Vacaciones en el hospital

10 Ago

Las hospitales, a diferencia de otras instituciones, son organizaciones de funcionamiento continuo. Las escuelas, por el contrario y por ejemplo, son organizaciones discontinuas. Profesorado, alumnado y personal de administración y servicios se van el viernes por la tarde y no regresan hasta el lunes por la mañana. Lo mismo sucede en los “puentes” y en las vacaciones. Se cierra la institución y se vuelve a abrir.

El problema reside en que las enfermedades no se detienen. No cursan solo de lunes a viernes.

Eso, en teoría. Lo que sucede en la práctica es que los hospitales funcionan como organizaciones semicontinuas. O semidiscontinuas, si se prefiere. Es decir, que en fines de semana, puentes y vacaciones no cierran, pero funcionan a medio gas. El médico no pasa su visita diaria, cierran algunos servicios, los especialistas se ausentan, no se entregan informes o análisis, no se dan altas…

El problema reside en que las enfermedades no se detienen. No cursan solo de lunes a viernes. Y la angustia de quien espera un diagnóstico no se pone entre paréntesis. Los pacientes (y sus familias) siguen en las habitaciones del hospital esperando que pasen los días de descanso de los profesionales. De modo que el hospital se organiza no según las necesidades de los pacientes sino según los intereses de los profesionales. Los pacientes son doblemente pacientes en fines de semana y vacaciones. Padecen su enfermedad y esperan pacientemente el regreso de los profesionales a su plena actividad.

Sí, se atienden las emergencias. Hay médicos de guardia. Solo faltaba que se quedasen solos los pacientes. Que no se atendiesen las situaciones críticas. Solo faltaba. Sería lamentable que no solo no se avanzase en el diagnóstico o en la curación sino que no se atendiesen las situaciones críticas y, como consecuencia, subiesen las tasas de mortalidad en esas fechas.

No seré yo quien les niegue a los profesionales su derecho al descanso. Lo que digo no es que no se vayan a descansar quienes han trabajado sino que sean otros quienes estén en el hospital el fin de semana. Con el paro de profesionales de la salud que hoy tenemos, nadie puede decir que el problema es de difícil solución. Es cuestión de organización, no de dinero. Porque el hospital gasta muchos euros inútilmente manteniendo las habitaciones abiertas, sirviendo comidas y cerrando servicios.

Se pierden dos días de cada siete de forma regular, más fiestas, puentes y vacaciones. Es decir que el hospital funciona a pleno rendimiento durante dos terceras partes año. Sería como tener cerrado el hospital cuatro meses y abrirlo de forma continua durante ocho.

He oído cientos de veces comentarios de este tipo, siempre en tono de queja y de resignación:

– Hoy los médicos no han pasado visita
– Tendremos que esperar al lunes
– El médico está de vacaciones
– Los laboratorios están cerrados
– No está el especialista
Hasta el fin del puente no sobremos nada
– Como están de vacaciones…

Este fenómeno tiene, además de la ralentización médica, un efecto psicológico de abandono difícilmente discutible. El enfermo tiene la sensación de que durante el fin de semana y las vacaciones importa menos que los días laborales. No se puede olvidar el factor humano en el proceso curativo. El asunto de la espera es vivido de manera diferente según lo que se está esperando. No es igual una demora en la recepción de una vajilla que se ha pedido por internet que una demora en la notificación de un diagnóstico que se sospecha fatal.

Cuenta Eduardo Galeano que una anciana que estaba en un Hospital le pedía al médico todos los días varias veces que le midiese la tensión. El médico le tomaba el pulso en la muñeca con paciencia y reiteración pensando que la señora tenia una obsesión sorprendente. Tardó en comprender que lo que en realidad quería la señora, desde su desgarrada soledad, es que un ser humano la tocase.

Lo que me llama poderosamente la atención es la resignación, el conformismo y el silencio de los pacientes y de sus familiares. ¿Cómo se puede tolerar esta situación? ¿Cómo se puede explicar este persistente silencio ante ella? ¿Cómo se puede soportar el silencio y la inacción de los responsables de la sanidad? Haciendo un esfuerzo por comprender lo que sucede, formulo las siguientes suposiciones:

– Hay un temor reverencial hacia la clase médica. Como si veladamente se pensase que no se puede irrita r al médico, que no se le puede agredir. Hacerlo podría llevar consigo consecuencias desastrosas si disminuye su interés o se entrega a la represalia. Es un temor absurdo pero funciona con eficacia.

– El aislamiento de cada enfermo es una barrera insalvable. ¿Dónde y cómo se ven? ¿Cómo se ponen de acuerdo para elevar una propuesta? Lo mismo hay que decir de los familiares. ¿Quién, cómo y cuándo organiza una protesta?

– Otro problema es el escepticismo. Hay muchas personas que piensan que es imposible, que no se puede conseguir nada, que no se puede cambiar lo que hay.

– Quienes viven el dramatismo de un diagnóstico grave tienen otros focos de atención más intensos, más absorbentes, más prioritarios. Por eso esta cuestión les puede parecer menor al lado de un problema como el que estoy denunciando.

– También hay personas que no son capaces de hacer la menor reflexión crítica. Las cosas son así porque siempre han sido así y siempre serán así. Y no está mal que así sean. Desde esa posición acrítica es imposible mover un dedo para que las cosas mejoren.

Es curioso comprobar cómo nos habituamos a lo que es irracional e injusto. Puede llegar un momento en el que algo tan increíble como el fenómeno que aquí describo sea contemplado y vivido como algo natural e inevitable. ¿Por qué inevitable? No hace falta darle muchas vueltas a las soluciones. Están ahí, al alcance de la mano. Basta que funcione el hospital el sábado y domingo como funciona los demás días de la semana. ¿Sabe el pulmón de un paciente cuándo es martes y cuándo domingo? ¿Distingue un riñón dañado el jueves y el sábado? ¿Diferencia el corazón enfermo los meses de agosto y noviembre?

Las autoridades sanitarias no pueden mirar para otra parte. Y, cuando miran donde deben, han de hacerlo simultáneamente a los profesionales de la salud y a los pacientes. ¿Cómo pueden tolerar una semana tras otra, un mes tras otro, un año tras otro, esta situación inadmisible?

Un familiar muy querido ha estado hospitalizado consecutivamente en dos hospitales de Madrid. Hemos vivido con desazón estos paréntesis de desaceleración de la atención sanitaria, estos regulares vaivenes de intensidad atencional.

En propia carne y en carne ajena todos hemos vivido esta desagradable experiencia. Se perpetúa porque se evitan con las guardias los desenlaces fatales. Me gustaría saber, no obstante, si hay alguna diferencia significativa en los fallecimientos que se producen entre semana y en fin de semana, en período de vacaciones y en períodos de normalidad. Claro que los períodos más problemáticos son los fines de semana en períodos de vacaciones, los fines de semana de agosto, por ejemplo. No sé por qué, en esas fechas, no mandan a los pacientes a sus casas o a un Hotel cercano a darse un garbeo. ¡Para lo que hacen en el hospital!

16 respuestas a «Vacaciones en el hospital»

  1. Para que las cosas mejoren basta con hacer -algunas- cosas sencillas, y hacerlas sólo depende de la voluntad y competencia de quien decide. Pero cuando en política el sistema de selección y ascenso es inverso -al mérito y la capacidad-, como parece ocurrir en España por lo general, y en Andalucía en particular, entonces, esas cosas sencillas no se hacen por falta de voluntad e incapacidad (salvo que mi reflexión esté equivocada).

    Un saludo, y muchas gracias, señor Santos.

    Ah, es de suponer que la ciudadanía también tiene su parte de (o gran) responsabilidad en ese no hacer, o hacer lo inconveniente.

  2. Pingback: Vacaciones en el hospital | Chismes varios | Sc...

  3. No es exactamente así. En muchos servicios de hospitales públicos, como el mío, se dan altas,se asa visita y se informa los fines de semana, festivos, etc.. Lo que no hay son consultas externas. Los pacientes ingresados son atendidos por los profesionales que están de guardia y con ello se mantiene el tratamiento de las situaciones que lo requieren y los diagnósticos cuya demora sería peligrosa, o sea los que requieren atención urgente.
    Por otro lado, lo del miedo a la ” clase médica ” es de risa…primero que no somos clase en el sentido absoluto de la palabra que implica privilegios por pertenecer a determinado estamento, somos un colectivo de profesionales. Segundo: las agresiones y amenazas a médicos están a la orden del día….¿es que la culpa de que no haya médicos es que son unos desalmados que pretenden tener Camila y decanso como cualquiera? ¿No sería más adecuado canalizar la ira en los políticos que son al fin y al cabo los que organizan? ¿No sería más adecuado despolitizar la sanidad que pagarla con el médico de tuno?
    También hay que aclarar que mientras en muchas profesiones y empresas cuando el trabajador trabaja fuera del horario laboral normal se paga en horas extras. ¿Pretende Ud. un hospital funcionando 365 días al año con sueldos de profesionales de menos de 1000E al mes? Dese un paseo por los hospitales andaluces y por las nóminas de los profesionales, muchos de ellos contratados al 75%…
    Finalmente, es necesario recordar que la ciudadanía en su mayoría no apoya las protestas que hemos realzado reiteradamente los profesionales sanitarios para mejorar nuestras condiciones laborales así como para mejorar la atención, porque nos siguen viendo como un colectivo privilegiado (“clase”) sin tener mucha idea de como es nuestro día a día, y noche a noche fuera de casa.
    Un saludo.

    • Estimada Leticia:
      No me he explicado bien, entonces.
      No hay ni un solo reproche en mi artículo contra los médicos y las médicas. Ni uno solo.
      Hablo de la organización y, porz consiguientes, de los responsables de que las cosas sean así.
      Creo que el hecho que denuncio es incontestable. Otra cosa es señalar a los responsables de la situación. Y, en efecto, no creo que sean los profesionales.
      No están bien pagados, lo sé. No se les puede pedir que hagan lo que no se le exige a otros colectivos. Deben ser pagadas sus horas extra, claro que sí.
      Has visto en mi artículo un ataque cuando lo que tenías delante era el texto de un aliado.
      No hablo de miedo, hablo de respeto reverancial, de un infundado temor a no ser bien atendido si se protesta o se critica airadamente.
      Yo he visto bien vuestras protestas. Justas y razonables. Me sumo a ellas.
      Creo que defiendes derechos profesionales que están encaminados a una mejor atención a los pacientes, que es lo que defiendo en mi artículo.
      He trabajado mucho con médicos (en la pequeñita parcela que yo conozco, que es la formación de los nuevos profesionales). Y, en general, he visto personas muy comptentes y comprometidas.
      Gracias por participar.
      Un cordial saludo.
      Miguel A. Santps

    • Estimada AF: Rebienvenida. Por mil motivos.
      Ojalá sigas participando. Siempre se aprende de ti.
      Besos desde el calor del sur de España.

  4. Buenas esta semana, un tanto perdido por los tiempos,

    Bien cierto, y el tema es altamente interesante, complejo a la vez.
    viví hace un tiempo, en molar propio, literalmente, la perdida de pieza dentales, primero por mi responsabilidad o irresponsabilidad, no obstante, siempre te duele la muela cuando es fin de semana y solo un analgésico funciona. Claro, los servicios de urgencia no están para eso, y los particulares, o privados, te cobran tanto o más de lo que cuesta la pieza. eso es el punto y me detengo en eso, la forma de cómo el servicio público de salud, posee largas listas de espera a múltiples patología, y muchas no cubiertas por la previsión. es el negocio de Isapres, y “clínicas privadas” ( no discuto que existen profesionales y buenos, que la infraestructura pública e buena, mejor que privados en algunos casos) pero la preocupación de modelos económicos imperantes es que todo se pague, si no puedes, pide un crédito, al final tu enfermedad se cura, pero se enferma tu bolsillo, denigrar y no fortalecer el sistema público, es misión de estos modelos, tal como sucede con la educación, mientras más privada sea, “mejor”, discurso que no comparto en su totalidad, puesto que quien tiene los medios económicos, los recursos, pareciera tener su vida resuelta, y el grueso de la población debe sustentar este modelo, un círculo conveniente ya casi imparable.

    Saludos desde Chile, con una cordillera resplandeciente que invita a recobrar esperanza en que la primavera será más auspiciosa, renovadora de fuerzas.

  5. Maestro: asistí a una de sus reflexiones sobre evaluación, he quedado maravillada, ojalas pueda tener la suerte de volver asistir a otra, por ahora a seguirlo en su blog
    Espero tenerlo de vuelta en Rengo, Chile.

  6. Lo he visto una y otra vez cuando he estado yo mismo o cuando he acompañado a un familiar.
    Creo que es necesario solucionar este problema. No hace falta pensar mucho en cómo conseguirlo.
    Basta dar prioridad a los asuntos que realmente la tienen.
    Hay muchos otros problemas menores como que los políticos viajen siempre en primera clase.

  7. Siempre me ha llamado la atención y me resulta incomprensible las esperas o retardos en la acción médica de hasta más de seis meses. Siempre la sanidad parece una empresa con muchísimo trabajo y siempre carente de personal. No lo entiendo. Para mí los médicos e investigadores debieran ser los mejor pagados de nuestra sociedad y no los deportistas, los políticos, los dirigentes o Consejos de Administración de bancos y empresas, pues valoro infinitamente más al que es capaz de quitar un corazón y poner otro en su lugar que el chutar magistralmente un balón y meterlo en una portería, etc.
    Hay dinero de sobra, lo que no hay es voluntad de distribuirlo adecuadamente y buscarlo donde está, ejemplo en paraísos fiscales, ejemplo en pagar instituciones inútiles como el Senado.
    Lo que sucede es que la gente de dinero nunca tiene esperas médicas ni carencia de personal.
    No soy médico, pero los admiro y estoy con sus reivindicaciones.
    Saludos.

  8. El artículo está cargado de razón. No va contra los médicos sino contra los responsables de la sanidad.
    De todos modos los médicos son conscientes de lo que pasa y, entre las reivindicaciones, deben incluir lo que afecta a los pacientes, no solo a sus intereses profesionales.
    No sé lo quw sucede en otros países, pero aquí estamos retrocediendo a causa de los recortes y de los escándalos de corrupción.

  9. Todos los días en el hospital tienen que ser laborales.
    No se debería notar la diferencia entre un lunes y un sábado, entre un festivo y un laboral, entre vacaciones y otros períodos que no son de vacaciones.
    Las enfermedades no notan la diferencia entre unos días y otros.

  10. Oportuna y necesaria denuncia.
    Como esta práctica está asentada se ha convertido en una rutina.
    Parece que las cosas son sí y no pueden ser de otro modo.
    No es cierto.
    Es fácil imaginarse un funcionamiento constante, en el que no se sepa si s lunes o domingo.

  11. La crítica no es negativa. Solamente cuando esta se produce es posible hacer algo por solucionar los problemas. Desde el conformismo y la resignciçón, todo seguirá como estaba. Los problemas se harán cónicos.

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