La Venus de Laussel

16 Ene

La imagen que ven arriba, un bajo-relieve esculpido en piedra caliza, se conoce como “la Venus de Laussel”. Descubierta en 1909 (otros textos dicen que en 1911) por Jean Gaston Lalanne tiene más de 25.000 años, y pertenece a ese tipo de figuras prehistóricas que se relacionan con un periodo matriarcal de la humanidad y son representativas de un tipo de sociedad en muchas cosas muy diferentes al que actualmente predomina. Hoy se encuentra en el Museo de Aquitania. Habría que situarlo en el período que se conoce como Gravetiense, o incluso puede que antes : estamos en un momento de la historia que llamamos “prehistórica” en que va a casi extinguirse el bisonte en Europa.

Se cree que en el cuerno de bisonte que sostiene la figura matriarcal en su mano derecha lo que se representa es una imagen metafórica de la abundancia. Esto nos obliga a pensar que el típico “cuerno de la abundancia” tiene una antigüedad mucho mayor de lo que en principio se podría pensar. Y esta idea creemos que es extensible a otros muchos elementos de las mitologías tradicionales de los pueblos de todo el mundo, desde Europa en toda su extensión hasta Australia : en realidad, los mitos son restos de muy antiguos relatos, conservados durante siglos desde antes que se inventara la escritura, transmitidos oralmente de generación en generación, y luego convertidos en textos, algunos de los cuales han pasado a la literatura : ahí está el Gilgamesh, para poner un ejemplo.

En redor de la figura se han tallado 13 marcas, unos hoyuelos rodeando la figura de la mujer, que representarían un ciclo lunar, para así coincidir con el ciclo propio de la menstruación femenina. Las características que presenta la figura se corresponderían con una mujer que simboliza tanto una futura maternidad como la ausencia de carestías. La pregunta ahora sería : ¿estamos ante una mujer o estamos ante una representación simbólica de una divinidad?

En realidad, lo que sabemos en el presente sobre estos tiempos tan lejanos que incluso los ubicamos “fuera de la Historia” (de ahí que los llamemos “pre-históricos”), es algo que se encuentra sometido a constantes variaciones, excepción hecha de algunos elementos básicos, que son los aportados por datos absolutamente innegables, como pueden ser los que constan de una presencia física, ya se trate de instrumentos de piedra, (esto es, líticos), o sean enterramientos que nos coloquen ante restos óseos de seres humanos o de animales con signos inequívocos de haber sido cazados por seres humanos.

Pero lo referente a otros muchos de los aspectos que aún están como envueltos en sombras es cosa que debemos considerar con márgenes de duda : técnicas de datación más precisas que las actuales, o nuevos descubrimientos,  -sobre todo esto último : pensemos en cuánta luz está aportando Atapuerca-, pueden cambiar muchas de las cosas que ahora pasan por ser creídas como seguras. En realidad muchas cosas que creemos saber no han sucedido como pensamos, sino que nos hemos visto obligados a darles una especie de “relato organizado” para que nuestra mente pueda asimilar los hechos y así poder creer en ellos. En este aspecto, unos de los valores del mito está ahí : el mito nos proporciona una “base narrativa” para explicar una gran cantidad de cosas que atañen a la vida en general y, en ese sentido, el mito no se contrapone de ningún modo a lo racional, sino que se limita a precederlo sin contradecirlo.

 

Giros de la historia : Carcassonne

2 Ene

La entrada a la Cité de Carcassonne conserva su encanto, puede que en buena medida a raíz de su restauración que se hizo en la segunda mitad del siglo XIX, gracias al arquitecto, también arqueólogo y escritor, Eugenio Viollet-le-Duc. En 1997 se declara a la Cité Patrimonio de la Humanidad, y es de admirar el cuidado que los numerosos visitantes que allá acuden ponen en su mantenimiento. Un ejemplo para no pocos de nuestros vecinos y compatriotas que a veces se pasean por nuestras calles arrojando cosas al suelo y dejando en él lo que no se debiera. Pero volvamos a Carcassonne :

Situada junto a la orilla derecha del río Aude, su historia nos lleva a episodios de notable singularidad y trascendencia. Me refiero ahora a los hechos que tuvieron lugar a consecuencia de las medidas que tomó el Papa de Roma contra toda la región, y en especial sus ciudades y villas, como represalia por la llamada “herejía de los cátaros”, una concepción del cristianismo que quiso resucitar el espíritu de los primitivos creyentes en Jesús el Cristo y que encontró grandísima oposición en la Iglesia de Roma.

Nombra a esta ciudad Plinio el Viejo, en su Historia Natural, y la denomina Carcaso Volcarum Tectosage, por una tribu celta que ocupó el lugar hacia el 3000 antes de Cristo. Se sabe que los celtas se impusieron a los iberos del Languedoc, ocuparon la plaza fuerte  que luego se conocería como Carcasona, y explotaron minas de oro de la mina de Salsigne, ubicada en la Montaña Negra. Dicha mina perduró hasta el 2004, en que ya se cerró. Toda la zona del sur de Francia tiene un gran interés arqueológico, así como una historia donde se unen y confunden los mitos, las leyendas y lo realmente histórico. Eso, suponiendo que mitos y leyendas no formen parte de la Historia.

Por ahora nos vamos a referir a dos hechos relativos a esta singular villa francesa del Languedoc. Uno, es un hecho de carácter legendario, y tiene que ver con su nombre; el otro es histórico y tiene que ver con la llamada “cruzada albigense”. Con estos hechos daremos cuenta de lo que hemos nombrado en el título de este texto como “giros de la Historia” : porque realmente, a veces al menos, las cosas que tienen lugar en la vida de las personas y de los pueblos parecen obedecer a ciertas “leyes” (vamos a llamarlas así, aun cuando no se trate de leyes en un sentido estricto) que nos dan que pensar.

Me refiero con esto a que, como decía, en ocasiones da la impresión de que la historia se repite, de que hay sucesos que una vez y otra suceden, ocurren como si “algo” que ignoramos latiera por debajo de lo que vamos viendo en nuestros día a día, y fueran la causa real que mueve los hilos de una trama misteriosa que, por esa necesidad de racionalizarlos que nos habita, acabamos llamando “historia” a lo que más que nada nos es “misterio”.

El hecho legendario se refiere al nombre de la ciudad, que le viene de una tal Dama Carcas, princesa sarracena que defendió la ciudad del asedio a que le sometió el emperador Carlomagno a principios del siglo VIII. Muerto su esposo, la dama sarracena ideó una estratagema para disuadir al emperador franco de continuar el asedio de la ciudadela, y se retiró. Cuando los sitiados vieron que el ejército franco de Carlomagno se retiraba, hicieron sonar los cuernos de caza y eso hizo que un jefe de los sitiadores le dijera al emperador, en tanto se retiraban, “Señor, Carcas sonat”, de donde ya se diría Carcasona.

El hecho histórico fue la campaña relámpago que los cruzados, instigados por el Pontífice Inocencio III en el año de 1208. El 1 de agosto de 1209 la ciudad es asediada por los cruzados, y el 15 del mismo mes Raymond Roger Trencavel entrega la ciudad a cambio de la vida de los habitantes. El vizconde Trencavel, que no encontró perdón en Simón de Monfort, jefe del ejército del Papa, murió el 10 de noviembre del mismo año de 1209. El propio Simón de Monfort, quien posiblemente planeó el asesinato de Trencavel, muere durante el asedio de Toulouse en 1218. Las vicisitudes de la guerra y las cruzadas se suceden durante algunos años del siglo XIII, hasta que el rey francés Luis IX ordenó la construcción de un segundo recinto amurallado, para fortalecer la defensa de la ciudad contra los posibles ataques del rey de Aragón Jaime I el Conquistador.  Finalmente la ciudad pasó a ser dominio del rey francés y a partir de 1247 ya no volvería a ser atacada.

la vista desde la ciudadela es magnífica. Todo el valle del río Aude, antes llamado Atax, se domina desde la magnífica Cité, famosa hoy día por sus leyendas y utilizada muchas veces como marco para películas como “El hombre del Cadillac” (1965) con Louis de Funes, “El León en invierno” (1968) con Peter O´Toole y Katherine Hepburn, que representó a Leonor de Aquitania y obtuvo un Óscar, “Robin Hood, príncipe de los ladrones” (1991) y “Los visitantes”, con Jean Reno, en 1992. Los avatares de la Cité son dignos de mención, y la visita a esta ville del sur de Francia es agradable. En ella, desde su cementerio, abierto a todos los aires, se sueñan los mitos y leyendas a la apr que se rememoran historias. ¡Qué cerca y qué lejos está todo cuando viajamos por la memoria viva de las cosas!

 

Las manos fabrican gestos

24 Nov

La mano es tiempo. La mano es signo. La mano es la más rotunda manera del saludo o de la ofensa. Junto con la palabra, acaricia o hiere, salva o mata. Junto con la palabra, la mano es siempre señal del ser humano. Sí : palabra y mano son el modo como el hombre se identifica ante el mundo, ante los otros seres. Y son los instrumentos con los que introduce el hombre, en dicho mundo, los cambios que les son más precisos para su vida : lo dominan al mundo, se convierte en su dueño.

En sus etimologías, las palabras “mano” y “hombre” tienen una curiosa coincidencia, pues proceden de una raíz indoeuropea (man-) que se escinde en dos : “man-1”, que da “hombre, y “man-2”, que da “mano”. Obviamente están luego las otras etimologías de los otros modos de decir “mano” en otras lenguas indoeuropeas, como “hand”, pero de momento estas cosas del lenguaje las dejamos a un lado en este escrito de hoy, que ocasión habrá de tratarlas.

Recuerdo ahora una obra del ilustre lingüista francés  Joseph Vendryes, que se publicó en 1921 ( : “Le langage. Introduction linguistique à l’historie” ). Ahí, en las palabras iniciales de su estudio, J. Vendryes hablaba de la importancia de la palabra para la con-formación del ser humano y, con ella, con la palabra, también la de la mano. El cerebro, que es motor de la palabra, y la mano, que es el motor de los gestos : he ahí la clave que se ha visto desde el inicio de la Historia como razón de ser, como explicación directa, de la naturaleza especial del ser humano.

Me pregunto si esto que estoy ahora diciendo es algo que ya nuestros muy lejanos antepasados descubrieron, o intuyeron, hace milenios, y tan alto fue el estatus que se le dio desde entonces a la mano, que empezó a “firmar” con ella su presencia primera en el mundo : ahí están las manos “impuestas” en las paredes de las cavernas desde hace siglos.

Porque cuando se percata uno de que ya en los primeros filósofos griegos se dice que la mano es una especie de “cerebro externo” del ser humano (Anaxágoras, siglo V a. de C.), empezamos a entrever lo que pudo surgir en el pensamiento de los antepasados cuando vieron cuántas cosas podían hacer con sus manos, cómo, con el pensamiento y “el instrumento mano”, el hombre podía imponerse sobre el resto de los animales y tratar de dominar su entorno, adaptándolo a él. La mano y el pensamiento liberan al ser humano de la “esclavitud del medio”, que el resto de los animales tienen que soportar : porque los seres humanos iban poder fabricar su entorno, “manipular” el mundo donde vivían. Aunque luego la ciencia haya descubierto que también las abejas hacen algo similar, salvadas las distancias, y tienen su propio “lenguaje”, como explicó en su día Karl Von Frisch, que por cierto obtuvo el Nobel de Medicina, el significado de lo humano en la evolución y transformación del planeta no tiene, hoy por hoy, parangón posible. Mas volvamos a lo que representan y simbolizan las manos.

Esa, la mano que ven ahí arriba ilustrando este texto, está en una gruta que se descubrió en 1985 en la ribera francesa cercana a Marsella, en la Grotte Cosquer. La famosa gruta hoy submarina lleva el nombre del buzo que la descubrió, Henri Cosquer : el primer hombre actual que vio las más de 200 pinturas que hay en sus paredes y techos. Entre esas pinturas estaba, está la mano que arriba hemos puesto casi como “título visual” del escrito de hoy.

¿Y esa mano que aparece en el cuadro de Picasso que se considera como la obra que inicia o que es “fundadora” del movimiento cubista? Me refiero a “Las señoritas de Aviñón”, de 1907, cuyo título en realidad era “Las señoritas de la calle Avinyó”, por una calle de Barcelona donde no faltaban los lupanares, pero luego, por semejanza de sonidos, el nombre catalán de la calle de Barcelona se convierte en el nombre francés Avignon (Aviñón), que fuera residencia de los Papas durante dos tercios o más del siglo XIV. Fíjense qué curioso : la mano “prehistórica” que arriba ilustra este escrito, ¿no tiene rasgos comunes con la mano que digo del cuadro de Picasso? Miren una y otra

En dicho cuadro, por encima de la cabeza de una de las cinco mujeres que están representadas, se ve una mano. Está como suelta, libre de toda otra parte del cuerpo humano. Es una mano “anónima”, sin dueño, sin más soporte que su propio “estar ahí ” : ni más ni menos a como están las manos de los lejanos pintores del arte parietal rupestre de la prehistoria, artistas a los que Picasso admiraba profundamente. ¿Es esa mano del cuadro un homenaje callado del pintor del siglo XX a sus admirados pintores de los siglos donde se documenta el primer arte del ser humano? No tengo respuesta para esta pregunta, pero tanto la mano, como esa especie de máscara que llevan algunas de las mujeres, en concreto dos de las cinco, son aún elementos “misteriosos” del arte que dan de sí como cierto halo especial a las obras : se nos entran en el alma no ya por los ojos de ver, sino por los de pensar y sentir. Son como “puentes” esos puntos de misterio de algunas obras de arte, sobre todo las pinturas. Puentes hacia el misterio

Mano y lenguaje hacen sin duda al hombre. Desde antes que pintara en las paredes de las cavernas, en las rocas, o en las piedras menudas con las que construía un sistema de signos, tal como hicieron los druidas, ya las manos servían también para hablar. Y para hablar siguen sirviendo. Pero aún hay muchos más : en la historia y a lo largo de los siglos, el ser humano ha destacado, de manera consciente o no, la importancia de la mano. Pensemos en las obras del Greco, y en el tratamiento que en ellas da a las manos : muestra ahí el genial pintor que nos vino de Grecia una especie de lección magistral de lenguaje con las manos. Es como si el Greco conociera, intuyera o en sus sueños hubiera tenido un atisbo de lo que en Oriente, entre hindúes y budistas, son los mudras. Pero de las manos del Greco, y de los “mudras”, y de otras cosas más, como los símbolos Ogham de los druidas galos que llegó a conocer Julio César, de eso y otras muchas cosas más hablaremos ya en otro momento.

 

 

 

Escrituras, alfabetos.

4 Nov

Los tipos de signos que existen son muchos y sus naturalezas son variadas, diferentes. Hay signos de naturaleza “elemental”, en el sentido de que por sí mismo evocan o sugieren lo que significan. La mayoría de las pinturas rupestres que conocemos y se pintaron o grabaron en paredes de cuevas o en escarpaduras rocosas son, en principio, de este tipo. Y conste esto : estamos confiriendo desde ahora la cualidad de “signo” a las pinturas rupestres, cosa que muchos posiblemente no aceptarían sin más; pero para entendernos, usemos palabras y conceptos familiares a una mayoría.

Un caballo, un toro, un bisonte, una figura humana, las manos, un ciervo…, etc., son signos que directamente llevan en sí mismos sus significados. Los he llamado “signos elementales”, en el sentido de que conllevan en sí el propio elemento que quieren significar.

Otros signos, en cambio, son de naturaleza “mental” : lo que significan es algo que debemos intro-yectar en nuestra mente. La mayoría de los alfabetos son de este tipo : esa imagen que arriba hemos puesto contiene un tipo de signos, inscritos sobre caparazones de tortugas, y son unos 6.000 años anteriores a nuestra era, es decir, tiene más de 8.000 años de existencia. No es única : hay otros como este de la imagen que se han descubierto en la Jiahu, en la moderna China. ¿Son precedentes del “Libro de las Mutaciones”, más conocido como “I Ching”? Pudiera ser, pero no es cosa segura. Lo que sí cabe deducir es que debían de tener una considerable importancia, dado el trabajo que su acabado y “fabricación” exigen.

Pero el hecho de que un signo sea de naturaleza “elemental” no significa que tenga de manera inmediata un sentido cabal para quien lo vea. Así, nosotros en la actualidad sabemos que en las paredes de cuevas y abrigos hay pintados bisontes, uros, caballos…, esto es, identificamos lo que se ha pintado, pero eso no significa que sepamos qué sentido tienen esos grabados o pinturas rupestres. La polémica sobre su sentido está aún con la espada en la mano, y los estudiosos del arte rupestre discuten todavía sobre los posibles significados de lo que a finales del siglo XIX se descubrió en cuevas : como en Altamira, primero, y algunos años más tarde en Lascaux, por no citar sino a los “santuarios” más conocidos y famosos de estas manifestaciones.

Y más aún : les llamamos “arte parietal” porque concedemos que dichas representaciones tienen (desde luego, lo tienen para nosotros) un determinado carácter artístico, y al estar dibujados en paredes de cuevas, nos referimos a estos restos de nuestros más lejanos ancestros como “arte parietal”; pero eso no significa que con ello hayamos encontrado el sentido cabal de tales manifestaciones. ¿Eran invocatorias, tenían sentido religioso, mágico, chamánico…? No podemos estar seguros de esto, conque…, ¿pretendía el hombre ya en etapas prehistóricas hacer “arte” con tales pinturas?

Es dudoso, pero no imposible. Pero si era arte, ¿por qué lo hacían en lugares por lo general poco accesible, e incluso de muy dificultoso acceso la mayoría de las veces? ¿Era por su carácter mágico, por su origen chamánico? No lo sabemos con certeza. Algún prestigioso arqueólogo ha creído ver en este hecho, (o sea, en que se hicieran estos tan sorprendentes dibujos en lugares de acceso muy difícil), que estamos ante unas manifestaciones que estuvieron prohibidas en su momento, o cuando menos, que tenían un carácter iniciático que tal vez caía de lleno en lo no autorizado a todos en la tribu. Sea como fuere, estas primeras pinturas de la Humanidad son aún en muchos aspectos un enigma.

Tenemos que esperar a la aparición de las primeras escrituras y al nacimientos de los alfabetos para estar plenamente seguros de lo que nuestros más lejanos antepasados trataban de transmitir, ya fuera a nosotros, ya a sus comunidades respectivas. Y una vez inventados los alfabetos, y así que con ellos se inicia lo que consideramos “la Historia”, entramos de lleno en lo que un muy notable profesor de literatura, Herbert Marshall MacLuhan (nace en 1911, y fallece el último día de 1980), en su obra clave “La galaxia Gutenberg” escribe :

“Es posible que la esquizofrenia sea una consecuencia necesaria de la alfabetización”. O sea : con las pinturas rupestres, el hombre prehistórico puede que corriera el riesgo de ser demonizado entre los de su tribu, y con el alfabeto, el hombre moderno se arriesga, de par en par, a devenir un ser esquizofrénico… (¡Qué carrera llevamos!)

Ya volveremos sobre estas cosas. La afirmación que acabo de citar de McLuhan está en la pág. 43 de la edición  del Círculo de Lectores, en traducción de Jorge Lozano, Barcelona, 1993.

 

 

Manos, ideas.

29 Oct

Manos, palabras. O manos, actos. La mano es símbolo y es instrumento, es parte del cuerpo y es elemento importante en la fundamentación del lenguaje. Con las manos podemos hablar, y aunque se tenga pleno dominio del lenguaje, al hablar también usamos las manos ya que hay matices que se refuerzan, e incluso que únicamente se expresan con las manos. En la Guerra de la Galias refiere Julio César un episodio muy curioso donde relata cómo ponían las mujeres las manos al ver a sus hombres guerreros derrotados y a la ciudad inerme ante el general romano, gesto que explica el propio César como típico de algunas tribus celtas. Ahora esta cuestión nos desviaría de nuestro propósito, así que quede ello ahí.

Porque la cosa que ahora nos queremos plantear es en apariencia simple, pero cuando se aborda resulta algo compleja : ¿desde cuándo las manos son símbolos, desde cuándo se convierten en aliadas del decir cosas, del expresarnos ante otros? Desde el principio de los tiempos el ser humano usó las manos para comunicarse con otros, sin duda. Sobre todo cuando no tenían un lenguaje hablado común, eran los signos representados por gestos con las manos lo que más se usaba. “Natura dedit homini manus” , escribe Cicerón. La frase clásica latina se convierte en la cultura general a partir de la Edad Media en “Dios le dio manos al hombre”. Natura o Deus, ahora tanto nos da, pues la idea es la misma.

Lo que ahora buscamos no es el concepto y los usos históricos y culturales de las manos, sino su valor como símbolo. ¿Por qué son símbolos las manos? La respuesta es obvia : la importancia que las manos tienen en el desarrollo del ser humano desde el origen mismo de la especie justifican esta simbología tan concreta y, al mismo tiempo, tan poderosa e intensa. La mano es el principal instrumento que, junto con la palabra, tiene el hombre para construir su mundo; y eso ha venido siendo así desde siempre. Pero vayamos ahora a un curioso caso concreto :

Miren ustedes esa mano de la fotografía de ahí arriba, la de una mano en una calle de una ciudad. Amberes es Antwerpen (“Lanzar la mano”) y su nombre le viene de una leyenda según la cual un centurión romano, de nombre Silvio, cansado de la crueldad de un gigante que cobraba peaje a todo el que trataba de cruzar el río Escalda, le cortó la mano de un tajo al gigante y la arrojó al río. Esa mano en una calle de Amberes es el símbolo de la historia mítica de la ciudad. Y en una muy céntrica plaza de la ciudad podemos ver un grupo escultórico que relata con sus figuras el hecho mítico.

Manos, palabras. Lo que hace al hombre diferente de otras especies de seres inteligentes, algunos próximos a él, como algunos simios muy avanzados en su natural inteligencia, y otros no tanto pero desde luego sí que dotados de cualidades que les permiten asociarse, formar comunidades, etc., como por ejemplo las abejas o las hormigas, manadas de lobos, algunas aves…, es, son las manos junto con las palabras. En cierto modo, las palabras son como una especie de manos del espíritu, las manos del alma humana. Y llegados aquí, podemos trazar un círculo donde partimos de un punto, hacemos un recorrido, y volvemos al punto de partida…, pero dejando ya una obra atrás, una obra hecha.

Veamos : un ser humano idea, imagina, piensa algo. Le sobreviene un sueño o se le presenta en su memoria un ser que ha visto en la realidad, y entonces usando sus manos, lo pinta. Por ejemplo, un bisonte en una pared de una caverna. Y ahí queda esa obra de sus manos, que nació en su imaginación en su pensamiento o sus sueño o sus mente, o vaya usted a saber si en el seno de su tradiciones y mitos culturales, y hoy son estudiados por los paleo-antropólogos y pre-historiadores, y se les trata de hallar una explicación, un sentido, saber a ciencia cierta qué significan esas pinturas del alba de una humanidad en el fondo de cavernas o en abrigos naturales muy poco accesibles. ¿Se unieron desde el principio de los tiempos las manos y sus posibilidades de uso con los pensamientos o ideas, visiones o sueños? Sin duda, parece que algo de eso pasó. Y sigue pasando : repasen la historia de la Pintura, en especial la del Surrealismo. Algunos cuadros de Miró, por no citar más que a un pintor históricamente “de hoy”, ¿son “actuales” o podrían ser “prehistóricos”? Cada cual se enfrasque en su propio pensar, pues nosotros hemos llegado hasta aquí.