No es la primera vez que lo cito en este espacio.

He recordado este libro insistentemente en estos días  a raíz de un  hecho que ha sucedido en el Cortijo de Torres, uno de los días de la reciente Feria de Málaga, la más importante del verano en el Sur de Europa. Conozco de cerca lo sucedido y por eso quiero denunciarlo y hacer algunas reflexiones al respecto.

En una pandilla de jóvenes, un chico manifiesta a una amiga su interés por una chica del grupo, interés que, según le cuenta,  viene de lejos y que según sus palabras, es casi obsesivo. En la Feria hay una carpa pública, especialmente destinada  a  que los jóvenes hagan “botellón”. Y allí empieza a funcionar la estrategia: el interesadísimo joven le ofrece una  copa a  “su presa” (esa es la palabra exacta, como comprenderá el lector cuando conozca la historia). Porque el galante caballero no brinda una copa a cualquier otra chica del grupo. O una copa a cada una, por turno. No. Exclusivamente a ella.

Posteriormente, el grupo visita una caseta de la Feria. Y  allí vuelve a la carga ofreciendo a “su chica” otra copa (que paga de su bolsillo a la nada desdeñable cantidad de diez euros). La noche sigue. Y ahora es un chupito lo que le obsequia  con sospechosa generosidad…

En este momento de la historia, una amiga le advierte que esa chica a la que está asediando tiene novio, advertencia que desprecia con palabras poco elegantes… El plan está funcionando a las mil maravillas. Porque, pasito a paso, su presa va perdiendo las defensas, quedando inerme ante las intenciones del pretendiente. No puedo garantizar que en alguna de las bebidas no hubiese algún ingrediente con efectos sobre la consciencia y la voluntad de la víctima porque, según me cuentan,  no recuerda nada de lo sucedido.  Lástima que no hubiera tenido la iniciativa de someterse a algún análisis de estupefacientes de forma inmediata para poder comprobarlo.

Y al final sucedió lo que tenía que suceder. El dinero invertido en la galantería dio sus frutos. Y acabaron sucediéndose besos y tocamientos sin que hubiese un consentimiento explícito de la víctima. Y esta es la palabra clave: consentimiento. Por eso es tan importante la ley del solo sí es sí, aunque la derecha y la ultraderecha hayan hecho mofa de ella de manera irresponsable y torticera. Hipocresía en estado puro. Desfachatez descarada.

Por lo que cuentan las amigas de la joven que mordió el anzuelo que tan ladinamente  le lanzó su admirador, la chica no recuerda nada de nada de lo sucedido y, sin tener consciencia de tiempo y espacio abandonó sola el lugar, ante la desesperación de las compañeras que no sabían dónde estaba y ante la indiferencia de quien había tenido tanto interés por ella hasta conseguir su objetivo.

Hasta aquí los hechos que reproduzco con la mayor fidelidad después de haber escuchado el relato de una persona que los vivió muy de cerca y desde aquí algunas  reflexiones sobre ellos.

Este es un caso paradigmático de violencia machista. Estoy seguro de que no es el único que ha sucedido en los días de Feria. Y de que suceden cada fin de semana. Y cada día que se celebran reuniones festivas de jóvenes. Sin que haya denuncia sobre ellos. Me preocupa la sospecha de que se esté produciendo un peligroso retroceso en logros que se habían conseguido. Creo que el machismo ha crecido o está creciendo entre los jóvenes.

El verdugo se va para casa apuntándose la victoria de haber conseguido lo que buscaba e, incluso, alardeando delante de los amigos de su éxitoE. No  le importa lo más mínimo el novio de la chica. Le importa menos ella. Porque ella es un objeto del que solo busca una satisfacción hedonista pasajera. Es la filosofía del yo-yo y del ya-ya. Ni más ni menos. Se importa solo a sí mismo. Al día siguiente lo intentará con otra. La ideadel amor resulta sarcástica en este caso. La víctima se va a su casa sorbiendo las lágrimas, sintiendo la impotencia ante el abuso, reprochándose su ingenuidad, avergonzándose de su comportamiento, atormentada por la ley del “y si” (y si no hubiera ido, y si no hubiera aceptado la primera copa, y si hubiera reaccionado…), angustiada por lo que haya pasado, ya que no recuerda absolutamente nada, lamentando la falta de fidelidad a su pareja si ha sucedido algo, aunque tenga la plena seguridad de que, de estar en sus cabales, no hubiera sucedido absolutamente nada.

¿Por qué no se denuncian estos hechos? Porque se consideran hechos menores, porque las chicas  temen no ser tenidas en cuenta, porque se echan parte de la culpa, porque no quieren meter a los padres en un conflicto, porque temen  que las acusen de ligeras o poco contundentes en la negativa, porque temen que se las califique de estrechas o de provocadoras… Hay que denunciar. No hace falta que el abuso haya llegado a determinados niveles de gravedad para que sea denunciado.  Todo es grave cuando se trata de abuso.

Hay otra vertiente del caso que quiero comentar. Me refiero al papel de los espectadores de estos hechos, especialmente de las amigas y compañeras de estas víctimas. Creo que tienen que intervenir para evitar o interrumpir el abuso. No pueden (no deben) mirar para otro lado. Las mujeres tienen que protegerse. Y aquí también interpelo a los chicos que se dicen amigos de las víctimas.  Se entiende mejor lo que digo si se piensa en maltrato físico, en una paliza, por ejemplo.

Y como estos casos no se denuncian, pues se siguen repitiendo y repitiendo y repitiendo con la plena impunidad de los abusadores, que siempre son varones. No conozco ni un solo caso, ni uno solo, en el que una chica o un grupo de chicas haya abusado de un chico. No hay “manadas” de chicas.

Para que luego nuestros patriotas de Vox sigan sosteniendo contra toda evidencia, contra toda lógica y contra toda decencia que no existe la violencia machista. Estos abusos se producen contra las mujeres por el exclusivo hecho de ser mujeres.

Todo el esfuerzo que realizamos en las escuelas para educar en la igualdad se ve frenado por estos personajes siniestros que se empeñan en  negar runa realidad tan lacerante. Me pregunto qué sentirán cuando sus hijas sean objeto de comportamientos abusivos.

  Es este tipo de valoración lo que envilece nuestra sociedad y lo que propicia que se sigan cometiendo esos abusos. Lo mismo sucede con quienes culpan a la víctima de provocar esas situaciones de abuso por la forma de vestir o por la falta de contundencia en la negativa.

Me preocupa seriamente el temor de que estemos retrocediendo en esta lucha, de que haya jóvenes, de uno y otro sexo, que no le den importancia a estas formas machistas de proceder.  Especialmente si son las propias víctimas. No hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido mete en su cabeza los esquemas del opresor. Por eso me molesta y me duele ver a las chicas cantando y bailando al son de esas músicas y esas letras en las que se las considera meros objetos sexuales. O restando importancia a hechos como el que he denunciado en este artículo.

Qué lástima que la lucha feminista sufra retrocesos. Son muchos años de reflexión, de formación, de acción…  Son muchos los sacrificios y los esfuerzos de muchas mujeres inteligentes, generosas y valientes para que ahora los tiremos alegremente por la borda. Y también de muchos hombres, sinceros y sensibles.

Miles y miles de experiencias, publicaciones de feministas lúcidas y valientes (Amelia Valcárcel, Amparo Tomé, Elena Simón, María José Urruzola…), leyes progresistas  contra la violencia de género, manifestaciones por la liberación, cursos y congresos, tesis doctorales… Qué triste pensar que estemos retrocediendo.  Y qué triste que en ese retroceso tengan parte fundamental partidos políticos con mentalidad cerril.

No quiero terminar con un lamento sino con la invitación al optimismo, con la  llamada a la reflexión y a la acción, con  el reconocimiento de los logros, con la esperanza en la capacidad transformadora de la educación, con la petición a cada persona de que fortalezca el compromiso con la  lucha por la igualdad. Hay que fortalecer la revolución feminista que es uno los más grandes logos de nuestra especie a lo largo de toda la historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.