Clase20

Y a mÍ, ¿quién me despacha?

15 Sep

Hace muchos años me contó mi mujer que, cuando era profesora de Primaria, tenía un alumno muy peculiar. Se llamaba Moisés. En realidad, todos y cada uno de los alumnos y de las alumnas son peculiares. Éste tenía la costumbre de prestar poca atención a las indicaciones y a las explicaciones de todo tipo. Para que reaccionase, cuando se acercaban en fila hacia ella para resolver dudas o problemas y le llegaba a él el turno, le hacía invisible y atendía al siguiente. Él se ponía de nuevo en la cola y al corresponderle el turno, volvía a ser ignorado.

– Siguiente, por favor.

El niño, defraudado en parte y en parte indignado, dio unos golpecitos sobre la mesa de la profesora, puso los brazos en jarras y dijo:

– Y a mí, ¿quién me despacha?

La frase ha quedado en la familia como un estereotipo que reclama del otro la necesaria y debida atención.

Traigo a colación la anécdota para plantear algunas ideas sobre la forma de captar la atención, tanto del profesor respecto a sus alumnos como de estos hacia su profesor.

La atención es la capacidad de fijarse en uno o varios aspectos de la realidad. Hay una atención involuntaria o flotante que es atraída por los objetos o personas que nos rodean. La atención voluntaria o selectiva es la que requiere de esfuerzo, a que se activa cuando la voluntad dirige el foco hacia alguien o hacia algo.
“La atención es un recurso limitado que se asigna selectivamente; dicha selección puede estar bajo control interno. Además, la atención es fundamental a la hora de determinar lo que las personas experimentan y generar experiencias y actuaciones verdaderamente nuevas”, dicen Greenberg, Rice y Elliot en su libro “Facilitando el cambio emocional”.

En el primer aspecto (atención que presta el profesor a sus alumnos) es preciso decir que hay alumnos más visibles que otros. Más atrevidos, más brillantes, más rápidos, más inteligentes, más guapos. El profesor tiene que tener cuidado para no ser atrapado por ellos dejando a los más tímidos o más torpes en una penumbra que los hace invisibles. ¿Cómo saber si lo han entendido si no se atreven a preguntar? ¿Cómo saber lo que les pasa si no saben o no pueden o no quieren expresarse? ¿Cómo estar cerca de ellos si huyen de forma sutil?

Ahí está el tacto, esa cualidad tan importante y tan difícilmente definible que debe poseer un profesor. Cada alumno uno debiera sentir que es el preferido o la preferida de su tutor. Y serlo.

He pensado muchas veces en esos alumnos que nunca se colocan en la primera fila, que nunca se acercan por propia iniciativa, que no se consideran dignos o capaces de mantener una relación cordial. He pensado en esos alumnos que se sienten poco valiosos para ser queridos. Y que miran a los otros con envidia y al profesor con recelo pensado que les posterga de forma premeditada.

Cuando la estructura de la clase está organizada no en círculo, o en U, o en rectángulo, o en pequeños grupos sino en mesas alineadas, es fácil que el profesor mire más y preste más atención a los alumnos de las primeras filas. Por eso hay que estar prevenido Por eso hay que tener movilidad. Por eso es necesario cambiar con frecuencia de lugar.

El profesor ha de ser un profesional de observación. Debe tener educados los ojos para ver más allá de la simple apariencia. Y debe tener la sensibilidad necesaria para que le importe la lejanía emocional de algunos de sus alumnos. Y luego, debe recorrer aquellos pasos que los alumnos no se atreven a dar hacia él. Respetando, eso sí, la lejanía buscada por ellos. Suelo decir que tienen que sentir la libertad de acercarse o de distanciarse.

El segundo aspecto es la atención que deben prestar los alumnos al profesor. Tengamos en cuenta que la capacidad de atención es efímera. Lo dice con meridiana claridad Lucas Raspall en su libro Neurociencias para educadores: “¡Tanta información disponible y tan poco tiempo para procesarla! Nosotros mismos no damos abasto con tantas noticias, aplicaciones, imágenes y vídeos que nos llegan y nos interesan… ¡Pensad entonces cómo impacta esto en la cabeza de un niño! La atención no sabe dónde quedarse quieta, queda como perdida, inestable., intoxicada. Una sobredosis de datos que no llegan a compactarse en ideas bien formadas y, mucho menos, en experiencias. ¿Puede haber aprendizajes significativos de esta manera? Me animaría a decir que, a mayor información, menos conocimiento, menos procesamiento, menos experiencia… menos aprendizaje”.

La atención está asaltada por muchos distractores. Los estímulos son constantes, variados y fugaces. No es fácil mantener la atención por mucho tiempo.

El profesor, por otra parte, tiene que disponer de recursos personales y materiales para hacerse atender. De lo contrario, por muy rico que sea el contenido de lo que quiere enseñar, no habrá forma de que aprendan.

Lo decía con mucha contundencia aquel sacerdote acerca del interés de sus feligreses a los sermones que pronunciaba en la parroquia:

– Homilía que mueve los culos, no mueve los corazones.

Cuánta razón. Si no atienden, ¿qué importancia tiene lo que se esté diciendo? ¿Qué influencia van a tener las ideas si el destinatario no las escucha? ¿Cómo pretender que se conmueva el oyente si está tan aburrido que presta la meno atención?

La atención se despierta por el interés del contenido, por el ingenio del método, por la intensidad del afecto (los alumnos aprenden de aquellos docentes a los que aman), por el clima propicio, por la distribución adecuada de los tiempos, por la bondad didáctica de los materiales… Todos estos elementos son necesarios, Basta que falte uno para que se rompa el hechizo.

Claro que todo depende también y sobre todo del interés, del respeto y de la voluntad de quien aprende. Porque solo aprende el que quiere aprender. Sólo presta atención quien de verdad quiere hacerlo.

Hablo de mantener la atención por el interés de aquello en que se está trabajando, por aquello que se está aprendiendo.

Dice Lucas Raspall en el libro citado: “Vale pensar que la atención trabaja en la oficina de al lado de la motivación, bien cerquita, ya que actúan de manera coordinada: es esta última quien le dice dónde poner el foco”.

Se puede generar motivación seleccionando bien los temas del curriculum, trabajándolos en el aula de forma colaborativa, disponiendo de buenos materiales didácticos, organizando el tiempo en períodos que hagan posible la atención sostenida, creando un clima de confianza y optimismo y manteniendo unas relaciones cordiales.

Hablo de mantener la atención por respeto a quien está explicando o tratando de organizar el trabajo. Me cuesta aceptar esos climas de jolgorio, de dispersión o de indiferencia hacia la figura del profesor. No puedo avanzar en el trabajo del aula sin tener la atención de los asistentes.

Hablo de mantener la atención por voluntad. Digo esto porque algunas veces los temas son aburridos y las explicaciones son tediosas. Es entonces cuando hay que echar mano de la voluntad, de la capacidad de esfuerzo, de las exigencias de la responsabilidad. No todo puede ser ni ha de ser divertido.

Se puede cultivar la atención y se pueden trabajar las condiciones psicológicas que la generan. Me remito a la técnica y a la filosofía del mindfulness, que nos centran en el aquí y en el ahora para conseguir la atención plena desde la paz interior.

27 thoughts on “Y a mÍ, ¿quién me despacha?

  1. Querido amigo y maestro:

    Me ha encantado tu artículo. Tiene relación en determinados aspectos con el precioso prólogo que has escrito esta semana y que he tenido el privilegio de poder leer antes de que se publique el libro de mi esposa en unos días. Tratas -y trata- conceptos como neurociencia, observación, mindfulness, atención de… No entro en detalles por respeto a la autora (disculpas por mi imprecisión).

    Enhorabuena y MÁS gracias, tanto a ti como a Lourdes y Carla por compartirte.

    Un fuerte abrazo de parte de los cuatro.

    • Querido Juan Miguel, querida Lidia:
      YO he sido el que se ha sentido agradecido por vuestra confianza y vuestro afecto.
      Solicitar un prólogo honra a quien se pide más que al que lo pide. Gracias, amigos.
      Algún día tendré que dedicar el espacio al papel que puede desempeñar en la escuela el mindfulness.
      Gracias por esta expresión pública de afecto.
      Besos para la autora.
      Un abrazo.
      MAS
      MAS

      • Querido maestro:

        No puedo parar de pensar en la idea de que alguien como tú dedique su tiempo a realizar con sus palabras y su corazón algo tan maravilloso.

        Encontrarse en la vida con seres humanos así es un privilegio, un verdadero regalo.

        Mil sonrisas y un abrazo.

        • Querida Lidia:
          El mérito es el tuyo. Tú has escrito un libro, te has atrevido, te has aventurado.
          Eres joven.
          Estoy seguro que éste es el primero de otros que vendrán después.
          Enhorabuena.
          Besos y gracias por tu confianza y por tus palabras.
          Para quienes nos leen diré que el libro se titula: LA TIMIDEZ ENMUDECE EN LAS AULAS.
          MAS

  2. Querido Maestro!
    Que buenas son sus últimas palabras, la atención que genera paz interior.
    De esa atención que habla es de la que últimamente yo hecho mano.
    Mis limitaciones auditivas hacen que no pueda desarrollar una atención plena a todo lo que pasa a mi alrededor.
    Por ello soy selectiva vivo el aquí y ahora como un gran privilegio del que debo disfrutar hasta el más mínimo detalle.
    Asumo lo que me ha tocado vivir con valentía, me ingenio para buscar los sonidos y las palabras que me hacen feliz.
    Me alejo de los mundos ruidosos que me traen desconciertos y busco nuevos ambientes que me dan tranquilidad.
    Vivo con armonía todo lo que me produce placer.
    ¡Soy afortunada de poder vivir!
    Y estoy muy agradecida a la vida por estar aquí y disfrutar y poner en valor la capacidad de escuchar y atender.
    Aprovecho está ocasión para lanzar un mensaje de visibilidad a aquellas enfermedades que no son visibles.
    Mi gran apoyo a los alumnos y alumnas con alguna discapacidad sensorial que les afecte el normal desarrollo de sus capacidades.
    ¡Amor a todos los que necesiten una mano amiga para salir adelante!
    La mía la tienen!
    Sin más me despido con un cordial saludo para todos.

    • Querida Loly:
      Has hecho un hermoso programa de vida.
      Cuántas lecciones en tan pocas palabras.
      Es admirable esa visión positiva de la vida, a pesar de las limitaciones. A unos les destruyes a otros (como es tu caso) les enriquecen.
      Me parece muy positivo el recuerdo que haces de los alumnos con discapacidades. A veces están olvidados en las escuelas.
      Besos y gracias.
      MAS

    • Te entiendo muy bien, Loly, cuando hablas de tus limitaciones auditivas. Yo también las tengo pues padezco hipoacusia neurosensorial bilateral con acúfenos asociados.

      Quienes padecemos problemas auditivos hemos de lidiar con una capacidad de atención auditiva muy limitada que nos requiere gran esfuerzo y escaso rendimiento. Muchas personas no perciben nuestra dificultad (es una discapacidad invisible que hace que incluso los ciegos sean mejor “atendidos” en sus necesidades que los sordos; sirva de ejemplo las dificultades sociales de estos últimos y la plena integración que suelen tener a nivel social las personas ciegas) y otras, no conciben su gravedad. He reflexionado mucho sobre estos aspectos (por la parte que me toca) y escrito al respecto numerosos artículos en mi blog.

      yo también rompo una lanza por todos aquellos que la padecen. He conocido a algunos que me han ayudado a entender las dificultades por las que atraviesan. Las personas sordas tienen numerosos estigmas asociados: fueron considerados “deficientes mentales” durante siglos impidiéndoseles heredar por ello (por esa cuestión los Condestables de Castilla financiaron a Ponce de León para que ideara un sistema de “desmutización” que fue pionero en este campo), se pensó que eran “mudos” por no poder hablar (articular resulta inconcebiblemente difícil a quién no puede oir), se decía de ellos que tenían “muy malas pulgas” (por tener que vivir en un mundo que no entienden y contra el que se rebelaban), se les atribuían “problemas de atención” , “conductas disruptivas” (los niños sordos eran calificados vulgarmente de “moscas cojoneras” por algunos profesores al molestar en clase), “distraídos”, “vagos”, “soñadores”… Algunas personas me han confesado que, cuando les diagnosticaron su problema auditivo, entendieron que “no eran tontas”, algo que la sociedad se había encargado de hacerles creer. Yo también he reivindicado mi mayor o menor inteligencia cuando descubrí que no me enteraba de nada por problemas perceptivos y no cognitivos.

      Cuesta décadas entrenarse en seleccionar la atención hacia lo realmente importante. En el aspecto auditivo -en mi caso- aprender a desatender los acúfenos (ruidos internos del oido) fuertes y constantes ha requerido mucho esfuerzo. También la atención, como puede entenderse, ha de saberse dirigir, atenuar o amplificar según el caso.

      ¿Qué es mejor el caos o la nada? Curiosa pregunta que algunas personas desesperadas se hacen en algún momento de su vida. En el caso de la pérdida o distorsión auditiva lo tengo claro: la nada: ¡Cuánto daría yo por oír una vez más en mi vida el silencio! ¿Es útil prestar atención al dolor cuando deja de ser un aviso y se convierte en una tortura? ¡Calmantes, por favor! La atención ha de ser también educada para evitarla llegado el caso. Son estremecedores los testimonios del genial pintor Francisco de Goya o el insuperable Beethoven sobre sus problemas auditivos. Con todo lograron sublimar sus dificultades produciendo obras bellísimas. Quizás, Loly, van por ahí tus comentarios sobe dar gracias a la vida por lo que puedes disfrutar de ella. Uno mi mano a la tuya para animar a los que no encuentran la manera de salir adelanet.

      Un saludo.

      • Me uno a vuestros comentarios. También tengo una deficiencia auditiva bilateral y estoy adaptada. Se lo difícil que es el día a día. La sociedad no está adaptada para personas como nosotros. Se nos ve como bichos raros.
        Por suerte es una situación que tengo superada. Tengo 2 niños y les enseño a ver el tema como algo normal, con ciertas limitaciones que se pueden superar, a ser tolerantes con los demás.
        Pero algo tengo claro y es que por mucha limitación que se tenga no afecta a nuestra atención y a nuestras ganas de aprender.

        • Querida Rocío:
          Yo suelo decir que no hay calidad de la educación si no hay equidad y que no hay equidad sin atención a la diversidad. Conocer, respetar, amar y atender a cada uno como es, con sus capacidades y con sus limitaciones.
          Estoy terminando de leer WONDER de R.J.Palacio. Estoy sintiendo estos días, a través del pequeño August, la necesidad de tener en cuentan a cada uno COMO ES.
          Besos y gracias.
          MAS

  3. Hola MAS y lectores habituales o primerizos…

    Trascendental elemento del proceso de enseñanza y aprendizaje toca Miguel Ángel hoy, la ATENCIÓN, y ligada a la misma, la MOTIVACIÓN.

    Articula el artículo desde dos perspectivas, la atención que presta el profesor a sus alumnos, estaría vinculada principalmente con el proceso de enseñanza, y la atención que deben prestar los alumnos al profesor, que si bien, aparentemente, está más relacionada con el proceso de aprendizaje, también ha de ser tenido en cuenta por el docente en la enseñanza.

    Es fácil escuchar en reuniones de profesorado frases como estas: “Los niños de hoy no prestan atención”, “Suspende porque no presta atención”, “Mi alumnado no viene motivado a clase”, “A nuestros alumnos les interesan otras cosas más que la escuela”,… En estas afirmaciones se echan balones fuera, se otorga la causa a un agente externo, es como si el profesorado asistiera de modo aséptico ante una situación de escolar. Vamos… como si a él no le afectara, sino que más bien si el niño o niña no prestan atención ni están motivados es por cuestiones ajenas a su modo de dar/impartir clases. “Ya tiene uno bastante con preparar las clases como para, encima, tener que estar buscando la atención de mi alumnado”, dirían otros u otras. En este gremio tan grande hay de todo…

    En la actualidad, el docente, además de conocer el cuerpo científico de la materia o materias que imparta, así como la didáctica de las mismas, ha de estar capacitado para atraer la atención de aquellos alumnos que se despistan, ya sea por circunstancias inherentes a sí mismos, o porque realmente los aburrimos. Mantener la motivación del alumnado no es nada fácil, pero existen medios y recursos para ello y que todo docente debe conocer y utilizar (MAS ha apuntado muchos de ellos): métodos que propicien la actividad del alumnado, organización de espacio y tiempos que rompan con la monotonía, aproximación afectiva a todo el alumnado, atención a los intereses del alumnado para que, a partir de ellos, se puedan construir nuevos aprendizajes, eliminación de posibles distractores, utilización de recursos variados y atractivos, realización de distintos tipos de agrupamientos… Salir de la zona de confort cuesta, pero si queremos captar esa ATENCIÓN y MOTIVACIÓN, hay que cambiar.

    Es cierto que la atención del profesorado se suele focalizar generalmente en dos grupos de alumnos, los que tienen más dificultades (ningún reproche) y los que destacan (aunque en muchas ocasiones si destaca y no crea problemas también este alumnado puede quedar un tanto oculto). Después están esos que obtienen una notas normales, que no molestan y a los que puede que queden menos despachados (no me atrevería a decir a que no se les presta atención).

    Al igual que para el alumnado es difícil mantener la atención, la del profesor llega a saturarse, muchas veces es focalizada por uno o varios alumnos. Pero no por ello, la mayoría del profesorado presta atención a su alumnado, aunque realmente resulte muy complicado despachar a todos en su justa medida.

    Nuestro anfitrión, MAS, suele despachar todos los comentarios que se hacen en este blog. Siempre se agradece, aunque pueda llegar a ser algo tedioso para él… Pues esa es una de las líneas a seguir con nuestro alumnado…

    Saludos.

    • Querido Juan Carlos:
      No. No es tedioso para mí leer los comentarios que hacéis (algunos fielmente todas las semanas). Todo lo contrario. Es un modo de ver otras perspectivas, otros matices, otras formas de sentir la realidad. Siempre se aprende.
      Por otra parte es una forma de agradecer el esfuerzo de leer el artículo y la generosidad de dedicar unos minutos a compartir con los demás aquello que se piensa o se siente.
      Gracias, amigo.
      MAS

  4. Buenas noches a todos! Me he sentido identificada con éste riquísimo artículo Miguel Angel, cada día estoy más convencida que los niños apreden a través de sus emociones y los educadores debemos tener esa oreja verde de Gianni Rodari, para poder escuchar las inquietudes, las espectativas, los sueños de los niños y así proponer aprendizajes significativos. Siempre conversamos con Miriam , la Vice, de mi escuela y decimos “El niño debe ser feliz en la escuela”, sentirse querido, escuchado, valorado, sentir que puede lograr lo que se proponga. Gracias. un cariño

    • Querida Marisa, querida Miriam:
      Creo que tenéis un buen plan de trabajo: que los niños y las niñas sean felices. Ojalá que ese fuera el objetivo de todas las escuelas.
      Para ello, como bien dices, es necesario escucharlos, atenderlos y quererlos.
      ¡Cuán necesaria es la oreja verde!
      Besos y gracias.
      MAS

  5. En esta ocasión, Miguel Ángel aborda un tema que para mí siempre me ha parecido crucial. Aunque no de lo indica de manera explícita, por los ejemplos y las referencias del texto, parece centrarse en las aulas no universitarias, en las que el número de alumnos es reducido si lo comparamos con el que tenemos en las universitarias, que, en mi caso, suelen oscilar entre 60 y 70 estudiantes.

    ¿Tenemos que buscar la atención de la clase el profesorado universitario? Para mí, la respuesta sería rotundamente sí. De toda; también de los callados, de los inseguros, de los indecisos. No concibo estar como profesor en un aula que va desgranando conceptos, unos tras otros, mientras la clase va tomando apuntes, al tiempo, que alguna vez pararía para realizar la pregunta: “¿Hay alguna duda de lo que hemos visto?”.

    Cuando decidí dar el salto de la arquitectura a la universidad pública fue con el deseo de formar personas, tomando como base la disciplina que imparto. Es por ello que la exposición de los conceptos y el debate subsiguiente, para mí es crucial. Es más, me siento muy feliz cuando al terminar la clase he visto que he despertado el interés y han surgido las preguntas, no solo por mi parte, sino también por parte de ellos.

    En alguna otra ocasión, he indicado que antes de comenzar el curso, consulto las listas de las asignaturas. De este modo, me voy aprendiendo sus nombres, de dónde proceden, el día de sus cumpleaños… Esto da lugar a que se sorprendan que los llame por sus nombres, que les pregunte por su localidad, incluso, que gaste pequeñas bromas sobre la diferencia de edad que hay entre ellos y el que se va a ocupar en atenderles.

    Pero, ay, nos encontramos en un mundo consumista y digitalizado. Todo esto ha sido el fermento de una generación que no puede prescindir de sus móviles; en el caso de algunos, ni siquiera en la clase. Y, claro, este tema sí que lo llevo mal, especialmente, cuando compruebo después de haber debatido con ellos e indicarles que me descentra comprobar que mientras explico hay quien, escondido detrás de la mochila que tiene encima de la mesa, lo saca para ver el whatsapp que ha recibido.

    Creo que sobre esta cuestión convendría debatir en alguna ocasión. Dato de interés: el Parlamento de Francia ha prohibido por ley el que los estudiantes lleven móviles a los centros.

    ***

    El jueves pasado me acerqué al Rectorado para informarme sobre la jubilación obligatoria, ya que en las universidades españolas es a los 70 años. Al verme con la administrativa que llevaba el tema, resulta que se había olvidado de mí. Me pidió varias veces disculpas por ese olvido.

    Miré y comprobé que en la lista estábamos 17, la mayor parte catedráticos. En ella aparecía un antiguo compañero de bachillerato de Badajoz. Era también catedrático en una de las ramas de Ciencias de la Universidad de Córdoba; pero en su momento no quise establecer contacto con él, pues el día que me llamó, hace muchos años, me soltó una expresión que me dejó helado: “Aureliano, hay que reconocer que los estudiantes de hoy son subnormales”. No se me olvida la frase. Me pareció hiriente y despectiva, por lo que al terminar aquella charla telefónica yo me hice la pregunta: “¿Y tú por qué y para qué estás en la Universidad?”. No mostré ningún interés en verme con él. Tampoco cuando, no hace mucho, gestionó el encuentro de los 50 años del centro en el estudiamos en Badajoz. No acudí. Con mis amigos de verdad siempre he mantenido una estrecha relación, de modo que último el fin de semana de este mes nos veremos en mi tierra de origen para continuar con esa fuerte amistad que nos une.

    ***

    Dejo algunas cosas en el tintero para otro momento. Ahora prefiero hacerle al titular del blog algunas preguntas que me inquietan.

    “Vamos a ver, Miguel Ángel, ¿has digitalizado ya tu tesis doctoral? ¿Está disponible en la red para que pueda ser consultada por cualquiera de este país? ¿La has pasado por varios programas antiplagios, por ejemplo, el de turnitin? ¿Has comprobado que está totalmente limpia, inmaculada, con todas las citas bien hechas y entrecomilladas? ¿Estás seguro de que no vas a ser acusado por los indas, marhuendas y rubidos de turno, es decir, por cualquier trío mediático que vigila el cumplimiento la moral de todos los españoles?”.

    No te refugies en que ya estás jubilado, de que la leíste hace muchos años, de que tienes muchas publicaciones, de que has dirigido muchas tesis y has estado en muchos tribunales… Eso no sirve para nada. Ahora cada uno tiene que demostrar que es inocente ante el ojo vigilante y escrutador que se ha autoerigido en el tribunal ético-científico de todos los doctores y aspirantes a serlo. Recuerda que estamos en tiempos de transparencia y limpieza, y que, en consecuencia, hay que anticiparse a la posible denuncia. Yo, por si las moscas, estoy revisando aquellos tres volúmenes que te presenté.

    • Querido Aureliano:
      Cuántas y cuán variadas ideas hay siempre en tus comentarios.
      – Es verdad que muchas veces me dirijo a los lectores y lectoras sin especificar un nivel concreto. Muchas cosas valen para todos los niveles de la enseñanza pero, aun en ese caso, valen máscara unos que para otros.
      – Ayer leí un libro que te aconsejo encarecidamente y a él haré referencia (en una breve cita) en el próximo artículo. Creo que, como yo, admirarás a su autor. Es un libro que ha publicado en el pasado mes de marco Emnilo Lledó. Se titula SOBRE LA EDUCACIÓN. El subtítulo centra el contenido: La necesidad de la Literatura y la vigencia de la filosofía. HAY MUCHAS REFERENCIAS SOBRE EL NIVEL UNIVERSITARIO.
      – No tengo muchos problemas con la tesis porque fue publicada en un libro que conoces: IMAGEN Y EDUCACIÓN (Editorial Anaya, 1984). Cuántas reflexiones tendría que hacer sobre ese afán justiciero de carácter retrospectivo que ha surgido en la política y en la prensa.
      – ¿Cuándo llegas a las edad de jubilación obligatoria? ¿Vas a pedir la condición de profesor emérito? Qué injusticia que obliguen a dejar el trabajo a profesores como tú.
      UN abrazo y muchas gracias.
      MAS

  6. Muy buenas Magister!
    Tanto en tan poco espacio es alucinante. Anécdotas, citas, libros, aclaraciones,enseñanzas..etc. Cuando sea joven me encantaría pensar,sentir y ver la realidad educativa con tus ojos, mientras tanto es un disfrute leerte. Simplemente. Gracias.
    Por mi parte seguiremos difundiendo las bacterias positivas Adarvianas entre la ciudadanía.
    Saludos y un fortísimo abrazo.

    • Querido Miguel:
      Muy ingenioso eso de las “bacterias positivas adarvianas”.
      Lo verdaderamente espectacular es que haya personas como tú, con tantas ocupaciones y preocupaciones, con tanta formación, que dedique el tiempo a leer un artículo como éste y que, además, le sobre tiempo para decir todo lo que dices y para difundir lo leído.
      Muchas gracias.
      Besos para tu maravillosa maestra.
      MAS

  7. Amigo Miguel Ángel:

    En ocasiones, se nos escapan erratas que acaban convirtiéndose en “juegos de palabras” o “pequeños chistes”. Es lo que acontece cuando citas a ese gran filósofo sevillano por el que siento una gran admiración: Emilio Lledó. Resulta que en tu escrito la ‘d’ se transforma en ‘g’ convirtiéndose en Emilio Llegó (?).

    Anótatelo en tu rico anecdotario que, imagino, con el paso de los años se habrá incrementado enormemente. (Aún recuerdo la anécdota que yo conté en el grupo de doctorado que tú llevabas hace décadas en Málaga; pero la dejamos para otro momento.)

    Con respecto a mi jubilación obligatoria, indicar que tras el error de la administrativa creo que me llegará en el próximo mes.

    Sobre la petición de profesor emérito, se me ponían los nervios de punta tener que estar un tiempo precioso acumulando documentación para enviársela a la ANECA, con el sentimiento de fondo de que no deseo ser evaluado más. ¡Ahora se pasa uno media vida en la Universidad española siendo evaluado!

    Por otro lado, tengo una situación favorable para continuar con un trabajo que me apasiona y que continuará, de un modo u otro, hasta que me despida de la vida.

    Como bien sabes, Flora es profesora en mi departamento y en el mismo Área. Es por ello que ha solicitado en la Facultad pasar a mi despacho, que es muy grande, y le han concedido la petición, sabiendo que se hacía pensando en mí. Allí tengo mi mesa, junto a una ventana que mira al campo. Estaré, pues, hasta que ella se jubile, escribiendo los libros que tengo previstos, siguiendo las tesis pendientes, llevando investigaciones, participando en las clases de compañeros y compañeras que han sido alumnos míos… sin que nada me ate oficialmente. ¡Me apetece y me ilusiona mucho más esta situación!

    • Querido Aureliano:
      Pue sí, simpática errata. La añadiré, como dices, a la colección propia y a las que encontré en el libro VITUPERIO Y ALGUNOS ELOGIOS DE LA ERRATA. Ya está corregida.
      Me parece buena tu decisión. ¿No hay criterios suficientes en tu Facultad para saber quién eres y cómo eres? ¿No es suficiente?
      Por otra parte,nosé cómo estará ahora la cuestión económica. A mí me pagaban ¡¡¡236!!! euros al mes. Con mirada incluida de complementos autonómicos. A pesar de que la norma decía taxativamente que tenían derecho a percibir los completos “…y los profesores eméritos”. Muchos me aconsejaron que evitara esa humillación. Pero…
      La solución del despacho de Flora es estupenda. Tiene un poderoso componente sentimental, pero otro pragmático. Una suerte.
      Un brazo y gracias por el aviso.
      MAS

  8. Se me olvidó, Miguel Ángel, en el anterior escrito darte las gracias por la referencia al libro que me indicabas de Emilio Lledó. Estaré al tanto de su publicación, puesto que es uno de los filósofos vivos más interesantes de nuestro país. Sus estudios sobre Epicuro los he leído con gran interés, pues su formación en lenguas clásicas le hace ser una autoridad en el estudio de la filosofía de la antigua Grecia.

    • Querido Aureliano:
      Admiro mucho a Emilio Lledó como docente.Conozco bien su formación filosófica pero no es frecuente ver a un sabio que tiene una valoración y una pasión tan grande por la enseñanza. Alguna vez le he oído en alguna conferencia sobre la experiencia docente. Y me encantó.Por eso me ha parecido magnífico este libro.
      Un abrazo.
      MAS

  9. Sobre la atención se dicen muchas cosas. El término tiene una topología muy variada:
    “Captar la atención”, “desviar la atención”, “atención dispersa”, “déficit de atención”, “atención lábil”, “atención selectiva”, “atención focalizada”, “atención sostenida”, “atención visual”, “atención auditiva”… Quienes hemos trabajado en el ámbito de la educación especial hemos usado muchas veces estas expresiones. Cada una de ellas tiene potencial para escribir un libro entero. Me quedo con ganas de extenderme en algunos de estos adjetivos con anécdotas personales como la extraña atención selectiva de los niños autistas o las situaciones kafkianas a que da lugar una mala atención auditiva.

    La atención no siempre, como resume Miguel Ángel, “es la capacidad de fijarse en uno o varios aspectos de la realidad”. Creo que hay mucho de componente subjetivo en ella (se me dirá, ya sé, que la subjetividad forma parte de la realidad de cada persona) y que dedicamos mucho esfuerzo atencional a nuestras propias percepciones. Los “locos”, las personas “autistas”, los “psicóticos”… atienden a su propia realidad que suele ser muy diferente de las personas comunes.

    Es pertinente la doble perspectiva de la atención en el proceso educativo: la del profesor sobre el alumno y viceversa. Efectivamente tendemos a dirigir la atención a lo que nos gratifica (alumnos más brillantes e interesados), lo que nos amenaza (alumnos revoltosos) o a los estímulos más inmediatos y llamativos (alumnos de las primeras filas). Me parece muy interesante la idea de que el profesor cambie su localización en la la clase para desplazar el punto de observación y visualizar los alumnos en penumbra. Recuerdo en mis prácticas en Magisterio que el profesor encargado de evaluarme me corrigió amablemente por dar la espalda a buena parte de la clase al ir atendiendo a los alumnos en sus mesas. Igualmente hay que conseguir captar la atención de los alumnos utilizando la motivación, la sorpresa, la confianza… y cuantos trucos se nos ocurran. Está claro que si no se atiende, no se entiende. Muy cierta me parece también la idea de que el exceso de información satura la atención y se producen menos aprendizajes.

    En aprendizaje se daría la regla de las cuatro pinzas (pues las cuatro son para “tender”)
    pretender, atender, entender y extender. Apoyándonos en su etimología podría decirse que para aprender necesitamos aspirar a algo que no tenemos (pretender), aproximarlo (atender), conocerlo -dejar que nos penetre- (entender) y generalizarlo – hacer que cubra más espacio- (extender).

    Como se aprecia, la atención es un componente imprescindible.

    Un saludo a todos y a ti, Miguel Ángel: estaremos “atentos” a tu próximo artículo.

    • Querido Jesús Marcial:
      Siempre nos encontramos con las limitaciones de tiempo y de espacio. Qué duda cabe de que sobre cada uno de las dimensiones de la atención, como dices, se puede escribir un libro.LO cual quiere decir que hay muchos contenidos que no se pueden ni vislumbrar en un artículo o un comentario de tan poca extensión.
      Se trata, creo, de despertar el interés y la curiosidad para seguir reflexionando, leyendo, discutiendo… Porque el tema tiene múltiples vertientes, desde las psicológicas y pedagógicas a las organizativas. ¿Cuánto debe durar una sesión de trabajo?, ¿cómo debe administrarse el tiempo en función de las posibilidades de atención plena d uno y de otros?, ¿cómo captar la atención de quienes tienden an dispersarla?…
      Todo artículo, todo libro, todo ensayo debería llevar un subtítulo entre paréntesis: PREGUNTAS Y RESPUESTAS Y PREGUNTAS…
      Muchas gracias por tu aportación.
      MAS

  10. Creo que las dos dimensiones son importantes.
    Pero, ¿puede el profesor prestar atención de manera plena continuamente? Se piensa en descansos para los alumnos, pero no para los profesores.
    Es importante atenerse a lo que la neurociencia aporta al campo de la educación que muchas veces ha estado dando palos de ciego.
    Saludos cordiales y gracias por la referencia del libro de Lucas Raspall. Es magnífico. Claro y riguroso.

    • Querida Carmen:
      Conozco a Lucas Raspall. Publica en la misma editorial que yo lo hago en Argentina: Homo Sapiens.
      Tiene en la misma editorial otros libros sobre el tema: El muguete de la mente (I y II).
      Hay que aplicar a la realidad educativa las evidencias científicas.
      Besos y gracias.
      MAS

  11. Querido Miguel:
    Hace unos días tuve la oportunidad de conocerte en la visita que hiciste a la Ciudad de México, me alegró notar que aparte de ser un excelente profesional eres un excelente ser humano y sobre todo que estuve frente al autor de un libro que leí hace poco tiempo “La casa de los mil espejos” el cuál utilizo como metáfora con mis pacientes para el manejo del autoconocimiento y el desarrollo de habilidades sociales, imagino ya has de tener una idea de quién soy.
    Quiero dejar mi comentario en éste artículo ya que al leerlo, vino a mi mente una experiencia de mi infancia, la cuál quiero compartirte o más bien compartirles ( considerando a tus lectores).
    Yo fuí una niña cuyo desempeño académico fué malo hasta que en 6to de primaria se cruzó en mi camino una profesora que prestó atención a mi trabajo, rescatando lo rescatable de ellos y ésto me fué motivando día con día, logrando entregar trabajos muy buenos, subiendo mis calificaciones considerablemente y rescatando mucho aprendizaje que había perdido en los ciclos escolares anteriores, desde ese momento hasta la fecha he disfrutado de recibir muchos reconocimientos.
    Decidí hacer ésta autorevelacion en memoria de esa maestra y para fortalecer la técnica que compartes a tus lectores sobre brindarle atención no solo a los alumnos sobresalientes, sino también, exaltar el trabajo no tan bueno de los otros alumnos, ya que eso les permitirá adquirir confianza, motivacióny deseo de seguir aprendiendo mejorando su desempeño.
    Te felicito por tu blog y espero nos sigas compartiendo tus artículos enriquecidos por cada una de tus experiencias de vida y tu conocimiento.

    • Querida Penélope:
      ¿Cómo olvidarte?
      Claro que te recuerdo. Fue un magnífico hallazgo conocerte. Y también a tu mamá y a tu hermano.
      Disfruté compartiendo el viaje al aeropuerto y en el restaurante argentino que, con acierto, elegiste para el almuerzo.
      Agradezco el estupendo comentario que han escrito para los lectores y lectoras de este humilde blog.
      Son los comentaristas y las comentaristas como tú quienes lo hacéis valioso.
      La experiencia que cuentas no tiene precio. Qué hermoso homenaje para la maestra que te rescató de la medianía y te estimuló para el aprendizaje. Mis felicitaciones para ella. Necesitamos profesionales capaces de actuar así, con inteligencia y pasión.
      Gracias por haber leído LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS. Siempre hace más el lector por el autor, que a la inversa.
      Me encantó conocerte.
      Besos y gracias.
      MAS

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