Los niños del cauce : Memoria y Poesía

12 Ene

“Pedro cuidaba del riego de la huerta. Levantaba la llave de la alberca, abría las compuertas, conducía el agua por la acequia, la repartía por los surcos.”

“El agua rodaba por la pendiente, pasaba por los canales, centelleaba por los bancales.”

“Y Pedro miraba la luna, el membrillo, la transparencia de la huerta.”

“Cielo de junio, limpio como ninguno.”

Hay libros que son como campos de trigo y lo que en ellos se puede espigar, entre las palabras convertidas en ese fruto rubio que es la espiga, son esas cosas que llamamos con nombres como “memoria” o “poesía”. Recuerdos que son vida y vida que se nos ha tornado – de pronto, y a la vez, poco a poco, año tras año…- en palabras tan adentradas en uno que ya no son tanto palabras como alma, alma. Y “Los niños del cauce”, de Jorge Alonso Oliva, es uno de esos libros.

Los cuatro fragmentos que abren este texto de hoy están tomados de la página 62 de ese libro que acabo de citar, en ese capítulo que el autor titula “Pedro, el de la huerta”. Si ahora me preguntaran a qué otra obra literaria podría recordar ésta, tan breve como intensa, que su autor centra en un tiempo, en unos lugares, en unas memorias (elevadas a pura poesía) en torno a un verano, que deviene eterno aun siendo ya pasado, y que son a la vez todos los veranos de la adolescencia que se va sembrando en la memoria y crece como juncos junto al agua de la vida, yo no podría dejar de lado fragmentos de un libro de otro extraordinario poeta; me refiero ahora a Juan Ramón Jiménez en su “Platero y yo”, tan cenital, a mi entender. Pero volvamos a los textos citados al inicio, pues en ellos me quiero centrar para poner de manifiesto este primer aspecto que estimo de alto valor : el del decir poético.

Vean en el primero las cadencias y el número de los verbos : “Pedro cuidaba /…/ , levantaba /…/, abría, conducía, repartía…” Son cinco verbos, todos en pasado simple, los primeros acabado en -aba; los otros tres, en -ía.

Hay un modo de cadencia en absoluto casual, una cadencia que podrá ser elegida por el autor del magnífico libro poético que es “Los niños del cauce”, o que podrá ser (lo que dudo) inconscientemente producida, pero en todo caso, eso no es casual : hay ahí el modo de poesía que alberga el lenguaje en sí y que sólo se manifiesta cuando el que usa el lenguaje “se entra de lleno” en la poesía misma que le llevó a ir organizando el libro en su conjunto, en su total hechura.

Ahora pasen a la segunda cita : “El agua rodaba /…/, pasaba /…/, centelleaba…” Este segundo fragmento de los textos elegidos, con esos tres verbos de nuevo en el mismo tiempo y forma acabada en -aba, se enlaza con el tercero : “Y Pedro miraba…” : “…la luna. el membrillo, la transparencia de la huerta.”

Ahora estamos ante tres nuevos elementos del lenguaje, son esos tres nombres : la luna, el membrillo, la transparencia (de la huerta). Debemos recordar aquí que los dos modos de palabras esenciales de nuestro lenguaje son el nombre (sustantivo o adjetivo) y el verbo. Desde el punto de vista, desde la perspectiva estrictamente lingüística, nombre y verbo son las palabras de lo esencial.

Y vayamos ahora a ese final de lo que hemos llamado “capítulo”, el titulado “Pedro, el de la huerta.” Miren que broche final el de la página 62 de este libro :

“Cielo de junio, limpio como ninguno.”

Es el proverbio con que Jorge Alonso Oliva decida cerrar esa página 62 de su obra. Y ese “viejo proverbio” es, a su vez, un límpido verso de doce sílabas, ordenadas en 5 + 7 :

“Cielo de junio // limpio como ninguno.”

Con lo dicho, poco más por ahora debemos añadir. Recordar cómo hemos titilado este comentario de un libro lleno de clara luz y rotunda vivencia : Memoria y Poesía, para referirnos al libro mismo, “Los niños del cauce”.

Creo que este obra de Jorge A. O. no podrá ser, andando el tiempo, una obra menor en su trayectoria como escritor y poeta. Crecerá en sus ya altos valores humanos y vivenciales, y se citará como ejemplo señero donde el hombre ya en su madurez recuerda su años de infancia y primera juventud. Y entre las obras de su autor, tendrá necesariamente un lugar especial : porque en ella la memoria se disuelve en poesía y la poesía se transmuta en memoria viva.

Muchas más cosas pueden destacarse, a mi juicio, de este libro tan pleno. Pero ahora nos quedamos con lo hasta aquí dicho, y dejo ya, para otro momento, exponer en otro texto y en este mismo foro, esas otras cosas que entiendo deben ser destacadas. Porque es mi intención volver a tomar este mismo libro como objeto de reflexión y comentario. Y termino : gracias, Jorge, por ese regalo a una Málaga que ya es pasado, mas pasado vivo.

 

Obras de agudeza

7 Dic

La imagen que ven es la portada de un libro que hace unos días sacó, en Ediciones ALGORFA, el periodista y escritor Jose María de Loma. Antes de iniciar lo que va a ser nuestro texto de hoy, remito al lector directamente a la obra : cuanto aquí pueda decir ahora, queda tamañico (tamañico : como diría Santa Teresa de Jesús, esa fundadora que dijo aquello de “La imaginación es la loca de la casa”, y que el autor de este singular libro cita directamente en uno de sus aforismos) junto a lo que esta obra, poética e irónica, creativa y desenfadada, singular y muy de estimar, en sí contiene. Insisto en ello porque es el tipo de libros para llevar y releer, lo que se agradece siempre.

Ramón Gómez de la Serna, Carlos Edmundo de Ory, y otros autores del siglo XX como veremos, escribieron breves textos que solían estar concebidos como colección de breves frases que eran a la vez agudos dardos. Dardos ya de ingenio, ya de crítica, o bien de condensada agudeza. Escribían pues “obras de agudeza”. No hará ni dos semanas que Jose María de Loma ha sacado a la luz pública su “Dolor de rareza”, donde ya en el mismo título anticipa el autor la esencia del contenido de esta obra suya, y nos va mostrando de qué manera renueva y pone de actualidad ese tipo de creación literaria que es el aforismo. Sobre esto tendré ocasión de extenderme más adelante.

El tipo de actividad creativa que aquí ensaya y desarrolla el autor es muy singular. Se diría  que su ingenio se lanza a un modo de trato con el lenguaje que a veces parece prestidigitación léxica y semántica : donde se imaginaría uno “cabeza”, el acto creativo prestidigitador pone “rareza”, y la frase común, la frase que todo el mundo usa y conoce cobra de pronto un aire nuevo, se nos hace otra y nos nace de nuevo, pero transformada : y ahí tenemos ese “dolor de rareza”.

El método, (por así llamarlo ahora), ya estaba vigoroso desde algunos textos de la Biblia. Antonio Machado en algún caso escribe versos que por su estructura y brevedad parecen  aforismos. “Proverbios y cantares” titula Machado lo que escribió en sus “Nuevas Canciones”. Y en el libro de Juan Eduardo Cirlot que se titula “80 sueños” ocurre algo similar : pocas palabras para condensar intensas visiones del vivir y sentir de los seres humanos.

Con estos sencillos datos lo que pretendo es simple : José María de Loma se aventura en un modo de texto literario que tiene sus antecedentes, y es consciente de ello. Plenamente consciente. Y es tal la consciencia que de lo dicho tiene el autor que se puede de ese modo permitir la creación de “modalidades” propias, personales. O, si se prefiere, se lanza a “ensayar novedades” en un muy particular modo de creación literaria. ¿En qué consisten estas novedades? Vamos a ver algunas de ellas :

Las permutas, por ejemplo : donde podría uno haber pensado “dolor de cabeza”, cambia cabeza por rareza y no modifica en nada el resto, con lo que tenemos ese “dolor de rareza” que va a elegir como título de su obra de “aforías”, o greforismos, que así las llama ya desde el inicio de su obra, como verán en la página 7 de la misma. O logra ese rotundo acierto de “Cibeles no conduzcas”, (pág. 51) donde no es que le hable a la famosa  diosa, tan de Madrid centro, sino que ahora ha permutado el “si bebes…” por Cibeles. Y con este, otros muchos logros lingüísticos a los que sólo aludimos ahora, pues lo preciso es que cada lector se auto-engolfe en la lectura de esta obra.

Aclararé de paso algo : uso aquí el “engolfarse” en el sentido clásico que tenía ese verbo en el Siglo de Oro de nuestra Literatura; como ejemplo, aquel verso de don Francisco de Quevedo : “En crespa tempestad del oro undoso // nada golfos de luz ardiente y pura // mi corazón, sediento de hermosura, // si el cabello deslazas generoso”… (Es la primera estrofa, un cuarteto, del famoso soneto de Quevedo).

La elección del título del libro, ¿es casual, es aleatoria? Creo que no, que en absoluto lo es. Me atrevo a decir que es del todo intencionada, y que al elegirla como título ya la está usando el autor como antesala de uno de los métodos de creación de aforismos que más  le puedan haber estado “acechando” a medida que iba escribiendo el conjunto. Porque para mí tengo que en no pocos casos las palabras y los giros, las metáforas y un gran conjunto de imágenes posibles a través del lenguaje, “acechan al escritor”.

Algo en el lenguaje hay que está como a la espera, y de pronto asalta la mente del que habla o escribe con intención creativa, le atrapan su sentido del gusto, se le imponen. El autor podrá elegir tema, estilo, género…, pero en no pocos casos -pienso para mí- hay términos y juegos de palabras, o de sonidos, etc., que se le imponen. Incluso acudiendo a la rebelión se le imponen, como le ocurrió a don Miguel de Unamuno en una de sus novelas ( o mejor : nivolas ) donde el personaje principal se le encara y enfrenta al propio autor, como hizo en “Niebla” ese fantástico ente de ficción que es Augusto Pérez, que increpa al combativo rector de la Universidad de Salamanca, Unamuno, porque no se resignaba a morir al final de la obra.

Digo esto de rebelión, hablo de esas famosas “sublevaciones”, porque todo gran escritor acaba por ver, más pronto o más tarde, que tiene entre manos e “in pectore et in mente” un brioso corcel en el instrumento con que tiene que lidiar : el lenguaje. Todo escritor lo sabe : su problema, por así llamarlo, no es al cabo el tema o la trama de lo que vaya a escribir, que eso acaba por ir ya bien adentro de uno. Su gran problema es le lenguaje con que tenga que expresar lo que fuere, una secuencia de novela, una escena de obra dramática, teatral, un poema, un verso… O un aforismo. Y la razón de esa dificultad en este tipo de creaciones literarias entiendo que es sobre todo el hecho de que un libro de aforismos es sobre todo un ensayo, una “obra de agudezas”.

En una próxima selección de estos iluminadores aforismos de “Dolor de rareza”, de José María de Loma, sacaremos punta a algunas de las cosas que el autor propone al lector, como quien nada hace, y trataremos de ver con mayor perspectiva este cultivo del difícil género literario que es el de las breves sentencias plenas de ingenio y agilidad de mente que la humanidad ha cultivado desde los inicios mismos de nuestra cultura, y en los que han ensayado sus pensamientos creadores que van desde Freud, o Einstein hasta Lao Tsé, o Maquiavelo. Por lo pronto acabaremos el texto de hoy señalando esto : en el libro de Jose María de Loma late un especial modo de encarar la vida que nos hace pensar en una postura ágil y optimista con respecto al género humano, (lo que le distingue de otros muy anteriores autores que se dejaron llevar a posturas pesimistas, y que ahora no vienen al caso), y eso ya le confiere al libro que comentamos una notable cualidad : la de poder con justeza aspirar a hacerse un día “clásico”. Clásico, porque es muy propio de ellos, de los clásicos, rehuir el tono quejumbroso con elegancia, y entrarse en las entrañas pensantes de los lectores de maneras bien humoradas, que el humor, el sano humor, es un muy gran don que la vida puede regalarnos. Hasta el próximo texto, pues.

 

 

 

Las formas, los sueños, el mundo (1)

26 Nov

Iba a titular este texto para el blog “Palabras, bosques” de otro modo : “Las formas del mundo y el mundo de las formas”, pero aunque el juego de palabras me seducía, al final me incliné por el título que ustedes han podido leer ya, al que tal vez hubiera sido no malo suprimirle los artículos, con lo que quedaría así : “Formas, sueños, mundo”. Dejé finalmente los artículos porque siempre me ha parecido que ese “redondeo” que en nuestra lengua dan los artículos a los nombres no vendría mal. Llamo ahora “redondeo” al hecho de que este tipo de palabra, (los artículos y similares) da un toque de “real proximidad” al nombre en muchos contextos : comparen ustedes lo que les sugieren estas dos expresiones : “árbol” y “el árbol”.

Recordemos a este particular que en la “Gramática Española” de J. Alcina Franch y José Manuel Blecua, se sitúa al artículo como un tipo de palabra al que llaman “morfema categorizador”, especificando que son morfemas “libres” (esto es : van delante del nombre, -como en español-, o detrás, -como en rumano-; pero se escriben de manera independiente, y por eso se llaman “libres”. Digamos, de paso, que los artículos a veces adquieren valor pronominal). Nosotros ahora añadiremos que en algunos casos los artículos conllevan cambios de sentido gramatical a la palabra o grupo de palabras a que se anteponen – : o posponen. Veamos un ejemplo y ya dejemos esta cuestión : la palabra “vuelo”, sin artículo, puede ser nombre o verbo, pero con artículo, ya sólo sería entendida como nombre : “el vuelo”. Igual que la palabra “vino”, que sin artículo puede ser tanto el verbo “venir” como el licor del zumo de uvas; en cambio con el artículo masculino, el vino, sólo significa ese líquido que se suele embotellar.

El tema daría para mucho y es interesante (así lo pienso, así lo he estudiado) pero nos desviaría de nuestro actual propósito : el mundo de las formas y el papel que pueda jugar en él “eso” que llamamos sueño, entendido el término estrictamente com o el fenómeno onírico que tiene lugar en tanto dormimos, esto es, sin entrar en los sueños como cosas que ideamos despiertos y estimamos muy deseables, tal como se nota en este tipo de frases : “para ellos ganar la carrera era un sueño”.

A veces me he planteado preguntas que pueden parecer a todas luces incontestables. Preguntas sobre la posibilidad de que algún día la ciencia pueda llegar a conocer cómo era realmente el pensamiento del hombre prehistórico, y qué tipos de lenguajes utilizaban para comunicarse. ¿Sólo palabras sonoras, y nada de signos posibles de representarse? ¿Será algún día encontrada una especie de “Piedra Roseta” del pensamiento y del lenguaje de nuestros ancestros en los tiempos que llamamos aún “prehistoria”? Digo esto último, “que llamamos aún prehistoria”, porque atendiendo de manera fidedigna a la etimología de la palabra griega “historia” (cosa que haré en otro texto, y no ahora : es materia ardua), hay Historia antes de que existan modos de escrituras plasmados en textos. Esto, -me consta-, sin razones añadidas, sería para muchos un modo de herejía; pero debidamente razonado sobre textos etimológicos, pasará a ser materia de discusión. Lo veremos.

Quiero decir que la Historia de la humanidad comienza con los primeros seres que podamos llamar plenamente humanos, al margen de que aún no sepamos cómo eran sus lenguajes ni mucho menos si se relataban cosas de sus mitos y leyendas que además de ser referidas con palabras “vivas” (esto es, sonoras, pronunciadas por sus bocas) pudieran ser representadas con signos, referidas a la posteridad con, pongo por caso, pinturas. Como la del “chamán durmiente” en la Cueva de Lascaux. O como las del Tajo de las Figuras, relacionadas con la leyenda de Gárgoris y Habidis por un investigador impar de esta Cueva del Tesoro; tema éste que también trataré en otro texto, y con más detenimiento : pues la hacerlo estaré comentando un libro de mi propio padre, que está ya en Paz. Algo de eso se asoma ya en obras de estudiosos como Jean Clottes, David L. Williams, Ina Wunn, y otros.

La imagen que arriba ven es una gran roca que se localiza en la galería que va desde el betilo de la diosa Noctiluca hacia la Sala del Volcán, y como puede a las claras notarse parece una enorme mano que se abre, arriba la palma, en ademán de pedir (¿o puede que de llamar?), y que correspondería a la mano izquierda, de la que destaca el dedo pulgar, levantado sobre los otros, de los que sólo se ven con claridad tres, quedando el cuarto oculto por el propio grosor del pulgar. Eso, que es un espeleotema que he fotografiado en la galería antes dicha, podemos nosotros hoy verlo así, pero…, ¿lo vería igual un hombre de hace 30.000 ó 40.000 años; un neanderthal o un cromanón, un homo sapiens ancestro nuestro? Algún día la ciencia habrá dado de sí otro logro importante, algo que podríamos llamar “Paleo-psicología”, y que será una rama del saber actual sobre los hechos ( hoy lejanísimos ) de nuestros primeros antepasados, y podremos decir entonces algo así como “¡Ya estáis plenamente en la Historia!”

Horizontes cambiantes : Lenguas y Genes

27 Oct

El libro de L. L. Cavalli-Sforza cuya portada ahí ven ustedes cumple en el año en curso sus primeros 21. Se trata de una obra de gran interés, y se centra en cuestiones que atañen tanto a las ciencias que tratan de entender lo más posible del pasado del ser humano, como a las que quieren intuir aspectos de nuestro futuro en tanto que especie en auge. Como por su título podemos saber, tiene el estudio del sabio italiano dos centros de atención : los genes que nos modulan, y las lenguas con las que nos entendemos. Como hay un amplio territorio que recorrer, ahora me limitaré a reproducir algunos breves fragmentos de este estudio, a lo que añadiremos, llegado el caso, algunas observaciones.

Empezaré entonces con algo que considero clave, aun cuando esto no tenga una directa relación con la obra que vamos a comentar muy a nuestro modo de hacer estas cosas, tratando de marcar una impronta que me resisto a abandonar, y así, dejo escrito ante todo lo que a continuación puede leerse : Aunque los ciencias que estudian nuestra naturaleza y cultura, y en el seno de ambas a nosotros mismos, están en la actualidad conociendo un extraordinario auge, soy de la opinión de que estamos muy lejos de una más exacta comprensión de lo que es la vida y de lo que somos los seres humanos. Es todavía mucho lo que ignoramos de nuestros orígenes y del sentido (si es que tal cosa es relevante, que a veces lo dudo) de nuestras vidas, así que por mucho que creamos estar en el camino correcto para comprender el Cosmos y en él al Hombre, debemos mantener abierta la puerta de la duda ( : duda, no al modo cartesiano, sino a la pata la llana : ¿qué es lo que de verdad y en realidad sabemos de fijo?).

La razón de ello no es sólo el hecho de que persistan visiones contrapuestas de estos asuntos en muchos sentidos, sino más que otro obstáculo el hecho de que son tantas las piezas que nos faltan, que para tener una comprensión más exacta del puzzle, tendremos que esperar a poseer métodos más precisos de datación y estudio de los tiempos pasados, así como tecnologías aún mucho más avanzadas : para llegar a visiones de naturaleza menos “elucubradora” y más basadas en datos irrefutables. En otras palabras : seguimos siendo un misterio y además de eso, albergamos en nuestro interior otros no pocos “misterios”, como por ejemplo la naturaleza del arte.

Ante mis ojos tengo la portada de otro libro que también en su momento comentaré. Su autor, Francisco J. Ayala  es profesor en el departamento de Ecology & Evolutionary Biology en la Universidad de California, Irvine. En el 2010 se le concedió el Templeton Prize, y es Doctor Honoris causa de más de 20 universidades de diez países diferentes, entre los que están las Universidades Complutense de Madrid, la Universidad de Barcelona y la de Salamanca. El título del libro es “¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Adónde voy? Ensayos sobre la naturaleza humana, la ética y la religión.” (Edit. Alianza, 2015). Baste de momento con esto para hacernos una idea de lo que estamos abordando, de la enorme complejidad que tienen los temas en torno a la vida y el ser humano.

Volviendo a la obra de Cavalli-Sforza, cito estos dos fragmentos : “Sabemos que el hombre moderno, en un períodos que empezó entre 60.000 y 70.000 años atrás, alcanzó  un nivel de capacidad técnica que le permitió extenderse rápida,ente por toda la superficie del globo y adaptarse a la vida en medios muy variados. Para acometer tal empresa tuvo que pasar de una técnica más antigua de fabricación de los utensilios de piedra, llamada musteriense, a otra nueva, característica del hombre moderno, llamada auriñaciense.” (Pág. 94). Un poco más adelante dice : “Hoy día más de la mitad de los seres humanos se multiplica a un ritmo muy cercano al máximo posible. Hay que estar completamente ciego para los números (algo por desgracia muy frecuente) para no darse cuenta de que el problema tiene que resolverse cuanto antes.”

La obra que estamos citando establece una relación entre los genes y las lenguas en toda la amplitud  que permiten los conocimientos actuales en Biología y en Lingüística, y sus conclusiones y datos nos llevan (como se lee además en la contraportada del libro) a una visión unitaria de la historia de la especie humana en los últimos 100.000 años : algo que coincide con lo que podemos concluir de la lectura del ensayo de Francisco J. Ayala. Lo que aquí vamos a proponer es básicamente esto : el arte de los hombres en los albores de la humanidad no se debe contemplar como algo muy diferente a lo que es el arte en la actualidad. ¿Acaso cuando Picasso se asombra al ver las perfecciones de los hombre prehistóricos en el trazado de una línea o en representación del movimiento está desvariando, o el genial pintor acierta de lleno al admirar unas obras que cuentan a veces con más de 40 mil años? Continuaremos con estos temas, lector. Al fin y al cabo, cuanto suelo escribir en estos textos del blog “Palabras, bosques”, es algo que aspira a una unidad de base irrenunciable : los seres humanos somos un misterio, pero tal misterio es completamente identificable.

 

 

La luz, las sombras, el sueño.

17 Oct

¿Cuántas veces, a lo largo de su vida, pudo haber visto un cazador-recolector de hace algunas decenas de miles de años, esto es, un hombre de la prehistoria de hace unos 30 ó 40 mil años, a un ave de dimensiones regulares lanzarse sobre su presa desde un risco,  desde una cornisa en la montaña, justo antes de iniciar el vuelo? Ahí, en esa imagen tienen ustedes ese fantástico espeleotema que se encuentra en la Cueva del Tesoro y da nombre a una de sus salas, hoy visitable : la Sala del Águila. La imagen que en la piedra labró en su día el mar es formidable. Desde este ángulo no puede observarse la notable simetría que presenta esa gran roca caliza casi blanca del todo y que allí, en la gruta, vista por un lado y por otro, nos hace reflexionar.

Pensemos un poco, antes de pasar adelante : cuando la veamos, pongamos nuestra reflexión, nuestra mente, en este hecho : antes que nosotros, hace muchos siglos, algunos de los hombres que comenzaban su larguísimo camino hacia el futuro, ya se tratara de Neanderthales, o ya se tratara de la siguiente generación de humanos, -los que son nuestros más directos pero lejanísismos ancestros-, también estuvieron donde ahora estamos nosotros, también vieron esa forma natural de piedra que parece un ave de presa petrificada a punto de echarse a volar, y también debieron sentir “algo” al ver esa formación tan singular de roca viva. “Algo”, pero ¿qué? Y más : ¿cómo valoraban los prehistóricos ese fenómeno tan por seguir siendo estudiado que es el sueño?

Esa es una cuestión hoy por hoy imposible de resolver. Sé que algún día la ciencia habrá resuelto muchas de las cuestiones que actualmente sigue planteando todo cuanto concierne a lo que conocemos como “arte parietal”, esto es, el arte realizado en tiempos de la Prehistoria sobre las paredes de las cuevas, fundamentalmente, pero también sobre otras superficies naturales abiertas al aire libre. Ahora, nos quedamos con las de las Cuevas, y como es nuestro caso, nos centramos en las que podemos observar con tiempo y cuidado en la que se conoce como “Cueva del Tesoro” por razones obvias que ahora no importan. Bien, seguimos, y por ahora dejamos de lado la cuestión del sueño y su indudable influjo en las actividades humanas, y vamos a lo de hoy.

Si a partir de la Sala del Águila hacemos un recorrido en dirección a la que se conoce como Sala del Volcán y vamos anotando mentalmente las cosas que vemos de manera detallada, nos encontraremos con otros espeleotemas semejantes al Águila en su origen, (esto es, labrados por el mar), algunos de gran tamaño, como la muy singular figura que llamamos Noctiluca y representa a una antiquísima deidad lunar que recibió culto en estas costas desde tiempos muy remotos, o como esa gran cabeza de toro que está en el mismo techo donde se halla el Águila, o como una formación de roca (siempre son calizas) que recuerda la forma de un conejo o liebre, y otra que simula ser una catarata de agua de color tan blanco que más parece catarata láctea que no de agua, o como “el fantasma”…etc.

Y junto a todos esos espeleotemas, otras marcas o pinturas o señales que son obra de la mano del hombre : acá, en un rincón de la Sala, unas rayas hechas con  sílex muy posiblemente, y que llamo “chamánicas” por darles algún sentido de momento, allá unos dedos de mano de hombre impresos en la pared, en otro lugar unos puntos rojos de tamaño nada desdeñable que se agrupan en una gran roca no exenta y forman en algún sitio algo como los tres puntos de un triángulo, y más atrás otros dos que parecen querer simular lo que diríamos es un cometa visto en el cielo, además de otros varios tipo de señales o pinturas o marcas que no podemos asimilar a nada que conozcamos en el mundo real de la vigilia.

Para terminar hoy este texto, voy a resaltar algunas palabras de un estudio que consideramos de gran valor. Ya en otro texto muy anterior al de hoy me refería a ese libro. Se trata del titulado “Ombre et lumière dans l’art des grottes”. Su autor, Marc Groenen, lo publicó en 1997 y su traducción se la debemos a Xavier Mangado, y se publicó en el año 2000 en la Editorial Ariel. En la traducción española sólo se ha modificado el título, del que se ha suprimido “…des grottes” y en su lugar se ha escrito “…paleolítico.” : “Sombra y luz en el arte paleolítico”.

Estas son las palabras del sabio estudioso que ahora deseo resaltar : “Cada cueva es un mundo”, leemos en la contraportada del libro; y eso quiere decir que lo que vemos representado en ese mundo no debemos mirarlo como miramos los cuadros que se pintarán mucho más tarde en nuestra Historia, y se conciben para estar expuestos en Museos o en casas particulares. NO : El ARTISTA PREHISTÓRICO PINTABA Y GRABABA O MARCABA EN EL INTERIOR DE LA GRUTA INTEGRANDO A ELLA, A LA GRUTA, TODO LO QUE ÉL COMO ELEMENTO AGENTE IBA CREANDO. Esta idea es clave.

Junto a esta idea, iremos desgranando otras que también nos van a ser guías en nuestra personal mirada actual a las actividades de hombre del pasado muy lejanos a nosotros, pero de los que sin duda venimos. Y voy concluyendo por hoy : las cosas que vamos sabiendo son como una luz en el camino, y cuanto nos preguntamos pero ignoramos, son como sombras. Y ese agente que nos asalta a veces con lucidez y otras muchas se hunde en el olvido, y que llamamos “los sueños”, son unas veces intrusos que nos perturban, otras veces como amigos que nos dejan inesperados regalos, y siempre, siempre, (hoy por hoy), son aún luces y sombras de un todavía insondable misterio. Siempre.