Cadenas de papel

13 May

cadenas.jpg Me cuenta la profesora argentina Alicia Fernández (autora, entre muchos otros, del excelente libro ‘La sexualidad atrapada de la señorita maestra’) que en un país oriental se impone a los niños un peculiar castigo. Cuando cometen una falta, se les rodea con cadenas de papel. Si las rompen, se hacen merecedores de una nueva sanción. El castigo consiste, pues, en inmovilizarlos de una manera tan sutil como perversa. Se trata de unas cadenas que, en lugar de aprisionar físicamente, lo hacen de manera más eficaz, psicológicamente. El castigado se autoimpone el cuidado de no moverse para evitar que se rompan los frágiles eslabones. Las cadenas de hierro limitan de una manera menos fuerte, menos contundente, menos eficaz. Él puede, incluso, tratar de romperlas. Y puede moverse y arrastrarlas hasta donde su fijación permite.
Hay muchas cadenas de papel en la educación o, mejor dicho, en la socialización. Es decir en el aprendizaje de ser personas adaptadas y exitosas en una determinada sociedad. Son cadenas que se interiorizan y que obligan de una forma dura y a la vez sutil. Si se dice a una persona que si es sorprendida robando se le cortará la mano, se le está poniendo una cadena de hierro que impide el robo. Pero si se introduce en la conciencia la norma moral de que robar es malo, no necesitará vigilantes. Si se dice a alguien que cuando se le sorprenda masturbándose se le impondrá una sanción horrible se está rodeando a la persona de una poderosa cadena férrea. Pero si se le dice que la masturbación es un pecado bastará con que esa persona se lo crea para que esté siempre controlada.
Pondré tres ejemplos de cadenas de papel que impone la sociedad, aunque la lista podría ser interminable.
En las culturas androcéntricas las mujeres han sido rodeadas de enormes cadenas de papel. Cadenas que no se deben romper, (aunque sería físicamente muy fácil hacerlo). Tienen un impresionante poder opresor.
– No está bien declarar el amor a un chico.
– Las mujeres son pasivas sexualmente.
– El principal papel de la mujer es el de ser madre.
– La mujer no debe ser promiscua.
– El espacio peculiar de la mujer es la casa.
– Las tareas de la casa son propias de mujeres.
– Las mujeres no deben decir palabrotas ni contar chistes verdes.
– El sexo débil es el femenino.
– Es la mujer la que tiene que cuidar a los familiares enfermos.
– La belleza es indispensable para tener éxito.
– Las mujeres no están hechas para el mando.
– Las mujeres tienen que conquistar y seducir a los hombres.
Estas cadenas han rodeado fuertemente a los mujeres. Cadenas que no se debían romper sin pagar un alto precio por ello. El precio de ser consideradas poco femeninas e, incluso, malas personas. ¿Cómo se han roto esas cadenas? Lo han hecho, en ocasiones, mujeres heroicas que se han anticipado a la época que les ha tocado vivir. Grupos de feministas que han afrontado el baldón de ser consideradas ligeras, atrevidas o desnaturalizadas. Es aleccionador, al respecto, el libro de José Antonio Marina y María de la Válgoma titulado ‘La lucha por la dignidad’.
Las cadenas de papel tienen que ver con el género, pero también con cualquier parcela de la naturaleza o de la vida humana. Hay cadenas de papel relacionadas, por ejemplo, con la verdad:
– Verdad es lo que la autoridad dice que es verdad.
– Los dogmas no se pueden discutir.
– Verdad es lo que todos dicen que es verdad.
– Hay una verdad única.
– La verdad es objetiva.
– El poder sabe cuál es la verdad.
– La verdad es eterna.
– La verdad es inamovible.
– Los que saben nos enseñarán la verdad.
Existe miedo a romper las cadenas de papel porque, quienes las han colocado, nos han hecho creer que tendremos un castigo si nos rebelamos contra ellas. No hace falta que nadie nos vigile, ya que nosotros mismos somos nuestros mejores y más estrictos guardianes. No hace falta que nadie nos obligue, ya que nosotros mismos somos nuestros mejores tiranos.
Un tercer ejemplo tiene que ver con la propiedad privada y la distribución de la riqueza:
– Siempre ha habido pobres y ricos.
– El dinero da la felicidad.
– Las cosas son así y no se pueden cambiar.
– Unos nacen con estrella y otros estrellados.
– La propiedad privada es sagrada.
– Habrá otra vida en la que seremos ricos.
– No hay mejor sistema que el capitalismo.
– Todos tenemos las mismas posibilidades de ser ricos.
Las cadenas de papel son más fuertes que las de hierro. Porque están en nuestras mentes. No hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido mete en su cabeza los esquemas del opresor.
Lo primero que hay que hacer para romper las cadenas de papel es reconocerlas como una trampa maldita. Esa labor de análisis es imprescindible. No hace falta fuerza para romper las cadenas de papel sino inteligencia y coraje.
Lo segundo es tener coraje. Porque hay que asumir los riesgos de quienes se van a sentir ofendidos o agraviados por esa actitud de rebeldía, de rechazo a la esclavitud. Muchas personas han hecho avanzar la historia porque han roto las cadenas de papel y, con su ejemplo, han invitado a otros a seguir su ejemplo.
La educación consiste precisamente en eso. En avivar la inteligencia, en activar los mecanismos de análisis, en despertar el pensamiento crítico. En “proporcionar herramientas, como dice Perrenoud, para hacer inteligible el mundo y ayudar a comprender las causas y las consecuencias de la acción, tanto individual como colectiva”. La educación no consiste en poner cadenas de papel sino en enseñar a descubrir las trampas que encierran y a romperlas con valentía.

Una respuesta a «Cadenas de papel»

  1. Me parece excelente este artículo. Como educadora me parece imprescindible poder descubrir estas cadenas y enseñar a otros a identificarlas en cada momento de la vida. Sería supremo poder enseñar la valentía de romperlas. Gracias por poner a disposición de los demás estos pensamientos y reflexiones.

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