Déjate de cuentos

24 Abr

Me gustaría tener a mi lado mientras escribo a mi querido amigo Paco Abril. Es el mejor cuentacuentos que conozco y uno de los mejores “escribecuentos”. Él me ha explicado muchas veces que los cuentos son la sustancia de la vida. Ha escrito que “los cuentos se dirigen al oído emocional de los niños y de las niñas. Les llegan a lo más profundo de sí mismos, a diferencia de los discursos moralistas de sus mayores, a los que se van haciendo, con el tiempo, más y más impermeables”.

Pero, precisamente por su enorme poder educativo, hay que estar prevenidos de sus peligros. Rosetta Forner ha escrito un libro que se titula “Déjate de cuentos”. En él se plantea la interesante cuestión de cómo los cuentos clásicos abordan la relación entre los sexos. ¿Dé qué hablan, qué moralejas tienen, qué papel desempeñan en ellos las mujeres? La autora va recorriendo los cuentos tradicionales que han alimentado nuestra infancia y va haciendo visible la tremenda carga sexista que encierran a través de versiones en las que ella aporta una visión feminista.

¿Por qué Cenicienta, por ejemplo, se resigna a ser maltratada por su madrastra? ¿Por qué acepta ser la sirvienta de sus cínicas hermanas? ¿Por qué tiene que aceptar que una carroza la lleve a la fiesta pudiendo desplazarse por sus propios medios?…La Cenicienta tiene que mostrarse atractiva para el Príncipe, lo tiene que conquistar, tiene que aparecer ante él de tal forma que le pueda gustar. ¿Por qué?

Respecto a Caperucita Roja se pregunta la autora: “Acaso era tonta Caperucita o nos la han querido pintar así, desvalida y alelada, infantil y crédula para que pensásemos que todas las niñas del mundo son presa fácil del lobo?”. Respecto a la abuela dice que bien podría haber sido una abuela resuelta, valiente y de rompe y rasga, una que le hubiese plantado cara al lobo feroz. Pero no. No era una abuela así.

¿Por qué Bella Durmiente sólo puede ser rescatada del sueño por el beso de un Príncipe? ¿Por qué ha de esperar dormida la llegada del Príncipe salvador? ¿Nunca salva la mujer a los hombres?

Rosetta Forner le da la vuelta a los cuentos tradicionales y escribe sobre los conocidos relatos otros de corte diferente en los que las niñas son de otro modo, desempeñan otros papeles y tienen otras actitudes.

En todos los cuentos la mujer se ha de mostrar atractiva y ha de ser hermosa para conquistar la aceptación y el enamoramiento. Es la tiranía de la belleza. De ahí la esclavitud del acicalamiento. De ahí esta obsesiva búsqueda de la delgadez. De ahí la persecución incesante de la moda. De ahí tantas operaciones de cirugía y tantos casos de anorexia.

La mujer puede buscar verse bien a sí misma. Es estupendo que sea así. Pero no por sometimiento, por sumisión y por el único deseo de agradar, de satisfacer el deseo de los hombres.

Invito a que el lector o lectora se ejercite en analizar los comportamientos, las palabras y las actitudes. En definitiva, todo lo que piensa, dice o hace para descubrir las pautas sexistas que, muchas veces de forma inconsciente, lo penetra. Todo. Se trata de ponerse las gafas del feminismo para analizar la realidad de forma rigurosa ye inteligente.

Todo tiene importancia en esta cuestión. Todo tiene unas consecuencias fatales. Nadie piensa que un copo de nieve tenga peso suficiente para vencer una rama y partirla, Lo cierto es que, a fuerza de nevar, a fuerza de que caigan copos y más copos, hay uno que rompe la rama. ¿Por qué no pensar que el copo de nieve, de peso casi imperceptible, de ese gesto sexista es precisamente el que hunde el cuchillo en el corazón de una mujer?

Los personajes de los cuentos actúan como estereotipos modélicos sobre la psicología de los niños y de las niñas. Los héroes se convierten en ejemplo que seguir y se debe seguir y las actitudes que encarnan en conductas que se deben imitar.

Comencé a redactar este artículo en un vuelo aéreo de Málaga a Madrid. Las librerías tienen para mí un imán que me arrastra sin remedio. Así que, al llegar al aeropuerto de Barajas me dirigí, llevado por ese irrefrenable impulso, a la librería donde imagino que los libros me esperan con sus brazos abiertos. Y me encontré con un cuento de Munila López Salamero, prologado por Maruja Torres, que se titula, no de forma ingenua, “La Caperucita que no quería comer perdices”. Tiene unas magníficas ilustraciones de Myriam Cameros Sierra.

Dice Maruja Torres en su hermoso prólogo: “”Nuestra Cenicienta sin ceniza en la frente y con la cabeza muy alta, nos avisa de que cada generación, cada mujer, tiene que volver a empezar. Porque, a la que se descuida, los tacones altos, ese regalo envenenado, la conducen a un camino de espinas. La ponen a cocinar perdices para cualquier príncipe titular o secundario. Y puede acabar no reconociéndose , no sabiendo cómo llorar sus vidas impuestas, cómo vaciarse de los mandamientos, cómo deshacerse dl sometimiento”.

La autora del texto cuenta, al final, cómo surgió la idea de escribirlo. Dice que desde hace siglos y siglos las mujeres han sido bombardeadas por el mensaje “se casaron, fueron felices y comieron perdices” y que unos pocos años de feminismo no protegen de la presión que ejercen películas, anuncios, libros y, sobre todo “cuentos que nos contaron de pequeñas y que siguen impunes en el mercado”.

Un grupo de mujeres contra la violencia de género del barrio de Horta (Barcelona) le pide a Munila que escriba un cuento que cuestione la filosofía machista de los cuentos tradicionales ya que consideraban que las mujeres habían sido víctimas de un mensaje atroz. Y así surgió la idea de escribir “La cenicienta que no quería comer perdices” cuyo mensaje es, en palabras de la autora, “quiérete a ti misma”.

Dice Maruja Torres que este libro, que contiene verdades como puños”, debería ser lectura obligada en los colegios. Mientras llega ese momento, yo lo recomiendo a los lectores y lectoras de este artículo. Que aproveche.

16 thoughts on “Déjate de cuentos

  1. Me encanta este espacio, lo fresco, vivo y actual de sus artículos y lo tanto que te hacen reflexionar. Me llamo Encarni Barragán, soy madre de una niña y un niño pero también soy maestra de Infantil desde hace unos 12 años. Me encanta trabajar los cuentos con mi alumnado y en casa, intentando tener siempre cuiado con el tipo y la forma de historias que les presento. Siento mis ideas recogidas en el artículo. Muchas gracias.
    En mi blog tengo el enlace de este espacio.
    riodexperoiencias.blogspot.com

  2. Sé pueden hacer muchos análisis de los cuentos tradicionales y sacar muchas y diferentes conclusiones. No siento como mujer que la belleza de esos clásicos encierre un mensaje intencionalmente machista. Claro que responden a la mentalidad de la época en la que fueron escritos. Pero también encierran lindas cosas. Mensajes de belleza, del triunfo del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de poder identificarnos con príncipes y princesas, de imaginar encontrárnoslos a la vuelta de la esquina de nuestras vidas… Tienen mucho encanto esos cuentos… A la hora de comparar me parecen mucho más destructivas las historias de Harry Potter u otras de ese estilo, que pueblan las cabezas de nuestros chicos…
    Freud forma parte del pasado de la psicología, pero por eso no voy a dejar de reconocer que fue un genio…

  3. Felicidades Miguel Ángel, me ha encantado este árticulo. Quiero aprovechar para decirle a todos los lectores y lectoras de este blog, que profesionalmente y personalmente conozco a Paco Abril y que no hay nadie que lo supere, es un cuentacuentos que comunica como nadie. Tiene una sensibilidad especial,llega a los niños y a las niñas como nadie y sus cuentos son maravillosos. Aprovecho para recomendar un cuento suyo titulado: La NIÑA DE LA NUBE, que saldrá próximamente, en una nueva edición. Como todos sus cuentos, es una maravilla. Gracias por invitarnos a reflexionar sobre la carga sexista de los cuentos, la verdad es que nos hace mucha falta.
    Un saludo a todos y a todas, y muy especial para Nancy.

  4. Todo es importante a la hora de combatir el sexismo. Creo que no hay ningún aspecto que se pueda considerar intrascendente. Por eso me parecen mal los ataques que se lanzan contra el Ministerio den Igualdad (la señora Esperanza Aguirre, tan en su papel de despectivo) habla del Ministerio de “Igual da” para reirse de su contenido y de su Ministra. Increíble, pero cierto

  5. Leí, al respecto, las declaraciones en los medios de comunicación, vertidos por una alta responsable política de igualdad. Me parecieron, cuanto menos, lamentables. El arte es producto de su tiempo, sin más. La estructura del relato breve, del cuento en sí mismo se ha ido forjando, en la tradición literaria y oral, gracias al talento de magníficos creadores. Las obras maestras del “cuento”, de hecho, perduran, generación tras generación, gracias a dicha maestría, a la estructura interna con la que se construye el relato. Las mil y una noches, fastuosa invitación a la lectura, a la ensoñación, encierra no pocos ejemplos “sexistas”, que evidentemente hay que trascender en su lectura, si bien los tópicos son algo más que tópicos, cada vez que hablamos de género sexual. Pero querer obviar esta obra magna de la literatura por contener estereotipos que no son políticamente correctos hoy día refleja una absoluta falta de conocimiento de la historia del arte de la literatura y del arte en general. ¿Debemos recomendar que El nacimiento de una nación, de Griffith, no sea vista por el tratamiento que da a los esclavos del Sur tras la guerra de Secesión y que en su lugar, las nuevas generaciones vean un remake políticamente correcto? ¿Debemos coger un cincel y un martillo y destrozar todas las esculturas de Rodin, por aquello de que la mujer aparece en las mismas como un objeto del deseo? ¿Deberíamos contemplar dichas esculturas vestidas? El arte, literario, pictórico, cinematográfico…. es arte y requiere de nosotros, los espectadores, sensibilidad para degustarlo y conocimientos, por otra parte, para contextualizarlo, en su tiempo, en su lugar y deslumbrarnos, sobre todo, para apreciar que más allá de matices, esa obra literaria sigue siendo el maravilloso relato que siempre fue. Por favor, más cultura, más sensibilidad (se tenga el cargo político que se tenga) y por encima de todo, más amplitud de miras, camino inevitable para apreciar la belleza. Buenas tardes a todos y a todas.

  6. Qué casualidad, soy orientadora escolar, el año pasado cayó ese cuento en mis manos y un grupo de mis alumnos lo preparamos y lo representamos a un grupo de mujeres maltratadas que venían a nuestro colegio. LAs mujeres se fueron encantadas y muy agradecidas,y mis alumnos aprendieron mucho. Este año lo voy a trabajar de nuevo con los alumnos de 4º de ESO en la materia de Ética. Un Saludo

  7. La nueva gramática de la lengua española dice, entre otras muchas cosas, que “no se acepta el uso redundante del masculino y el femenino”. Y, al parecer, por las noticias que tengo, alude en concreto a que la expresión, por ejemplo, de “los ciudadanos y ciudadanas” es un circunloquio innecesario. Digo esto porque el Sr. Santos Guerra que es un buen escritor y mejor pedagogo se empecina en “acudir” al sistema (“niños y niñas”, “lector y lectora”), a pesar de que en más de una ocasión se lo he censurado. Por tanto, que me perdone, pero tengo que hacerlo de nuevo, porque de esa forma sus escritos quedarían más cultos y elegantes.

  8. Quienes piensan que estas cuestiones son intrascendentes y que no debemos ocuparnos de ellas mientras haya otras de mayor calado, se equivocan. Porque es fácil que quien se ocupa de ellas se preocupe también de las otras. Y es más que probable quien desprecia estas cuestiones por considerarlas ridículas tampoco se ocupe de las demás. Así que a la tarea.

  9. En mi casa no hay cuentos “clasicos” por convicción, aunque no por ello mis hijos han dejado de conocerlos. Mi hija, de 11 años, los defendía el otro día a raiz de las declaraciones de la Ministra de Igualdad diciendo: “mamá, no quieren decir que tiene llegar un principe azul, -cenicienta, blancanieves….- si no que para tí habrá una persona especial…”. Bueno, es otra opinión.

  10. Estimado Francisco Botín:
    Gracias por tus generosas valoraciones, sinceramente. Y gracias también por tus recomendaciones acerca del lenguaje. Comparto contigo una parcela de opinión, pero no otra. Me explico. Creo que es indiscutible que el lenguaje tiene mucha importancia. Y tambiés es indiscutible que el lenguaje hace invisible a las mujeres. ¿Por qué en el término niños se ha de entender que están incluidos los niños y las niñas? ¿Por qué no sucede a la inversa? No es casual. No es inocente. En esa tesitura, caben dos alternativas: encogerse de hombros y respetar las indicaciones o rebelarse y acogerse a un principio que yo creo que tiene rango superior: la paridad. Aún a costa de hacer el lenguaje, si así fuere, un poco menos elegante. He optado por la segunda opción. Por lo pronto nos hace caer en la cuenta de un hecho injusto. No es el único, pero es muy importante porque se produce de forma persistente y, muchas veces, subrepticia.

    Un abrazo

    MA Santos

  11. Cuando el machismo ataca con violencia todos y todas nos echamos las manos a la cabeza. Pero a la hora de combatir las causas empezamos a hacer disquisiciones sobre el purismo en el lenguaje o sobre la inutilidad del Ministerio de Igualdad…

  12. El sexismo se encuentra en cada rincón de la cultura. Por eso es bueno saber dewtectarlo y saber combatirlo.

  13. EN MI PAIS , CHILE EL GOBIERNO DE LA PRESIDENTA BACHELLET INICIO EL AÑO PASADO UNA CAMPAÑA LLAMADA “VIEJOS CUENTOS ,NUEVOS FINALES” HA SIDO INTERESANTE VER COMO LOS NIÑOS Y NIÑAS DE NUESTRA ESCUELA REFLEXIONARON FRENTE A LOS MENSAJES
    Y ESCUCHARLOS UTILIZAR UN DISCURSO INCLUSIVO EN SUS OPINIONES.
    CREO EN QUE NO SOLO LA DESCRIPCION DE LA REALIDAD BASTA SI NO LA REFLEXION FRENTE A ELLA.
    HASTA EN LA INOCENTE Y PURA IMAGEN DE LA LECTURA DE UN CUENTO.

  14. Hola a todos. Perdón por mi ausencia, sucede que me han pasado muchas cosas, lindas y feaas, que no viene al caso contar ahora. Luego se las contaré, queridas Eva y Trini por e-mail.
    Este artículo me hizo buscar unas poesías que una abuela vino a leer a mis alumnos hace algunos años en una maratón de lectura, las guardé porque me encantaron. Las tipearé ahora, me parecieron ilustrativas del tema abordado hoy.

    LA CENICIENTA
    “¡Si ya nos la sabemos de memoria!”,
    diréis. Y, sin embargo, de esta historia
    tenéis una versión falsificada,
    rosada, tonta, cursi, azucarada,
    que alguien con la mollera un poco rancia
    consideró mejor para la infancia…
    El lío se organiza en el momento
    en que las Hermanastras de este cuento
    se marchan a Palacio y la pequeña
    se queda en la bodega a partir leña.
    Allí, entre los ratones llora y grita,
    golpea la pared, se desgañita:
    “¡Quiero salir de aquí! ¡Malditas brujas!
    ¡¡Os arrancaré el moño por granujas!!”.
    Y así hasta que por fin asoma el Hada
    por el encierro en el que está su ahijada.
    “¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida?
    ¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida
    te dan esas lechuzas?”. “¡Frita estoy
    porque ellas van al baile y yo no voy!”.
    La chica patalea furibunda:
    “¡Pues yo también iré a esa fiesta inmunda!
    ¡Quiero un traje de noche, un paje, un coche,
    zapatos de charol, sortija, broche,
    pendientes de coral, pantys de seda
    y aromas de París para que pueda
    enamorar al Príncipe en seguida
    con mi belleza fina y distinguida!”.
    Y dicho y hecho, al punto Cenicienta,
    en menos tiempo del que aquí se cuenta,
    se personó en Palacio, en plena disco,
    dejando a sus rivales hechas cisco.
    Con Ceny bailó el Príncipe rocks miles
    tomándola en sus brazos varoniles
    y ella se le abrazó con tal vigor
    que allí perdió su Alteza su valor,
    y mientras la miró no fue posible
    que le dijera cosa inteligible.
    Al dar las doce Ceny pensó: “Nena,
    como no corras la hemos hecho buena”,
    y el Príncipe gritó: “¡No me abandones!”,
    mientras se le agarraba a los riñones,
    y ella tirando y él hecho un pelmazo
    hasta que el traje se hizo mil pedazos.
    La pobre se escapó medio en camisa,
    pero perdió un zapato con la prisa.
    el Príncipe, embobado, lo tomó
    y ante la Corte entera declaró:
    “¡La dueña del pie que entre en el zapato
    será mi dulce esposa, o yo me mato!”.
    Después, como era un poco despistado,
    dejó en una bandeja el chanclo amado.
    Una Hermanastra dijo: “¡Ésta es la mía!”,
    y, en vista de que nadie la veía,
    pescó el zapato, lo tiró al retrete
    y lo escamoteó en un periquete.
    En su lugar, disimuladamente,
    dejó su zapatilla maloliente.
    En cuanto salió el Sol, salió su Alteza
    por la ciudad con toda ligereza
    en busca de la dueña de la prenda.
    De casa en casa fue, de tienda en tienda,
    e hicieron cola muchas damiselas
    sin resultado. Aquella vil chinela,
    incómoda, pestífera y chotuna,
    no le sentaba bien a dama alguna.
    Así hasta que fue el turno de la casa
    de Cenicienta… “¡Pasa, Alteza, pasa!”,
    dijeron las perversas Hermanastras
    y, tras guiñar un ojo a la Madrastra,
    se puso la de más cara de cerdo
    su propia zapatilla en el pie izquierdo.
    El Príncipe dio un grito, horrorizado,
    pero ella gritó más: “¡Ha entrado! ¡Ha entrado!
    ¡Seré tu dulce esposa!”. “¡Un cuerno frito!”.
    “¡Has dado tu palabra. Principito,
    precioso mío!”. “¿Sí? -rugió su Alteza.
    –¡Ordeno que le corten la cabeza!”.
    Se la cortaron de un único tajo
    y el Príncipe se dijo: “Buen trabajo.
    Así no está tan fea”. De inmediato
    gritó la otra Hermanastra: “¡Mi zapato!
    ¡Dejad que me lo pruebe!”. “¡Prueba esto!”,
    bramó su Alteza Real con muy mal gesto
    y, echando mano de su real espada,
    la descocó de una estocada;
    cayó la cabezota en la moqueta,
    dio un par de botes y se quedó
    quieta…
    En la cocina Cenicienta estaba
    quitándoles las vainas a unas habas
    cuando escuchó los botes, -pam, pam, pam-
    del coco de su hermana en el zaguán,
    así que se asomó desde la puerta
    y preguntó: “¿Tan pronto y ya despierta?”.
    El Príncipe dio un salto: “¡Otro melón!”,
    y a Ceny le dio un vuelco el corazón.
    “¡Caray! -pensó-. ¡Qué bárbara es su alteza!
    con ese yo me juego la cabeza…
    ¡Pero si está completamente loco!”.
    Y cuando gritó el Príncipe: “¡Ese coco!
    ¡Cortádselo ahora mismo!”, en la cocina
    brilló la vara del Hada Madrina.
    “¡Pídeme lo que quieras, Cenicienta,
    que tus deseos corren de mi cuenta!”.
    “¡Hada Madrina, -suplicó la ahijada-,
    no quiero ya ni príncipes ni nada
    que pueda parecérseles! Ya he sido
    Princesa por un día. Ahora te pido
    quizá algo más difícil e infrecuente:
    un compañero honrado y buena gente.
    ¿Podrás encontrar uno para mí,
    Madrina amada? Yo lo quiero así…”.
    Y en menos tiempo del que aquí se cuenta
    se descubrió de pronto Cenicienta
    a salvo de su Príncipe y casada
    con un señor que hacía mermelada.
    Y, como fueron ambos muy felices,
    nos dieron con el tarro en las narices.

    Roal Dahl

    en “Cuentos en verso para niños perversos”

  15. Pingback: El Adarve « InnovArte Educación Infantil

  16. Hola, ante todo quiero dejar constancia que soy una apasionada de Miguel Ángel, de lo que dice, escribe y piensa.
    Tras esta confesión y refiriéndome al artículo tengo que decir que yo he sido durante 38 años de esas mujeres que ¡para nada querían comer perdices ni cocinarlas siquiera! Tengo dos niños de 5 y 3 años que hace un año me dijeron que no estaba nunca con ellos y que había amigos del cole que sí tenían una mamá cada día. Esto me revolvió de tal forma que dejé la vida de mujer liberada para dedicarme a mis hijos, marido y casa, en definitiva a cocinar perdices. ¡No podéis imaginaros lo bien que me siento y que me sienta! Estoy de acuerdo en lo que comentáis, pero la función de ser mujer y dedicarse a los que te rodean por amor es maravillosa…

    Gracias
    Rocío, una mamá tardía pero contenta

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