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Una experiencia modélica

20 Ene

En enero de 2017 fui invitado a participar en la VI Semana de Inmersión Tecnológica que organizó la Universidad de La Sabana (Bogotá). Me pidieron que impartiera una conferencia sobre evaluación de los aprendizajes del alumnado. La titulé así: “La evaluación como aprendizaje”. La evaluación puede ser un proceso de control, de comprobación, de selección, de diagnóstico, de comparación, de jerarquización… e, incluso, de tortura. Elegí la faceta que consideré más importante para la mejora que, a mi juicio, ha de ser la pretensión de toda actividad formativa. La clave está en convertir la evaluación en un proceso de diálogo, comprensión y transformación de la práctica.

Acudieron a la conferencia no sé exactamente cuántos, pero aproximadamente trescientos profesores y profesoras. Uno de los puntos que abordé, buscando la coherencia con el título y las pretensiones de la misma, fue la estrategia para la mejora de los procesos de evaluación. Y les propuse un modelo asentado en la racionalidad práctica, que sinteticé en diez verbos encadenados conceptual y pragmáticamente: interrogarse, compartir, investigar, comprender, decidir, escribir, difundir, debatir, comprometerse y exigir. Una vez finalizada la sesión, los responsables de la organización, me propusieron que coordinara un proceso de esa naturaleza en su Universidad.

Elaboré un proyecto de cinco fases que ha concluido hace unos días en la VII Semana de Inmersión Tecnológica, exactamente un año más tarde. Se convocó por escrito a los profesores que quisieran participar en la experiencia y se presentaron cerca de setenta docentes de diversas especialidades. Decisión laudable como pocas, ya que esos docentes iban a comprometerse a realizar un trabajo que aumentaría no su sueldo sino la carga de tareas a la que estaban haciendo frente. En definitiva, más trabajo. Con una finalidad: comprender y mejorar las prácticas de evaluación.

La primera fase consistió en hacer, previo esquema que les facilité y expliqué previamente, la narración crítica de sus prácticas de evaluación. El pensamiento frecuentemente caótico y errático que tenemos sobre las prácticas que realizamos, cuando tenemos que ponerlo por escrito, ha de someterse al rigor de la escritura. Tenemos que ordenarlo, estructurarlo y argumentarlo convenientemente.

En la segunda fase cada uno de los que habían hecho la narración, la compartió conmigo y con el resto del grupo. De ese modo pudo recibir observaciones, sugerencias y valoraciones encaminadas a mejorar su actividad evaluadora. En esa misma fase expuse las características del proceso de investigación-acción, metodología y filosofía encaminadas a comprender y mejorar las prácticas.

La investigación en la acción es una modalidad de investigación que realizan los profesionales sobre sus propias practicas para comprenderlas y transformarlas en su racionalidad y su justicia. Conocí estas propuesta en varias estancias que realicé en la Universidad de Norwich, de la mano de Laurence Stenhouse y John Elliot. Cuando murió Stenhouse, a la temprana edad de 52 años, muy poco resignado a la enfermedad de cáncer que le habían diagnosticado ya que decía que tenía muchas cosas que hacer todavía por la educación de su país, sus alumnos de la Universidad de Norwich plantaron en el campus un arbolito en cuya base figura el siguiente texto: “Son los profesores quienes, a fin de cuentas, van a transformar el mundo de la enseñanza, comprendiéndolo”. Cuánta razón.

La tercera fase consistió en la realización de ese proceso de investigación, centrado en la práctica. La Universidad suele poner el foco de las investigaciones desde el más pequeño organismo hasta el cosmos infinito, pero pocas veces sobre sus propias acciones. Y lo suele hacer sobre el contenido de las disciplinas y a través de modelos de corte experimental. Pocas veces se centra la investigación en la propia docencia docente y a través de métodos de corte cualitativo.

Los profesores empezaron a conjugar prácticamente la cadena de verbos que les había propuesto. Se hicieron una pregunta sobre algunos de los aspectos de la evaluación, la compartieron con los colegas y se pusieron a explorar sobre ella: observaron, preguntaron, analizaron documentos…. A partir de esa exploración pudieron comprender y tomar decisiones de mejora.

La cuarta fase consistió en la redacción y entrega de los informes de la investigación. Tarea tan importante como compleja, ya que muchos estaban acostumbrados a hacer informes de modelos experimentales de investigación. Conjugaron los verbos escribir, difundir, debatir, comprometerse y exigir.

Hago aquí un pequeño inciso para defender dos modalidades de investigación que suelen estar poco valoradas en la cultura universitaria de algunos países. Me refiero, en primer lugar, a la investigación sobre la docencia en lugar de sobre los contenidos disciplinares. Parece que la primera es de segunda categoría y la segunda de primera. Pude comprobarlo en mis dos años de evaluador nacional de la investigación de los profesores y profesoras de Universidad en la CNAI.

La quinta y última fase, a la que acabo de asistir en el marco de la VII Semana de Inmersión Tecnológica, celebrada en el mes de enero de 2018, fue la presentación a la comunidad del libro on line. Libro que se entregará a los asistentes a las Jornadas y que se presentará en la FILBO (Feria Internacional del Libro de Bogotá) el próximo mes de abril en formato físico. El libro se titula “Evaluar para aprender. Investigación-acción en la Universidad de La Sabana” y consta de un prólogo (El triángulo mágico: investigar, comprender, investigar), diecisiete capítulos y un cierre de conclusiones. Hay 2 informes de Medicina, 2 de Enfermería y Rehabilitación, 2 de Lingüística, Literatura y Filología, 1 de Comunicación Social, 1 de Educación, 2 de Lenguas y Culturas Extranjeras, 3 del Centro de Tecnologías para la Academia (postgrado) y 4 del mismo Centro en pregrado. En total, 17 Informes.

La fase de difusión abre el debate sobre la importancia de la evaluación y los diferentes modos de realizarla. Y supone una invitación a mantener un compromiso de mejora de la acción docente.

La experiencia es modélica porque parte del interés de los profesionales, porque se centra en una faceta importancia de la propia labor profesional (una evaluación de naturaleza pobre genera un proceso de enseñanza y aprendizaje pobre), porque está inexorablemente conectada con la mejora, porque se cierra con la edición de un libro, porque tiene carácter colegiado, porque los plazos de ejecución fueron extremadamente ajustados y porque otras personas pueden aprovecharse de esa ilusión y de ese esfuerzo. No solo se busca en la investigación la producción de un conocimiento estéril destinado a llenar los huecos de los anaqueles sino que se pone al servicio de quienes desean mejorar la práctica. Por otra parte, otros profesionales pueden mirarse en ese espejo y sentirse interpelados para hacer lo que otros demostraron que era deseable y posible. Puesto que algunos lo han hecho, se puede hacer.

16 thoughts on “Una experiencia modélica

  1. Estupenda ecperiencia de innovación en la Universidad.
    No creo que sea frecuente ese compromiso didáctico.
    Me gustaría saber qué piensan y qué os loz colegas de esos profesores.
    Tambien me gustaría leer ese libro. Tengo curiosidad en ver los focos de los análisis y los informes resultantes

    Saludos.

    • Estimada Alejandra:
      No.No es frecuente.
      Creo que hay mucha preocupación por los aspectos relacionados con las disciplinas y no tanto por la mejora de la enseñanza.
      Durante los cinco años que fui director del ICE en la Universidad de Málaga, promoví cada año una Convocatoria de proyectos de mejora de la práctica docentes a través de procesos de investigación-acción.
      Nos presentaban muchos proyectos, pero siempre se transmitían los resultados a la comunidad universitaria a través de la publicación de un libro con los informes.
      Gracias por leer y por escribir.
      Besos.
      MAS

  2. Hace años, en mi Facultad, se decidió llevar a cabo una amplia encuesta entre los egresados para conocer sus opiniones acerca de la experiencia que habían tenido a lo largo de la carrera en diversos temas. Entre ellos, lógicamente, se encontraban las formas de evaluación que habían tenido que pasar en las distintas asignaturas por las que habían pasado.

    Era la segunda vez que se llevaba desde que yo me encontraba en el centro. Hay que reconocer que en la primera el profesorado no quedaba bien parado en algunos aspectos. Se hizo pública con bastante malestar para algunos docentes, ya que se tuvo la imprudencia de que sus nombres aparecieran en los resultados de la misma.

    En esta segunda ocasión se pretendió evitar los errores de la primera. Se llevó a cabo bajo la responsabilidad de un profesor con formación en este tipo de trabajo.

    Pues bien, pasó el tiempo y, a pesar de que algunos estábamos muy interesados en conocer los resultados (especialmente, para mí, en el caso de las formas de evaluación) lo cierto es que nunca se dieron a conocer. Me imagino que se guardaron “bajo siete llaves”, a la vista de las conclusiones, con el fin de no incomodar y no deteriorar la autoimagen que se tiene, a pesar de que, como digo, se planificó con los criterios de privacidad del profesorado en activo.

    ****

    En mi caso, considero que la evaluación del alumnado debe ser un elemento fundamental en el proceso de enseñanza. Siempre he considerado que los estudiantes de la Universidad son adultos y que su tiempo de aprendizaje es equivalente al trabajo que tiene que llevar a cabo para su adecuada formación. Es por ello, que, si comparamos su actividad con el de un trabajador, habría que pensar que, en este caso, de ningún modo admitiría que, cuando va a cobrar su sueldo, se redujera por apreciaciones subjetivas del patrón o del empresario.

    Por otro lado, cada estudiante tiene conciencia del esfuerzo empleado, del tiempo dedicado, de su preparación en una materia, por lo que internamente se evalúa con una determinada calificación. La decepción viene cuando comprueba que el resultado final se diferencia mucho de lo que subjetivamente considera que se merece.

    ***

    En escritos anteriores, he comentado que, en mi caso, siempre he llevado a cabo una evaluación continua y formativa en las materias que imparto, pues considero que es el mejor criterio para el aprendizaje del alumnado, al tiempo que la traducción final en una calificación (que es totalmente obligatorio hacer) recoge el esfuerzo que cada alumno o alumna ha llevado a cabo a lo largo del curso.

    ¿Inconvenientes? Este modelo implica desplegar mucho tiempo en la evaluación; cuestión que muchos docentes en la Universidad española no están dispuestos a asumir, por dos razones: la docencia universitaria está infravalorada con respecto a la investigación, que es lo que primordialmente se tiene en cuenta para la promoción profesional; y, por otro lado, con este modelo se le da un amplio protagonismo al alumnado, dado que las evaluaciones que se van haciendo tienen una base cualitativa, por lo que hay que explicarlas y razonarlas.

    ***

    Miguel Ángel nos habla en esta semana de una experiencia llevada a cabo en la Universidad de La Sabana de Bogotá.

    El artículo parece que solo pareciera interesar a quienes trabajos en el ámbito universitario; sin embargo, creo que quienes participamos en los comentarios del blog todos hemos pasado por la Universidad, por lo que archivamos en la memoria las experiencias acumuladas en esos años. A partir de esto, me hago un conjunto de preguntas: ¿sería posible conocer las opiniones que se tienen de las formas en las que fuimos evaluados durante esos cursos? ¿Fueron todas ellas justas y se atuvieron a criterios claros y argumentados? En caso de que volviéramos a las aulas universitarias, ¿aceptaríamos ser evaluados con los mismos criterios de aquellos años o, por el contrario, plantearíamos modificaciones a los mismos?

    • Querido Aureliano:
      La experiencia es universitaria, pero la filosofía de la misma vale para todas las etapas y niveles del sistema educativo.
      Tú centras el comentario en la evaluación porque es el contenido y foco de la investigación que cuento en el artículo, pero muy bien podría haber sido otro el foco: la comprensión, las preguntas, la motivación, la participación…
      Efectivamente,esas exploraciones que cuentas de tu Universidad deberían tener como fin generar comprensión y enfocarse a la mejora. No se puede utilizar para ese efecto si no se conocen o si producen heridas.
      Interesantes preguntas las que planteas. En mi libro “Evaluar con el corazón” he incluido dos capítulos sobre el pensamiento de los alumnos sobre la evaluación recibida. Ellos tienen mucho que decir.
      Gracias y un abrazo.
      MAS

  3. Me ha parecido una experiencia fantástica. Profesores de Universidad que quieren hacer mejor la evaluación. Y que lo hacen por un camino muy efectivo, que es poner en cuestión su forma de evaluar y tratar de comprender a través de la investigación qué es lo que s debe mejorar.
    Es un ejemplo para todos. También es importante que se haya decidido a investigar y a escribir sobre esas cuestiones. Porque los profesores universitarios son muy dados a investigar pero sobre sus materias y eso es lo que se valora en el mercado de los méritos.
    La pena es que no sean mas los que se meten en esos proyectos. Suelen ser una minoría. Honrosa, pero minoría.
    Me ha encantado ver ese compromiso de esos profesionales. Da gusto saber que hay más personas interesadas en mejorar su práctica.
    Buena semana a todos desde este lunes soleado.

    • Querida Sandra:
      Gracias por tu estupendo comentario.
      Creo que el hacer público lo que se hace es un buen camino para despertar nuevas experiencias y para alimentar el optimismo ya que nos hace ver que no estamos solos.
      Y es verdad: llama más la atención que la experiencia haya tenido lugar en la Universidad.
      La idea, sin embargo, vale partidos los niveles del sistema educativo.
      Besos.
      MAS

  4. Como parte de quienes tuvimos el privilegio de tener a Miguel Angel como invitado en nuestra Universidad, y mas que eso, de quienes hemos tenido el privilegio de escucharlo, admirarlo y abrazarlo, les puedo asegurar que luego de su paso por la Universidad de La Sabana, la evaluación no es la misma, la reflexión, dinámicas y procesos evaluativos están cambiando y ello gracias a las enseñanzas, los consejos, las orientaciones de nuestro querido Miguel Angel.
    He de comentarles también que cuando lo invitamos hace un año su presencia en los auditorios fue recibida con mucho cariño y admiración y sus conferencias y talleres fueron calificados por nuestros profesores y asistentes como las mejores conferencias de la Semana de Inmersión 2017, y este año, que tuvimos nuevamente el privilegio de contar con su presencia, su conferencia central fue calificada la mejor conferencia de toda la Semana de Inmersión 2018, (esto no se lo he dicho a él aun), con lo cual, que ahora se tome el trabajo de escribir de su experiencia acá en la Universidad de La Sabana es un privilegio para nosotros que siempre estaremos honrados de su presencia y amistad.

    • Querido Javier:
      Soy yo quien se ha sentido honrado por la invitación y el trato.
      Ha sido una experiencia magnífica la que han realizado los docentes y en ese éxito ha tenido mucho que ver la actitud y el trabajo de Jas y de Isabel. Ellas han estado allí de forma constante e incondicional. Ahora mismo están en pleno proceso de edición para la Feria. Sé que son muchas las horas de dedicación.
      Respecto a las conferencias pude sentir una receptividad y una empatía extraordinarias. Mi gratitud por todo ello a quienes asistieron a las mismas y valoraron las aportaciones.
      Un gran abrazo para ti y para tu preciosa familia.
      MAS

  5. Entiendo que la evaluación es una oportunidad de aprendizaje: la última. Si evaluar es clasificar, ésta no sirve para nada. En cierto modo, suspender es suspenderse. ¿Por qué no pensar que el fracoso en evaluación es el fracaso de quien evalúa? No sé como los poderes públicos permiten que se expulse a un niño de la escuela por mal comportamiento. Tengo un caso cercano. La autoestima y el respeto a la actividad docente es incompatible con la expulsión. Propongo la impulsión siempre, aunque fracase el maestro. En resumen, la evaluación me parece un obstáculo si no es holística, se trata de conseguir mejores ciudadanos, no mejores súbditos de planes. Sálvese el alumno, evalúense personas, no estándares. Un maestro arropa, no vende arrope.

    • Estimado Jorge:
      Suscribo plenamente tu comentario.
      Cuando se expulsa a un alumno problemático sucede algo similar a cuando se echa de un Hospital al enfermo más grave. Es justamente quien más necesita los cuidados de los profesionales. “Impulsión” siempre, sí. Cuando fracasa el maestro escudando hay expulsión, no “impulsión”.
      La evaluación debe servir para el aprendizaje y la mejora.Así he titulado uno de mis libros sobre el tema: “La evaluación como aprendizaje”. Es una oportunidad. Pero yo no diría la última, sino una más.
      Gracias por la lectura y por el comentario.
      MAS

  6. La experiencia es estupenda en su concepción, en su desarrollo y en sus plazos. Creo que hacer lo han hecho estos profesores en el plazo de un año es un tiempo que requiere mucho esfuerzo. Sobre todo si se tiene en cuenta que han seguido con todas sus tareas y compromisos.
    Me gustaría leer ese libro que está cerrándose y que ha sido fruto de esas investigaciones. No sé cómo podría acceder a él.
    Quiero felicitar a esos docentes y a quienes han animado a hacer esa experiencia.
    Gracias al autor por compartirla con todos los lectores y lectoras del blog.
    Saludos.

    • Querida Maribel:
      Yo también me he quedado sorprendido de la fidelidad que han mantenido respecto a los plazos. También es cierto que algunos que los que iniciaron no han llegado al final. Las dificultades eran grandes ya que muchos no conocían este tipo de metodología de investigación.
      Me hubiera gustado estar más cerca del día a día de estos docentes. Tuve un encuentro con ellos, como cuento en el artículo, para analizar las narrativas. Luego tuve otra sesión de trabajo por Skype donde aclaré alguna dudas e hice algunas sugerencias para la redacción del informe.
      Mándame a mi correo tu dirección postal.
      Gracias por leer el artículo, por valorar la experiencia y por hacer el comentario.
      Besos.
      MAS

  7. A vueltas con el libro de Parker J. Palmer.

    Respecto al tema que tratas esta semana, voy a usar palabras de ese autor y de su libro, “El coraje de enseñar”:

    “La comunidad de la verdad hace avanzar el conocimiento a través del conflicto, no de la competitividad.”

    “El conflicto es abierto, y a veces hostil, pero comunitario, un encuentro público en el que siempre es posible que todo el mundo gane, aprendiendo y creciendo.”

    “Entiendo la verdad como el proceso mismo, apasionado y disciplinado, de investigación y de diálogo, como la conversación dinámica de una comunidad que pone a prueba las antiguas conclusiones y llega a otras nuevas.”

    Comunidad (barrio), investigación-acción, contraste de opiniones (verdades), objetividad y subjetividad, creación de conocimiento, compromiso. Sí, la lenta lectura del libro me va recordando otras historias que en su día me atrapaban.

    • Querido José Antonio:
      Me alegra saber que sigues avanzando con “El coraje de enseñar”. Ya dije en aquel comentario que me parecía un libro potente, sugerente e inspirador.
      Las citas que aportas son muy significativas. Me gusta el enfoque que hace sobre la comunidad de la verdad. Y, por supuesto, cuánto valora el diálogo y la reflexión.
      de Parker me gusta que, haciendo una rica reflexión no se aparta de la práctica, del barro de la realidad cotidiana de las aulas y de los centros.
      La estrategia de la investigación-acción exige observación, reflexión, diálogo y transformación.
      Hay más formas de abordar la mejora: quizás toque algún día todo lo que aporta la “lesson study”, que también exige observación, diálogo, comprensión y mejora.
      Un gran abrazo y gracias por leerme y por tu aportación, como siempre interesante.
      MAS

  8. La dimensión pedagógica de la formación de los profesores universitarios es una cuestión que pocas veces se plantea. Se les forma muy bien (bueno, digamos bien) en las disciplinas que tienen que impartir e incluso en la investigación que tienen que realizar, pero pocas veces se piensa en las cualidades y destrezas específicas de la acción docente.
    Hay quien piensa, como se ha visto en este blog hace varias semanas, que ni siquiera son necesarias porque resultan inútiles e incluso perjudiciales para la enseñanza.
    Yo creo, por contra, que son indispensables, en las cuatro dimensiones que guían el buen hacer profesional docente: saber, saber hacer, saber, saber sentir y saber ser.
    Por eso me ha parecido interesante la experiencia que se cuenta en este artículo. Quiero felicitar por ella a sus protagonistas y a quien aquí la ha contado para su conocimiento.
    Saludos y abrazos.

    • Querida Mariana:
      Es curioso lo que sucede en esta cuestión de la necesidad pedagógica del profesorado y, especialmente, del universitario. Mientras que algunos piensan que no solo no es necesaria sino que es perjudicial, muchos profesores la consideran imprescindible y dicen que la echan de menos.
      Hace algunos años participé como evaluador externo de la Facultad de Geológicas de la Complutense. La iniciativa provenía de la Dirección General de Universidades pero tenía que ser la Facultad la que solicitase ese proceso. Constaba de una autoevaluación y de una evaluación externa que hacía un comité por tres profesores (2 de la especialidad y un especialista en evaluación). Pues bien, una de las demandas prioritarias que hacía el profesorado consistía en remediar una carencia que consideraban grave de forma unánime. Fruto de aquella demanda se organizaron actividades de formación sobre metodología, tutoría, evaluación…
      Gracias por la la lectura y el comentario.
      Besos.
      MAS

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